Cantar de Helgi, el hijo de Hjórvard

images (9)Había un rey que se llamaba Hjórvard. Tenía cuatro esposas. La primera se llamaba Alfhild, y con ésta tenía un hijo que se llamaba Hedin; la segunda se llamaba Séreid, y con ésta tenía un hijo que se llamaba Htliniung; la tercera se llamaba Sínriod, y con ésta tenía un hijo que se llamaba Hymling. El rey Hjórvard había jurado que se casaría con la mujer más hermosa de que tuviera noticia. Supo que el rey Sváfnir tenía una hija bella como ninguna; Sigrlin se llamaba.

Idmund se llamaba su jarl. Atli, el hijo de éste, marchó a pedir a Sigrlin para el rey. Todo aquel invierno lo pasó con el rey Sváfnir. A Sigrlin la había criado un jarl de allí que se llamaba Fránmar[1]; la hija de éste se llamaba Álof. El jarl no quiso entregar a la novia, y Atli regresó entonces.

Atli, el hijo del jarl, estaba un día en un bosquecillo[2], y sobre él arriba en las ramas estaba un pájaro que había oído afirmar a los hombres del rey Hjórvard que no había en el mundo esposas más bellas que las que éste tenía. El pájaro cantaba aquello, y Atli escuchó lo que decía. El pájaro dijo:

1     « ¿Tú viste a Sigrlin,       la hija de Sváfnir,
la más bella niña         en mundo feliz?
Aquí, sin embargo,             en Glasislund[3],
las esposas de Hjórvard     por lindas pasan.»

Atli dijo:

2    « ¿A Atli querrás,       oh pájaro sabio,
al hijo de Idmund,    contar más cosas?»

El pájaro dijo:

«Querré si el budlungo[4]    en ofrenda me da
de la casa del rey   lo que yo me escoja.»

Atli dijo:

3     No para ti    a Hjórvard te escojas,
tampoco a sus hijos o esposas bellas,
esposa ninguna       del gran budlungo.
¡Trato de amigos    ambos hagamos! »

El pájaro dijo:

4  «Un templo querré, altares muchos,
vacas del rey,         las de cuernos de oro[5],
a cambio que Sigrlin          duerma en sus brazos
y al príncipe ella    gustosa acepte[6]

Esto ocurrió antes de que Atli hiciera su viaje. Pero cuando regresó y el rey le preguntó qué noticias traía, él dijo:

5  «Sin provecho ninguno      nos dimos pena;
fatigamos corceles  en alta montaña,
debimos después    vadear el Sémorn[7];
la hija de Sváfnir     negada nos fue,
la adornada de anillas,        que tú pretendías.»

Gudrun_and_the_spearEl rey mandó que se hiciese el viaje otra vez; ahora fue también él. Pero cuando llegaron a lo alto de la montaña vieron en Svavaland[8] incendios y grandes polvaredas de caballos. Bajó el rey la montaña y entró en el país y acampó para hacer noche junto al río. Atli se quedó haciendo guardia, y atravesó aquel río. Vio una casa. Un gran pájaro estaba de vigilante sobre la casa y se había dormido. Atlí mató con su lanza a aquel pájaro y dentro de la casa encontró a Sigrlin, la hija del rey, y a Álof, la hija del jarl, y a las dos se las llevó consigo. Era el jarl Fránmar quien había tomado la apariencia de un águila y con su magia las había salvado del ejército enemigo.

Había un rey que se llamaba Hródmar y que también había pedido a Sigrlin. El había matado al rey de Svavaland, y había saqueado e incendiado el país.

El rey Hjórvard se casó con Sigrlin, y Atli con Álof.

Hjórvard y Sigrlin tuvieron un hijo grande de cuerpo y bien parecido. No hablaba; no se le había dado nombre. Estaba él en la loma[9], cuando vio nueve valkirias a caballo, y una había entre ellas hermosa como ninguna. Esta le dijo:

6          «Tardarás, oh Helgi,     en ganar anillas,
oh fiero manzano[10]     y los campos de Ródul[11]
-¡pronto el águila grazna![12]–   si siempre callas
aunque mucho sea,   señor, tu valor»

Helgi dijo:

7          «Con el nombre de Helgi,      ¿qué me darás,
reluciente muchacha,      qué de regalo?[13]
Piénsalo antes           que nada digas,
pues a ti solamente     te quiero tener.»

La valkiria dijo:

8          «Espadas sé yo           en Sigarsholm[14];
son, menos cuatro,      cinco decenas;
una entre todas           hay la mejor,
mal pincho de guerra,       que de oro se adorna.

9          En su puño la anilla[15], maldad en su punta
y en medio el valor     que a su dueño le presta;
de sangre en su hoja   se pinta una sierpe,
en las guardas su cola      enrolla un dragón[16]

Había un rey que se llamaba Eylimi; su hija era Svava. Esta era Valkiria, y cabalgaba por los aires y sobre el mar. Fue ella la que le dio su nombre a Helgi, y muchas veces lo asistió luego en las batallas.

Helgi dijo:

10        «No eres tú rey,          oh Hjórvard, sabio,
oh punta de hueste[17],  aunque gloría tengas;
casas tú quemas          de grandes hombres
que mal ninguno         jamás te hicieron.

11        Hródmar, mientras,    anillas goza
que tuvieron un día    parientes nuestros;
a seguro su vida     el príncipe[18] ve,
de los muertos la herencia      él se la goza.»

Hjórvard respondió que le daría a Helgi un ejército, si quería vengar a su abuelo materno. Helgi fue entonces por la espada que Svava le dijo. El y Atli se pusieron entonces en camino y mataron a Hródmar y realizaron muchas grandes proezas. Mató al gigante Hati[19], que allá andaba por una montaña.

                                                                    • • •

Helgi y Atli atracaron sus barcos en Hatafjord[20]. Atli se quedó haciendo guardia la primera mitad de la noche. Hrímgerd[21], la hija de Ha ti, dijo:

12        « ¿Qué bravos son ésos          en Hatafjord?
Escudos por       tiendas tienen[22].
Atrevidos venís,         sin miedo os veo.
¿Quién es, decid,     vuestro rey?»

Atli dijo:

13        «Helgi se llama,          señor al que nunca
podrás dañar         con tus mañas;
hierros defienden       los barcos del príncipe,
ellos de brujas      nos guardan[23].

Hrímgerd dijo:

14        « ¿Y tú, mal bicho,     cómo te llamas?
¿Cómo te dicen los hombres?
Te honra tu rey,          pues puesto te tiene
en proa, la hermosa, del barco[24]

Atli dijo:

15        «Atli me llamo,           tu fiero enemigo,
con rabia a las brujas odio;
la húmeda proa           a menudo ocupé
viejas nocturnas[25] matando.

16        ¿Y tú, come-muertos, cómo te llamas?
Nómbrame, ogresa, a tu padre.
¡Así nueve leguas       en tierra te hundas
y un pino del pecho te nazca! »

Hrímgerd dijo:

16        «Hrímgerd me llamo,   fue Hati mi padre,
gigante el peor que yo sé.
¡Muchas las mozas      que él se robaba!
Mas Helgi después lo mató.»

Atli dijo:

18        «Los barcos del rey    tú, bruja, paraste
apostada a la entrada del fiordo;
a Ran [26] sus guerreros darle querías,
¡La lanza a través lo impidió[27]»

Hrímgerd dijo:

19        « ¡Loco tú, Atli,         te digo que sueñas!
Te aprietas ceja y pestaña[28].
Mi madre los barcos   del jefe paró:
yo hijos de Hjórvard[29] ahogaba.

20        Anda y relincha,         Atli castrado[30]:
¡Hrímgerd su cola levanta![31]
Al trasero a ti  se te fue el corazón,
aunque suenas a padre caballo.»

Atli dijo:

21        «El caballo que soy    lo vas tú a ver
como baje yo a tierra;
triturada, Hrímgerd,   te voy a dejar,
bien recogida esa cola.»

Hrímgerd dijo:

22        « ¡Baja, oh Atlí,          si es que te atreves!
En el golfo de Varin luchemos;
te haré de costillas,     guerrero, arreglo
como te atrape en mis garras.»

Atli dijo:

23        «No iré sin que antes  los hombres despierten
y guardia le hagan al rey;
puedo pensarme         que tú, mala bruja,
aquí bajo el barco salieras.»

Hrímgerd dijo:

24        «Despierta, oh Helgi, y págale a Hrímgerd;
la muerte le debes de Hati;
con ella una noche      el príncipe duerma,
así se dará por pagada.»

Helgi dijo:

25        «Lodin[32] te goce —a los hombres repugnas—,
el ogro que en Tólley habita,
el sabio gigante           más malo del yermo.
¡Ese de esposo te cuadra! »

Hrímgerd dijo:

26        «Mejor, oh Helgi,       a aquella querrías
que puerto esta noche os buscó[33];
la enjoyada doncella     gran fuerza tiene;
aquí vino ella del mar y ella amarró vuestra flota.
¡Su solo poder     a mí me impide
matar a los hombres del rey! »

Helgi dijo:

27        «Escucha, Hrímgerd,  mi pago tendrás
si al príncipe bien le respondes:
¿Una y no más            los barcos salvó
o eran en número muchas?»

Hrímgerd dijo:

28        «Nueve tres veces,     mas una a su frente,
la blanca mujer bajo el yelmo;
sus caballos brincaban,           de sus crines caían
rocío en los valles profundos,
granizo en los altos bosques;
de ahí se sacan su cosecha los hombres.
¡Horrible me pareció todo aquello que vi! »

Helgi dijo:

29        « ¡Mira el levante![34]    Helgi, oh Hrímgerd,
runas de Hel te grabó[35].
Por tierra y por mar    van salvos los barcos,
salvos los bravos del rey.»

Atli dijo:

30        « ¡Ya amaneció!         Hasta el fin de tu vida,
Hrímgerd, retúvote Atli:
¡De señal para el puerto         grotesca quedas,
ahí como piedra clavada! »

                                                                     • • •

imagesEl rey Helgi era un gran guerrero. Fue a donde el rey Eylimi y le pidió a su hija Svava. Helgi y Svava se prestaron los juramentos y se tuvieron grandísimo amor. Svava se quedaba en casa con su padre mientras Helgi salía a luchar. Svava seguía siendo valkiría como antes.

Hedin vivía en casa de su padre, el rey Hjórvard de Noruega. La víspera de Jól,[36] Hedin volvía del bosque solo a casa y se encontró con una bruja; iba ella montada sobre un lobo y llevaba serpientes como riendas[37]; le pidió a Hedin que la dejara ir con él. «No», dijo él. Ella dijo: «Pagarás esto cuando bebas y jures.»

Por la noche se echaron los juramentos: se sacó el puerco para el sacrificio, pusieron los hombres sus manos sobre él y luego bebieron pronunciando sus juramentos. Hedin echó el juramento de que haría suya a Svava, la hija de Eylimi, la muy amada de su hermano Helgi, y tanto se arrepintió de aquello, que se marchó para el sur del país por perdidos caminos, y se encontró con su hermano Helgi.

Helgi dijo:

31        « ¡Salud, oh Hedin!    ¿Qué novedades
contarnos puedes,       di, de Noruega?
¿Por qué del país        huyendo saliste
y solo, señor,        a vernos vienes?»

Hedin dijo:

32        «Torpe desgracia        peor me ocurrió:
para mí me elegí         a la hija de reyes,
jurado dejé      que a tu esposa tendría.»

Helgi dijo:

33        « Libras de culpa!       Verdad, oh Hedin,
hagamos los dos         el gran juramento:
convocado a la isla[38]   me tiene un rey,
allá yo iré        cuando pasen tres noches;
dudas tengo    si vivo regrese.

¡Podríase entonces     que así se cumpliera! »

Hedin dijo:

34        «Digno, oh Helgi,       a Hedin lo dices
de tanta bondad,        de regalos muchos:
¡Bien tú pudieras        teñir tu espada
en vez de dar paz       a un tu enemigo![39]»

Esto dijo Helgi porque pensó que estaba marcado de muerte y que habían sido sus fylgias[40] las que se le habían presentado a Hedin cuando éste vio a la mujer que montaba un lobo.

Había un rey que se llamaba Alf, hijo de Hródmar; él le había puesto campo[41] a Helgi en Sigarsvéllir[42] para tres noches más tarde. Entonces dijo Helgi:

35        «Montada en un lobo —oscuro estaba—
aquella mujer  le ofreció compaña:
sabíalo ella      que en Sigarsvéllir
el hijo de Sigrlin         muerto sería.»

Allá tuvieron muy gran pelea, y Helgi recibió entonces una herida mortal.

36        Helgi a Sígar   en busca mandó
de la hija, la sola,  que Eylimi tenía
«Pronto en camino   dile que se ponga
si al príncipe quiere  encontrar con vida

Sígar dijo:

37 «Helgi aquí            me mandó cabalgara
y hablase, Svava,        contigo en persona:
Antes que al rey         se le agote el aliento
verte desea      el excelso nacido.»

Svava dijo:

38   ¿Qué fue de Helgi, del hijo de Hjörvard?
¡Dolor terrible  ahora me llega!
Si el mar, lo atrapó o la espada lo hirió
Yo su castigo daré al culpable

39    Aquí de mañana en Frekastéin43
el budlungo cayó el mejor bajo el sol;
toda la victoria será para Alf
aunque en esta ocasión, razón no ha sido

40        « ¡Salud, oh Svava!    Reprime tu pena;
por última vez en el mundo nos vemos:
tiene el budlungo        sangrantes heridas,
en mi pecho la espada tocó corazón.

Hedin dijo:

43        « ¡Bésame, Svava!      Que no verás tú
que a Rógheim vaya   ni a Rodulsfiol
sin que antes yo vengue         al hijo de Hjórvard,
budlungo que fue       el mejor bajo el sol.»

Helgi y Svava se cuenta que tuvieron una segunda vida.[43]


[1] Era frecuente, y de ello dan constante testimonio las sagas islandesas, que los grandes señores confiaran la crianza de sus hijos a algún amigo o pariente suyo, por lo general de rango inferior.

[2] Se va a contar ahora retrospectivamente cómo fue que el rey Hjórvard vino a saber de la hermosa Sigrlin.

[3] El soto de Glásir (un árbol) (?)

[4] budlungo: Hiórvard (cf. Cantar Primero de Helgi, nota 15).

[5] De vacas de dorados Cuernos se habla también en El cantar de Trym, 23.

[6] Parece forzoso deducir que Hjórvard. no admitió estas condiciones impuestas por Fránmar -pues no otro debía ser aquel pájaro- y que fue por esto por lo que su propuesta de matrimonio fue luego rechazada

[7] Un río.

[8] «La tierra de los suevos.»

[9] Como simple pastor (cf. Los Dichos de Skírnir, nota 11). Al igual que Beowulf y otros muchos héroes germánicos, también el taciturno hijo de Hjórvard fue, pues, en sus primeros años un joven nada brillante y que poco prometía.

[10] No es la primera vez que encontramos nombres de árboles para designar a un hombre.

[11] Los campos de Ródul (el sol): las tierras, los dominios.

[12] Como buen ejemplo a seguir se cita el del águila. Diligente, como lo es ella, debe ser el héroe y comenzar pronto a realizar sus hazañas.

[13] Era costumbre que al ponerle a alguien nombre, o sobrenombre, también se le entregase algo como regalo. A esto se alude explícitamente en la Edda Menor, p. 165. Cf. También El Cuento de Rig, 45 y Cantar Primero de Helgi, 8.

[14] «El islote de Sígar.»

[15] Servía· esta anilla, que a menudo tenían en su pomo las espadas escandinavas, para hacer pasar por ella una correa con que se aseguraba el arma en la muñeca.

[16] En términos parecidos se describe la espada «Estacón» en el Beowulf, vv. 1458-60.

[17] En la antigua formación de combate germánica, la llamada “línea de puerco” el jefe ocupaba la punta de avanzada central “la jeta”

[18] Hródmar.

[19] «El que odia.»

[20] «El fiordo de Hatt.»

[21] «Gerd la de la escarcha.»

[22] La tripulación de los barcos vikingos se resguardaba normalmente durante la noche bajo un toldo que se montaba abordo. Pertrechados y dispuestos a entrar en combate en cualquier momento, los guerreros de Helgi solo se cubren con escudos

[23] Era idea corriente que el hierro protegía de malos espíritus.

[24] Solía ocupar la proa, cuando no el propio jefe del barco alguno de sus más destacados guerreros.

[25] Kveldriaur, literalmente «las cabalgadoras de la noche», las brujas.

[26] Ran: señora del mar y personificación suya.

[27] ¿Un lanzazo que atravesó a la bruja? ¿Una operación quizás, de carácter mágico para conjurar el peligro?

[28] ¿Como persona que duerme o delira?

[29] Nada sabemos de quién pueda ser este Hlódvard.

[30] Cf. Cantar Primero de Helgi, 40.

[31] CE. Los Dichos de Hárbard, nota 21.

[32] «El peludo.»

[33] Svava, la valkiria protectora de Helgi.

[34] Por allí asoma ahora el sol, bajo cuya luz quedan petrificados tanto los enanos como los gigantes (cf. Los Dichos de Alvis, 35).

[35] Grabarle a alguien las runas de Hel es causarle su muerte.

[36] Tradicional fiesta pagana que se celebraba durante los días del solsticio de invierno. Con la introducción del cristianismo se asimiló a la Navidad. Esta se llama todavía hoy «Jul» o «Juletide » en Escandinavia.

[37] De esta misma guisa se presentó la giganta Hyrrokkin en los funerales de Bálder (d. Edda Menor., p. 86).

[38] Esto es, citado para un desafío. El ritual combate singular con que los escandinavos dirimían sus diferencias (el hólmganga, literalmente «ida a la isla») se celebraba en efecto sobre algún pequeño islote en medio de un río o próximo a la costa, bien a la vista de los espectadores. Colocados allí sobre una piel o manto extendidos sobre el suelo, o bien en un espacio de similar extensión que se delimitaba con palos de avellano, los dos contendientes alternativamente se asestaban sus golpes con espadas cortas y los paraban con sus escudos de madera. No más de tres escudos sucesivos podía emplear cada uno de los combatientes. El desenlace era frecuentemente mortal.

[39] Bedin admite que su hermano habría estado en su derecho si hubiera querido matarlo.

[40] La creencia en las fylgias (fylgjor, «las acompañantes») está bien testimoniada en la abundante literatura de las sagas. La fylgia era una especie de espíritu tutelar que llevaba consigo cada hombre, pero que ocasionalmente, mientras él dormía, podía abandonarlo tomando entonces forma propia, generalmente la de algún animal. Caso típico en que esto sucedía era cuando el hombre, como feigr matrr, quedaba emplazado por su destino para una próxima muerte. Su fylgia podía entonces aparecérsele a algún otro y ofrecerle su compaña.

[41] Hafdi von saldan, literalmente “le había avellanado el campo” Recuérdese que Helgui habia matado antes a Hródmar.

[42]  Los campos de Sígar

[43] Reencarnados en Helgi el Matador de Húnding y Sigrun.

El mito de la homosexualidad en Grecia

La Comunidad Odinista de España no mantiene sobre la homosexualidad una postura dogmática, apartando este tema de nuestra concepción religiosa, C.O.E. respeta la orientación sexual de cada persona  y nos oponemos a cualquier tipo de discriminación que pueda a tener lugar hacia a ellos, considerando esta faceta totalmente privada e inviolable de cada persona.
Este artículo pertenece a un hermano nuestro y cualquier manifestación aparecida en el mismo  no es compartida  necesariamente por C.O.E.
 

EL ORIGEN DEL MITO
La primera “coincidencia” que clama al cielo y que la gente pasa por alto porque las masas son demasiado perezosas como para cuestionarse algo salido de la sacrosanta TV, las infalibles revistas y los libros de texto oficiales, es que casi todos los “expertos” que han reclamado una extensión endémica de la pedofilia homosexual en Grecia… fueron o son homosexuales ellos mismos. Esto no es asunto baladí, ya que implica necesariamente que las perspectivas de tales autores están inevitablemente influenciadas por sus tendencias personales y por su deseo desesperado de legitimar su opción sexual minoritaria en un entorno “hostil”

Warren_G_Harding_portrait_as_senator_June_1920

Hablamos, por ejemplo, de “expertos” de la talla de Walter Pater, Michel Foucault, John Boswell, John Winkler, David Halperin y Kenneth James Dover, quienes, al parecer, vivieron en sus mentes una serie de fantasías a costa de la historia griega. Quien lo empezó todo fue precisamente Walter Pater (1839-1894), profesor de Oxford. Por alguna extraña casualidad, él y todo su círculo de seguidores, eran homosexuales (por ejemplo, Pater fue profesor de Oscar Wilde, el conocido poeta inglés), y por tanto, no sorprende que extrapolase las relaciones sodomitas que mantenía con sus alumnos, a las relaciones de entrenamiento maestro-alumno en Grecia, y más cuando había sido abandonado por su mentor veterano, Benjamin Jowett, debido a un escandaloso  lío que Pater mantuvo con un tal William Money Hardinge, un estudiante de 19 años que había atraído hacia sí la atención pública de la facultad presumiendo de su homosexualidad. Probablemente el argumento más desviado y disparatado de Pater sea que el “amor platónico” no tenía nada que ver con Psiqué, sino que era algo puramente sexual.

El origen del mito de la homosexualidad griega y el “aprendizaje por pedofilia” se remonta a este hombre, Walter Pater, un profesor de Oxford conocido por su homosexualidad y por sus líos con alumnos, como por ejemplo William M. Hardinge o el famoso poeta Oscar Wilde. Esta camarilla de victorianos decadentes es la responsable de haber acomodado la historia griega a sus fantasías personales (es de esperar que, para un profesor que mantenía escarceos con sus propios alumnos, le viniese bien justificar que en la antigua Grecia las relaciones de maestro-alumno estaban teñidas de homosexualidad).

En sus escritos, dichos autores son prudentes, usando siempre frase cautas y ambiguas como “parece ser”, “es posible”, “tiene aspecto de”, para crear el margen necesario en donde maniobrar con su propia visión, tendente siempre a ver fantasmas y signos homosexuales donde no los hay. Más adelante veremos bien hasta qué punto tales escritores fuerzan y manipulan las cosas para ver homosexualidad debajo de cada piedra, pero baste decir de momento que, sin excepción, los “argumentos” que manejan sólo persuaden a quienes de antemano desean ser persuadidos.

Desde que esos autores escribieron sus teorías, principalmente a finales del Siglo XIX nadie ha aportado nada nuevo, simplemente todas las revistas y todos los tentáculos de los medios de comunicación, muy volcados en derrocar cualquier cosa “tradicional”, repitieron como discos rayados y parafrasearon lo que dichos autores habían escrito. Toda la información que plaga Internet, y que se limita a aseverar gratuitamente que “los griegos eran homosexuales”, procede simplemente de gente que se limita a repetir lo que otros escribieron, y que realmente no llegan a conclusiones por su propio pie.

¿Dónde está, pues, el problema griego? El problema está en que:

 • Los griegos, particularmente los de herencia jonia (como los atenienses), quienes estaban más influidos por las costumbres orientales, tendían a “recluir” mucho a sus mujeres y apartarlas de la vida pública, suprimiendo la imagen femenina, cosa que fue bastante bien satirizada por el historiador Indro Montanelli. Esta situación no era panhelénica, ya que en la Esparta doria las mujeres tenían una libertad realmente notable, pero, en todo caso, los vínculos personales más fuertes solían darse entre hombres, como veremos más abajo.

• Los griegos ―y en esto coincidían todos― admiraban la belleza sin importar dónde se manifestase ésta, fuese en hombres o en mujeres, pero de ahí a que tradujesen siempre tal atracción en actos sexuales hay un buen trecho, como veremos después.

• En un pueblo que daba tanta importancia al entrenamiento deportivo, al combate y a la camaradería, era normal que, en el seno de aventuras y grandes batallas lejos del hogar, se forjasen vínculos extremadamente profundos entre hombres, vínculos raramente comprendidos por una sociedad pacifista, afeminada y sedentaria como la nuestra, pero que en todo caso no iban más allá de una sólida hermandad, la propia de toda männerbunde. A pesar de la enorme importancia que tenía la relación maestro-discípulo en Grecia, y de que, a no dudarlo, con el advenimiento de la decadencia algunas de estas relaciones quizás degeneraron en homosexualidad, enseguida veremos que no pocos Estados tomaron medidas para salvaguardar la sacralidad de esta institución educativa.

afrodita

• Hoy en día el ideal de belleza del imaginario colectivo es la mujer de treinta y tantos años (lo cual no convierte en lesbianas a todas las mujeres). En Grecia, el ideal de belleza era el muchacho que se hallaba entre la adolescencia y la madurez, ya que se consideraba que era el único tipo humano que combinaba una vida de violento ejercicio al aire libre, con la salud de la juventud y la fuerza de la masculinidad.

 • Los vocablos griegos para designar al maestro iniciador y al joven iniciado que aspiraba a convertirse en hombre, eran respectivamente erastes y eromenos, lo cual, traducido literalmente, sería algo así como “amante” y “amado”. Sin embargo, como veremos enseguida, la mentalidad de la Antigüedad distinguía claramente entre el amor carnal y el amor platónico, y estas relaciones estaban fundamentadas en el segundo, considerado más elevado, más desinteresado, disociado de lo carnal, y más capaz de inculcar virtud y sabiduría. Y es que en Grecia se pensaba que un hombre joven necesitaba la tutela y el consejo de uno mayor para llegar a ser sabio en la vida o excelso en el deporte, en la caza y en el combate.

Si existía un lugar donde la conducta disonante del sodomita estaba mal vista, era sin duda en las asociaciones de cazadores y soldados del pasado remoto (llamadas männerbunden en alemán), donde el trabajo en equipo, la hermandad, el deber y la camaradería del honor predominaban sobre los instintos individuales, los cuales se descargaban en combate o con mujeres, a menudo capturadas y tomadas por la fuerza. El mejor documento para familiarizarse con la mentalidad, la psicología y el modo de vida de una männerbund del pasado, es sin duda la “Ilíada” de Homero, gran epopeya por excelencia del mundo griego, y donde se relatan tradiciones que se remontan al mismísimo Paleolítico.

Como ya se ha dejado claro, este artículo no tiene por objetivo negar que existía homosexualidad en Grecia ni que todos los factores expuestos se prestaban a devenir con el paso de los siglos ―especialmente bajo condiciones de decadencia y olvido de la tradición ancestral―, en relaciones sexuales entre hombres. Lo que sí se niega en este artículo es que estas relaciones fuesen endémicas, normales y socialmente aceptadas y “reguladas”, o que tuviesen nada que ver con la tradición helénica originaria.

Dicho todo esto, comencemos a desmenuzar el mito.

 ALGUNOS APODOS PARA LOS HOMOSEXUALES EN GRECIA ―SOBRE LA IMPORTANCIA DE AIDÓS

eros-n-psyche-2-big.jpgLa mayor parte de sociedades humanas han proscrito y estigmatizado las prácticas sexuales estériles o aquellas que conllevaban riesgo de infecciones. La homosexualidad reúne ambas condiciones, ya que por un lado es incapaz de engendrar nueva vida, y por el otro, el orificio empleado no es precisamente la parte más limpia, sana o higiénica del cuerpo humano. En la Grecia antigua, que no era una excepción a esta regla general, no existían palabros modernos como “homosexual”, “gay” o “heterosexual”. Los “heteros” eran sencillamente la gente normal que cumplía con lo que era natural, y para los homosexuales se reservaban una serie de vocablos, generalmente de significado altamente infamante e indigno:

 – Euryproktos: culo abierto.

  Lakkoproktos: culo de pozo.

  Katapygon, kataproktos: homosexual pasivo.

 – Arsenokoitai: homosexual activo.

 – Marikas: el que salta arriba y abajo.

 – Androgynus: hombre-mujer, “travelo”, afeminado, mariquita, ambiguo.

– Kinaidos (κιναίδος): Causador de vergüenza. Deriva de kineo (mover) y Aidos (vergüenza, diosa del pudor, el respeto, la modestia, la reverencia, diosa acompañante de Nemesis y castigadora de las transgresiones morales). “Aquel que acarrea la cólera de Aidos”. Como veremos, el problema de Aidós es que siempre iba acompañada del cruel Némesis (Indignación), una divinidad vengadora que encaja bien en la noción de “karma” o de castigo por los pecados, y que revela que los griegos pensaban que todo aquel que hubiese incurrido en sodomía, tenía una espada de Damocles pendiendo pacientemente sobre su cabeza, para caer tarde o temprano. Pero el dato más relevador es que en el imaginario griego, Aidós iba asociada precisamente al ano:

 Cuando Zeus creó al ser humano y a sus propiedades del alma, las introdujo en cada ser humano. Sin embargo, dejó fuera a la VERGÜENZA (Aidós, reverencia, respeto, pudor, modestia). Puesto que no sabía dónde insertarla, ordenó que fuese insertada en el ano. La Vergüenza, sin embargo, se quejó de esto y se molestó, considerando que la petición de Zeus estaba por debajo de su dignidad. Puesto que se quejaba profusamente, la Vergüenza dijo: “accederé a ser insertada de este modo, sólo a condición de que, cuando entre algo después de mi, yo saldré inmediatamente”. (Esopo, “Fábulas”, 528).

Otro asunto aparte es que, en una cultura europea pagana donde cada actividad, cada oficio, cada momento de la vida, tiene su propio dios “patrón” o protector, uno esperaría encontrar ―particularmente en una sociedad donde supuestamente la homosexualidad campa a sus anchas―, una divinidad, un numen o un espíritu de algún tipo, que se ocupase de la homosexualidad, y no lo hay. O mejor dicho, sí lo hay: se trata de los sátiros, daimones degenerados que llevaban al cabo todas las perversiones imaginables para la mente humana, y que en Grecia no gozaban precisamente de buena fama. Pero esto se tratará más adelante. Por otro lado, en una civilización que concede estatus “regular” a la homosexualidad, y que la favorece por encima de la heterosexualidad, uno esperaría que el erotismo estuviese personificado en una divinidad representada por un muchacho joven, pero la realidad, de nuevo, no es tal: la diosa del amor, la traedora de Eros y de todas aquellas cosas que hacen perder la cabeza a los hombres, es Afrodita, el arquetipo de la hembra alfa.

 ???????????????????????????????????????

Afrodita.

 EL MITO DE LAYO COMO EJEMPLO DE AIDÓS EN ACCIÓN

El mito de Layo es un ejemplo perfecto de lo que pasa si se insulta aAidós atrayendo Hybris (o Hubris) y provocando la venganza de Némesis, según el concepto de la Hélade arcaica y clásica. Comenzaremos hablando sobre el primer kinaidos y pedófilo de la mitología griega, Layo, y veremos qué es lo que sucede tras su “pecado”.

Layo (del griego Λάϊος o “zurdo”), era del linaje real de la ciudad de Tebas, pero cuando le correspondió ocupar el trono, sus primos lo usurparon y tuvo que exiliarse a Pisa, donde el rey Pélope (de cuyo nombre procede “Peloponeso”) lo acogió como huésped. Pélope quiso que Layo le enseñase a su hijo Crisipo a conducir caballos, con lo cual le “asigna” al niño para formar una pareja maestro-alumno. Sin embargo, Layo profana la sacralidad y el carácter platónico de esa relación y abusa sexualmente del pobre chaval. Éste, por pura vergüenza (recordemos a Aidós) se termina suicidando. La inaudita transgresión de Layo acarrea sobre él la venganza divina y, del mismo modo que Aidós había hecho que Crisispo se suicidase, Némesis, acompañante de Aidós, se ocupará de castigar el pecado de Layo. Los dioses traman un plan para canalizar su cólera ante el crimen, a la vez que dan ejemplo para el resto de los mortales, castigando la perversión y maldiciendo a todo el linaje de Layo hasta que desaparezca en un baño de sangre.

La maldición comienza cuando los dioses mandan la Esfinge a Tebas. Este ser, con cuerpo de león, cabeza de mujer y alas de pájaro, se dedica a sembrar el terror por los campos tebanos, destruyendo las cosechas y estrangulando a todos los que son incapaces de resolver sus acertijos. Layo se termina casando con Yocasta, pero el oráculo de Delfos le advierte de que no tenga progenie, porque sería un varón, mataría a su padre y se casaría con su madre. Moira (el destino) no se puede evitar, así que la profecía se cumple: Edipo, quien había sido mandado lejos de su familia, mata a su padre sin saber quién era y, por haber salvado a Tebas de la esfinge, se casa con su madre, la reina Yocasta, haciéndose rey de Tebas hasta que, cuando finalmente se conocen los hechos, por vergüenza (Aidós y Némesis entran en acción), Yocasta se ahorca y Edipo se saca los ojos. En cuanto a los hijos que habían nacido de este casamiento incestuoso, dos de ellos, Etéocles y Polínices, se matan en combate el uno al otro, mientras que las hijas, Antígona e Ismele, son condenadas a muerte. La justicia está servida, por culpa de lo que Layo, su malvado abuelo, había hecho.

 La Esfinge y Edipo. Aunque tuvo éxito acabando con el monstruo y entronizándose como rey de Tebas, el héroe Edipo, por ser el hijo del kinaidos Layo, estaba maldecido por los dioses, y cuando supo que había matado a su padre y se había casado con su madre teniendo hijos con ella (algo así como el sacrilegio o Hubris absoluto), se sacó los ojos.

En lo que respecta al asunto de la homosexualidad en este mito, habría que hacerse varias preguntas.  ¿Por qué Crisipo se suicida si el sexo entre maestro y alumno era tan normal? ¿Por qué Zeus manda a la Esfinge a Tebas como castigo? ¿Por qué el linaje de Layo pasa a estar maldito? Este mito, claramente, fue ideado para prevenir contra la homosexualidad y contra quienes se alzan ingratos contra la hospitalidad de sus anfitriones, profanando suciamente la dignidad de criaturas inocentes. Y es que del mito de Layo y Edipo pueden sacarse bastantes moralejas. Por un lado, que la aberración siempre es castigada por los dioses tarde o temprano, téngase conocimiento de ella o no, y que Aidós siempre es seguida, tarde o temprano, por la venganza “kármica” de Némesis. Por otro lado, que los pecados de los padres se pagan, al menos, hasta la tercera generación. Y, por último, que los seres malignos y los monstruos (la Esfinge) son los hijos de la traición y de la aberración, creados por las transgresiones de los hombres, especialmente sexuales.

Cuando pensamos que este mito era una tradición pasada oralmente de generación a generación, y representada teatralmente año tras año en una civilización que concedía extrema importancia al estar en paz con los dioses, resulta difícil pensar que los griegos ―particularmente los tebanos, en cuya polis había tenido lugar el mito de Layo― se hiciesen kinaidos a escala masiva así como así, que es lo que pretenden dar a entender los adoctrinadores oficiales del Sistema actual.

Por esa razón, deberíamos ahora dirigir nuestra atención hacia la Banda Sagrada, un cuerpo de élite del ejército tebano formado por Epaminondas o Górgidas en el 378 AEC, que acabaría derrotando y ocupando la misma Esparta, y que, según ciertos autores, estaba formada por 150 “parejas homosexuales”. Se cree que existe una alusión a la Banda Sagrada en el “Banquete” de Platón (178e), cuando se habla de la conveniencia de tener “un ejército de amantes y amados”. Si examinamos la fuente original de la frase, nos encontramos con el griego “genesthai e stratopedon eraston te kai paidikon”, en la que la palabra eromenos (muerdealmohadas según los escritores homosexuales modernos, alumno según el sentido común de cualquier persona normal que haya leído literatura griega) no aparece por ningún lado, sino que aparece paidikon, es decir, “muchacho”. Lo que los pseudoexpertos han fallado en mencionar es que la innovación de Epaminondas consistió en modificar las tácticas de combate de su ejército. Antaño, los jóvenes (alumnos, fuerza, impulso) eran la línea frontal, y los veteranos (tutores, sabiduría, experiencia) la línea trasera. Lo que hizo Epaminondas fue mezclarlos por igual en todas las líneas, combinando a partes iguales la veteranía con el arrojo. Por lo demás, como en tantos otros casos, no existe absolutamente nada, salvo la mente de cada cual, que muestre homosexualidad en estas “parejas”, que se equiparan con el binomio de combate de la Infantería Ligera de nuestros días, o con la ya mencionada institución de maestro-alumno, de carácter platónico.

Como confirmación, el año 338 AEC, tras la Batalla de Queronea, en la que aplastó la resistencia griega a su invasión, el rey Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, contemplaba sobre los campos los cuerpos sin vida de soldados tebanos que habían luchado heroicamente hasta la muerte. Tras mirarlos largo tiempo, exclamó “¡Que perezcan miserablemente quienes piensen que estos hombres hicieron o sufrieron cualquier cosa vergonzosa!”.

Otra cita referente al caso de Layo la tenemos en las “Leyes” de Platón (836c), cuando el anciano ateniense, representante de las opiniones platónicas, habla de “la costumbre que estaba vigente antes de Layo y dice que es correcto no mantener relaciones carnales con jóvenes varones como si fueran mujeres, apoyándose en el testimonio de la naturaleza de los animales y mostrando que el macho no toca al macho con este fin porque eso no se adecua a la Naturaleza”. Layo sería visto aquí, pues, como el que transtornó la ley natural contraviniendo a los dioses. El ateniense defiende la idea de que la ley no debe ser benevolente para con la homosexualidad, ya que ésta no inculca autocontrol en el alma del “activo” (a quien se acusa de lascivia) ni valor en el alma del “pasivo” (a quien se acusa de imitar antinaturalmente el papel femenino).

HOMOFOBIA EN LAS LEYES Y LA MORALIDAD GRIEGAS

images (8)En este apartado veremos una serie de citas que atestiguan una clara homofobia, certificando que hubo Estados griegos, y de los más importantes, que prohibieron la homosexualidad con penas durísimas.

En su “Contra Timarco”, el orador Esquines (389-314 AEC) nos relata las famosas Leyes de Solón, entre las cuales hay una que nos interesa por su homofobia:

Si algún ateniense tiene etairese [compañía del mismo sexo], no se le permitirá:

-convertirse en uno de los nueve arcontes
– desempeñar el trabajo de sacerdote
– actuar como magistrado del Estado
– desempeñar cargo público alguno, ni en el hogar ni en el extranjero, ya sea por elección o por sorteo
– ser mandado como heraldo
– tomar parte en debates
– estar presente en los sacrificios públicos
– entrar en los límites de un espacio que ha sido purificado para la congregación del Pueblo
– si alguien que se ha involucrado en actividades sexuales ilegales como las descritas, o ejerce una de estas actividades, será ejecutado.

El discurso de Esquines toma tintes cada vez más “ultraderechistas” cuando invita a los jueces a recordar a sus antepasados atenienses, “severos hacia toda conducta vergonzosa”, y que consideraban “preciada” la “pureza de sus hijos y sus conciudadanos”.  Asimismo, elogia las radicales medidas espartanas contra la homosexualidad, mencionando el dicho según el cual “es bueno imitar la virtud, aunque sea en un extranjero”.

image030

Esquines, uno de los Diez Oradores Áticos.

 Como se ve, esta ley de la “progresista” y “avanzada” democracia ateniense, hoy en día sería calificada de homófoba y fascista, y es una de las muchas razones por las cuales deberíamos mostrarnos irónicos cuando la democracia actual intenta ver sus raíces en Grecia: incluso Atenas, acaso el Estado griego más “liberal”, sólo permitía votar exclusivamente a los ciudadanos, es decir, a varones mayores de edad descendientes de las familias autóctonas, que hubiesen superado durísimas pruebas físicas (estamos hablando de proezas deportivas que hoy no cumpliría ni el 1% de la población) y que estuviesen dispuestos a salvaguardar la integridad de la polisateniense con sus armas y con su sangre.

Por su parte, Demóstenes (384-322 AEC), un político y orador ateniense, enumera alguna medida homófoba similar en su “Contra Androcio” (30), cuando especifica que quienes hayan tomado parte en actos de sodomía “no tendrán el derecho a hablar [en público] ni a presentar un caso ante un juzgado”.

 demostenes

Demóstenes.

La conclusión derivada inevitablemente de estas citas es que a los homosexuales atenienses que eran reconocidos, se les privaba de asistir a eventos políticos, culturales, religiosos o populares de cualquier tipo, y se convertían en ciudadanos de segunda (metoikos).

El caso de Platón (427-347 AEC) por un lado porque siempre elogia las medidas espartanas (que, como veremos, eran homófobas, autoritarias y “fascistas”) y, por otro, porque está todo el tiempo hablando sobre la importancia de la “continencia”, la “abstinencia”, la “moderación”, el “autodominio” y la mesura; hasta tal punto otorga importancia al control de los instintos y del placer, que cualquiera hoy en día lo consideraría un “rancio” de la vida, y que aún se sigue considerando al “amor platónico” como un amor idílico, desprovisto de carácter sexual ―como podría serlo, por ejemplo, el expresado por el poeta renacentista Petrarca hacia una etérea “amada” que no parece de este mundo: se trataba de un amor ascético y ritual, que catalizaba la excelencia del espíritu y que no necesariamente coincidía con el amor físico.

Entrando ya en materia, abrimos las “Leyes” de Platón para encontrarnos con esto:

Cuando el varón se une con la mujer para procrear, el placer experimentado se supone debido a la naturaleza [kata physin], pero es contrario a la naturaleza [para physin] cuando un varón se aparea con un varón, o una mujer con una mujer, y aquellos culpables de tales enormidades están impulsados por su esclavitud al placer. Todos censuramos a los cretenses por haber inventado el mito de Ganímedes. (636c).

Más adelante, el anciano ateniense da dos posibles opciones para una legislación en sentido sexual:

Podríamos forzar una de dos en las prácticas amatorias: o que nadie ose tocar ninguna persona nacida de los nobles y libres excepto el marido a su propia esposa, ni a sembrar ninguna semilla profana o bastarda en concubinato, ni, contra la naturaleza, semilla estéril en varones ―o deberíamos extirpar totalmente el amor por varones. (841ce).

En “Fedro”, Platón habla sobre cómo los homosexuales deben temer que se les descubra, cosa que no sería lo normal en una sociedad donde la homosexualidad es una “institución social”, como declaran los ilusos autores homosexuales que hemos visto:

Tenéis miedo de la opinión pública, y teméis que si la gente se entera [de vuestro asunto amoroso], seréis repudiados. (231e).

Otra traducción reza: “Temes a la costumbre imperante, según la cual, si la gente se entera, caería sobre ti la infamia”.

Por su parte, Plutarco, un autor ya posterior (46-120 EC), contrasta en su “Erótica” la unión “natural” entre hombre y mujer con la “unión con hombres, contraria a la Naturaleza”, y unas líneas después dice de nuevo que quienes “cohabitan con hombres” lo hacen para physin, es decir, contra la Naturaleza (751ce).

Otro escritor ya de la época romana, Luciano de Samóstata (125-181 EC), en su obra “Erotes” (“Amores”), tiene numerosas perlas homófobas, entre las que se pueden destacar algunas, aunque lo recomendable es leer la obra entera, que es un debate entre el amor por varones y el amor por mujeres, en el que el autor se posiciona claramente a favor del “divino Platón” y de la opción heterosexual:

Puesto que una cosa no puede nacer de una sola fuente, a cada especie ella [la “madre primordial”] la ha dotado de dos géneros, el macho, a quien ha dado el principio de la semilla, y la hembra, a la que ha moldeado como recipiente para dicha semilla. Ella los junta por medio del deseo, y une a ambos de acuerdo con la saludable necesidad, para que, permaneciendo en sus límites naturales, la mujer no pretenda haberse convertido en hombre, ni el hombre devenga indecentemente afeminado. Es así como las uniones de hombres con mujeres han perpetuado la raza humana hasta el día de hoy… (19).

madre-gaia

Gea (o Gaia) era la equivalente griega de la Terra (o Tellus) romana y la Erda germánica, y consorte de Urano, el gran progenitor celeste. Se la relacionaba con el matrimonio, los embarazos y la fertilidad de las mujeres. Seguramente Luciano de Samóstata se refiere a ella cuando habla de una “madre primordial”.

 En el principio, cuando los hombres vivían imbuidos con sentimientos dignos de héroes, honraban aquella virtud que nos hace semejantes a los dioses; obedecían las leyes fijadas por la Naturaleza y, juntándose con una mujer de edad apropiada, padreaban niños virtuosos. Pero poco a poco la raza cayó desde esas alturas al abismo de la lujuria, y buscó placer por caminos nuevos y errantes. Finalmente, la concupiscencia, atravesando todas las barreras, transgredió las mismísimas leyes de la Naturaleza. Más aun, el primer hombre que miró a su semejante como si de una mujer se tratase, ¿podría haber sino recurrido a la violencia tiránica, o al engaño? Dos seres del mismo sexo se encontraron en una cama; cuando miraron el uno al otro, ninguno de los dos se sonrojó por lo que uno hizo al otro, o por lo que había sufrido que le hicieran. Sembrando su semilla (como dice el dicho) sobre rocas estériles, trocaron un ligero placer por una gran desgracia. (20).

Podríamos continuar diciendo que en no pocas comedias teatrales (como por ejemplo Aristófanes) se utiliza un lenguaje extremadamente soez para despreciar a los homosexuales, especialmente a los que toman el papel pasivo del kataproktos. Si la homosexualidad era una práctica “estándar” griega, esto implicaría que el comediante estaría burlándose de la peor manera de todo su público masculino.

Sin embargo, toda la homofobia que hemos visto en este apartado palidece ante las leyes de la que era, con diferencia, la más homófoba y religiosa de todas las polis griegas.

 ESPARTA

Las disposiciones espartanas sobre los placeres me parecen ser las más bellas existentes entre los hombres.

(Megilo, en las “Leyes” de Platón, 637a).

 El caso de Esparta es particularmente sangrante, porque existiendo evidencias sólidas de homofobia, algunos autores homosexuales han pretendido obviarlas para ver si colaba y, confiando ciegamente en la incultura de sus lectores, vendernos a Esparta como otro paraíso homosexual. Vayamos al grano, y para ello, saquemos un fragmento del Capítulo 14 del libro Esparta y su Ley:

 El ritmo de vida que llevaba el varón espartano era de una intensidad como para matar a una manada de rinocerontes, y ni siquiera las mujeres de Esparta hubiesen podido soportarlo. Así pues, el mundo de la milicia espartana era en sí mismo todo un universo —un universo de hombres. Por otro lado, la intensa relación afectiva, el culto a la virilidad y la camaradería que se daba entre los componentes del binomio, entre maestro-alumno, en la falange de combate y en toda la sociedad —y que los débiles de nuestros tiempos no entienden ni podrán entender jamás—, sirvió para alimentar en nuestros días el falso mito de la homosexualidad. Y esto a pesar de que los componentes del binomio eran considerados hermanos, pues a cada espartano le habían inculcado que cada varón de su generación era hermano suyo.

Sobre esto, escribió Jenofonte:

Si alguien, siendo un hombre honesto, admiraba el alma de un muchacho e intentaba hacer de él un amigo ideal sin reproche y asociarse con él, aprobaba, y creía en la excelencia de este tipo de entrenamiento. Pero si estaba claro que el motivo de la atracción era la belleza exterior del muchacho, prohibía la conexión como una abominación, y así erastes yeromenos [1] se abstenían de los muchachos no menos de lo que los padres se abstienen de relaciones carnales con sus hijos, o hermanos y hermanas entre ellos. (“Constitución de los lacedemonios”, II, 13).

Aquí hemos visto que tal relación entre hombre y adolescente en Esparta era del tipo maestro-alumno, fundada en el respeto y la admiración, y constituía un entrenamiento, un modo de aprender, una instrucción a su manera. La sacralidad de la relación maestro-alumno o instructor-aspirante, ha sido impugnada por el Sistema desde hace tiempo, igual que la camaradería. Y sin embargo, ambos tipos de relaciones son el fundamento de la unidad de los ejércitos. Hoy en día, los niños crecen a la sombra de la influencia femenina de las maestras, incluso hasta la adolescencia. Es difícil saber hasta qué punto la falta de influencia masculina limita sus voluntades y sus ambiciones, convirtiéndoles en seres mansos, maleables y manipulables, que es lo que al Sistema le conviene.

 Otros hablaron sobre la institución espartana del amor de maestro a discípulo, pero siempre dejaron claro que este amor era “casto”. El romano Aelio dijo que si dos hombres espartanos “sucumbían a la tentación y se permitían relaciones carnales, debían redimir la afrenta al honor de Esparta yéndose al exilio o acabando sus propias vidas”. Lo cual significaba básicamente que la pena por homosexualidad en Esparta era la muerte o el exilio (considerado en aquellos tiempos peor que la misma muerte).

 Tenemos otra muestra del carácter platónico de las relaciones maestro-alumno en Esparta en las “Disertaciones” de Máximo de Tiro (en torno a 180 EC), en las que escribe que “Cualquier varón espartano que admira a un muchacho laconio, lo admira únicamente como admiraría una estatua muy hermosa. Pues placeres carnales de este tipo son acarreados sobre ellos por Hubris y están prohibidos” (20e). Hubris o Hybris se consideraba un estado del alma o un demonio que precipitaba al hombre mortal hacia la soberbia, la prepotencia y la ignorancia para con los dioses y sus leyes, incitándole a cometer actos sacrílegos que atentan contra el orden natural. El mito de Layo y Edipo que vimos más arriba es quizás el ejemplo perfecto de “Hubris absoluto” (violar al hijo de un rey anfitrión, matar al padre, tener hijos con la madre) y de la relación kármica de este concepto de “pecado” o sacrilegio con Aidós y Némesis.

 guerra-del-peloponeso

SUPUESTAS PAREJAS HOMOSEXUALES Y EJEMPLOS EN LA MITOLOGÍA E HISTORIA DE GRECIA

 La mitología no hay que tomarla al pie de la letra porque no es “historia” propiamente dicha, pero lo que sí hay que hacer es concederle la importancia que se merece, porque en ella vienen plasmadas las creencias, la mentalidad y el bagaje de valores de toda una civilización, y nos ofrece la clave de su psicología, de su imaginario colectivo, de sus ideales y de sus sentimientos, es decir, de lo que realmente movía a aquellos individuos de antaño.

 Aquiles y Patroclo
Aquiles y Patroclo acaso son la “pareja homosexual” más conocida del mundo griego. Según las presiones del lobby gay estadounidense, estos dos hombres eran amantes homosexuales, y por tanto, sin ningún tipo de duda, se acostaban juntos y practicaban el noble, puro y respetable arte de hacer cola-cao.

Pues bien: una vez más creo que lo mejor será, como personas letradas y preocupadas que somos, comprobarlo de primera mano, remontándonos a las siempre verídicas y siempre respetables fuentes originales, escritas no por los mencionados homosexuales de Nueva York, sino por los griegos de la antigüedad. ¿Y qué mejor fuente que la mismísima “Ilíada” donde se narra la cólera de Aquiles contra Agamenón, por haberle robado éste a Briseida, su esclava favorita (cólera poco propia de un homosexual, ciertamente)? Veamos pues, sin más dilación, qué tiene que decirnos la “Ilíada” acerca de la “homosexualidad” de Aquiles y Patroclo. Nos vamos al Canto IX de susodicha obra.

Aquiles durmió en lo más retirado de la sólida tienda con una mujer que trajera de Lesbos: con Diomeda, hija de Forbante, la de hermosas mejillas. Y Patroclo se acostó junto a la pared opuesta, teniendo a su lado a Ifis, la de bella cintura, que le regalara Aquiles al tomar la excelsa Esciro, ciudad de Enieo. (657-668).

Después de leer “estas aladas palabras”, nosotros, “con torva faz”, les preguntamos a todos los que defienden la supuesta homosexualidad de Aquiles y Patroclo sin más prueba que sus propios delirios: ¿dónde, oh dónde, veis homosexualidad, almas cándidas? Si Aquiles y Patroclo eran amantes, ¿por qué se acuestan cada uno en el lado opuesto de la tienda… con una mujer cada uno? ¿Es que no deberían acostarse entre ellos? ¿Dónde veis que el “amor” de Aquiles y Patroclo sea algo sexual, más allá de una intensa amistad o amor platónico entre hermanos de armas?

Eso por no mencionar que el comportamiento de Aquiles en toda la saga de Troya es, hablando en plata, de macho alfa al cuadrado. Se precia de haber tomado, arrasado y saqueado numerosas ciudades, de matar a infinidad de hombres y de esclavizar y poseer a sus mujeres y a sus hijas. Monta en cólera cuando Agamenón se apropia de Briseida, su esclava favorita, y cuando los aqueos quieren que Aquiles vuelva a la lucha, no le tientan con jóvenes efebos (cosa que sería lo normal para un hombre que “se casa para procrear pero se lía con hombres para divertirse”, como reclaman los homosexuales), sino con infinidad de esclavas hermosas, vírgenes y “expertas en intachables labores”, además de otra serie de presentes materiales de gran valor que no vienen al caso. Patroclo, mayor que él, y más prudente que él, es meramente su maestro y su iniciador además de su amigo, y la actitud que tiene con Aquiles es como la de un hermano mayor. La intensidad de las aventuras vividas en torno a la guerra había forjado entre ellos un vínculo de camaradería y amistad especialmente intenso, cosa que queda muy clara cuando, a la muerte de Patroclo a manos del héroe troyano Héctor, Aquiles se hunde en la más tremenda desesperación. Se alega que la reacción de Aquiles es demasiado fuerte como para que se tratase de una relación de mera hermandad, pero más adelante en la “Ilíada”, el rey Príamo coge tan tremenda aflicción cuando su hijo Héctor cae bajo la lanza de Aquiles, que se revuelca en los excrementos de los animales, cosa que demuestra cómo para los griegos el amor erótico nada tenía que ver con la desesperación por la pérdida de un ser querido.

 zeusZeus y Ganímedes

Según ciertos círculos, Zeus y Ganímedes son otra de las “parejas homosexuales por excelencia” del panorama olímpico. Veamos el mito detenidamente. Ganímedes era un príncipe troyano que, recién salido de la adolescencia, vivía una transitoria etapa de cazador-recolector en un entorno salvaje, cosa común en la Grecia tradicional (Esparta también tenía esta costumbre) como ritual de tránsito para marcar la llegada de la hombría. Impresionado por su porte, Zeus se convierte en águila y lo rapta en el monte Ida, llevándolo al Olimpo para ser el copero de los dioses.  

¿Qué significa “copero”? ¿Stripper? ¿Gogó? ¿Travelo a domicilio acaso? ¿Gigoló ambulante quizás? ¿Locuela de carnaval, tal vez?

No.

“Copero”, como su propio nombre apropiadamente indica, significa el que sirve las copas. Y sólo a un iluso se le podría ocurrir que los dioses y diosas hubieran querido que un feo les repartiese el néctar. Que los dioses buscasen a un “camarero” lo más físicamente bello es bastante comprensible, ya que no eran los dueños de un tugurio barato, sino los reyes supremos del mismísimo Olimpo, y debemos recordar que, de todos los pueblos habidos, los griegos fueron con diferencia los que le concedían mayor importancia a la belleza física, relacionándola inevitablemente con la divinidad ―por lo cual el joven más bello del mundo debía, por fuerza, ascender a la patria de los dioses y ser inmortal a su lado como uno más [2].

 Lo que se pretende dejar claro con esto es que los autores que le colocan rápidamente la etiqueta de homosexual al mito de Ganímedes desde su apartamento urbano sofisticado y del Siglo XXI, están incurriendo en un error garrafal: juzgar un mito que tiene milenios de antigüedad siquiendo patrones psicológicos de la mentalidad moderna.

Veamos, por si acaso, qué dice Homero al respecto de Ganímedes:

… y éste dio el ser a tres hijos irreprensibles: Ilo, Asáraco y el deiforme Ganímedes, el más hermoso de los hombres, a quien arrebataron los dioses a causa de su belleza para que escanciara el néctar a Zeus y viviera con los inmortales. (“Ilíada”)

Así, el prudente Zeus robó al rubio Ganímedes por su belleza, para que estuviera entre los inmortales y en la morada de Zeus escanciara a los dioses, ¡cosa admirable de ver! Ahora, honrado por los inmortales, saca el dulce néctar de una cratera de oro. (“Himno a Afrodita”).

Que levante la mano el que, en vez de leer “escanciar néctar” y “sacar néctar de una crátera de oro”, haya leído “poner el culo en pompa y untarse de vaselina para dejarse porculizar por todo el Olimpo”. ¿Dónde, pues, están las señales de homosexualidad en este mito? En la mente de quienes se lo inventaron de la nada, y de quienes se han tragado la mentira a pies juntillas y sin hacer preguntas. Repito: Zeus lo hace copero, es decir, quien sirve las copas. Yo no he visto en el mito que Zeus cohabitase con él carnalmente ni una sola vez, ni que lo viole, ni que le acose, ni que se le caiga el jabón, ni que le ordene agarrarse los tobillos o subirse los calcetines, ni que lo mande rezar cara a La Meca, ni absolutamente nada por el estilo.

Los habrá que contesten, para justificarse o para darse importancia, que las señales están “ocultas” y “en clave simbólica”. Es bien sabido que a los homosexuales les encanta la ambigüedad, puesto que enciende su imaginación ―pero la realidad es que la mitología griega es totalmente explícita cuando habla de estos temas: suele hablarse de “poseer”, “subir al lecho”, “unirse en el amor”, etc., y cuando hay alguna duda, el hecho de que se hayan engendrado hijos la despeja de modo definitivo. En esta leyenda, como en tantos otros supuestos “mitos homosexuales” no tenemos absolutamente nada por el estilo. ¿Por qué iban los autores de tales mitos a cubrirlos de ambigüedad, y más si procedían de una sociedad en la que la homosexualidad “se aceptaba y se daba por hecho”?.

Por lo demás, y como veremos enseguida, Zeus es un dios que rapta, viola, se enrolla, etc., con docenas, por no decir cientos y miles (en la “Ilíada” casi da la sensación de que hay pocos soldados, reyes y héroes que no desciendan de él) de diosas y mujeres mortales, tras convertirse en toro, cisne, lluvia, rayo de sol, etc. En cada caso, acarrea los celos y la ira de Hera, su esposa, diosa del matrimonio monogámico que parece estar en conflicto con los insaciables impulsos poligámicos del omnipotente padre celeste procreador, cuyo comportamiento puede describirse quizás como “extremadamente heterosexual” o “de macho alfa”.

 LA REALIDAD: MITOLOGÍA GRIEGA COMO APOLOGÍA DEL AMOR CREATIVO, O EL PODER DE LA PROCREACIÓN

Después de haber refutado el asunto de los “amantes masculinos”, cabría mencionar a parejas heterosexuales famosas de la mitología griega para aclarar el comportamiento de los dioses y héroes, lo cual probablemente haga replantearnos cosas como la poligamia, puesto que los dioses y los héroes, más que una simple “pareja”, solían tener todo un harén, con el objetivo de sembrar el mundo de hijos semidivinos.

 • Zeus  Hera, Leto, Deméter, Dione, Eris, Maya, Metis, Mnemósine, Selene, Temis, Europa, Alcmena, Dánae, Antíope, Calisto, Carme, Egina, Elara, Electra, Eurínome, Himalia, Ío, Lamia, Laodamía, Leda, Mera, Níobe, Olimpia, Pluto, Pirra, Táigete, Talía, Yodama, muchas más anónimas.

 • Ares – Afrodita (con quien significativamente engendró a Harmonía), Aérope, Agraulo (mujer a pesar de la resonancia del nombre), Altea, Astíoque, Atalanta, Cirene, Crisa, Demonice, Enio, Eos, Eritia, Estérope, Filómone, Rea Silvia (la madre de Rómulo y Remo, llamada Ilia en Grecia), Otrera, Pelopia, Protogenia, Tirine, Tritea y más anónimas. A diferencia del Marte romano, el Ares griego no era un dios de la virtud militar ni del frío valor del soldado, sino el dios de la carnicería, la matanza, la fuerza bruta, el saqueo, la rapiña y la violación, el dios de perder el control y buscar la confrontación ―en suma, el dios de la violencia pura, de una forma de guerra primitiva y barbárica. Sus epítetos (“estrago de mortales”, “manos ensangrentadas”, “salteador de murallas”, “homicida”, “impetuoso”, “brutal”) hablan por sí solos. Significativamente, la única pareja capaz de equilibrar su ardor es Afrodita, la otra cara de la moneda. En la imagen, el llamado Ares de Ludovisi.

 • Poseidón – Agameda, Álope, Amimone, Anfítrite, Arne, Astipalea, Calírroe, Calquinia, Cánace, Celeno, Ceróesa, Ciona, Clito, Cloris, Córcira, Deméter, Etra, Euríale, Eurínome, Europa, Gea, Halia, Hipótoe, Ifimedia, Libia, Melia, Medusa, Melantea, Mitilene, Peribea, Quíone, Salamina, Satiria, Toosa, Tiro, más anónimas.

 • Apolo – Acanta, Arsínoe, Casandra, Calíope, Cirene, Corinis, Dafne, Dríope, Etusa, Hécuba, Leucótoe, Manto, Psámate, Quíone, Reo, Sinope, Terpsícore, Urania. Urania, una musa de la astrología y de las matemáticas, fue amante de Apolo, con quien engendró a Lino, un magnífico músico que le enseñó a Heracles a tocar la lira. (Desafortunadamente para él, Heracles era un alumno indisciplinado que tenía mejores cosas que hacer ―como dejar preñadas a las 50 doncellas téspides―, y mató a Lino golpeándole con una lira cuando éste lo reprendió). En el “Banquete” de Platón, algunos relacionan a “Afrodita Urania” (la que nació de la fuerza reproductiva de Urano vertida sobre el mar, diferenciada de la que nació de la unión de Zeus y Dione según otra versión) con el amor hacia lo masculino, especificando claramente que era un amor “por el alma” y que, además, era “libre de violencia”. Esto excluiría una penetración fálica lujuriosa por un orificio como el ano, diseñado por la Naturaleza para evacuar desechos tóxicos e infecciosos, y residencia, según la moral helénica, de Aidós ―la vergüenza. Afrodita Urania sería, en suma, lo que entendemos por “amor platónico”.

 • Hades: Perséfone, Mente, Leuce.

 bernini_rapto_proserpina

“El rapto de Proserpina”, de Bernini.

 • Heracles – Mégara, Ónfale, Deyanira, Yole, Mélite, Auge.  En un episodio, Heracles llega al palacio del rey Tespio, a quien el aspecto del héroe impresionó tanto que le ofreció a sus 50 hijas doncellas (los reyes eran polígamos y tenían todo un harén de esposas, con lo cual podían padrear decenas de hijos), llamadas las téspidas, para que les hiciera el amor y las dejase embarazadas, mientras durase la cacería del león de Citerón. En siete noches (según la versión, en una sola), las dejó embarazadas a todas (Policasta, Nike, Glicera, Graya, Lalage, Alcione, Neda, Maira, Fóloe, Clyte, Adesia, Septeria, Estéropa, Plinteria, Foronea, Dorichia, Faena, Ariona, Deidia, Brima, Cleodora, Altea, Euriganea, Agalis, Ardota, Inaca, Lica, Nausitoa, Esquimforia, Gigas, Jacinta, Leuke, Kérite, Eurifilia, Elocia, Glauca, Deidamia, Crisa, Lisa, Pirena, Oreada, Talasiana, Xuta, Trisaulea… Leda era la menor y, siendo prácticamente una niña, “temblaba y parecía que iba a desmayarse”, con lo cual Policasta, la mayor, tomó su lugar y fue poseída de nuevo por el héroe) de hijos varones, quienes serían los heráclidas. Según la tradición griega, los heráclidas se asocian con los dorios, que conquistaron amplias porciones de Grecia arrasando las ciudades aqueas, y los reyes tanto de Esparta como de Macedonia remontaban su linaje a algún heráclida.

 • Teseo – Perigune (hija del bandido Sinis), Ariadna, Fedra (su hermana), Antíope (una amazona).

 • Perseo – Andrómeda.

 • Peleo – Tetis.

• Aquiles – Briseida, Diomeda, una serie de mujeres capturadas en poblaciones arrasadas por él.

 • Ulises – Penélope, Calipso, Circe, Calídice.

 • Agamenón – Clitemnestra, Criseida, Casandra. Aunque tuvo también a Briseida, cuando la devuelve a Aquiles presta solemne juramento de no haberla poseído sexualmente, según se narra en la “Ilíada”.

 … y muchos, muchos más. Se me dirá que algunos de estos dioses y héroes tuvieron “amantes masculinos”. Pido evidencias. Las mujeres mencionadas fueron físicamente poseídas en acto carnal por el dios o héroe correspondiente, y muchas de ellas engendraron hijos. Quiero evidencias en la mitología griega originaria, de que los dioses o héroes mantuvieron relaciones con varones que supusieran un paso más allá de una excelente amistad, camaradería o hermandad. Quiero “pruebas” de que Zeus poseyese sexualmente a Ganímedes, o de que Aquiles mantuviese sexo anal con Patroclo. [4]

Como ya hemos visto, esas pruebas no existen. Los famosos “amantes” son simplemente buenos amigos, unidos con vínculos muy fuertes de admiración, por experiencias profundas en combate o en aventuras, o por otros asuntos que nada tienen que ver con el amor erótico ―sino, a lo sumo, con el amor platónico―, y no hay absolutamente ninguna evidencia ni tan siquiera para suponer que había algo sexual de por medio, sino de que se trataba de un amor prácticamente equiparable al que media entre buenos hermanos.

 ASUNTO IRREFUTBLE #1: EL “BANQUETE” DE PLATÓN

El “Banquete” es un diálogo filosófico en el que diversos participantes rinden tributo a Eros, el dios del amor, en forma de discurso ensalzándolo y aportando la visión que cada cual tiene del amor, con lo cual es una fuente de primera mano para conocer la mentalidad ateniense de la época (estamos hablando, en todo caso, del Siglo IV AEC, una etapa ya decadente). Sin duda, todos los eruditos especialistas subvencionados que se dedican a dar conferencias y vivir del cuento, apoyados por un Sistema al que le interesa difundir la mentira, sacan siempre a colación el “Banquete” de Platón como ejemplo de que “la civilización griega era homosexual”, basándose en algunas líneas halladas en ese libro.

Sin embargo, y desafortunadamente para los apóstoles de la homosexualidad griega, todo el mundo debería saber que los diálogos platónicos consistían a menudo en un debate que contrapone puntos de vista opuestos, representados por los participantes. La razón es que, para Platón, todas las partes debían estar presentes en un debate y tener la oportunidad de exponer y defender su punto de vista. Hay personajes que representan ideas contrarias a Sócrates, precisamente con el objetivo de contrastar opiniones distintas, y por ello mismo no pueden ni deben citarse al tuntún como si las hubiese pronunciado el mismo Platón. Por estas razones, en cada cita, es preciso especificar quién la ha pronunciado e indagar sobre el personaje, para saber si representa un punto de vista afín al platónico (del cual Sócrates y otros son portavoces) u opuesto.

De la intervención de Pausanias se puede decir que él mismo debate diversas aproximaciones al tema, y que nunca menciona el amor carnal homosexual. Podemos destacar una cita relativamente contundente:“Sería preciso, incluso, que hubiera una ley que prohibiera enamorarse de los mancebos” (Pausanias, 181d).

En otra cita, reflexiona sobre por qué la relación de maestro y alumno es necesaria y beneficiosa y no debería abolirse, diciendo que “uno puede contribuir en cuanto a inteligencia y virtud en general y el otro necesita hacer adquisiciones en cuanto a educación y saber en general”. (Pausanias, 184d-e). En este caso, como en el espartano, se está hablando de una relación con vistas al perfeccionamiento personal y al “entrenamiento”, en la que la sabiduría de un hombre maduro ayuda a un muchacho a convertirse en hombre y en la que, de nuevo, la interacción entre soplanucas y muerdealmohadas brilla por su ausencia.

Después de estas citas bastante vagas, entra en escena Aristófanes, un personaje que no debería caer bien al buen platónico, ya que en el diálogo de la “Nube”, se burla abiertamente de Sócrates, y en el “Banquete”, muestra una conducta excéntrica que acaso fue introducida por Platón como señal para dar a entender al lector que el punto de vista expresado por él no merece reverencia. Así, podemos leer:

…me dijo Aristodemo que debía hablar Aristófanes, pero que al sobrevenirle casualmente un hipo, bien por exceso de comida o por alguna otra causa, y no poder hablar, le dijo al médico Erixímaco, que estaba reclinado en el asiento de al lado:

―Erixímaco, justo es que me quites el hipo o hables por mí hasta que se me pase.

Y Erixímaco le respondió:

―Pues haré las dos cosas. Hablaré, en efecto, en tu lugar y tú, cuando se te haya pasado, en el mío. Pero mientras hablo, posiblemente reteniendo la respiración mucho tiempo se te quiera pasar el hipo; en caso contrario, haz gárgaras con agua. Pero si es realmente muy fuerte, coge algo con lo que puedas irritar la nariz y estornuda. Si haces esto una o dos veces, por muy fuerte que sea, se te pasará. (185c-d-e).

 Es tal el desconcierto que este pasaje siembra, que no pocos ríos de tinta han corrido especulando sobre su significado. Y es que la presentación que se hace de Aristófanes, que no puede hablar a causa de su hipo y debe cederle el turno a Erixímaco hasta que se le pase, es dudosa y algo cómica, por no hablar de que, en un acto ritualizado como lo era un diálogo filosófico, en el que cada intervención se consideraba rodeada de signos de los dioses para bien o para mal, el hipo de Aristófanes no constituye precisamente un buen augurio.

 Cuando finalmente termina su hipo y le toca hablar, Aristófanes desarrolla un extravagante discurso sobre el andrógino, un ser esférico con ocho patas y dos caras, que se desplazaba rodando por el suelo, que reunía las condiciones sexuales de tanto varón como hembra, aunque algunos eran varón por ambos lados o hembra por ambos lados. Según el disparatado razonamiento de Aristófanes, estos seres desafiaron a los dioses y Zeus los hizo partir por la mitad, de modo que, haciendo inverosímiles cabriolas argumentativas e inventándose toda una mitología para justificar que a dos hombres les guste irse a la cama y convertir un * en un O, Aristófanes ―el del hipo, el de las gárgaras y los estornudos, el que se burló de Sócrates― nos dice que:

En consecuencia [de la partición del “andrógino” originario], cuantos hombres son sección de aquel ser de sexo común que entonces se llamaba andrógino son aficionados a las mujeres, y pertenece también a este género la mayoría de los adúlteros; y proceden también de él cuantas mujeres, a su vez, son aficionadas a los hombres y adúlteras. Pero cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas. Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y, mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse [5]; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza. Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando lo que es similar a ellos. (191de-192a).

 androginoPor la excentricidad de su propio discurso, no es de extrañar que Aristófanes ande incómodo, que en un momento dado ruegue “que no me interrumpa Erixímaco para burlarse de mi discurso” (193b) y que poco después, finalice su intervención poco menos que pidiendo clemencia:

 Éste, Erixímaco, es mi discurso sobre Eros, distinto, por cierto, al tuyo. No lo ridiculices, como te pedí, para que oigamos también qué va a decir cada uno de los restantes o, más bien, cada uno de los otros dos, pues quedan Agatón y Sócrates. (193de). A pesar de que Aristófanes sólo representa un punto de vista de tantos, de que no es presentado en modo alguno como alguien fiable y de que él mismo es consciente de que se lo deja a huevo a los demás para burlarse de su discurso, los autores pro-teoría homosexual citan sus palabras sin más, como si representase el punto de vista del mismísimo Platón.

Del homenaje de Agatón a Eros podría acaso distinguirse una cita, en la que dice que “respecto a la procreación de todos los seres vivos, ¿quién negará que es por habilidad de Eros por la que nacen y crecen todos los seres?” (197a), en la que, dejando caer que Eros es responsable de la procreación, deja también claro que el dios pertenece al ámbito del sexo heterosexual, que es el único capaz de engendrar nueva vida.

 Sin embargo, la joya del “Banquete” platónico es, sin lugar a dudas, y como siempre, la intervención de Sócrates, quien había sido el maestro de Platón. Sócrates cita el discurso que había escuchado años atrás de una mujer que él mismo considera como “sabia”, diciendo a sus interlocutores: “Os contaré el discurso sobre Eros que oí un día de labios de una mujer de Mantinea, Diotima, que era sabia en éstas y otras muchas cosas”. (Sócrates, 201d). Las palabras de Diotima, además de ser sumamente interesantes en cosas sobre el amor al margen del debate hetero vs. homo, contienen además una verdadera apología del amor heterosexual como acto creativo:

 ―¿De qué manera y en qué actividad se podría llamar amor al ardor y esfuerzo de los que lo persiguen? ¿Cuál es justamente esta acción especial? ¿Puedes decirla?

―Si pudiera ―dije yo―, no estaría admirándote, Diotima, por tu sabiduría, ni hubiera venido una y otra vez a ti para aprender precisamente estas cosas.

―Pues yo te lo diré ―dijo ella―. Esta acción especial es, efectivamente, una procreación en la belleza, tanto según el cuerpo como según el alma.

―Lo que realmente quieres decir ―dije yo― necesita adivinación, pues no lo entiendo.

―Pues te lo diré más claramente ―dijo ella―. Impulso creador, Sócrates, tienen, en efecto, todos los hombres, no sólo según el cuerpo, sino también según el alma, y cuando se encuentran en cierta edad, nuestra naturaleza desea procrear. Pero no puede procrear en lo feo, sino sólo en lo bello. La unión de hombre y mujer es, efectivamente, procreación, y es una obra divina, pues la fecundidad y la reproducción es lo que de inmortal existe en el ser vivo, que es mortal. (206bc).

 De momento, Sócrates ha elogiado la sabiduría de la señora, mientras que ella ha hecho un canto al amor heterosexual como “obra divina”. Más adelante, se fija en la Naturaleza para sonsacar lecciones de conducta para los hombres civilizados:

 Si bien ―dijo― podía pensarse que los hombres hacen esto [los sacrificios asociados al apareamiento y el cuidado de la prole] por reflexión, respecto a los animales, sin embargo, ¿cuál podría ser la causa de semejantes disposiciones amorosas? ¿Puedes decírmela?

Y una vez más yo le decía que no sabía.

―¿Y piensas ―dijo ella― llegar a ser experto algún día en las cosas del amor, si no entiendes esto?

―Pues por eso precisamente, querida Diotima, como te dije antes, he venido a ti, consciente de que necesito maestros. Dime, por tanto, la causa de esto y de todo lo demás relacionado con las cosas del amor.

―Pues bien ―dijo―, si crees que el amor es por naturaleza amor de lo que repetidamente hemos convenido, no te extrañes, ya que en este caso, y por la misma razón que en el anterior, la naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo. (207bcd).

 Por si no ha quedado clara la actitud de Sócrates con Diotima cuando ante sus discípulos se refiere a ella como “sabia”, cuando elogia “su sabiduría” ante ella, cuando admite que ella tiene más conocimiento que él mismo o cuando dice que “ha acudido a ella consciente de que necesita maestros”, valga el cierre que hace cuando reconoce que quedó “lleno de admiración” (208b), llamándola en persona“sapientísima Diotima” (ídem) y dirigiéndose de nuevo  a sus discípulos diciéndoles “Esto, Fedro, y demás amigos, dijo Diotima, y yo quedé convencido”. (212b).

 Por tanto, tenemos a un lado a Aristófanes, un personaje que no puede hablar cuando le corresponde por tener hipo (comer y/o beber demasiado rápido) que es conocido por haberse burlado de Sócrates en el pasado y que hace una enrevesada defensa de la homosexualidad… y a otro lado tenemos a Diotima, una mujer que el mismísimo Sócrates llama “sapientísima” y que hace un genial tributo a Eros ensalzando la unión de hombre y mujer como acto generador de nueva vida, y dejando claro que en el poder de procreación de tal unión radica su superioridad respecto a cualquier otra forma de amor. A estas alturas, no cabe duda de que Sócrates no está precisamente en la acera de enfrente. De hecho, el narrador nos muestra la incomodidad de Aristófanes cuando Sócrates concluyó su elogio a la heterosexualidad:

 Cuando Sócrates hubo dicho esto, me contó Aristodemo que los demás le elogiaron, pero que Aristófanes [repetimos: el único que había defendido la homosexualidad] intentó decir algo, puesto que Sócrates al hablar le había mencionado a propósito de su discurso. Mas de pronto la puerta del patio fue golpeada y se produjo un gran ruido como de participantes en una fiesta, y se oyó el sonido de una flautista. (212c).

 Efectivamente, “Aristófanes intentó decir algo”, pero como no podía ser de otro modo, una vez más la Providencia, asociada en los tiempos paganos con la voluntad de los dioses, interrumpe sus palabras: “No mucho después se oyó en el patio la voz de Alcibíades, fuertemente borracho” (212d). Ahora hace su aparición uno de los personajes que constituye la guinda final del pastel platónico del “Banquete”, introduciéndose del siguiente modo:

 Salud, caballeros. ¿Acogéis como compañero de bebida a un hombre que está totalmente borracho? (…) ¿Os burláis de mí porque estoy borracho? Pues, aunque os riáis, yo sé bien que digo la verdad. (212e-213a).

 Alcibíades relata cómo en el pasado le tiró los trastos a Sócrates, cómo en un momento dado se le declaró y cómo poco menos que se le tira al cuello al filósofo, siendo rechazado por él. Alcibíades parece estar, en efecto, “enamorado” de Sócrates, aunque, como él mismo bien dice, “comparar el discurso de un hombre bebido con los discursos de hombres serenos no sería equitativo” (214c):

 Me levanté, pues, sin dejarle decir ya nada, lo envolví con mi manto ―pues era invierno―, me eché debajo del viejo capote de ese viejo hombre, aquí presente, y ciñendo con mis brazos a este ser verdaderamente divino y maravilloso estuve así tendido toda la noche. En esto tampoco, Sócrates, dirás que miento. Pero, a pesar de hacer yo todo esto, él salió completamente victorioso, me despreció, se burló de mi belleza y me afrentó; y eso que en este tema, al menos, creía yo que era algo, ¡oh jueces! ―pues jueces sois de la arrogancia de Sócrates. Así, pues, sabed bien, por los dioses y por las diosas, que me levanté después de haber dormido con Sócrates no de otra manera que si me hubiera acostado con mi padre o mi hermano mayor. (219bcd).

A Alcibíades lo han insertado en el diálogo porque es sabido que los borrachos nunca mienten [6], y así queda clara la acción de Sócrates de rechazar a un hombre aunque éste sea muy bello y muy prestigioso. Acto seguido, Alcibíades elogia la indiferencia de Sócrates, su valor en combate, su dureza, su carácter espartano, su resistencia al frío y al alcohol, y su sabiduría. Todos estos elogios (incluyéndose como elogio el que Sócrates lo rechazase, dejando claro que no es homosexual) intentan, como se ha dicho, tener el “certificado de verosimilitud” que otorga el haber sido pronunciados por un hombre que, por estar borracho, se presupone dice la verdad.

 En suma, Sócrates tenía a Alcibíades en la palma de su mano y hubiera podido liarse con él (cosa que, en todo caso, excluiría, por respeto a Aidós, penetración de ningún tipo), pero desgraciadamente para los homosexuales modernos, lo rechaza desdeñosamente.

sem-nuss1

ASUNTO IRREFUTABLE #2: LAS VASIJAS HOMOERÓTICAS

 Esta imagen es una favorita de los autores volcados en representarnos a Grecia como una “civilización homosexual”, o al menos una civilización donde las prácticas homosexuales estaban plenamente aceptadas y formaban parte del paisaje cotidiano. Indudablemente, hay vasijas procedentes de la antigüedad griega que representan escenas claramente homosexuales.

Se han encontrado docenas de miles de vasijas (sólo en la provincia de Ática, tenemos ¡más de 80.000!), y, de todas ellas, las vasijas con un claro contenido homoerótico son… ¡sólo 30! Y eso siendo muy generosos. Estamos hablando de en torno a un 0.03% del total de vasijas encontradas. ¿Acaso no deberían ser más, si supuestamente estamos hablando de una cultura donde la homosexualidad pedofílica era el pan nuestro de cada día?

 Deberíamos finalizar dejando claro que la inmensa mayoría (estamos hablando de más de un 99%) de esculturas, vasijas, mosaicos, figurillas, frescos, etc., de la Grecia antigua que sí representan amor erótico, lo hacen siempre representando relaciones sexuales entre hombre y mujer. Pero resulta que incluso aunque tuviésemos escenas homosexuales gratuitas, también en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela hay escenas de hombres incurriendo en sodomía, y a nadie se le ocurriría pensar que eso convierte en homosexual a toda la civilización católica gótica o barroca, puesto que esas escenas de sodomía forman parte de representaciones de los diversos pecados, con la intención de estigmatizarlos. Así pues, deberíamos acaso preguntarnos si, por ventura, de ese 0,03% de vasijas con temática clara o vaga o subjetivamente homoerótica, no habría un porcentaje importante destinado precisamente a criticar la homosexualidad o ridiculizarla ―como queda claro en el mencionado asunto de los sátiros, quienes eran los máximos exponentes de la homosexualidad además de infinidad de depravaciones sexuales, y que no gozaban precisamente de buena reputación.

 lesbosSOBRE EL “LESBIANISMO”

Probablemente, de todas las mentiras sobre homosexualidad, la de Safo de Lesbos sea la más sangrante, ya que el nombre de su isla natal ha sido utilizado para designar a las mujeres homosexuales, las lesbianas. Safo de Lesbos (siglos VII-VI AEC) es seguramente la mejor poetisa de todos los tiempos (Platón la llamó “la décima musa”). Heredera de deudas, decidió fundar una academia donde acudían muchachas jóvenes de toda Grecia a aprender poesía, música, danza, buenas maneras, ritualismo religioso y en general lo que caracterizaba a una mujer completa que aspiraba a casarse con un hombre noble y fundar su propia familia. Del mismo modo que Esparta tenía sus ageilai u hordas, donde los muchachos aprendían poco a poco a ser hombres bajo el maestrazgo de un iniciador, Lesbos tenía la academia sáfica para las señoritas de buena familia.

 Las muchachas de la academia sáfica se hacían llamar “servidoras de las musas”. Las musas eran 9 deidades femeninas que acompañaban a Apolo en el monte Helicón, y que se consideraban responsables de la inspiración de los artistas. Los escultores griegos conocían bien la morfopsicología (leer el carácter de un individuo por sus rasgos físicos) y por tanto no sólo esculpían estatuas de cuerpos bellos, sino cuerpos bellos necesariamente portadores de un alma bella. Quien esculpió a la musa de esta imagen, sin duda representó de una forma maravillosa la personificación de la bondad, la salud, la serenidad y la belleza.

La obra de Safo nos ha llegado muy fragmentada (sólo tenemos un poema completo, recogido por Dioniso de Halicarnaso, y el resto de su obra tiene demasiados huecos para hasta a menudo saber siquiera de qué se habla, ya no digamos intentar vislumbrar homosexualidad), pero consta sobre todo de himnos y elogios a las muchachas que ella ha instruido y que han completado su educación, entrando en la edad adulta y marchándose del idílico mundo de la academia para desposarse con un hombre. Este género poético recibía el nombre de epithalamia, “canciones de matrimonio”, que hablaban sobre la belleza de una doncella que estaba a punto de convertirse en esposa y madre. De ese modo, por los fuertes vínculos construidos entre ella y sus discípulas ―a las que ha enseñado todo lo que saben― Safo se llena de tristeza por la pérdida de quienes eran prácticamente sus hijas, pero no tenemos absolutamente nada que dé a entender una relación más allá de un intenso afecto, totalmente desprovisto de carga sexual. Incluso tenemos unos conocidos versos, dedicados a una de sus muchachas, que abandona la academia porque viene a buscarla su prometido para llevarla a su casa y convertirla en mujer:

Semejante a los dioses me parece
ese hombre
 que ahora se sienta frente a ti
y tu dulce voz a su lado escucha
mientras tu le hablas

Pero el hecho más incómodo en la vida de Safo es que, aparte de ser madre (tenía una hija llamada Cleis) y además de ser esposa, murió suicidada por amor… hacia un hombre, un marino de nombre Faón que, al parecer, no la correspondía con la misma intensidad. El lector ha leído bien: la “mayor lesbiana de todos los tiempos”, la “madre fundadora del lesbianismo”, se suicidó por amor… hacia un hombre.

Otro asunto bastante revelador, y que viene a heterosexualizar cada vez más la academia de Safo, es que las discípulas de Lesbos fueron las que desarrollaron el culto religioso a Adonis, un héroe mitológico que personificaba la belleza del hombre joven y que aun hoy día se emplea para designar a un hombre extremadamente bello. No deja de ser incómodo para los mitólogos homosexuales modernos que el supuesto epicentro del “lesbianismo” griego rindiese culto a una figura que representaba el máximo extremo alcanzable por la belleza masculina.

Todo esto por no hablar de que, a juzgar por los versos de Safo, su academia estaba muy lejos de ser un paraíso de las camioneras tatuadas, con piercings y con corte de pelo de marine matatalibanes que hoy decoran el panorama “lésbico”, ya que era un reducto de feminidad idílica, incorrupta y pura, en el que la llegada de un hombre viene a señalarles a las chicas que la adolescencia ha terminado y que ahora deben poner al servicio de su estirpe toda la feminidad cultivada.

¿De dónde viene, pues, lo de “lesbiana”, si no hay nada que sugiera entre estas muchachas una relación más allá de una gran hermandad? Viene, de nuevo, del círculo homosexual de Oxford liderado por Walter Pater y, más recientemente, de autoproclamados “especialistas en sexualidad griega” como el francés Yves Battistini (1922-2009). Este “especialista”, como ejemplo del colmo de la manipulación, se encontró con un verso que rezaba προς δ’αλλον τινα χασκει (“pros d’allon tina haskei”). Esto, traducido como es debido, viene a ser “hacia otra persona ríe”. Sin embargo, este falsificador premeditado lo tradujo como “pero el objeto de su pasión es otra cosa, una muchacha”.

 Lesbia, pero no lesbiana: Safo de Lesbos se suicidó por un hombre, lo cual es quizás el acto más extremo que puede llevarse al cabo por amor.

 safo-jpg

VOCABULARIO ACTUAL

El vocabulario moderno concerniente a la homosexualidad está fundamentado en:

“Gay” significa (más bien significaba) en inglés, “alegre”.

“Lesbiana” ya hemos visto que hace referencia a la isla griega de Lesbos, donde enseñaba Safo y, como he explicado, esa mujer de “lesbiana” tenía más bien poco.

“Pederastia” procede de Paiderastia, ni siquiera significaba pedofilia, sino el maestrazgo de un muchacho. Del mismo modo, erastes y eromenos deberían traducirse como “amante” y “amado” sólo si se especifica de algún modo que estamos hablando de un amor platónico y, por tanto, casto.

Por estos motivos, las conductas sexuales entre personas del mismo sexo deberían llamarse sencillamente “homosexuales”, ya sean masculinas o femeninas.

  [1] Erastes y eromenos generalmente son traducidos como “amantes” y “amados”, o “pretendientes” y “pretendidos”, pero realmente se debería buscar vocablos mejores, ya que hoy en día esas palabras van asociadas a la homosexualidad, y una mínima atención prestada a los escritos griegos revela que no era así. “Maestro” y “alumno” serían equivalentes mucho más fieles al contexto moderno. Hay que replantearse la traducción por el sencillo motivo de que no sé qué clase de relación homosexual es aquella en la que están proscritas las “relaciones carnales”. El carácter de “amante” y “amado” debería quedar, pues, como de amor puramente platónico, en una relación enmarcada por la admiración, el respeto, la veneración y la hermandad, totalmente desprovista de tintes eróticos tal y como los entendemos en los tiempos modernos.

 [2] Ganímedes ha pervivido hasta nuestros días en el Zodíaco, como Acuario.

 [3] Al sureste del Estado espartano, en la ciudad de Amicla, había un túmulo (al estilo de las estructuras funerarias erigidas en las antiguas culturas centroeuropeas) que era la tumba de Jacinto, y donde los espartanos llevaban al cabo las Jacintas, típicas festividades de tres días de duración, en las que se celebraba la muerte y resurrección de un ídolo religioso.

 [4] Esto también se aplica en el caso heterosexual: no hay prueba de que Artemisa, la diosa virgen, tuviese jamás relaciones físicas con Orión, sino de que eran buenos compañeros de caza y estaban unidos por un vínculo platónico.

 [5] Obsérvese que no se habla aquí de “relaciones carnales” ni de “posesión” de ningún tipo. A pesar de que sí entraría en la categoría de sexo, el “acostarse y abrazarse” excluye la penetración por respeto a Aidós y a la revancha de Némesis, (cosa que reconocen hasta autores homosexuales tan sectarios y disparatados en sus aseveraciones como K. J. Dover o Karola Reinsberg, quienes dejan claro que la penetración anal no formaba parte de las relaciones supuestamente homosexuales de la antigua Grecia porque estaba mal vista ―con lo cual habría que preguntarse qué clase de “paraíso gay” era Grecia si no se contemplaba la penetración anal salvo como sacrilegio). Aristófanes, pues, sería, sin duda alguna, y siempre según el “Banquete”, pro-homosexual (en todo caso pro-bisexual, ya que los griegos se casaban y tenían hijos), pero ciertamente un homosexual muy light para hoy día.

 [6] De hecho, se cita un proverbio griego, según el cual “vino y niños dicen siempre la verdad”, en sintonía con el refrán español “los borrachos y los niños nunca mienten”. Esta idea viene a reforzar aun más la sinceridad desmedida de Alcibíades.

J.M.P.

La familia Odinista-Asatru

PRESENTACIÓN

Family standing outdoors smiling Este cuaderno que tienes en tus manos, representa una nueva andadura dentro de la Comunidad Odinista de España, orientada hacia la formación y puesta en claro de muchos de nuestros principios y creencias esenciales. Con ello pretendemos no sólo dar a conocer toda la cosmovisión Odinista, sino también ayudar a los miembros de nuestra comunidad en su preparación intelectual, acorde siempre con la sabiduría inherente a nuestra tradición ancestral. La formación es precisamente una tarea que desde el COE siempre se ha entendido como prioritaria, puesto de nada vale autoproclamarse como Odinista, si no somos capaces de esbozar una respuesta coherente de lo que significa precisamente ese Ser Odinista.

 Esta colección de textos que ahora comienza, esperamos sea una ayuda de cara a presentar a propios y extraños, nuestra visión del mundo: de lo sagrado y de lo profano. Un compendio de aquellos temas y cuestiones, que por su importancia y gravedad, deben ser tenidos en cuenta a la hora de estructurar un cuerpo doctrinal definido inequívocamente como Odinista. Temática por lo tanto actual, pero también intemporal; temas del ayer, de hoy y mañana; cuestiones que han importado, e importarán siempre, al hombre dentro de su existencia en el Midgard.

 Como primer asunto tratar, hemos querido empezar por delimitar a la familia Odinista, en cuanto a pieza esencial de nuestra comunidad. La importancia que damos a esta institución viene dada por ser la fuente de la cual brota toda nuestra idiosincrasia religiosa. Es precisamente por una línea generacional entre hombres y mujeres de un mismo pueblo, desde donde parte toda nuestra constitución cultural, espiritual y arquetípica. Por ello consideramos a la familia desde el Odinismo, como el núcleo original de nuestra religión nativa.

 El ánimo que nos mueve el realizar estos Cuadernos de la Comunidad, no es otro que el de ofrecer limpia y sin dobleces, toda nuestra explicación de los fenómenos humanos y divinos que nos impelen. Cuestiones analizadas de manera franca y sincera; expresadas de forma sencilla pero contundente. Hemos huido de toda retorica hueca, así como de cualquier artificio innecesario de cara a exponer de manera abierta qué es el Odinismo. Somos conscientes que no está aquí toda la verdad. Efectivamente existirán matices y cuestiones por ampliar y desarrollar. Estos cuadernos no pretender ser un TODO doctrinal, sino un esbozo primordial de nuestra forma de pensar y de sentir. En la medida que se vayan cumpliendo los objetivos marcados, iremos comprobando el efecto y alcance de nuestro trabajo.

Comunidad Odinista de España

 

 

LA FAMILIA ODINISTA


3936407879_a815536e6a_zLo Masculino y lo Femenino.
Previamente, y de cara a abordar la figura y relevancia de la familia dentro del Odinismo, se hace necesario delimitar la dimensión y alcance de los conceptos masculino y femenino, desde una óptica genuina y congruente con nuestra comprensión ancestral. Este preámbulo es imprescindible si queremos comprender en su justa medida el significado real de la institución familiar, en cuanto a resultado de esa unión polar-arquetípica que representa tanto lo femenino como lo masculino.

Dentro del pensamiento Odinista, la dualidad constitutiva de lo existente es reconocida e interpretada como fuente enriquecedora, a la vez que estructura fundamental del universo humano.  El hombre y la mujer; lo masculino y lo femenino, son dos expresiones de una misma realidad; dos mitades de un mismo cuerpo. Nuestro concepto tradicional de los “opuestos complementarios” nos manifiesta que los contrarios se necesitan para armonizar el mundo, uniendo así lo que está separado para su realización completa. La visión masculina debe ser complementada con la femenina -y viceversa-, puesto que de no ser así, caeríamos de este modo, en la descompensación y en la desestructuración del universo social y humano. Para el pensamiento indo-europeo la dualidad primordial presente en el multiuniverso, la esencia y la substancia, son partes de un todo que necesitan ser completadas y unificadas. Todo lo existente está principalmente constituido por estos dos elementos. No puede existir dentro del Midgard el espíritu sin la materia; no puede ser concebida la vida profana sin formar parte de lo sagrado, y lo masculino tampoco puede estar disociado de lo femenino. El dualismo antagónico (maniqueo) que nos ha dejado las religiones absolutas, es una evidente perversión de los principios y visiones genuinamente entendidas como indoeuropeas. En fondo de la cuestión está esa ideología bipolar derivada de la duplicación divina del monoteísmo, que tiende a desligar y enfrenta el cuerpo con el espíritu, al hombre con la mujer, y lo sagrado con lo profano.

La unión e integración de los polos sexuales, genera la compensación armónica en la consecución de esa “Gran Unidad” que nos descubre el mito andrógino; la unión de aquello que estaba separado para su integración armoniosa. De tal modo que si no atendemos a esta unión polar (femenino-masculino), no podemos dar una adecuada interpretación de la dimensión que el Odinismo otorga a la familia. Dicha expresión, relacionada con la figura masculina y femenina, va más allá de lo que se entiende comúnmente por familia tradicional. Aquello que existe, y es intemporal, no está sujeto a reinterpretaciones más o menos interesadas; o a conveniencias sociales dependientes de las ideologías dominantes del momento. El hombre y la mujer son y serán, las dos partes sobre las cuales se asienta toda existencia familiar. Sin estos dos principios es imposible (desde una perspectiva biológica) la constitución de un linaje natural. Lo demás es pura y simple ingeniería social.

Bajo esta configuración, se desprende que no concebimos las relaciones hombre-mujer bajo criterios de subordinación; los dos gozan para el Odinismo de la misma consideración y ambos tienen idénticos derechos. No reconocemos, ni mucho menos alentamos, ninguna “guerra de sexos” como trasfondo de un  pensamiento perverso que trata de eliminar los perfiles femenino y masculino, para disolverlos en un ideal antropológico amorfo e igualitario (el “ser humano” único e idéntico), de catastróficas consecuencias. Las tendencias ideológicas actuales tienden a difuminar los estereotipos sexuales, como consecuencia de un igualitarismo dogmático que desprecia lo diferente y repudia cualquier manifestación de la diversidad, ya sea ésta de raíz antropológica, cultural, política o sexual. Pero para un pensamiento sujeto a los parámetros de la tradición, hombre y mujer, están enclavados dentro de sus respectivas realidades, sin menoscabo ni lesión de su sana y natural diferenciación, que otorga a cada uno de ellos su más intima razón de ser.

menEn este mismo sentido, para el Odinismo defender posturas “feministas”[1] es tan absurdo como mantener una actitud “machista”, ya que las dos son partes del mismo entramado falaz. Queremos hombres viriles y mujeres femeninas, y no la disolución de los caracteres para allanar el camino de la impostura. La diferenciación sexual no solamente es palpable desde una óptica fisiológica, sino también esta divergencia se encuentra íntimamente expuesta en los aspectos anímicos y psicológicos, que erigen a los conceptos masculino y femenino en auténticos arquetipos a modo de representación ejemplar de ideas y conceptos eternos. Así lo femenino representará siempre lo horizontal-telúrico, lo cálido y oscuro; mientras que lo masculino se une a lo vertical-celeste, lo frío y luminoso. En la comprensión de estos aspectos arquetípicos, está la base para construir un espacio socio-humano correcto y positivo.

Es cuando menos sorprendente el “buen cartel” que posee el feminismo en la sociedad actual; consiguiendo esta ideología todos los parabienes y bendiciones de la modernidad. Si todo el mundo está de acuerdo en condenar al machismo (en cuanto a perversión de lo masculino), no se explica entonces que su opuesto, el mencionado feminismo, no esté igualmente penado por ser también una deformación evidente de lo femenino, ya que desnaturaliza a la mujer en su autentica identidad. La respuesta hay que buscarla, una vez más, en la deriva laica del monoteísmo abrahámico y sus variopintas doctrinas de la salvación. La primera esquizofrenia moral-teológica que nos dejó el judeo-cristianismo (cuerpo malo, espíritu bueno; el mundo de los hombres es malo, el “reino de dios” es bueno), fue trasladada tras su secularización hacia un estrecho moralismo social (poder malo, individuo bueno; hombres malos, mujeres buenas; occidentales malos, los demás hombres buenos…), a modo de explicación simplista y maniquea de los complejos fenómenos sociales. Karl Marx y Betty Friedan[2] sustituyen aquí a Cristo en sus funciones redentoras. Acaso no hay Empresarios trabajadores y honrados, y asalariados vagos e indeseables; son todas las mujeres, por el simple hecho de serlo, inocentes “victimas”, y todos los hombres por su naturaleza déspotas opresores. Es hora de parar de una vez por todas a este demoledor dualismo antagónico que enfrenta a hombres y mujeres en una autodestructiva lucha de sexos, para mayor beneficio de ciertas camarillas sectarias acomodadas al calor del poder dominante. El fenómeno social denominado como machismo, así como su Némesis feminista, no son más que dos caras desfiguradas de una misma y falsa moneda que hay que desechar para siempre.

 El equilibrio entre los polos femenino y masculino es vital para mantener una relación de respeto mutuo y síntesis constructiva; así como para la aceptación de las heterogéneas percepciones que se encuentran en los espacios de la diferenciación sexual, las cuales enriquecen nuestra dimensión sagrada, social y humana. Hombre y mujer forman parte de una misma concepto, pero no son el mismo concepto, de ahí su necesaria grandeza.

Dimensión de la Familia Odinista.

18458919 La familia es uno de los preceptos fundamentales de la fe Odinista vivida en comunidad. Ésta es la estructura que nos une con nuestros antepasados, garantizando el futuro de nuestra colectividad con los actos honorables del presente. Si queremos construir una sociedad estable, positiva y natural, es necesario cimentar, a la vez que proteger, todos los valores familiares como pilares esenciales de un orden justo. Nuestros antepasados así lo creían, honrado a la familia y al hogar como bases principales de nuestra religión autóctona. La unidad familiar fue quizás la primera organización humana conocida. En la medida que las distintas familias se hicieron más numerosas, aparecieron los clanes, los cuales dieron lugar a las tribus y éstas a los distintos reinos y posteriores naciones políticas contemporáneas. Por lo tanto, podemos considerar a la figura familiar como el germen de la cual surgen los diferentes pueblos que configuran nuestro espacio humano-cultural especifico. La familia es por lo tanto el origen de todo aquello que para nosotros significa comunidad; puesto que de ella emerge, dando identidad, a las distintas comunidades populares que configuran nuestro paisaje humano. En este mismo sentido, podemos concluir que el credo odinista es una religión eminentemente COMUNITARIA. No podemos vivir nuestra fe sino es en comunidad. El individuo, entendido como  un ser totalmente autónomo e independiente de todo lo que le rodea, sin raíces ni dimensión trascendente precisa, no tiene sentido si no se integra en un colectivo humano con metas, creencias y valores claramente manifestados. La sociedad no es más que la extensión de la personalidad.

 Pero aquí se hacer necesario una serie de puntualizaciones. Nuestra noción de “pueblo” (en cuanto a ente comunitario) no tiene nada que ver con el estadístico concepto de “población” (término no cualitativo sino cuantitativo). Para nosotros un pueblo es aquel que comparte un origen común en base a lazos de historia, sangre y cultura, manifestando una  voluntad política de convivencia. Nada que ver con líneas universalistas, que no reconocen ni la identidad, y por lo tanto la diferenciación entre los diversos colectivos humanos; sino que exclusivamente atienden a un mundo globalizado y único, con una población igualmente única, definida como “la humanidad”. No podemos sino descubrir la deriva ideológica del cristianismo en estas posturas igualitarias y universalistas. Una explicación de lo real que exclusivamente deja margen para la existencia de un solitario dios, que aspira potencialmente a tener un único pueblo, precisamente “el pueblo de dios”. El igualitarismo humano zootécnico, surge también de una concepción religiosa que iguala a todos los hombres en base a una idéntica alma inmortal capaz de salvarse o condenarse: si todos los hombres son iguales ante dios, también lo serán ante el nuevo “estado providencia”,  como creación de un monoteísmo secularizado. El igualitarismo y el universalismo, en cuanto a  dogmas sociales contemporáneos, tienen su epicentro en la descomposición moral del cristianismo, cuyo poso pervive dentro del discurso ideológico de la modernidad.

Para nosotros la existencia de una estructura familia es una de las claves a la hora de poder desarrollar una aplicación religiosa efectiva acorde con las convicciones del Odinismo. Todo lo que atenta contra la institución familiar será desechado automáticamente por nuestra religión. La sociedad actual tiende a relativizar todo lo concerniente a las relaciones humanas, y la familia no es una excepción a esta regla. Creemos firmemente desde el Odinismo que el matrimonio, en cuanto a institución social y religiosa -creadora de una relación conyugal y familiar-, debe estar sustentada sobre el honor, el respeto y la fidelidad. Es totalmente incompatible con nuestros principios más sagrados y sublimes, toda superficialidad en relación a estas cuestiones tan importantes y vitales. El amor conyugal sería así, la plasmación afectiva de un compromiso basado precisamente en valores como el honor, el respeto y la fidelidad debidos. Nada que ver con esa pedante y patológica concepción del amor, relacionado con todo tipo de apegos malsanos y distintos desordenes emocionales, que trasforman al “enamorado” en un ridículo títere abocado a la desesperación, la sumisión, y finalmente a la desolación.

germanenfamilie6ssSiendo fieles a nuestra autentica tradición, entendemos la monogamia como el modelo de relación matrimonial inherente a nuestro ser cultural y religioso: el respeto mutuo entre los cónyuges y el deber para con nuestra estirpe, son piedras angulares del edificio familiar. En la antigüedad, y dentro de nuestros pueblos comunes, no existía tanto la poligamia como el concubinato (entendido como una forma inferior al matrimonio). Solamente, y por motivos en la mayoría de conveniencia política, reyes y emperadores tuvieron que poseer varias esposas, representando por ello la excepción a la regla que mantenía la figura de la “Domina” o la “Frau” en cuanto a esposa legítima, madre-continuadora del linaje familiar y señora del hogar. Para nosotros, la unión matrimonial entre los cónyuges obedece más a un sistema de orden religioso, que a un hecho estrictamente “natural” destinado a la procreación biológica. La “familia sacralizada” lo es, en la medida que ésta representa el sistema por el cual se trasmite la “fuerza mística” presente en la sangre heredada de nuestros antepasados primordiales, y que fluye por todos aquellos que formamos una misma gens. Es cuando menos curioso, que la poligamia se de precisamente con más fuerza en zonas de cultura oriental (recordemos la fuerte misoginia inherente a los cultos semíticos), en donde la figura femenina no está muy valorada y considerada cultural y socialmente: el patrimonio del varón se mide por el número de cabras, alfombras y de mujeres sometidas a su férula. Son escasísimas las manifestaciones poligámicas en donde la mujer tenga derecho a poseer varios maridos (estas generalmente se dan en culturas matriarcales primitivas). La práctica totalidad de la poligamia es entendida como el derecho del varón en contar con numerosas mujeres a su servicio. Evidentemente este es un sistema discriminatorio, que claramente subordina la mujer hacia el hombre-propietario, rebajando en papel de la esposa a un mero bien patrimonial; algo totalmente contrario a los principios Odinistas, basados en el reconocimiento de la igualdad entre los cónyuges. Precisamente la palabra matrimonio deriva de la acepción latina incluida en el Derecho Romano “matri-monium”: “mater”, “madre”, y “munium”, que significa “función o cargo”, es decir, legitimación social que adquiere la mujer para poder ser madre dentro de la legalidad. Una clara expresión de la importancia y consideración que dentro de nuestra cultura clásica se da a las mujeres.

Ya Táctico es su “Germania” nos habla de la monogamia como una seña distintiva de los pueblos germánicos, así como de su estricta moral y fidelidad entre los esposos; algo que chocaba en ciertos aspectos con algunas conductas romanas más flexibles. La imagen de unos pueblos “bárbaros” totalmente salvajes, promiscuos y amorales, sólo son el producto de la propaganda cristiana de la época (retomada por el Hollywood moderno), cuyo objetivo era demonizar (“difama que algo queda”) a unos colectivos humanos en expansión, que por entonces amenazaban seriamente al imperio romano-católico. Significativo es el caso del pueblo vándalo, que en su adaptación a las estructuras socio-culturales de sus nuevos territorios conquistados en el Norte de África, monarcas y caudillos de este grupo germánico tuvieron que aceptar la poligamia a pesar de ser ésta una conducta fuera de su espacio de costumbres y tradiciones. [3]

Te damos, Loddfáfnir, buen consejo
que te ha de servir, si lo tomas
te será bueno, si lo sigues:
la mujer de otro nunca seduzcas
para hacerla tu amante.

(hávámal)

william-adolphe_bouguereau_1825-1905_-_laurel_branch_1900En relación a este apartado conyugal, aceptamos el divorcio como situación necesaria para extinguir una relación matrimonial por motivos significativamente graves. No nos posicionamos en cambio, con esa actitud superficial que se dan en las actuales relaciones de pareja, y que se materializan en las “Relaciones Express” y los “Divorcios Express”. El matrimonio es un vínculo fuerte y serio, destinado al desarrollo personal de la pareja y a la creación de una familia que garantice la sucesión de su linaje. Por ello se desea que el matrimonio sea lo más estable y enriquecedor posible, pero no se obliga a que sea indisoluble: si las circunstancias son tan importantes como para recomendar la ruptura del vínculo matrimonial, es totalmente admisible dicha suspensión. El hombre y la mujer gozan dentro del Odinismo de idéntica consideración y reconocimiento. No existe por lo tanto dentro de nuestras creencias una subordinación de la mujer hacia el hombre, ni del hombre hacia a la mujer. Nuestro universo social está basado tanto en la libertad, como en la igualdad dentro de la diferenciación arquetípica entre los polos femenino y masculino. Somos una misma realidad, pero no somos la misma realidad.

En otro orden de cosas, estimamos que la protección de la infancia es esencial para establecer una organización social con porvenir. Cualquier atentado contra la misma tiene que tener una respuesta directa y sin fisuras. En este mismo sentido, rechazamos la presente polémica sobre el aborto ya que ésta obedece a la naturaleza propia de nuestra sociedad empobrecida; en la cual se establecen polémicas intencionadamente partidistas, de cara a soliviantar a las masas y crear así situaciones destinadas a la obtención de beneficios políticos o de descarado control social. Todo ello no es óbice para que los Odinistas tengamos nuestro propio punto de vista sobre esta cuestión, la cual nos posiciona más allá del simple aborto sí, o aborto no: ante esta disyuntiva nos declaramos firmes partidarios de defender los derechos de la infancia y de la existencia digna. En cuanto al moderno  concepto de aborto masivo,  creemos que éste no es más que la consecuencia de un totalitarismo anti-vital “individualista”, así como secuela de un burdo materialismo social camuflado bajo una palabrería demagógica de derechos. Eliminar irresponsablemente a los miembros no nacidos de nuestra comunidad, a nuestros propios hijos, es una autentica aberración que sólo se explica si se está interesado en aniquilar a nuestro pueblo para sustituirle por “seres humanos” (bípedos implumes) desarraigados y fácilmente manipulables por las superestructuras político-económicas, que ansían el triunfo del “numero” frente a la personalidad, el carácter y la identidad.[4]

Es útil un hijo, aunque tarde nazca
y luego que el padre murió;
tan sólo el pariente en honor del pariente
piedra en la senda erige.

(Hávámal)

No obstante, aceptamos la posibilidad de la interrupción del embarazo cuando las causas así lo justifiquen; básicamente por medidas terapéuticas destinadas a mejorar la salud de nuestro colectivo humano: en situaciones en las que el feto o la madre sufran deterioros y peligros graves, o el futuro nacido tenga taras tan importantes que hagan de su vida un autentico suplicio. Así entendido, el aborto jamás podrá ser tipificado como un delito, ni la madre que aborta declarada como una criminal, ya que  obedecen a criterios superiores a la vida misma.

Si nuestro pueblo desaparece, también desaparecerá nuestra religión. Así de simple, y así de duro. Nosotros, no nos cansaremos de repetirlo, somos una religión del pueblo, no del individuo. Por lo tanto, si ese grupo humano-cultural del cual procedemos y por el cual existimos es diezmado, no podremos contar con otras “almas” fuera de nuestra entidad particular para “evangelizar” en aras de una persistencia religiosa: simplemente nuestro espíritu ancestral transmitido de generación en generación, y nuestros dioses, sucumbirán para siempre. En este sentido, no sólo rechazamos todo aquello que erosione los principios vitales de nuestra comunidad popular, sino que, como ya hemos manifestado anteriormente, nos vinculamos con actitudes destinadas a fomentar y proteger una adecuada natalidad, como herramienta necesaria para nuestra supervivencia y engrandecimiento religioso de la comunidad que nos es propia. La política actual tendente a disminuir la natalidad en Occidente, es la consecuencia inequívoca de una corriente mercantilista que mide y cuantifica, bajo estrictos criterios de rentabilidad, todos los aspectos y fenómenos humanos. En este sentido, los hijos son vistos primordialmente como un gasto: un obstáculo para el desarrollo material y social de las parejas, que desechan o retrasan la procreación, en aras de una vida “confortable” y pacíficamente aburguesada. Por ello consideramos que el sustento familiar debe estar siempre garantizado en base a un apoyo comunitario justo y preciso. No podemos abandonar a las familias en una jungla regida por las “leyes del mercado”. Como ya hemos expuesto anteriormente, el cuidado, promoción y desarrollo del ámbito familiar deben ser prioritarios dentro del espacio socio-político que el Odinismo pretende.

Esculturas de Adolf Gustav Vigeland. Parque Vigeland, Oslo, Noruega.De lo dicho sobre este delicado asunto, podemos concluir que a priori nuestras convicciones nos posicionan en contra de la corriente ideológica pro-abortista contemporánea (ya que ésta obedece a un decadente espíritu individualista, que equipara el embarazo a una enfermedad, y por lo tanto otorga al aborto la condición de mera medida sanitaria); pero también nos enfrentan a las religioso-materialistas, que ponen por encima de todo la existencia vegetativa, obviando que ésta no vale nada si no se vive con dignidad. La vida para el Odinismo no es un valor absoluto (un fin es sí misma), existen conceptos superiores a la existencia física que hacen que esta tenga sentido, o que bien no la tenga. No es la cantidad lo importante (“creced y multiplicaros”). Lo verdaderamente significativo es la calidad y el decoro con la que nos enfrentamos al reto que representa el drama vital. Nos es tremendamente incomprensible, y no podemos estar más en desacuerdo, con aquellas proclamas que colocan la vida (entendida como la capacidad para respirar) en la cúspide de los valores humanos. Existen fundamentos por encima de esa vida vegetal, que hacen precisamente que la misma tenga un sentido significativo. Uno puede matar y morir por la familia, el honor, la libertad, la patria, la dignidad, la justicia, la fidelidad y la camaradería; por grandes y sublimes principios, sin que ello suponga una postura despreciable y deleznable, sino la manifestación de una visión superior y heroica de la existencia. Jamás aceptaremos una estrecha concepción borreguil que rebaje al hombre a una mera concepción animalesca de corral: súbditos de un dios absoluto, dueño de cuerpos y almas.

El espacio familiar es una pieza indispensable  del entramado comunitario; dentro del cual goza de una importancia relevante a la hora de vertebrar y dar sentido a todo un colectivo humano-cultural. Es quizás Ahora, y desde una posición centrada en la modernidad, en donde aparece en escena una nueva dimensión del fenómeno individualista: “la familia autárquica”. Una concepción que no atiende a la familia en cuanto a expresión de la necesaria cohesión y organización comunitaria, sino como un ente aislado y autónomo de cualquier estructura supra-familiar. La doctrina del “individuo”, ya sea en su versión unipersonal o familiar, aborrece de todo lo que signifique bien común, o ligazón a estructuras más allá de lo privado o domestico. Deriva ideológica ésta de un judeo-cristianismo antropocéntrico, que erige al hombre en el “rey de la creación” (el único ser con derecho real a existir), desnaturalizándolo y apartándolo de su dimensión comunitaria, para arrojarle a la egolatría salvífica más radical. No nos debe extrañar por lo tanto, que los sumos apologistas de esta autentica “autarquía familiar” sean precisamente las jerarquías religiosas monoteístas, empeñadas en aislar al hombre (y la familia) de su ámbito social y cultural, para su adoctrinamiento en exclusiva dentro del regazo de los cenáculos de las religiones reveladas. De ahí sus continuos llamamientos a la desobediencia civil, y su repulsa no disimulada para con los superiores fundamentos comunitarios situados fuera de su influencia religiosa; tachándolos a todos como manifestaciones de un inequívoco “panteísmo estatal”. El monoteísmo (religioso-laico) nunca ha querido competidores, y nos lo demuestra cotidianamente en todas sus manifestaciones y comunicados. Así mismo, jamás ha entendido el tradicional principio heredado de nuestros antepasados que concilia lo doméstico con lo público; es decir la conformidad de la esfera privada con la pública, sin que la segunda anule la primera, pero también sin que la dimensión doméstica interfiera ni contradiga la dimensión cívica, el Imperium, la norma superior por la que se rige toda la comunidad. Esta conformidad entre lo público y lo privado dentro del Odinismo, se hace patente en los actos litúrgicos de nuestra confesión, en donde existen unos cultos comunitarios (ligados sobre todo a las grandes fiestas y acontecimiento anuales), y otros estrictamente familiares, de culto a los “lares” (genios) familiares, así como a los divinidades tutelares de cada familia. No existiendo, por ello, contradicciones ni antagonismos entre la esfera comunitaria y la particular.

ask emblaEl universo social es para nosotros un reflejo del universo divino. La familia Odinista es una plasmación de las familias divinas, las cuales marcan los atributos y funciones de la sociedad humana. Dentro de la mitología nórdica se distinguen dos familias de dioses claramente diferenciadas: los Ases (Aesir) y los Vanes (Vanir). Los primeros representan una concepción celeste, vertical, guerrera del panteón Odinista; mientras los segundos son la personificación de elementos telúrico-horizontales de origen posiblemente pre-indoeuropeo. Siguiendo las teorías del filólogo e historiador francés Georges Dumézil[5], la característica fundamental de los dioses indoeuropeos es que éstos parten de una división funcional tripartita: la función soberana, la función guerrera y la productiva. Cada dios o diosa están comprendido en una de estas tres funciones jerarquizadas (en ocasiones en varias a la vez), con las naturalezas típicas de cada una de ellas: así los dioses de la primera función serán dioses soberanos, padres y madres de otros dioses, jueces, sabios y sacerdotes; los de la segunda función eminentemente guerreros, dioses del valor y el combate; y los de la tercera dioses y diosas destinados a la reproducción, la magia, la fertilidad y la prosperidad. Únicamente dos dioses del panteón Odinista tienen la capacidad de englobar en su naturaleza las tres funciones referidas, dado que son divinidades con la atribución de manifestarse en los diferentes mundos de nuestro cosmos. Odín, el chaman, es el dios padre, soberano de la guerra y también mago. Freya participa con éste de similares atributos, ya que es madre sacerdotisa, diosa de la fertilidad y el amor, y a la vez guardiana de guerreros, puesto que comparte con Odín la mitad de los caídos en la batalla (los einherjar) para morar en su reino de Fólkvnangr. Nos situamos ante la visión dual de lo existente, en donde los polos femenino y masculino son parte de lo mismo, pero no son lo mismo; es decir dos realidades diferentes pero complementarias que se necesitan para explicar la armonía del cosmos.

De la correcta disposición de este orden jerárquico, depende no solo la avenencia del mundo de los dioses, sino también el de los humanos. Somos politeístas porque el mundo es también plural y diverso; por que caben varias interpretaciones de lo manifestado, y por que conviven la variedad de las cosas, de los hombres, las ideas y creencias en un mismo universo. Un dios único siempre querrá un pueblo único, con un único pensamiento y una sola ley de cumplimiento universal. La relación con nuestros dioses rompe las cadenas de la tiranía del monoteísmo, de la unicidad, con su total subordinación ante un dios omnipotente, incompresible y por lo tanto extraño para el hombre.

Odinist_wedding_at_the_community's_Temple_of_Gaut_in_Albacete (1)Los distintos dioses y diosas vinculan a los hombres con esa otra realidad superior, siendo imágenes vivas de una visión más amplia que se manifiesta en nuestra existencia vinculada al mundo sensible.

La familia es quizás uno de los principios capitales de nuestra confesión religiosa, ya que por ella circula toda nuestra común herencia ancestral; siendo fuente de valores y referente socio-cultural, capaz de articular y cohesionar el sistema de convivencia que nos han legado nuestros antepasados. El cuidado, así como el respeto debido a esta fundamental institución, es prioritario para nuestra confesión enmarcada en un contexto cultural, espiritual y social. La existencia y fortalecimiento de la familia Odinista supondrá la más firme garantía para asegurar nuestro futuro como pueblo, cultura y religión.

 ¡Hagamos honor a nuestra estirpe!

Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse ni transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sinpermiso escrito de la Comunidad Odinista de España-Asatru.

Para cualquier pregunta o comentario sobre este texto pueden dirigirse a la siguiente dirección:

Comunidad Odinista de España-Asatrú
Apartado de correos 8136 02080 Albacete (España)
e-mail: info@asatru.es
www.asatru.es

 

 

 

 


[1] Podemos afirmar que el feminismo militante ha avivado o recreado el “machismo” como estereotipo misógino heredado de las ideologías orientales, y como afirmación ante la idea de los “opuestos antagónicos”, latente en la dogmática social contemporánea. La feminista moderna no odia tanto al hombre (erigido en paradigma de la supuesta opresión socio-sexual) como a la mujer femenina (madre y a gusto con su condición psicológica-sexual); autentica piedra de escándalo en donde se estrellan sus aspiraciones de revancha infinitas. Esta actual “lucha de sexos” no es más que la sustituta ocasional de la fracasada “lucha de clases”, relanzada por corrientes político-ideológicas embarcadas a toda costa en la busca de su supervivencia histórica y social: una versión secularizada de la ideología de la “salvación” inherente al monoteísmo judeocristiano.

[2] Betty Friedan  (1921-2006). Líder e ideóloga máxima del movimiento feminista estadounidense durante años 60 y 70. Al igual que los redentores Moisés, Jesús el Cristo, Pablo de Tarso, Karl Marx, Sigmund Freud, o la musa del ultaliberalismo neo-capitalista Ayn Rand…esta activista pertenecía también al pueblo elegido, cuna de los grandes mesías y salvadores que en el mundo han sido. Libertadores de pueblos oprimidos, de toda la humanidad y del individuo. Salvadores de “genero”, del proletariado, de los capitalistas y hasta del subconsciente. Cansados de esperar al Mesías que nuca llegaba, el pueblo judío se subrogó a sí mismo el papel Mesías colectivo, de ahí que representen hoy por hoy la minoría étnica-religiosa más influyente del planeta.

[3] “El matrimonio es allí (en Germania) muy respetado y no podría alabarse más otro aspecto de sus costumbres. En efecto, son casi los únicos bárbaros que se contentan con una sola mujer, excepto unos pocos, quienes, no por su ardor amoroso, se ven solicitados para muchas uniones por su condición de nobles”.

“…los adulterios son escasos; su castigo es inmediato…No hay ningún perdón para la honestidad corrompida…”.

“(las mujeres) Reciben un solo marido, a la par que un solo cuerpo y una sola vida, a fin de que no haya lugar para otros pensamientos ni para caprichos tardíos, y lo amen no como un marido, sino como al matrimonio”.

Germania. Cornelio Tácito

[4] “Limitar el número de hijos o matar a un agnado (hijo nacido después de haber hecho testamento el padre)  se considera un oprobio, y más fuerza tienen allí (en Germania) las buenas costumbres que en otros lugares las buenas leyes”.  Germania. Cornelio Tácito

[5] Nacido en París, el 4 de marzo de 1898, y falleció el 11 de octubre de 1986. Estudioso de las sociedades y religiones Indoeuropeas. Sus estudios se centraron en el desarrollo de la teoría trifuncional comprendidas en las mitologías de toda la familia indoeuropea desde la India hasta Roma. Entre sus trabajos cabe citar: Mito y epopeya; Los dioses de los indoeuropeos; Los dioses soberanos de los indoeuropeos, o Los dioses de los germanos: ensayo sobre la formación de la religión escandinava.

Seidr, la magia femenina Odinista

Introducción

habit-chaman-evenkPara este trabajo me he basado principalmente en las investigaciones de antropólogos, etnólogos, sociólogos y especialistas en religión de origen finés, ostyako, yacuto, tungús y ruso. Algunos de ellos, provenientes de diversas regiones de Siberia central y oriental, estudiaron bajo el régimen de la ex Unión Soviética, y con la caída del mismo, retornaron a sus países de origen con el objeto de rescatar lo que quedaba del chamanismo[1]
Sobre todo teniendo en cuenta que el régimen soviético persiguió en forma encarnizada al chamanismo, interrumpiendo en algunos casos, la continuidad de la tradición oral, y en otros, provocando su desaparición definitiva en algunas regiones.

Las causas de esta persecución, al menos las que se dieron a conocer, fueron las acusaciones de practicar una medicina fraudulenta basada en hierbas, el deseo de perpetuar creencias religiosas ya extintas, y el esfuerzo por permanecer vigentes en el amanecer de la razón, la ciencia y la lógica. Hoy, aunque en muchos lugares ese chamanismo ya no existe, o sólo quedan algunos pocos individuos, debemos rescatar que al nivel de las ciencias involucradas, el interés por esta religión y/o cosmovisión ha resurgido en forma amplia y renovada.

Nos centraremos especialmente en las ramas samoyeda, chukchi, tungús, vogul y ostyaka, hacia Europa, por lo tanto debemos destacar aquellas características compartidas por estos pueblos y su pasaje a través de los Urales para conformar la rama fino-ugria propiamente dicha, en la cual destacaremos a los fineses y lapones. Luego veremos la amalgama de estas creencias con las del substrato escandinavo y la asimilación posterior de algunas creencias indoeuropeas, concretamente las germano-escandinavas. Que hayan migrado las creencias no significa siempre que se hayan desplazado las etnias completas, es necesario aclarar esto para evitar confusiones. No existen dataciones coincidentes para las migraciones a las que haré referencia, voy a utilizar una datación media. Podríamos situarlas aproximadamente entre el segundo y el primer milenio antes de nuestra era. Los motivos de las mismas podrían haber sido climáticos, necesidad de alimento tanto para las comunidades humanas como para los rebaños de renos, pensemos que se trata de poblaciones que vivían en la tundra y la taiga, presión étnica u otros motivos que desconocemos.

¿A qué llamamos chamán? Se considera chamán a un individuo, sin importar el género, que tiene la capacidad de caer en trance extático, con habilidades visionarias y adivinatorias. Un ser que puede entrar en contacto con el mundo espiritual. Esto incluye la relación con los ancestros y diversos espíritus. Para realizar su misión cuenta con el apoyo de lo que conocemos como animales-guía o protectores. Tiene aptitud para la curación psicofísica, y según el enfoque disciplinario también espiritual. Es un individuo que cumple roles variados dentro de su comunidad, es referente religioso, pero también el que mantiene el equilibrio socio-político del clan o la tribu. Una de las funciones principales que se le atribuyen es la de ser psicopompo, en otros términos, es el que guía a las almas de los fallecidos a su destino final, o que puede realizar su rescate cuando son abstraídas al plano espiritual. Se calificó al chamanismo de fenómeno mágico-religioso, religión y cosmovisión. Cada una de estas acepciones tiene sus más y sus menos.

Se sigue aceptando que el origen de la palabra “chamán” sería tungús, “saman”, y de allí el ruso, “shaman”, desde dónde podría haber pasado al chino como “shamen”. El chamanismo muy probablemente surgió en el Paleolítico, y haya sido practicado por casi todos los pueblos en los estadios más tempranos de su evolución religiosa, y aún después. Habría pasado por varios estadios antes de alcanzar su forma actual. Las investigaciones realizadas desde distintas disciplinas han demostrado que cuánto más nos remontamos en el tiempo tanto más posible es que el ser humano haya podido desarrollar la capacidad de chamanizar. Estamos hablando de aptitudes que hoy se consideran patrimonio del ser humano. Hay todavía vestigios en ciertas regiones como Kamchatka en donde tenemos un chamanismo colectivo. Entre los Chukchi, uno de cada tres individuos puede chamanizar. Entre grupos vogules y ostyakos, los miembros de la comunidad se involucran durante las sesiones, cayendo incluso en trance junto con el chamán2

La capacidad de chamanizar de comunidades completas está en relación con el grado de apertura a los planos del inconsciente que tenían nuestros ancestros. Eran etapas de evolución psíquica en que lo inconsciente fluía sin restricción, permitiendo la interacción de diversos planos ontológicos. Se llegó a esta conclusión luego de examinar la existencia de comunidades en que todavía esto es posible.

En los estadios más tempranos éste no era una figura especial, y además los rituales más importantes eran colectivos. A medida que se volvían más desarrolladas sus habilidades, una ocupación que antes podían llevar a cabo muchos se fue limitando a menos individuos. La debilidad experimentada ante la naturaleza y el mundo espiritual, reforzó la necesidad de convertir al chamanismo en una profesión capaz de lidiar con lo sagrado. Ciertas comunidades preferían a aquellos que se relacionaban con los planos espirituales celestes o altos, y despreciaban a los que lo hacían con los planos subterráneos o bajos. Esto implica un dualismo en su concepción. Sería justo también decir que había y hay comunidades que no aceptan esta división, y que por el contrario, consideran que el verdadero chamán es aquél que se relaciona con ambos planos.

Mucho de lo que estoy diciendo tiene resonancias en las comunidades de Siberia central y occidental, y dentro de ésta última en aquellos pueblos asentados entre los ríos Yenisei y Ob, (aquí nos referimos a los ostyakos, votyakos y vogules). Asimismo, afecta al chamanismo urálico, producto de la migración de estos pueblos en una franja septentrional que seguía el camino de la taiga siberiana. Ese desplazamiento habría tenido lugar hacia mediados del segundo milenio antes de nuestra era. El chamanismo urálico, que conserva las características de las ramas más orientales, se habría desglosado en algún momento a partir de finales segundo milenio antes de nuestra era, y habría dado lugar al que conocemos como fino-ugrio propiamente dicho, que a su vez retiene la mayoría de las características del urálico. La migración no terminó allí sino que se habría extendido aun más hacia occidente. En su derrotero se encontraron con los pueblos asentados en la región de Carelia, Laponia, y Escandinavia. En esta última encontraron el substrato autóctono, no indoeuropeo, que habría tenido las condiciones adecuadas para permitir la amalgama con el chamanismo fino-ugrio, lo cual no excluye la existencia de un animismo y chamanismo propio y adecuado a los modos de vida de los pueblos pescadores y agricultores de la región3.

marsden_fire_festival_465_465x200Es obvio que el chamanismo ha existido dentro de una estructura clánica, y aún mucho antes de la formación de ésta. En épocas antiguas se sostenía que el clan completo descendía del animal-ancestro, culto que no necesariamente era totémico. Con el tiempo, la relación entre el clan y el animal fue gradualmente olvidada, pero la imagen del animal-ancestro persistió y vive aún en el chamanismo actual. Aun en el siglo XX, en Siberia Occidental, se trazaba el linaje del clan hasta el animal ancestro5

La persistencia notoria del chamanismo es vista como la afirmación de la existencia de una dimensión espiritual, supranatural del universo, más real de lo que los científicos quieren admitir. En forma privada, muchos de los académicos han admitido que no tienen dudas con respecto a la existencia de ese plano al que accede el chamán. Entre ellos se encuentran Mongush Kenin-Lopsan, Anatoly Alekseev, Nadezhda Bulatova,5y muchos otros. Algunos de ellos nacieron en regiones que dependían de la domesticación del reno, o sea que absorbieron el conocimiento científico que el estilo soviético imponía, pero aprendieron desde pequeños a honrar a los espíritus y a los ancestros. El testimonio de estos investigadores es doblemente importante. Incluso uno de ellos plasmó ciertos rituales en los que tuvo participación la chamana Matriona, quien falleció en 1996, renombrada a través de toda Siberia y más allá aún, reconocida como una de las últimas grandes chamanas del siglo XX. Su conocimiento de la cosmología chamánica, sus aptitudes psíquicas y espirituales, sabiduría y la amabilidad para con sus “invitados” la convirtieron en una leyenda. Ella adaptó la tradición chamánica de la rama Evenk de los tunguses a las necesidades de la vida contemporánea, por ejemplo, con la purificación de su nieto, un soldado soviético cuando volvió de la guerra en Afganistán6. Tanto los Evenk, como los Even, son poblaciones tungusas que extendieron la cría del reno históricamente, atravesando muchas fronteras políticas y entrando así en contacto con diversos pueblos siberianos.

Podemos decir que la experiencia chamánica por excelencia es el trance que posibilita el “viaje o vuelo” espiritual. Sobre todo porque debemos tener en cuenta que se trata de una característica trans-cultural. Estas comunidades creen que la vida de cada persona se ve reflejada en un espejo que a su vez refleja el laberinto de la existencia. El destino de un verdadero chamán es darse cuenta que cuánto más cerca él se encuentra del centro de la existencia, más trascendente y libre deviene su propia esencia. Intuitivamente, sabe y está consciente de que en el núcleo de ese laberinto moran fuerzas de vida junto a fuerzas de muerte. Es con ellas con quienes él debe tratar en forma permanente.

Alguien puede pensar que estamos ante una visión dualista, y sí, hay una experiencia dual de la naturaleza, ya que la misma es vista como reservorio de espíritus y fuerzas en pugna permanente. Es una paradoja dado que el chamanismo lucha por la unidad espiritual interna, pero también es una experiencia real llevada a un plano espiritual. Por eso termina siendo una intuición, o más que eso, una certeza de un paradigma cósmico. Aun así, la búsqueda de la armonía sigue siendo el objetivo final. La muerte es vista como un camino hacia la bendición y la purificación, un puente angosto que debe transitarse. Hay que tener en cuenta, y sobre todo después de esto que acabo de decir, que el trance es un estado de supra-conciencia7

Esta cosmovisión, registrada en el norte de Asia, es casi la misma que encontramos en el norte de Europa luego de la migración, pero debemos sumarle una cantidad de elementos asociados a una concepción bastante más mágica del universo. En ella, los límites entre las realidades material-concreta y espiritual, casi no existen. La sobreimposición del mundo espiritual al material es considerada algo cotidiano con lo que las personas deben lidiar. No olvidemos que nos referiremos a una región en la que se mezclaron por lo menos tres o cuatro cuerpos de creencias basados en adivinación, profecía, chamanismo, magia y cultos a la naturaleza.

Con los cambios sociales, y cierta decadencia en las relaciones inter-tribales, se producen también cambios asociados con lo espiritual. El control social sobre las actividades del chamán se debilita a medida que su campo de acción se extiende hacia otras tribus.

La estratificación de la sociedad en estos pueblos, resultó en la formación de una sociedad de clases. La insatisfacción por la vida creció, y al quitarse fuerza al chamanismo con la aparición de otras religiones, ese sentimiento fue compensado por la promesa de una recompensa después de la muerte. Luego el chamanismo será objeto de un proceso de supresión y reemplazo por otras formas de religión o por ninguna. La relación entre el éste y los diferentes cultos generó muchas veces sistemas mixtos de creencias. A pesar de la diversidad, por mucho tiempo la masa de la población lo practicaba dado que en él encontraban respuesta a los cuestionamientos que la vida les generaba. Sus concepciones, mitos y símbolos ejercieron una inmensa influencia en las religiones que lo reemplazaron a lo largo de los milenios.

La preservación de las tradiciones desde la lejana antigüedad, en religiones, es una ley universal. Cuando una nueva ideología reemplaza a una vieja, utiliza modelos previos e ideas que ya estaban en uso. Una vez surgida, la religión preserva un cierto número de ideas, heredadas de tiempos anteriores. Esto se comprobó en Escandinavia, donde puede trazarse el desarrollo de una comunidad sacerdotal a partir del chamanismo.

Las criaturas del mundo natural y el complejo teriomórfico

sacred-tattoo-designEl chamán8 siempre estuvo ligado a las criaturas del mundo espiritual. Desde épocas inmemoriales el hombre ha hecho sacrificios a sus ancestros y a los espíritus de la naturaleza. La zoomorfización de estos últimos también confirma su relación con los ancestros, atestiguada no sólo en los pueblos mencionados, sino también en la magia europea escandinava. En muchos pueblos se considera que el lobo y el perro son demonios de la muerte. Los lapones sostenían que las almas de los muertos volaban sobre las villas bajo la forma de pájaros emitiendo sonidos que aterrorizaban. Entre los ugrios del Ob, el alma también tomaba la forma de un pájaro, en tanto que en Asia Central se creía que los pájaros que estaban en las ramas del árbol del mundo eran las almas que esperaban el momento de reencarnar. Los fineses llamaban a la Vía Láctea, el “camino de los pájaros” y creían que conducía a la frontera del universo en donde el firmamento se acercaba tanto a la tierra que sólo podían vivir allí criaturas pequeñas como roedores y pájaros. Estas criaturas del mundo natural están relacionadas también con la vegetación y la fertilidad.

No es casual que el árbol del mundo represente tanto la vida como la muerte entre los pueblos fino-ugrios. Es muy común entre los lapones la asociación entre los muertos y los árboles. Creen que frecuentemente los muertos toman la forma de un árbol, por ejemplo la encina, el fresno de montaña y el abedul. Los eslavos, por influencia fino-ugria, creían que estos espíritus del bosque entraban en sus casas y se integraban a las vigas de madera de sus casas y así convivían con ellos.

La fluidez de la naturaleza de las criaturas del imaginario, los convierte en seres ambiguos. De aquí que para los fineses, carelios y lapones, éstos puedan tanto ayudar a los cazadores como obstruir su tarea. Actuarían como intermediarios entre el cielo y la tierra, pero no cualquiera sería capaz de verlos o contactarlos. Entre los fino-ugrios, es el chamán, entre los germano-escandinavos puede hacerlo la seidkona o mujer practicante del Seidr, que es una magia practicada por mujeres. De alguna manera, las criaturas de los bosques, también eran el reflejo o proyección del temor a un mundo desconocido y difícil de comprender. En todas partes de Europa, las criaturas etéreas estaban, en su origen, asociadas con un concepto de vida para-chamánico, al menos hasta la llegada del Cristianismo.

Las creencias mitológicas fino-ugrias

Riita-Dalva-three-photos-together-680x300El núcleo de tradiciones folclóricas y mitológicas de los pueblos fino-ugrios, según los estudiosos más osados, va tan atrás como el tercer milenio antes de C., otros sostienen las fechas que mencioné anteriormente. El sistema de creencias fino-ugrio comenzó a estudiarse seriamente en la primera mitad del siglo XIX. Podemos decir que incluye esquemas tradicionales de dioses celestes y terrestres, dioses del bosque y espíritus del agua. El problema de las influencias externas en esta mitología es de crucial importancia. Durante su historia, mantuvieron un contacto muy cercano con los pueblos de Siberia occidental, con los urálicos, los indoeuropeos de Europa Oriental, y en Escandinavia con los baltos, los germanos y además, el pueblo substrato. Luego se agregaría el Cristianismo y el Islam. El problema es la falta de fuentes tempranas que reflejen el período en que la integridad de todas estas tradiciones se mantenía.

En el mito creacional fino-ugrio encontramos la figura de un dios supremo (dios del cielo) y de su adversario (un dios del mundo subterráneo), que junto con el creador da forma al mundo sumergiéndose uno o ambos para buscar lodo en el fondo del mar. Se calcula que este mito es de origen proto-fino-ugrio y proto-urálico, pero lo encontramos en Asia Central también. Hay una característica a destacar: mientras que el dios supremo tiene un nombre de origen nativo, su adversario demónico tiene un nombre prestado de otras lenguas. Por ejemplo el lapón Pärkel significa diablo, pero llega a través del finés Perkele, éste llega del lituano Perkunas y éste a su vez del eslavo, Perun. La mitología antropogónica fino-ugria muestra los trazos de la interacción de varias tradiciones, entre ellas, la de una antropogonía dualista9. Aquí es observable la influencia de religiones, pero si vamos más atrás, veremos que la característica de esta religión eran los cultos a la naturaleza y el animismo, así como la creencia en diversos dioses de los cuales dependía el destino del hombre.

De acuerdo a esta visión, el universo está dividido en tres mundos principales: el superior, intermedio y el mundo subterráneo. Hay un árbol, un pilar o una montaña que sirve como eje que interconecta los tres mundos. Esta reconstrucción de un modelo fino-ugrio del universo encuentra su soporte en motivos similares existentes en pueblos asiáticos. El mundo superior, morada del demiurgo o dios de la tormenta no puede separarse de la tradición balto-eslava. Por los nombres que se manejan y que ya mencioné, hubo un contacto claro. Eso no quiere decir que los restantes motivos de los mitos hayan sido prestados. Entre los fino-ugrios, los diferentes elementos y fenómenos naturales del mundo intermedio, son vistos como encarnaciones de deidades menores femeninas, y reciben el nombre de “espíritus-madres”10. No obstante, la fertilidad y la cosecha están bajo el patronazgo de deidades masculinas.

El mundo inferior está regido por el demiurgo adversario y habitado por los espíritus malignos y sus víctimas (los muertos). Dado que los samoyedos de Siberia, tienen creencias similares se cree que éstas salieron de un fondo proto-urálico que habría incorporado, a su vez, las de los samoyedos. Los fino-ugrios diferencian entre distintas clases de alma. Es importante notar que la designación “alma-aliento” es de origen urálico y que la designación “alma-sombra” es de origen fino-ugrio. Estas denominaciones estarán luego en la base de la creencia en el “doble”, tan desarrollada en los pueblos escandinavos.

El culto al árbol entre los fino-ugrios y en la tradición de Europa Nórdica

img_4920Yggdrasil, es el fresno sagrado de los antiguos escandinavos, también conocido como Arbol del Mundo, vamos a ver algunas similitudes entre las creencias de los pueblos fino-ugrios y los de Europa Nórdica. Particularmente destacaría la mención al “Agua de la Vida” en asociación con un árbol en tanto símbolo arquetípico de fertilidad, y hay testimonios de esto en las áreas ocupadas por ugrios, fineses del Volga y yakutos, del mismo modo que lo encontraremos en el mito germano en Escandinavia. La práctica fino-ugria y lapona de colgar víctimas sacrificiales en un árbol chamánico podría haber sido transmitida a los pueblos europeos primero, y luego a los germanos que hacían sus ofrendas, incluso de seres humanos, a los árboles alrededor del templo de Uppsala. Destacamos la imagen deYggdrasil que menciona la Edda Poética, y del cual habría pendido Odín, cabeza abajo durante nueve días y nueve noches, en pos del conocimiento de las runas. Esta práctica, ya era realizada por los lapones para inducir estados alterados de conciencia. El sacrificio por colgamiento era también practicado en honor a Odín.

Hay relación entre el árbol y el destino. Entre los antiguos germanos tenemos el Himingbjörg, en cuyas hojas creían que estaba grabado el destino. También encontramos esta relación entre los turcos otomanos. El pájaro es símbolo de las almas de los nonatos y al mismo tiempo del “alma-libre”, que rescata el folklore, del chamán fino-ugrio y del samoyedo.

En la esfera de la magia, la conexión entre la mujer y el árbol esta totalmente documentada: ambos encarnan a la tierra madre, y su fertilidad está representada visiblemente. Los suecos paganos creían que los árboles eran espíritus protectores de las mujeres embarazadas. También sostenían que arrojar al fuego ciertos frutos del árbol del mundo ayudaba a las mujeres embarazadas a dar a luz. Es interesante notar que la mujer no sólo estaba asociada al árbol sino también al fuego. Entre los fino-ugrios, podemos citar la costumbre de que las mujeres saltaran sobre las hogueras, al igual que se hacía en muchos pueblos europeos, para frenar y/o desviar las fuerzas del mal.

El abedul está asociado a la idea de altura, representa lo brillante y la luz solar, así como las influencias benévolas de la misma sobre la tierra. De hecho, es posible establecer esta relación, dada la importancia del espíritu del abedul en los ritos de fertilidad en Europa Noroccidental, entre los eslavos y los fino-ugrios.

Introducción al mundo escandinavo

nordic_bone_charm_by_chibifox-d4utwfrSabemos que cuando los hielos se retiraron de la península escandinava, allí había un pueblo que se considera hoy, autóctono de Europa. Antes de la llegada de los germanos, podíamos encontrar animismo, chamanismo, magia y panteísmo. Todas esas formas religiosas estaban fusionadas de tal manera que dieron lugar a un “paganismo” de una riqueza poco común. Cuando los germanos llegan con sus creencias en dioses del cielo y la tormenta, divinidades femeninas trivalentes y dioses menores, sin descartar la creencia en espíritus y seres etéreos, trataron de imponerse a ese pueblo. Su estructura social jerarquizada, patriarcal y guerrera no estaba presente en el momento de su llegada sino que se fue formando mientras estaban asentados en la región. El pueblo autóctono veneraba la tierra y las fuentes de agua, el mar. Tendían a establecer sociedades no estratificadas con una predominancia de actuación de la mujer en el ámbito de lo sagrado, eran consideradas vehículos de lo divino, maestras en profecía y adivinación, con una gran aptitud para entrar en contacto con el mundo de los espíritus. Recorrían las aldeas, en grupos de nueve o trece para ofrecer sus servicios chamánicos. Luego, al igual que ocurrió con otros procesos, se dio la amalgama entre los dos sistemas de creencias que la Edda Poética11 reflejó en la firma de un tratado de paz entre ambos panteones.

Sabemos que debían tener un andamiaje ritual muy elaborado con respecto a la relación del hombre con el Más Allá. La necesidad de compeler los espíritus del hielo, del frío, el viento y la niebla llevó a los antiguos chamanes a elaborar rituales complejos, y a los bardos a crear historias acerca del origen y el fin del mundo, del destino de los dioses, los elfos y hombres. Las fuerzas de la naturaleza se encarnaron muchas veces bajo formas de seres mitológicos. En climas extremos, el hombre desarrolló con más facilidad sus capacidades espirituales y psíquicas. En este caso, hablamos de profecía y adivinación enmarcadas en un chamanismo. La Edda Poética comienza con un capítulo llamado La Visión de la Adivina o Völuspá, en el que la palabra “spá” designa el don de profecía o visión, y “volv” alude a völva, o adivina, quiere decir “la que lleva el cayado o báculo”, y proviene del antiguo nórdico “völ” o cayado. Por otro lado, existía un tipo de magia practicada por mujeres exclusivamente, y se sabe que era autóctona, es decir, no pertenecía a las tribus germanas que se expandieron por esa región. Las visiones que canta la völva en ese poema son una expresión auténtica del genio religioso del paganismo nórdico pre-cristiano. Están basados en estados de conciencia extáticos. Los cantos le permiten a la adivina un viaje en el tiempo, llevándola desde los orígenes a través de los ciclos de generación del cosmos, los dioses y todo lo existente hasta su mismo destino final.

Su desplazamiento en grupo, y de aldea en aldea, indicaría que la videncia y la adivinación eran un arte organizado y reconocido profesionalmente como un rol de la mujer. Esta era la religión que enaltecía a los dioses Vanir, los dioses autóctonos de la fertilidad y la naturaleza. En cambio, los dioses Aesir, traídos por los germanos, tenían una magia diferente basada en la fuerza de las palabras, del sonido. Entre ellos, la magia era practicada tanto por hombres como por mujeres. Por eso el dios Odín, dios del conocimiento de lo oculto, dios de los colgados y padre de los dioses, se sacrifica a sí mismo en pos del conocimiento de los secretos más atávicos. Y luego, buscará la magia del Seidr, pero al hacerlo, Odín rompe el esquema tradicional de los dioses soberanos indo-europeos.

La Völva o Adivina, conocía cada rincón del mundo de las sombras, el suyo propio y personal, así como el de los demás, y esto lleva directamente al conocimiento del mundo espiritual. Guarda los secretos más profundos de la humanidad, y aunque todo se abre ante ella, sólo puede observarlo. En el mundo chamánico nórdico, un manantial, la raíz de un árbol, pueden servir como puerta de entrada al mundo espiritual. El beber de esas aguas, es una metáfora del conocimiento secreto experiencial de nuestro destino y nuestras raíces12.

Freyja y el Seidr

enter_if_thy_hart_is_ready__by_fairymother-d4s72ewNo se dice demasiado de los dioses Vanir, al menos en cuanto a su origen y actividades previas a la llegada de los pueblos indoeuropeos a Escandinavia. Lo que sí se sabe es que eran dioses poderosos con un culto muy extendido entre el campesinado, y que siguió vigente aun durante la época del Cristianismo. Entre los Vanir, se destacan Njörd y sus hijos gemelos Freyr y Freyja, que son tanto hermanos como esposos. Por más que ellos sean dioses pacíficos y amados por el pueblo, como todo dios, eran ambivalentes. Estamos ante una religión cuyo mayor interés estaba en la renovación del año agrícola13.

Freyja era considerada la Señora del Seidr14, de esa magia femenina que tanto ambicionaba conocer Odín. Diosa de la fertilidad, reunía en sí misma aspectos ambivalentes, por un lado por su manejo del Seidr y por otro, menos conocido, por ser la única que le disputó a Odín la mitad de los muertos caídos en batalla. De ahí que también sea una Señora de los Muertos. Estaba asociada a deidades tutelares menores, femeninas, como las dísir15, los elfos, la adivinación y a todo lo oculto. Freyja significa “Señora”, aunque sabemos que tenía muchos nombres. Los rituales asociados con ella fueron los últimos en perderse, aun en épocas en que el cristianismo perseguía el culto pagano, los campesinos encontraban la forma de realizarlos.

Posiblemente, entre las deidades femeninas, ella sea la más importante de la mitología nórdica. En relación con la magia, las mujeres eran temidas en cierta forma porque detentaban un conocimiento que les daba cierto poder. El culto a los Vanir parece tener posibles raíces en una fusión de chamanismo lapón y finés con las creencias y cultos de los pueblos autóctonos. La misma antigüedad de su culto lo hace fragmentario, sólo ha sobrevivido alguna historia aquí y allá. Al parecer, todavía hoy, hay un folklore vivo acerca de ellos. Uno de los nombres que se les daba era “los Dadores”, una clara alusión a su carácter benéfico.

Freyja era maestra de las profetisas y hechiceras, este término significa, en este contexto, el dominio de las fuerzas inherentes a la naturaleza, presentes en el ser humano también, y el don de manejarlas para el bien. Era la inspiración de las völvas. La asociación de Freyja con el mundo de los muertos, indicaría una relación con los antiguos cultos a la vegetación, y con los pájaros y otros animales, también el poder de viajar en estado de trance chamánico entre los diferentes mundos.

A medida que el Cristianismo se fue expandiendo, la fama de Freyja y las völvas se hizo más nefasta, ya asociadas con las brujas, ya con el demonio. Los símbolos de Freyja eran el jabalí y los caballos, las yeguas especialmente, esta última asociación la conecta con un aspecto siniestro. Se trata de los sacrificios a las dísir y Freyja ostenta el título de Vanadís o Dis de los Vanir. También es llamativo que las valkyrias, estén relacionadas a su culto ya que aparecen como las hijas de Odín, que es un Aesir. Esto nos proyecta a otros planos, por ejemplo, esa relación de Freyja con los caídos en batalla y también las teorías que sostienen que las formas originales de las valkyrias no serían las que el romanticismo nos hizo conocer.

La mujer y la magia en las Sagas 16

OLYMPUS DIGITAL CAMERALa magia en las regiones nórdicas tiene, como objetivo básico, ayudar y curar al ser humano, apunta a lo espiritual como fuente de enfermedad o daño físico. El denominador común entre estos pueblos es el lugar de preponderancia de la mujer. En todos los casos nos encontramos con profesionales, preparadas para cumplir ese rol, y que además han nacido con aptitudes fuertes y destacadas.

Nos centraremos en el Seidr. Aunque es el término que más se menciona, es el más difícil de definir. Suele traducírselo directamente por “brujería” y fue usado para traducir acciones que van desde la magia chamánica, tal como viajes espirituales, curación mágica a partir de la remoción de espíritus malignos, profecía, canalización de deidades o espíritus para que se expresen a través de ellas, realización de magia que afecta el clima y el comportamiento de los animales, incluido un rango muy amplio de magia maléfica. No debe extrañar que despertara cierto temor, o que el Cristianismo haya reaccionado.

También se cree que su práctica involucraba la preparación de brebajes y venenos, especialmente los que causan el olvido. Su característica más simple es que parece ser una magia del tipo que afecta a la persona a través de sus percepciones, generando en la mente imágenes que provocan terror, ilusión, locura, amnesia y otros síntomas. De esta forma, las personas dañadas no podrían ver las cosas como realmente son. Estos efectos están muy bien documentados en las sagas. Parte de este poder se cree que puede deberse a la hipnosis porque se sostenía que la seidkona, podía ser privada de sus poderes si se obstruía su visión. Además el efecto podía desaparecer cuando la víctima se alejaba de su presencia. Solía ponérseles un saco hecho de cuero o piel en la cabeza para impedir que lanzaran sus encantamientos o maldiciones utilizando el poder de sus ojos. Cuando eso ocurría, la seidkona invocaba el poder mágico de la segunda visión o visión espiritual.

La palabra parece derivar de una de estas dos raíces. La primera derivación fue propuesta por Grimm, que sugería que estaba relacionada con la palabra inglesa moderna “seethe”(es la acción de hervir o hacer que un liquido entre en ebullición) y sería un derivado de los rituales en los que se hervía agua de mar para hacer sal. Hay elementos en la literatura que darían peso a esta derivación, la primera aparece en la Völuspá 21 y 22. Parecería referirse a un proceso químico o alquímico. Adicionalmente la Völuspá introduce, el nombre Heidr (del cual derivaría el heath), que en las antiguas sagas se utiliza para designar a las brujas, y que está relacionado con la palabra “heathen” (pagano). Se cree que posiblemente, “Heidr” podría haber sido antiguamente un título para un practicante de una magia específica, y que fue usado como nombre propio después de la llegada del Cristianismo, y a medida que se fue borrando la memoria del verdadero significado del término. Aquí subyace la creencia en que tales personas manifiestan su naturaleza interna o esencia en la apariencia externa y el nombre. La segunda derivación posible de la palabra sería de la raíz que significa “seat”, “sitting”, asiento, sentarse, y está relacionado con el latin sedere y el inglés antiguo sittan. Esta derivación es más plausible que la anterior desde que sabemos que la practica del Seidr debe realizarse en el seid-hjallr, o asiento “alto” que mencionamos antes.

Los rituales y profecías incluían siempre cantos y encantamientos en su comienzo, y el objetivo era convocar a los espíritus que les revelarían los secretos ocultos por los cuales eran consultadas las seidkonas. Así se inducían estados alterados de conciencia que permitía la caída en el trance y la comunicación con el plano espiritual. Solían sentarse en ese lugar alto que mencioné, y profetizaban desde allí. Pero el Seidr podía ser usado con malos propósitos también, se creía que podía causar grandes daños, e incluso la muerte.

La túnica de la seidkona es de color azul porque en la literatura nórdica estará asociado a la muerte, al mundo subterráneo de Hel y a los muertos. El uso de plumas en la vestimenta tiene un simbolismo obvio, ya presente en el chamanismo asiático y fino-ugrio. El canto por el cual se produce su caída en trance, se llama Vardhlokkur. No se han preservado palabras exactas de éste porque estaba prohibido por el Cristianismo, pero fragmentos alterados de él se habrían usado como canciones de cuna, como una forma de preservar ese antiguo saber.

Aunque tanto los hombres como las mujeres se desempeñaban en los roles mágicos, se sabe que en el Seidr sólo incursionaban las últimas, y que en caso de que los hombres la practicaran se veía amenazada públicamente su masculinidad y su reputación. Estaríamos ante la acusación de homosexualidad. Una de las causas para condenar tan fuertemente su práctica por los hombres, aunque no se ha ratificado, sería que en los rituales del Seidrpodrían incluirse algunos ritos de índole sexual y que el practicante fuera objeto de estas atenciones. Desde ya, esto no era bien visto y mucho menos aceptado en la antigua sociedad germana-escandinava que hacía un culto del guerrero y la masculinidad. Otra posibilidad sería que el practicante debiera sufrir la posesión por parte de los dioses o espíritus convocados. Permitirle a un espíritu que tome posesión de uno, o entregarle el control de propio cuerpo y volverse pasivo, es la antítesis, nuevamente, de lo que estos pueblos podían aceptar para un varón. Serían dos variantes que señalarían a un mismo tabú. De todas formas, encontramos en las sagas algunas menciones a hombres que la desarrollaban a escondidas.

Cuando nos encontramos con material concerniente a la magia ejercida por mujeres, se hace necesario analizar la postura de aquél que registra los hechos, los escritores de las sagas por ejemplo. Es fácil descubrir la postura en función del grado de hostilidad que se demuestra hacia esas prácticas en el texto, o si son considerados hechos diabólicos y perversos, entonces sabemos que hay una impronta cristiana. Esto puede verse especialmente en los conceptos de Seidr y Spá. Recordamos que el término Spá alude a la capacidad visionaria y adivinatoria sin invocación ni convocación de espíritus. La spákona es la que conoce el Ørlög, nombre del destino en el ámbito mágico. Ur quiere decir “primordial”, “primigenio” y lög es “ley”, sería la ley que rige cómo serán las cosas dictadas por el destino propiamente dicho, llamado Wyrd. Se cree que el término Völva, equivalente despákona, proviene ya de las antiguas tribus germánicas, en donde esta palabra fue encontrada en el nombre o en el título de algunas videntes tribales.

ZJMr6Según los tiempos van cambiando17, al principio esa magia que se realizaba en las mismas casas, y constituía lo que se esperaba socialmente de la mujer; comienza a condenarse debido al Cristianismo, y ya no es lo que se espera o lo que la nueva religión espera, de ella. Es ahí en donde comienzan a aparecer asociados a la práctica de la magia, sentimientos de frustración, impotencia e ira. La mujer de la época vikinga entretejía encantamientos en las hebras de la ropa que tejía para su familia, en sus telares, y disfrazó sus prácticas de muchas formas sabiendo que serían acusadas de hechicería.

El Seidr se practicaba en soledad, se podía tener ayudantes o un coro para asistir a la seidkona, pero muy rara vez se menciona en las sagas a grupos de seidkonas, y cuando se hace, se pone de manifiesto que las practicantes están relacionadas por vía sanguínea, madre e hija, o hermanas. Hay una característica netamente chamánica pero poco comentada con respecto al Seidr, y es la capacidad de proyectar el propio espíritu durante el ritual, en forma de animal. El objetivo sería tanto para el bien como para el mal. Esto refleja las prácticas chamánicas laponas y siberianas.

Hay una gran posibilidad de que los relatores de las sagas no hayan sabido distinguir correctamente entre los distintos tipos de magia. Posiblemente por eso, aparezcan algunas descripciones confusas, en las que el Spá, tiene connotaciones de Galdr y Seidr. El Galdr es un canto mágico, y centra su atención en el poder del sonido y las palabras, era practicado por los germanos, tanto hombres como mujeres.

Puede verificarse muchas similitudes entre la práctica de la magia lapona y el Seidr. Es más, los comentaristas especializados que las notaron, dicen que una interesante porción de los relatos del Seidr en la literatura nórdica, informan que esta práctica fue aprendida de las hechiceras finesas y laponas. Generalmente a la seidkona se la define como extranjera, proveniente de Finlandia o Laponia, y en algún caso, más raro, de las Islas Británicas. Hay una clara tendencia a no hacerse cargo de la existencia de esta práctica entre la población autóctona.

El Seidr daba a la practicante el conocimiento del futuro, pero siempre a partir de la convocación de espíritus según la modalidad chamánica. A este ritual se le suma una variedad de rituales paganos: sacrificios de comienzos del invierno o blót, asociados con las casas y los espíritus. Se realizaban muchas veces en situaciones de crisis. Dentro de ellos, el Seidr aparece para responder primordialmente a estas situaciones, y a pedido de un cliente o dentro del contexto de una reunión comunal. Los servicios de una seidkona itinerante se utilizaban a estos efectos y era obligación de la persona más poderosa de la aldea, encontrarla y ocuparse de llevarla y atenderla como ella se merecía.

Había reglas de decoro muy claras entre el dueño de casa y la seidkona. Debía ofrecérsele una comida ceremonial y se la trataba con gran dignidad, pero sin exagerar. Después de los acostumbrados intercambios de hospitalidad, o sea la estadía de un día y una noche, ella accedía a realizar su servicio para el dueño de casa. Para ese ritual era insuficiente una sola persona, y es allí donde juegan un rol fundamental las mujeres de la aldea. Formaban un círculo alrededor de la seidkona, y una de ellas debía cantar el Vardhlokkur, era un requisito que debía suministrar su anfitrión. La seidkona debía agradecer a la mujer que cantaba. Era parte de las reglas del ritual. Lograda la visión, se acercaban los hombres a consultar. Además, venía gente de áreas cercanas. Este ritual tenía entonces el potencial de unir a las comunidades. Al enterarse de que la seidkona estaba en una aldea, otros anfitriones le enviaban su escolta para llevarla a sus casas.

El uso para el mal del Seidr está bien atestiguado, en especial en las Hébridas, en donde tenemos una población mixta celta-escandinava, y en las que se formaron familias de practicantes. La saga que relata estos eventos es la Laxdaela Saga. Este fenómeno parece estar compuesto por dos aspectos bien diferenciados: uno es el conjunto de prácticas concretas a realizar, y el otro es la interacción con los espíritus que operan desde el plano sobrenatural e invisible. Es este último el que introduce el elemento de variación en cada ritual. La seidkona se convierte en un punto de convergencia entre los diversos ámbitos de realidad.

Conclusión

Sintéticamente podemos concluir que hay una clara migración de creencias desde Asia septentrional hacia la península escandinava. La reiterada alusión a magia proveniente de lapones, carelios y fineses, pone de manifiesto el préstamo de creencias y rituales. Asimismo, es de destacar que ya existía uno o más tipos de magia en la Europa Nórdica. Este hecho habría facilitado el asentamiento de inmigrantes norasiáticos, y la aceptación de buen grado de las prácticas mágico-religiosas que traían consigo. Sumado a esta amalgama, encontramos el aporte de la rama germana de los pueblos indo-europeos. Todas estas creencias y prácticas serían las que encontró el Cristianismo cuando comenzó a evangelizar la región.

La circulación del ritual del Seidr entre las varias comunidades paganas del norte pre-cristiano nos habla de un proceso dinámico en cuanto al préstamo de creencias. El Seidr nos muestra tanto la extensión de intercambio cultural como la complejidad de la fusión religiosa involucrada en la asimilación de cada nueva tradición. La antigüedad de estas prácticas habría constituido una barrera para la aceptación plena del mensaje cristiano, generando formas mixtas pagano-cristianas. Este contexto, con su tendencia sincrética, requirió de una depuración de elementos paganos lo cual se constituyó en un desafío para el Cristianismo.

Bibliografía

Fuentes

Edda Poética, anónimo, traducción de Luis Lerate, Madrid, Alianza Editorial.

Estudios

DuBois, Thomas A., Nordic Religions in the Viking Age, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 1999.

Ellis Davidson, H., Gods and Myths of Northern Europe, Londres, Penguin Books, 1964.

_____________ , The Road To Hel, New York, Greenwood Press Publishers, 1968.

Haetta, Odd Mathis, The Ancient Religion and Folk Beliefs of the Sámi, Noruega, Alta Museum Pamphlets N° 1, 1994

Hoppál, Mihály/Pentikäinen, Juha, Uralic Mythology and Folklore, Ethnologica Uralica 1, Budapest/Helsinki, 1989

Kalweit, Holger, Dreamtime and Inner Space. The World of the Shaman, Londres, Shambhala, 1988.

Mandelstan Balzer, Marjorie (Ed.), Shamanic Worlds. Rituals and Lore of Siberia and Central Asia, Londres, North Castle Book, 1997

Metzner, Ralph, The Well of Remembrance, Londres, Shambhala, 1994

Turville-Petre, E.O.G., Myth and Religion of the North, Connecticut, Greenwood Press Publishers, 1964

Estudios Complementarios no citados en nota al pie de página

Corradi Musi, Carla, Shamanism from East to West, Budapest, Akadémiai Kiadó, 1997

Hoppál, Mihály, Studies on Mythology and Uralic Shamanism, Budapest, Akadémiai Kiadó, 2000

Kim, Tae-gon, Shamanism in Performing Arts, Budapest, Akadémiai Kiadó, 1995

Pentikäinen, Juha, Northern Religions and Shamanism, Ethonologica Uralica 3, Budapest/Helsinki, 1992

Humphrey, Caroline y Onon, Urgunge, Shamans and Elders. Experience, Knowledge and Power among the Daur Mongols, Oxford, Clarendon Press, 1996

Medios Electrónicos

Women and Magic in the Sagas, Revista Folklore en http://haldjas.folklore.ee/folklore

Notas

1 Con respecto a este tema, pueden consultarse Maldelstam Balzer, M. (ed) en Shamanic Worlds. Rituals and Lore of Siberia and Central Asia. En la obra se encuentran los testimonios de Vladimir Basilov, Nikolai Alekseev, Mongush Kenin-Lopsan y Nadezhda Bulatova, entre otros.
2 Sobre el tema se puede consultar Basilov, Vladimir en “Chosen by the Spirits”, pp.3-49 en Maldelstan Balzer, M- Shamanic Worlds.

3 Haetta, Odd Mathis, The ancient religion and folk beliefs of the Sámi, Alta Museum Pamphlets, No. 1, pp.7-42 (ver datos completos en Bibliografía)

4 Gemuev, I.N., “Bear Cult in Western Siberia” y Schmidt, É., “Bear Cult and Mythology of the Northern O-Ugrians”, ambos en Hoppál M. y Pentikäinen, J., Uralic Mythology and Folklore (ver datos completos en Bibliografía)

5 Mandelstam Balzer, M. enOp. Cit. p. xviii.

6 Bulatova, N. “The Evenk Alga Ritual of Blessing” en Mandelstam Balzer, Op. Cit. pp. 237-242

7 Para ampliar este tema se recomienda la lectura de Kalweit, H., Dreamtime and Inner Space. The world of the shaman y DuBois, Th., Nordic Religions in the Viking Age. (Datos completos en Bibliografía).

8 Recomendamos para este tema, la lectura de Ajkenvald, A.; Helimski, E. y Petrukhin.V. en “On earliest finno-ugrian mythological beliefs”, pp. 155-159, así como Vértes, E., en “Ob-Ugrian and Samoyed Mythological beliefs: Similarities and Differences” pp. 161-167, en Hoppál M./Pentikäinen. J. (eds), Uralic Mythology and Folklore.

9 Ajkhenvald, A, Helimski, E., Petrukhin, V., Op.Cit. p. 155

10 Supra, p. 158

11 También llamada Edda Mayor, es una recopilación de poesía nórdica entre los siglos IX a XIII, pero de indudable mayor antigüedad. Hay versión española bajo el título Edda Mayor, en Alianza Editorial.

12 Metzner, R., The Well of Remembrance, trata ampliamente el tema de la magia femenina.

13 Para dioses Vanir, Frey y Freyja, ver Ellis Davidson, H., Gods and Myths of Northern Europe.

14 La magia Seidr, así como los otros tipos de magia, están tratados en DuBois, Th., Op. Cit. y en Turville, Petre, E.O.G., Myths and Religion of the North.

15 Las disir son deidades tutelares femeninas. Ver Turville-Petre, Op. Cit. p. 221 y ss, y Ellis Davidson, H., The Road to Hel. A Study of the Conception of the Dead in Old Norse Literature, pp.130 y ss.

16 El título responde a un artículo con el mismo nombre publicado en la revista Folklore y puede consultarse en http://haldjas.folklore.ee/folklore

17 La llegada del Cristianismo introducirá cambios radicales. Puede verse este tema en DuBois, Th., “Intercultural dimensions of Seidr ritual” en Op. Cit. pp 121 a 139.

Ana Silvia Karacic

los bersekers y la expansión vikinga

Furor teutonicus.

(Cronistas romanos, sobre el empuje de los germanos en combate).
El número de barcos crece. La corriente sin fin de vikingos no cesa de aumentar. Por todos lados los cristianos son víctimas de matanzas, incendios y saqueos. Los vikingos conquistan todo cuanto se encuentran a su paso. Nadie les puede hacer frente. Han tomado Burdeos, Perigord, Limoges, Angulema y Toulouse. Angers, Tours y Orleans han sido destruidas. Una incontable flota navega Sena arriba y la maldad se enseñorea del país. Rouen ha quedado desierta, saqueada e incendiada. París, Beauvais y Meaux han sido conquistadas; las fortificaciones de Melun han sido derribadas; Chartres está ocupada, Evreux y Bayeux saqueadas y muchas otras ciudades sitiadas.
(Ermentario de Noirmoutier, Francia, década de 860).
A furore normanorum libera nos, Domine.
(Oración medieval).
 vikingosLa historia de los pueblos indoeuropeos nos enseña que toda gran obra proviene, en primera instancia, del bárbaro “auténtico” e incontaminado, y de las alianzas de guerreros o männerbunden, que son los únicos capaces de cambiar el mundo y el tiempo a través de la acción directa. En este escrito se tratará precisamente a los más notables representantes del bárbaro indoeuropeo y de las alianzas de guerreros.
LA IRA SAGRADA EN LA TRADICIÓN INDOEUROPEA
¿De dónde procedía la fuerza legendaria y furiosa de aquellos antiguos indoeuropeos, nuestros antepasados, tan unidos a sus dioses y a la Naturaleza? En la antigüedad, numerosas son las referencias a esa fuerza, que es descrita como una especie de furor. La cólera divina es todo un arquetipo: los iranios llamaron aesjma al furor sagrado, y los indo-iranios, ishmin. En India se describía, además, el mada —la embriaguez divina producida por la bebida mística soma. En Grecia encontramos el menon o menis, la ira apasionada que sólo Aquiles, el mayor guerrero de todos los tiempos, poseía [1]. También de Grecia proviene el “divino furor de Dionisio”, que en un principio tenía que ver con la glorificación de los instintos relacionados con el culto a la vida ascendente. La mania, es decir, el arrebato del furor dionisiaco, se decía llevaba en un vuelo al alma del poseído hacia los Montes Tracios, que representaban a una Hélade primigenia, ancestral y bárbara. En el mundo céltico nos encontramos con el héroe irlandés Cuchulain, del que se apoderaba el warp-spasm (“espasmo que deforma”, o espasmo de furia) en momentos de guerra, dándole un empuje sobrenatural. Esto, en fin, nos señala que la ira sagrada no fue exclusivo patrimonio germánico, sino que proviene de una fuente aun más antigua, y que en todos los pueblos indoeuropeos hubo círculos masculinos que cultivaban la fuerza otorgada por la furia de combate.
 vikingos (1)
Los germanos, pueblo indoeuropeo procedente del sur de Escandinavia, fueron quizás los últimos europeos en cultivar abiertamente la ira sagrada de un modo tribal. El nombre del dios Wotan hace referencia directa a la furia. En alemán moderno, wut significa “ira”, en inglés moderno, wrath tiene el mismo significado, y en gótico, wods significaba “poseído”. Wotan sería, pues, la “ira de An”. An es una sílaba arquetípica; así llamaban los sumerios a su deidad principal [2].
La ira divina no era entonces un concepto novedoso, ni tampoco algo que haya desaparecido. Cuando algo sagrado, una canción, un paisaje, una ceremonia, una pasión, una persona, una situación, nos hacen recordar cierto instinto interior, lo que aflora es un tipo muy especial de sentimiento: la unión de furia y alegría, el sentimiento que hace que los guerreros de todos los tiempos alcen sus armas al cielo y lancen al viento sus gritos, el sentimiento dionisiaco que yace en la música y las canciones, que nos hace sentir más vivos y más poderosos, el sentimiento glorioso de honor, orgullo y contacto con lo Eterno, que acelera nuestro pulso y nos pone los pelos de punta, el sentimiento que sabemos que nadie que no sea un hombre europeo puede sentir. “Fuego en la sangre”, lo podríamos llamar nosotros, como cuando se habla de ocasiones en las que “hierve la sangre”. Se trata de la llama espiritual que se opone al avance del hielo materialista y nihilista, el “ardor guerrero” del que aun hoy se canta en el himno de la Infantería.
EL PAPEL DE LOS BERSERKERS EN EL MUNDO GERMÁNICO
 bersekerLos berserkers se asocian a la germanidad, es decir, al conjunto de tribus germánicas. Éstas abarcan a escandinavos, anglosajones, holandeses y alemanes. Nos situamos en una época en la que los vikingos, aun paganos, tenían seriamente aterrorizada a una Europa castrada por el cristianismo, y en la que el Imperio Romano había desaparecido desde hace siglos. Generalmente, el vikingo despreciaba al cristiano y los cristianos temían al vikingo. En una ocasión, unos vikingos secuestraron a un obispo. Cuando no obtuvieron rescate por él, lo mataron golpeándolo con calaveras de animales. Eran almas aun salvajes e incontaminadas, poseídas por esa mentalidad brutal y contundente tan propia de la Naturaleza.
Entre todos estos bárbaros, los más fieles guardianes de la furia sagrada fueron los bersekers. Esta palabra pervivió en el vocabulario de las naciones que conocieron a estos hombres: en Inglaterra, berseker aun designa a una persona de carácter indómito o salvaje, o a un estado de ira irracional. Berserkr se puede traducir como “camisa de oso” (bear shirt en inglés moderno), o bien “sin camisa” (bare shirt). Proviene del hecho de que los bersekers combatían ataviados con pieles de oso, y a veces semidesnudos o desnudos.Entre los antiguos, cada hombre era un guerrero. Sin embargo, no lo era durante toda su vida, sino que era llamado a ello en ocasiones turbulentas, mientras que en la paz se dedicaba a sus labores de campo o dominio. Así fue en todo el mundo antiguo —salvo Egipto, Esparta, Roma, el Imperio Bizantino y algunas otras excepciones, que contaban con ejércitos “profesionales”. En la germanidad, empero, había una curiosa casta aparte, los artistas de la guerra, considerados tocados por la Divinidad.
Algunos guerreros selectos vivían en pequeñas comunidades, aisladas de los núcleos de población y dirigidas por un sacerdote del culto de Odín/Woden/Wotan según la región, un escaldo (bardo), un gothi (druida), un vikti (maestro de las runas) u otro tipo de chamán, brujo o mago tribal. Formaban auténticas sectas en el mundo germánico, como parte de la tradición de las männerbunden, las uniones de hombres, alianzas de guerreros, hermandades militares o, como las denominó el rumano Mircea Eliade, “sociedades secretas de hombres”.
En las familias de la aristocracia germánica, existía la tradición afín a la de los oráculos en Grecia: al nacer el niño, un sacerdote realizaba un ritual por medio del cual se podría entrever su destino. Podemos suponer que a algunos padres de los bebés más prometedores se les ofrecía criarlos en una comunidad “militar” de este tipo. Esto no tendría lugar enseguida, sino a una edad un poco más tardía. A esa edad, se presentaría el chamán correspondiente para llevar al niño a su nueva vida en los bosques, donde aprendería a adquirir los instintos del depredador.
Desde pequeños, a los futuros bersekers se les ajustaba en el cuello un anillo de hierro que se relacionan con las torques célticas y que no se quitarían hasta matar a su primera víctima. Se desconoce completamente el tipo de instrucción que se les daba, pero básicamente se trataría de una especie de campamento militar y ascético al estilo espartano, en el que se les enseñaba a manejarse con las armas, en el combate cuerpo a cuerpo y en la vida en la Naturaleza, además de adquirir dureza y resistencia frente a todo tipo de privaciones, en el marco de una vida cazadora-recolectora. También aprendían técnicas y danzas tribales pensadas para generar grandes cantidades de adrenalina. A través de años, iban construyendo el cuerpo del guerrero, acostumbrado a la fatiga, a las privaciones y al sufrimiento. Y todo ello conjugado con alguna forma desconocida de yoga: una de las habilidades que lograban mediante su misterioso ascetismo era, sentados sobre la nieve durante una nevada o ventisca, derretir con su propio calor interior la nieve que les caía encima. Esta avanzada prueba tiene lugar, aun hoy en día, entre algunos lamas tibetanos (el ejercicio respiratorio que emplean para generar calor se llama tumo o “fuego en el vientre”), y en las leyendas célticas, una de las cualidades que se atribuía a los grandes héroes era derretir la nieve a cien pies de distancia (30 m) con su propio calor corporal. Un caso interesante, que data de la Irlanda del año 700 AEC, es el del héroe folklórico Cuchulain. La leyenda cuenta que, después de una batalla, Cuchulain regresó a su pueblo aun en pleno frenesí de combate. Sus compatriotas, temiendo que matase a todo el pueblo, se le echaron encima y lo metieron en un barril de agua fría. Por el ardor del héroe, el agua rompió las planchas de madera y los flejes metálicos, e hizo estallar el barril en mil pedazos, “como se rompe una nuez”. En el segundo barril de agua fría, Cuchulain produjo burbujas grandes como puños. Y en el tercero, produjo una ebullición en la que algunos hombres podían soportar sumergir sus manos y otros no. Esto nos recuerda inevitablemente al Heracles griego, que tuvo que precipitarse a las aguas de las Termópilas para aplacar un ataque de fuego interior, convirtiendo las aguas del lugar en termales.
Los cachorros bersekers recibían iniciación en un culto que se podría llamar misterios de Odín, el patrón de estos guerreros. Los bersekers a menudo eran llamados “hombres de Odín” o “lobos de Odín” por su predominante culto a esta deidad, denominada “padre de todo” o “el fuerte de arriba”. Podría describirse a los bersekers, por tanto, como sectas de guerreros de élite, severamente entrenados desde pequeños en las artes de la lucha y de la alquimia interior, e iniciados en un culto a Odín mediante algún tipo de ritual extremadamente violento. Mircea Eliade especificó que:
No se llegaba a ser “berserkr” únicamente por bravura, por fuerza física o por dureza, sino también tras una experiencia mágico-religiosa que modificaba radicalmente la forma de ser del joven guerrero. Éste debía transmutar su humanidad mediante un acceso de furia agresiva y terrorífica, que lo asimilaba a los carniceros enfurecidos. “Se calentaba” hasta un grado extremo, transportado por una fuerza misteriosa, inhumana e irresistible, que su impulso combativo hacía surgir de lo más profundo de su ser [3].
En combate, los bersekers presentaban un aspecto aterrador para sus enemigos. Vestidos con pieles de oso, o de lobo (en cuyo caso se llamaban ulfhednar o ulfsark, “piel de lobo”), desnudos o pintados de negro, se arrojaban al combate siempre en grupos de doce [4], gritando como posesos, echando espuma por la boca y siendo inmunes a las heridas más terribles.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Casco vikingo con máscara de cota de mallas para proteger el rostro. La fantasía de los cascos con cuernos procede de una leyenda negra europea. Fueron los celtas (y muchos caballeros medievales) los que emplearon cascos con cuernos, y a menudo más como ornamentos ceremoniales que como cascos de combate.
En la Ynglinga Saga (Capítulo VI) se habla sobre ellos, diciendo:
Los hombres de Odín marchaban sin cotas de malla, enfurecidos como perros o lobos. Mordían sus escudos, fuertes como osos o toros salvajes. Mataban a sus enemigos de un solo golpe, pero ni el hierro ni el fuego los dañaba. Tal es lo que se llama el furor de los bersekers.
En el Hrafnsmal, el escaldo Thorbjörn Hornklofi los describe en el combate:
Allí los bersekers gritaban —la batalla se desencadenaba—, pieles de lobo aullaban salvajemente, las lanzas silbaban… pieles de lobo, se llamaban. Se les ve actuar, ensangrentados los escudos. Rugieron las espadas cuando llegaron al combate. El rey sabio en el combate se hace proteger por rudos héroes que alzan sus escudos.
EL BERSERKERGANG O POSESIÓN
Antes del combate, los bersekers entraban juntos en un trance llamado berserksgangr o berserkergang. Este trance era el proceso de posesión, para el que no cualquiera estaba preparado, pues su energía podía destrozar el cuerpo del profano. Según la tradición escandinava, tal estado de éxtasis comenzaba con un siniestro escalofrío que recorría el cuerpo del poseído y le ponía los pelos de punta y la piel de gallina. A esto seguía la contracción de los músculos, un premonitorio temblor, el aumento de la presión arterial y de la tensión, y una serie de tics nerviosos en el rostro y en el cuello. La temperatura corporal comenzaba a subir. Las aletas nasales se dilataban. La mandíbula se apretaba y la boca se contraía en una mueca psicótica revelando la dentadura. Luego venía un inquietante rechinar de dientes. El rostro se inflaba y cambiaba de color, acabando en un tono púrpura. Empezaban a echar espuma por la boca [5], a gruñir, a agitarse, a rugir y gritar como animales salvajes, a morder los bordes de sus escudos, a golpear sus cascos y sus escudos con sus armas y a rasgarse la ropa, invadidos por una fiebre que tomaba posesión de ellos y les convertía en una bestia, su ciego instrumento. Presenciar semejante transformación debía ser algo realmente alarmante y angustioso, evocador del más urgente pánico. Era una transformación iniciática en toda regla, y algunos han visto en ella el origen de las leyendas de hombres-lobo.
Tras este proceso, los bersekers recibían el Odr u Od (llamado Wut en Germania y Wod en Inglaterra), la inspiración que Odín concedía a algunos guerreros, iniciados y poetas, tocándoles con la punta de su lanza Gugnir (“estremecedora”). Con ello se convertían en un furioso torbellino de sangre y metal. La fuerza física del “inspirado” por la fiebre Od aumentaba de manera sobrehumana e inexplicable, y también se incrementaban su resistencia, su agresividad y su fanatismo combativo. Desaparecían el dolor, el miedo o la fatiga, y lo que los reemplazaba era una embriagante sensación de voluntad, imparable poder y ganas de destruir, arrasar, matar, aniquilar y derribar. Una buena referencia a la versión celta del berserkergang, la podemos encontrar en “The Táin”, que describe la transformación del héroe Cuchulain antes de las batallas:
El espasmo de furia se apoderó de él: parecía que cada cabello estaba martilleado a su cabeza, pues todos los pelos se le enderezaron verticalmente, y se podría jurar que un punto de fuego coronaba la punta de cada uno. Uno de sus ojos se cerró más estrecho que el ojal de una aguja, y el otro se abrió más ancho que la boca de una copa. Sus mandíbulas se desencajaron hasta las orejas, y sus labios se apartaron revelando sus encías. El halo del héroe ascendió desde la corona de su cabeza.
Los bersekers pasaban a luchar furiosamente sin importarles en absoluto su propia vida o seguridad física. Muchos preferían llevar una espada y un hacha en vez de una sola arma con el escudo [6]. En grupos de doce, cargaban salvajemente contra el enemigo sin importar su inferioridad numérica, y heridas que matarían a cualquiera no los inmutaban lo más mínimo. En casos de defensa contra multitudes avasallantes, formaban un círculo impenetrable desde el cual se batían hasta la muerte del último hombre.
 Viking-Wolf-coats
 Imaginémonos el aspecto de esos hombres cargados de músculos, venas, nervios y tendones, con la cara crispada bajo la piel de la bestia, los fanáticos ojos azules abiertos como platos y brillando con aquel acies oculorum que Julio César y Tácito advirtieron entre los guerreros germanos; los dientes apretados con furia y echando espumarajos, la sangre del enemigo salpicándoles por encima… al instante comprenderemos que aquellos guerreros no tenían nada que ver con el tipo actual de querubines de los que se compone Occidente. Esos bersekers eran de la misma sangre que muchos europeos modernos, pero ellos eran hombres que vivían para la guerra, mientras que el occidental medio de nuestros días es un afeminado blando que vive para la paz y, en su miopía, persiste en creer que lo sabe todo sobre el mundo, el hombre y la vida.
El WutWodeOd o berserkergang era un trance terriblemente intenso y violento, en el que se perdía completamente el control y la razón, y en el que la bestia masculina se liberaba de sus cadenas de hierro para desahogar su claustrofobia y para cabalgar en gloriosa y desbocada libertad por el oscuro y borroso bosque, sin responsabilidades, sin ataduras, sin límites y sin leyes. No sólo se trataba de dejar aflorar a la bestia interior, sino de dejarse poseer por la divinidad absoluta, externa. El cuerpo del guerrero, en manos de estas tempestuosas fuerzas, y totalmente desconectado de la mente racional, era una simple marioneta que apenas daba abasto para plasmar tanta ira.
Los afectados podían estar durante horas e incluso días combatiendo de la manera más furiosa y encarnizada sin pausar un sólo momento. De hecho, gracias a su brutal aportación, a menudo las batallas terminaban demasiado pronto, y los bersekers no podían cesar de combatir, necesitando desahogar su furia, correr sin parar de gritar y descargar sus armas contra árboles, rocas, animales o personas, incluso llegando a atacar a miembros de su mismo ejército (aunque al parecer los bersekers nunca se atacaron entre ellos), ya que en tales estados no distinguían entre amigos y enemigos.
Sin embargo, cuando pasaba el berserkergang, se sumían en un estado de debilidad total, en el que eran incapaces de defenderse ni de tenerse en pie siquiera. Era la resaca y duraba varios días, en los que el guerrero debía guardar cama. Según las sagas escandinavas, a menudo sus enemigos aprovechaban para matarles en aquellos momentos. Algunos bersekers, sin haber recibido herida alguna, caían muertos tras la batalla por el sobrehumano esfuerzo realizado: sus cuerpos no estaban preparados para ser instrumentos de la furia divina —al menos durante un tiempo demasiado prolongado. Se les debía acortar la esperanza de vida por muchos años después de cada “sesión” de berserkergang.
Otra cualidad que se atribuía al poseído del berserkergang era el “inutilizar las armas del adversario”, lo cual probablemente implicaba que los bersekers eran tan rápidos, tan invulnerables e inspiraban tal terror en sus enemigos que éstos parecían quedar paralizados de miedo o sus golpes no eran efectivos. Asimismo, es muy probable que el aura de ira desprendida de un grupo de bersekers cargando, fuese “sentida” a una gran distancia por los soldados enemigos como si de una onda expansiva se tratase, tal y como escribió el historiador romano Tácito, hablando de una männerbund germana cuyos miembros se denominaban harii —palabra que entre los iranios e indo-iranios significaba “los rubios”, y que está relacionada con los Einheriar (Aina-Hariya) del Valhala:
En cuanto a los harii, además de superar en fuerza a los pueblos que acabo de enumerar, salvajes como son, sacan el máximo partido de su ferocidad natural valiéndose del arte y de la oportunidad: escudos negros, cuerpos pintados. Para combatir, eligen noches oscuras. Solo el horror y la sombra que acompañaban a esta macabra hueste bastan para llevar el terror. Ningún enemigo puede soportar esta visión extraña e infernal, pues en toda batalla los primeros vencidos son los ojos [7].
Observamos aquí la importancia que tenía la simbología de lo oscuro para estos hombres. La noche es esencial en este simbolismo, pues simboliza la edad oscura, este tenebroso invierno en el que hemos nacido para bien o para mal. El día, con los rayos del sol, el oro, es propicio para la voluntad, para el arrojo, para la lucha consciente, para clavar la lanza en el enemigo, para hundir la espada en la tierra —en una palabra, para poseer, para tomar. El día representa la mano derecha, el orden, el ritual y la “vía seca”. La noche, en cambio, con oscuridad, luna, estrellas, agua y plata, es más propicia a la magia, a un cierto caos, al dejarse tomar, al ser poseído, a alzar las armas al cielo en vez de hundirlas en la tierra y por ello está más relacionada con la mano izquierda y la “vía húmeda”.
 boreal
Desde que el hombre ya no es un dios, debe luchar para convertirse, al menos, en ciego instrumento de los dioses. Para ello, debe vaciarse de toda individualidad egocéntrica con el fin de permitir el arrebato divino, esto es, “para propiciar que Odín le toque con la punta de su lanza”. Y el primer modo de conseguirlo era mediante la instauración de una severa disciplina, el ascetismo y la organización.
Quien había sido poseído una vez por el berserkergang estaba ya marcado con una señal de por vida. A partir de entonces, el trance no sólo le venía al ser invocado antes del combate, sino que también podía caer sobre él de repente en momentos de paz y sosiego, transformándole en cuestión de segundos en una bola de odio, adrenalina y gritos infrahumanos en busca de destrucción. Así, la saga de Egil describe cómo el padre de Egil, un berseker, sufrió repentinamente la posesión del berserkergang mientras jugaba pacíficamente a un juego de pelota con su hijo y otro pequeño. El guerrero, horriblemente agitado, y rugiendo como un animal, agarró al amigo de su hijo, lo alzó en el aire y lo estrelló contra el suelo con tanta fuerza que murió en el acto con todos los huesos del cuerpo rotos. Luego se dirigió hacia su propio hijo, pero éste fue salvado por una sirvienta que, a su vez, cayó muerta ante el poseído. En las sagas, las historias de bersekers están salpicadas de tragedias en las que el berserkergang descontrolado se vuelve contra los seres más allegados al poseso. Si hubiese que encontrar un equivalente griego, lo tendríamos en la figura de Hércules, quien durante un ataque de ira mató a golpes a su propia esposa Megara y a los dos hijos que tenía con ella, lo cual motivó sus 12 tareas como “penitencia” para expiar su pecado.
En el ámbito de la mitología tenemos muchos ejemplos de la furia de los bersekers. La saga del rey Hrolf habla del héroe berseker Bjarki, que combatía por dicho rey y que en una batalla se transformó en un oso. Este oso mató a más enemigos que los cinco campeones selectos del rey. Las flechas y las armas rebotaban de él, y derribó a hombres y caballos de las fuerzas del enemigo rey Hjorvard, desgarrando con los dientes y las garras cualquier cosa que se interpusiera en su camino, de tal modo que el pánico se apoderó del ejército enemigo, disgregando sus filas caóticamente. Esta leyenda —que no deja de ser eso, una leyenda— representa la fama que habían adquirido los bersekers en el Norte, como grupos reducidos pero, por su bravura, perfectamente capaces de decidir el resultado de una gran batalla.
Ahora bien, ¿cuál es la explicación para estos hechos, que rebasan con creces lo normal? ¿Cómo hemos de interpretar el berserkergang? En nuestros días, algunos que siempre miran con resentida desconfianza cualquier manifestación de fuerza y salud, han querido degradarlo. Para muchos de ellos, los bersekers eran simplemente comunidades de epilépticos, esquizofrénicos y demás enfermos mentales. Esta ridícula explicación no satisface en absoluto, ya que la epilepsia o la esquizofrenia son patologías cuyos efectos no se pueden “programar” para una batalla como hacían los bersekers, y bajo sus ataques es imposible realizar acciones valerosas o mostrar heroísmo bélico. Un epiléptico se hace más daño a sí mismo mordiéndose la lengua y cayendo al suelo que destrozando las filas de un numeroso ejército enemigo, y además puede ser reducido por una sola persona. Peliculeramente, otros han sugerido que los bersekers eran alianzas de individuos que habían sufrido mutaciones genéticas, o los supervivientes de un antiguo linaje germánico desaparecido, organizados en forma de comunidades-sectas. Incluso se puede tener en cuenta la explicación “chamánica”, según la cual los bersekers eran poseídos por el espíritu totémico de un oso o de un lobo.
 Germanic_Solstice_Celebration_Germanische_Sonnenwendfeier_during_the_Proto-Germanic_period_large
Como se ve, las razones son tan variopintas como variopintos son los personajes que se meten a opinar al respecto. La explicación más conocida, empero, es la de que estos hombres combatían drogados. Según dicha teoría, los bersekers ingerían un hongo llamado amanita muscaria (seta de tallo blanco y sombrerete rojo con motas blancas, que abunda entre los bosques de abedules del norte de Europa), o bien algún mejunje preparado con dicha seta. Ésta tiene una toxicidad elevada gracias a un alcaloide llamado muscarina, que altera completamente la conciencia y la percepción. Actualmente se la ha catalogado como “venenosa”, dado que en dosis elevadas resulta mortal. La teoría de la amanita muscaria fue elaborada en 1784 por el profesor sueco Samual Ödman (que supo de la utilización del hongo por parte de chamanes siberianos), y se perfiló hasta cierto punto porque la mitología germánica explicaba que, de la boca de Sleipnir —el caballo de Odín, de ocho patas— goteaba una espuma roja que, al llegar al suelo, se transformaba en la seta. Otras teorías de drogas sugieren cerveza con beleño negro o pan o cerveza contaminados con cornezuelo del centeno.
La teoría de las drogas no convence, y los dos hechos anteriores (chamanes siberianos + caballo de Odín) son las únicas pruebas que tenemos para corroborar tal tesis. Por otro lado, la simple ingestión de una droga no garantiza por sí misma un arrebato de devastación y frenesí guerrero como el que experimentaban los bersekers. Si es que ingerían efectivamente una droga, habría sido tras una larga y dura preparación guerrera y ascética que les hubiese hecho resistir la posesión del od, con dosis cuidadosamente pensadas por auténticos conocedores de sus efectos, y con ritos diseñados para realzar y canalizar ciertos aspectos relacionados con la sustancia. Nos es más lógica, pues, la teoría de que el berserkergang se desencadenaba mediante una especie de “orden hipnótica programadora” que se almacenaba en el subconsciente a través de una violenta y traumática iniciación ritual, y que en adelante se “activaba” automáticamente escuchando el ruido de las armas, los gritos de batalla y los cánticos que invocaban la furia de Odín, dando lugar al irresistible ansia de estar en el centro del combate, allá donde la lucha era más encarnizada y la furia más densa. En cualquier caso, lo más probable es que las técnicas de consecución del berserkergang fueran mentales o “psicológicas”, a través de procesos hipnóticos y magnéticos catalizados en poderosos rituales, y seguramente amplificados a través de danzas tribales, movimientos, técnicas y respiraciones capaces de generar enormes cantidades de adrenalina en poco tiempo. Y si las drogas estaban realmente presentes, hubiese sido para facilitar la posesión, pero en ningún caso eran las responsables directas del increíble rendimiento combativo que se desencadenaba con dicha posesión.
OLYMPUS DIGITAL CAMERA
La ornamentada empuñadura de una espada vikinga. 
Las sustancias liberadas por las drogas pueden estimularse en el cuerpo mediante prácticas de depuración. En las tradiciones iniciáticas, cuando el hombre obtienen control absoluto sobre su cuerpo, puede estimular sus órganos, sus glándulas, a voluntad, liberando las sustancias que desea y causando los efectos que desea, con sólo saber materializar el pensamiento. Lo ideal es que las drogas que se utilicen procedan de nuestro propio interior, pues, realmente, las drogas están ya dentro de nosotros —como por ejemplo la testosterona, la adrenalina, la dopamina, las feromonas y las endorfinas—, sólo que a menudo necesitan de un estímulo para liberarse. El uso religioso de las drogas apareció en una época en que la mayoría de personas ya no eran capaces de entrar en trance de modo natural. Y en cualquier caso la ingestión de las drogas con fines religiosos se realizaba bajo un severo control y ritualismo, sobre individuos preparados física, mental y espiritualmente para aguantar sus efectos, y todo vigilado por sabios de las ciencias naturales, conocedores de las plantas, los animales y la Tierra.
Durante las situaciones de gran estrés y violencia, el cuerpo se perturba. Aumenta el pulso, se acelera la respiración y sube la adrenalina como una llama. Tienen lugar una serie de respuestas fisiológicas que en sí mismas no son ni buenas ni malas, sino que su naturaleza dependerá del uso que se haga de ellas y de la salida que se les dé. Los guerreros convencionales “caballerescos”, intentaban dominar el torrente de reacciones y sensaciones que les causaba el combate, de modo que, manteniendo su voluntad por encima de ellas, conservaban la “sangre fría” y la consciencia intacta. Los bersekers, en cambio, parecían hacer lo contrario: se dejaban llevar por las reacciones físicas ante la lucha, de modo que éstas tomaban posesión de ellos y acababan convirtiéndoles en bestias que lo “veían todo rojo”. Afloraba en ellos una voluntad totalmente independiente de la consciencia. Sólo los mejores eran lo bastante duros como para dejarse llevar de verdad por el torrente de ferocidad, soltar sus impulsos salvajemente, perder el control, romper todo lazo y toda atadura para dejar cabalgar libre a la bestia, saborear el profundo y primitivo placer de la carnicería, de la sangría, de la matanza, de la dominación, de la posesión y de la destrucción, sumergir todo su ser en el caos absoluto y sobrevivir para contarlo —aunque es muy probable que después ni siquiera recordasen claramente lo sucedido.
¿Es todo esto un barbarismo salvaje? Sí, pero forma parte de la naturaleza humana, nos guste o no. Dar la espalda a esos asuntos sólo sirve para que luego nos cojan desprevenidos. Ignorar que tenemos un lado animal es como mutilar el espíritu y sabotear el cuerpo. Por el contrario, aceptar esto y dominarlo equivale a reconciliarnos con nosotros mismos.
En cuanto al ataviarse con pieles de animales simbólicos, obedece a una tradición chamánica, totémica y pagana hasta la médula, y le prestaremos atención porque expresa una idea muy importante. El lobo y el oso son signos de masculinidad libre, pura, salvaje, fértil y desenfrenada [9]. La piel del oso o del lobo se conseguía combatiendo con él en un cuerpo a cuerpo y matándole, lo cual era una prueba iniciática de los bersekers igual que entre algunos celtas lo era el matar a un jabalí. Los bersekers eran sugeridos así de que se apoderaban de las cualidades totémicas inherentes al animal en cuestión —oso o lobo—, adquiriendo su fuerza y ferocidad, poseyendo sus cualidades como si se hubiesen conquistado para sí, y adoptando la piel de la bestia vencida como símbolo de esta transformación. Como signo de prestigio, muchos bersekers añadían la palabra björn (oso) a sus nombres, resultando en nombres como Arinbjörn, Esbjörn, Gerbjörn, Gunbjörn o Thorbjörn. El lobo (proto-germánico *ulf) resultó en nombres como Adolf, Rudolf, Hrolf o Ingolf. Mircea Eliade dijo con respecto a la apropiación de las pieles de animales:
Se devenía “berserkr” tras una iniciación que comportaba pruebas específicamente guerreras. Así, por ejemplo, entre los chatti, nos dice Tácito, el postulante no se cortaba los cabellos ni la barba antes de haber matado a un enemigo. Entre los Taifali, el joven debía abatir un jabalí o un oso y entre los Hérulos, era necesario combatir sin armas. A través de estas pruebas, el postulante se apropiaba de la forma de ser de la fiera: se convertía en un guerrero temible en la medida en que se comportaba como una bestia de presa. Se transformaba en superhombre porque conseguía asimilarse a la fuerza mágico-religiosa compartida por los carniceros [10].
Una vez más, se verá esto como primitivo y bárbaro, pero los romanos también lo hacían, como podemos ver en los portaestandartes de las legiones, que se cubrían con pieles de lobos, osos o felinos salvajes (como pueblo indoeuropeo bárbaro, los antiguos itálicos, antepasados de los latinos, debieron tener su propia versión del “guerrero poseído”). También el héroe griego Heracles, tras combatir con un monstruoso león y matarlo con sus propias manos, se puso su piel. El irlandés Cuchulain mató a un monstruoso mastín y ocupó su lugar como guardián del Ulster. Sigfrido, el héroe del germanismo, se bañó en la sangre del dragón Fafnir, matado por él, y con ello se hizo casi invencible. En los misterios de Mitras, un restringido culto militar sólo para hombres y practicado por las legiones de Roma, los iniciados se cubrían de la sangre del toro sacrificado en una ceremonia de alto poder sugestivo. En la misma línea de ejemplos relacionados, tenemos otros casos que se refieren a “segundas pieles” y baños  endurecedores: Aquiles fue bañado por su madre en las aguas del oscuro río Éstige, que lo hicieron invulnerable. La diosa céltica Ceridwen poseía un caldero mágico que daba salud, fuerza y sabiduría a cuantos se bañaran en él. Las madres espartanas bañaban a sus recién nacidos en vino, pues pensaban que eso endurecía a los duros y acababa con los blandos. Las aguas del Ganges, aun hoy en día, son consideradas salutíferas para los hinduistas. La idea tras todos estos mitos era que exponerse a fuerzas destructivas, telúricas y oscuras ayudarían a endurecer la “envoltura” del iniciado y a protegerlo en el futuro contra experiencias similares en el campo de la muerte y del sufrimiento.
 cuervosTodo esto simbolizaba, además, la lucha del espíritu por tomar control de la bestia telúrica, tras lo cual se recubría de lo conquistado, entraba en la carcasa vacía, la poseía, la transformaba a su imagen y semejanza y, a la vez, cambiaba su personalidad por una distinta, entrando en una nueva fase y simbolizando asimismo el tránsito a una nueva manera de percibir el entorno y de ver las cosas —una nueva piel, una nueva coraza, un nuevo escudo, la percepción del mundo a través de los sentidos de la bestia—, tomar posesión de la materia y, desde dentro, transformarla a imagen y semejanza del espíritu. Esta filosofía de posesión es un rasgo característico de todas las sociedades guerreras iniciáticas.
Aquellos bersekers que luchaban desnudos se relacionaban con la conducta de los tempranos celtas, que también lo hacían (de hecho, la figura del “guerrero poseído” fue también recurrente entre los celtas). Sus cuerpos, curtidos desde la infancia, no sentían frío ni aunque estuvieran desnudos sobre la nieve. Como hemos dicho, algunos también se pintaban de negro, reivindicando el lado oscuro y fiero, propio de las eras en las que la luz se ve acosada. Ya hemos visto cómo el romano Tácito describió a los harii que, pintados y con escudos negros, se lanzaban al combate con ferocidad sobrehumana. Para los antiguos indo-iranios, el dios Vishnu, en las épocas sombrías, se ataviaba con una armadura oscura para combatir a los demonios, ocultando al mundo su aspecto luminoso; pero al alba de la nueva edad de oro, se despojaría de su coraza negra y el mundo conocería su luminoso aspecto interior. En Irán, la männerbund de los mairya vestía armaduras negras y portaba banderas negras. Simbólicamente, se decía que mataban al dragón, y generalmente actuaban de noche. Los cátaros se vestían con largas túnicas negras, y sus estandartes religiosos eran negros (algunos con una cruz céltica blanca en su interior). También los SS se vistieron de negro y lucieron banderas negras, además de la macabra totenkopf. Se quería simbolizar así el dominio y el conocimiento de la oscuridad, de lo que pertenece a la mano izquierda, al lado siniestro, al miedo, a la muerte y al horror.
Dominar y conocer al enemigo es dominar y conocer al oso, al lobo, al dragón, al toro o al animal totémico que el hombre luchador descubra en sí mismo. Cubrirse de negro equivale a cubrirse con la piel de la bestia enemiga, pues la oscuridad es la enemiga —hasta que no sea dominada. 
 vikingoz
LA EXPANSIÓN DE LA FURIA DEL NORTE
Este mapa muestra la expansión nórdica en Europa. El rojo se corresponde con las zonas de colonización escandinava, y el verde con las zonas sometidas a las incursiones y a la influencia vikinga. Los vikingos fueron particularmente prolíficos en Francia, las Islas Británicas y las cuencas de los grandes ríos rusos. No se incluyen en el mapa ni Groenlandia ni Vinland (el asentamiento vikingo en Norteamérica).
En un momento dado de la Alta Edad Media, a finales del Siglo VIII, los pueblos escandinavos se embarcaron en una serie de prolíficas expediciones. Unos sostienen que esta súbita blitzkrieg de los vikingos se debe a una superpoblación motivada por la poligamia, en el seno de una tierra poco fértil. Otros, como Varg Vikernes, mantienen que las razzias vikingas eran una venganza contra el mundo cristiano, después de que el obispo Bonifacio talase, en Sajonia, en el año 772, bosques sagrados y, particularmente, la encina que los sajones tenían consagrada a Donnar —un árbol antiquísimo venerado por todos los pueblos germánicos del mundo, y que se consideraba la versión terrestre del Irminsul, el Eje del Mundo.
La imagen que el folklore y la propaganda cristiana nos ha legado de los vikingos ha de ser corregida. La Iglesia satanizó a los vikingos, representándolos como sucios bárbaros con cuernos en los cascos, cuando según la  “Chronica” de John Wallingford, “gracias a su costumbre de acicalarse el pelo todo los días, bañarse cada sábado y cambiarse de ropa regularmente, son capaces de minar la virtud de las mujeres casadas e, incluso, seducir a las hijas de nuestros nobles para transformarlas en sus amadas”. Estamos hablando de una época en la que el cristianismo había estigmatizado la higiene como algo sensual y “pagano”. El historiador árabe Ibn Fadlan, embajador de Baghdad a los búlgaros del Volga, dice de los vikingos: “nunca he visto especímenes físicos tan perfectos, altos como palmeras, rubios y de piel rubicunda”. Añade que a menudo lucían tatuajes de diseños vegetales de pies a cuello, y que iban armados siempre con un hacha, una espada y un cuchillo.
Los vikingos acabaron siendo famosos en toda la cristiandad, en el Este pagano y en gran parte del mundo islámico. Los árabes los llamaban mayus, los khazares rus (de ahí “Rusia”) y los eslavos varegos. En la mayor parte de Europa Occidental fueron conocidos como normandos —es decir, hombres del Norte. Generalmente su forma de actuar era zarpar en grandes flotas, saquear los poblados de las costas, establecer “centros de operaciones” costeros para planear otras incursiones y navegar por los grandes ríos para llegar a otras ciudades del interior (como Pamplona, Sevilla o París). Son conocidas sus numerosas proezas, desde la colonización de Islandia, Groenlandia y América hasta el arrebato de Sevilla a los moros (año 844), su saqueo y su conservación durante una semana entera, pasando por la fundación de ciudades rusas como Novgorod (862) y Kiev (864), así como el primer estado ruso (Rus de Kiev) y el sitio de París en 885.
 El rayo del mar: durante siglos, una flota de drakkars yendo de compras fue la visión costera más pavorosa para un europeo medieval.
911 fue el año que el danés Rollón [11] recibió del rey francés Carlos el Simple el ducado de Normandía, para aplacar el pillaje vikingo al que estaba siendo sometido todo el norte de Francia. En un solemne el acto de homenaje al rey Carlos, se informó a Rollón de que debía inclinarse ante él y besarle los pies. Él, escandalizado y ofendido en su orgullo, se negaba a humillarse de tal modo, diciendo que nunca me inclinaré ante nadie y nunca le besaré el pie a nadie“. Los obispos aduladores, empero, insistían en que “quien recibe tal don tiene que besar el pie del rey”. Así acorralado, Rollón ordenó a uno de sus guerreros que llevase al cabo el acto. Éste tomó el pie del rey y, permaneciendo erguido, se lo llevó a la boca y lo besó, haciendo caer al rey de espaldas, de tal modo que toda la corte presente rió con fuerza. Esta anécdota muestra el lado arrogante y orgulloso de los vikingos, hombres aun inocentes e incontaminados por la mentalidad servil de la sociedad civilizada. Estos vikingos de Norrmandía se cristianizaron, echaron raíces en Francia y acabaron olvidando sus raíces escandinavas. Su posterior expansión los llevó a Inglaterra, al Mediterráneo, al sur de Italia (reino normando de Sicilia) e incluso a Oriente durante la era de las cruzadas. Muchos normandos jugaron un papel importante en las órdenes de caballería.
Durante un tiempo, los vikingos hicieron de Inglaterra un reino danés. Los anglosajones bajo el rey Alfred el Grande, germanos como los vikingos, se enzarzaron con ellos en una guerra en la que los vikingos fueron confinados al norte de Inglaterra, en un reino llamado Danelaw (“ley danesa”), donde regía el paganismo nórdico y donde hubo una amplia colonización de familias vikingas, hasta tal punto que legaron numerosas palabras al vocabulario inglés. Algunos historiadores han llamado a esa “otra Inglaterra” paralela, la “Inglaterra escandinava”. Aquí, los vikingos establecieron capital en Jorvik (York) y se dedicaron al arraigo antes que al saqueo, estableciendo granjas, campos de cultivo y centros de comercio.
OLYMPUS DIGITAL CAMERA El Danelaw y las principales zonas de asentamiento vikingo en Gran Bretaña. Aparte de las zonas señaladas, toda la costa recibió una fuerte influencia escandinava.
Pero tanto los vikingos como los normandos se disputaban Inglaterra. La guerra estalló cuando el rey Harold de Inglaterra, anglosajón, tuvo que enfrentarse a primero con el rey Harald de Noruega y después con el rey Guillermo el Conquistador, de Normandía, que se disputaban el trono. Los anglosajones de Harold se enfrentaron a los noruegos de Harald Hardrada (el último rey vikingo “de la vieja escuela”) en la batalla del Puente de Stamford. Tras haber vencido a Harald, las maltrechas tropas anglosajonas de Harold se desplazaron unos 360 kilómetros desde Yorkshire (norte de Inglaterra) hasta Sussex (sur de Inglaterra), donde Guillermo les esperaba con tropas normandas frescas. Las exhaustas tropas anglosajonas se enfrentaron a los normandos en la famosa batalla de Hastings (1066). Por la falta de una buena caballería y porque muchos abandonaron la seguridad del muro de escudos y lanzas para perseguir a los caballeros normandos que se retiraban para volver a cargar, los anglosajones perdieron. Harold murió con el cráneo atravesado por una flecha que le entró por un ojo. Fue una tragedia para Inglaterra.
Los “normandos” (realmente daneses afrancesados) importaron el idioma francés, contaminando al anglosajón y despojándolo de sus resonancias más germánicas. El francés se convirtió en lengua de la nueva corte normanda, y el anglosajón —esto es, el inglés antiguo— en el idioma de los plebeyos y la aristocracia desposeída. Inglaterra se contagió también con la mentalidad oriental. Su foco de atención y relaciones culturales pasó desde Dinamarca, el norte de Alemania y Escandinavia, hasta Francia y el Vaticano, y en este sentido no hay duda de que hubiese sido mejor incluso un triunfo vikingo. Los normandos importaron, además, una servidumbre feudal de tipo cristiano (que tenía sentido en lugares donde los germanos constituían una aristocracia minoritaria, pero no en Inglaterra, donde la mayor parte de la población era de origen germánico), barriendo con el antiguo derecho sajón, tan odiado por la Iglesia, y que sólo permaneció en el condado de Kent, que había sido el lugar donde desembarcaron los primeros anglosajones (concretamente los jutos, procedentes de Dinamarca) en el Siglo V, y donde la tradición germánica anglosajona era acaso más fuerte y estaba más arraigada. Sin embargo, los normandos aportaron indudablemente innovaciones beneficiosas: grandes castillos de piedra con fosos y el espíritu de la nueva caballería.
Los anglosajones, en cualquier caso, no se iban a resignar con aquella situación, y muchos de sus aristócratas, encabezando a su pueblo, tomaron parte en una resistencia oculta contra la invasión “normanda”, que no era sino una invasión francesa. La misma leyenda de Robin Hood se refiere a la pugna entre anglosajones y normandos, en la que una männerbund anglosajona, encabezada por un noble sajón, se retira al bosque y lleva al cabo “guerra de guerrillas” contra la ocupación.
La expansión vikinga fue tan inmensa, en fin, que incluso se han encontrado estatuillas de Buda en tumbas escandinavas. No sin razones bien fundamentadas, algunos autores, como el francés Jacques de Mahieu, han colocado a los vikingos en la base de aristocracias de lugares tan distantes como Perú y Méjico, y de ahí extraños casos como Quetzalcoatl, Kukulkán, Ullman o Viracocha, dioses precolombinos con rasgos europeos (como la barba, la piel blanca, el pelo claro o los ojos azules).
De las nacionalidades escandinavas, los noruegos tendieron a explorar Islandia, Groenlandia y América, los daneses se concentraron en Inglaterra, Escocia, Alemania, Francia e Irlanda, y los suecos se dedicaron sobretodo a sus aventuras en el Este, incluyendo Finlandia, Rusia, las guerras contra los khazares y los tártaros, y sus hazañas en el mundo islámico y bizantino.
Ahora bien, los no-vikingos consideraban a los bersekers como la máxima expresión de esta ira del Norte que se extendía como la pólvora por Europa. La misma imagen arquetípica del vikingo sanguinario que combate semidesnudo y mata indiscriminadamente, se corresponde más con el berseker que con el guerrero vikingo corriente. La fama y el prestigio de los bersekers en el Norte eran enormes. Fueron guardaespaldas en numerosísimas cortes reales, entre ellas la del rey Harald “Bellos Cabellos” de Noruega. El rey Hrolf Kaki de Dinamarca envió a sus doce bersekers a Adils de Suecia para ayudarle en su guerra contra Ali de Noruega. Tras las campañas militares vikingas, cuando se hacía recuento de bajas, los capitanes militares ni se molestaban en contar a los bersekers, pues se daba por hecho que eran invencibles tras proferir hechizos que los hacían invulnerables al hierro y al fuego, o que eran capaces de inutilizar las armas del enemigo con la mirada.
Tal fama llegó a Oriente, de tal modo que el emperador Constantino de Bizancio —hombre poderoso con numerosos medios, y que quería lo mejor— hizo contratar una guardia personal selecta que se componía exclusivamente de bersekers suecos. Fueron conocidos como la “guardia varega”. (Con el tiempo, la guardia se llenaría tanto de guerreros anglosajones que pasaría a ser conocida como “guardia inglesa”). Según escribió Constantino, estos hombres realizaban en ocasiones la “danza gótica”, ataviados con pieles de animales y máscaras totémicas.
La guardia varega, conocida como pelekiphoroi phrouroi (“guardianes armados con hachas”) se destacó gloriosamente en Constantinopla (Miklagard para los escandinavos).
Y es que el paganismo escandinavo conservaba un sano chamanismo, profundamente relacionado con la Naturaleza y con Asgard, el cielo de los dioses. Según la mitología germánica, los bersekers caídos formaban en el Valhala la guardia de honor de Odín, por lo que en su vida terrenal procuraban reflejar y “entrenar” esa vocación protegiendo a numerosos reyes cuya figura de poder era asociada a Odín.
Guardia-Varega
La guardia varega se hizo famosa en una serie de campañas contra los musulmanes, en una de las cuales los varegos arrasaron nada más y nada menos que 80 ciudades. En cada ejército vikingo, los bersekers formaban un grupo de doce hombres. Los demás guerreros les tenían un gran respeto y temor, y procuraban mantenerse bien alejados de ellos, pues los veían como hombres peligrosos, inestables e impredecibles. Los mismos bersekers se mantenían separados del resto del ejército correspondiente, cultivando el “pathos de la distancia”.
EL OCASO DE LOS BERSERKERS
Los bersekers, igual que todo el paganismo, acabaron cayendo en la decadencia. En un momento dado, seguramente con el advenimiento del cristianismo, el liderazgo religioso esotérico de Escandinavia recibió el toque de gracia, desapareció y se sumergió. Toda la religiosidad germánica y sus tradiciones externas quedaron, pues, sin impulso ni dirección, divididas y débiles, funcionando por inercia.
Se procura desde entonces distinguir entre dos tipos de bersekers: el berseker heroico, bravo, valiente y leal guerrero de élite al servicio de un gran rey; y el berseker decadente, bandido errante, dado al robo, al pillaje, a los asesinatos indiscriminados y a las violaciones. Esta figura más tardía se corresponde con bandas de delincuentes de Escandinavia, y sus signos denotan lo que ocurre cuando los impulsos masculinos —que tienen su origen en el lado oscuro y tienden, en principio, a la destrucción— caen fuera del control que otorga la disciplina, el ascetismo y la voluntad. A este tipo de “bersekers” se les describía como terriblemente feos, con rasgos deformes, de una sola ceja, de ojos oscuros y de cabellos negros, teniendo tendencias maníacas y psicópatas. Tales criminales, procedentes de los estratos sociales más bajos de Escandinavia, deambulaban por los poblados desafiando a duelo a los hombres humildes. Puesto que, de rechazar el duelo, serían considerados cobardes, los campesinos aceptaban por honor y amor propio, y generalmente caían muertos bajo las armas del bandido. Éste, que no era un combatiente de honor ni un soldado, se quedaba con las tierras del desafortunado, sus posesiones, su casa y su mujer. En las sagas, a menudo un guerrero noble acababa matando al impostor, liberando a la mujer y desposándose con ella.
En el Siglo XI, los duelos y los bersekers fueron colocados fuera de la ley. En 1015, el Rey Eirik I “Hacha Sangrienta” de Noruega los ilegalizó. “Gragas”, el código medieval de leyes islandesas, los condenaba asimismo al ostracismo. En el Siglo XII, estos bersekers decadentes desaparecieron. En adelante, la Iglesia cultivó la creencia de que estaban poseídos por el Diablo.
 Un caso digno de estudio: el rey Harald Hardrada de Noruega como ejemplo del mundo vikingo y de la importancia de los bersekers en las batallas
Injustamente, Harald Hardrada suele aparecer en la historia sólo como un rey noruego que falló en conquistar Inglaterra. Harald, un gigante rubio de más de 2,10 m., vivió en una época en la que los reyes escandinavos estaban puliendo las artes políticas y de la corte para estar a la altura de sus homólogos europeos, pero él seguía estando más en sintonía con los guerreros vikingos libres de siglos anteriores. A día de hoy, me parece un misterio el porqué nadie ha hecho una película sobre este hombre.
Harald Sigurdson nació en Noruega en 1015. Con 15 años participó a favor del rey Olaf II en la batalla de Stiklestad, contra el rey Canuto de Dinamarca (posteriormente también rey de Inglaterra y Noruega). En esta batalla, que coincidió con un eclipse solar, el ejército de Olaf perdió. Herido, Harald consiguió escapar de Noruega con los guerreros fieles a su linaje y, en el exilio, formar una banda de lealistas que habían escapado de Noruega tras la muerte de Olaf. Un año después, teniendo Harald 16 años, él y sus noruegos habían atravesado Finlandia y entrado en Rusia, donde sirvieron al gran príncipe Yaroslav I el Sabio como fuerzas de choque, y donde Harald fue hecho general de los ejércitos de Yaroslav.
A los dos años, el joven general vikingo estaba manteniendo una relación amorosa con Elisif (Isabel), la hija de Yaroslav. Cuando el príncipe, enfurecido, sorprendió a la pareja, Harald se vio obligado a escapar de Rusia con sus leales, según las malas lenguas, aun subiéndose los pantalones por el camino. Harald atravesó con sus hombres Ucrania y el Mar Negro y llegó a Constantinopla, la capital del Imperio Bizantino, donde se alistó en la guardia varega —una unidad mercenaria de élite compuesta exclusivamente de escandinavos. Harald se hizo famoso en todo el Mediterráneo, se ganó el sobrenombre de “devastador de Bulgaria”, triunfó en Noráfrica, Siria, Palestina, Jerusalén y Sicilia, y amasó una inmensa fortuna personal procedente del botín saqueado. Con el tiempo, Harald fue hecho jefe de la guardia varega, almirante de la flota bizantina (la más poderosa del Mediterráneo) y se le dio gran autonomía para llevar al cabo independientemente ataques contra los enemigos de Bizancio. Lejos de su Noruega natal, Harald y sus hombres se habían convertido en los niños mimados de un gran imperio mediterráneo. En su día, las crónicas bizantinas se refirieron a Harald como “hijo de un emperador varego”. Estuvo al servicio de los bizantinos hasta 1042, es decir, hasta la edad de 27 años.
A esa edad, los rumores relacionaron a la emperatriz Zoe (una arpía casada con el emperador Romano III, un anciano que no tardaría en ser asesinado), con Harald, cuando Harald estaba realmente por su sobrina, María, con quien la emperatriz le había prohibido casarse. A pesar de que Harald fue apresado en una mazmorra, pudo escapar, juntar a sus leales, raptar a María y apoderarse de un drakkar. El puerto de Constantinopla estaba protegido por una cadena que impedía el paso de embarcaciones, de modo que Harald ordenó a todo aquel que no remara a la parte de atrás de su barco, mientras los demás remaban. El barco, pues, levantó su parte frontal por efecto del peso y, cuando quienes no remaban se desplazaron a la proa, superó las cadenas con éxito.
Harald, en fin, abandonó el Imperio Bizantino con la prontitud que venía siendo habitual en sus viajes, pero envió a María de vuelta a Constantinopla. Atravesando el Mar Negro y Ucrania, pasó de nuevo por la corte de Kiev y se llevó a su antiguo amor, la hija de Yaroslav, con quien se desposó según viajaban hacia el Norte a través de Rusia.
En 1045, teniendo 30 años, apoyado por sus curtidos leales, su propia veteranía político-militar, sus impresionantes riquezas y por su amplia red de contactos, Harald reconquistó el trono de Noruega como Harald III Sigurdson, reinando durante 20 años y ganándose el apodo de Hardrada (“soberano duro”). Sin embargo, parece que toda esta vida de grandes gestas no había llenado al vikingo lo suficiente. En 1066, Harald puso su punto de mira sobre Inglaterra, esa tierra que había sido el destino de numerosas migraciones nórdicas desde el Siglo V. Harald reclamó el trono inglés aprovechando que había existido en el pasado un reino danés-inglés-noruego, y reunió 300 drakkars para enfrentarse a las tropas anglosajonas del rey Harold. Fue en este marco que tuvo lugar la batalla del puente de Stamford, en el norte de Inglaterra.
Precisamente en dicha batalla tuvo un destacado papel un berseker gigante, a cuyo lado el mismo Harald (que medía más de dos metros) parecía un enano. Este enorme berseker noruego defendió el puente durante una hora, matando a todo el que se le acercaba, y sin sucumbir ante las flechas. Un guerrero anglosajón pudo meterse debajo del puente bajando el río dentro de un barril, y a través de una grieta entre las tablas, atravesó con una lanza al gigante. Eso abrió las puertas a los anglosajones, pero la resistencia del héroe había dado tiempo a que sus compatriotas (que habían sido tomados por sorpresa) organizasen una línea de escudos que a los anglosajones les costó Dios y ayuda romper. Harald murió con la garganta atravesada por una flecha. Cuando uno de sus hombres le preguntó si estaba gravemente herido, contestó “sólo es una pequeña flecha, pero está haciendo su trabajo”. Tenía 51 años.
Solo el 10% de los soldados noruegos sobrevivió a la batalla del puente de Stamford. Los anglosajones permitieron a los últimos vikingos zarpar en los drakkars y volver a su Noruega. Generalmente, el año de la muerte de Harald en 1066 coincide con el advenimiento del cristianismo en el Norte, y se considera la fecha del fin de la “era vikinga”.
 OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Una wolfsangel, emblema de los werwolf procedente del paganismo germánico.
EL GERMANISMO Y EL ADVENIMIENTO DEL RAGNAROK
Según el concepto de los antiguos paganos germanos, la tormenta final, en el vértice del Ragnarok, será una cacería contra las fuerzas del mal. Odín, blandiendo su lanza y cabalgando su caballo de ocho patas, descenderá sobre la Tierra. Thor, esgrimiendo su martillo de guerra y montado sobre su carro tirado por machos cabríos, aparecerá en el cielo rugiendo furioso y rodeado de rayos, causando un estruendo avasallador. La Wildes Heer (horda furiosa), el Oskorei(ejército del trueno), el ejército de los caídos, arrollará a los enemigos de los dioses, haciendo retumbar el suelo con los cascos de sus caballos y el aire con sus gritos de batalla. Las sombrías valkirias cabalgarán serenamente, prestando atención al desarrollo de las batallas para elegir a los nuevos caídos. Los cuervos de Odín, sus lobos y todo tipo de seres sobrenaturales, proliferarán en el grueso de la tormenta hechicera, haciendo temblar a las fuerzas de la esclavitud materialista, estremeciendo angustiosamente las almas de los enemigos de los dioses, y derrumbando ominosamente los muros que separan a la Tierra del Más Allá.
* * * * * * * * *
El cristianismo —y éste fue su mayor mérito— subyugó hasta cierto punto el brutal ardor guerrero de los germanos, pero no pudo quebrarlo del todo, y cuando la Cruz, ese talismán restringente, caiga en pedazos, entonces se liberará de nuevo la ferocidad de los antiguos combatientes, la frenética furia berserker de la que los poetas nórdicos han dicho y cantado tanto. El talismán se ha podrido, y llegará el día en que se derrumbará penosamente en el polvo. Los viejos dioses de piedra entonces se levantarán de las ruinas olvidadas, y limpiarán de sus ojos el polvo de siglos, y Thor, con su martillo gigante, surgirá de nuevo. Cuando oigáis el pisar de las botas y el chocar de las armas, hijos de sus vecinos, estad en guardia… tal vez se descargue contra vosotros.
No sonriáis ante la fantasía de aquel que prevé en el campo de la realidad el mismo estallido de revolución que ha tenido lugar en la región del intelecto. El pensamiento precede a la hazaña como el rayo al trueno. El trueno alemán es de auténtico carácter germánico: no es muy ágil, sino que retumba un tanto lentamente. Pero llegará, y cuando oigáis choques tales como la historia del mundo jamás ha visto, entonces sabréis que al fin el rayo germánico ha caído.
Con esta conmoción, las águilas caerán muertas del cielo, y hasta los leones de las más lejanas llanuras de África morderán sus colas y se arrastrarán a sus guaridas reales. Tendrá lugar en Alemania un drama comparado con el cual la revolución francesa parecerá un inocente idilio. En el presente todo está silencioso, y aunque aquí y allá algunos hombres crean agitación, no imaginéis que estos serán los verdaderos actores en la obra. Sólo hay perritos persiguiéndose alrededor de la arena… hasta la hora señalada en que la tropa de gladiadores aparecerá para luchar a vida o muerte. Y la hora llegará.
Heinrich Heine (alias Chaim Bückeburg), 1834.
NOTAS
[1] Las tres palabras delatan su procedencia de la raíz de la runa Man, la runa de la Minne (memoria, amor superior), de la virilidad y de la vida.
[2] También está relacionada con las míticas civilizaciones sobrehumanas (gigantes, titanes, Atlántida, atlantes, Tuatas de Danan).
[3] “Iniciación, ritos, sociedades”.
[4] El grupo de doce hombres (más el líder o protegido, el treceavo) es una constante, no sólo en las mitologías arias, sino en la vida cotidiana de los germanos, y representa al círculo selecto. Doce eran los hombres que normalmente se requerían para llevar al cabo una misión sagrada. Doce eran los representantes del Thing (Consejo) entre los pueblos nórdicos. Doce eran los testigos jurados que se presentaban en ciertos casos de justicia. Doce eran los representantes de entre un grupo numeroso que eran invitados a una fiesta. Y, como todos sabemos, doce eran los apóstoles del plagio judío de Cristo, doce eran los caballeros selectos de la mesa redonda artúrica, y doce eran los altos mandos SS que se reunían entorno a una mesa redonda en el castillo de Wewelsburg, así como doce son los rayos que parten del punto central en el símbolo arquetípico del sol negro.
[5] El echar espuma por la boca puede estar relacionado con la rabia que posee al luchador fanático transformado en batalla. Curiosamente, durante ciertos combates en plena Guerra Civil española, muchos miembros de la Legión Española, visiblemente fanatizados y alterados por la brutalidad de los combates y por su propio adoctrinamiento pseudo-místico, echaban espuma por la boca.
[6] También los posteriores almogávares de la Corona de Aragón tenían esa costumbre.[7] “Germania”.
[9] También lo son el león, el carnero, el macho cabrío o el toro. El oso tiene la particularidad de poder ponerse en pie y erguir así su médula espinal. Con ello, pasa de la horizontalidad a la verticalidad, apuntando su espina dorsal al cielo, y simbolizando el tránsito del lado material (horizontalidad, tierra) al espiritual (verticalidad, cielo) a voluntad. El lobo tiene la particularidad de que, además de constituir una manada firmemente unida y jerarquizada, puede desenvolverse solo, y de que durante el Invierno no hiberna, sino que permanece activo y depredador.
[10] “Iniciación, ritos, sociedades”.
[11] El nombre danés del rey era Gang Hrolf, o “Ralf el Caminante”, pues se decía que era demasiado grande para que un caballo pudiese transportar su peso.
E.S.

La imagen de la «mujer bárbara»

 mujerPara los senadores y magistrados romanos los bárbaros son los pueblos exteriores al territorio romano, con los que Roma va entrando en contacto en su progresiva expansión en el Mediterráneo occidental y oriental, y que son por naturaleza los enemigos de Roma. Estos pueblos tenían un derecho público y privado diferente del derecho romano, que era considerado a toda luz superior al de estas gentes bárbaras. En época republicana, erigiéndose Roma como defensora del mundo griego frente a estos pueblos incivilizados, el bárbaro es aquél que habita fuera del territorio de las ciudades, de las que son enemigos potenciales.

La extraordinaria expansión territorial emprendida por el Imperio romano provocó que nuevos pueblos bárbaros o extranjeros fueran entrando en la órbita del mundo conocido por la civilización romana. Éste fue también el caso de los habitantes de Germania prerromana, quienes se dieron a conocer principalmente a través de sus guerras contra el ejército romano. El historiador romano Tácito en su Germania, y el geógrafo griego Estrabón en el libro VII de su Geografía, hacen una descripción de las costumbres, forma de vida, organización y creencias de los pueblos germanos, las cuales se remontarían, con ciertas reservas, a la etapa inmediatamente anterior al contacto entre el mundo romano y el germano, es decir, al período prerromano.

Un punto de partida ineludible es considerar que tal descripción, independientemente de cuáles sean las fuentes de información de cada uno de nuestros autores, se hace desde el punto de vista de observadores grecorromanos varones, cuya obra pertenece a la tradición etnográfica griega al servicio de los propósitos políticos romanos. Por ello la situación y forma de vida de la mujer germana prerromana que se revela en las visiones de Estrabón y Tácito no está exenta de los tópicos característicos del género, tendentes a enfatizar la diferencia clara entre el salvajismo y la civilización: precariedad de recursos, entorno natural remoto, poco accesible y de gran dureza, escasa presencia de leyes y derecho, indisciplina y belicosidad, comportamiento regido por las necesidades físicas más perentorias y el instinto animal de libertad y supervivencia. Todo ello justifica la civilizadora conquista de Roma, cuya necesidad se hace evidente a través de la detallada descripción de «lo bárbaro» expuesta en las narraciones de las fuentes grecorromanas.

En consecuencia, los datos relativos a la mujer bárbara en las fuentes literarias grecorromanas son escasos, y aparecen especialmente cuando sus acciones chocan con el concepto tradicional grecorromano de la posición de la mujer en la familia y en la sociedad, o bien, en la línea del «buen salvaje», tomando su comportamiento como modelo de los valores morales tradicionales romanos, o como pretexto para exaltar las virtudes romanas y la clemencia del conquistador.

Así, no están exentas de cierto retoricismo, aunque puedan corresponder a la realidad, las afirmaciones vehementes de Tácito y Estrabón sobre el extraordinario desarrollo físico de la mujer germana, en consonancia con la constitución vigorosa de los varones de este pueblo. Se trataba de mujeres robustas, de pelo rubio, más claro incluso que el de sus vecinos galos, y de ojos azules. Esta fortaleza física facilitaba a la mujer germana la supervivencia en un entorno geográfico duro y difícil. Los detalles de su indumentaria, adaptada a este medio físico, nos los proporciona Tácito, quien constata el uso de pieles y tejidos de lana, y sobre todo de mantos de lino adornados con franjas de púrpura. Tampoco dejaban a un lado estas mujeres el gusto por las joyas y el adorno personal.

Por tanto, el entorno doméstico de la mujer prerromana germana se nos revela duro, carente de comodidades y refinamientos. Es evidente que la actividad de estas mujeres se centraba, en primer lugar, en torno a aquellas responsabilidades que en la supervivencia de una comunidad recaen ancestrálmente en manos femeninas, como son la preparación de los alimentos, el mantenimiento del hogar y el cuidado de los hijos, siendo la meta fundamental de su vida la maternidad y la perpetuación del grupo. Las mujeres se encargarían así de una serie de actividades artesanales con las que contribuían al abastecimiento de la comunidad y la familia, como la fabricación de ciertas bebidas naturales, y la preparación de productos derivados de la ganadería, como quesos, pieles o cueros. El hilado y el tejido tuvieron su puesto en las actividades domésticas de las mujeres germanas, sobre todo el de la lana, que sería la materia prima fundamental de sus prendas de vestir, como ocurría en otros pueblos prerromanos cuya forma de vida describe Estrabón en Gallia e Hispania, y también conocían, como hemos visto, el tejido y el teñido del lino.

Estrabón enfatiza el «barbarismo» de la vida de la mujer germana al afirmar que su hábitat doméstico lo constituían pequeñas cabañas de carácter temporal, ya que seguía con su gente una vida nómada, en la que se desplazaban junto con sus ganados, cargando todos sus enseres y pertenencias en carros. De nuevo la pobreza de recursos del entorno geográfico y la escasa importancia que el cultivo de la tierra y el almacenamiento de alimentos tenían entre estas sociedades serían para este autor la explicación de esta vida nómada. En cambio, la narración que hace Tácito de las costumbres germanas revela que una de las características principales que distinguen a estos pueblos frente a sus vecinos sármatas es que éstos últimos son nómadas, mientras que los germanos tenían viviendas fijas. Por tanto, la vida de la mujer germana se desarrollaría en un hábitat ciertamente estable, lo que no eliminaría la posibilidad de desplazamientos ocasionales, motivados, quizá, por la necesidad de buscar nuevos pastos y alimento para el ganado, ya que de él obtenían los pueblos germanos la mayor parte de su sustento, o bien de elegir tierras más fértiles.

La afirmación de Estrabón de que los pueblos germanos no cultivaban la tierra ni almacenaban los alimentos obedece sin duda al tópico de la precariedad del modo de vida bárbaro. La agricultura, poco favorecida además por las limitaciones del suelo y del clima, no era la principal actividad económica de los pueblos germanos, siendo este papel ocupado por la ganadería, que constituía para estos pueblos su principal riqueza. Pero aunque no gozara de especial protagonismo, el cultivo de la tierra existía en la sociedad germana, y Tácito se hace eco de ello y de la costumbre de guardar los productos del campo cultivado y de la recolección de frutos en lugares protegidos, a salvo de la rapiña del enemigo.

Acerca del reparto de papeles y actividades entre los sexos en la sociedad germana, la descripción de Estrabón revela que el cuidado del ganado y la dirección y desarrollo de la guerra eran actividades reservadas a los varones. Estrabón va más allá, al establecer un paralelismo entre las costumbres y forma de vida de los Celti (galos) y los Germani, afirmando que es entre éstos últimos en donde se pueden encontrar en estado puro las primitivas costumbres galas, que este pueblo perdió al absorber la cultura y forma de vida romanas. Estrabón afirma del pueblo galo que los trabajos entre hombres y mujeres se distribuyen de manera inversa que entre los romanos, lo que es común, además, a otros pueblos bárbaros.

Para un observador perteneciente a la civilización romana, este reparto inverso de papeles entre hombres y mujeres implicaba que la mujer desempeñaba otras tareas al margen del hogar y aparte de las propiamente femeninas, especialmente algún trabajo que en la sociedad romana estaba reservado a los hombres. Tácito nos da la pista de cuál podía ser este reparto inverso de papeles entre los sexos en la sociedad germana prerromana. Era ésta una sociedad muy belicosa, de manera que la principal actividad de los varones, o de un grupo importante de ellos, era la guerra y el pillaje, que por otro lado constituían también una fuente importante de ingresos para la comunidad. El varón germano se consideraba fundamentalmente un guerrero, y ésta era la ocupación más prestigiosa para los hombres. Las mujeres se encargaban del cuidado de la casa, pero también del cultivo del campo y de la recolección de frutos, trabajos que no eran propios de un guerrero, y que por tanto debían realizar aquéllos que eran débiles para luchar en el combate. Se trataba, por otro lado, de una agricultura fundamentalmente cerealística, de escasos rendimientos y de técnicas rudimentarias, que podía llevarse adelante únicamente con la fuerza femenina, al menos antes de un proceso de mejoras técnicas que se aceleró con la llegada de los romanos. En definitiva, existía en la sociedad germana prerromana un delicado equilibrio de responsabilidades y actividades entre hombres y mujeres. Este equilibrio garantizaba la pervivencia de la comunidad, y en él las mujeres gozaban de un notable peso económico, al menos aquéllas relacionadas con varones cuya principal ocupación era la guerra.

Esta situación es muy similar a la que Estrabón describe con respecto a la forma de vida de las mujeres de los pueblos prerromanos de la franja norte de la península Ibérica. Entre estos pueblos las mujeres se encargaban del cultivo de la tierra y de una rudimentaria minería, lo que, unido a sus actividades artesanales para abastecer a la familia, les otorgaba un indudable peso económico en la vida de la comunidad. Al mismo tiempo, esto permitía a los varones dedicar todas sus energías a las expediciones belicosas y a la guerra. Esta importancia de las actividades femeninas para la supervivencia del grupo era la base que sustentaba una cierta preeminencia del papel de la mujer en las sociedades norteñas, hecho que Estrabón califica como matriarcado, y que parece corresponder más bien a una serie de estructuras matrilineales y matrilocales que conviven con la clara existencia en estas sociedades de una autoridad masculina.

El reparto de actividades entre los sexos dotaba a la mujer germana de un cierto protagonismo, que se traducía en la existencia de una serie de rasgos característicos de antiguas estructuras matrilineales. De hecho conocemos que los maridos dotaban a su futura esposa y que al mismo tiempo ella también aporta ciertos bienes al matrimonio, práctica que Estrabón registra igualmente en los pueblos de la franja norte de Hispania, así como la consideración de que gozaba, por parte de los hijos, la figura del hermano de la madre, es decir, del tío materno o avunculus. Sin embargo, hemos de considerar que estas descripciones etnográficas juzgan aquellas estructuras sociales, familiares y organizativas, que son extrañas a la mentalidad grecorromana de los narradores, de una forma muy superficial, guiándose éstos primordialmente por la preocupación de dejar clara su extravagancia frente al concepto romano de la familia y el matrimonio.

Sin embargo, la mujer en la sociedad germana prerromana pudo disfrutar de una consideración especial, cuyas formas concretas son difíciles de precisar, y que se refleja igualmente en la especial vinculación que existía entre ellas y el ámbito de lo sagrado. Los germanos consideraban a las mujeres dotadas de notables capacidades para lo mágico-religioso, y en este marco su consejo era valorado y estimado. Esta influencia de la mujer en el mundo de las creencias del pueblo germano se articulaba a través de un sacerdocio femenino con facultades adivinatorias, dentro del cual algunas mujeres fueron objeto de especial veneración. Este sacerdocio femenino, posiblemente jerarquizado en función de la edad, era ocupado por mujeres ancianas, o bien en algunos casos muchachas núbiles, que llevaban como distintivos el color blanco de su ropa, la desnudez de sus pies y el uso de cinturones de bronce, prácticas, especialmente las dos últimas, de claro sentido mágico-religioso, y que constatamos también entre los pueblos prerromanos del centro y norte de Hispania, así como la costumbre de utilizar el criterio de la edad para establecer una jerarquía entre los miembros de la comunidad.

Por otro lado, estas mujeres eran también las guardianas de la memoria histórica y de las tradiciones guerreras de su pueblo, que se transmitían de generación en generación contenidas en antiguos versos y canciones de guerra. Así, las prácticas adivinatorias de las sacerdotisas, considerablemente sangrientas, toman su sentido en la necesidad de profetizar el triunfo de su gente en la batalla, cuestión fundamental para una sociedad eminentemente guerrera. Incluso estas sacerdotisas podían estar presentes en los combates, demostrando una doble vinculación de la mujer con dos mundos, a su vez muy ligados entre sí, que son el de la guerra y el de lo mágico-sagrado.

También entre los pueblos prerromanos de la franja central peninsular se constata la existencia de mujeres con facultades oraculares o proféticas, en ocasiones muchachas muy jóvenes, así como el papel de excepción que desempeñaban las madres como depositarias y transmisoras de las hazañas de los antepasados, que enseñaban a sus hijos en forma de canciones que entonaban en la batalla. Ahora bien, este sacerdocio femenino germano hacia finales del siglo I dC estaba siendo sustituido en sus poderes por un sacerdocio masculino. Este hecho concuerda con la imagen de una sociedad cuyas antiguas estructuras matrilineales, hacia el cambio de era, convivían con un pujante poder político, militar, económico y religioso masculino, y un patrilinealismo cada vez más nítidamente imperante.

En cuanto a la participación de las mujeres germanas en la guerra, Estrabón y Tácito insisten en lo que consideran actitudes no usuales, ajenas a la mentalidad romana sobre la mujer, y en rasgos típicos de la imagen del bárbaro, como son el carácter aguerrido de las mujeres y su apasionado amor por la libertad, con los que enfatizan aún más el barbarismo de estas gentes. Por ello, señalan ciertas actitudes sorprendentes, como que las mujeres acompañaban a los hombres a sus expediciones, que permanecían cerca de ellos en la batalla, junto con los niños, aunque no aparecen tomando las armas directamente, a diferencia de lo que ocurría en los pueblos prerromanos de la mitad norte de la península Ibérica, sino que ofrecen apoyo moral a los combatientes, animándoles en la lucha, y cuidando y honrando sus heridas.

Ahora bien, la mujer también era una víctima de la guerra, y podía ser asesina- da, o bien hecha prisionera si tenía algún valor para el vencedor, como aquellas mujeres que pertenecían a las élites aristocráticas. Los varones de las élites dirigentes de las estructuras germanas tenían en sus manos el prestigio social y el poder político y militar, junto con una preeminencia económica cada vez más clara. Las mujeres que pertenecían a estos grupos privilegiados compartían el rango, poder y prestigio de sus familiares varones, padre, hermano o marido. Este hecho era el que confería a estas mujeres germanas un valor como rehenes, y por ello los romanos tomaban como prisioneros de guerra no sólo a los varones destacados, sino también a estas mujeres notables. Las fuentes romanas reflejan en Germania el mismo rechazo por parte de los indígenas ante esta política de rehenes, aun- que, según la propaganda romana, el trato correcto de los conquistadores a estas mujeres les valió la alianza con sus padres y esposos. Este rechazo al cautiverio existía también entre las mujeres de los pueblos prerromanos de la mitad norte de Hispania.

Aunque también se tenía en cuenta el mérito personal como guerrero, la pertenencia a estas élites dependía en buen grado del nacimiento. Por ello dentro de su grupo la mujer germana prerromana cumplía un papel como transmisora del linaje y del patrimonio, que heredaban los hijos. Esto explica, en primer lugar, el que los matrimonios endogámicos fueran frecuentes, bien entre familias de un mismo pueblo o entre las élites de distintos pueblos germanos, ya que así se conservaba el poder dentro de un reducido grupo de familias. Aunque el matrimonio entre los germanos era monógamo, parece que los jefes practicaban la poligamia, la cual se explicaría probablemente por su necesidad de usar la unión con princesas de otros pueblos como alianza política.

En consecuencia, las descripciones de los germanos que nos brindan Tácito y Estrabón no escapan a los tópicos y rasgos retóricos característicos de la tradición etnográfica griega, que se centran en el contraste entre la civilización, que representa Roma, y la barbarie, así como en la presencia de cierto tono moralizador, especialmente en Tácito, con una exaltación de los ideales de la «vida salvaje», y que ofrece convencionalismos literarios como el amor a la libertad y el carácter indo- mable de estos pueblos. Igualmente, los narradores grecorromanos utilizan la imagen femenina para fines políticos y propagandísticos, de manera que la visión que obtenemos a menudo es sospechosamente generalizadora y superficial. Pero ello no impide que en su perspectiva la mujer germana aparezca como un elemento vivo y activo, preparada para vivir y para morir, exigiéndosele un valor no inferior al de los varones de su familia y su comunidad, tanto en la paz como en la guerra. Estas mujeres demuestran participar activamente en su entorno social, contribuyendo a la supervivencia de su pueblo y compartiendo con los varones el poder y prestigio de su grupo familiar, para el que actúa como transmisora del linaje. A pesar de la vaguedad de los datos al respecto, parece que el reparto de actividades entre los sexos en la sociedad germana permitía a la mujer un cierto protagonismo que se traducía no sólo en la probable supervivencia de una serie de rasgos propios de estructuras matrilineales, sino también en una participación femenina especialmente destacada en dos aspectos fundamentales en la vida de una comunidad, como son el mundo de las creencias y la guerra, ambos estrechamente unidos a la esencia íntima de un pueblo y su capacidad de supervivencia.

 Henar G. F.

¿Vino Odín del este?

Odín es una de las figuras más enigmáticas del panteón germánico  Odin-Wotan es la figura dominante, especialmente en tiempos de las migraciones germánicas, que se desarrolla  hasta alcanzar su plenitud en la temprana época vikinga. El vagabundo inquieto y buscador de la verdad, el dios de la tormenta oscura y  la magia representa un gran contraste con los dioses brillantes de la Edad de Bronce nórdica. Acerca de su origen y desarrollo tenemos opiniones encontradas. ¿Volvió al norte después desde las estepas del sur de Rusia y Escitia? ¿Fueron los godos y los germanos orientales quienes transmitieron al resto del mundo germánico la imagen de este Dios único? Nos ha llegado noticias de un Odín “histórico”, legendario que habitó las estepas entre los mares Caspio y Negro, en el río Volga ¿No podría ser un recuerdo de esa asimilación?

La erudita y académica Britta Verhagen, examina en este libro los conocimientos actuales de la figura de Odín  y su lugar como Dios más importante de los germanos desde mediados del último milenio antes de Cristo. Un acercamiento a la cara más chamánica del Dios supremo, pero con la diferencia que su chamanismo vendría más influenciado de los pueblos Escitas, Sármatas y alanos que de los Fineses.

Odin kamm

Aunque originariamente el término chamán surge del estudio del chamanismo siberiano moderno, su alcance es mucho más universal. Los chamanes son individuos aquienes socialmente se les reconoce capacidades especiales para entrar en contacto conseres espirituales y controlar las fuerzas sobrenaturales. Todo el complejo chamanistaincluye alguna forma de experiencia de trance durante el cual se aumentan los poderesdel chamán. La forma más frecuente de trance chamánico es la posesión,la invasión de su cuerpo por un dios o espíritu. Mientras está en trance el chamán puede actuar como médium, trasmitiendo mensajes de los antepasados. Con la ayuda de los espíritusamistosos, los chamanes predicen acontecimientos futuros, descubren objetos perdidos, identifican la causa de la enfermedad, prescriben curas y dan consejos sobre cómoprotegerse de las intenciones malvadas de los enemigos.
La patria de los escitas era la estepa ucraniana, más o menos entre la desembocadura de los ríos Danubio y Don. No eran los únicos, desde luego, y estaban además rodeados por pueblos muy distintos como tracios, eslavos y, al nordeste, fino-ugrios. La Escitia en sí, dividida en múltiples tribus, se distinguía también por la creación de sistemas económicos distintos: al oeste del Dnieper, agricultores sobre todo. Al este del mismo río, nómadas fundamentalmente y, entre ellos, la tribu reconocida como cabeza y autoridad suprema: los escitas reales.
indoeuropeos migraciones
Todas las tribus de la Escitia tenían su propio rey, señor absoluto y sin rival. Pero todos obedecían a su vez al rey de la tribu real. Creían en dioses distintos, uno al menos de la guerra, en forma de espada, al que sacrificaban caballos, carneros y prisioneros de guerra. Pero, como sugiere M. Eliade, conservaban prácticas chamánicas, pues sólo así debe entenderse el ritual descrito por Heródoto (IV, 73) -que lo confundió con una especie de diversión ligada a una droga-, consistente en arrojar granos de cáñamo sobre piedras calientes, aspirando luego los vapores.
No deja de ser maravilloso que, en 1924, en las tumbas del lejano Zyryk, en el Altai, se descubrieran calderos con piedras y granos de cáñamo preparados para un ritual de inhalación en el otro mundo que, evidentemente, no tuvo lugar