Örlog, El dios del destino

Esa es la verdadera fuerza espiritual de los indoeuropeos – y está atestiguado por la poesía de nuestros pueblos, y sobre todo por sus tragedias: El sentir una profunda alegría en el cumplimiento del Destino – en la tensión entre la limitación del hombre y la ilimitación de los dioses.

Nietzsche una vez llamó a esta alegría amor fati. Particularmente los hombres más elevados espiritualmente entre los pueblos indoeuropeos sienten -en medio de los golpes del destino- que la deidad les ha asignado un gran destino en el que deben probarse a sí mismos. Goethe, en una carta a la condesa Auguste zu Stolberg del 17 de julio de 1777, expresa un verdadero pensamiento indoeuropeo, cuando escribe:

Los dioses eternos lo dan todo
Totalmente a sus favoritos,
Todas las alegrías y
Todos los dolores por toda la eternidad –
Completamente y totalmente.

Nunca este gozo indoeuropeo en el destino se convierte en una aceptación del destino, en fatalismo. Ante la certeza de la muerte, el indoeuropeo sigue siendo consciente de que su naturaleza heredada es la del guerrero. Esto se expresa en el Bhagavad Gita indio (XI, 38) por el dios Krishna, cuando él dice a Arjuna: La alegría y el dolor, la ganancia y la pérdida, la victoria y la derrota, piensan en estas cosas y se arman para la batalla, no te eches la culpa a ti mismo “. Y más tarde el dios caracteriza aún más claramente la naturaleza indoeuropea, cuando él (XVIII, 59) dice: “Cuando tú. . . Pienses: “No voy a pelear”, entonces tus pensamientos serán vanos, tu naturaleza aristocrática te llevará a ella “.

Esta es la visión indoeuropea del destino, la alegría indoeuropea en el destino. Para los indoeuropeos la esperanza en la vida y la creencia en el Honor como pilar central de nuestras vidas es tan potente y atronadora que estallaríamos en pedazos, si tuviéramos que plegarnos a la idea de un Dios redentor.

Las ideas que de la redención y de los redentores han tenido, los pueblos indoeuropeos, sólo han sido capaces de extenderse en los últimos períodos y luego usualmente sólo entre las subestructuras indoeuropeizadas. Cuando se quiere aplicar un concepto como la redención a la naturaleza original de la indoeuropea, se puede hablar a lo sumo de una auto-redención, pero nunca de una redención a través de un Dios-hombre, un Semi-Dios o un Dios pleno. Pero la auto-redención indoeuropea debe ser descrita más correctamente como auto-liberación, como la liberación del alma moralmente auto-purificadora, hundiéndose en su propio terreno del ser, una liberación en lo intemporal y lo espacial y la liberación de la necesidad de la existencia y la necesidad del ser. Tal liberación de sí mismo, lograda mediante la superación de los deseos del yo (Pali: kilesa = nibbana o tanhakkhaya, la apatheia de los estoicos) fue enseñada por el hijo del príncipe indio, Siddhartha, el Sabio con “los ojos del color del florecimiento del lino”,  que después fue llamado Buda, el Iluminado.

Tal liberación del tiempo y el espacio se experimenta en el mundo conceptual indoeuropeo por el místico como el Nirvana durante la vida (Pali: samditthika nibbana), como la separación o soledad del alma individual que se hunde en sí misma, que experimenta en su fondo más profundo su integración en el alma universal o parte de ella. Por lo tanto, el misticismo de Occidente no puede confundirse con una redención.

Porque el destino significaba tanto a la religiosidad indoeuropea, encontramos muchos nombres para ello en sus idiomas: la moira de los helenos corresponde al fatum de los romanos, el ananke y heimarmene de los helenos a la necessitas y fatalitas de los romanos. Los germanos nombraron el destino de acuerdo con el aspecto desde el cual lo vieron, como el örlog, metod, wurd, skuld y giskapu). Con los hindúes, la idea del destino se había convertido en la idea del Karma. La idea de una migración del alma que, según su conducta moral durante la vida, invariablemente conducía a una vida mejor o peor después de la reencarnación, concepto que sin embargo era peculiar de los hindúes. La idea de un ciclo de nacimientos, según la descripción de los helenos de un Kyklos tes geneseoos, originalmente fue probablemente peculiar a todos los indoeuropeos, y también se ha demostrado que existió entre los celtas y los germanos (véase también Erik Therman: Eddan och dess Ödestragik 1938, pág. 133-134, 172).

Tal vez también se explique por la observación atenta de rasgos corporales y espirituales heredados en los clanes entre los hindúes, así como los iranios, los helenos, así como los romanos y los germanos – por la herencia, el tener que ser como uno es, es “su” destino, marcado por sus genes físicos y la hamingja de sus antepasados.

«Dios ha muerto», pero los Dioses renacen.

Ningún culto, ningún rito ha renacido, ningún templo se ha vuelto a alzar desde hace más de mil quinientos años. Por ello la noticia es tan impactante: «En España se ha levantado un templo a Thor, Odín y Frigga».

Templo de COE

Nuestros templos fueron aniquilados (los aniquiladores sólo nos han dejado gloriosas ruinas, salvo el Panteón de Roma, convertido en iglesia). Nuestros antepasados fueron perseguidos y masacrados (en proporción incomparable, por cierto, con la de los mártires cristianos). Y pese a todo, pese al exterminio más sistemático que vieron los siglos, el recuerdo de los antiguos dioses no ha dejado de impregnar de algún modo —oscuro, las más de las veces; espléndido, alguna otra— el espíritu de Europa.
Más de mil años después de que el emperador Teodosio I proclamara su abolición en el año 380 (y bastante tiempo después en la Europa nórdica), los dioses renacían en el Renacimiento. En su arte, cuando menos. Desde entonces hasta el siglo XIX, tanto la pintura como la literatura europea (valga la redundancia, pues pocas más se conocen) dejó de representar las figuras y las historias de quienes vencieron a los dioses, para hacer figurar en lienzos y libros las figuras de los dioses y mitos vencidos. Pero si lo sagrado estuvo así presente en el arte, no sucedió lo mismo con la sociedad. Ningún culto se restableció, ningún templo se reconstruyó.
¿Cómo se hubiera podido reconstruir cuando «Dios muere» y en las iglesias y catedrales ya sólo «se celebran —decía el mismo Nietzsche— los funerales por la muerte de Dios»? ¿Cómo podría haber renacido culto cívico alguno cuando la religión lleva ya unos dos milenios encerrada en la conciencia individual del creyente? Está encerrada en esa conciencia personal que nada le importaba al paganismo. Un paganismo que no establecía ningún código moral, que no juzgaba ni a los buenos ni a los malos: no era otra cosa que la simbolización través de cuyos ritos y mitos palpitaba en el corazón vivo de la sociedad el enigma de lo divino, que es tanto como decir el misterio de lo humano.
Ningún culto, ningún rito ha renacido, ningún templo se ha vuelto a alzar desde hace más de mil quinientos años. Por ello la noticia es tan impactante: «Islandia levantará un templo a Thor, Odín y Frigga», ha informado recientemente ABC y ha repercutido, con objetividad y respeto, Infocatólica: hecho, este último, que merece ser resaltado y saludado como corresponde. (¡Ah, si el actual ecumenismo hubiera estado vigente en la Iglesia primitiva! ¡Ah, si el cristianismo no hubiese pretendido ser la única religión verdadera, si hubiese aceptado convivir con los dioses de Roma y Grecia!… Otro gallo nos habría cantado, otra luminosa historia habríamos conocido.)
Así reza la noticia de Infocatólica: «En España se ha levantado un templo a Thor, Odín y Frigga». Una iniciativa inédita desde la era de los vikingos y que da muestra del auge del paganismo germánico en España. La confesión religiosa Comunidad Odinista de España-Ásatrú, que promueve la fe[1] en los dioses nórdicos , es la responsable de este templo.
Y el periódico católico, en una muestra de ejemplar ecuanimidad, añade: «En el templo se realizarán rituales de bodas y funerales, así como ritos relativos al nacimiento y a la iniciación de los adolescentes. Los neopaganos también celebrarán el ritual de sacrificio Blót, aunque ya sin matanza de animales» (algún tributo había que pagar a los modernos y animalistas tiempos…).
Y, sin embargo, con ser todo ello importante, aún hay algo que lo, es más: Han declarado: «No creemos que nadie crea en un hombre de un solo ojo que viaja en un caballo con ocho patas. Vemos las historias, contemplamos los mitos, como metáforas poéticas y como una manifestación de las fuerzas de la naturaleza y la psique humana».
La religión como una metáfora poética… Lo divino como expresión de lo que he llamado en otros sitios «el misterio instituyente del ser». Lo sagrado como expresión de algo que existe tan altamente… y tan pocamente (si a existencia material nos referimos) como existen las historias y personajes de la literatura, o las figuras de la pintura y escultura.
Sólo comprendidos así, sólo entendidos de tan alto modo —el modo del arte, el más alto modo de todo cuanto es— pueden los dioses revivir. Sólo entendido así, «puede un dios salvarnos», que decía Heidegger.
La experiencia odinista no solamente se encuentra agotada por los siglos de prohibición, sino que ni siquiera ha comenzado todavía. Se encontrará ya seguramente agotada la caricatura estético-literaria de la literatura nórdico-germánica, condicionada por el tiempo, lo estará también la reducción biológico-naturalista de algunas partes de su enseñanza. Pero el valor que nuestros antepasados ha llevado heroicamente y con el precio de un sufrimiento sin nombre, a pesar de todo su ser orgánico que se sublevaba y cedía hasta que, sin un lamento, luego de haber dado todo, se derrumbó. Este valor que se encuentra más allá de su “filosofía”, más allá de su humanidad, más allá de ella misma, idéntico a un significado cósmico, reflejo de una fuerza eónica —el hvarenô y el fuego terrible de las iniciaciones solares— este valor espera todavía ser comprendido y asumido por los contemporáneos. Ya en el mismo se encuentra la alarma, la apelación al disgusto, al despertar y a la gran lucha: aquella en la cual —tal como dijéramos— se decidirá el destino de Occidente: el de caer en un crepúsculo o el de encaminarse hacia una nueva aurora.
Liberando la doctrina politeísta germánica de su parte naturalista, reconociendo que sólo es verdadera en tanto se la comprenda como portadora de valores suprabiológicos y, querríamos decir, sobrenaturales, entonces esta doctrina para muchos puede ser una vía a través de la cual se puede arribar al gran océano, al mundo de la universalidad solar de las grandes tradiciones nórdico-germánicas, desde cuya cumbre se impone el sentido de toda la miseria, de toda la irrelevancia y de toda la insignificancia de este mundo de encadenados y de poseídos.
Los valores nórdico-paganos son valores trascendentes, que reciben su verdadero sentido sólo desde lo interno de aquella concepción completa antimoderna. Pero los mismos también podrían constituir unos principios éticos, aptos mientras tanto para formar una base para una nueva educación y para un nuevo estilo de vida, libres de la hipocresía, de la vida y de las alucinaciones de las generaciones últimas.
La experiencia pagana no es para nada una experiencia imposible y anacrónica desde cualquier punto de vista. ¿No sentimos acaso casi todos los días cómo el “paganismo” del mundo moderno es constatado y deplorado por los representantes de las religiones europeas? Este paganismo es en gran medida, es verdad, un paganismo imaginario: se trata de un mal en cuya raíz quien nos ha seguido hasta aquí sin dificultad puede reconocer a las fuerzas y a las condiciones que en su origen han alterado el mundo antiguo precristiano.
Muchos creen que vivir de forma pagana consiste en dar libertad a sus instintos, deshacerse de toda idea de pecado o examen de conciencia, comer bien, beber bien y copular mejor o, mejor dicho, un paganismo de bulevar en el cual se alude a los actos antiguos en el culto a Dionisos – Bacanales, borrachera- sin advertir que aquella era la época de decadencia del imperio griego, como también la orgiástica oriental que ya se sale de la norma. El paganismo es todo lo contrario y pone entre el hombre y el universo una relación fundamentalmente religiosa. El paganismo es una fe que reposa sobre la idea de lo sagrado, y sagrado quiere decir respeto incondicional a cualquier cosa. El paganismo no es el retorno al pasado, al origen puro, pues lo anticuado cae por sí mismo; se trata de volver a unir la historia con el hoy, unirnos a lo eterno, hacerlo refluir, volver a la escuela del mythos y de la vida. El paganismo está conforme con las leyes generales de lo viviente.

[1] Promover «la fe» en los dioses paganos es un sinsentido absoluto. La fe —esa relación personal, junto con todo lo que implica, que el creyente establece con la divinidad— es cosa exclusiva del cristianismo (o más generalmente de las tres religiones del Libro). En el culto de los antiguos dioses se desconocía lo que el cristianismo entiende por «fe». Lo único que se conocía —y, sobre todo, lo único que hoy cabe conocer— es un culto, un ritual, una simbolización. Junto con la intervención de los dioses —benefactora o nociva: pregúntenselo, si no, a aqueos y troyanos— en los asuntos humanos.

EL ESTADO GRIEGO HA RECONOCIDO FINALMENTE LA RELIGIÓN ÉTNICA HELENA COMO UNA ‘RELIGIÓN CONOCIDA’

Al igual que la Comunidad Odinista de España-Asatru, COE, que legalizó el pagismo en España en ele año 2007, otra entidad con espíritu de lucha y sacrificio,  el (YSEE),  el Consejo Supremo de Griegos Gentiles, ha hecho lo propio en Grecia, a pesar de  la férrea oposición de la Iglesia Ortodoxa; el YSEE ha conseguido en 2017 lo que COE logró en 2007.

Queda mostrado una vez mas que nuestros derechos solo pueden ser arrancados mediante luchas épicas. Nada nos dan ni nos darán, por mucho que tengamos derecho a ello legalmente.

Hoy la COMUNIDAD ODINISTA DE ESPAÑA-ASATRU, COE, está inmersa en una lucha de semejante calibre que la de los griegos. LA DECLARACIÓN DE NOTORIO ARRAIGO DEL ODINISMO-ASATRU  por parte del estado. Solo la unión de todos los esfuerzos aunados en una misma voluntad  harán posible esta victoria sin precedentes en la Europa meridional. Desde COE felicitamos a nuestros hermanos griegos y pedimos a nuestros Dioses Fuerza y Honor para llegar a cumplir nuestros objetivos.

Atenas, Grecia – El 9 de abril, el Consejo Supremo de Griegos Gentiles (YSEE), una organización religiosa que trabaja para restaurar la religión indígena de Grecia, emitió un comunicado diciendo que el politeísmo griego ha recibido el estatus legal en Grecia. Antes de esto, los paganos griegos no tenían libertades religiosas tales como la posibilidad de comprar un terreno para crear lugares de culto ni podían tener clero pagano y realizar ceremonias tales como de matrimonio.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=Ly_E6DLHYo8]

Ayer, el secretario del Consejo Supremo de Griegos Gentiles (YSEE) anunció que después de más de veinte años de lucha, el Estado griego ha reconocido finalmente la religión helénica como una ‘religión conocida’ de acuerdo con el párrafo 17 de la ley correspondiente – la única forma de reconocimiento para una religión en Grecia. El párrafo mencionado incluye el permiso para construir un templo, así como el derecho de ejercicio público de cualquier religión reconocida.

El reconocimiento de La religión helénica como una ‘religión conocida’ es sólo el primer paso hacia un reconocimiento general del helenismo. Ahora el YSEE en Atenas todavía está esperando para ser reconocido como un órgano estatutario religioso en Grecia. El Consejo Supremo de Griegos Gentiles se acercará a la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo si el estado no les deja otra opción, dijo su secretario.

A diferencia de Estados Unidos, Grecia no tiene una ley de libertad religiosa específica incorporado en su ordenamiento jurídico. En su lugar, se rige por la Organización de las formas jurídicas de las comunidades religiosas y sus organizaciones en Grecia . A partir de ahora, sólo seis religiones fuera de la fe ortodoxa griega son reconocidos como “religiones conocidas. Y, incluso aquellas prácticas que permitan alcanzar este estatus a menudo se enfrentan a una dura batalla en el ejercicio de sus derechos. Por ejemplo, los musulmanes en Atenas han luchado por más de 10 años para construir una mezquita, y hasta ahora no han tenido éxito.

 

Consejo Supremo de Griegos Gentiles

El reconocimiento de la religión griega se produjo después de que fue rechazada en 2015. De acuerdo con la YSEE, el rechazo demostró que el gobierno griego, “… aún tiene que deshacerse de sus caprichos bizantinos y medievales y […] incapaces de respetar la dignidad con su propias leyes “.

“Se ha rechazado por intermedio de su Tribunal de Primera Instancia, la moción firmada por cientos de Ethnikoi helenos para obtener el reconocimiento como una entidad pública de carácter religioso para su origen ancestral, indígena, e históricamente continua hasta nuestros días a pesar de crueles persecuciones por el cristianismo.”

YSEE se ha registrado actualmente como una organización sin ánimo de lucro y, como se explica en su página web, ha estado en la primera línea en la batalla en curso para el reconocimiento de la comunidad religiosa.

Entrevista con el Sr. Vlassis Rassias, el secretario general del Consejo Supremo de Griegos Gentiles, sobre lo que significa para los paganos helenos étnicos en Grecia y cuáles son los siguientes pasos son en el logro de la derecha religiosa en Grecia.

PREGUNTA: Si este es el primer paso hacia un reconocimiento general del helenismo, ¿cuál es el siguiente paso?

Vlassis Rassias : Este fue el reconocimiento de nuestra religión como tal, por las autoridades oficiales del Ministerio de Educación y Asuntos Religiosos griega. Para su crédito, nos dieron permiso oficial para un lugar de culto en Atenas, promoviendo así la religión étnica Helénica a la condición de “religión conocida” en Grecia, según el artículo 3 de la Constitución. El siguiente paso para nosotros es el reconocimiento de la organización oficial de la religión étnica Helénica (el Consejo Supremo de Griegos Gentiles, YSEE) como una corporación legal de carácter religioso, de acuerdo con la relativamente reciente Ley 4301/2014, algo que es hasta el momento absurdamente rechazada por los tribunales griegos, que resisten nuestro propio nombre, y más particularmente el término “étnico”, aunque las autoridades oficiales del estado ya nos han aceptado bajo nuestro título propiamente Helénica religión étnica. Tenemos una situación bastante extraña aquí, exactamente lo que nuestros antepasados llamaban “tragelafos” ( “τραγέλαφος”).

PREGUNTA: ¿Cómo se YSEE informó que la religión griega es ahora una religión conocida?

VR : Se recibió la respuesta oficial de las autoridades oficiales del Ministerio de Educación y Asuntos Religiosos, griega en respuesta a una solicitud de la nuestra, que había presentado junto con el gran número solicitado de documentos estatales, que certifica la idoneidad de nuestro lugar de culto , en cuanto a su legalidad, seguridad contra incendios, saneamiento, y tal. La respuesta mencionado anteriormente también se notificó a diversas autoridades competentes, como el Ministerio del Interior, la Oficina de Registro, y tal.

TWH: Lo que se gana por ser reconocido como un organismo de derecho público religiosa?

VR:  Estamos ahora bajo la protección de la ley, en el mismo grado que el resto de 5 – 6 religiones no cristianas que ya están clasificados como “religiones conocidas” en nuestro país. Podemos registrar a partir de ahora nuestros hijos en el Registro Civil como pertenecientes a la religión helénica étnico, y vamos a realizar rituales de la boda hellenic con pleno valor jurídico. Seguimos siendo a pesar de una organización sin ánimo de lucro, no es un organismo de derecho público religioso. Como órgano estatutario religiosa, que es lo que por el momento se niega a nosotros, vamos a funcionar más adecuadamente en los asuntos que conciernen a nuestra religión y, por supuesto, no vamos a pagar todos los años los 500 – 1.000 euros con cargo desde 2011 por el Estado griego en deuda en todas las organizaciones sin ánimo de lucro.

PREGUNTA: ¿Era YSEE responsable de este cambio en el estado? ¿Qué hicieron vds para que esto sucediera?

VR : Este y todos los futuros logros de los objetivos de la Hellenic religión étnica, es y será el resultado de la lucha ininterrumpida, estratégica, colectiva y dedicada de nuestra organización que este mes de junio celebra los 20 años de su funcionamiento con su nombre actual . Una década antes de la fundación de YSEE que operaban a través de “diipetés” ( “Διιπετές”), una revista trimestral ya desaparecida para la defensa moral y la restauración de nuestra religión.

El Sr. Rassias dice YSEE estará celebrando el reconocimiento legal de su religión durante su celebración anual de Charisia-Aphrodesia, que es una práctica religiosa en honor de Afrodita y la beneficencia, el 22 de abril.

Apreciaciones sobre el Honor en el Odinismo

En buena medida, la dificultad de explicar y definir el honor reside en que es un valor fuertemente autorreferencial. O bien se explica por sí mismo, o bien resulta muy difícil de describir. Tratar de explicarle el honor a un corrupto o a un codicioso ególatra es como tratar de expresarle los colores a un ciego, o la música a un sordo. Dado esto, se comprende por qué todo lo relativo al honor se vuelve rápidamente circular: somos dignos de respeto si nos comportamos con honor y nos hacemos honorables respetando nuestra propia dignidad.

Una de las cosas importantes es comprender que la dignidad no es un atributo automáticamente adjudicable a cualquier persona como muchos sostienen o, al menos, pretenden sostener. La pura y triste verdad es que hay personas indignas. Porque a la dignidad hay que ejercerla. El respeto primero hay que ganarlo. Es muy encomiable eso de que hay que respetar a los demás y respetar la dignidad de los demás. Pero ¿qué hacemos con quienes no se respetan ni a sí mismos? ¿Qué dignidad vamos a respetar en quienes no tienen dignidad? ¿Acaso es posible rendirle honores a alguien que no tiene honor?

Otro aspecto importante es que el honor, como muchos de los demás valores que veremos luego, constituye una avenida de doble vía. Es un valor que está en uno mismo y que se reconoce en el otro. Sin embargo, aun si la avenida es de doble mano, la circulación no es automática. El valor está en uno mismo sólo si se lo cultiva y se lo ejerce. Y se reconoce en el otro sólo si el comportamiento de este otro permite inferir o deducir un valor similar. Un honor sin el comportamiento correspondiente es pura fanfarronería vacía de contenido real. Si me descuelgo con el proverbial “hijo mío, haz lo que te digo y no lo que yo hago” estaré dando, quizás, un buen consejo. Pero no por ello lo que hago se va a convertir en un comportamiento honorable.

Si todos tenemos – o no – la misma capacidad para ser honorables, eso es algo que admite el debate y puede discutirse. Personalmente, debo confesar que no creo que eso sea cierto, por más antipática que resulte la afirmación. He conocido en mi vida personas tan indignas y tan vacías hasta de la más elemental noción del honor que ni aún con la mejor buena voluntad del mundo he conseguido imaginarme cómo podrían haber seguido un camino diferente. Hay quienes afirman que el honor y la dignidad son producto de la educación y del medioambiente. No lo creo. Realmente no lo creo. En todo caso, o bien nuestra educación es un fracaso colosal, o bien muy poco es lo que puede o sabe hacer en materia de honor y dignidad. La corrupción y la deshonestidad generalizadas que hoy existen en nuestra civilización – y de las cuales todos se quejan amargamente – son una prueba bastante palmaria de que, en materia de decencia, con nuestros sistemas pedagógicos no hemos logrado gran cosa.

Creo que al cultivo y al ejercicio del honor lo promovería mucho más un buen sistema de premios y castigos que una sofisticada teoría educativa. Y no estoy pensando en castigos inhumanos, flagelaciones públicas, penas de muerte, o barbaridades por el estilo. En lo que pienso es en un sistema que promueva la honorabilidad y le ponga barreras prácticamente infranqueables a la deshonestidad. Mientras premiemos a los especuladores, a los arribistas y a los oportunistas sin escrúpulos con los puestos más altos de la escala social y mientras castiguemos a los simples honrados profesionales y trabajadores con los últimos puestos, poca esperanza tengo de que consigamos construir una sociedad basada en el honor y en el respeto a la verdadera dignidad. Será una opinión muy personal mía, pero creo más en un buen criterio de selección que en la supuestamente infinita educabilidad del ser humano.

Antiguamente se afirmaba que el honor se posee porque es un “patrimonio del alma”; pero el individuo puede perderlo al mancharlo con sus actos siendo que el árbitro, el otorgador y el protector del honor es Odín. Simultáneamente, se hacía la distinción entre “honor” y “honra”, afirmando que esta última es un bien que se adquiere y hasta se hereda siendo su árbitro, dador y protector el Rey.

Roque Barcia, en su “Diccionario de Sinónimos Castellanos” decía todavía hacia fines del Siglo XIX: “… el honor es una honra de sentimiento presente, nuestra. Es el caudal que hemos de legar a nuestros hijos. La honra es un honor tradicional, histórico, heredado; es el caudal que nos legaron nuestros padres. De modo que el honor es una virtud. La honra viene a ser una razón de estado, casi una jerarquía. El honor se tiene. La honra se hereda.”

De lo dicho creo que se desprende con bastante claridad que el honor no es una posesión garantizada. No es algo que se tiene, sin importar lo que uno haga en la vida. Puede perderse y, de hecho, las generaciones pasadas opinaban que es como la virginidad: se tiene o no se tiene y se puede perder una sola vez. Hoy en día quizás no seríamos tan estrictos. Considerando como están las cosas en el mundo, creo que deberíamos ser algo más indulgentes y admitir que hasta una persona honorable puede tener un momento de debilidad, o cometer un error grave del que no se sentirá precisamente orgulloso por el resto de su vida. Pero, de todos modos, tampoco exageremos demasiado con eso de la indulgencia y la tolerancia. Porque lo cierto es que la deshonestidad es un tobogán por el cual, una vez que alguien se deja deslizar, resulta muy difícil volver para atrás. Den ustedes un paso hacia la corrupción y la deshonestidad y, si consiguen deshacer el camino inmediatamente, quizás logren continuar siendo personas con honor. Pero si llegan a dar el segundo paso muy probablemente habrán perdido el honor para siempre. El deshonor es un pozo sin fondo del que no se sale. Por lo menos, no sin ayuda. Recuerden lo que dijimos acerca de quién es el que, según la tradición, otorga el honor.

Y esto es así porque, una vez perdido el honor se pierde también el respeto por uno mismo y por los demás. Y, habiendo perdido ese respeto, las personas pierden su dignidad. Entre otras razones, por eso les decía antes que hay personas indignas. Una persona deshonesta no es digna de respeto y una persona que no es digna de respeto es una persona indigna. El razonamiento es de hierro y no hay escapatoria. Es inútil perorar sobre una “dignidad humana” que se presupone en cualquiera por el sólo hecho de ser un miembro de la clase zoológica denominada homo sapiens. Hay personas que han tirado esa dignidad a la basura, o ni siquiera tienen noción de que existe en absoluto, y la sociedad no gana absolutamente nada siendo tiernamente condescendiente con ellas. Es más: la experiencia actual – e incluso 10.000 años de Historia – demuestran que ese criterio solamente sirve para disparar una decadencia que se ha vuelto irreversible.

Entiéndase bien: no es cuestión de ser inhumanamente crueles con las personas indignas. La cuestión es bloquearles terminante y definitivamente los puestos más altos de la estratificación social, especialmente los relacionados con aquellas funciones que afectan a todo el organismo social o, al menos, a un conjunto importante de seres humanos. No creo que el corrupto y el deshonesto merezcan necesaria y forzosamente la lapidación, la horca o el garrote vil. Pero sí creo que merecen el desprecio que generan y por cierto que no creo que hasta merezcan ser premiados con los niveles de status más altos de nuestra civilización. Especialmente no con aquellos niveles en dónde pueden luego tomar decisiones que nos afectarán a todos.