Las Disir: nuestras antepasadas, nuestras madres.

Foto de Roger B. Ulrich Bonn

las Disir simbolizan la fertilidad, la tierra (entendida como territorio) y la maternidad; son tan antiguas como el tiempo, han sido consideradas tanto como protectoras del Pueblo, del Clan como de la línea de sangre de nuestros antepasados y por lo tanto también de nuestra Religión. No nos será difícil (ni mucho menos improbable) atraer la atención de estos espíritus cuando vean sincera, leal y honorable nuestra intención de volver a los “Antiguos Modos” de religión…que, aunque versados para nuestros tiempos (todo evoluciona) se sigue basando en los principios innatos que caracterizan nuestro origen como religión y caracterizaron al paganismo germano como cultura.

Con la llegada de estas poderosas entidades espirituales cuya antigüedad y origen es improbable calcular con exactitud, podremos observar personalmente y de manera concreta el poder benéfico que pueden ofrecernos y comprenderemos de manera más profunda las razones que movieron a nuestros antepasados a tomarse en serio a las Matronas.

Las Matronas enraízan dentro del concepto arquetípico de mujer y madre que es innato en todos los seres humanos, incluidos los varones, todos hemos sido gestados por una mujer y son esas mujeres las que nos cuidan, ya sea en modo “vivo-terrestre” o espiritual, cuando ellas han abandonado el mundo de la materia visible.

Con el término Matronae nos referimos a tríadas de diosas asociadas con la fertilidad que fueron veneradas en zonas concretas de Europa entre los siglos I y V d.C. Aunque el origen se les supone bastante más antiguo (se ha relacionado con la cultura de La Tène, II Edad del Hierro), las representaciones plásticas que conservamos de ellas proceden de esta época. Las zonas en las que podemos encontrar restos de este culto son Germania (especialmente la zona del bajo Rhin), la Galia oriental y el norte de Italia y de la Península Ibérica. Existen más de 1100 placas, altares y estatuas inscritas que sobrevivieron, y varios sitios de templos diseminados por toda Europa

Estas diosas aparecen de tres en tres, rodeadas de frutas y animales, y normalmente con un pecho descubierto, aludiendo también de esa manera a la maternidad. Las inscripciones que se conservan están escritas en lenguajes celtas o germánicos y muchas veces dan gracias a estas divinidades por su protección, por lo que quizá se les podría aplicar también esta característica. En ocasiones, podrían ser asimiladas también a diosas de la tierra y adquirir nombres que aludían a los localismos de las zonas en las que se les rendía culto; es por esto por lo que muchas veces es complicado discernir en las inscripciones si se habla de ellas o de otras divinidades. Encontramos también nombres de estas diosas relacionados con etnias concretas, como por ejemplo las Hiannanefaticas, a las que los cananefates rindieron culto en la actual Holanda.

En cuanto al origen, si observamos la cronología de las inscripciones, podríamos casi asegurar al cien por cien que es germánico. Aunque el origen de las Disir-Matronae no es romano, sí que esta civilización asumió su culto y ayudó a difundirlo. Es más, quizá, si no fuera por las inscripciones germanas, los historiadores hubieran concluido que el origen de las Matronae era romano.

Mapa de las inscripciones votivas dedicadas a las Matres, Rϋger, 1987, p. 7, fig. 3

Ya hemos localizado, sin embargo, en la religión germánica algunas figuras para las cuales los rasgos de Frey son absolutamente adecuados; ha de existir, por lo tanto, una relación. Dejando a Njord al margen (puesto que la vinculación entre ambos dioses es tan evidente que se puede pensar que Frey es un Njörd rejuvenecido, un Njörd de la nueva generación) hemos visto que los apelativos «dios de la cosecha» y «dispensador de bienes» se aplicaban a las Matres y Matronae de la región del Rhin en el lejano siglo primero y que se prolongan en múltiples divinidades femeninas de la fecundidad de las que nos habla la literatura de la época clásica. Y, en la Germania de Tácito (cap. 45) se relaciona el cultivo del cereal con el amuleto que representa a un jabalí —justamente el animal del dios Frey— y todo ello en relación al «culto a la madre de los dioses» (Matres deum venerantur).

También la paz, característica de Njörd y Frey, aparece en nuestra historia mítico-religiosa. Hablando de Nerthus «es decir, la Madre Tierra» afirma Tácito que, coincidiendo con la salida de la diosa «no emprenden guerras, no toman las armas, el hierro permanece guardado. Sólo entonces se conocen la paz y el sosiego, y se los aprecia, hasta que el mismo sacerdote devuelve al templo a la diosa, saciada ya de su contacto con los mortales». Sabemos que la fecundidad, la riqueza, la cosecha y la paz están vinculadas al ámbito ctónico de la estructura mitológica, hallamos en nuestro panteón germánico un grupo de figuras que aseguran la ininterrumpida y constatable presencia de este ámbito como objeto de veneración: Nerthus-Njörd/Matronae-Disir/Frey-Freya. De hecho, los atributos más relevantes de Frey, riqueza, prosperidad y paz, habían sido referidos a Njörd y los hallamos en las más antiguas representaciones germánicas de la Madre Tierra o Madre de los dioses. El patrocinio de la riqueza y la paz por parte de Frey llegó a hacerse proverbial en el mundo nórdico. El rey Frodi de Snorri no es sino una transformación épica de Frey, y su época —en la que se molía «oro y bienestar»— denominada la paz de Frodi, la caracteriza el mitógrafo islandés con estos términos: «Nadie le hacía daño a otro, aunque se topara con el asesino de su padre»

Mapa que muestra la distribución de las dedicatorias a Matronae con y sin epítetos. ) A. Matronae con epítetos. B. Matronae sin epítetos. Derks, 1998, p. 129, fig. 3.19 (después de Rüger, 1987, figura 1 y figura 2). Mapas del trabajo de tesis de Beck.

En el siglo XX Tolkien, en su particular mitología asoció a Freyr/Frodi con Frodo, el hobbit de la tierra media, paradigma de bienestar material.

 En armonía con los principios de nuestra fe, las madres / matronas esperan dar los regalos y recibirlos en vuelta; nuestra negativa en aceptar sus regalos y nuestra falta de disposición para devolver los mismos, son igualmente ofensivas para ellas. Tienen de hecho un lado oscuro… Es hora para nosotros de traerlas hacia dentro otra vez en la luz y el calor de nuestros hogares de la familia, es hora de restituir los viejos modos de proceder religiosos y espirituales, dándoles el honor de sus propios nombres, aceptándolos: pues nuestros parentescos antiguos y pues nuestra sincronización con ellas no solamente alude a la fuerza de nuestras líneas familiares sino también a la magia y a la energía de la naturaleza que nuestras madres paganas ejercen sobre nosotros.

La atención y en general el trabajo con las Disir no es en absoluto complicado, pero es importante en el resurgir del antiguo paganismo. Épocas en los que recordar pueden ser Yule…donde podemos dedicarles comida y bebida —no olvidemos que Yule es época de reunirse con los seres queridos y las Disir deben tener ese mismo estatus, pues en cierto modo pertenecen a nuestra familia…solo que “desde otro nivel de existencia” —también junto a esa ofrenda pueden ser prendidas en su honor velas e inciensos. Durante el banquete no estaría de más reservarles un lugar en la mesa: dedicado a las Disir…Conservar a las Disir en el corazón atraen su atención y beneficio. Aunque momentos así en favor de las Disir no tienen porque ser en la época de Jól (Yule), Yule es una época excelente para recordarlas. Sin embargo, los ofrecimientos a las Disir pueden llevarse a cabo en cualquier época del año. Se reitera también en caso de en algún momento se pida favor alguno a las Disir, una vez cumplido debe ser inmediatamente retribuido. Un regalo, requiere un regalo…no llevar esta línea tradicional muy observada por nuestros antepasados, podría constituir una ofensa para las Disir. Algo no muy recomendable.

¿Qué runas deben tatuarse?

Cuando el ser humano se siente inseguro en una situación, busca instintivamente signos exteriores que le brinden confianza. Psicológicamente, brinda a dichas señales el valor de una especie de garantía de que el peligro será conjurado y todo saldrá bien. Por este motivo, incluso hoy en día, las profesiones que implican un elevado grado de incertidumbre inducen en quienes las practican el empleo de elementos mágicos en los que apoyar la confianza en el éxito. Nada tiene de extraño que, en estas situaciones, se recurra a todo tipo de amuletos, que muchos llevan ocultos bajo la ropa o a la vista.

En las culturas de la antigüedad esta necesidad era mucho más acuciante. El mundo era un lugar peligroso e imprevisible, lleno de fuerzas misteriosas, que requería de forma permanente atraer la buena fortuna y mantener a raya la desventura. Los germanos crearon las runas. El hecho de que éstas fueran signos que componían su alfabeto o futhark es significativo, porque la escritura tuvo consideración mágica y sagrada en todos los antiguos sistemas de creencias. Y por eso mismo, la magia también es un idioma universal.

Algunas runas eran especialmente usadas como talismanes. Por ello, dichas figuras se grababan en joyas o en trozos de hueso –para protegerse o cargarse de energía–, o en las armas que llevaban guerreros o comerciantes –para apoyar su valor en el combate o en la empresa–, así como en la entrada de la casa o en la roda del barco, con el fin de evitar ataques y naufragios. También se hacían combinaciones, mezclando distintas runas que se complementasen entre sí para lograr un objetivo determinado, como ocurría con las hugrunir o runas asociadas a la memoria y la locuacidad. Éstas se dibujaban en las things o asambleas para promover el don de la expresión verbal. Los vitkis o maestros de runas también llevaban estas hugrunir tatuadas en el pecho y en todas sus pertenencias.

Otras tenían finalidad medicinal, como las runas lime, usadas para combatir ciertas enfermedades, o las biarg para facilitar los partos. A las ale se les atribuía el poder de deshacer los hechizos femeninos y las brun protegían a los navegantes. Algunas combinaciones se escribían de derecha a izquierda, lo que suponía una inversión del significado original de las runas que tenía la función de desencadenar los aspectos negativos de las mismas con fines agresivos.

Como puede observarse, se trataba de un sistema altamente especializado. Por ejemplo, las runas troll, consistentes en secuencias de tres runas thurisaz, se usaban para acceder a la comunicación con otro tipo de seres. También estaban las curiosas fretrunir o pedo, que se dibujaban con sangre, en grupos de treinta, con la finalidad de provocar malestares físicos a alguien.

Ciertas runas y códigos rúnicos estaban destinados a los muertos y se grababan en la cara interna de las losas. En alguna de estas se llega a especificar que ni la piedra ni las runas han sido nunca expuestas a la luz del sol. También se escribían palíndronos en algunas tumbas, tal vez con la intención de distraer al posible fantasma que de ella surgiese y que, supuestamente, se pasaría el tiempo intentando descifrar un signo que no tenía ni principio ni fin, al estilo de la ornamentación a base de nudos y seres entrelazados, característica del arte vikingo y también del celta. En este sentido, podría constituir una táctica para despistar al difunto e impedir que molestara a los vivos, o al menos en poner obstáculos a su inquietante deambular por el mundo.

Complementarias a las runas eran las «ruedas de protección» o conjuros con dibujos y formas simétricas, que podían llevarse sobre la ropa o grabarse en las puertas de las casas. La mayoría de ellas tenían una función protectora, como los verndarrun (un anillo central del que parten cuatro ejes que terminan en sendas horquillas), cuya variante más conocida es el aegishjelmur, que servía tanto para proteger las propiedades como para desviar cualquier infortunio y propiciar la buena suerte. También podía tomar la energía negativa que le llegaba a alguien desde el exterior y devolverla a quien la originó.

Otro símbolo mágico era el thundur, que recogió en su libro Jon Arnason, primer recopilador de leyendas y cuentos populares de Islandia, o el Valnutt, un triple triángulo que se identifica con Odín. A su vez, las runas y códigos rúnicos Svart, eran usados con fines necrománticos.

Magia Seidr: ¿Que utensilios usar?

Nebulosa, elusiva e indefinida, la religión de los vikingos precristianos ha sido objeto de debate durante largo tiempo. Los textos de la época pagana acerca de las creencias espirituales de los vikingos no han llegado hasta nosotros, y los registros más recientes que han sobrevivido proceden de autores cristianos. Están por lo tanto contaminados por una visión del mundo cristiana y opiniones antipaganas. La magia de los vikingos, sin embargo, es en cierto modo un campo de estudio de interés secundario. Aunque profundamente entrelazada con las creencias paganas nórdicas, es en muchos aspectos aún más indefinida a causa de la antigua costumbre vikinga de sacrificar ritualmente sus objetos mágicos.

En 1894 fue descubierta una vara metálica curvada en la tumba de una mujer de los siglos IX – X hallada en Romsdal, Noruega. Los académicos han debatido su función durante años, pasando de una teoría a otra, como las de que era “un anzuelo para pescar o un espetón para asar carne”, antes de darse cuenta en el 2013 de que probablemente se tratara de alguna forma de varita mágica. La curvatura hacia el extremo superior de la vara fue aparentemente realizada justo antes de depositarla junto a los restos de la mujer, con la probable intención de neutralizar sus propiedades mágicas. Esta vara en particular encaja en el molde tradicional de una vara Seiðr si nos basamos en descubrimientos anteriores datados en los siglos IX y X. Es larga (unos 90 cm), es de hierro (lógico si tenemos en cuenta los materiales que circulaban en la Edad del Hierro nórdica) y presenta “empuñaduras adosadas” para facilitar su manejo.

Vara metálica vikinga considerada una posible varita mágica. Fotografía: Administradores del Museo Británico

Es importante observar que era muy común en la tradición funeraria vikinga quebrar o doblar armas y otros objetos antes de depositarlos en las tumbas. Aunque las razones exactas de esta práctica se desconocen, expertos como Thomas DuBois y Neil Price opinan que dichas alteraciones formaban parte del propio ritual funerario. Las armas de un guerrero, por ejemplo, o la varita mágica de una bruja en este caso, eran inutilizadas o desprovistas de su poder por la fuerza, ya que el guerrero no podría seguir luchando ni la bruja practicar su magia.

Espada vikinga doblada ritualmente

La vara se encuentra actualmente en el Museo Británico de Londres, y la comisaria de su exposición Sue Branning cree que era empleada como bastón mágico en los rituales Seiðr de las naciones nórdicas precristianas. El Seiðr era uno de los tipos más habituales de magia practicados en el mundo nórdico durante la época pagana, y su presencia aparece profusamente documentada en las sagas islandesas. (Aunque nuevamente, debemos recordar que estas sagas fueron escritas por autores cristianos, no por quienes practicaban aquella magia). El Seiðr no era la única forma de magia practicada en el antiguo mundo nórdico, aunque al haber sido descubierta la vara en la tumba de una mujer es más que probable que fuese utilizada en rituales de este tipo. Aunque los hombres desempeñaban un papel más destacado que las mujeres en el mundo vikingo, el Seiðr era un tipo de ritual que rara vez practicaban los hombres. De hecho, a menudo era considerado indigno de un hombre practicar el Seiðr ya que (según la antigua mentalidad nórdica) era una forma mágica de engaño, lo que se interpretaba al parecer como una ocupación enteramente femenina.

Según las tradiciones que dictan las sagas, el Seiðr era empleado “para responder principalmente a situaciones de crisis y [era] practicado por un especialista religioso (habitualmente una mujer) a petición de un cliente y dentro del contexto de una reunión comunitaria. El ritual apelaba a cierto tipo de auxiliares espirituales, ya fuera para obtener información adivinatoria o como ayuda para controlar las mentes y voluntades de otros.” Esta práctica se encontraba estrechamente vinculada al dios Odín en su faceta de dios de la guerra, así como a Freyja, diosa de la fertilidad. Debemos observar aquí que no es la primera vez que Odín y Freyja aparecen juntos; también se reparten las almas de los guerreros rescatadas por las valkirias entre sus dos reinos.

Representación de Odín cabalgando a Sleipnir. En el paganismo nórdico Odín era la deidad principal asociada al Seiðr

 

Algiz ¿cruz de pata de oca?

En Iria Flavia nació Prisciliano, aquel sacerdote que pretendía armonizar las viejas creencias célticas con el naciente cristianismo, por lo cual fue declarado hereje y “santamente” ajusticiado. Iria fue también el lugar donde, según la tradición, arribó el navío que transportaba el cadáver del apóstol Santiago. En su iglesia de Nuestra Señora de Adina estuvo la sede episcopal, antes de trasladarse a Compostela. Y en su cementerio aparecieron numerosos sarcófagos, suevos y visigodos de los siglos V-VIII.

Cementerio de Santa María de Adina, Iria Flavia (Padrón, A Coruña). Tapa de sarcófago, con símbolo “pata de oca”.

Esto sarcófagos muestran signos que nada tiene que ver con el universo cristiano: La runa Algiz, uno de los sagrados signos de la religión germánica, la historiografía les llama: “Pata de Oca”, y los hay sencillos o dobles. Es decir, hablando con propiedad, nos encontramos con la “runa de la vida”. Signo muy apropiado, para los sarcófagos de fieles que esperan renacer. Aún se utiliza a veces la expresión «canto del cisne», que significa «anuncio de una muerte», y se debe a la creencia de que los cisnes saben cuándo van a morir y lo anuncian por medio de un canto determinado ¿Por qué se usan nuestros símbolos ancestrales en este contexto? Algiz, es una runa de protección Esta runa expresa un complejo arquetípico muy extenso. Por una parte, significa, como eihwaz, «tejo» o «arco de tejo» y, por lo tanto, «defensa y protección». Por otra parte, está relacionada con distintos animales sagrados como la oca y el cisne. Los antiguos germanos creían que algunos animales tenían la capacidad de comunicarse directamente con los dioses.

En magia, se utiliza para optimizar la canalización de energía, para mejorar la comunicación con la divinidad y también con los seres inteligentes no humanos (como, por ejemplo, los animales domésticos). Esa facultad de conexión con los dos mundos la hace única entre el conjunto de las runas.

Por lo tanto, Algiz anuncia información privilegiada recibida directamente de los dioses y, más concretamente, la protección resultante de esta forma de comunicación. Aunque acechen peligros inminentes, seremos avisados con el tiempo necesario para poder salvarnos (nosotros mismos, nuestros bienes o a nuestros seres queridos).

Templo parroquial, s.XII, Revilla de Santullán (Palencia). Graffiti de peregrino medieval, Cruz de Oc con brazos en “pata de oca”.

Su aparición anuncia la posibilidad de captar nuevas ideas regeneradoras, conocer nuevas personas poderosas o recibir influencias muy positivas que nos ayudarán a resolver nuestros problemas. Al mismo tiempo, Algiz nos aconseja desplegar bien la antena y estar atentos a todo tipo de mensajes subliminales que el cosmos pueda enviarnos. Tal vez un retazo de conversación escuchada en un comercio, un eslogan publicitario o un objeto hallado por la calle que nos recuerde la forma de otra runa contengan la información que necesitamos. Y también es sumamente probable que aparezca de pronto una persona desconocida y nos eche justo la mano que necesitamos en el momento más oportuno.

Otra runa Alguiz la encontramos en el Crucifijo de Puente de la Reina, obra del siglo XIV, Su importancia radica en lo poco habitual de su iconografía ya que la forma de la cruz de

Templo del Crucifijo, Puente la Reina (Navarra). Cristo sobre “pata de oca”, s.XIII-XIV (atribuido a los Caballeros Templarios).

Cristo es de “pata de oca” es decir del travesaño vertical surgen dos ramas arbóreas en forma oblicua trazando una especie de ypsilon, cuyo simbolismo se ha asociado al árbol de la vida. Se asocia con el sacrificio de Odín en Yggdrasil, la cruz  es literalmente un trozo de arbol sin elaborar, en oposición de las trabajadas representaciones de la época.

Si el Cristo crucificado lo hace en una cruz normal, es el iniciado que está en camino de alcanzar su total elevación; si el Cristo crucificado en una cruz Tau, T, es el iniciado que alcanzado la plenitud de su evolución; el Cristo sobre una Pata de Oca o lo que es igual, el signo de la vida, no es otra cosa que el hombre iniciado que ha trascendido a su propia elevación, habiendo alcanzado así el Reino de la Vida.

En Puente de la Reina, al empezar el camino de Santiago, es el mismo Odín, “el que conoce el Camino”, quien se nos aparece,  quien, para experimentar el Poder de las Runas permaneció colgado de un árbol durante nueve días y nueve noches, como una revelación de la Fuente Creadora. De Odín, el Creador celestial, a Odín, el Comunicador terrestre… “Yo soy una ofrenda a mí mismo” (Eddas poéticas. S.XII)
Los chamanes nórdicos asociaban esta runa con el cisne, al que consideraban un mensajero entre “los dos mundos” que transmitía la sabiduría divina. Es una runa de arraigamiento, protección y conexión.

Runas

La Oca y los signos con que esta se representaba, tales como su “mano” palmípeda símbolo de la capacidad operativa del espíritu sobre la materia, estaban profusamente relacionados con los Compañeros Constructores que los habían tomado por distintivo de reconocimiento, al extremo de nombrarse entre ellos como los “jars”.

Odín, “el que conoce el Camino”, para experimentar el Poder de las Runas permaneció colgado de un árbol durante nueve días y nueve noches, como una revelación de la Fuente Creadora. De Odín, el Creador celestial, a Odín, el Comunicador terrestre… “Yo soy una ofrenda a mí mismo” (Eddas poéticas. S.XII)
Los chamanes nórdicos asociaban esta runa con el cisne, al que consideraban un mensajero entre “los dos mundos” que transmitía la sabiduría divina. Es una runa de arraigamiento, protección y conexión.

Marca de cantero

El Blot, sus fases y significado.

La ceremonia principal entre los germanos lleva el nombre de blót, un rito sacrificial en dos grandes tiempos. En primer lugar, los miembros que tenían obligación de hacerlo procuraban las víctimas sacrificiales, cuya muerte en el hogar central marcaba el comienzo de la primera parte del rito. Se recogía la sangre en un recipiente especial y con ramas se hacía una aspersión general sobre los presentes y los muros de la sala del sacrificio y se tomaban los auspicios. Posteriormente y tras cocinar la carne comenzaba la segunda parte del rito que es el banquete sagrado. Se trata de un rito de cohesión grupal en el que el animal marca el nexo de unión entre hombres, dioses y en su caso difuntos. Una parte del animal se debía a los dioses que presidían la ceremonia; en ciertas fiestas (especialmente en el álfablót, fiesta del solsticio de invierno) había una mesa de jól, que se abastecía para los difuntos y por último la parte principal se repartía entre todos los participantes en la comida.

El ámbito sagrado aseguraba el marco cierto para el cumplimiento posterior de lo decidido, por lo que el banquete se convierte no sólo en un medio de socialización y de nivelación por el mecanismo del reparto sino también en un medio fundamental para sustentar el equilibrio (la paz familiar o tribal) por el mecanismo del consenso. La importancia de los lazos que crea el sacrificio para la estabilidad se testifica en la existencia de una compleja red sacrificial tal como aparece en la Guta saga:

“El país entero tenía un blót supremo y común a todos y luego cada tercio del país tenía su blót y cada grupo menor hacia blót más pequeños en que se ofrecía ganado, comida y cerveza. Se les llamaba hermanos en el sacrificio porque sacrificaban todos juntos”

Ingrediente fundamental en la ceremonia era la cerveza que sellaba por medio del éxtasis la hermandad de los participantes en la comida sagrada, los cuernos debían circular según una rotación benéfica que potenciaba la capacidad unificadora del brebaje. Se testifica una vez más la importancia del extatismo como componente fundamental de la religión escandinava. Gracias al éxtasis las decisiones comunes están dirigidas por la divinidad que puede manifestarse mejor y tiene el camino más libre (para penetrar en el hombre) en los estados alterados de la conciencia. El éxtasis del banquete va parejo con el éxtasis poético y tiene concomitancias con el éxtasis guerrero. Se trata de una característica muy arcaica, otra más de las que testifica la religión germana, y que nos entronca en un mundo que, aunque muy posterior al de los textos romanos o védicos parece plasmarnos una sociedad de un tipo menos desarrollado.

Sobre el significado metafísico del blót, que es la designación corriente del «sacrificio», estamos aceptablemente informados, pero nunca de forma global, y es necesario ir recorriendo diversos textos para intentar una reconstrucción. Se puede decir, igualmente, que implicaba cierto número de momentos esenciales:

  • inmolación de una víctima —que no es nunca humana en la época vikinga, pues ese uso se remonta a tiempos anteriores— cuya sangre recogida en un recipiente especial, o hlautbolli (hlaut designa esa sangre, bolli es la pila),
  • consulta de los augures,
  • petición de dones, la cual era sin duda alguna el punto culminante y a la vez la razón de ser de toda la operación.

Se sacrificaba para «tener noticias» (expresión ganga til frétta, donde frétt es expresamente la «petición») relativas a las próximas estaciones, o a la suerte de uno o varios de los asistentes, o también sobre la evolución futura de acontecimientos inquietantes como hambres, epidemias, etc. Lo que equivale a decir que un sacrificio era ante todo una operación adivinatoria y por consiguiente dependía más o menos de la magia. Luego se consumía la carne del animal inmolado; esto se hacía en común, ya dentro del banquete o veizla, término que ya hemos comentado anteriormente y que existe en composición en la forma blótveizla, banquete sacrificial, por tanto. Es en el curso de ese banquete cuando se brindaba (drekka minni), tal vez, como lo quieren fuentes recientes, en honor de los «dioses», pero más seguramente en honor de los grandes antepasados de la familia, del clan o de la comunidad reunida, a fin de establecer, una cálida comunión entre los dos reinos, o establecer la continuidad de un mundo con el otro ya que, como sabemos, nada separa brutal ni definitivamente este mundo del otro. Quedaba entonces, la prestación de juramentos difíciles de realizar pero que dan testimonio de la vitalidad del culto así consagrado.

Tenemos un ejemplo particularmente elaborado de ello en la Saga de los vikingos de Jómsborg, pero ya hemos mostrado varias veces nuestras reservas respecto a esta saga «legendaria». Está claro que el blót era una ceremonia de tipo completamente colectiva y, si podemos decirlo así, una unión comunal con la divinidad.

Un animal que juega un papel fundamental en el sacrificio es el caballo, relacionado con el acceso a la soberanía; su consumo fue muy perseguido por las autoridades cristianas lo que indica su rango significativo fundamental como víctima sacrificial. El verraco o jabalí también son animales sacrificiales de primer orden y quizás tengan que ver con los grupos de guerreros (en el más allá los einherjar de Odín se alimentan de la carne inacabable de Saehrímnir) aunque también se sacrifican en honor a Freyr para propiciar la fertilidad.

Las fiestas germanas suelen producirse en los momentos críticos del año, equinoccios y solsticios, cumpliendo seguramente un papel en la configuración ritual del año cuyas diversas fases convenía conocer con cierta precisión para así realizar en el tiempo adecuado las tareas agrícolas.

En realidad, se trata de canalizar, incluso de forzar, la suerte, el destino, la (buena) fortuna. Esa es seguramente la noción clave de este universo. El destino rige el mundo del vikingo; él lo sabe, lo cree. Su mitología le enseña, en la medida en que haya tenido para él la coherencia que nosotros queremos darle, que incluso los dioses están sometidos a las decisiones de ese Poder que debemos escribir con mayúscula. «Nadie sobrevive una noche a la sentencia de las Nornas»:
Esta cita de un poema éddico nos marca y señala la columna dorsal de sus más íntimas creencias. No hay un ejemplo mejor que el de la Saga de Glúmr el asesino, donde el héroe, Glúmr, posee dos objetos—habría que decir talismanes— que le vienen de su abuelo noruego, un manto y una lanza, que el texto nos presenta sin ambigüedad como signos de la suerte ligada a su clan. En tanto permanezca fiel a la ética fatídica simbolizada por ese manto y esa lanza, en tanto que no falte al honor del clan que encarnan, él será grande (söguligr, digno de proporcionar materia para una saga). Si, por una u otra razón, falta a ella, perderá de alguna manera su «honor» (vocablo que también admite todo tipo de denominaciones), es decir, no será ya digno de sus antepasados. Ahora bien, eso es lo que le sucede a Glúmr, que incurre en perjurio, ofensa de suma gravedad en este universo donde todo está regido por la idea de pacto, de fidelidad a la palabra dada. Y, por consiguiente, con una perfecta lógica, Glúmr no parará hasta que se vea liberado de esos dos objetos simbólicos; después de lo cual, irá sin flaquear hacia la consumación de su destino.

Descubierta la representación más antigua del dios Odín.

Una medalla con una efigie primitiva de Odín y otras joyas de unos 1.500 años de antigüedad han sido halladas en Dinamarca

Un bracteato de oro (una medalla que se colgaba del cuello con un cordón o una cadena) con la efigie de Odín, el dios supremo de la mitología nórdica, ha sido hallado por un aficionado a los detectores de metales que exploraba la isla de Loland, la cuarta más grande de Dinamarca, junto con sus dos hijos de 10 y 12 años de edad, según informa el Museo Lolland-Falster en un comunicado. El bracteato, de unos 1.500 años de antigüedad, data de la Edad del Hierro germánica y constituye una de las primeras representaciones de la antigua religión nórdica.

En el anverso de la medalla aparece un rostro de perfil sobre un caballo, como si estuviera flotando por encima del animal. Otros bracteatos similares han permitido identificar al sujeto como Odín, el dios de la sabiduría, de la guerra, de la muerte, de la magia y de la poesía. Asimismo, una inscripción rúnica se refiere a él como “el alto”, uno de los muchos sobrenombres que los nórdicos le dieron a Odín. “Creemos que el rey de los dioses aparece aquí como un chamán“, destaca Marie Brinch, del Museo Lolland-Falster. Odín reinaba en el majestuoso salón del Valhala, adonde iban los héroes muertos en combate, pero los estudiosos consideran que también era un chamán, un intermediario entre los hombres y los dioses que poseía el don de la curación. La conclusión se basó en otros hallazgos de bracteates similares que incluyen la inscripción rúnica “El altísimo”, uno de los apodos de Odin.

“Creemos que Odín aparece aquí como un chamán”, destaca Marie Brinch

El bracteato de oro, probablemente utilizado como amuleto, muestra la imagen de un caballo, pues Odín podía adquirir la forma que deseara para desplazarse a cualquier lugar. Los motivos representados también podrían estar relacionados con las habilidades mágicas de Odín como sanador de caballos enfermos. “El caballo fue un medio de transporte muy valioso durante la Edad del Hierro en esta región, así que tiene sentido que buscaran la ayuda de los dioses para evitar que el animal sufriese daños. Esta pieza nos explica cómo se relacionaban los seres humanos con los dioses y cómo utilizaban la magia“, reflexiona Brinch. Los arqueólogos aficionados también han encontrado un anillo de oro, un pendiente de oro, piezas de oro de un probable collar y diferentes piezas de plata.

El periodo que siguió la caída del Imperio romano se conoce como Edad de Hierro germánica, y se divide en las edades de Hierro germánica temprana y tardía, que en Suecia se conoce como la era de Vendel, con ricos sitios funerarios en el cauce del lago Mälar. La temprana Edad de Hierro germánica es el periodo en el cual aparecen en la historia los danos, y según Jordanes, eran descendientes de los suecos (suehanssuetidi) que habían reemplazado a los hérulos.

Hello world!

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Las Nornas, regentes del Destino.

Las diosas nórdicas del Destino, a las que se conocía como Nornas, no eran de ninguna manera dependientes de los dioses, quienes no podían ni cuestionar ni influir en sus decretos bajo ningún concepto. Eran tres hermanas, probablemente descendientes del gigante Norvi, de quien emergió Nott (noche). Tan pronto como concluyó la Edad de Oro, y el pecado comenzó a recorrer incluso las moradas celestiales de Asgard, las Nornas hicieron su aparición bajo el gran fresno Yggdrasil y establecieron su residencia cerca del manantial Urdar. Según algunos mitólogos, su misión era la de advertir a los dioses de males futuros, pedirles que hicieran buen uso del presente y enseñarles sanas lecciones del pasado.

Estas tres hermanas, cuyos nombres eran Urd, Verdandi y Skuld, eran las personificaciones del pasado, el presente y el futuro respectivamente. Su labor principal era la de tejer el telar del Destino, regar diariamente el árbol sagrado con agua del manantial Urdar y poner tierra fresca alrededor de sus raíces, para que permaneciera fresco y verde por siempre. Otros mitólogos, afirmaron posteriormente que las Nornas velaban por las manzanas de oro que colgaban de las ramas del árbol de la vida, la experiencia y el conocimiento, permitiéndole sólo a Idun que recogiera la fruta, que era con la que los dioses renovaban su juventud.

Las Nornas también alimentaban y cuidaban de los dos cisnes que vivían en las cristalinas aguas del manantial Urdar y de este par se supone que descienden todos los cisnes de la Tierra. Se dice que a veces las Nornas se vestían con plumas de cisne para visitar la Tierra, o surcaban como sirenas por las costas de diversos lagos y ríos, apareciendo ante los mortales, de cuando en cuando, para pronosticar el futuro o darles sabios consejos.

El Telar de las Nornas.

Las Nornas tejían a veces telares tan extensos que mientras una de las tejedoras se encontraba en la cima de una montaña en el extremo occidental, otra se encontraba en el extremo oriental. Las hebras de su trama parecían cuerdas y eran de diversos colores, según la naturaleza de los acontecimientos que iban a ocurrir, y una hebra negra, extendiéndose de Norte a Sur, era considerada invariablemente como un presagio de muerte. Mientras las hermanas viajaban de acá para allá, entonaban una canción solemne. Aparentemente no tejían según su propio deseo, sino ciegamente, como si ejecutaran de mala gana los deseos de Orlog, la ley eterna del universo, una antigua y poderosa fuerza, que al parecer no tenía ni principio ni fin.

Dos de las Nornas, Urd y Verdandi, eran consideradas como entidades muy benéficas, pero la tercera, se dice, deshacía inexorablemente su trabajo y, a menudo, cuando estabacasi concluido, lo reducía furiosamente a jirones, esparciendo los restos al viento. Como personificaciones del tiempo, las Nornas eran representadas como hermanas de diferentes edades y características. Urd (Wurd) tenía un aspecto muy viejo y decrépito, continuamente mirando hacia atrás, como si estuviera absorta contemplando sucesos y gentes pasados. Verdandi, la segunda hermana, era joven, atractiva y audaz, mirando al frente, mientras que Skuld, la del futuro, era representada generalmente con un espeso velo y la cabeza girada en la dirección opuesta a la que Urd estaba mirando y sosteniendo un libro o pergamino que aún no había sido abierto o desenrollado.

Los dioses visitaban diariamente a las Nornas, con las que les encantaba consultar, e incluso el mismo Odín bajaba frecuentemente hasta el manantial Urdar para solicitar su ayuda, ya que ellas respondían por lo general a sus preguntas, manteniendo silencio sólo acerca de su propio destino y el de los demás dioses.

La Historia de Nornagesta.

Las tres hermanas visitaron Dinamarca en una ocasión y entraron en la morada de un noble cuando su primer hijo vino al mundo. Introduciéndose en la habitación en la que se encontraba la madre, la primera Norna prometió que el niño sería bien parecido y valiente y la segunda que sería próspero y un gran escaldo, predicciones que llenaron de alegría los corazones de los padres. Mientras tanto, las noticias de lo que estaba sucediendo se habían expandido y los vecinos entraron en la habitación en tales cantidades que la tercera Norna fue empujada groseramente fuera de su asiento.

Furiosa ante esta afrenta, Skuld se alzó altanera y declaró que los dones concedidos por sus hermanas serían inútiles, ya que ella decretaba que el niño viviría sólo tanto tiempocomo el cirio que ardía al lado de la cama tardara en consumirse. Estas palabras llenaron de terror el corazón de la madre y estrechó estremeciéndose al bebé contra su pecho, pues el cirio ya casi se había consumido y su extinción estaba cercana. La Norna mayor, sin embargo, no tenía la intención de ver cómo sus predicciones se convertían en nada, pero, ya que ella no podía obligar a su hermana a retractarse de sus palabras, asió rápidamente el cirio, apagó la llama y le entregó el pedazo humeante a la madre del niño, pidiéndole que lo guardara cuidadosamente y que nunca volviera a encenderlo hasta que su hijo estuviera ya hastiado de la vida.

Al niño se le dio el nombre de Nornagesta, en honor a las Nornas y creció siendo tan hermoso, valiente y talentoso como cualquier madre pudiese desear. Cuando fue lo suficientemente mayor como para comprender la solemnidad de sus obligaciones, su madre le contó la historia de la visita de las Nornas el día de su nacimiento y colocó en su mano el fragmento de vela que quedaba, el cual guardó durante muchos años, dentro del armazón de su arpa para más seguridad. Cuando sus padres fallecieron, Nornagesta deambuló de un lugar a otro, tomando parte y destacando en todas las batallas, cantando sus hazañas heroicas dondequiera que fuese. Ya que era de temperamento entusiasta y poético, no se cansó pronto de la vida, y mientras otros héroes se hacían viejos y decrépitos, él permanecía joven de corazón y vigoroso de cuerpo. Por tanto, presenció las emocionantes gestas de las épocas heroicas, fue un preciado compañero de los antiguos guerreros y, tras vivir durante trescientos años, vio que la creencia en los antiguos dioses paganos pasaba a ser sustituida por las enseñanzas de los misioneros cristianos. Nornagesta llegó finalmente hasta la corte del rey Olav Tryggvesson, el cual, siguiendo su costumbre, le convirtió casi a la fuerza y le convenció para que fuera bautizado. Entonces, deseoso de convencer a su gente de que los tiempos de las supersticiones habían pasado, el rey obligó al anciano escaldo a extraer y encender el cirio que había guardado con tanto cuidado durante más de tres siglos.

A pesar de su reciente conversión, Nornagesta observó inquieto la llama mientras parpadeaba y, cuando finalmente se apagó, cayó al suelo sin vida, demostrando así que, a pesar del bautismo recién recibido, él aún creyó en las predicciones de las Nornas. En la Edad Media, e incluso más tarde, las Nornas figuran en muchas historias y mitos, apareciendo como hadas o brujas,, como por ejemplo, en la historia de “La Bella Durmiente” y la tragedia de Shakespeare, “Macbeth”.

Las Vala.

A veces, las Nornas llevaban el nombre de Vala, o profetisas, ya que tenían el poder de la adivinación, un poder que se contemplaba con gran veneración en las razas nórdicas, que creían que estaba restringido al sexo femenino. Las predicciones de las Vala nunca eran cuestionadas y se dice que el general romano Druso se aterrorizó tanto ante la aparición de Veleda, una de las profetisas, la cual le advirtió que cruzara el Elba, que terminó  ordenando la retirada. Ella presagió su muerte cercana, la cual sucedió efectivamente poco después con una caída de su caballo.

Estas profetisas, a las que también se conocía como Idises, Dises o Hagedises, oficiaban en los santuarios forestales y en arboledas sagradas, y siempre acompañaban a los ejércitos invasores. Encabezando o mezcladas entre el ejército, conducían vehementemente a los guerreros a la victoria y cuando la batalla había concluido, a menudo cortaban el águila sangrienta en los cuerpos de los prisioneros. La sangre se recogía en grandes baldes, en los que las Dises sumergían sus brazos desnudos hasta los hombros, antes de unirse a la frenética danza con la que concluía la ceremonia.

No era de extrañar que estas mujeres fueran muy temidas. Se ofrecían sacrificios para que ellas fueran propicias y sólo fue en tiempos posteriores cuando fueron degradadas al rango de brujas y enviadas a unirse con las multitudes de demonios en Brocken (Alemania), o Blocksberg o Valpurgisnacht (noche de valpurgis). Además de las Nornas o Dises, que también eran consideradas deidades protectoras, los nórdicos adjudicaban a cada ser humano un espíritu guardián llamado Fylgie, el cual le atendía de por vida, o bien con forma humana o animal y permanecía invisible a no ser en el momento de la muerte, excepto para los poco iniciados

 

Día en recuerdo de Else Christensen

Día en recuerdo de Else Christensen, Madre del Odinismo quien murió el 4 de Mayo de 2005

Else Christensen (1913–2005), también conocida como la Folk Mother (Madre Folk), fue una figura prominente danesa en el renacimiento del odinismo y del Ásatrú tras la Segunda Guerra Mundial.

Else Ochsner nació en Esbjerg, Dinamarca, en 1913 y conoció a su marido Alex en 1937. Ambos fueron activistas sindicales antes de la guerra y en consecuencia fueron investigados por las tropas de ocupación nazis. Un informador los denunció a la Gestapo bajo la acusación de disponer de armamento y munición, así como de estar involucrados con la resistencia antinazi en la clandestinidad. Fueron liberados por falta de pruebas. No obstante, al poco de acabar la guerra, Alex estuvo seis meses recluido en un campo de concentración en las afueras de Elsinor por su evidente afiliación sindical.

Christensen fue uno de los principales motores del neopaganismo germánico en la era moderna, solo precedido en la década de 1930 por el pionero australiano, Alexander Rud Mills, cuyos escritos eran frecuentemente citados en El Odinista.

Sus escritos influenciaron enormemente a muchos de sus contemporáneos, como los grupos Asatru Folk Assembly, Ásatrú Alliance, Odinic Rite y Comunidad Odinista de España-Ásatrú. Christensen es probablemente más conocida por conseguir que el Odinismo y Ásatrú fueran reconocidos por el sistema de prisiones de los Estados Unidos, así como su red epistolar y campañas de carteo. Else se dedicó durante años a editar, imprimir y grapar ella misma su informativo cuando era el único vínculo para la dispersa comunidad odinista a lo largo y ancho de Norteamérica y del mundo

Else Christensen tuvo una gran importancia sobre la formación del neopaganismo en España, al reconocer dentro de la ortodoxia odinista al grupo Círculo Odinista Español, que daría lugar a la Comunidad Odinista de España-Ásatrú, que fue inscrita en el registro general de confesiones religiosas del Ministerio de Justícia en 2010, es decir, el pleno reconocimiento e igualdad con el resto de las confesiones reconocidas por el Estado español. Else era reconocida por sus seguidores en España como «Madre Folk». El día de su muerte es día de culto oficial dentro de la religión odinista en España.

Örlog, El dios del destino

Esa es la verdadera fuerza espiritual de los indoeuropeos – y está atestiguado por la poesía de nuestros pueblos, y sobre todo por sus tragedias: El sentir una profunda alegría en el cumplimiento del Destino – en la tensión entre la limitación del hombre y la ilimitación de los dioses.

Nietzsche una vez llamó a esta alegría amor fati. Particularmente los hombres más elevados espiritualmente entre los pueblos indoeuropeos sienten -en medio de los golpes del destino- que la deidad les ha asignado un gran destino en el que deben probarse a sí mismos. Goethe, en una carta a la condesa Auguste zu Stolberg del 17 de julio de 1777, expresa un verdadero pensamiento indoeuropeo, cuando escribe:

Los dioses eternos lo dan todo
Totalmente a sus favoritos,
Todas las alegrías y
Todos los dolores por toda la eternidad –
Completamente y totalmente.

Nunca este gozo indoeuropeo en el destino se convierte en una aceptación del destino, en fatalismo. Ante la certeza de la muerte, el indoeuropeo sigue siendo consciente de que su naturaleza heredada es la del guerrero. Esto se expresa en el Bhagavad Gita indio (XI, 38) por el dios Krishna, cuando él dice a Arjuna: La alegría y el dolor, la ganancia y la pérdida, la victoria y la derrota, piensan en estas cosas y se arman para la batalla, no te eches la culpa a ti mismo “. Y más tarde el dios caracteriza aún más claramente la naturaleza indoeuropea, cuando él (XVIII, 59) dice: “Cuando tú. . . Pienses: “No voy a pelear”, entonces tus pensamientos serán vanos, tu naturaleza aristocrática te llevará a ella “.

Esta es la visión indoeuropea del destino, la alegría indoeuropea en el destino. Para los indoeuropeos la esperanza en la vida y la creencia en el Honor como pilar central de nuestras vidas es tan potente y atronadora que estallaríamos en pedazos, si tuviéramos que plegarnos a la idea de un Dios redentor.

Las ideas que de la redención y de los redentores han tenido, los pueblos indoeuropeos, sólo han sido capaces de extenderse en los últimos períodos y luego usualmente sólo entre las subestructuras indoeuropeizadas. Cuando se quiere aplicar un concepto como la redención a la naturaleza original de la indoeuropea, se puede hablar a lo sumo de una auto-redención, pero nunca de una redención a través de un Dios-hombre, un Semi-Dios o un Dios pleno. Pero la auto-redención indoeuropea debe ser descrita más correctamente como auto-liberación, como la liberación del alma moralmente auto-purificadora, hundiéndose en su propio terreno del ser, una liberación en lo intemporal y lo espacial y la liberación de la necesidad de la existencia y la necesidad del ser. Tal liberación de sí mismo, lograda mediante la superación de los deseos del yo (Pali: kilesa = nibbana o tanhakkhaya, la apatheia de los estoicos) fue enseñada por el hijo del príncipe indio, Siddhartha, el Sabio con “los ojos del color del florecimiento del lino”,  que después fue llamado Buda, el Iluminado.

Tal liberación del tiempo y el espacio se experimenta en el mundo conceptual indoeuropeo por el místico como el Nirvana durante la vida (Pali: samditthika nibbana), como la separación o soledad del alma individual que se hunde en sí misma, que experimenta en su fondo más profundo su integración en el alma universal o parte de ella. Por lo tanto, el misticismo de Occidente no puede confundirse con una redención.

Porque el destino significaba tanto a la religiosidad indoeuropea, encontramos muchos nombres para ello en sus idiomas: la moira de los helenos corresponde al fatum de los romanos, el ananke y heimarmene de los helenos a la necessitas y fatalitas de los romanos. Los germanos nombraron el destino de acuerdo con el aspecto desde el cual lo vieron, como el örlog, metod, wurd, skuld y giskapu). Con los hindúes, la idea del destino se había convertido en la idea del Karma. La idea de una migración del alma que, según su conducta moral durante la vida, invariablemente conducía a una vida mejor o peor después de la reencarnación, concepto que sin embargo era peculiar de los hindúes. La idea de un ciclo de nacimientos, según la descripción de los helenos de un Kyklos tes geneseoos, originalmente fue probablemente peculiar a todos los indoeuropeos, y también se ha demostrado que existió entre los celtas y los germanos (véase también Erik Therman: Eddan och dess Ödestragik 1938, pág. 133-134, 172).

Tal vez también se explique por la observación atenta de rasgos corporales y espirituales heredados en los clanes entre los hindúes, así como los iranios, los helenos, así como los romanos y los germanos – por la herencia, el tener que ser como uno es, es “su” destino, marcado por sus genes físicos y la hamingja de sus antepasados.