¡Hacia el mañana con Odín!

“Matrix es un sistema, Neo. Un sistema enemigo, pero cuando estás adentro, ¿qué ves? Hombres de negocios, maestros, abogados, carpinteros. Las mentes de la gente que queremos salvar, pero hasta no salvarla, esta gente está en el sistema y, por lo tanto, es enemiga. Tienes que entender que muchos no están listos para ser desconectados. Y muchos están tan habituados, dependen tan desesperadamente del sistema que pelearán para protegerlo…”

-Morfeo, Matrix, 1999. 

La mayoría de la gente hoy en día no puede convertirse al Odinismo. Lamentablemente, la mitad nace con un coeficiente intelectual menor a cien y, por lo tanto, en este estadio del renacimiento del Odinismo, no podría entender algunos de los problemas que se presentan en hoy en día. Otros están por encima de la media, pero por alguna razón u otra no han podido recibir una buena educación. Aun así, también hay almas relativamente nuevas que necesitan vivir más vidas para poder valorar las cuestiones espirituales más profundas. Muchos otros están corrompidos, aquellos que buscan la riqueza material por medio del servicio de la fuerza de la entropía; que en nuestra religión se ven personificadas por Loki. Por lo tanto, hay que recordar que nadie volverá al Odinismo hasta no estar listo. Para la mayoría de nuestra gente, esta disposición vendrá de forma natural, cuando las ideas y los valores Odinistas formen parte de la corriente principal de la sociedad en la que vivimos. Para ese entonces, el Odinismo será tan natural como claro, esta es la razón por la cual los Odinistas no evangelizamos ni misionamos. Sin embargo, hay una razón moral por la que no intentamos persuadir a otros. A esta instancia, muchos no están listos para enfrentar la realidad. Algunos de los nuevos Odinistas que están tratando de volver a su fe ancestral apenas comprenden tan solo algunos aspectos. Otros pueden ver más allá, pero en muchas ocasiones desperdiciarán nuestro tiempo y energía haciendo preguntas interminables que ellos mismos pueden resolver. Como señaló Nietzsche en “Así habló Zaratustra”: “No se habían buscado aún a ustedes mismos: cuando me encontraron a mí. Así es como proceden todos los creyentes, por eso es que vale tan poco toda fe. Ahora les ordeno que me extravíen a mí y que se encuentren a sí mismos”.

Incluso Odín, que es el dios que mejor expresa la naturaleza del deseo de sabiduría de los hombres, a lo largo de las eras, no lo sabe todo. Es por eso que la búsqueda Odinista es una búsqueda de sabiduría y conocimiento. Nosotros, simples humanos, sabemos mucho menos que Odín.

En consecuencia, como Odinistas, no nos erigirnos como gurús o rabinos o imanes y mucho menos como papas, ya que todos estamos en esta búsqueda, todos aprendemos y todos compartimos nuestro conocimiento. A diferencia de las religiones del Medio Oriente, el Odinismo no posee dogmas fijos. Por ello, jamás podría convertirse en una religión mistérica y de salvación, lo cual no significa que no tenga estándares. El máximo estándar es el conjunto de leyes que se derivan de los aspectos más elevados de nuestra propia naturaleza, producto de la intervención de los dioses; a diferencia de las estructuras que se han aplicado de manera arbitraria contra nuestro ser más profundo impuesto por una religión proveniente del desierto que logró ganarse a la turba criminal del Imperio Romano que estaba colapsando bajo el peso de la inmigración masiva e inadecuada. Por encima de todas las cosas, el Odinismo es una religión dirigida a la acción, no a la discusión. Es una inspiración para accionar y no una justificación para rituales oscuros o discusiones y charlas. Nunca será simple porque es una reverencia madura, heroica y apasionada por la vida misma; y la vida es incierta y peligrosa. Aquellos que puedan enfrentar este desafío serán el puente al hombre futuro que profetizó Nietzsche. Aquellos que no lo logren, formarán parte de la mayoría de las especies que han existido en algún tiempo en este planeta y ahora están extintos. Recordemos una leyenda normanda. Según Dudo de Saint-Quentin, se les preguntó a los hombres que servían al jefe escandinavo, Rollo, en la conquista de Normandía el nombre de su líder y la respuesta fue: “Ninguno, somos todos iguales”. En el mundo que los Odinistas ya están ayudando a crear y que nuestros descendientes heredarán, aún hay mucho por descubrir acerca de nuestra espiritualidad. En ese sentido, somos todos iguales. Debido al interregnum cristiano nuestra comprensión del Odinismo sigue completa.

Todavía estamos en la etapa inicial de la edad moderna del Odinismo. En las siguientes generaciones nuestro conocimiento habrá aumentado de manera exponencial. Sería imprudente que cualquiera reclame tener un conocimiento superior. Sin embargo, ahora sabemos dónde buscar; en el pasado de nuestro pueblo, de nuestra naturaleza intrínseca presente en el universo y en nuestro futuro prometedor.

El resurgir del paganismo

josep

El paganismo (los paganos) no viene de fuera a conquistarnos (eso hizo el cristianismo y quiere ahora hacer  lo propio el islam); bien al contrario, nos está devolviendo en todo instante la otra cara de nuestro espejo: he aquí tu tradición, nos dice, síguela si te sientes movido a ello; y si no te sientes, síguela también, pues es la tuya y no encontrarás ninguna otra que lo sea igual.

¿Qué se mueve en vosotros cuando oís la palabra “paganismo”?

Es un término genérico, lo sé. Además, a fuer de repetirlo ha quedado en cierta medida anquilosado; pero también, digamos, blindado. Protegido, por ejemplo, de los desarrollos de la sacralidad a partir del tiempo de la Revolución de 1789, de la efervescencia de nuevas religiones sin fundamento alguno, de la confusión de la estética con la ética y de la ética con la estupidez. Hablar de paganismo como nueva manera de reformar y reformarnos en el mundo no es intentar subirse al carro de un nuevo grupúsculo o colectivo, sino sencillamente reconocernos como seres humanos con una capacidad trascendente (aunque sea la trascendencia de lo inmanente), depositarios de un legado cuya merma es constante por parte de los poderes públicos (y de quienes se hallan por encima de los públicos) y, sobre todo, sabedores de que sólo a partir de un arraigo con verdades esenciales y pretéritas podemos encajar en un territorio inhóspito, la Europa de hoy.

Deseo desarrollar estos tres puntos en el presente artículo, pues para que el paganismo vuelva a ser la religión europea mayoritaria (y, si los Dioses conceden, la única) no valen, en primera instancia, las llamadas a la afiliación a pequeñas sectas ni la voz de ningún pope. Nos encontramos todavía, a pesar del tiempo transcurrido desde nuestros orígenes y de una continuidad en muy pocos instantes interrumpida (si la referencia es la totalidad de tradiciones paganas), en un momento de ronroneo imperceptible, pero constante, en un rumor cuyos ecos empiezan a resonar entre las colinas, en los claros de los bosques, frente al amanecer del mar. El “algo se mueve” tan usual en todos los previos de una revuelta no tiene nada que ver con experiencias extrasensoriales o profecías. Tampoco con invasiones o verdades. El paganismo (los paganos) no viene de fuera a conquistarnos (eso hizo el cristianismo y quiere ahora hacer el islam); bien al contrario, nos está devolviendo en todo instante la otra cara de nuestro espejo: he aquí tu tradición, nos dice, síguela si te sientes movido a ello; y si no te sientes, síguela también, pues es la tuya y no encontrarás ninguna otra que lo sea igual. El paganismo, además, se incardina en una tendencia generalizada que busca en las raíces arrebatadas por las religiones del miedo la semilla a través de la cual reconstruirse, ajena a globalizaciones, internacionalizaciones o economicismos.

Carácter comunitario del paganismo

Una de las principales características del paganismo es su carácter comunitario. Siempre fue así. E incluso más: la no separación de espacio sagrado y profano en el vivir cotidiano de las gentes es lo más característico si atendemos no sólo a la tradición romana, sino también a la germánica, a la céltica o a cualquier otra. Los ritos eran diarios y aunque existían diversas figuras de sacerdotes, cualquier persona era libre de invocar, adorar o sacrificar a quien le pluguiese, improvisando la oración o repitiendo alguna de las estipuladas. De hecho, los días ne-fastos eran aquellos donde no había festividad alguna y por tanto no respondían a la misma exigencia de vínculo comunitario y cultural de todos los fastos. Pongo como mayor ejemplo la religión romana (de ésta se ha llegado a alabar su “ateísmo”, lo cual aún nos vincularía más a ella) porque es donde más semejanzas vemos entre muchos de nuestros ritos (o manías o atavismos) y ciertas formas religiosas de entonces. La continuidad maravilla en nombres de Dioses y Diosas (transformados en santos cristianos), en procesiones travestidas con ropajes galileos, en lugares de peregrinación que nos perviven de entonces o de mucho antes. La continuación incluso llega a lo paradójico de poder reivindicar una descristianización del paganismo para volver a comenzar a vivirlo. En cierto modo, el cristianismo sólo sería paganismo folclórico, teología robada del neoplatonismo y algunos condimentos semitas las más de las veces, a la hora de valorar la espiritualidad de la mayoría “cristiana”, prescindibles. O incluso aún peor: terribles, por ser el germen de una beatería insulsa y de un pacifismo insulso que niega al hombre su fuerza y su impulso de ser más.

Reivindicación pagana

Y aquí entra el segundo de los rasgos mencionados más arriba en esta reapropiación, pues a fin de cuentas proclamarse ahora pagano no es haber elegido (un europeo es pagano al nacer), sino haber despojado a las muestras sociorreligiosas actuales de todo lo accesorio con nombre de Cristo, limpiándolas. Así, reivindicar el paganismo es asumir también unos vínculos filosóficos para muchos tal vez ignotos (esa ligadura que une a Platón, a Plotino, a Proclo y a Damascio) donde se encuentra toda la teología cristiana aprendida en los colegios o reinventada por los sacerdotes y cuya originalidad radica en las aportaciones de los últimos representantes de la Hélade, aquellos pensadores de Roma, escritores en griego, que fueron copiados y manipulados salvajemente por depredadores sin tradición, sin bases filosóficas y sin cultura: los “padres” de las Iglesias cristianas.

El paganismo de los pueblos de lenguas neolatinas debería ahondar sus fundamentos en Grecia y Roma, pues cuanto sabemos de las etapas paganas más antiguas de Europa nos ha llegado, justamente, de nuestra civilización. Otras tradiciones son también valiosas, pero nuestro conocimiento de ellas o es predominantemente medieval (el odinismo o a la religión lituana, pueblo, no lo olvidemos, “cristianizado” en el siglo XIV) o si se remonta en el tiempo sólo es mediante observadores ajenos a esa cultura (los pueblos celtas y Julio César). De otras comunidades europeas, también hay vestigios y prolongaciones más o menos válidas y contrastadas, pero, repito, en ninguna nos encontraremos con la masa de saber y arte cuyo inicio está en Homero y Hesíodo y se prolonga durante más de mil años sin solución de continuidad. Y, esto es lo triste, tal caudal se encuentra en peligro de perderse para siempre. Reivindicarlo sería una primera toma de postura en la aceptación de un orden cultural y social imprescindible para que nadie nos robe cuanto nos corresponde. En este sentido, los planes de estudio donde la historia de Grecia y Roma es relegada a cuatro frases, el latín es voluntario y el griego clásico inexistente, donde, incluso en las facultades de Filosofía, Plotino es una nota a pie de página y de Proclo o de la última Escuela de Atenas ni se hace mención, donde el resurgir del paganismo gracias a Jorge Gemisto Pletón en la Grecia del siglo XIII quizá se menosprecia a propósito, a pesar de su influencia en la civilización renacentista (y una pequeña digresión sobre este término: “renacimiento”, sí, y no otro, porque la cultura grecolatina volvió a hallarse en la cima y a tomarse como modelo del saber y del creer; el Renacimiento no sólo son frescos en dependencias vaticanas o determinadas esculturas de tema bíblico, sino, sobre todo, un intento de volver a reinstaurar y hacer revivir aquella época, incluida la religión, por supuesto, en muchos de sus nombres más destacados), donde la historia se restringe a algaradas políticas, a derechos humanos y a invectivas patrioteras… Estos planes de estudio no van a ayudar a nada más que a sumirnos en la ambigüedad y dejadez previas a toda desaparición. Son signos apreciables en todas las decadencias: si se desprecia lo intrínsecamente propio, nada puede oponerse a quien de verdad manipula y quiere que olvidemos. Pues la verdad es ésa: alguien, en la actualidad, está anulando la fuerza de nuestra tradición, el vigor de nuestra historia, la verdad nacional más allá de los Estados.

El paganismo europeo, religión de masas

Y éste sería el tercer punto arriba definido: arraigarnos a nuestro suelo es arraigarnos a Europa, sin miedo alguno, sin complejos superpuestos, sin disculpas. Revitalizar el paganismo se halla inexorablemente ligado a un concepto imperial de Europa no como lugar de suma indiscriminada o de pactismos interesados tan sólo en el poder del capital, sino como contenido. Olvidemos ya el término “continente” para las tierras europeas, pues niega toda especificidad y todo ímpetu, subvierte el proceso de unión que se ha de establecer entre todos sus pueblos y deja de fijar unos contornos absolutamente precisos en sus límites. En esa Europa, de esa Europa, el paganismo entendido como proceso socializador, como religión de masas, como alta filosofía, habría de ser el vector. Y, repito, uno no se ha de convertir a nada, pues ya es ciudadano europeo y, en la antigua Roma, la pertenencia al Estado era la pertenencia a la religión del Estado; el bautismo (o la shahada islámica en los conversos actuales), por tanto, no hacía ingresar en una nueva religión, sino que separaba de otra, justamente de la propia.

En Europa, e incluso en la Magna Europa (EE.UU., Canadá, Nueva Zelanda…), hay un crecimiento del paganismo entre la población. Siendo países anglosajones la mayoría, buscan en el odinismo o en la tradición sajona más o menos adulterada sus puntos de anclaje. En las tierras de Hispania, es también Wicca, junto a Asatru y las hermandades druídicas, la que más adeptos está cobrando. Cualquier vía es buena si de verdad se persigue ese objetivo de profundizar en las raíces europeas. Al mismo tiempo, se ha de estar prevenido para huir de falsos folclores, de prácticas sincréticas (cosa diferente a realizar variedad de prácticas) o de dejarse tentar por el lado blando de lo sagrado encarnado en una New Age de angelitos, ensalmos y sonrisa de guitarrita santo santo es el Señor no a la guerra y dame paz.

La vía pagana en Europa es una vía religiosa, pero para redescubrir de verdad, en todos los sentidos, cómo establecer bases sociales fundamentadas de nuevo en la comunidad, la oración y el orgullo de formar parte de un pueblo determinado. Se ha de empezar desde donde uno pueda, incluso postrándose ante una piedra si ésta representa el vacío primordial de la materia y esa vía nos capta por completo (la vía de la nada, de la negación). No obstante, jamás se ha de dejar de ser consciente de cuál es nuestra tradición y que a ella, por encima de cualquier otra, nos debemos. El Panteón olímpico será siempre el lugar de nuestro refugio y hacia donde tenderán nuestros deseos. Y habéis de empezar sin demora.

Esta festividad del Solsticio de Verano, id al mar o a los ríos, desnudaos, saltad los fuegos, zambullíos en las aguas, invocad a Posidón y a Afrodita, bebed hasta embriagaros y cuando Helios sea visto de nuevo en el horizonte, honradlo con un cántico, haced el amor entre vosotros y reinventad la vida, pues sois, de esta tierra, para esta tierra. Estaréis siendo, ya, paganos: sin culpas, sin pecados, sin temor. Y, éste, sólo será el inicio del camino.

Que los Dioses os sean propicios.

 Josep Carles Laínez

Hacia un nuevo Paganismo Odinista

Los conceptos modernos del paganismo tienen en común que, aun cuando son intuiciones precisas, ancladas en el inconsciente colectivo, están elaboradas de una forma incompleta. En todos los casos se toma a cada uno de los miembros físicos de la religión europea para realizar en el conjunto su proyección espiritual, a uno de los atributos por la sustancia. El problema reside  en que, en ninguno de los casos, la intuición abarca más que, en cada ocasión, un solo atributo. Si estuviésemos hablando de matemáticas, trataríamos de conseguir la ecuación integral a partir de innumerables fórmulas diferenciales.

Este estudio temprano que se realizó para la recuperación del paganismo europeo a lo largo del siglo XIX y XX adoleció de tres cosas:

-De no poder concebir el paganismo como algo perfeccionado en sí mismo,  sino como antagonista al cristianismo.

-De no poder ver al Paganismo en su sustancia, sino sólo a través de sus atributos y, aun así, en general, sólo a través de determinados atributos y no de la suma de todos ellos.

-El cristianismo, al mismo tiempo que se opone al paganismo, desciende de él, y contiene muchos elementos que de él derivan; pero el concepto así formado adolece radicalmente de haber sido concebido dentro del propio instinto cristiano del que busca deshacerse.

Unos han buscado hacerse paganos, o imitar a los paganos, educándose en una objetividad puramente visual; la objetividad pagana era, sin embargo, no sólo visual, sino estrictamente temperamental. No era sólo el empleo de lo perfectamente objetivo, o de cualquier otro sentido; era la objetividad esencial de que aquéllas representaciones simbólicas eran sólo las manifestaciones de la vida reflejadas en nuestros sentidos.

Era necesario ir más lejos, despojarse del hábito cristiano de hacer que la realidad comience y acabe con nosotros; pasar a vivir de la sensación hacía fuera, y no de la sensación hacia dentro, como ha sido el hábito en Cristo. Reconstruir el paganismo involucra, pues, como primera acción intelectual, hacer renacer el objetivismo puro de la tradición indoeuropea. Todo lo demás que se intente no pasa de reproducción estéril de los elementos secundarios o incluso accesorios del paganismo antiguo. Por eso nunca hubo, dentro de la civilización cristiana, tentativa alguna que de pagana merezca ese nombre, aunque haya habido varias con sobradas pretensiones a ese respecto. No ejemplificaremos exhaustivamente, pues la tarea, además de ser inútil, sería extenuante y larga. Enumerar toda la basura cristiana con las pretensiones paganas de los Matthew Arnolds, de los Oscar Wilde y del Walter Paters del bajo cristianismo, sería tedioso y desolador. Esta gente juzgaba estar con los antiguos paganos, cuando en realidad, chocaban en su confrontación personal con el cristianismo, por lo que ellos [sic] llamarían razones estéticas; no pasan de ser discípulos cristianos, no tienen ningún vínculo real con el paganismo, sino sólo de ciertas escuelas filosóficas que el paganismo produjo.

Pero así como los actuales paganos a fuerza de separarnos de nuestra civilización cristiana de los últimos 2000 años, hubiéramos tenido la noción precisa de lo que constituye la esencia del paganismo, no quiere decir por eso que pasemos inmediatamente a ser paganos, neopaganos o re-paganos. Esas cosas, que habitualmente tratamos de comprender sólo con la inteligencia, nada son y nada valen. Tiene el individuo que nacer con la cosmovisión general arquetípica europea  para comprenderla y colocarla  en el centro de su sensibilidad. El individuo tiene que nacer pagano para ser pagano. Pagano Nascítur, non fit, como el  decimos del poeta, y, al final, como todo lo que es estable en este mundo.

Incluso fijar una teoría filosófica del paganismo, no es posible para quien no tenga una organización naturalmente objetivista de la inteligencia y de la sensibilidad, una construcción de los sentidos y de las emociones de tal modo modelada que interprete objetivamente las cosas. Podría ser así, y nunca considerarse pagano el resultado. Si así no fuera, puede construir un alma postiza con fragmentos de las Eddas, que nunca pasará de ser un vil cristiano. Téngase presente siempre que nacer pagano representa nacer libre de más de veinte siglos de civilización cristiana, porque las influencias que finalmente se revelaron en el cristianismo estaban desde hace mucho en acción en el entorno de los países europeos cuna del paganismo. Recuperar el paganismo europeo no es utópico, porque nada es imposible. Sobre todo no lo es en nuestra época en que la civilización cristiana se esparce hacia todos los puntos de la insania, se deshace por completo, se anula a sí misma en el último arranque de su envilecidísima alma sensual, abyecta, del esclavo que mató al señor y todo lo que de noble tiene la vida.

No en necesario que nos vinieran a decir los demás que el cristianismo es más triste que el paganismo, ni que nos viniese a hablar Chesterton, para expresar lo contrario, que es más alegre que el paganismo. Ambas cosas son ciertas. El cristianismo es, de hecho, más triste y más alegre que el paganismo. Siendo por su naturaleza un fenómeno enfermizo, presenta la oscilación característica de la histeria (de aquello que se llama histeria) donde comúnmente se vive en los extremos y en el apogeo de las emociones y donde todo es posible menos el equilibrio y la sobriedad.

El odio de Nietzsche al cristianismo le aguzó la intuición en estos puntos. Fue en nombre del paganismo grecorromano que elevó su grito, creía él; pero sin embargo fue dentro del paganismo germánico de sus mayores, donde buscó y encontró sus raíces más vitales. Y aquel Dionisio, que contrapone a Apolo, nada tiene que ver con Grecia.

El cristianismo está en liquidación. Por todos lados se deteriora y se marchita. Lo que era misticismo e interioridad lo abandona, para formar la sustancia de los diversos agrupamientos ocultistas que abundan en todo el mundo. Lo que era aspiración humanitaria lo abandonó hace un par de siglos, que fue el pan del bizantinismo sociológico de los demócratas, de los socialistas y de los anarquistas. Lo que era tendencia imperialista, se impulsó para su absorción por la sociedad laica, sin embargo se desvaneció como fenómeno cristiano: pasó al campo político, y la fiebre de dominio que agita a las dementes sociedades contemporáneas no es más que un fermento cristiano, desubicado de su lugar religioso. Así, el cristianismo se descompone al pasar, como en todas las decadencias, aquellos elementos que le permiten tener una vida propia, para actuar separados del cuerpo al que pertenecían, y que lo conformaban.

La reconstrucción del paganismo es un auxilio prestado a la causa pendiente por la civilización occidental. Esa reconstrucción pagana habrá necesariamente de seguir tres caminos, porque, el cristianismo se disuelve en tres elementos, que quedan independientes de él, o que el ataque directo al cristianismo los deja vivos y sanos.

-Tenemos que atacar al misticismo y al subjetivismo abyecto del ocultismo y del protestantismo decadente.

-Tenemos que atacar el humanitarismo y la forma pervertida de lo que se autodenomina actualmente “democracia”, productos cristianos, hijos pródigos del cristianismo.

-Tenemos que oponer resistencia, aunque sea de una forma intelectual, a la estulta globalización, imagen y semejanza de la Iglesia católica, que viola aquel principio de la nacionalidad cuyo símbolo máximo es la estirpe o kindred.

Y esta triple tarea —o, mejor, esta tarea triplemente orientada— tiene que apoyarse en una base, y esa base está en la íntima estructura de la naturaleza de las cosas. Esto es, tenemos que invertir los valores fundamentales del cristianismo, para que lo sequemos en su misma fuente y origen.

Así las cosas, el cristianismo no solo se deshace, sino que las partes en que se deshace, a su vez, se deshacen unas a otras. En veinte siglos de dominio de las almas, el cristianismo no consiguió ni imponerse ni deshacerse, y todo cuanto ha hecho, ha sido hecho por serie de reacciones contra él, como en la imperfecta reacción humanista, casi neopagana, del Renacimiento, y la abyecta reacción neo humanitaria de la Revolución francesa.

Nosotros, los nuevos paganos, debemos comenzar por el principio, por el adoctrinamiento abstracto, intelectual de los principios del contracristianismo. Con el asedio y Ia decadencia de la religión cristiana, con el debilitamiento, sobre todo, de su poder en los espíritus, y de su valor en las evaluaciones de la vida social —que progresivamente se revela en la época que es costumbre fechar, por conveniencia de claridad, desde la Revolución francesa, y que hoy está vigente—, sucedió que muchos espíritus intentaron, según les era posible, reconstruir el sentimiento pagano. La mayoría se vio influenciada por consideraciones provenientes por un lado del estado social creado por el crecimiento de las industrias y el consecuente aumento del proletariado más culto, y por otro lado hijas del pasajero prestigio que el estrecho materialismo científico, de moda en el siglo XIX, creó, y de ese modo, al pretender salir del cristianismo y por no poder, por la fatalidad del espíritu humano, desligarse del molde religioso, se congregaron en torno a ideales de naturaleza religiosa, pero desnudos del cuño espiritual casi siempre, en el nivel más allá de lo terrenal, que la filosofía del siglo imponía. Así se formaron las corrientes socialista, sindicalista y anarquista en el pensamiento dinámico de nuestra época.

Pero, fuera de esa mayoría, aquellos espíritus cultos para quienes la antigüedad pagana no era algo desconocido, se acogieron a su sombra benigna, e intentaron, de una forma o de otra, reconstruir en sí el paganismo latente. Se diría que el intento no pasaría de un entretenimiento de escolásticos o de eruditos, si no fuera porque en el cristianismo, y sobre todo en el cristianismo católico, están incluidos fuertes elementos paganos. El cristianismo se nos presenta compuesto por tres elementos:

-El elemento cristiano propiamente dicho.

-El elemento pagano contenido en la presencia de aquellos santos que todos sabemos son sólo sucesores deformados de los dioses,

-Aquel elemento propiamente religioso que todas las religiones contienen.

Con la disolución reciente del sentimiento cristiano se escindió el cristianismo en sus elementos que se desprendieron de él con varios rumbos. El sentimiento cristiano propiamente dicho —la compasión, la caridad— continuó, despojado de los atributos religiosos, en las doctrinas llamadas de la Revolución francesa. Libertad, Igualdad y Fraternidad es un lema que pudo ser del cristianismo, si éste no tuviera además el elemento sobrenatural típico de lo religioso. Este mismo elemento, aliado ya al religioso, motivó las diferentes broad churches y low churches, diferentes disidencias, y sobre todo las distintas formas aproximadas de socialismo cristiano que han surgido no hace mucho. El sentimiento de lo sobrenatural, liberado del sentimentalismo cristiano, desembocó en el renacimiento del ocultismo, patente hoy por todo el orbe. Ciertas escuelas del ocultismo —como la Sociedad teosófica, que es, ostensiblemente, la más fuerte— no abandonaron, es cierto, el sentimiento cristiano, en su intención fraternal. Pero el hecho es que el renacimiento ocultista, como tal, no se apoya directamente en el humanitarismo cristiano, y sí en la pura revivificación de la noción de lo sobrenatural, sin otros atributos o elementos anexos.

La pluralidad de los dioses es, en efecto, una de las características del paganismo. Pero es necesario que se entienda cuál es el sentido que subyace a esa pluralidad, hay que ver cuál es el espíritu que la anima. Y para eso es necesario tener presentes tres cosas:

-Que encima de los dioses, en el sistema pagano, está siempre el Örlog incorpóreo, que somete a dioses y a hombres a sus decretos inexplicados.

-Que los dioses se destacan de los hombres y son superiores a ellos por una cuestión de grado, que no de orden, que ellos son hombres perfeccionados o perfectos, hombres mayores, por así decirlo, antes que hombres diferentes o ultrahombres;

-Que un arbitrio absoluto, y no una razón de orden moral —como la intervención de Cristo por los suyos, o las apariciones de la Virgen a sus méritos virtuosos— rige las relaciones de los dioses con los hombres.

Con la percepción clara de estos tres elementos típicos del plurideísmo pagano, se podrá comprender el sentido íntimo de la mitología germánica.

El primero de estos elementos se refiere a la noción, intuitivamente exacta y confesa en sus creyentes, de una ley natural —el Örlog—que rige por encima de la propia fuerza y grandeza de los dioses, y cuyo sentido se desconoce, pero que actúa siempre y sobre todo impera.

En el segundo elemento se reconoce una mentalidad que tiene necesidad de objetivar todo, y para la cual los dioses no son fantasías concretizadas, sino probabilidades aumentadas.

En el tercer elemento se recoge la justa noción de las cosas que tuvieron los pueblos que observaron que la ley moral no tiene valor fuera de la ciudad y del poblado, y que, en su conjunto, no rige al mundo. Ellos vieron bien que la religión y la moral son necesidades sociales, no son hechos que valgan en la metafísica de las acciones; que en todo gobierna el arbitrio, en el sentido de lo amoral. Esta noción instintiva, de asumir la moral y la religión antes como virtudes cívicas que como realidades metafísicas, es uno de los hechos en que más hay que reparar en una apreciación del espíritu del Paganismo.

EL ODINISMO COMO COMUNIDAD SOLIDARIA

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LA SOCIEDAD OCCIDENTAL EGOCÉNTRICA

La cultura occidental es profundamente individualista. Si alguien ha sido responsable de semejante desatino, ese ha sido el cristianismo. Fuente y origen del individualismo actual. En un sentido ético y religioso, la cristiandad ha sido siempre profundamente individualista. Su fundamental preocupación ha sido el bienestar, sobre todo en el otro mundo, del alma individual y mortal. Para ella todas las almas “han nacido libres e iguales. Esto distingue radicalmente a todo el pensamiento cristiano del de la antigüedad clásica anterior a la edad helenística” .

El cristianismo hubo de enfrentarse a las tradiciones culturales de su época que no contemplaban en absoluto la posibilidad de una relación directa entre Dios y el individuo. “La relación directa entre la criatura y su Creador es la base del individualismo occidental». En el Sermón de la Montaña Jesús actualiza los Diez Mandamientos formulando una moral “individualista e incluso antisocial:

El Reino de Dios es prometido a los pobres, a cada uno de ellos, no a la colectividad. El mandamiento ‘amaos los unos a los otros’ es un precepto individualista… Este mensaje evangélico del individualismo absoluto, tan ajeno a la sociedad, se enfrenta rápidamente a las sociedades de la Antigüedad. Después, por una curiosa metempsicosis, se encarna en una de las instituciones más extraordinarias de toda la historia de la humanidad: la Iglesia de Roma”.

Las creencias judeocristianas que alcanzan un mayor nivel de implantación social son aquellas que están impregnadas del veneno en las ideas de un Dios y un alma individual.

INDIVIDUALISMO=EGOISMO

Como bien está reconocido, el camino de la vida Asatru es una vía comunal. Es uno de los principios y valores que fueron centrales para los antiguos paganos, puesto que fueron esenciales y básicos para el crecimiento y mantenimiento como pueblo. Esto no debe ser interpretado de ninguna manera como una forma de comunismo. Nuestros antepasados apreciaban y fomentaban la individualidad y la libertad personal, que siempre han sido elementos esenciales de la salud cultural y emocional de los pueblos indoeuropeos.

Nuestra sociedad es una sala vacía compuesta por una multitud innumerable de hombres iguales y semejantes, que giran sin cesar sobre sí mismos para procurarse placeres ruines y vulgares, con los que llenan su día a día sin tener un plan concreto. Retirado cada uno aparte, vive como extraño al destino de todos los demás, y solo sus hijos y amigos más cercanos forman para él toda la especie humana: se halla al lado de sus conciudadanos, pero no los ve; los toca y no los siente; no existe sino en sí mismo y para él solo, y si bien le queda un atisbo de familia, puede decirse que no tiene patria.

En consecuencia, se adopta una actitud hostil hacia la familia y el resto de grupos orgánicos intermedios entre el individuo y el Estado, especialmente aquellos no deliberadamente diseñados por la mente humana. Este individualismo, cuyos más conspicuos representantes son J.J. Rousseau y J. Bentham, es el que llevó a los revolucionarios franceses a tratar de destruir toda tradición y todos esos cuerpos intermedios entre el individuo y el Estado.

De ahí que el Odinismo-Asatru afirme la necesidad de la tradición, la familia y las relaciones orgánicas de grupo, para suplir y perfeccionar las limitaciones inherentes a la humana condición.

Nos relata el gran estudioso James George Frazer:

«Como consecuencia de las enseñanzas cristianas, los hombres rehusaban a defender su país e incluso a procrear. En su ansiedad por salvar sus almas y las de los demás, estaban contentos y listos para abandonar el mundo material, que ellos identificaban con el principio del mal. Esta obsesión se extendió por mil años.  El retorno al derecho romano, de la filosofía aristotélica, del arte y la literatura antiguas al fin de la Edad Media, marcaron el retorno de Europa a sus ideales autóctonos de la vida y de la conducta, y a puntos de vista más positivos sobre el mundo.»

«La religión del Cristianismo, con su curiosa mezcla de crudo salvajismo con aspiraciones espirituales, fue solo una de las muchas religiones orientales que en los últimos días del paganismo se difundieron en el Imperio Romano, que saturaron a los pueblos europeos con ideales extraños de la vida que gradualmente desmontaron las bases de la civilización antigua. La sociedad indoeuropea estaba construida bajo la concepción de la subordinación del individuo a la comunidad, del ciudadano al Estado; se consideraba a la búsqueda de la seguridad y el bienestar de la comunidad como el objetivo supremo de la conducta, por encima del bienestar del individuo en este mundo o en el otro mundo. Educados desde la infancia en este ideal comunitarista, los ciudadanos dedicaban sus vidas al servicio público y al bien común; nunca se les ocurrió anteponer sus existencia e intereses particulares al bienestar y a los intereses de su nación.»

«Todo esto cambio con la difusión de las religiones orientales como el Cristianismo que inculcaban que la búsqueda de la salvación del alma individual era el único motivo por el cual había que vivir, un objetivo que era superior a la prosperidad e incluso la existencia de la nación, la cual era relegada a la insignificancia. El resultado inevitable de esta doctrina egoísta e inmoral era la separación del devoto de su comunidad y de la esfera pública, la concentración en sus propios pensamientos y preocupaciones espirituales individuales, la introspección individualista, y el rechazo hacia la vida presente y el mundo terrenal que desde ahora eran vistos como un estado transitorio de prueba hacia otro mundo mejor y eterno (El Reino de los Cielos). El santo y el monje, que rechazaban al mundo y contemplaban estáticamente el cielo, se convirtieron para las masas en el más alto ideal al que aspiraba la humanidad, sustituyendo al viejo ideal del patriota y del héroe, que vivía y moría por el bien de su nación. La ciudad terrena parecía pobre y rechazable para los hombres asombrados por la Ciudad de Dios en el cielo. Así el centro de gravedad, se movió del presente hacia una vida futura fuera de este mundo, y sin importar lo mucho que se había logrado en este mundo, esto era incomparable e incluso inferior a lo que había en el otro mundo. Esto tuvo como consecuencia la desintegración del cuerpo político. Los lazos del Estado y de la familia se debilitaron; la estructura de la sociedad se atomizo en individuos preocupados solo por su salvación espiritual y por consiguiente la sociedad cayo en el barbarismo, porque la civilización solo es posible a través de la cooperación activa de los ciudadanos y de su voluntad a subordinar sus intereses privados al bien común.»

 LA CONTRADICCIÓN CRISTIANA

Que la base este salvaje individualismo total es cristiana, es un hecho constatado. ¿Pero por qué la iglesia ha estado a gusto con este estado y ahora se queja amargamente?

Estamos acostumbrados hasta la saciedad que la iglesia haya defendido un concepto y su contrario con el único fin de mantenerse en la situación de privilegio en la sociedad, al lado del poder, controlando, dirigiendo los destinos de nuestra sociedad.

Los últimos vientos de cambio que soplan en la iglesia a raíz del Concilio Vaticano II no dejan lugar a dudas:

“…Como es sabido, el Magisterio de la Iglesia se ha mostrado siempre muy crítico con el individualismo: «El individualismo- dice Juan Pablo II- es egocéntrico y egoísta». Benedicto XVI se ha expresado en términos similares, criticando en numerosas ocasiones el individualismo y la «cultura individualista» imperante en los países occidentales en la actualidad. Por tanto, si atendemos a la literalidad de las palabras de los pontífices, existe una absoluta incompatibilidad entre cristianismo católico e individualismo.”

Es evidente que el magisterio de la iglesia católica actual nada tiene que ver con las enseñanzas de su maestro Jesús, hundiendo a sus seguidores en la duda y la perplejidad de una religión cambiante por instantes.

EL CRISTIANISMO LAICO

Esta aparente contradicción se da por el hecho que al ser el cristianismo el elemento disgregador de la sociedad por excelencia, disuelve todos los elementos sociales del individuo hasta hacerlos desparecer, dejando al mismo como único actor, donde incluso solo él mismo tiene relación directa con Dios . Pero el problema revierte cuando la iglesia no puede controlar toda esa serie de múltiples individualismos en los que ha convertido a una comunidad orgánica, un pueblo o una nación. Tradicionalmente la iglesia ha tratado de vertebrar dentro de su estructura toda esa amalgama informe en que ha convertido la sociedad y así ha sido hasta el siglo XVIII, con la aparición de la ilustración y los valores de “libertad, igualdad y fraternidad” se transforma ese cristianismo religioso en uno de carácter filosófico y laico, y como consecuencia de ello, la iglesia deja de ser la cabeza de la sociedad, de todo aquello que anteriormente organizaba y distribuía, girando toda la sociedad en torno a ella, desde el bautismo, la comunión, el matrimonio, la creación de una familia y la muerte del individuo, esta iglesia, bruscamente cedió su relevo al nuevo sistema religioso-político, el liberalismo actualmente vigente, que asumió los antiguos roles de la iglesia católica.

Esa gradual y sutil sustitución de factores religiosos, por filosóficos y económicos es lo que ha dado lugar a lo que consideramos la “sociedad individualista moderna” donde el Dios que la rige es el dinero, y el materialismo la doctrina que fundamenta a la nueva religión, pero que conceptualmente se haya arraigada en los mismos valores que el cristianismo instauró sobre el imperio romano.

Hoy por hoy la globalización es el máximo exponente de la evangelización mundial, donde desaparecen las diferencias e identidades nacionales.

UNA NUEVA SOCIEDAD PAGANA

1) El valor de los individuos fuertes

Nuestros antepasados siempre estructuraron comunidades compuestas de grupos familiares o de clanes, cuyos miembros formados por las unidades familiares básicas, configuraron la raíz básica de la sociedad. Los individuos fuertes y prometedores fueron vistos como una bendición. Hijos e hijas sanos y fuertes fueron vistos no solo como bendiciones para la familia sino también para la comunidad.

Las sagas están llenas de historias de individuos que hacían fuertes a menudo eran animados desde edad temprana para luchar por la excelencia. Todos los prometedores jóvenes héroes no solamente salieron en busca de su propio destino, sino también en el regreso, para construir sus familias. Por lo tanto, puede observarse cómo los antiguos equilibraban las necesidades del individuo frente a las necesidades de la familia. Ambas fueron claramente reconocidas, y su sociedad concilió ambos factores.

2) la excelencia individual dentro de la sociedad

Puede ser contradictorio afirmar que Cultura pagana promueva una fuerte individualidad y la obligación comunal al mismo tiempo. Pero no es el caso, como se puede comprobar fácilmente mediante el examen de los valores de nuestros antepasados. Ellos no ven una contradicción entre lo que era bueno para la gente y bueno para el individuo, que vieron una unidad que se llama «excelencia».

La búsqueda de la excelencia es una antigua tradición en nuestro pueblo. La palabra moderna, que significa «de gran calidad«, no solamente da una idea de lo que nuestros antepasados buscaron, sino que va mucho más allá, es mucho más profundo que eso. Para nuestros antepasados, era un lugar de honor personal luchar por el logro excepcional en todas las áreas de su vida. Fue una marca de nobleza ser considerado un gran hermano padre, amigo, trabajador, deportista, guerrero, artesano, poeta y comerciante. Tales hombres fueron llamados excelentes.

El concepto es muy antiguo. Lo vemos en la cultura griega donde se le llama » ἀρετή[1]«. Se esperaba de los griegos competir en los juegos, recitar a Homero, luchar como infantería pesada, servir como funcionarios del gobierno, ganarse la vida como un comerciante o agricultor, navegar con confianza a través del mar, conocer la filosofía, y formar una familia amplia. No alcanzar estos objetivos era visto como un fracaso personal.

Los germanos valoraban al máximo nivel esta excelencia. Un germano siempre deseó ser visto como un hombre de virtud, tuvo que luchar por ser excelente en todos los sentidos. Este concepto se encuentra fuertemente arraigado entre los nórdicos. En las sagas, los hombres que eran más venerados son los grandes guerreros, marineros, poetas, hombres de leyes, comerciantes, y los padres. Estos hombres se esforzaron por ser los mejores de todos los aspectos de su vida.

El impacto de la excelencia va más allá de la persona; es un elemento esencial de la sociedad pagana germánica [recibida de la sociedad politeísta indoeuropea], ya que la excelencia de una persona solo tiene lugar dentro de la sociedad.

Por ejemplo, un padre o madre excelente, deben de tener hijos de la mejor calidad que luego llegarán a ser los pilares de la comunidad tal y como fueron sus padres en sus día. El logro individual acontece como parte del logro de la comunidad. El individuo se esfuerza a nivel personal, y su logro le trae honor y recompensa directamente a él, pero la sociedad en su conjunto, se beneficia directamente de la contribución de una persona excelente. De esta manera, el deber social del individuo se cumple por la realización personal del individuo en cada aspecto de su vida.

Al igual que en todas las vivencias paganas, tiene que haber un equilibrio dentro de lo personal dentro de todo odinista, necesario para alcanzar su máximo potencial vital. La verdadera excelencia llega sólo cuando el individuo equilibra sus potencialidades de desarrollo y la necesidad de vivir una vida plena interior. Por ejemplo, querer ser un atleta es una cosa maravillosa, y una persona que esté en excelentes condiciones debe ser un activo para nuestro pueblo. Sin embargo, si se dedica servilmente al deporte ya dejar de ser en la práctica útil para el Folk, aunque lo practique a diario. También hace que esa obsesión por el deporte en el deporte, descuide otras áreas de su personalidad. Nuestros antepasados se exigían a sí mismos toda la excelencia en cada área, y despreciaron lo que la cultura popular ahora venera como el «especialista» que sólo es bueno para una cosa.

Para los Odinistas-Ásatrúar modernos, la búsqueda de la excelencia debería ser el objetivo primordial. Las Nueve virtudes nobles proporcionan un amplio marco guía para que nuestros esfuerzos fructifiquen lo mejor de nosotros en todos los aspectos de nuestras vidas. En nuestra búsqueda por la excelencia, fortalecemos nuestro músculo para construir nuestra comunidad que mantiene viva a nuestro pueblo. Cuando nosotros mismos somos los fuertes pilares de los que todo el mundo depende, debemos dar el cien por cien en cada esfuerzo, cumplimos con nuestra sagrada obligación de construir una reputación como persona verdaderamente honorable. De esta manera, los Ásatrúar podemos equilibrar a nuestro yo personal para el logro individual con nuestro deber para con la comunidad.

3) Nuestra comunidad, lo primero

Este equilibrio entre la comunidad y su unidad elemental y básica—la persona—es omnipresente en las antiguas sociedades politeístas indoeuropeas, ahora por desgracia está totalmente ausente hoy en día en nuestra cultura popular. Hoy en día, los individuos son empujados al primer plano de la representación vital, dentro del ataque generalizado de egoísmo cultural y consumismo rabioso. En todas partes se nos anima a mirar hacia fuera de nosotros mismos y practicar el «Just do it» sin pensar en las consecuencias para nuestra familia o comunidad. La excelencia que se persigue es sólo la auto-gratificación egoísta.

Esta falta del sentido de deber al pueblo y a la familia es la primera causa de la fractura de las familias, las comunidades y la educación de hoy en día. La cultura mediática moderna promueve ideales egoístas dentro del individuo, dibujando la idea qué es él, en última instancia, el fin último de la existencia. Esta cosmovisión está en contradicción con el sistema de valores Odinista y pagano donde la familia y por extensión la comunidad es lo primero.

Nuestro Folk prioriza las éticas para poder equilibrar las necesidades de nuestra comunidad y los individuos que la componen. Todos los miembros de este tipo de comunidad deben darse cuenta de que tiene el deber de ser un contribuyente positivo. No sólo tienen que apoyarla apoyando sino defenderla, ya venga la amenaza desde fuera o desde dentro. Por otro lado, las personas que formamos parte de la comunidad, sabemos que todo somos diferentes y tenemos distintas habilidades, y por lo tanto nuestras contribuciones nunca serán las mismas. Cada hombre debe que dar lo mejor de sí mismos, y esta es la clase de igualdad o equilibrio, que se encuentra en una fuerte comunidad Odínica donde cada persona busca la excelencia para ellos y su pueblo.

Por ejemplo, apreciamos a los hombres fuertes cuando es necesario realizar un gran esfuerzo físico, cuando en una situación de emergencia son capaces de rescatar a unas personas atrapadas, por ejemplo, sin embargo, cuando el niño de algún amigo cae enfermo, no nos importa que sea un hombre de poca envergadura física el encargado de salvarlo (un médico, por ejemplo). Esta es la verdadera fuerza de una comunidad, cuando el individuo que busca la excelencia sirve como una ayuda para el conjunto.

Este servicio a nuestra comunidad no es enteramente desinteresado. Como en todo Paganismo, es práctico para todos nosotros. Igual que hacemos para nuestros Dioses, que siempre damos algo para recibir cualquier don, cualquier actividad nuestra a nivel social comporta un retorno de la misma. Recordemos que día a día, cuando trabajamos para construir una Midgard mejor y más justa, estamos mejorando la comunidad donde vivimos. No sacrificamos nuestro esfuerzo para no obtener ningún beneficio, nuestro trabajo debe estar destinado a un fin; buscamos la excelencia en nosotros mismos para fortalecer y mejorar nuestras vidas dentro de nuestra comunidad.

Cuando ponemos a nuestro pueblo por delante, nosotros nos servimos a nosotros mismos. Esa es la clave.

[1] Es uno de los conceptos cruciales de la Antigua Grecia; sin embargo, resulta difícil precisar con exactitud su extraño y ambiguo significado. En su forma más general, para algunos sofistas la areté es la «excelencia»; la raíz etimológica del término es la misma que la de αριστος (aristós, ‘mejor’), que designa el cumplimiento acabado del propósito o función.

George Gurdjieff

G. I. Gurdjieff
G. I. Gurdjieff

George Gurdjieff fue un maestro místico, escritor y compositor armenio, quien se autodenominaba como un simple Maestro de Danzas. Desde el Odinismo, donde tratamos de recuperar la antigua tradición, sin importar las etiquetas que frecuentemente atan a las cosas del mundo, presentamos a este pensador;  a bien seguro George Gurdjieff se hubiera identificado con ciertos aspectos de nuestra religión, de la misma manera que nosotros nos identificamos con algunas de estas 82 duras perlas que el maestro dedicó a su hija; bien leídas, constituyen un manual para desprogramarse y vivir libremente, con una responsabilidad que se debe sólo al propio espíritu.

Si os dais cuenta es un desarrollo de las nueve noble virtudes, pero mucho mas detallado y personalizado.

1. Fija tu atención en ti mismo; sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
2. Termina siempre lo que comenzaste.
3. Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
4. No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
5. Desarrolla tu generosidad sin testigos.
6. Trata a  cada persona como si fuera un pariente cercano.
7. Ordena lo que has desordenado.
8. Aprende a recibir; agradece cada don.
9. Cesa de autodefinirte.
10. No mientas ni robes; si lo haces, te mientes y robas a ti mismo.
11. Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
12. No desees ser imitado.
13. Haz planes de trabajo y cúmplelos.
14. No ocupes demasiado espacio.
15. No hagas ruidos ni gestos innecesarios.
16. Si no la tienes, imita la fe.
17. No te dejes impresionar por personalidades fuertes.
18. No te apropies de nada ni de nadie.
19. Reparte equitativamente.
20. No seduzcas.
21. Come y duerme lo estrictamente necesario.
22. No hables de tus problemas personales.
23. No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
24. No establezcas amistades inútiles.
25. No sigas modas.
26. No te vendas.
27. Respeta los contratos que has firmado.
28. Sé puntual.
29. No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.
30. Habla sólo lo necesario.
31. No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.
32. Nunca amenaces.
33. Realiza tus promesas.
34. En una discusión, ponte en el lugar del otro.
35. Admite que alguien te supere.
36. No elimines, sino transforma.
37. Vence tus miedos; cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
38. Ayuda al otro a ayudarse a sí mismo.
39. Vence tus antipatías y acércate a las personas que deseas rechazar.
40. No actúes por reacción a lo que digan, bueno o malo, de ti.
41.  Transforma tu orgullo en dignidad.
42.  Transforma tu cólera en creatividad.
43.  Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.
44.  Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.
45.  Transforma tu odio en caridad.
46. No te alabes ni te insultes.
47. Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.
48. No te quejes.
49. Desarrolla tu imaginación.
50. No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.
51. Paga los servicios que te dan.
52. No hagas propaganda de tus obras o ideas.
53. No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatía, complicidad.
54. No trates de distinguirte por tu apariencia.
55. Nunca contradigas, sólo calla.
56. No contraigas deudas; adquiere y paga en seguida.
57. Si ofendes a alguien, pídele perdón.
58. Si lo has ofendido públicamente, excúsate en público.
59. Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tus propósitos.
60. No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.
61. No conserves objetos inútiles.
62. No te adornes con ideas ajenas.
63. No te fotografíes junto a personajes famosos.
64. No rindas cuentas a nadie; sé tu propio juez.
65. Nunca te definas por lo que posees.
66. Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.
67. Acepta que  nada es tuyo.
68. Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.
69. Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu maestro.
70. No mires con disimulo; mira fijamente.
71. No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.
72. En el lugar en el que habites, consagra  siempre un sitio a lo sagrado.
73. Cuando realices un servicio, no resaltes tus esfuerzos.
74. Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.
75. Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz.
76. No trates de ser todo para tu pareja; admite que busque en otros lo que tú no puedes darle.
77. Cuando alguien tenga su público, no acudas para contradecirlo y robarle la audiencia.
78. Vive de un dinero ganado por ti mismo.
79. No te jactes de aventuras amorosas.
80. No te vanaglories de tus debilidades.
81. Nunca visites a alguien sólo por llenar tu tiempo.
82. Obtén para repartir.

El hecho chamánico.

faun

-Desde la llamada hasta la función social del chamán.
-Las formas de una posible experiencia de actuación de lo numinoso: elección, despedazamiento y renacimiento del candidato.
-Transformación de lo numinoso a partir del estado de conciencia chamánico
 

La religión –tal como la conocemos en nuestros días o revestida con el aspecto que presenta entre los pueblos y civilizaciones que han experimentado un desarrollo de lo institucionalizado-religioso a lo largo de los tiempos históricos- no es el único medio de expresar las manifestaciones de lo Sagrado, ni tampoco la única alternativa que haga posible reaccionar frente a las energías misteriosas de lo Numinoso-primordial, cuando éstas se manifiestan.

Entre las modalidades o formas que los seres humanos han desarrollado con ese fin, es decir, habilitándose para reaccionar ante las manifestaciones muchas veces extrañas y hostiles que acarrea la división del continuum espacio-temporal en dos fracciones – lo sagrado y lo profano- el chamanismo resulta ser, quizá, una de las más antiguas y también una de las más originales, pues, según apunta la psicóloga Jean Houston, a pesar de los milenios que llevan desarrollándose las actividades, rituales y prácticas

chamánicas y de la extensión de ellas a casi todas las culturas antiguas y modernas, el chamanismo siempre ha sido y continúa siendo hoy, allí donde todavía se conserva, una forma posible de vivir experiencias religiosas sin pasar por las estructuras impuestas de una iglesia o de una doctrina. No la única, desde luego, pero si una de las más importantes.

La tradición chamánica de la mayoría de los pueblos antiguos y modernos de los que tenemos noticia, recoge algo que casi podría ser considerado como uno de esos universales con los que se fundamenta la propia experiencia humana: la existencia, en el principio de los tiempos, de un mundo absolutamente distinto al que hoy nos toca vivir. Un mundo en el que siempre se gozaba de paz, felicidad y armonía con el universo. Un mundo en el que no existía la muerte ni la enfermedad y del que se hallaban excluidas todas las desgracias. Un mundo en el cual la comunicación directa e inmediata con los dioses estaba asegurada y derramaba calma y sosiego sin límites sobre los seres humanos.

Pero ese mundo se perdió. O mejor dicho, se transformó completamente a raíz de una especie de cataclismo o conmoción general de la que han guardado memoria todas las tradiciones. Interrumpida la comunicación con los dioses, la oscuridad y la muerte se enseñorearon de la existencia humana. Desaparecido por completo ese mundo ideal del principio, el cosmos quedó fragmentado o separado en tres niveles: el mundo inferior o reino de los muertos, el plano intermedio que corresponde a nuestro mundo cotidiano y el ámbito superior, morada de los dioses y de cierto tipo de entidades espirituales que no siempre resultan ser benignas o estar bien dispuestas hacia los seres humanos. Sólo el chamán –después de una larga, metódica y compleja preparación- puede atravesar las barreras que separan estos mundos tan dispares y, sobre todo, sólo él es capaz de regresar a nuestro mundo con éxito, tras haber realizado en los reinos del Más Allá diversos tipos de misiones y tareas impuestas por su oficio.

El chamán es por tanto, además de algunas otras cosas, un mediador entre nuestro mundo y los mundos superior e inferior, en los que moran las divinidades, los demonios, ciertas entidades de naturaleza poco conocida y, desde luego, también las almas de los muertos y los espíritus desencarnados. Muy probablemente es desde esos mundos de donde provienen las manifestaciones de lo Numinoso-primordial que los chamanes deben controlar mediante sus técnicas. Y el desempeñar con acierto ese papel fundamental determina no sólo la tranquilidad del grupo humano que tiene depositada su confianza en dicho especialista, sino también la integridad y la salud psíquica del propio chamán.

En la inevitable confrontación que, tarde o temprano, termina por surgir durante la convivencia de los seres humanos con todas las manifestaciones de tipo sobrenatural o extraordinario que pueden producirse, destacan sin duda las relativas a lo numinoso. Tal como hemos visto, los especialistas de lo Sagrado-institucionalizado pueden hacerles frente mediante el concurso de un aparato ritual complejo. De lo que se trata ahora es de comprobar que esos otros especialistas que son los chamanes, aun no siéndolo exclusivamente desde el punto de vista religioso, ya que el chamanismo es un fenómeno que abarca un campo más amplio, si poseen en efecto un sistema propio de control y canalización de lo numinoso perfectamente adecuado para las circunstancias por las que atraviesan en sus funciones específicas.

Si hemos de hacer caso a Eliade, el chamán es sobre todo un especialista particularmente acreditado en el viaje extático –dentro de cuyo campo de acción se cuentan, entre otras funciones, tanto el vuelo mágico como la magische Flucht o huida mágica sobre los que hablaré en los próximos epígrafes- y también en las relaciones con el mundo de los espíritus y de los dioses. No es por tanto un sacerdote ni un hechicero en sentido estricto, aun cuando pueda desempeñar tales funciones en determinadas circunstancias.

Por las mismas razones, tampoco los hechiceros y sacerdotes al uso pueden considerarse incluidos dentro del rango de los chamanes, si bien pueden coincidir a veces en esos desempeños o en el tratamiento y control de sus consecuencias. Estamos hablando, por tanto, de especialistas en el manejo de lo Sagrado en varios de sus aspectos y en algunas ocasiones, testigos de las manifestaciones de lo numinoso, a las cuales pueden canalizar y adecuar a los límites humanos, pero en cualquier caso, diferentes a los que nos encontramos en el ámbito de lo religioso-institucionalizado. Tales diferencias atañen tanto al señalamiento o sistema establecido para escoger a los futuros chamanes, como a la formación técnica y espiritual que éstos recibirán durante su aprendizaje.

En primer lugar, el hecho de que alguien, en un momento dado de su vida, quiera ser chamán o dedicarse a ese menester, se encuentra según creo mucho más vinculado a la actuación de lo numinoso de lo que suele ocurrir cuando hablamos de un sacerdote o de un hechicero en idéntica circunstancia. En numerosos ejemplos que podemos observar recogidos en la literatura especializada 73, es posible poner de relieve un rasgo relacionado con la elección de los chamanes, que difícilmente aparece en las promociones de los otros especialistas: esto es, la resistencia a veces encarnizada del candidato a recibir esa investidura. La confrontación que entonces se plantea entre la divinidad y el individuo que no acepta tal encomienda, suele presentar un desenlace dramático que demuestra con una gran claridad el carácter invasivo y tremendo de lo numinoso, que se proyecta hacia el ámbito humano de una manera brutal ante la que difícilmente cabe la opción de resistirse.

En segundo lugar, la actuación de lo numinoso sobre el individuo escogido para ser chamán, supone por un lado, la completa aniquilación simbólica de su estructura corporal y anímica –el candidato sufre la experiencia de ser despedazado por los dioses o por los demonios, lo que demuestra precisamente en dicha ambivalencia el auténtico rostro de lo numinoso- y por otro, su posterior recomposición cuando esas potencias sobrenaturales le proporcionan órganos y miembros nuevos –incluyendo a veces la carne que recubre sus huesos de tal manera que el individuo que surge al final del proceso, no sólo está señalado por lo numinoso o por lo sagrado en su caso, sino que es un individuo nuevo y renacido o vuelto a crear por las potencias sobrenaturales.

Estos dos son los rasgos que distinguen netamente al chamán de los demás especialistas de lo sagrado-institucionalizado, y que, al mismo tiempo, le acerca más que a ellos a esa fuente de la que parte lo Numinoso-primordial en sus proyecciones hacia el ámbito humano. Así, tanto en sus desempeños como en su especialización, el chamán se halla más próximo a lo Numinoso primordial que cualesquiera otros especialistas semejantes o más evolucionados de lo Sagrado o de lo Sagrado-institucionalizado, pero no por razón de un mayor primitivismo de su práctica, sino precisamente, debido al origen y a la modalidad de su investidura.

Otro aspecto que define la singularidad del hecho chamánico es la aparición en sus practicantes de los denominados estados alterados de conciencia o estado de conciencia chamánica (ECC) mediante los cuales será posible una mejor interrelación con lo numinoso, una adecuación más afinada ante la presencia de esas fuerzas extrañas, innombrables y peligrosas frente a las cuales el chamán deberá actuar innumerables veces a lo largo de su vida como especialista. Es quizá culminando tales estados de conciencia cuando el chamán representa verdaderamente la posición más auténtica de lo humano en relación con lo numinoso. Ante la extrañeza y lo ajeno que supone esa fuerza terrible que actúa sobre el universo de los hombres, el practicante chamán no aparece desnudo ni desprovisto de cualquier posibilidad de resistencia, sino que él mismo, mediante su práctica, se eleva, por decirlo así, hasta un nivel simbólico-cognitivo equivalente a dicha fuerza primordial o, cuando menos, se coloca en un estado corporal y mental –pues el estado alterado de conciencia afecta a los dos planos de la existencia- que mantiene un cierto grado de independencia sensorial y al mismo tiempo, de capacidad para actuar a niveles mucho más sutiles y finos que aquellas que sería posible alcanzar con una sensibilidad normalizada.

Tal posibilidad de actuación llevando a cabo una conexión entre poderes de rango semejante, produce asimismo modificaciones sobre lo numinoso, igual que ocurre en el plano de acción de lo religioso. El paso desde lo numinoso hacia lo Sagrado es por tanto consecuencia de un proceso cultural que puede manifestarse, al menos, en esas dos formas singulares –lo religioso y lo chamánico- sin que ello implique la satisfacción de ninguna necesidad de comparación ni de competición entre dichas formas. Cada una de ellas se expresa a su modo y en sus condiciones históricas o en su continuum espaciotemporal concreto.

Este hecho de transformación o de adecuación de un poder de características tan absolutamente extrañas como lo numinoso-primordial mediante la actuación del chamán transportado hasta un estado especial de conciencia, será posible tan solo en determinadas circunstancias y cuando el practicante reúna ciertas condiciones. En ningún caso, ni el chamán ni los que puedan demandar sus servicios, pretenderán que esa modificación sea permanente, ni mucho menos querrá obtener un beneficio o conseguir un comportamiento favorable de tales fuerzas sin proporcionar algo a cambio.

El do ut des sería en este instante crucial una norma necesaria para que se desarrolle una relación biunívoca equilibrada entre los humanos y lo numinoso ya devenido en Sagrado a través, precisamente, de dicha relación.

La posibilidad de establecer un equilibrio respecto a la actuación de lo numinoso en el ámbito humano, implica ya el comienzo de la transformación de aquello a lo que hemos denominado Absolutamente otro en algo más accesible a los métodos de análisis y más fácil de abordar por los procesos mediante los cuales se establece una imagen coherente del mundo, una cosmovisión o, simplemente, una manera de estar en el seno de una estructura social determinada. El chamán suele participar en la resolución de problemas comunes a la mayoría de los seres humanos, como los relativos a la salud del cuerpo y del espíritu, o aquellos otros más directamente relacionados con los sistemas de creencias característicos de cada grupo social. Debemos considerar que la acción directa de lo numinoso va a condicionar en ciertos casos las respuestas que los grupos humanos tratan de dar a sus planteamientos trascendentales y que es en el desarrollo de dichos procesos cuando el chamán interviene como un agente especializado en establecer contactos con aquellas fuerzas y en controlar sus manifestaciones.

El chamán representa una realidad alternativa y también una convicción que aparece íntimamente vinculada con ella: la de que es posible acceder a una conciencia ampliada de la realidad que nos envuelve. Dentro de las posibilidades que proporciona dicha conciencia ampliada se cuentan las que permiten actuar en el terreno de lo numinoso primordial con una cierta seguridad y con la desenvoltura proporcionada por la posesión y el dominio de un conjunto complejo de técnicas y de procedimientos. Porque el chamán puede restituir un poder perdido con la misma facilidad que es capaz de recuperar un alma extraviada en los procelosos territorios del Más Allá, arrancándoselos, en ambos casos, a las potencias hostiles que residen en esos ámbitos.

Tal como afirma Michael Harner, el especialista recupera ese poder sustraído por lo numinoso o por alguna entidad maligna, y lo restituye a este mundo nuestro, para reforzar mediante él la salud, el bienestar o simplemente las ocupaciones de la vida cotidiana de sus pacientes. No se trata tanto de curar una enfermedad concreta y puntual, como de contribuir al refuerzo y salvaguardia del sistema de salud en su conjunto. Y esa actuación general es la que confiere a la práctica chamánica su auténtico sentido como alternativa prevista para satisfacer una necesidad compartida por todos los seres humanos: la de poseer respuestas coherentes frente a las incertidumbres que plantea la actuación en el universo cultural de lo numinoso-primordial o de lo Sagrado que de allí deriva. Todo esto parece concernir de una manera importante a algo que, en última instancia, resulta esencial para el espíritu humano de todos los tiempos y que, por otra parte, puede aflorar también mediante el recurso a disciplinas y técnicas como las  que se ponen en práctica en la psicología o en la clínica modernas.

El chamán puede desplazarse por los tres niveles que forman su cosmología –el superior, el intermedio y el inferior- a través del Árbol o Eje del Mundo. Utiliza así un camino que en el principio de los tiempos era de uso común para todos los seres humanos, pero que resultó dañado y se perdió como consecuencia de un acto cometido por alguna criatura poco cuidadosa o por los propios hombres que no tuvieron en cuenta dos de las propiedades fundamentales del universo: equilibrio y fragilidad. Ambas resultaron profundamente alteradas a raíz de aquellos sucesos ocurridos en el comienzo del tiempo cósmico.

El ser humano, tal como lo conocemos hoy, surge, precisamente, a partir de esa ruptura y, tal vez, como una consecuencia de ella. Aquello que se le enfrenta y opone, eso a lo que denominamos numinoso-primordial y Sagrado, estaba ya presente antes del tiempo. El chamán en su campo –como el sacerdote o el hechicero dentro de los suyos- tratan de dominar las técnicas que permitan sostener tal enfrentamiento. Para ello, como dice Eliade, necesita conocer lo mejor y más directamente posible los cielos, los infiernos y todas las criaturas, entidades y habitantes que en ellos moran.

Religiones Mistéricas y Paganismo Indoeuropeo.

5764_10201223775376135_1697614482_nHoy por hoy el único culto plenamente indoeuropeo representado legalmente en el estado español es el ODINISMO-ASATRU, que está considerado como una religión étnica o gentilicia.

Con la aparición dentro del moderno paganismo de religiones sincréticas (wicca y druidismo), entre los antiguos paganismos indoeuropeos y los cultos mistéricos, es necesario recordar que es lo que son estos últimos.

Ya que la principal religión mistérica que hemos padecido es el cristianismo, los practicantes de las antiguas religiones indoeuropeas mantenemos unos recelos justificados a este tipo de religión. Conceptos  como “salvación” “ascensión al conocimiento por el dolor” etc, no hacen sino recordarnos a la religión que cercenó nuestra religión ancestral, es necesario pues, que actualicemos nuestros conocimientos sobre las mismas.

Antecedentes

La muerte para el hombre es, quizá la experiencia sobre la que más ha reflexionado desde el origen de los tiempos. En la religión griega, a partir de la lectura de la obra épica de Homero, desconsolador es el destino que aguardaba a los mortales tras su entrada en el Hades; convertirse en tristes sombras de lo que fueron en vida. En la religión germánica el destino de los simples mortales era el reino de Hel, donde las almas esperaban a una nueva oportunidad de encarnarse, de una tristeza similar. El terror a la muerte, sin duda está en el origen de las religiones mistéricas, en clara oposición con la germánica, donde ésta solo era un rito de paso de la vida, la transformación en otro estado, donde era el destino—personalizado por las Nornas— quien gobernaba el funcionamiento mismo del universo, y era inapelable.

Las iniciaciones mistéricas ofrecieron a los hombres de la Antigüedad una esperanza de salvación, la ilusión de que tras lo inevitable, se podía gozar de una vida dichosa en compañía de los dioses o de un estado privilegiado por el simple hecho de haber sido participes de una serie de rituales y de la observancia de diversos tabúes en vida. Pero para llegar a iniciarse, éstos hombres, debían realizar unas determinadas acciones rituales que eran determinantes para su éxito o fracaso, si no querían experimentar la traumática experiencia que supondría para ellos la contemplación de los terrores del Hades. Las iniciaciones en que cada mista comprendía, quizás por medio de visiones,  les mostraban cuáles eran los castigos que existían en el Mas Allá para aquellos que no estaban iniciados y que premios esperaban a quienes completaban la iniciación. Así mismo tambien aprenderían que era lo que iban a encontrar en el Hades tras su muerte y como sortear los numerosos peligros del viaje al Allende.

Las ceremonias iniciáticas, en especial la de aquellas iniciaciones que forman parte de un cambio de status en la persona que las sufre, y su relación con la muerte y resurrección del iniciando, son radicalmente distintas de las meras iniciaciones ocurridas durante los ritos de Paso. Su fin último es mitigar los temores de los hombres hacia la muerte. Según Eliade,  hay dos modos de muerte mística en la iniciación:

  1. El fácil
  2. El dramático

El renacimiento fácil consistiría en la simulación de un nuevo nacimiento del iniciado a través del útero de la Madre, la Madre Tierra en gran número de ocasiones, representado por una cueva o choza. En el dramático, el que más nos interesa en estos momentos, el iniciando experimenta su propia muerte e, incluso, es tratado por los demás como un difunto. En su condición de muerto, quien sufre la experiencia iniciática ve el mundo del Más Allá y conoce los misterios de la muerte. Cuando renace por medio de ciertos rituales, esta experiencia le convierte en un ser nuevo (en algunas culturas la persona cambia incluso de nombre tras la iniciación), y esta acción ritual le permite ir a la muerte verdadera con un conocimiento anterior que le ayudara a obtener un feliz destino póstumo.

“Los que se inician no aprenden, sino que sufren y sienten una experiencia”

¿Qué es una religión mistérica?

Una religión mistérica es ante todo una forma de culto esotérico que posee unas determinadas características:

  1. Se colocan frente a la religión comunitaria y pretenden superar el espacio que se establece entre hombre y divinidad y ofrecen a sus fieles una relación personal e incluso comunión con el dios. Ponen el acento en la dimensión interior, más profunda, no meramente ritualista,
  2. el mystes era un «alma», en la que tras los ritos de iniciación para ingresar en un mundo religioso, esotérico u oculto, se educaba y se instruía para alcanzar la salud a través de ceremonias secretas y de una «técnica», por así llamarla, inexorable para el cuerpo y para el espíritu.
  3. La religión mistérica es marginal, situándose fuera de la vida oficial o pública, y acentúa la dimensión telúrica, ligada a la tierra, lo que le lleva a suscitar emociones profundas entre sus iniciados, que contrastan con el carácter celeste y mesurado de la religiosidad indoeuropea, por ejemplo -celeste y antropocéntrica-,
  4. Pueden conducir a excesos de tipo orgiástico y a situaciones de exaltación y pérdida del control del yo.
  5. El mandato de silencio que pesa sobre los participantes.
  6. Admisión de todo tipo de individuos, sin distinción de sexo, condición social o pertenencia a un determinado pueblo. Las religiones mistéricas parecen haber sido religiones populares en la antigüedad sobre todo entre las mujeres, esclavos y extranjeros, las clases más marginales y más necesitadas; sin duda encontraban eco en quienes no pueden incorporarse plenamente a la vida en las ciudades romanas o griegas o dentro de la comunidad popular germánica y céltica
  7. Iniciación. Prometen la salvación en la otra vida para sus iniciados, para aprender los sagrados secretos de las religiones mistéricas y formar parte de ellas, los nuevos miembros deben superar ceremonias de iniciación, que incluyen pruebas para los candidatos. Los postulantes que no pasan la prueba, no son considerados para ser iniciados, y por tanto son excluidos del grupo. Por otro lado, el beneficio de la iniciación se adquiere de una vez por todas- nada permite suponer que el iniciado tuviera que someterse a una ascesis moral-. [1]
  8. Son religiones de Salvación. Cada iniciado busca la salvación personal a través de la comunión, la unión mistérica con la divinidad. Por lo que solo los iniciados y los conocedores de esos secretos tendrán acceso “al otro mundo” para así zafarse del destino y consecuentemente de la muerte, a la que asignan una condición “pecaminosa” y culposa.
  9. La salvación siempre es ultramundana y una fuerte distinción entre los conceptos cuerpo y alma, separándolos en una clara metafísica.
  10. Tienden a centrarse frecuentemente en las técnicas de éxtasis como cantar, bailar y meditar. El uso ritual de comida, bebida e incienso se utilizan comúnmente para estimular a los estados de éxtasis, para facilitar la conexión con lo Divino. Además de la utilización de sustancias psicotrópicas para producir estados alterados de la mente.[2]
  11. Las religiones mistéricas y sus cultos iniciáticos están vinculados a divinidades asiáticas. Es característico de las religiones orientales proponer la existencia de la vida de ultratumba vinculada a las actuaciones del ser humano[3]
  12. Redención. Uno de los elementos definitorios del culto, es la promesa de salvación, esto implicaría que las divinidades mistéricas fuesen capaces de doblegar al destino mismo, su triunfo sobre el fatum.[4]
  13. Hay una multitud de castigos que deparan al no-iniciado, al igual que en el cristianismo, lo hace con su concepto de “salvación”.

Es importante para nuestro análisis, sobre todo, encontrar las diferencias respecto de las religiones étnico-políticas. En el área de estas religiones, por su apellido iniciáticas, caben las distintas manifestaciones de religiosidad telúrica y mistérica: misterios dionisiacos y órficos, helénicos de Eleusis, de Zálmoxis de los getas, mesenios de Andania, cabíricos de Samotracia, de Sabacio, frigios de Atis y Cibele, de Tammuz-Adonis, iránicos de Mitra, egipcios de Isis-Osiris, de la Bona Dea, etc. A pesar de su antigüedad, en el área mediterránea llegó a su esplendor en los siglos inmediatamente antes y después de Jesucristo.

       Origen telúrico. Las raíces de la religiosidad mistérica se hunden en la tierra, no profana como en nuestros días, sino concebida como numinosa. Cualquier ámbito de carácter telúrico o agrario sacralizado, cualquier rito arcaico que pretendiera el rejuvenecimiento biocósmico al amparo del proceso telúrico-vegetal presenta brotes que en un clima propicio irrumpen pujantes con todas las notas comunes, y también algunas diferenciales, de la religiosidad mistérica. Entre los puntos admitidos por todos los especialistas está la pertenencia de los misterios a pueblos de civilización agraria y matriarcal, al menos en su origen, así como su origen exclusivamente preindoeuropeo y presemita de los mismos. Telúrico en su origen y también el destino de la sangre derramada por sacerdotes e iniciados en varios misterios (Atis-Cibeles, etc.) en medio de flagelaciones[5] tratan de comunicar a la naturaleza la fuerza de la sangre a imitación del efecto producido por la sangre de su dios caída en tierra. El que realizaran la autoevaluación no con cuchillo metálico sino de pedernal (acuto sílice) es indicio y residuo de época arcaica.

       La Madre Tierra y la vegetación. Este origen telúrico explica que la divinidad suprema de los misterios no sea celeste, sino terrestre; veneran a la tierra divinizada o Madre Telus bajo diversas advocaciones: Demeter, Magna Mater, Isis, Atargatis, Cibele, Damia, etc. La potencialidad más elevada de la Madre Telus, es decir, la relativa al origen del hombre (fecundidad), a la previsión del porvenir, a la vida de ultratumba así como a la fertilidad agraria, tras un proceso de antropomorfización, aparece encarnada en una divinidad o semidivinidad, con preferencia masculina, unida a la Tierra por lazos defiliación, de amor conyugal y, a veces, de simple amante: Perséfona, Dioniso, Atis, Adonis, etc., tipos del «joven dios, que muere y resucita». [6] La suprema divinidad mistérica, además de ctónica, es femenina, madre, inmanente. etc.

       Religión personal. En las religiones étnico-políticas la relación con los dioses no era solo personal sino cívica o política. En la religiosidad mistérica, en cambio, es el iniciado exclusivamente en cuanto individuo el que busca la unión con la divinidad, el que trata de alcanzarla por medio de diversos recursos de simpatía y la halla tras la muerte. Fue experiencia sacral íntima e intensamente vivida por cuantos practicaron la religiosidad telúrico-mistérica; su piedad no discurre por cauces de suyo nacionales ni pretende el bienestar colectivo, sino la salvación de cada iniciado o, a lo más, de determinados grupos. Rompe los lazos políticos, pero el iniciado se siente unido a los otros miembros de la sociedad mistérica. Los vínculos son exclusivamente religiosos y estrechan a cuantos, integrando la misma comunidad sacral mistérica, caminan hacia la fusión con la divinidad. Forman una sociedad esotérica similar, en cierto sentido, a la realidad eclesial del cristianismo.

       Ritos de iniciación. El rito iniciático es la señal externa de adscripción a esta clase de religiosidad. En la religión étnico-política se nacía, a la telúrico-mistérica se llegaba mediante un rito especial, que suponía determinadas disposiciones interiores, una especie de bautismo.

       Esoterismo. Cuando  ahora hablamos de misterio, de ordinario resaltamos uno solo de los muchos aspectos que portaba la realidad mistérica e identificamos misterio y esoterismo. Así nos hallamos en el estadio final de la secularización de este término, al considerarlo coleo expresivo del arcanurn, de lo oculto de una cosa. Los misterios partían de los ritos iniciáticos, que apartaban al iniciando del resto de los mortales, de los profanos, y lo inscribían en un círculo más reducido para juntos tender a la unión con la divinidad, separación que se prolongaba hasta después de la muerte por tener cementerios propios (p. ej., los órficos). Esta unión, que simbólicamente se operaba ya en el momento mismo de la iniciación, se iba incrementando mediante la celebración de fiestas cultuales. Casi todos los ritos mistéricos tenían categoría de símbolo, único modo de sugerir mejor la recóndita realidad del más allá y de cuanto el iniciado experimentaría tras la muerte. Por eso casi todos los misterios terminaron por prohibir la divulgación de sus prácticas; hablar de ellas era profanarlas, sobre todo al quedar dominados por pueblos de religión étnico-política o celeste (los indoeuropeos).

La única fuente de conocimiento era su celebración,  su vivencia dentro del ambiente íntimo de la experiencia sacral. De este modo se impuso la ley del arcano y fue aumentándose el carácter oculto, esotérico, en las celebraciones iniciáticas. Y tan fuerte fue este matiz que misterio terminó por ser sinónimo de oculto. Este esoterismo es culpable de la escasez de testimonios. Fue también la causa de una de las represiones más brutales conocidas (caso de las Bacanales en Roma). El estremecimiento de pasión religiosa que llevó al paroxismo el arcano de las celebraciones mistéricas y la comunión con la divinidad que se rumoreaba se hacía por la comida de víctimas inocentes, similar a la acusación posterior contra los cristianos (S. Justino, Diálogo con Trifón 10, etc.), provocó el encarcelamiento de millares de personas y el ajusticiamiento, según Tito Livio, de casi siete mil iniciados. El hecho de que nunca fueran hallados los cadáveres de las víctimas inocentes comidas por sanguinarias bacantes parece confirmar la naturaleza ritual de estas muertes, realizadas quizás a veces de una manera excesivamente realista (Tito Livio 29,8-19, y el Senatus Consultus, en Corpus Inscriptionum Latinarum 1,581).

       Destino de salvación ultramundana. Todas las creencias y prácticas de la religiosidad mistérica están marcadas por el sello soteriológico y escatológico, y buscan la salvación de cada iniciado alcanzada de modo perfecto en el más allá de la muerte, momento en que se consuma la unión con la divinidad.

       En todos los relatos míticos y realizaciones cultuales el iniciado, vinculado con la encarnación divina -joven dios o serpiente-, tiene derecho a un buen futuro. Este derecho es individual y compartido por cuantos participan de la misma iniciación. Tras el duelo y la muerte llegará también para él la alegría de una vida feliz, como llegó para el joven dios. Esta alegría está expresada en el culto de Cibele y Atis con la conocida fórmula: «Tened confianza, ¡iniciados!, vuestro dios está a salvo y tendréis salvación de vuestras aflicciones».[7] La salvación y felicidad personal se gradúa de acuerdo con la intensidad de la simpatía, en su sentido etimológico o compasión (participación del pathos -pasión dolorosa o gozosa de otro), o sea en la medida en que se sientan las peripecias de la divinidad. Los actos cúlticos de los misterios están orientados a preparar y enseñar con vivencias que la muerte es tránsito de una vida a otra, que es necesario llevar una vida pura y portarse siempre conforme a las enseñanzas recibidas.

Aristóteles afirma con acierto que el «iniciado nada tiene que aprender (mathein) sino  padecer (pathein) »[8]. Este «padecer con el dios» condensa algo esencial de los misterios y nos ofrece la clave del alegrarse con él tras las penalidades de esta vida, que constituye la aspiración y destino de todos y cada uno de los iniciados. De la misma manera que el cristianismo lo objetivó después.

Las dos religiones mistéricas más importantes de la antigüedad fueron el Mitraísmo y el cristianismo, cuyas características son muy similares:

  • El mitraísmo tenía rasgos de profundo simbolismo moral, al igual que el cristianismo, con sus diez mandamientos.
  • Era un culto totalmente cerrado, cofradía, al igual que el cristianismo de los primeros siglos, con sus agrupamientos exclusivos y su culto enteramente secreto.
  • El secreto del mitraísmo no residía en su corpus teológico[9] sino en sus ritos. Ritos de sacrificio y mitos de sacrificio como en el cristianismo (Cristo entregado a la muerte para borrar los pecados de los hombres).
  • Las cofradías de Mitra admitían solamente varones y las mujeres no participaban en las funciones del culto. El cristianismo relegó a la mujer a un segundo plano tras el hombre.
  • La trinidad cristiana (a diferencia del dios único del judaísmo) se asemeja a la trinidad de los cultos politeístas mitríacos (Padre Zeus-Ormazd, Mitra y toro).
  • Zeus-Ormazd (el Zeus griego que es el Ormazd persa) era el dios Padre supremo, pero Mitra era el verdadero objeto de la religión. El grado supremo del dios era el de Padre, cuya dignidad correspondía a la de Mitra en el cielo.
  • La idea de la salvación: el salvador cristiano se asemeja a los dioses salvadores de misterio, Mitra era un dios salvador y sufriente.
  • El mito del sacrificio del toro (sacrificio simbólico durante el rito) a manos de Mitra tenía como finalidad la redención e inmortalidad de los adeptos. Sobre el sacrificio del toro (representando a Mitra) reposaba el equilibrio del mundo y la salvación de los hombres.
  • El banquete ritual de los fieles de Mitra tenía similitudes con la eucaristía cristiana. A veces probablemente se sacrificaban toros reales pero no se comía carne de toro, la bebida sagrada (según algunos era agua y según otros era vino) que representaba la sangre del toro eran la sustancia del toro místico y divino que era Mitra. Se consumía (simbolizada en la bebida sagrada) junto con la ofrenda del pan durante la cena o eucaristía mítrica. La sustancia del toro divino estaba en el pan de la cena de los iniciados tal como estará la sustancia de Cristo en el alimento de los bienaventurados.
  • Luego de la celebración de la oblación del pan aparecía una imagen de la resurrección de Mitra.
  • La intención del rito era la misma: el Soldado se consagraba a Mitra, como el cristiano a Cristo.
  • El culto de Mitra conocía la semana con consagración de los siete días a las siete divinidades planetarias pero a diferencia de los judíos santificaban el día del Sol, el domingo, y no el sábado.
  • El sacerdote era un iniciado del grado superior, un Padre.
  • Mitra también bautizaba a sus creyentes y prometía la expiación de los pecados por el efecto del baño. Sólo en este culto se unía al bautismo la imposición de un signo en la frente, como en la Iglesia cristiana.

CONCLUSIÓN.

Las religiones mistéricas, son creencias de procedencia siempre oriental, que con el paso del tiempo se introdujeron dentro de los estados indoeuropeos al lado de nuestras ancestrales creencias. Los cultos mistéricos  siempre se mantuvieron a un lado y fueron marginales, siendo designadas con el calificativo latino de “Superstitio”,  supersticiones.

Aunque en el Odinismo-Asatru, nosotros practicamos cierta suerte de chamanismo, asociado a la magia Seidr y sobre todo a las Runas, debemos separar el significado de los dos términos:

Runa es una palabra goda que significa “misterio”, el misterio es algo inherente al hombre y por lo tanto natural, contra el misterio se levanta la voluntad de conocimiento, que llega hasta donde llega. Puesto que la ciencia no ha desvelado todavía nuestros más íntimos secretos, ese misterio estará ahí presente. La diferencia radical entre nuestro tratamiento de los misterios, es que nuestra religión no tiene un cuerpo sacerdotal con una serie de conocimientos secretos que solo se traspasan entre ellos, no tenemos iniciaciones. La forma de acceder a estos misterios está abierta a todos, pues reside en el inconsciente colectivo de nuestro pueblo, el acceder a los mismos depende solamente de las sensibilidades naturales de cada uno, ni se enseñan si se aprenden.

Por el contrario, “Mistérico” tiene el significado de “oculto, escondido” y es la expresión de un desarrollo arcaico religioso que los pueblos asiáticos y semitas adoptaron ante el misterio inmanente en la naturaleza de hombre.

Es preciso subrayar la estructura soteriológica de la mística agraria incluso en las formas no orgiásticas. La vida vegetal, que se regenera por su desaparición aparente (las semillas enterradas), constituye a la vez un ejemplo y una esperanza; les puede ocurrir lo mismo a los muertos y a las almas de los hombres. Verdad es que el espectáculo de esta regeneración rítmica no le está «dado» al hombre, no se ofrece directamente a su contemplación; pero no por eso deja de ser, en las creencias arcaicas, un hecho producido gracias a los ritos y a las acciones humanas. La regeneración se obtiene por gestos mágicos, por la gran diosa, por la presencia de la mujer, por la fuerza del eros y por la colaboración del cosmos entero (la lluvia, el calor, etc.). Más aún, todo esto es posible tan sólo en tanto en cuanto es una repetición del gesto primordial, repetición obtenida por la hierogamia, por la regeneración del tiempo (el «año nuevo») o por la orgía que reactualiza el régimen caótico arquetípico. Nada se obtiene sin esfuerzo, el hombre no puede ganarse la vida más que trabajando, es decir, actuando conforme a las normas: repitiendo los gestos primordiales. Por consiguiente, las esperanzas que el ejemplo de la vegetación hace concebir al hombre de la civilización agrícola están desde un principio orientadas hacia el gesto, hacia el acto. El hombre puede tener esperanza en la regeneración si procede de una cierta manera, si actúa conforme a ciertos modelos. El acto, el rito, es indispensable. No olvidemos este detalle cuando estudiemos los misterios antiguos, porque no es sólo que hayan conservado vestigios de ceremonias agrarias, sino que no hubieran podido organizarse en religiones iniciáticas si no hubieran tenido detrás de sí una larga prehistoria de mística agraria, es decir, si el espectáculo de la regeneración periódica de la vegetación no hubiera revelado, muchos siglos antes, la solidaridad del hombre y la simiente, la esperanza de una regeneración obtenida después de la muerte y por la muerte.

Se suele decir que el descubrimiento de la agricultura cambió radicalmente el destino de la humanidad al asegurar al hombre comida abundante y permitir con ello un prodigioso aumento de población. Pero el descubrimiento de la agricultura ha tenido consecuencias decisivas por un motivo completamente distinto. No es el aumento de la población ni la superabundancia de alimento lo que decidió el destino de la humanidad, sino la teoría que el hombre elaboró al descubrir la agricultura. Lo que el hombre vio en los cereales, lo que aprendió en el trato con ellos, lo que le enseñó el ejemplo de las semillas que pierden su forma bajo la tierra, ésa ha sido la lección decisiva. La agricultura ha revelado al hombre la unidad fundamental de la vida orgánica; las analogías mujer-campo, acto generador- siembra, etc., y las síntesis mentales más importantes tienen su origen en la revelación de la vida rítmica, de la muerte entendida como regresión, etc. Estas síntesis mentales han sido esenciales para la evolución de la humanidad y sólo han sido posibles después del descubrimiento de la agricultura. En la mística agraria prehistórica está anclada puede esperar la vuelta a la vida bajo una nueva forma. Pero también la visión melancólica, y a veces escéptica, de la vida tiene su origen en la contemplación del mundo vegetal: el hombre es como la flor de los campos…

Las religiones indoeuropeas, van un paso más allá del arcaísmo ctónico-maternal-terrestre, al conectar con los Dioses solares y el espíritu luminoso de la bóveda celeste, si la Tierra trata acerca de la muerte el Cielo lo hace de la vida.

[1] 1.          “todo el que ha sido iniciado vivirá con los dioses” (Platón).

[2] Celso, filósofo griego pagano del siglo II, ya equiparó a los cristianos con los que “presentan los fantasmas y los terrores en las iniciaciones báquicas” Origen C. Celso 4, 10.

[3] “…efectivamente, la diosa tiene en su mano tanto las llaves del Infierno como la garantía de la salvación; la misma entrega delos iniciados simboliza una muerte  voluntariamente aceptada y una concesión gratuita de la divinidad para seguir viviendo.” (Apuleyo. Asin. XI, 21) –

[4] La diosa(Isis) promete a sus fieles la promesa de una eterna y feliz existencia ultramundana prolongando su vida más allá de los límites fijados por el Hado, de manera que atina las dos formas de salvación, la física y la espiritual.

«Tu vida será feliz y gloriosa bajo mi amparo, y cuando, llegando al termino de tu existencia, bajes a los infiernos, también allí, en el hemisferio subterráneo, como me estás viendo ahora, volverás a verme brillante entre las tinieblas del Aqueronte y soberana en las profundas moradas del Estigio; y tú, aposentado ya en los Campos Elisios, serás asiduo devoto de mi divinidad protectora. Y si tu escrupulosa obediencia, tus piadosos servicios y tu castidad inviolable to hacen digno de mi divina protección, verás tambien que solo yo tengo atribuciones para prolongar tu vida más allá de los límites fijados por tu destino (fato tuo)» (trad. L. Rubio, BCG, 1983).

[5] Cátulo, 67,5; Lactancio, Institutiones diuinae 1, 21,16, etc.; en los tiempos modernos, fue usada profusamente por Gardner.

[6] (fórmula consagrada por 1. Leipoldt en el libro del mismo título Sterbenden und auferstehende Gótter, Leipzig 1923 -racionalista-)

[7] (Fírmico Materno, De errore profanarum religionum).

[8] (Apud Synes. oratio 48

[9] El cristianismo no alcanzó una entidad teológica suficiente más que hasta el siglo IV.

Los árboles y sus Runas

No podemos entender nuestra religión germánica sin la presencia omnipresente de los árboles, éstos fueron sagrados para los germanos y a menudo nos preguntamos como entendían sus propiedades. Nuestro sistema complejo rúnico tiene asimismo una interrelación con ellos, ésta es una aproximación.

higuera

Fehu/Higuera
Es el árbol de la abundancia y la fertilidad

olivo

Uruz/Olivo
Es símbolo de inmortalidad, de resurrección y esperanza. Dice el mito que cuando los persas cortaron el olivo sagrado del Erecteion, en Atenas, en una noche creció un palmo, para demostrar la fuerza de los atenienses. La fuerza y la resistencia ancladas al suelo.

roble

Thurisaz/Roble
Es el rey de los árboles, por su naturaleza nos da fuerza a ser pacientes y resistentes. Las bellotas estaban dedicadas a Thor.

serval

Ansuz/Serval
Sería el femenino del fresno, y por lo tanto el árbol de la vida. Es costumbre hacerse bastones rúnicos con su madera. Éste representaba a Yggdrasill, era el puente a los otros mundos, fuente de inspiración y tomar consciencia de lo holístico del cosmos.

10_Frutos_de_endrino_tcm7-189646

Raido/Endrino
Es dificil asociar un arbol, un ser vivo que se ancla al suelo a la runa Raido, al movimiento mismo. ësta madera se utilizaba para hacer bastones de defensa. Éste ayuda a enfrentarse a las adversidades y a ser perseverante

Pino-del-Escobón

Kenaz/Pino
Este ayuda a seguir a un punto concreto con esfuerzo, evitar las apariencias.En los incendios de los pinares, cuando el fuego pasa a las piñas, estas estallan y son lanzadas a cientos de metros como verdaderas teas.

olmo

Gebo/Olmo
Este estaba asociado a los valores afectivos al que el mago usaba para los demás. También es el hecho de sacrificarse por el bien del clan.

abeto

Wunjio/Abeto
Ayuda a ver las lejanías en el tiempo y a construir el presente. Es un árbol de armonía y equilibrio

manzano

Hagalaz/ Manzano
En el jardín de las Hespérides había un bosquecillo de manzanos cuyo fruto tenía el don de la inmortalidad; Según nuestra tradición Idunn cuidaba al manzano que proporcionaba la inmortalidad a los Dioses. Hail es la runa de la salud.

haya


Naudiz/Haya

Es como un guardian de la sabiduría antigua y un puente al conocimiento. Es el alimento del alma. Representa a la energía colectiva que fortalece y protege a la vez. Es un árbol de esperanza y una cualidad de estímulo.

aliso

Isa/Aliso
Éste representa a épocas oscuras. Da fuerza de transformación de las adversidades en nuevas energías.

avellano

Jera/Avellano
Es un gran catalizador de energía ctónica, los antiguos usaban sus ramas para detectar agua subterránea Este ayuda a conocer los cambios cíclicos de la naturaleza y su energía.

tejo


Eihwaz/Tejo
Está asociado a la vida longeva por tanto está asociado al conocimiento más antiguo, ascendencia y reencarnación. Es la columna vertebral del cosmos. es el Axis Mundi

Sauco



Pethro
/Saúco
El saúco es un árbol asociado a la brujería y chamanismo. Indica donde comienza una secuencia y acaba otra. Es un maestro en renovación ayuda en los principios y finales.

fresno02

Algiz/Fresno
Son las fuerzas de resistencias a las tempestades de la vida. Su cualidad es ser flexible ante la vida y las cosas, adaptándose a todas las circunstancias. El fresno es el arbol de la vida, que el cielo protege, desde el exterior hacia la tierra.

muérdago


Sowilo/Muérdago
Se asocia al rayo como un destello de iluminación y de fuerza repentina y vibrante. Cuando se recolectaba del roble era para recoger la energía divina

cipres


Tiwaz/Ciprés
Está asociado a las luchas de la vida que conlleva una victoria con valor. Realza las cualidades de la fuerza e impulsos masculino Sus atributos son el vigor y la esbeltez, la acción directa y el juicio equilibrado.

abedul

Berkana/Abedul
Estas representan a las fuerzas femeninas y masculinas por separado. Las masculinas caen mientras las femeninas se mantienen con estigmas rojos. Representa a la fertilidad y a la madre tierra.Se considera el pilar que da acceso a los mundos internos. Simboliza la pureza y la claridad. Representa a a nuevos comienzos e impulso de energía; también de librarse de las cosas que han cumplido su función.

hiedra

Ehwaz/Hiedra
La hiedra trepa a buscar la luz. Está asociada a los viajes entre los mundos en busca de saber. Son las experiencias no ordinarias de consciencia.

vid

Mannaz/Vid
La vid es una energía que debe educarse que crece en espiral. Es la liberación de las
inhibiciones, la inspiración y el logro personal. Nos enseña a desprendernos de aquello que nos obstaculiza.

sauce

Laguz/Sauce
Está asociado a los ritmos lunares y ciclos femeninos. Destaca las cualidades receptivas, nutritivas y de contención. Está ligado a la intuición personal.

acacia

Inguz/Acacia
Éste árbol ha estado asociado a la sexualidad. En su fruto hay una estrella de cinco puntas. Ayuda a la toma de decisiones. Fue considerado como protector desarrollando talentos. Se asocia a la sensualidad y el erotismo por sus formas. Representa al laberinto en busca del alma. Ayuda a protegerse de las distracciones.

laurel

Dagaz/Laurel
El laurel es sinónimo de historia, de tradición, de grandeza. La razón es muy sencilla: en la antigüedad los romanos, en las festividades del dios Saturno, entregaban una corona de laurel a los hombres que se destacaban por su valor o por sus méritos los en deporte

serbal

Othala/Serbal
En algunos países, Serbal se planta en los cementerios para evitar que los muertos no moren alrededor demasiado tiempo.. Es un árbol de purificación y renovación. Ayuda a conseguir los objetivos personales y que deben compartirse con los demás. El Serbal se asocia con  la casa y  el hogar, ofrece protección a las madres y familias, así como vela por los fuegos del hogar

RELIGIONES GENTILICIAS, CÍVICAS Y NACIONALES DESAPARECIDAS

1) CONSIDERACIONES TEÓRICAS

La religiones gentilicias, cívicas y nacionales aparecen en un conjunto heterogéneo de sociedades en las que cumplen la finalidad principal de cohesionar al grupo (gentilicio, cívico o nacional) por medio de mecanismos de consenso e identificación.
Frente a lo que ocurre en las civilizaciones originales, no suelen crear sistemas religiosos de índole despótica ni tienden a una centralización sostenida en justificaciones sagradas, salvo que, como consecuencia del préstamo por la influencia del contacto, adopten alguna de estas características. Un desarrollo modélico de este tipo de proceso lo ofrece el mundo helenístico y romano; las formas religiosas cívicas griegas y romanas, como consecuencia de la necesidad de adaptación a una nueva situación (el control de territorios extensos que requieren la centralización de los órganos de decisión en una sola persona) generaron por préstamo un sistema piramidal en el que se diviniza al soberano y se limitan los mecanismos de consenso en la toma de decisiones. El modelo oriental (persa) en el caso de los reinos helenísticos y el modelo helenístico (y especialmente el egipcio helenístico) en el caso del imperio romano fueron determinantes a la hora de consolidar un sistema despótico basado en la religión.
Dado que la religión es en estas sociedades un potente medio de cohesión, suele plasmarse en modelos teológicos, rituales y mitológicos que insisten de tal modo en la autoidentidad grupal que resultan excluyentes y que, a la par que minimizan los conflictos internos, pueden generar profundos conflictos en el caso de producirse el contacto con grupos diferentes, ya que no existen mecanismos para superar el marco gentilicio, cívico o nacional.

LA RELIGIÓN GERMANA Y ESCANDINAVA

Los germanos forman con los indios védicos y los romanos los tres pilares básicos de la investigación comparada indoeuropea. La documentación que poseemos de ellos permite ahondar en el conocimiento de su religión de un modo solamente comparable, entre las culturas desaparecidas, con la griega o romana (y con problemas parecidos, pues solamente conocemos bien la religión y mitología de los grupos de elite y en épocas determinadas).
Son conocidos gracias a una abundantísima y homogénea documentación de época vikinga, los Eddas con sus dos recopilaciones, Edda poético (que incluye materiales fechables desde el siglo VII, con obras tan importantes para el historiador de las religiones como la Völuspá, poema visionario que explica la cosmogonía y la escatología) y Edda en prosa (obra del noble islandés Snorri Sturluson —1179-1241—) y las Sagas, recopiladas a partir del siglo XII que desarrollan en muchos casos temas de la mitología escandinava. Las fuentes para la época anterior son diversas pero inconexas y dispares. Destacan los petroglifos (que se fechan entre mediados del segundo y finales del primer milenio a.e. y que presentan figuras que pueden recordar en sus atributos a los Dioses vikingos), los testimonios arqueológicos (por ejemplo, los sacrificios humanos en turberas danesas u objetos votivos como el carro solar de Trundholm —ilustración 52), los datos escritos provinientes de autores clásicos (entre los que destaca la Germania de Tácito, escritor latino del siglo I) o eclesiásticos y una fuente endógena escrita germana que son las runas (que comienzan a testificarse en el siglo II y que alcanzan el número de 5000). A pesar de las diferencias culturales entre las diversas épocas, estos pueblos parecen presentar, de todos modos, puntos comunes que no pueden minimizarse; resulta lícito defender una postura que intente conciliar los desarrollos particulares (prehistórico, de época antigua, de época escandinava) con las identidades generales que ilumina el método comparativo (presencia de características religiosas que se mantienen a través de los siglos), teniendo siempre presente que la gran mayoría de los datos que se barajan provienen de la época final del paganismo germano, es decir de la época vikinga.

La religión escandinava tiende a presentar un mundo sobrenatural cuyas relaciones son de tipo adversativo; tal es el caso de los dos grandes grupos de Dioses, los Ases (Aesir) y los Vanes (Vanir) que se enfrentaron en el pasado o de los Dioses y los seres anómicos cuyo choque llevará a la terrible aniquilación del mundo. También la geografía ilustra esa contraposición; el cosmos para los escandinavos tenía por eje al árbol Yggdrasill. A sus pies surgían diversos manantiales (o uno solo ramificado), la fuente del saber custodiada por el gigante Mímir, la fuente del destino (Urdr) y la fuente madre de los ríos terrestres. De su tronco manaba el licor vivificante Aurr, numerosos animales vivían en sus diversas partes y bajo su sombra se llevaba a cabo la asamblea de los Dioses. La especificidad de Yggdrasill frente a los numerosos paralelos de árboles de la vida que existen en muy diversas culturas es que conlleva, desde su origen, el germen de su destrucción: el dragón Nidhöggr roe sus raíces, cuatro ciervos devoran el follaje, su caída determinará el fin del mundo. En torno a Yggdrasill se escalonan los tres grandes reinos o fortalezas: los hombres habitan Midgardr, la tierra media (es el centro del universo, está rodeada por un mar en cuyo fondo habita la serpiente cósmica), los Dioses Asgardr, en el centro de la anterior (o en el cielo en tradiciones que parecen más tardías) y monstruos, gigantes y difuntos habitan Utgardr, formado por montañas heladas y territorios inhóspitos, que presenta los rasgos de la alteridad y parece localizarse imaginariamente en el extremo septentrional y oriental. Las fuerzas de Utgardr se preparan para un terrible combate que pondrá fin al mundo: el Ragnarök (destino de los Dioses o las potencias), que se describe con detalle en el poema Völuspá. Precedido de un invierno que durará tres años, comienza cuando se desatan todos los enemigos del orden cósmico; el sol y la luna son tragados por los lobos que los preceden; los difuntos, los gigantes destructores, los monstruos (incluída la serpiente marina cósmica), que habían sido contenidos por los Dioses hasta ese momento, avanzan sobre Midgardr y Asgardr; Yggdrasill se tambalea. Los Dioses perecen en el combate junto con sus enemigos y solamente el fuego (Surtr), que resulta al final purificador, sobrevive a este cataclismo cósmico que termina en una regeneración universal, así ese terrible conflicto acaba en una nueva edad de oro, una nueva pareja humana formada por Líf y Lifthrasir, que se habían escondido en Yggdrasill repuebla un mundo paradisíaco, regido por Balder, el mejor de los Dioses.
La solución positiva al conflicto se produce también en el enfrentamiento entre Ases y Vanes que determinó el fin de la primera edad dorada. Los Ases son Dioses con claros atributos guerreros (Odín, Tyr, Thor), generalmente de sexo masculino y habitan Asgardr. Los Vanes, por el contario, son Dioses pacíficos y promotores de la fertilidad, dispensadores de bienes, de placeres, se relacionan con la tierra, con el agua, con la magia sejdr (de tipo chamánico), sus estrategias matrimoniales se basan en el incesto (Freyr con su hermana Freyja; Njördr con su hermana) frente al matrimonio Aesir regido por la exogamia. El conflicto entre ambos grupos acabó con un pacto que condujo a los Dioses Vanes a incorporarse junto con los Ases para crear un solo grupo divino, lo que conllevó el cambio en las formas matrimoniales de los Vanes (toman nuevos consortes no incestuosos) y la conclusión de un pacto por medio de la mezcla de salivas en un caldero (de la que surgió Kvasir, un ser que todo lo conocía). Los estudios de mitología comparada han demostrado que nos hallamos ante un motivo que tiene paralelos en las creencias de numerosos pueblos indoeuropeos: el del combate de los Dioses, producido en un momento del pasado anterior a la plena existencia de la sociedad humana. En la India se enfrentan los deva y los asura, venciendo los primeros y quedando relegados los segundos a entidades de connotaciones negativas; en el Irán, quizá tras la reforma de Zarathustra, Ahura servirá para denominar al dios central y daeva para nombrar a los seres maléficos; entre los celtas insulares un combate parecido enfrentaría a fomorianos y Tuatha Dé Danaan y entre los romanos aparece historizado en el enfrentamiento romanos-sabinos. Como vemos, las semejanzas entre pueblos indoeuropeos no excluyen opciones de resolución diferente, la derrota y valoración negativa de los vencidos (no siempre los mismos) en unos casos o la síntesis en el caso germano. Resulta por tanto necesario desechar las interpretaciones que querían explicar este episodio como un recuerdo de la fusión entre poblaciones germanas (Ases) y pregermanas (Vanes).

La teología germana se suele reconstruir usando los testimonios escandinavos como base, con lo que los datos de las épocas romana y de las migraciones quedan subordinados al esquema teológico de época vikinga. Los datos previkingos más interesantes los ofrece Tácito que destaca tres tipos de Dioses; los que nombra con nombre latino por interpretarlos a la romana (Mercurio —dios supremo, en cuyo honor se realizan sacrificios humanos—, Hércules, Marte), los que dice ser cultos extranjeros importados (caso de Isis entre los Suevos) y los que nombra con la apelación germana latinizada (Nerthus —la tierra madre, a la que se hacen sacrificios humanos— o los Alci —gemelos divinos—. Destaca también una numerosa epigrafía de época romana en territorio germano, más de mil inscripciones, que ilustra la importancia de divinidades femeninas a las que, como en el caso celta, se nombra a la latina como matres o matronae, algunas llevan apelativos que se refieren a la protección sobre colectividades con etnónimos germánicos (como las matres germanae, las matres suebae o las matres frisiabae, que identifican a germanos, suevos o frisones). El intento más tenaz para intentar ordenar la teología germana lo desarrolló G. Dumézil al delimitar su carácter trifuncional. Planteó en un análisis minucioso que el grupo escultórico del templo de Upsala con Thor en posición central y Wodan y Fricco a los lados resultaba claramente trifuncional, Odín (Wodan) aparece como equivalente funcional del Varuna védico (función soberana), Thor de Indra (función guerrera) y Freyr (Fricco) de los Nasatya (función generativa). Quizá las características específicas de la teología germana y escandinava se calibran mejor si se intenta llevar a cabo un análisis pormenorizado de cada Dios más allá de las limitaciones de un esquema rígido como el trifuncional.
Odín presenta un conjunto de funciones cuya complejidad ilustra el centenar de epítetos que se conocen de él; es el Dios supremo, señor de Asgardr, creó a los hombres y actúa en el mundo sobrenatural como el patriarca lo hace en el mundo real. Se entroncan con él linajes reales (como los monarcas noruegos) y el grupo social dominante (los nobles —jarl—). Se le figura con la cabeza encapuchada (es Grimnir, el enmascarado) y embutido en un largo manto azul, es tuerto tras haber dejado a Mímir uno de sus ojos en prenda por acceder a la sabiduría, lleva en cada uno de sus hombros un cuervo (Huginn y Muninn —ilustración 53—) y los lobos son sus animales preferidos. Sus rasgos de carácter más significativos son la crueldad y la arbitrariedad. Es señor de la guerra, al que se deben en ofrenda la mitad de los enemigos vencidos, pero no es un Dios del combate. Rige la batalla por medio de lazos mágicos (encadena y paraliza a los enemigos, es Sváfnir, el que vuelve estúpido) pero sin inmiscuirse en la carnicería. Los sacrificios humanos son parte fundamental del débito sagrado al Dios y los medios son espantosos (ahorcamiento, lanceamiento, ahogamiento, mutilación y posterior incineración). No pueden fiarse de él ni sus protegidos a los que a veces abandona de un modo imprevisible, ya que necesita guerreros caídos en combate para nutrir un ejército del más allá, los einherjar, que le ayudarán en la batalla final del Ragnarök. Odín-Wotan es el furor (ódr), definición que conviene a una forma furiosa de hacer la guerra, al margen de las estructuras bélicas establecidas por la colectividad «civilizada» y que realizaban los berserkir (los de aspecto de oso) o los úlfhednar (los de la piel de lobo), guerreros extáticos dominados por un furor guerrero incontrolable que les lleva a sufrir una metamorfosis que modifica su aspecto y en cierto modo su esencia durante un tiempo. Su hamr (especie de alma exterior) muta para transformarse en la del animal en una práctica de mística guerrera que tiene sus paralelos en las metamorfosis chamánicas y antes aún en técnicas de caza mística (ilustración 9 y § 1.5.3). Se unían en cofradías (los einherjar resultan ser sus prototipos imaginarios en el más allá) que cumplían unos ritos iniciáticos cuyo referente divino era Odín como ilustra el siguiente texto:

 Y sus hombres (los de Odín) atacaban sin protecciones, rabiosos como perros o lobos, mordiendo sus escudos, fuertes como osos o toros. Mataban a sus enemigos pero resultaban invulnerables al fuego o al hierro. Es lo que se llama furor de los berserkir (Ynglingasaga 6)

 Odín preside también otro tipo de furor, el poético: habla en verso e inspira a sus protegidos el arte de hablar rimado, una forma de expresión sagrada que define una faceta de este Dios sabio; es también el Dios de las runas, del saber oculto (para conseguir la sabiduría perdió un ojo), de la magia sejdr (que le enseñó Freyja), de las reglas esotéricas de la poesía. Posee poderes mágicos y oraculares que le permiten conocer un destino que sin embargo no puede modificar (es consciente de la inevitabilidad del Ragnarök). Es psicopompo, señor de los muertos que vuelven (draugar), de la Valhöll (el más allá de los einherjar).
Junto a Odín otro de los Dioses Ases más poderoso es Tyr, aunque aparece en época vikinga en una posición secundaria. Solamente actúa en dos ámbitos; en el de la guerra y en el de los pactos. Representa la guerra sometida a pautas de índole jurídica, entendida como ejercicio de compensación justa tras una afrenta.
Thor es uno de los Dioses más populares cuyo nombre forma parte de topónimos y antropónimos muy numerosos, se le llama ástvinr (querido amigo) y tutela al pueblo (karl) lo mismo que Odín tutelaba a los nobles. Es el campeón que combate contra las fuerzas del caos (la serpiente cósmica, el gigante Hrungnir, Loki) y cuyo poder indudable, no tiene los dobleces que mostraba el de Odín: actúa según unas pautas de hospitalidad y agresión que se atienen de modo estricto a la ética guerrera, es por tanto lógico y previsible, no da pie a la confusión Es, en resumen, el más claro exponente de la función guerrera cuyos paralelos con el Indra védico no dejó de detallar Dumézil.
Frente a la primera función representada por Odín (en la faceta varuniana) y Tyr (en la mitraica) y la segunda, representada por Thor (Dioses del grupo de los Ases), la tercera función es desarrollada por Dioses Vanes. Njördr es un Dios de la prosperidad, de la riqueza, de la navegación, manda sobre el viento y el mar y hay que invocarle para conseguir que las actividades comerciales resulten satisfactorias. Era una divinidad extremadamente popular como reflejan numerosos topónimos solamente superados por los que se forman con los nombres de sus hijos Freyr y Freyja. Freyja enseña a los Ases y especialmente a Odín la magia sejdr, se puede metamorfosear, posee la mitad de los muertos en combate de los que se debe la otra mitad a Odín, reside en ciertos casos en la llanura de la batalla (fólkvangr, a veces cabalga a Hildisvín, el verraco de la batalla). Presenta fuertes caracteres odínicos (está casada con Ódr, Dios oscuro pero entroncado con Odín) que tendieron a restar nitidez a su diferenciación respecto de Frigg (la esposa de Odín), pues ambas además son Diosas del amor, adúlteras y lascivas. Freyr, su esposo-hermano es un Dios fálico y corresponde al Fricco del templo de Upsala. Es Dios de la prosperidad, de la fertilidad, de la riqueza, se le invoca para conseguir cosechas y bienes materiales, aunque también es un guerrero ejemplar. Freyja y Freyr resultan divinidades con ámbitos de acción más complejos que los de la exclusiva propiciación de la fecundidad, ilustran los problemas a que se enfrentan los intentos de adaptar el esquema dumeziliano al caso germano sin que la tripartición funcional estricta se desvirtúe.
Quedan por repasar otros dos Dioses que muestran caracteres contrapuestos. Balder y Loki. Al primero se le denomina «el mejor de los Dioses», se caracteriza por la belleza, la justicia, la pureza, el auxilio constante (es un gran guerrero), la bondad, la sabiduría y la clemencia. Es el único Dios que muere (tras un engaño urdido por Loki), pero retornará tras el final de los tiempos. La muerte de Balder en la especulación escandinava es lo que determina la mediocridad del mundo, su vuelta tras el Ragnarök determinará la regeneración universal. Ambos hechos resultan inevitables, con lo que se ilustra una característica de la mentalidad germana, que es la impotencia ante la trama del destino, contra la que no pueden ni siquiera los Dioses, a pesar de que, incluso, la conocen de antemano. Loki, por su parte, es un Dios contradictorio y complejo, hijo de gigantes, progenitor de monstruos y seres infernales (Hel, Fenrir), cumple el papel fundamental en la aniquilación de Balder y en la degeneración del mundo y dirigirá las fuerzas de la destrucción en el Ragnarök. Sería simplemente un Dios del mal (antitético a Balder, por ejemplo) si no conociéramos otros episodios en los que ayuda a los Ases; procura a Thor su arma definitiva (el martillo Mjöllnir) y a Odín su caballo mágico, en el poema eddico que se le dedica (el Lokasenna) aparece con rasgos cómicos, como un traidor, un egoista, un ladrón, pero también como un personaje útil, lo que ha llevado a relacionarlo con la figura mitológica del tramposo (trickster). Dumézil, que le dedicó una monografía, ha descubierto similitudes con el personaje de la epopeya narta denominado Syrdon, lo que avalaría su antigüedad indoeuropea; aparece como enemigo del orden, pero sobre todo como la fuerza dinamizadora que impide que el mundo se anquilose y que desencadenará la purificación del Ragnarök. Su visceralidad tiene parecido con la de Odín, su enemigo; no se atiene tampoco a pactos ni a normas, no tiene interés por los hombres por lo que no aparece reflejado ni en la onomástica ni en el culto.
Una revisión sintética de los dioses germanos y escandinavos quedaría incompleta si no se citara a una serie de agrupamientos de seres sobrenaturales, que formaban colectividades de número indeterminado, lo que se aproxima al modelo religioso de los celtas (que conocemos de modo mucho menos detallado) sin que podamos dilucidar cuánto hay de préstamo y cuánto de común herencia o de desarrollo paralelo. Aunque con poderes mermados respecto de los dioses, y aunque se les brinde un culto secundario resultan tener ámbitos de actuación en los que son inapelables (como las nornas) o tan peligrosos (como los gigantes en el Ragnarök) que permiten intuir que fueron figuras religiosas de mayor peso.
Los gigantes (jötnar) son seres peligrosos para los hombres, mantienen una hostilidad implacable con los dioses que se materializa en luchas generalmente lideradas por Thor. En el Ragnarök las fuerzas de la destrucción estarán encabezadas por gigantes, como Surtr, Hrymr o personajes muy cercanos a ellos como Loki. Por tanto el muy arcaico tema indoeuropeo de la gigantomaquia juega un papel destacado en la especulación mitológica escandinava y hemos de suponer que también aparecía en la del resto de los germanos. Son seres monstruosos y enormes pero también sabios (como Mímir) y ricos, de los que se benefician los dioses en ciertas circunstancias. Están en el origen del cosmos (que se forma del cuerpo de Ymir) y en algunos casos se mezclan en matrimonio con los dioses. Algunas gigantas poseen una gran belleza (por ejemplo Gerdr), otras no rechazan incluso unirse con hombres (lo que parece más bien que testificar episodios lúbricos, ilustrar iniciaciones heroicas).
Los enanos (dvergr) viven bajo la tierra y su ocupación principal es la minería y la metalurgia. Poseen la sabiduría oculta y sagrada que les permite forjar armas mágicas para los héroes y objetos muy poderosos para los dioses y en una versión de la cosmología forman los pilares del cielo y los puntos cardinales. Los alfos o elfos (álfar) en época escandinava forman dos grupos, los álfar de luz, que viven en el cielo (la residencia de Freyr se llama Alfheimr) y los álfar negros que viven bajo tierra (y en montículos y tumbas) y se distinguen mal de los enanos. La relación con los hombres es ambigua y pueden provocar enfermedades pero también favorecer. Los landvaettir son espíritus protectores de bosques, montes, piedras, guardianes de ciertos territorios sobre los que imperan como señores; se manifiestan a veces en modos teriomorfos, lo mismo que los fylgyur, espíritus que pueden actuar como protectores de los animales en algunos casos presentando un arcaísmo que entronca con formas religiosas paleolíticas.
Las nornas (nornar) fijan el destino y sus decisiones resultan irrevocables. En época escandinava son tres; Urd (pasado), Verdandi (presente) y Skuld (futuro), residen en las raíces de Yggdrasill e hilan el destino de los hombres y en especial, con hilo de oro, el de los héroes. Las dísir son también divinidades del destino, lideradas por Freyja, son fundamentales en el nacimiento y tutelan a familias y personas, parecen tener poder para detener ejércitos o desatar a un prisionero, su ámbito resulta bien cercano del que tenían las matres germanas.
En la época vikinga de un modo claro y quizá también en la anterior tanto el ser humano como las divinidades han de plegarse a la fuerza sin rival del destino: si tuviésemos que determinar el poder sobrenatural máximo entre germanos y escandinavos, sería éste, un destino inapelable del que ni los máximos Dioses pueden escapar, como ejemplifica el episodio del Ragnarök.

La célula básica en la organización de germanos y escandinavos es la familia (aett) y su extensión (kyn, parentela o clan). También en el ámbito religioso la familia es el primer eslabón, siendo el padre de familia el sacerdote principal y presentando el culto particularidades y especificidades propias en cada núcleo. La familia tiene su propio destino (su buena suerte hamingja). La sala principal, debidamente sacralizada se convertía en santuario donde se desarrollaban las ceremonias familiares con sacrificios, socialización de la producción por medio del banquete, toma de decisiones sancionadas por auspicios y en resumen la consecución de fridr, la paz (sagrada), que proviene del consenso entre los miembros del grupo. Equilibrio inestable sancionado por la religión, que puede romperse por diversas circunstancias externas o internas y que requiere su reequilibrio consensuado. Un caso de ruptura de fridr se produce con la muerte del cabeza de familia mientras se determina la disociación del estatus del jefe muerto y su asociación a otra persona, tras la satisfacción que diversos miembros del grupo estimen conveniente. Otro caso se produce cuando existe una ofensa, la paz ha de conseguirse por medio de satisfacciones (compensaciones pecuniarias) a las que se creen con derechos muy diversos miembros de la familia agraviada, dependiendo la compensación de su posición en la jerarquía interna. La familia actúa desde el punto de vista social a la par que religioso como un todo; el resto de las estructuras se forman por aglutinamiento y a su imagen.
Tal es el caso de la tribu, que resulta ser un agrupamiento de familias (aett) y familias extensas (kyn) y que se dota de los mismos esquemas religiosos que las familias. Los antepasados comunes (base imaginaria de la cohesión de linajes, de los que ofrecen numerosos ejemplos las sagas familiares) se convierten en Dioses tutelares y ancestros míticos de las tribus. El sacrificio y la aceptación del lazo religioso sellan la pertenencia al grupo tribal que a su vez es el grupo de los cultores de la divinidad específica. La religión es el medio de mantener los lazos de cohesión del grupo y la adivinación (y sobre todo la aceptación de la interpretación del presagio) la técnica de consolidar las decisiones comunes. Pero los germanos pusieron en práctica otro sistema de consensuar las decisiones que radica en el thing, la asamblea del pueblo. Actúa en defensa del derecho sagrado con la finalidad de mantener la paz, que se sustenta en el consenso, para ello el marco de la reunión es sagrado y las decisiones se ratifican por medio de sacrificios y toma de auspicios.
Otro de los ámbitos sociales de la religión lo forman los ritos de paso. El nacimiento es el momento en el que se trenza el futuro del nacido y está presidido por las dísir, divinidades del destino, lideradas por Freyja, que tutelan a familias y personas. El lote de cada cual se reparte en ese momento en el mundo imaginario, lo que tiene que ver con que en la vida real y en un sistema familiar cerrado como el germano, el futuro del recién nacido tiene prefijadas estrictamente sus posibilidades de desarrollo. Destino de muerte en el caso de que el padre no lo aceptase y lo expusiese a la intemperie o los animales salvajes (útburdr) o por el contrario destino de vida que quedaba sellado con el acto muy importante de dotarlo de nombre (el nombre determina en buena medida su papel futuro en la jerarquía familiar).
En los ritos matrimoniales germanos se intenta superar el conflicto que provoca la mezcla de dos familias extensas. Al ser la familia la célula básica organizativa, con sus ritos y costumbres propias, la inclusión de un miembro ajeno provoca una serie de problemas prácticos y rituales que se intentan solventar en la ceremonia de la boda, cuyas complejidades cimentan la alianza entre grupos receptores y dadores de mujeres. La tentación de la endogamia debió de ser muy fuerte y así se explica en parte la especulación sobre los matrimonios incestuosos entre los Dioses Vanes.
La iniciación masculina entre los germanos culmina con la captura de un gran animal o de un enemigo; Tácito, al hablar de los chatti, tribu germana, transmite una costumbre significativa:

 En cuanto llegan a la adolescencia se dejan crecer la barba y el cabello y solamente cuando han matado a un enemigo dejan ese aspecto que han asumido como voto y consagración al valor (Tácito, Germania XXXI, 1)

 Los adolescentes indican su estado liminar por un aspecto exterior diferente y tras cumplir la hazaña guerrera toman el aspecto normal de miembros varones de pleno derecho.
El rito de paso último es el preludio de la asunción del estatus del difunto por otro miembro de la familia. Por eso entre los germanos y escandinavos hay una insistencia en cumplimentar correctamente la ceremonia fúnebre y en consensuar el traspaso de la herencia por medio de un ritual minucioso (arfleiding) que asegure el mantenimiento de la paz familiar. El banquete funerario es el lugar en el que se sella la nueva jefatura, con la declamación de poemas laudatorios al difunto (erfiljód) y la ingestión de cerveza especialmente confeccionada para la ocasión (erfiöl). Un traspaso conflictivo, al resultar una infracción de lo sagrado puede conllevar la conversión del muerto en un difunto rabioso que vuelve para indicar que los descendientes no son dignos de la herencia. Estos draugar, muertos que vuelven, aparecen con insistencia en las sagas e indican que el ritual funerario se ha realizado mal o que el muerto, si ha sido víctima de violencia, no ha sido compensado correctamente. Se trata como puede verse de un mecanismo imaginario del que disponen los miembros del grupo familiar para expresar y canalizar el descontento que puede generarse si el ritual fúnebre no se ha realizado por común consenso y pensando en la paz de la familia. El más allá entre los escandinavos no es único; algunos muertos van a un reino sombrío y subterráneo nombrado Nástrandir, dividido en diversos parajes, algunos especialmente horribles, donde son castigados los que han cometido ciertos delitos y especialmente el perjurio. Otro destino post-mortem era el túmulo dónde se creía que habitaban ciertos difuntos que a la larga terminaban tutelando el territorio circundante. El tercer destino tras la muerte, y el más prestigioso entre los escandinavos, es la Valhöll (Walhalla), la mansión o sala de Odín. Se sitúa en el cielo y a ella acceden los guerreros caídos en combate transportados, desde el campo del combate y por los aires, por unos genios psicopompos llamados valkyrjur (valquírias). Es un paraíso de elite reservado a los valientes que forman una turba, los einherjar, que se dedican a pelear eternamente durante el día (sin conseguir nunca herirse de muerte) y a banquetear por las noches. Las tres localizaciones post-mortem para el difunto (si excluímos a los draugar) que testifica el imaginario germano y escandinavo ejemplifican una sensibilidad escatológica muy desarrollada que potenciaba las tendencias bélicas de la sociedad ya que en el sistema de valores la muerte en combate era preferible por conllevar un más allá más perfecto y deseable.

La sociedad germana presenta tres colectivos de gobierno con un estatus superior al resto, los jefes, los reyes y los sacerdotes. Los jefes son líderes militares en torno a los que se aglutina un grupo de hombres unidos a ellos por lazos sagrados de fidelidad (hermandad sagrada). Por su parte el rey es el supremo intermediario de la comunidad frente al mundo divino. En él se concentra la potencia sagrada. Es sacerdote y sacrificador supremo actuando a nivel tribal como lo hace el padre a nivel familiar. Pero no posee poderes jurídicos ni políticos ya que éstos radican en el thing. Los linajes reales entroncan imaginariamente con ciertas divinidades, especialmente Freyr y Odín, por lo que no se puede elegir al monarca más que entre los miembros de ciertas familias. Como rey sagrado da el bienestar y la prosperidad al territorio, y se le pide que sea favorecido más por la abundancia que por la victoria. Los mejores reyes son los que coinciden con etapas de properidad y su recuerdo se perpetúa en un culto especial a sus tumbas que se piensa favorecen el entorno en el que se sitúan (se convierten en genios tutelares). Los años de escasez se achacan al rey (porque haya cometido alguna incorrección ritual o porque sencillamente resulte personalmente inconveniente) y se opta por sacrificarlo, como vimos en el texto de la Ynglingasaga (§ 0.1.2). La posición de los reyes en el mundo religioso escandinavo tenía una precariedad que permite explicar su conversión al cristianismo, ideología que aumentaba su poder de decisión y su seguridad personal. El jefe y el rey que eran los centros del culto común, al convertirse, forzaron a sus seguidores a aceptar la nueva fe, si no querían perder la seguridad religiosa (traicionada por los propios que la detentaban) y la cohesión social. Pero aunque la cristianización se hizo de un modo generalmente poco violento y rápido, no conllevó una destrucción cultural completa sino una adaptación que permite comprender porqué el material teológico y mitológico escandinavo se ha transmitido casi intacto por intermediarios cristianizados desde hacía dos centurias.
El sacerdocio entre germanos y escandinavos resulta complicado de estudiar. No parecen tener una casta sacerdotal específica y estructurada, aunque poseemos nombres que transmiten las runas y el material escandinavo de personas que realizan funciones sacerdotales (erilar, gudja-godi). Tácito (Germania VIII, 2-3) habla de sacerdotisas veneradas como si de seres sobrenaturales se tratara (Veleda, Albrinia) y en época escandinava conocemos la figura de la völva, pofetisa vidente. No resulta fácil tampoco determinar la importancia de ciertos hechiceros y sobre todo hechiceras, que controlaban los recursos de la magia sejdr y cuyo modo de actuar resultaba muy parecido al de los chamanes asiáticos (y cuyo modelo sobrenatural era Odín).
Pero los sacerdotes principales eran el rey al nivel tribal y el padre al nivel familiar. Son ellos los encargados de representar al grupo frente a los poderes sobrenaturales, entre otras causas porque el grupo posee los medios de controlarlos. Quizá haya sido ésto lo que haya impedido entre los germanos la proliferación de un sacerdocio autónomo que pudiera forzar decisiones que pusieran en peligro la paz familiar o tribal que se alcanzaba no por una imposición divina (supuesta) sino por un consenso que proviene del equilibrio de fuerzas. De ahí que las infraestructuras del culto entre los germanos estén muy poco desarrolladas, cualquier sala o cualquier emplazamiento al aire libre debidamente santificados se convertían en templos. De todos modos existieron también lugares estables de culto, incluso con estatuas imponentes, como el templo de Upsala.
La ceremonia principal entre los germanos lleva el nombre de blót, un rito sacrificial en dos grandes tiempos. En primer lugar los miembros que tenían obligación de hacerlo procuraban las víctimas sacrificiales, cuya muerte en el hogar central marcaba el comienzo de la primera parte del rito. Se recogía la sangre en un recipiente especial y con ramas se hacía una aspersión general sobre los presentes y los muros de la sala del sacrificio y se tomaban los auspicios. Posteriormente y tras cocinar la carne comenzaba la segunda parte del rito que es el banquete sagrado. Se trata de un rito de cohesión grupal en el que el animal marca el nexo de unión entre hombres, Dioses y en su caso difuntos. Una parte del animal se debía a los Dioses que presidían la ceremonia; en ciertas fiestas (especialmente en el álfablót), había una mesa de jól, que se abastecía para los difuntos y por último la parte principal se repartía entre todos los participantes en la comida. Los banquetes eran los lugares en los que se tomaban decisiones importantes y en ciertos casos se hacían juramentaciones. El ámbito sagrado aseguraba el marco cierto para el cumplimiento posterior de lo decidido, por lo que el banquete se convierte no solo en un medio de socialización y de nivelación por el mecanismo del reparto sino también en un medio fundamental para sustentar el equilibrio (la paz familiar o tribal) por el mecanismo del consenso. Ingrediente fundamental en la ceremonia era la cerveza que sellaba por medio del éxtasis la hermandad de los banqueteadores, los cuernos debían circular según una rotación benéfica que potenciaba la capacidad unificadora del brebaje. Se testifica una vez más la importancia del extatismo como componente fundamental de la religión escandinava. Gracias al éxtasis las decisiones comunes están dirigidas imaginariamente por la divinidad que puede manifestarse mejor y tiene el camino más libre (para penetrar en el hombre) en los estados alterados de la conciencia.
Un animal que juega un papel fundamental en el sacrificio es el caballo, relacionado con el acceso a la soberanía; su consumo fue muy perseguido por las autoridades cristianas lo que indica su rango significativo fundamental como víctima sacrificial. El verraco o jabalí también son animales sacrificiales de primer orden y quizá tengan que ver con los grupos de guerreros (en el más allá los einherjar de Odín se alimentan de la carne inacabable de Saehrímnir) aunque también se sacrifican en honor a Freyr para propiciar la fertilidad.

Paganismo Indoeuropeo

hellen_ritual_3Son los cristianos los que han denominado con el termino «paganos» a los adeptos a las religiones tradicionales diferentes del judaísmo y anteriores a la cristianización, de la misma manera que el islam nos definió por el término «payus».La diversidad de estas religiones «paganas», no solamente cuando son consideradas en el conjunto del mundo indoeuropeo, sino que incluso cuando se las considera aisladamente, es evidente. La diversidad puede considerarse como uno de sus rasgos característicos, y veremos el porque. Es más difícil pormenorizar los rasgos que las unen. Lo que las coloca en oposición al cristianismo y a las demás formas de monoteísmo es, en la mayoría de las veces, común a todas las religiones politeístas y, por tanto, no las caracteriza. El hecho de que la diversidad sea uno de sus rasgos esenciales no tiene nada de asombroso.

1.-LA DIVERSIDAD Dioses y cultos
La diversidad de las religiones del mundo indoeuropeo antiguo es tal que la reconstrucción de la religión indoeuropea, iniciada a mediados del siglo XIX con la «mitología comparada», ha sido considerada como un vano esfuerzo por parte de ciertos autores de inicios del siglo XX. Así, el articulo de Antoine Meillet, «La religión indoeuropea», observa que no se reconstruyen expresiones que designen lugares de culto, de sacrificio ni de los sacerdotes, y concluye: «la falta de expresiones comunes indica la ausencia de instituciones comunes». Sobre estos puntos, apenas sabemos hoy nada más de lo que sabíamos entonces. De un pueblo a otro, e incluso en el seno de un mismo pueblo, se dan dos concepciones opuestas sobre el Sacrificio. El sacrificio puede concebirse como una invitación hecha a los dioses que, en caso de que la acepten, participaran de las ceremonias organizadas en su honor; esta concepción esta documentada en la India védica, en Grecia, en los theoxenies («recepción de los dioses») y en Roma con los lectisternes {mesas preparadas para este fin). En otros casos, el fuego divino es considerado como transportador de las ofrendas a los dioses hacia sus aposentos celestes: la trama de una comedia de Aristofanes, Los Pájaros, se basa en esta concepción. En cuanto a los dioses, de los que la mitología comparada ha intentado reconstruir sus nombres, para los únicos que ha habido resultados satisfactorios, han sido para aquellos que se identifican con un cuerpo celeste tales como el sol o la luna, con un fenómeno natural o una parte del mundo: la Tierra como Madre, el Cielo diurno co¬mo Padre, los Gemelos divinos como los hijos, a Aurora como la hija, la Luna; quizá también el Fuego, pero este elemento no es divinizado en el seno de muchos pueblos indoeuropeos que los reemplazan por el Hogar. A partir de la designación indoeuropea de Dios, *deywo-, de una frecuente oposición entre dioses y mor-tales y de una formula común entre Grecia y la India, Meillet concluía que los dioses indoeuropeos eran «celestes y luminosos, inmortales y dadores de bienes» y añadía a los cuerpos celestes y a los fenómenos naturales «los hechos sociales divinizados», tomando como ejemplo a Mitra «pacto de amistad». Ciertamente, la investigación sobre la religión indoeuropea progreso con el tiempo, principalmente mediante los trabajos de Georges Dumezil, pero ni la teoría de las tres funciones, ni todo lo que se ha realizado tanto en otros lugares después de el, ha conseguido invalidar lo que constato Meillet sobre los dioses, los sacerdotes y los cultos: la idea de la identificación del braman indio al flamenromano, propuesta por Dumezil, ha sido ya hoy en día abandonada; su idea sobre la identificación entre el sacrificio del caballo indio y el October equus romano ha sido fuertemente cuestionada, y no solamente por sus detractores, también por Edgar C. Palome , Das Pferd in der Religion eurasischen Volker, Die Indogermanen und das yerrf(Fs.B.Schlerath), p.45 y siguientes. La formulación de la ideología de las tres funciones representa ciertamente un avance considerable en el conocimiento de la tradición indoeuropea, en paralelo al ceremonial reconstruido. Pero dicha teoría esta distintamente representada en las diversas religiones y principalmente en los panteones de una cultura. Si puede encuadrarse perfectamente en este marco una buena parte de las divinidades indo-iranios y germánicas, no es tan sencillo hacerlo en el caso de los olimpos griegos y celtas y, en el caso de los olimpos romanos, las tres funciones se manifiestan casi exclusivamente en la «triada arcaica» mediocremente documenta¬da: Júpiter, Marte y Quirino. Recordemos toda vez que la tradición no se identifica con la religión, y mucho menos con el culto.

1.2.- Los tres periodos de los indoeuropeos
Por otra parte, es evidente que las nociones de «indoeuropeo común» y de «periodo indoeuropeo común» solo se pueden comprender dentro de un marco temporal. De igual manera que las lenguas y los pueblos tienen su propia historia, el indoeuropeo y los que lo hablaban tienen su prehistoria. En estos, su duración y diversidad se muestran cada vez de forma mas clara; de ahí los diversos intentos de «periodificacion» de la lengua y/o cultura que se han producido en estos últimos años.

Nuestras reconstrucciones, que conciernen a las realidades, las instituciones y la cultura de los indoeuropeos, se remontan a tres periodos distintos: el mas antiguo, el de las poblaciones neolíticas o mesolíticas de las regiones circumpolares; un periodo intermedio de poblaciones neolíticas en las cuales la sociedad se fundamentaba en cuatro círculos (familia, pueblo clan, linaje y tribu) y que da lugar a la ideología de las tres funciones; el periodo final de la comunidad, en la que se instaura una nueva forma de solidaridad: el compañerismo, que se traduce como el culto a los «hechos sociales divinizados» de Meillet; lo que he denominado «religión de la verdad». Esta religión de la verdad, que resurgirá con el culto a Mithra y que se manifestara también, aunque de otra manera, en la sociedad feudal de la Edad Media cristiana, coloca en primer piano la «fidelidad» reciproca entre el jefe y sus hombres, el respeto a los pactos, el deber de asistencia mutua, el reparto equitativo, etc. Se diferencia clara-mente de concepciones anteriores, la de la sociedad de cuatro círculos y tres funciones, que primaba a la casta: el dharma indio descansa sobre los deberes de la casta en la que cada uno ha nacido. Las tres funciones generalmente han conservado su naturaleza ideológica original, pero al igual que en nuestra sociedad medieval, se institucionalizaron con los indoiranios y los celtas dando nacimiento a una casta sacerdotal, los bramanes indios, los athravanos iranios, los druidas celtas. Una nueva segmentación aparece en las sociedades que poseen


Tiwaz

una especie de clase sacerdotal hereditaria y en las que el sacerdote es el jefe del círculo correspondiente, el rey de la tribu, el jefe del linaje, el del pueblo clanico, y el padre de familia en el culto domestico. Por otra parte, en esta forma de sociedad, en sus dos variantes, la dependencia principal es la del linaje; es en el seno del linaje y en el de sus subdivisiones en donde se desarrolla el culto a los ancestros y al hogar (cada circulo al suyo), que Fustel de Coulanges vio co¬mo el origen de las instituciones de la «antigua ciudad», segura-mente con acierto: la ciudad antigua prolonga la sociedad de los linajes y, sin repudiar sus valores, abolió las instituciones de la sociedad heroica al igual que la realeza guerrera, que le estaba vinculada, y que los «tiranos» habían intentado instaurar para su beneficio. En fin, estas dos formas de religión de base social se diferencian tanto una como la otra de la «religión cósmica» del periodo anterior, aquella a la cual se relacionan las figuras del Cielo diurno, de los hijos de los Gemelos divinos, de su hija Au¬rora. Lo poco que podemos entrever de la religión indoeuropea se reparte entre tres periodos que se extienden sobre muchos milenios, pero se encuentra mezclado, en proporciones diversas, en épocas históricas.
1.3.- Los cuatro círculos y las tres funciones
La diversidad religiosa de las sociedades del mundo indoeuropeo antiguo esta vinculada a su estratificación: cada casta posee sus divinidades de elección, cada circulo posee sus propios cultos y, ante todo, las almas de los ancestros, como las Fravartis avesticas, Yasht 13,66-68: «Cada una de ellas buscan el agua para su familia, para su clan, para su tribu, para su pueblo, diciendo: «nuestro pueblo va a debilitarse y secarse»».

Luchan en las batallas por su tierra y su país, para disponer de un lugar y un hogar en el que habitar; diríase de un guerrero valeroso que, por su fortuna bien adquirida, lucharía, revestido por su tahali. Entonces, aquellas de entre ellas que triunfan, se llevan el agua, cada una de ellas para su familia, para su clan, para su tribu, para su pueblo, diciendo: «Nuestro pueblo prosperara y crecerá». En Roma, cada hogar domestico tiene sus Lares y sus Penates, divinidades protectoras de la familia que son honoradas únicamente por sus miembros. Se conocen cultos similares en el conjunto del mundo indoeuropeo antiguo. El hogar constituye el altar de su culto. El fuego que en el brilla es una forma de Fuego divino, ahí en donde existe un dios Fuego, como en la India o en Iran, pero ese fuego domestico, como los Lares y los Penates en Roma, solamente dispensa protección a aquellos que viven bajo el mismo techo. El culto a los muertos, celebrado por cada familia es precisamente un culto de linaje, no tan solo en la «ciudad anti-gua» evocada mas abajo, sino por doquier, por ejemplo, en el Iran mazdeista, en donde las almas de los muertos combaten entre ellas para asegurarse la supervivencia de sus descendientes. En el mundo escandinavo cada linaje tiene a sus espíritus protectores, los fylgiur, que el padre de familia adopta de su predecesor y que, como su nombre indica, le «siguen» hasta las puertas de la muerte: en este momento le abandonan y pasan a su heredero. El genius romano esta unido al pueblo antes que al individuo. Además, los linajes tienen sus propios cultos además de los de los propios ancestros: se conoce en Roma la historia de Hercules del Ara Maxima que pertenecía en propiedad a dos linajes (gentes), los Portitii y los Pinarii, antes de ser «nacionalizado» por el cen¬sor Appius Cladius. Los poetas védicos reivindican gustosamente su «alianza hereditaria» con tal o cual divinidad. Los cultos mas abundantemente documentados son los cultos públicos, pero estos solos constituyen una parte de la vida religiosa. Por otra parte, en los pueblos en los que no se supero el estado de tribu o de la ciudad, existen cultos confederados: el más celebre es el de Apolo de Delfos. La otra segmentación, la de la casta, es particularmente importante ahí en donde la casta es a la vez institucionalizada y conceptualizada: en la India, en menor medida, en Iran. En los Vedas, las divinidades de elección de la casta brahmánica son los dioses de la verdad; Mitra, Varuna y los dioses sacerdotes Agni y Soma. Los dioses de la nobleza guerrera son los dioses guerreros Indra, Vayu, Rudra y los Maruts. Los dioses de los ganaderos y los agricultores constituyen una masa indiferenciada, «Todos los dioses». Un reparto análogo se da en Escandinavia; Odín es el dios de los nobles, Thor el de los hombres libres. Este reparto se manifiesta en las triadas funcionales como la de Upsala que reunía a Odín, Thor y Frey, los representantes de las tres facciones y de las tres castas que les corresponden. Cuando las profesiones se diferencian y sobre todo ahí en donde tienden a constituir sub-castas, como en la India, adoptan una u otra divinidad; así aparecen dioses guerreros y dioses sacerdotes, dioses herreros, dioses medicos, etc. Estos se convierten en los protectores de la profesión correspondiente.
1.4 Teologías paganas
Otra forma de diversidad se observa en la concepción de los dioses, de un pueblo a otro o en el seno de un mismo pueblo. Los dioses a menudo son concebidos a imagen de los hombres: los dioses hititas tienen un alma y un cuerpo, como los hombres; a su muerte, el rey hitita se convierte en un dios. Esta concepción será teorizada por Evhemero de Mesina a finales del siglo III, para quien los dioses son hombres divinizados. Evhemero fue considerado como ateo, pero su concepción es la de los bramanes indios que afirman que «antiguamente los dioses eran mortales». Así como en los poemas homéricos, en donde llega al igual que los dioses, afrontando a los mortales, hallándose en desventaja. Igualmente, en el relato de las invasiones sucesivas de Irlanda, la ultima oleada de invasores, los ancestros de los irlandeses, acosa-ron a los ocupantes precedentes los cuales se refugiaron bajo tierra: las tribus de la diosa Dana, es decir, los dioses!

Esto último es un caso extremo, pero significativa Igualmente es interesante enterarse mediante unos textos de La Ilíada, 3, 236-242, que los Dioscuros Castor y Pólux, los principales representantes griegos de los Gemelos divinos indoeuropeos, han muerto: el antropomorfismo de los dioses puede llegar hasta este extremo. A la inversa, se conocen las críticas dirigidas hacia Homero por parte de Platón sobre este punto, La República, 377 y sigs. Y más tarde en La Germania de Tácito, cap. 9, los germanos se extrañan que los griegos encierren a sus dioses en los templos y les den una apariencia humana. El sentir general es que hombres y dioses están emparentados mediante una formula que repiten los textos brahmánicos: «Hombres y Dioses, hijos de Prajapati»; pero este parentesco puede ser mas o menos estrecho, a partir de un verso de Píndaro. El rechazo a la concepción antropomórfica de los dioses puede, en algunos casos, llevar a una concepción trascendente, espiritualista o hacia la duda sobre su existencia. Por ejemplo: Cicerón declara sobre este aspecto en De la naturaleza de los dioses, 1,63: «Si existen o no existen, no sabría decirlo». No hay en ello nada de sorprendente si se tratara de un espíritu irreligioso, pero este no es el caso. No se encuentra ninguna participación en su obra de condena a la religión como en el caso de Lucrecio, el discípulo de Epicuro Entre Cicerón y Lucrecio, la diferencia no es solo en el orden teológico: Cicerón duda de la existencia de los dioses, pero celebra su culto. Mientras que Lucrecio, verdaderamente epicúreo, se mantuvo siempre apartado de los eventos públicos, Cicerón se lanzo hacia una carrera política, el cursus honorum que recorrió hasta su fin, el consulado. Como cónsul, tomo bajo su auspicio y sacrifico al Júpiter capitolino en nombre del Estado el mismo día de su entrada en funciones. Poco importan las convicciones íntimas: lo esencial es dar cumplimiento a los ritos tradicionales «religiosamente», es decir, escrupulosamente y en el momento preciso.


1.5- Los fines últimos
Una misma diversidad reina en las concepciones sobre los fines últimos. Formulado por la India brahmánica, la concepción largamente difundida de las «tres vías de ultratumba», permanecer por la gloria (el «camino de los dioses»), sobrevivir por la descendencia (el «camino de los padres»), ausencia de supervivencia para aquellos que no dejan tras de si ni recuerdos, ni posteridad, excluye la simple supervivencia individual. Pero esta consecuencia lógica ha lacerado el sentir de aquellos que, fieles a concepción anterior, concebían el mas alía como una prolongación de la existencia terrestre. Por ejemplo, en el Brihad Aranyaka Upanisad, Yajnavalkya escandaliza a su esposa preferida cuando le comunica que no hay conciencia después de la muerte. Y esta concepción, que era la de la Grecia homérica, ha aparecido como insatisfactoria para aquellos que deseaban una supervi¬vencia consciente, y que han encontrado en los Misterios una respuesta a sus deseos. Estos varios ejemplos, que podrían fácilmente multiplicarse, dan una imagen de la diversidad del paganismo indoeuropeo. Pero si Bossuet tenía completamente razón al objetar la diversi¬dad doctrinal en el seno de las iglesias protestantes -la verdad es una, el error múltiple la objeción no concierne solo al paganis¬mo. Al contrario como ocurre en las religiones dogmaticas, no afirma nada en el dominio de lo inverificable. Todo lo que con¬cierne a la naturaleza de los dioses o a su número, el origen del mundo, su devenir, los fines últimos del hombre, se eleva al mito. La verdad, que es el valor central del mundo indoeuropeo, concierne al comportamiento del hombre en este mundo, la fidelidad a los suyos, a la palabra dada y no a la versión de la mitología, de la cosmología, de la cosmogonía que el adopta o inventa.

2.- LA UNIDAD 2.1
.- El politeísmo. Transición natural de la diversidad hacia la unidad, el politeísmo, común a diversas religiones del mundo indoeuropeo antiguo, no puede ser considerado como una particularidad indoeuropea; es el contrario la situación mas frecuente, podría decirse incluso que «natural». De hecho, se constata en ciertas religiones monoteístas una tendencia a convertirse al politeísmo, del que salieron. Es el caso del mazdeísmo, de los gathds de Zarathustra que solo mencionan al dios Ahura Mazda en el Avesta reciente-mente politeísta, y el cristianismo con el culto a los santos y a los ángeles. San Miguel derribando al dragón prolonga el mito del dios de la tormenta estudiado por Ivanov y Toporov; y cuando se lee en la Leyenda Dorada: «Cosme y Damián eran gemelos; nacieron en la ciudad de Egeo, de una santa madre llamada Theodota. Instruidos en el arte de la medicina…», se puede reconocer en ellos a los gemelos divinos indoeuropeos. Ciertamente, los santos y los ángeles no son considerados dioses puesto que el dios del monoteísmo es, por definición, único. Pero los cristianos les rinden culto. No hay que perder de vista que en las diferentes religiones politeístas existe entre los dioses propiamente dichos y los hombres un cierto número de intermediarios, de los cuales los héroes, en el mundo griego, mortales elevados a un estadio supra humano -incluso divino, para Heracles-, son objetos de un culto específico. La categoría de héroes no es exclusiva de Grecia: la concepción dominante de los fines últimos comporta «tres caminos de ultratumba», el «camino de los dioses», superviven¬cia por la «gloria inmortalizante», el «camino de los padres», supervivencia por la descendencia y la desaparición total: la primera de estas tres vías es la de los héroes. Aparte de los héroes, existen clases de seres sobrenaturales mas o menos definidos y en numero variado.; es el caso de la India o Grecia en donde estas clases abundan, y también para Roma, en donde sin estar agrupados en clases pululan los pequeños dioses vinculados a un acto muchas veces trivial de la vida cotidiana. Los autores cristianos, por lo que sabemos, se burlan de ellos pero sus correligionarios los han reemplazado por los santos. Solo, las divinidades antiguas iranias y germánicas se hallan claramente estructuradas, ambas de forma binaria. El Olimpo avéstico opone a la clase de los dioses (yazatas) la de los demonios (daevas). El Olimpo germánico reagrupa a los seres sobrenaturales en cuatro clases que Se oponen dos a dos: dioses y elfos (*alv-«blanco»); gigantes y enanos, dichos también «elfos negros»; en el mito de la «primera guerra del mundo», los dioses se dividen en ases y vanes, pero su reconciliación constituyo (de hecho, reconstituyo) la única clase de los dioses. Todavía mas que las demás formas de politeísmo, estas dos estructuraciones binarias, manifiestamente recientes, integran naturalmente el mal y el conflicto, que constituyen serias dificultades para el monoteísmo: un dios creador único totalmente bueno y en ascenso debería ser capaz de evitar los conflictos, de triunfar sobre el mal y sobre todo no debería haber creado seres malvados, por naturaleza propia o por elección. Es por lo que todo monoteísmo se siente tentado por el dualismo, que es un primer paso hacia el politeísmo. A un dios bueno, rodeado de ángeles, se le opone un dios malvado, rodeado de demonios, como en Iran, como los dioses y los elfos a los gigantes y a los enanos del mundo germánico y como a los hombres entre ellos.

2.2 La omnipresencia de lo sagrado
Otra de las consecuencias de la continuidad entre dioses y hombres es su comunión de naturaleza (ver párrafo 1.4). Aquí también, elmonoteísmo cristiano se acerca al paganismo mediante su concepción de la encarnación del «dios hecho hombre», difícilmente compatible con la trascendencia del dios monoteísta. La continuidad se extiende a los animales, a las plantas y al conjunto de la naturaleza, comprendidos en ello también los minerales y los objetos inanimados. Una de las antiguas concepciones sobre el origen de la humanidad identifica a la primera pareja humana con los vegetales. Muchos animales, en particular las aves, han sido consideradas como las mensajeras de los dioses. Las corrientes de agua son divinizadas: son dioses en Grecia y en Roma, diosas en la India. Esta sacralización universal es una de las principales características del paganismo indoeuropeo. Su traducción filosófica es el panteísmo.

2.3 La preponderancia del culto negativo
Como se ha visto anteriormente, las prácticas culturales son tan variadas que es imposible resituar con exactitud un solo ritual que se remonte al periodo común. Pero al lado del «culto positivo» -el sacrificio- en donde la concepción se ha manifestado como contradictoria, existe un «culto negativo» consistente en prohibiciones. De hecho, el vocabulario distingue en el seno de varias lenguas un sagrado positivo y un sagrado negativo. Esta tendencia se manifiesta en el vocabulario. En el indoiranio la raíz -yazh- que designa al culto en general significa etimológicamente «no ofender», «respetar»; una similar evolución se da en el griego de épocas históricas con el verbo sebesthai. En germánico antiguo el reemplazo del antiguo nombre de los dioses *teiwa-(*deywo) por *guda– (neutro) «libacion» solo es comprensible a partir de expresiones tales como «respetar las libaciones (acompañando los pactos solemnes»). En fin, es a partir del culto negativo cuando ha sido creada la designación de «religión» en la mayoría de las lenguas europeas: en latin, religio significa «escrúpulo, respeto escrupuloso», en particular en lo concerniente-te a los pactos: la religio sacramenti «respeto a la palabra dada». Esta actitud se religa manifiestamente a la «religión de la verdad» de la sociedad heroica.

2.4 Una religión de hombres libres
La preponderancia del culto negativo no se traduce en prohibiciones, alimenticias o de otro tipo, concernientes a la vida cotidiana, como es el caso de ciertas religiones; las prohibiciones conciernen inicialmente a los pactos establecidos ante los dioses. Ello no implica una actitud temerosa ni servil hacia los dioses. El conjunto de mitologías indoeuropeas suponen a los dioses y a lasDiosas todas las debilidades humanas. Esto lleva como consecuencia a tratos de camaradería y a veces incluso a actitudes poco respetuosas. Se llega al punto de mofarse de los dioses, que jamás se enojan, salvo naturalmente si se violan las promesas realizadas ante ellos. El sentimiento de sagrado no es el de «lo inescrutable», del misterio que hace temblar. Cara a los dioses, el fiel tiene la actitud de un hombre libre. No se postra como un esclavo ante su amo sino que, tal y como testimonian numerosos documentos, que confirman una formula indo-irania, se les saluda «a la romana», es decir, brazo en alto. Lo mismo ocurre con los muertos; tal como eran hasta no hace mucho los entierros compagnards, las fiestas de los muertos son divertidas y copiosamente celebradas. Es el caso de las Antesteriasatenienses, en donde la fiesta de los muertos es la de la nueva cosecha de vino.

2.5  Religion y magia
Otra tendencia común a los diversos rituales es el formalismo. Los ritos deben ser cumplidos no solamente bajo las formas prescritas sino que también en el momento preciso. Esta segunda exigencia se remonta a una antigua época en la cual el objetivo del ritual era el buen desarrollo del ciclo anual, la obtención de una buena cosecha o, si aún nos remontamos mas atrás en el tiempo, el retorno anual del sol. La exigencia de rigor concierne también a las formulas que acompañan los actos rituales. Su pronunciación debe ser perfecta para que el ritual sea valido; poco importa el que se comprenda o no su significado. La India antigua posee tratados de fonética en los que su objetivo es el de asegurar la correcta pronunciación de las formulas védicas. Así, paralelamente a la actitud religiosa declarada en los textos que alaban e imploran a los dioses, existe una actitud mágica mediante la cual el acto ritual y la formula que lo acompaña tienen una eficacia clara e inmediata, independiente de la voluntad de los dioses. En la India brahmánica, la práctica de la magia es admitida y reconocida: los textos prevén formas particulares en su empleo «si se desea ejercer una acción mágica». Los tabellae de fixionis nos ensenan que la magia negra era practicada corriente-mente en el mundo greco-romano, y una buena parte de los tex­tos hititas conservados versan sobre rituales de magia. Se llega a que la magia sea condenada y reprimida en base a sus supuestos efectos, pero no lo es nunca en razón al principio sobre la que se fundo.

2.6  La fe
Se entiende que lo emocional no tiene lugar en el culto. Los textos no hacen mención nunca del amor de Dios hacia los hom­bres, ni del hombre hacia Dios. Por contra, frecuentemente se trata de lazos contractuales o de lazos familiares como es el caso de las grandes familias que poseen un ancestro divino. Es sola­mente por medio de estas relaciones de mutua fidelidad por lo que se restituye la «fe», como lo expresa el sintagma kred dhe-(latin credere, etc.). Pero la fe no hace evidente la existencia de Dios, que lo es cuando se le identifica a un cuerpo celeste, a un fenómeno natural o a un acto social. El característico fanatismo de algunas religiones orientales que se introdujeron en Roma desde la época de la República es totalmente extraño al mundo indoeuropeo antiguo. El misticismo solamente se halla representado de forma esporádica. Lo mismo ocurre con las concepciones y practicas del chamanismo, del que se han revelado ciertas trazas, principalmente en Grecia y en el mundo germánico, sin duda por préstamo.

2.7 El jefe y el sacerdote
Dejando a un lado el culto domestico, el ritual se celebra comúnmente por especialistas. Pero los oficiantes, ejecutores de Sacrificios, capellanes, etc. no constituyen un clericato. Por doquier, incluso en aquellos lugares en donde existe una casta sacerdotal como se da en el mundo indo-iranio y celta, el verdadero sacerdote es aquel que «sacrifica para si mismo, a su provecho» según la designación india que le distingue como «aquel que sacrifica para los demás». La remuneración del oficiante que, en la India védica, constituye una parte esencial del ritual, testimonia su position, que es la de un empleado frente a su «patrón», el comanditario del sacrificio. Esta situación confirma la prioridad del modelo social en el cual no existe una casta «sacerdotal» y en donde lo sagrado, con en el conjunto de la tradición, es ostentado por la nobleza. Esta antigua concepción sobrevive en la cristiandad medieval con los gibelinos; es combatida por el papado, que sustenta a los güelfos.

2.8 La tradición
Si los cultos y el conjunto de los Dioses varían infinitamente, los ideales y los valores que vehiculan la tradición son, por contra, idénticos en el conjunto del mundo indoeuropeo antiguo. Así, a despecho de la diversidad de sus representaciones en las mitologías, la triada de funciones y las representaciones que están ligadas a ellos pueden considerarse como especificidades indoeuropeas. Dichos valores no pertenecen solamente a los indoeuropeos del periodo común, sino que también a los diferentes pueblos indoeuropeos, incluso en los que su religión y su mitologia no conservan trazas manifiestas de ellos. Estos valores representan una parte notable de la tradición, que puede subsistir en estado latente en las mentalidades, esperando manifestarse en los escritos, como en la historia legendaria de los primeros reyes de Roma, o realizarse en el proyecto de las instituciones, como en las tres ordenes del Occidente medieval. Menos común, otra triada a la cual he dedicado un estudio recientemente, reunía tres nociones relativas a la actividad humana y, en particular, a la elección entre el bien y el mal, lo verdadero o falso: la triada pensamiento, palabra, acción, que paso a la tradición cristiana con la triada de faltas de la confesión: quia peccavi nimis cogitatione verbo et opere «porque he pecado mucho por pensamiento, palabra y obra».


2.9 Los dioses del extranjero
Los estrechos lazos que unen el culto con los cuatro circulos de la sociedad tiene por consecuencia no solamente la ausencia de todo proselitismo, sino que también la exclusión de todos aquellos que son extraños al círculo en el que se celebra. Si el culto a los dioses nacionales es exclusivo, los dioses extranjeros son considerados como dioses reales que protegen a los extranjeros, pero que pueden ser tanteados en caso de conflicto. Es el procedimiento romano de la evocatio, del que se ha visto un paralelismo en el mundo hitita, en donde representa una característica trifuncional. Es por lo que en ocasiones los dioses extranjeros han sido introducidos en el conjunto de los dioses romanos. Se atraviesa una etapa suplementaria con la interpretatio romana que considera a los dioses extranjeros como idénticos a los Dioses nacionales. Así, lo hace Cesar en La Guerra de las Galias, 6, \7 para los dioses galos, Tácito en La Germania, 9, para los Dioses germanos: tanto los unos como los otros son designados por nombres de dioses romanos. Esta designación implica que los dioses son los mismos y que su única diferencia lo es solamente en el orden lingüístico. Nótese que esta identificación no es extendida al dios único de los monoteístas. Contrariamente, se observa en una parte del antiguo mundo iranio una verdadera diabolizacion de los dioses del enemigo indio, dado que son los de sus ancestros comunes: la denominación indo-irania de los dioses,*daiva- (i.e. *deywo-) se convierte en la de los demonios.Muchos nombres divinos han corrido la misma suerte: el Avesta conoce un demonio Indra, que lleva el nombre de uno de los más grandes dioses de la India védica. Puede verse en estas dos tendencias extremas nuevos elementos de sentido contrario a partir de una situación inicial en la cual los dioses de los extranjeros son, por si mismos, también extranjeros, con los que se puede tratar pero, por tanto, sin poder adoptarlos.

2.10 Como acabo el paganismo
Si fue contrario a la tradición, la adopción en Roma de dio­ses y cultos extranjeros sin lugar a dudas no hubiera tenido apenas ninguna influencia sin la colaboración de sus fieles. Franz Cumont describe el proceso en múltiples partes en su obra Religiones orientales en el paganismo romano, en la que reproduce las conferencias realizadas en 1905. Así, en la pagina 106 se lee: «La difusión de los cultos semíticos en Italia, que empezó embrionariamente bajo la República, se intensifico sobre todo a partir del siglo I de nuestra era. Su expansión y multiplicación se realizaron rápidamente y alcanzaron el apogeo de su expansión en el siglo III. Su influencia se convirtió en preponderante cuando con la llegada de los Severos les valió el apoyo de una corte medio siria». Y va un poco mas lejos, a propósito de la tentativa de Heliogábalo: «Hay que recordar que no solamente en Roma sino que en todo el Imperio, las colonias y las tropas sirias podían servir de apoyo a la política imperial)).
Cumont no era solamente un historiador: era también un visionario. Escribió un poco mas adelante (p. 181): «Supongamos que la Europa moderna hubiera visto a sus fieles desertar de las iglesias cristianas para adoptar el culto a Ala o a Brahma, seguir los preceptos de Confucio o de Buda, adoptar las máxima de Shinto.

Representémonos una gran confusión de todas las razas del mundo, en donde los mulas árabes, los letrados chinos, los bonzos japoneses, los lamas tibetanos, los pandit hindúes predicaran simultáneamente el fatalismo y la predestinación, el culto a los ancestros y la adhesión al soberano divinizado, el pesimismo y la liberación por la aniquilación en donde todos estos sacerdotes elevaran en nuestras ciudades templos de una arquitectura exótica y celebraran en ellos sus ritos inconexos; este sueno, que quizá se realizara en un futuro, nos ofrecería una imagen bastante exacta de la incoherencia religiosa en la que se debatía el mundo antiguo antes de Constantino.
Lejos de desviarnos de nuestro propósito, este texto, del cual estamos hoy en día en condiciones de apreciar plenamente su exactitud, nos vuelve a el. La unidad y la diversidad de los paganismos indoeuropeos tienen una fuente común y única, el hombre indoeuropeo, cuyo instinto de conquista le empuja perpetua-mente hacia nuevos horizontes, siempre que en lo esencial con­serve la antigua tradición y mientras las aportaciones exteriores no hayan alterado su naturaleza original.