Apreciaciones sobre el Honor en el Odinismo

En buena medida, la dificultad de explicar y definir el honor reside en que es un valor fuertemente autorreferencial. O bien se explica por sí mismo, o bien resulta muy difícil de describir. Tratar de explicarle el honor a un corrupto o a un codicioso ególatra es como tratar de expresarle los colores a un ciego, o la música a un sordo. Dado esto, se comprende por qué todo lo relativo al honor se vuelve rápidamente circular: somos dignos de respeto si nos comportamos con honor y nos hacemos honorables respetando nuestra propia dignidad.

Una de las cosas importantes es comprender que la dignidad no es un atributo automáticamente adjudicable a cualquier persona como muchos sostienen o, al menos, pretenden sostener. La pura y triste verdad es que hay personas indignas. Porque a la dignidad hay que ejercerla. El respeto primero hay que ganarlo. Es muy encomiable eso de que hay que respetar a los demás y respetar la dignidad de los demás. Pero ¿qué hacemos con quienes no se respetan ni a sí mismos? ¿Qué dignidad vamos a respetar en quienes no tienen dignidad? ¿Acaso es posible rendirle honores a alguien que no tiene honor?

Otro aspecto importante es que el honor, como muchos de los demás valores que veremos luego, constituye una avenida de doble vía. Es un valor que está en uno mismo y que se reconoce en el otro. Sin embargo, aun si la avenida es de doble mano, la circulación no es automática. El valor está en uno mismo sólo si se lo cultiva y se lo ejerce. Y se reconoce en el otro sólo si el comportamiento de este otro permite inferir o deducir un valor similar. Un honor sin el comportamiento correspondiente es pura fanfarronería vacía de contenido real. Si me descuelgo con el proverbial “hijo mío, haz lo que te digo y no lo que yo hago” estaré dando, quizás, un buen consejo. Pero no por ello lo que hago se va a convertir en un comportamiento honorable.

Si todos tenemos – o no – la misma capacidad para ser honorables, eso es algo que admite el debate y puede discutirse. Personalmente, debo confesar que no creo que eso sea cierto, por más antipática que resulte la afirmación. He conocido en mi vida personas tan indignas y tan vacías hasta de la más elemental noción del honor que ni aún con la mejor buena voluntad del mundo he conseguido imaginarme cómo podrían haber seguido un camino diferente. Hay quienes afirman que el honor y la dignidad son producto de la educación y del medioambiente. No lo creo. Realmente no lo creo. En todo caso, o bien nuestra educación es un fracaso colosal, o bien muy poco es lo que puede o sabe hacer en materia de honor y dignidad. La corrupción y la deshonestidad generalizadas que hoy existen en nuestra civilización – y de las cuales todos se quejan amargamente – son una prueba bastante palmaria de que, en materia de decencia, con nuestros sistemas pedagógicos no hemos logrado gran cosa.

Creo que al cultivo y al ejercicio del honor lo promovería mucho más un buen sistema de premios y castigos que una sofisticada teoría educativa. Y no estoy pensando en castigos inhumanos, flagelaciones públicas, penas de muerte, o barbaridades por el estilo. En lo que pienso es en un sistema que promueva la honorabilidad y le ponga barreras prácticamente infranqueables a la deshonestidad. Mientras premiemos a los especuladores, a los arribistas y a los oportunistas sin escrúpulos con los puestos más altos de la escala social y mientras castiguemos a los simples honrados profesionales y trabajadores con los últimos puestos, poca esperanza tengo de que consigamos construir una sociedad basada en el honor y en el respeto a la verdadera dignidad. Será una opinión muy personal mía, pero creo más en un buen criterio de selección que en la supuestamente infinita educabilidad del ser humano.

Antiguamente se afirmaba que el honor se posee porque es un “patrimonio del alma”; pero el individuo puede perderlo al mancharlo con sus actos siendo que el árbitro, el otorgador y el protector del honor es Odín. Simultáneamente, se hacía la distinción entre “honor” y “honra”, afirmando que esta última es un bien que se adquiere y hasta se hereda siendo su árbitro, dador y protector el Rey.

Roque Barcia, en su “Diccionario de Sinónimos Castellanos” decía todavía hacia fines del Siglo XIX: “… el honor es una honra de sentimiento presente, nuestra. Es el caudal que hemos de legar a nuestros hijos. La honra es un honor tradicional, histórico, heredado; es el caudal que nos legaron nuestros padres. De modo que el honor es una virtud. La honra viene a ser una razón de estado, casi una jerarquía. El honor se tiene. La honra se hereda.”

De lo dicho creo que se desprende con bastante claridad que el honor no es una posesión garantizada. No es algo que se tiene, sin importar lo que uno haga en la vida. Puede perderse y, de hecho, las generaciones pasadas opinaban que es como la virginidad: se tiene o no se tiene y se puede perder una sola vez. Hoy en día quizás no seríamos tan estrictos. Considerando como están las cosas en el mundo, creo que deberíamos ser algo más indulgentes y admitir que hasta una persona honorable puede tener un momento de debilidad, o cometer un error grave del que no se sentirá precisamente orgulloso por el resto de su vida. Pero, de todos modos, tampoco exageremos demasiado con eso de la indulgencia y la tolerancia. Porque lo cierto es que la deshonestidad es un tobogán por el cual, una vez que alguien se deja deslizar, resulta muy difícil volver para atrás. Den ustedes un paso hacia la corrupción y la deshonestidad y, si consiguen deshacer el camino inmediatamente, quizás logren continuar siendo personas con honor. Pero si llegan a dar el segundo paso muy probablemente habrán perdido el honor para siempre. El deshonor es un pozo sin fondo del que no se sale. Por lo menos, no sin ayuda. Recuerden lo que dijimos acerca de quién es el que, según la tradición, otorga el honor.

Y esto es así porque, una vez perdido el honor se pierde también el respeto por uno mismo y por los demás. Y, habiendo perdido ese respeto, las personas pierden su dignidad. Entre otras razones, por eso les decía antes que hay personas indignas. Una persona deshonesta no es digna de respeto y una persona que no es digna de respeto es una persona indigna. El razonamiento es de hierro y no hay escapatoria. Es inútil perorar sobre una “dignidad humana” que se presupone en cualquiera por el sólo hecho de ser un miembro de la clase zoológica denominada homo sapiens. Hay personas que han tirado esa dignidad a la basura, o ni siquiera tienen noción de que existe en absoluto, y la sociedad no gana absolutamente nada siendo tiernamente condescendiente con ellas. Es más: la experiencia actual – e incluso 10.000 años de Historia – demuestran que ese criterio solamente sirve para disparar una decadencia que se ha vuelto irreversible.

Entiéndase bien: no es cuestión de ser inhumanamente crueles con las personas indignas. La cuestión es bloquearles terminante y definitivamente los puestos más altos de la estratificación social, especialmente los relacionados con aquellas funciones que afectan a todo el organismo social o, al menos, a un conjunto importante de seres humanos. No creo que el corrupto y el deshonesto merezcan necesaria y forzosamente la lapidación, la horca o el garrote vil. Pero sí creo que merecen el desprecio que generan y por cierto que no creo que hasta merezcan ser premiados con los niveles de status más altos de nuestra civilización. Especialmente no con aquellos niveles en dónde pueden luego tomar decisiones que nos afectarán a todos.

Alfablót, noche de elfos, noche de difuntos.

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Se está acercando la hora del sacrificio de los Elfos, los «duendes» en nuestro lenguaje popular, donde se hace referencia a los espíritus que son a la vez de la naturaleza y las almas de los hombres que no han partido definitivamente y que todavía viven en los túmulos, donde todavía podemos buscarlos y comunicarnos con ellos. Los Døkkálfar (Elfos Oscuros) viven bajo tierra, son similares a las Huldra[1] y otras criaturas que viven debajo de la Tierra.

Son poderes de mundos ocultos, trasmundos donde la vida que conocemos no existe, y la muerte, lo misterioso cobra fuerza. Estos espíritus toman poder durante los meses oscuros del invierno y su fuerza era tal que todas las personas creían que lo mejor era mantenerlos a nuestro lado. Que la entrada en el primer mes de la oscuridad es un ofrecimiento de amistad a las potencias de la época oscura para que sean benévolos en lugar de malévolos hacia nosotros, para que nos ayuden a sobrevivir a través tiempo oscuro y frio que está por venir, por lo que lo harán ser fortalecidos en sus esfuerzos para impregnar la tierra con la vida una vez más – y que llamamos especialmente a los poderes de nuestros antepasados masculinos que aún viven entre los elfos, un llamado para que nos proteja y ser nuestros embajadores entre los poderes oscuros.

Etimología

La palabra elfo proviene del proto-germánico *albo-z, *albi-z, y del nórdico antiguo álfr, el alto alemán medio elbe. El femenino en español es «elfina/elfa», «elfinas/elfas» (en plural).

La etimología primordial puede ser la raíz proto-indoeuropea *albh- que significa «blanco», del cual también proviene el latín albus «blanco».2 3

Los términos correspondientes en las lenguas germánicas son:

  • Germánico nórdico
    • Nórdico antiguo: álfr, plural álfar.
    • Islandés: álfarálfafólkhuldufólk (gente escondida).
    • Danés: Elverelverfolkalfer
    • Noruego: alvalvenalveralvenealvefolket
    • Suecoalferalverälvor
  • Germánico occidental
    • Inglés: elfelfenelven(de inglés antiguo: ælf)
    • Neerlandés: elfelfenelvenalven(de neerlandés medio: alf)
    • Alemán: del inglés: Elf (m)Elfe (f)Elfen El masculino Elbes reconstruido del plural por Jacob Grimm, Deutsches Wörterbuch, quien rechaza Elfe como un anglicismo reciente (en 1830). Elbe (f) está atestiguado en el alto alemán medio. AlbAlp (m), plural Alpe tiene el significado de «íncubo» (antiguo alto alemán alp, plural *alpî*elpî).
  • Gótico *albs, plural *albeis

Los únicos nombre de personas relacionados con los elfos de los que tenemos evidencia solo se dan en gótico, albs (plural albeis)

Los elfos germanos originales eran ligeras criaturas que vivían en el cielo y puede que haya incluido elfos oscuros o enanos subterráneos (ya que se entendía que eran similares a los álfr de la antigua mitología nórdica). En el folclore post-cristiano, con la demonización de los seres divinos precristianos, comenzaron a ser descritos como pícaros maliciosos que podían provocar enfermedades en el ganado y la gente, y además provocar malos sueños. La palabra alemana para pesadilla, Albtraum, significa «sueño de elfo». La forma arcaica Albdruck significa «agobio elfo»; se creía que las pesadillas eran provocadas por un elfo sentado en el pecho de una persona durmiendo. Este aspecto de las creencias germanas en los elfos se corresponde de manera similar con las creencias escandinavas en mara. También guarda cierta similitud con las leyendas sobre los íncubos y súcubos.

En el folclore de Dinamarca y Suecia aparecen muy ocasionalmente reyes elfos, pero hay una predominancia de mujeres elfas. En la época germana media de Nibelungenlied, un enano llamado Alberich juega un importante papel. Alberich cuyo nombre es literalmente «elfo soberano» contribuye aún más en la confusión entre elfos y enanos que viene ya desde la Edda prosaica. A través del francés Alberon, la palabra entró al idioma inglés como Oberón – rey de los elfos y las hadas en la obra de Shakespeare, El sueño de una noche de verano.

De acuerdo al folclore germano y danés, el Erlkönig[2] aparece como un presagio de muerte, de manera similar al banshee en la mitología irlandesa. A diferencia del banshee, el Erlkönig se le aparece solamente a una persona a punto de morir. Su forma y expresión dice a la persona que tipo de muerte tendrá: una expresión de sufrimiento indica una muerte dolorosa, una pacífica es señal de muerte tranquila e indolora. Este aspecto de la leyenda fue inmortalizado por Goethe en su poema Der Erlkönig.

Los ancestros femeninos tienen su propio momento de la celebración en el solsticio de invierno que es el Disablót (Yule), ya que los elfos ancestrales representan a todos nuestros antepasados masculinos.

Los poderes oscuros no son malos, pero no nos van a ofrecer cualquier tipo de asistencia a menos que se lo pidamos y los honremos por ello. Los odinistas ofrecemos lo que a cualquiera que en una noche oscura y fría le gustaría tener: la cerveza y carne.

El sacrificio de los Elfos

En el otoño de 1018, el noruego y el escaldo cristiano Sigvatr Þórðarson viajó a Suecia e informó de que se le negó de manera sistemática la entrada en las granjas que trató de visitar porque se estaba realizando el Álfablót – el sacrificio de los Elfos [3]-.

Después de un viaje largo y tedioso, Sigvatr y sus compañeros llegaron a una granja llamada Hof (“templo»). Esperaba ser bien recibido, de acuerdo con las leyes de la hospitalidad, pero las puertas permanecían cerradas. Sigvatr tuvo que meter la nariz hacia abajo en una estrecha abertura con el fin de presentarse a sí mismo, pero los miembros de la familia se negaron, diciendo que el lugar era sagrado. Sigvatr replicó que los trolls deberían acabar con ellos, y continuó a la siguiente casa.

En la siguiente finca, se encontró con una señora que le dijo que se fuera y le dijo: ¡No vayas más lejos, hombre de mala suerte! ¡Respetamos a Óðinn; somos paganos! «Entonces, ella le persiguió como si fuera un lobo y dijo que estaban celebrando el sacrificio a los elfos en la granja».

Ellos trataron tres veces más de encontrar un lugar para descansar, pero en todas las ocasiones fueron rechazados por hombres que se llamaban a sí mismos Ölvir. El título significa «el hombre de la cerveza » y que fue probablemente el guardián del ritual. Sigvatr y sus hombres, en su desesperación, decidieron buscar al hombre que era conocido por ser el hombre más hospitalario en el distrito. El último hombre sólo se les frunció el ceño, y llamando al hombre el «guardián del hacha», Sigvatr declaró que si ese hombre era el «mejor hombre», el peor hombre debe debería haber sido un demonio.

Por lo que podemos ver en el relato de Sigvatr, el rito de la cosecha de la Álfablót era un momento en que las reglas ordinarias de la hospitalidad se dejaron de lado en favor de una celebración familiar muy privada y sagrada donde los extranjeros no podían esperar la entrada. Se llevó a cabo después de las cosechas, hacia el final de octubre y principios de noviembre.

¿Pero en qué consistía el ritual? ¿Qué tipo de poderes eran los elfos?

Otra fuente, la saga de Kormaks (ch.22), describe cómo el héroe herido Þórvarðr es recibido por una mujer que es la dueña de la casa grande, para derramar la sangre de un toro sacrificado en una colina habitada por elfos y preparar una comida para los elfos de la carne del toro de sacrificio – con el fin de curar su lesión. De acuerdo con la saga, este incidente tuvo lugar en algún momento hacia la segunda mitad del siglo X, aunque la saga en sí fue escrita más tarde (siglo XIII), de modo que el origen es incierto. La historia sugiere que la dueña de la casa tenía el conocimiento sobre los poderes curativos de los elfos, que se dice que viven en las colinas y montículos, y que era posible que sacrificarles a ellos de forma individual incluso fuera de su celebración anual.

Los elfos y su conexión con la cosecha sugieren un vínculo con el culto de Freyr. De hecho, Britt Mari Näsström ha sugerido que al igual que Freyja fue el personaje principal en la celebración anual de las Dísir – la Dísablót – «sacrificio a las diosas», por lo que Freyr puede haber sido el personaje principal en la celebración de la cosecha anual de los elfos. Y así como las Dísir fueron fuertemente asociadas con un culto más antiguo de las madres ancestrales conocidos en el continente edad de hierro como el «culto de las matronas», por lo que parece que los elfos se asociaron con los antepasados – tal vez, sobre todo -, con los padres ancestrales, ya que la palabra duende, álfr, es claramente masculina y no ofrece ninguna versión femenina.

De acuerdo con Gylfaginning de Snorri, Freyr es uno de los más importantes entre los Ases:

«Njǫrðr de los barcos» más adelante tuvo dos hijos, su hijo Freyr y su hija Freyja; eran de apariencia hermosa y muy potente. Freyr es el primero entre los Ases. El gobierna la lluvia y el sol, y por esto él gobierna las cosechas de la Tierra. Él es bueno para invocar a los efectos de una buena cosecha y la paz. También gobierna el bienestar entre las personas”.

En su saga Ynglinga, (c.10) Snorri describe a Frey como un poderoso rey sueco y sacerdote, el fundador del templo de Uppsala, que se convirtió en un centro famoso del parlamento y de culto, prosperando hasta los últimos días del paganismo:

«…Freyr tomó el reino después de Njǫrðr, y se puso el apodo de» El Señor de los suecos», y recibió regalos y los impuestos de ellos [los suecos]. Él fue muy amable y tuvo una excelente vejez, al igual que su padre. Frey construyó el enorme complejo del templo de Uppsala y mantuvo su asiento principal allí, e invirtió en el Templo todo lo que tenía, tierras y propiedades. De este modo se estableció la “riqueza de Uppsala”, y se ha mantenido siempre…»

En sus días, se estableció una paz llamada “de la sabiduría” [Fróðafríðr], hubo entonces buenas cosechas en todos los países y los suecos le dieron por ello las gracias a Freyr, por lo tanto, se le rendía más culto que a otros dioses, y aún más, porque la gente del país eran más ricos y felices durante su reino que antes, porque había paz y buenas cosechas. Gerðr, la hija de Gymir era su esposa, y su hijo fue llamado Fiǫlnir [el que tiene todo]. Freyr tenía otro nombre, Yngvi [Linaje Sagrado], y el nombre Yngvi era ya usado como un nombre de honor en su linaje, y sus descendientes fueron llamados Ynglings.

Freyr se enfermó, y como su enfermedad empeoró, sus hombres ponderaron la solución, y dejar que la gente viniera y lo mirara, a continuación, se construyó un enorme montículo con una puerta y tres ventanas. Y cuando Freyr estaba muerto, lo llevaron al túmulo en secreto, y se les dijo a los suecos que todavía vivía, y lo escondieron allí durante tres años, y todo el tesoro que se vierte en el montículo, el oro a través de una ventana, la plata a través de la segunda, y el cobre a través de la tercera. A continuación, se mantuvieron la cosecha y la paz”.

La asociación de Freyr al culto en el túmulo después de su muerte puede ser una razón por la que también se asocia con los elfos. En el Grímnismál, st.5, aprendemos que Freyr es el señor de Álfheimr – el mundo de los Elfos, la segunda dimensión del «cielo», después del reino de Thor: Þrúðheimr [Poder del mundo]. También sabemos que Frey se asocia con un muy antiguo dios escandinavo, Ullr, cuya mitología es en su mayoría desconocidas para nosotros, excepto que se asocia con la caza, especialmente la caza con el arco y la flecha, como también era Skaði. Sólo se sabe que Ullr fue ampliamente adorado debido a su importancia en los topónimos e innumerables áreas en que aparece su nombre, de sus santuarios y campos dedicados a él:

  1. 5. Ýdalir heita
    þar er Ullur hefir
    sér of görva Sali
    Álfheim freýr
    gáfu í árdaga
    tívar at tannféi.

Ydalir se le llama,
donde tiene Ullr
una vivienda hecha para sí mismo.
Alfheim los dioses a Frey,
dieron en los días de antaño,
por el regalo de su diente.

El tejo [ýr, m.sg.] es un árbol masculino y por lo tanto es una metáfora para el hombre, en cuyos «valles» (interiores) el dios[4] de la caza y del arco ha tomado posesión de su residencia. El tejo es también una referencia al arco que utiliza para disparar, ya que era la madera más utilizada para fabricar los arcos. La asociación de la masculinidad, la potencia masculina y la fertilidad es más que insinuado, una impresión que se ve reforzada por el hecho de que de todos los dioses, Freyr era el que más se asocia con la sexualidad y símbolos fálicos. Podríamos decir que Freyr de una sola planta representa la esencia de la virilidad y la potencia masculina. Que es el modelo de hombre ideal se ve reforzada por la imagen del rey justo que ofrece la paz, la prosperidad y la fertilidad de su tierra y su gente. Él monta un caballo o un jabalí, y lleva una espada.

Sin embargo, Freyr es algo más que la potencia de la vida y la procreación – puesto que también es el Señor de los Elfos. Los elfos eran objetos de culto en la religión pagana. Durante el año Álfablót – «El sacrificio de los Elfos» – los elfos probablemente fueron honrados como los espíritus de los antepasados muertos. Estos se cree que residen bajo tierra y dentro de los túmulos o dentro de las montañas. El festival se llevó a cabo alrededor del mismo tiempo que el Halloween y el Día de los Muertos se celebran en otros lugares y está claramente relacionado con un ritual muy antiguo en honor de las almas de los antepasados.

Algunos elfos fueron particularmente honrados: Cuando el rey Olaf Guðrǫðsson de Vestfold, hermano de Halfdan el Negro (810-860 d.C) murió, su túmulo en Geirstad fue asociado con la gran fortuna que les era deparada a los que iban a orar allí. Se pensaba que el alma de Olaf oyó sus oraciones. El rey muerto se conoce como Geirstaðalfr – «El Elfo de Geirstad».

Así, vemos que en la tradición nórdico antiguo, los elfos están fuertemente asociados con las almas. Había luz Elfos y Elfos Oscuros. En el Gylfaginning, Snorri describe los elfos oscuros como más oscuros que el alquitrán y ofrece una visión muy sombría de ellos, a diferencia de los elfos de luz:

«Allí vive la gente llamada Luz Elfos [ljósálfar]; pero los Elfos Oscuros [dökkálfar] viven debajo de la tierra. Estos dos tipos enanos son muy diferentes a la vista, y aún más a diferencia de su interior. El Elfos de la Luz son más brillantes que el sol a la vista, mientras que los elfos oscuros son más negros que la pez”.

Sin embargo, las fuentes de nuestro conocimiento sobre el sacrificio a los elfos y otras referencias a los elfos como las almas de los muertos dan una imagen más compleja; los elfos oscuros no son malos, son simplemente las almas de los muertos que residen en los bajos fondos, listos para renacer en algún momento. Aquí se retoma el concepto de reencarnación, no como un sistema de vidas que tratan de reparar un —karma—[5] sino como la continuación de la vida en otro trasmundo, sea en la Tierra o fuera de ella, como consecuencia de un orden lógico natural: “nacer—morir”

Los elfos oscuros representan las almas de los muertos que aún residen en el mundo, aunque se sitúen en sus esferas más profundas, todavía son capaces de comunicarse con los vivos. Pueden vivir en el mundo a través de sus descendientes, que rezaron a ellos, y sacrificaban a ellos por su sabiduría, su orientación, su poder curativo y su protección – exactamente como se dijo que la gente podía rezar a Frey en su montículo después de su muerte.

Nuestros antepasados se sentaban en túmulos o sobre las colinas y montañas sagradas pensadas para que los muertos pudieran residir en ellas, meditando hasta que obtenían la comunicación con los muertos. Su oscuridad es la oscuridad de lo desconocido, lo que no es visto por los vivos, la realidad oculta que no es otra cosa que la muerte[6].

Los Elfos de la Luz, por el contrario, pueden muy bien referirse a las almas de los muertos que han alcanzado trascender espiritualmente a lo largo de su vida en este mundo. Tal vez se han convertido en entes brillantes y transparentes a través de un descenso-ascenso en la fuente del Origen de la vida[7] – una hazaña lograda a través de la formación espiritual y la iniciación, lo que lleva a la transformación y evolución del alma.

Cualquiera que sea la clave de su posición, los silenciosos Elfos de la Luz cenan con los dioses y los inmortales en el Salón de Aegir en Hlésey[8] – La isla protegida del viento, donde se narra la historia del mundo y las nueve hijas de los mares y océanos del oro iluminan con  luz dorada a este misterioso banquete. Los elfos de la luz pertenecen a los tres cielos superiores, donde ni siquiera los dioses pueden morar; brillantes, cielos resplandecientes hacia el sur: El primero de estos cielos se llama Gimlé – «El Brillante» – incluso más brillante que el Sol, donde viven los linajes «sin engaño» por toda la eternidad. El segundo se llama Andlangr – » larga respiración en el tiempo», y el tercero se llama Víðbláinn – «La ancha muerte», en el que sólo la luz de los Elfos habita.

Como Señor de los Elfos, Freyr es en última instancia, el Señor de las Almas; no nos cabe preguntar sino qué tipo o aspecto del alma tienen los Elfos. Las fuentes indican que los elfos son las almas de los muertos, aunque hay casos en que las entidades aparentemente vivas, como el héroe herrero Völundr (o Völund) es identificado como ‘señor, líder, o sabio de los elfos’ (vísi álfa, de víss, «certero, sabio») en el poema Völundarkvida. Un segundo título de Völundr es más oscuro: álfa ljóði, donde la raíz apunta a la expresión poética ljóðr o lýðr, «un pueblo, gente, hombres». Este título se ha interpretado como «líder de los álfar», pero lo más probablemente es que sea «uno del pueblo de los álfar», indicando que Völundr es uno de ellos y no simplemente un humano. En Alvíssmál («Dichos de Alvíss»), se considera a los elfos como seres distintos de los Vanir y los Æsir, como se revela por una serie de nombres comparativos en los cuales se da las propias versiones de varias palabras para los Æsir, los Vanir, y los elfos como reflejo de sus preferencias raciales individuales.

Sabemos que las Nornas y fylgjur femeninas también se asociaron con las almas – en este caso con las almas de los antepasados femeninos muertos y con las almas hilanderas del destino de todas las personas. La palabra para elfo en nórdico antiguo es álfr, es una palabra masculina, y cuando se mencionan a los Elfos en las fuentes nórdicas antiguas, son siempre masculinos, son las almas de los antepasados masculinos muertos. Al igual que la fylgja, representan a un antepasado muerto, pero a diferencia de la fylgja, que es una antepasada, el Elfo es un ancestro masculino. A diferencia de la fylgja, no parece que el alma del elfo parezca seguir a sus descendientes o jugar un papel de espíritu guardián, ni parece jugar un papel significativo en el alma de los vivos. El antepasado enano reside en el montón de entierro y puede ser útil para aquellos que lo buscan allí. Según todas las apariencias, el elfo es la encarnación del alma de un hombre muerto. Cuando resida en el montículo o en otros aspectos del mundo terrenal, él es un Elfo Oscuro. Si reside en los cielos superiores, que es el alma inmortal de los iluminados, y es un duende de la Luz.

Sin embargo, hay algunos elfos que parecen ser femeninos, sin embargo. La diosa del Sol es el brillo de los Elfos [Alfrǫdull], y la diosa del rejuvenecimiento eterna (es decir, la inmortalidad), Iðunn, se dice que es una «clase de Elfo» [alfa Kindar] en el poema éddico Hrafnagalðr Óðins. Ni el Sól ni Iðunn pueden ser en realidad ser considerados elfos – solo se dice que están asociados con los elfos, por su brillo luminoso y su «tipo» – Es posible que sean la proyección femenina de los elfos masculinos, es decir, los aspectos femeninos del alma de ambos sexos.

Estamos empezando a ver la forma de una imagen compleja— los viejos conceptos sobre el alma de los germanos—. Al parecer, todos los seres humanos independientemente de su género[9] poseen un alma femenina, una diosa que teje nuestro destino cuando nacemos, que nos sigue a lo largo de nuestra vida, y que está dentro de nosotros, alineada con nosotros, pero también alguien quien puede tomar una forma propia,  pedir compañía y obtener ayuda de las otras fylgjas. Ella puede estar despierta o durmiendo. Una mujer muerta podría actuar en el mundo como una fylgja sin estar unida a un cuerpo determinado, sobre todo con el fin de ayudar a sus descendientes o seres queridos. Al parecer, un hombre podría vivir en el espíritu de un Elfo, un concepto que, al menos, parece referirse solamente a las almas de los hombres muertos, no de las mujeres.

Cuando decimos que Freyr es el Señor de los Elfos, afirmamos también que es el Señor de los muertos, el señor del reino en el que las almas de los muertos permanecen. De manera, que él representa o gobierna el alma de los hombres. En el mundo de los vivos, representa la fuente de energía masculina, la potencia y la fertilidad. Como una deidad de estas cosas, que no sólo engendra la fertilidad en la tierra, sino que también reside dentro de todos los hombres y es un molde para los hombres: ¿Qué hace Freyr ser relevante para todos los hombres?

El único mito importante acerca de Freyr del que somos conscientes, es la historia de Skírnismál sobre cómo él cortejó a su esposa, Gerðr. Durante la búsqueda, Freyr ofrece su «caballo que puede llevar a su jinete a lo más alto a través de la oscuridad y esquivar las llamas» y su «espada que puede luchar contra gigantes por su cuenta, siempre y cuando sea llevada por alguien sin miedo». Da estos dones a su simbólico «sirviente», Skírnir [El brillante], quien entonces es capaz de entrar en el mundo de los muertos, donde su novia se oculta.

Como veremos más adelante, la propuesta de matrimonio constituye una prueba de iniciación donde el objeto es la unión con la misteriosa Jötun. Esta búsqueda difícil es la historia más importante de Freyr y por lo tanto la historia más importante de todos los hombres que se embarcan en la búsqueda del alma para convertirse en un Elfo de luz en los cielos superiores.

Es interesante observar que estos tres cielos superiores de la inmortalidad, la luminosidad y los Elfos de la Luz se cuentan como los tres últimos entre las doce dimensiones cósmicas en el poema éddico del Grímnismál. Los nueve estados restantes pertenecen a varios dioses, y debemos tener en cuenta que Snorri declaró que Hel – la Muerte personificada -. «gobierna en los nueve mundos» En el Grímnismál, el noveno mundo es el lugar donde Freyja gobierna el destino de las personas en la vida – y en la muerte. Aquí es donde la diosa recibe las almas de los muertos, de decidir qué camino van a tomar a partir de ese punto. En el poema éddico Lokasenna, se dice que la diosa ha retenido dentro de sí, a todos los dioses y los Elfos de la Luz de la Sala de Aegir – Salón de la inmortalidad – en su abrazo. Es hora de echar otro vistazo a la hermana de Freyr.

Para concluir, podemos suponer que la celebración de la cosecha anual de los Elfos se conecta poderosamente al culto de los antepasados muertos, lo que puede ser la razón por la que era un día de fiesta de la familia, y como tal, estrictamente privada. Es probable que los alimentos (la carne de un animal sacrificado) y bebida (la sangre del animal y la cerveza) se ofreció a los elfos que habitaban en los montículos y las colinas. Es interesante remarcar otra fiesta que se celebra el mismo día y con el mismo propósito en Lituania, a finales de octubre, la fiesta conocida como Vėlinės similar aunque no idéntica al dziady eslavo, aunque también de raíces paganas. Su nombre deriva de la palabra que designa a los muertos en lituano: veles y de la diosa pagana Veliona, la guardiana de las almas de los difuntos en la antigua religión lituana. Los muertos, durante aquella festividad, podían visitar a los vivos. Durante la comida se dejaba un cubierto para los difuntos de la familia y en su honor se colgaban frutos sobre la mesa. El neopaganismo lituano, Romuva, celebra esta festividad recuperando su carácter original.

Como tal, esta es la fiesta que podemos asociar u homologar a la moderna Halloween, la céltica Samhain, la lituana Vėlinės  o el Día de los Muertos cristiano, por parte de la religión germánica.


[1] En el folclore escandinavo, una Huldra es una criatura fabulosa de aspecto humano que habitaba en los campos. Su nombre se deriva de una raíz que significa «cubierto» o «secreto». También conocida como Skogsraan (espíritu del bosque) o Talle maja, en el folclore sueco. Es una especie de hada.

Huldra recordaba en su fisionomía a una mujer de extraordinaria belleza con una cola de zorro o vaca y una espalda con el aspecto de un tronco putrefacto. Cuando una Huldra se topaba con un hombre, lo seducía y, frecuentemente, tenía relaciones sexuales con él. Si la Huldra se sentía satisfecha, podía dar al hombre una recompensa. Las huldras siempre son del sexo femenino y están dotadas de una fuerza sobrehumana, poderes sobrenaturales y una alta resistencia a las heridas. Según las leyendas, acostumbran a aparecer frente a los humanos entre la neblina o la lluvia, siempre de forma gentil y amigable. También suelen ir vestidas como damas, y tiene especial cuidado de esconder sus colas bajo su falda y el hueco en su espalda con el cabello. Tienen impulsos sexuales hiperactivos y disfrutan de seducir y atraer hombres al bosque, esto con el objetivo de tener relaciones sexuales. Si el hombre atraído por una Huldra es capaz de satisfacer sus necesidades, ella lo deja vivo e incluso puede llegar a bendecirlo con su poder. Sin embargo, si el hombre no llega a satisfacerla, irremediablemente morirá. Incluso si el hombre logra satisfacer sexualmente a la Huldra, esto no es una garantía sobre su seguridad, pues terminará obsesionado con ella y regresara todos los días hasta que eventualmente termina agotado y sin la posibilidad de seguir satisfaciéndola, momento en el que muere. Existen algunas formas de protegerse contra las huldras. Como la mayoría de las hadas, las huldras temen a los objetos de hierro y sal, por lo que es suficiente con portar algo hecho de hierro y/o un puñado de sal para que no se aproximen. En caso de que una Huldra encante a un hombre, deberá atarse a sí mismo unas ramas de matacabras y vandelrot, dos hierbas nativas de la región escandinava. Estas hierbas hacen que la Huldra pierda el interés por el hombre. Se dice también que ver el hueco en su espalda rompe su encanto.

[2] «Der Erlkönig» (comúnmente llamado «El rey de los elfos»). El poema comienza dando la impresión que el niño simplemente está padeciendo una vaga y no especificada dolencia, y ve la muerte como producto de su imaginación. Al avanzar la lectura del poema, éste toma un tono más oscuro para terminar con la muerte del niño.

[3] Austrfararvísur, Sigvatr Þórðarson

[4] En la Skáldskaparmál, la segunda parte de la Edda prosaica, Snorri menciona nuevamente a Ullr en una discusión de kennings. Snorri informa a sus lectores que Ullr puede ser llamado «dios del esquí», «dios del arco», «dios de la caza» y «dios escudo». En cambio, un escudo puede ser llamado «nave de Ullr

[5] Según varias religiones dhármicas, el karma (En sánscrito: कर्म) es una energía trascendente (invisible e inmensurable) que se deriva de los actos de las personas. Según las leyes del karma cada una de las sucesivas reencarnaciones quedaría condicionada por los actos realizados en vidas anteriores. Es una creencia central en la doctrina del hinduismo que posteriormente tomarían el budismo, el jainismo, y el ayyavazhi.

Aunque estas religiones expresan diferencias en el significado mismo de la palabra karma, tienen una base común de interpretación. Generalmente el karma se interpreta como una «ley» cósmica de retribución, o de causa y efecto. Se refiere al concepto de «acción» o «acto» entendido como aquello que causa el comienzo del ciclo de causa y efecto.

El karma está en contraposición con las doctrinas abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islamismo). El karma explica los dramas humanos como la reacción a las acciones buenas o malas realizadas en las vidas pasadas inmediatas. Según el hinduismo, la reacción correspondiente es generada por el dios Lama, en cambio en el budismo y el jainismo ―donde no existe ningún dios controlador― esa reacción es generada como una ley de la Naturaleza (como la gravedad, que no tiene ningún dios asociado).

En las creencias indias, los efectos del karma de todos los hechos son vistos como experiencias activamente cambiantes en el pasado, presente y futuro. Según esta doctrina, las personas tienen la libertad para elegir entre hacer el bien y el mal, pero tienen que asumir las consecuencias derivadas.

[6] Pero realidad, al fin y al cabo…

[7] El Pozo de Urd

[8] Hlésey o Hlesey (Hlér isla en nórdico antiguo).En Skáldskaparmál, que es donde vive Ægir, también llamado Hlér. Hlésey sería la isla, donde está el ancestro epónimo. En Hárbarðsljóð (37), Thor dice que haber visto y luchado contra las mujeres berserker. El nombre Hlésey se acercó a menudo Læsø isla danesa situado en el Kattegat. Para algunos es el antiguo nombre de Læsø, para otros no hay duda de que sin una etimología popular.

[9] Concepto de dualidad humana: todos tenemos una parte masculina y femenina, al margen del género físico reproductivo y funcional.

El viaje de Skirnir

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Los odinistas recuperamos nuestras tradiciones germánicas a través, en buena medida, de la literatura, y en buena parte también, dentro de los escritos, de la Edda. Pues bien, todos leemos las Eddas traducidas del islandés medieval, y encontramos poemas que antaño quizás se transmitieran oralmente con alguna canción de fondo, al estilo de los romances y demás poemas populares de nuestra tierra. Por eso considero que sería interesante volver a escribir dichos poemas con una métrica ajustada a nuestra lengua para así poder disfrutar de privilegios tales como cantarlos y difundirlos con más facilidad en nuestro tiempo, en castellano.

He aquí el primer poema de la antigua tradición germánica re-compuesto, por primera vez en castellano (que yo sepa), con una métrica parecida a la eddica, pues tiene ocho versos por estrofa y seis sílabas por verso. Posee rima asonante en los versos pares, para aumentar la musicalidad.

Ulfovaldo («Wolfson»)


Skírnir fue el mensajero y vasallo de Frey. Su nombre significa «el brillante». Según Skírnismál, fue enviado como mensajero al Jötunheim para conducir el cortejo de Frey a Gerðr, dándole su espada. También fue enviado con los enanos para ordenarles que construyeran la cadena Gleipnir para atar al lobo Fenrir.

El viaje de Eskirnir

Hermano de Freya,
sentóse do Wodan
a todos observa
y vio desde allí
a aquella doncella
quien, dijo, debía
consigo tenerla.

Andaba con pena
pensando en su amada
y a todos los ases
aquél preocupaba.
Entonces Njord dijo
que Skirnir marchara
a Freyr preguntar
por qué triste estaba.

Allá marchó Skirnir
al lado de aquél,
estaba el viajero
penado por él:
«Respóndeme amigo
pues quiero saber
por qué en la tristeza
se ahoga tu ser».

Entonces le dijo
el joven muchacho:
«Por una doncella
suspiro penado.
En tierra de etones
la vi caminando,
a a la hija de Gymir
deseo a mi lado.

Brillaban sus brazos,
hermosa es su cara,
a aquella mujer
querré más que a nada.
Brillaban sus brazos,
hermosa es su cara,
por ella yo peno,
por ella, mi amada».

Y Skirnir le dijo
queriendo ayudar:
«Ahora el corcel
a mi me darás
que el río y frontera
podrá atravesar,
la espada que sola
puede luchar».

Y díjole Freyr:
«Con gusto lo haré,
daré a ti, mi amigo,
aquel gran corcel
que cruce las aguas
del límite aquél,
mi espada se irá,
contigo también».

Entonces marchó
cruzando los montes
llegando a la tierra
do viven etones
en busca de aquella
que el van bien conoce,
aquella en quien Freyr
pensaba en las noches.

Sentado en las piedras
halló allí a un pastor
y el joven Skirnir
a aquél preguntó:
«¿Dónde hallaré,
dime, señor,
a aquella que a Gymir
por padre llamó?»

Entonces de aquél
respuesta el muchacho
la pudo encontrar,
mas no de su agrado:
«Parece que estás
la muerte esperando,
de Gerd tú jamás
verás ni una mano».

La etona escuchó
las voces que daban
y quiso saber,
las hermosa muchacha,
el nombre de aquél
que a voces hablaba
al viejo pastor
que bestias guardaba.

«Respóndeme ahora,
respóndele a Gerd,
pues quiero, viajero,
de ti conocer
aquello que aquí
te viene a traer,
por qué quieres tú
a mí tanto ver».

«Mi nombre es Skirnir
y traigo un regalo
del hijo de Njord,
de Freya el hermano:
las once manzanas
el van te han entregado
pues quiere una vida
contigo a su lado».

«Jamas cogeré
las once manzanas,
jamás estaré
con Freyr casada,
mi amor no daré
al van cuya hermana
famosa es por bella
y Freya se llama»

«Entones ten, Gerd,
la hermosa sortija
que ardió con el ás
tumbado en la pira,
que ardió con el hijo
que Wodan tenía,
aquél que nació
del seno de Friga»

«Jamás cogeré
anillo ninguno
por mucho que sea
de van o elfo alguno,
anillos tenemos
mi padre y yo muchos,
¿por qué yo querría,
Skirnir, el tuyo?»

«Regalos no aceptas
por ir con mi amigo,
mas mira mi espada
y teme su filo,
tendrás la cabeza
cortada ahora mismo
si, Gerd, no consientes
venirte conmigo».

«Por mucho que tú
a mí me amenaces
jamás partiré
contigo y los ases.
Si, Skirnir, aquí,
llegara mi padre,
tendríais ambos
sangriento combate».

«El filo de espada,
el mal de la carne,
pensé que podría
conmigo llevarte,
mas miedo no sientes
de la hoja cortante,
escucha tú ahora,
pues bien voy a hablarte:

Harás lo que digo
pues tengo grabada
con viejas señales
del bosque una vara,
haré que un monte
estés enterrada,
será tu bebida
orín de las cabras.

De todos los ases
la furia tendrás
pues pena por ti
el más bello van.
Malvado el etón
que allí vivirá,
tendrás que saciarle,
su esposa serás.

Acepta, doncella,
conmigo venir
o todos verán
tu suerte y tu fin,
consiente con Freyr,
muchacha, venir,
pues no habrá marido
mejor para ti.»

«Hablaste ya mucho,
silencia tu voz,
agarra este vaso,
bebamos los dos
y dile al muchacho,
al hijo de Njord,
que si él lo desea
endrá así mi amor.

Serán nueve noches
las que han de pasar
y entonces, tan sólo,
aquél me tendrá.
Los dos conocemos
el bello lugar
do allí esperaré
a verlo llegar».

Oyendo esto Skirnir
sintiose feliz
pues pudo al hermano
de Freya servir.
Tomó su corcel,
marchose de allí
quería las nuevas
al buen van decir.

Llegaba el viajero,
veloz cabalgó
y al fin pudo verlo
el hijo de Njord:
«Eskirnir responde,
que se oiga tu voz,
pues quiero saber
si a Gerd tendré yo».

«Serán nueve noches
las que han de pasar
y entonces tan sólo
a aquella tendrás.
Los dos conocéis
el bello lugar
do la hija de Gymir
te quiere esperar».

Sintió entonces Freyr
inmensa alegría
sabiendo que a Gerd
al fin ver podría,
más pena en su pecho
aún el tenía
sabiendo que dura
su espera sería».

Freyfaxi, el culto a Freyr

freyfaxiFreyfaxi es una fiesta que en Odinismo tiene su equivalente en el Lammas céltico que en la antigua tradición céltica, el momento astrológico exacto para esta celebración lo marcaba el Sol, situado a 15 grados del signo de Leo, lo que suele ocurrir en torno al 6 de agosto; pero actualmente se celebra en la víspera del 1 de agosto. La particularidad del festejo consiste en que está relacionado con los caballos. Freyfaxi es el nombre de un caballo que aparece en la saga islandesa de Hrafnkell y que pertenecía -precisamente- a Hrafnkell Freysgoði, el protagonista de ésta. Hrafnkell era un hombre devoto a Frey y por eso nombró a su más hermoso semental Freyfaxi (que significa Frey de la crin/melena llamativa), e hizo un juramento en el que prometió a Frey que nadie más que él y el mismo dios serían los únicos que podrían montar al animal. Por una serie de eventos desafortunados, la promesa se rompe y así se desencadenan los hechos que dan forma a la saga de Hrafnkell. Basados en esta historia, los escandinavos incorporaron las peleas de caballos a los rituales de fertilidad propios de la primera cosecha. No es sólo una época de recolectar los primeros frutos de la tierra, sino también  nuestras propias acciones a lo largo del año.

Frey o Fro, como se le conocía en Alemania, era hijo de Njörd y Nerthus, y vio la luz en Vaneheim. Consiguientemente, pertenecía a la raza de los Vanes, divinidades del agua y del aire, pero fue cálidamente bienvenido en Asgard cuando llegó allí como rehén, junto a su padre. Ya que era costumbre entre las naciones nórdicas conceder algún regalo valioso a los niños cuando salía el primer diente, los Ases le entregaron al joven Frey el bello reino de Alfheim, o Tierra de las Hadas, el lugar de los elfos de la luz. Allí, Frey, el dios de la dorada luz del Sol y de las cálidas lluvias de verano, tomó su residencia, encantado con la compañía de los elfos y los hados, que implícitamente obedecían todas sus órdenes y a la más mínima de sus señales iban de acá para allá, haciéndolo todo el bien en su poder, pues ellos eran espíritus preeminentemente benéficos. Frey también recibió de los dioses una maravillosa espada, un símbolo de los rayos del sol, que tenía el poder de vencer en la lucha, por su propia voluntad, tan pronto como fuera desenfundada de su vaina. Frey la usaba especialmente contra los gigantes de hielo, a quienes odiaba casi tanto como lo hacía Thor y ya que portaba su reluciente arma, a veces ha sido confundido con el dios de la espada, Tyr o Saxnot.

Los enanos de Svartalfheim le dieron a Frey el jabalí de cerdas de oro, Gullinbursti (el de las cerdas de oro), una personificación del Sol. Las relucientes cerdas de este animal estaban consideradas como símbolos, o bien de los rayos solares, o del grano dorado, que a su orden se ondulaba sobre los campos de cosecha de Midgard, o de la agricultura. Se suponía que el jabalí (rasgando la tierra con su afilado colmillo) había sido el primero en enseñar a la humanidad el arte del arado. Frey cabalgaba a veces sobre el maravilloso jabalí, cuya velocidad era increíble y en otras ocasiones, lo enjaezaba a su carro dorado, que se decía contenía frutas y flores que él esparcía profusamente sobre la faz de la Tierra. Frey era, además, el orgulloso propietario no sólo del intrépido corcel Blodughofi, el cual cabalgaba a través del fuego y el agua a sus órdenes, sino también del barco mágico Skidbladnir, una personificación de las nubes. Esta embarcación, que navegaba sobre tierra y mar, era arrastrada siempre por vientos favorables y era tan elástica que podía asumir proporciones lo suficientemente grandes como para transportar a los dioses, sus corceles y todo su equipaje, pero también podía ser doblada hasta alcanzar el tamaño de una servilleta y ser guardada en un bolsillo.
Para el Odinismo lo que celebramos en esta fecha es el inicio de la cosecha, son tiempos de trabajo en que recogemos nuestro trabajo. El dulce tiempo en la Europa germánica del norte, marcaba una época de paz, donde todo lo que había que hacer estaba ya hecho, solo había que esperar a recoger, es pues la idea de prosperidad la que marca está celebración, honramos a Frey y a Sif con sus cabellos de oro.
El mito en el que Loki roba el cabello dorado de Sif entra de lleno en estos días, el cabello dorado de la Diosa representa la cosecha, el robo es la posibilidad de perder la cosecha y Thor actúa como garante de la misma a través de los enanos, que aquí representan la tecnología.
Freyr, Thor y Sif (como representación de Nerthus, la madre Tierra) son los protagonistas de la fiesta sagrada,  invocamos a la vitalidad del verano, la energía desplegada en ese momento, pero también, al ser el primer día de otoño para las tierras del norte, la preparación que se iba llevando a cabo para el invierno que no tardará en venir, teniendo en cuenta que a partir de ese momento las temperaturas empezarán a bajar. Todo ello está simbolizado por el trigo: un alimento que solo se puede crear cuando se recoge lo sembrado, y que se puede almacenar.
Los Rituales que celebramos en Freyfaxi se centran pues en la cosecha, tanto a nivel material como espiritual: Ya no podemos hacer nada en nuestro último periodo de nuestra vida, lo que hayamos sembrado y trabajado eso recogeremos. Es un excelente momento de reflexión para ver si nuestra vida va por buen camino o si bien hemos perdido el norte. En el primer de los casos daremos gracias a los Dioses por los dones logrados por nosotros mismos, en el segundo les pediremos que nos den fuerza para cambiar nuestra vida, evaluar si la energía con la que nos conducimos es correcta y está bien direccionada, asimismo, aunque veamos este potente Sol lucir en plenitud es un aviso que se acerca el invierno y que tenemos que recoger alimento material y espiritual, reservas para pasar el invierno.

En estos días vemos como las hormigas se apresuran para llenar los graneros, si queremos volver a sincronizar con la naturaleza tenemos que estar conectados con ella y percibir y ser conscientes de todo lo que hacen los seres vivos que nos rodean, la vida es una lección para todos nosotros.

Universo 25: el colapso demográfico explicado por ratones

Cada vez más expertos aseguran que vivimos en un sistema en el cual la extracción de alimentos y recursos energéticos es insostenible en un mundo superpoblado. Todas -absolutamente todas- las civilizaciones que han existido en la historia han terminado colapsando tarde o temprano. La única que no lo ha hecho aun es la civilización occidental actual, considerada la civilización más grande de la historia por consecuencia de la globalización. ¿Es posible que haya un colapso demográfico?

El etólogo John B. Calhoun estuvo décadas experimentando los efectos de la superpoblación con ratones. Creaba «mundos» (el los llamaba Universos) utópicos en los que los ratones tenían toda la comida e infraestructuras que necesitaban libres de depredadores, enfermedades y de los rigores climatológicos. Lo único que tenían limitado -evidentemente- era el espacio. El más famoso de estos mundos ideales lo creó en 1968 y fue llamado el Universo 25. Cuatro años después, sus resultados fueron asombrosos y a la vez perturbadores.

John B. Calhoun en  el recinto del Universo 25
– Foto vía Wikipedia

Universo 25

El Universo 25 era un recinto cerrado de 2,5 m2 de superficie y 1,37 metros de altura, diseñado para ser el paraíso terrenal de los ratones: alimento, agua, material de nidificación y lugares para construir nidos ilimitados durante todo el experimento. Las condiciones de temperatura y humedad se mantenían ideales y el recinto se limpiaba completamente cada cierto tiempo. Se comenzó introduciendo 4 parejas de ratones perfectamente sanos y seleccionados para el experimento. Lo que sucedió a partir de entonces, se puede describir en 5 fases.

Fase A: días 1 al 104

Los primeros 104 días fueron de cierta alteración en un nuevo entorno y con nuevos compañeros, pero una vez familiarizados, comenzaron a procrear.

Fase B: días 105 al 315

Esta es una fase de rápido crecimiento en un entorno ideal. Cada 55 días la población se duplicaba. Para el día 315, había más de 600 ratones en el hábitat organizados en 14 grupos sociales con un macho dominante y roles sociales bien definidos para cada uno de los individuos.

Fase C: días 316 al 560

A partir de los 615 individuos la tasa de crecimiento se redujo y la población pasó a duplicarse cada 145 días. Empezaba a faltar el espacio ya que más de 300 machos competían por conquistar y mantener el territorio para poder reproducirse. Ante el estrés de tener que defender la posición constantemente, muchos machos dejaron los territorios y perdieron el atractivo por parte de las hembras, bajando la tasa de reproducción. Las hembras fértiles por su parte trataron de ocupar el rol abandonado de los machos para proteger los nidos. Esta agresividad de trasladó a las nuevas camadas de ratones: el periodo de lactancia se redujo y muchas crías fueron abandonadas o atacadas y devoradas por sus propias madres. La sociedad estaba empezando a colapsar.

La agresividad aumentó y se generalizó. Los machos más débiles quedaron acorralados en el centro del hábitat lejos de los recursos. Estos machos se rindieron a la desidia con una inactividad casi total, pero ocasionalmente, y sin mediar nada, parecían montar en cólera y atacaban en masa a otros ratones. Calhoun llamó a este grupo la Cloaca del comportamiento.

Para el día 520, la población llegó a 2.200 ratones que vivían en un mundo anárquico, violento y casi sin sexo.

A partir del día 560, ya no había más crecimiento: morían más ratones de los que nacían.

Fase D: días 561 al 1471

En esta fase, la violencia entre grupos -y dentro de ellos- es normal y hay canibalismo de crías con bastante frecuencia.

Un grupo de machos se atrincheró en una zona protegida y se dedicaron en exclusiva al cuidado extremo del cuerpo acicalando su pelaje todo el día mostrando una total apatía, sin entrar en peleas y sin mostrar el más mínimo interés por la hembras. Calhoun los bautizó como «los guapos» porque no tenían heridas ni cicatrices.

La mayoría de las hembras que nacen ya no se quedan embarazadas ni tienen comportamientos maternales y pocas crías de las nacidas llegan a la edad adulta. Con este escenario, el día 600 nació el último ratón que se convirtió en adulto.

El día 920, la tasa de nacimiento es cero. En este momento, la edad media de la población es de 776 días, 200 días más que la edad que marca la menopausia en los ratones.

El día 1471 finaliza el experimento. Quedan vivos 27 ratones: 23 hembras y 4 machos. El más joven de todos, tenía 987 días edad, el equivalente a 90 años de vida humana.

Los efectos de la superpoblación en el Universo 25 fueron devastadores

Colapso en la abundancia

Lo más llamativo del experimento es que los ratones tuvieron en todo momento recursos de sobra, incluso en el clímax de máxima población jamás les faltaron agua, comida o lugares de nidificación. La superpoblación eliminó la estructura social y mental de los ratones incluso con abundancia de recursos.
El propio Calhoun dijo que en realidad el colapso se produjo cuando los ratones dejaron de comportarse como ratones, en algo que él llamo «la primera muerte». A pesar de que algunos ratones del Universo 25 fueron extraídos y colocados en nuevos ambientes sanos, su comportamiento ya no cambió. Y cuando se introdujeron ratones nuevos y normales en edad de procrear en el Universo 25, no mostraron conductas reproductivas.

Extrapolar el comportamiento de los ratones a los humanos es cuando menos difícil y arriesgado dada nuestra mucho mayor complejidad. No obstante, hay similitudes que son evidentes y que como poco, invitan a la reflexión.

¿Quizá estemos mas cerca del Ragnarök? …Seguro, pero lo afrontaremos sin miedo, solo nos falta ser conscientes un poco.

 

Árboles y ritos de fecundidad

 

Significados simbólicos adquiridos por los árboles y los bosques durante siglos de existencia humana subsisten en el lenguaje, el folclore y la cultura.

Los árboles y los bosques, probablemente por su gran tamaño y a veces por su longevidad, excitaron vivamente la imaginación de las sociedades anteriores a la invención de la escritura. Tenían vida como los seres humanos y los animales, pero no se movían de un lugar a otro; como las montañas y las piedras parecían inmóviles, pero al mismo tiempo podían cambiar y balancearse. Los bosques tupidos hubieron de parecer misteriosos. Incluso los árboles solitarios, especialmente en un lugar yermo, pueden haber parecido milagrosos si ofrecían alimento a un vagabundo hambriento. Los primeros humanos vieron y tocaron los árboles; los utilizaron para alimentarse, calentarse, abrigarse, vestirse, hacer vallados y barreras, lanzas y arpones; y los quemaron, cortaron o transformaron en numerosos objetos. Sus sombras daban cobijo, camuflaje y escondrijo a personas a uno u otro lado de la ley. Con el tiempo, los bosques y determinadas especies de árboles han llegado a representar conceptos diversos en las imaginaciones de poblaciones que viven en distintos lugares geográficos. La abundancia o la escasez de árboles en una localidad determinada influyó en su imagen y en el papel que se les atribuyó en leyendas, mitologías y culturas.

Este artículo trata de algunos de los significados simbólicos adquiridos por los árboles y los bosques durante los siglos de existencia humana. Está concebido como una exploración general de un amplio tema (simple ojeada a un campo de posible investigación) y no pretende ser histórica ni geográficamente exhaustivo.


BOSQUES, ÁRBOLES Y DEIDADES

Se ha dicho que los árboles heridos por un rayo y consumidos por el fuego, observados por las sociedades prehistóricas, pueden haber dado lugar a la idea de que los dioses habitaban en los cielos igual que en la tierra (Brosse, 1989; Harrison, 1992). Se ha supuesto que en las primitivas civilizaciones mediterráneas, las primeras talas de bosques fueron «acciones religiosas», porque los pueblos primitivos necesitaban ver mejor el cielo para leer las señales divinas enviadas a los humanos desde un «arriba» abstracto que se identificaba con el firmamento (Harrison, 1992). Así pues, la tala de árboles puede haber tenido como motivo no solo ganar espacio para los asentamientos y la agricultura; también pudo considerarse un gesto necesario para que los humanos conocieran a sus dioses. Con la difusión de la cultura griega, el Imperio Romano, y el resurgir del pensamiento griego en el Renacimiento, puede haberse abierto paso en el subconsciente colectivo, en toda Europa, una asociación de los árboles con una «sombra» espiritual e intelectual y de su tala con la luz de la «ilustración»

Los bosques caducifolios y sus ciclos estacionales de hojas caídas y verdes, o el crecimiento de nuevos brotes en la base o el tocón de árboles quemados o cortados, pueden haber inducido a la gente a ver en los árboles símbolos de una fuerza vital eterna e indestructible.

Árboles y bosques asumieron así características de símbolos divinos, o representaron fuerzas superlativas como valor, resistencia o inmortalidad. Fueron los medios de comunicación entre dos mundos. Algunas sociedades hicieron de ellos tótemes mágicos. Algunas veces se consideró sagrado un árbol particular por su asociación con un santo o un profeta. Los árboles han tenido con frecuencia una gran significación religiosa, por ejemplo el árbol bajo el cual Buda recibió la iluminación y el árbol utilizado para la crucifixión de Jesús. De ahí que, hasta hoy, sean representados a menudo en los ritos religiosos. Otros ejemplos son los árboles de cuyas ramas se cuelgan oraciones u ofrendas en muchas culturas diferentes, y el árbol de Navidad, una costumbre que en su forma actual se inició en Europa en el siglo XIX.

En la religión sintoísta del Japón, que santifica la naturaleza, el sakaki (Cleyera japonica) es especialmente sagrado. El sakaki tuvo un papel destacado en la historia japonesa de la creación; los dioses extrajeron un árbol sakaki de 500 ramas del monte celestial Kaga; de sus ramas superiores colgaron una cuerda de ocho pies con 500 joyas, de sus ramas medias un espejo de ocho pies de largo, y de sus ramas bajas ofrendas blancas y azules. La diosa Amaterasu se vio reflejada en el espejo colgado del sakaki y fue sacada de su cueva, devolviendo la luz a los cielos y la tierra. Hoy, como evocación del mito, se cuelgan espejos de los árboles sakaki en los santuarios sintoístas. El sakaki es representado como punto central sagrado del santuario dedicado a Amaterasu (Wehner, 2002).

La tradición del bosque sagrado, a menudo asociada al secretismo y a los ritos de iniciación, es común a muchas culturas. Grupos de árboles, o porciones de bosques naturales o plantados, se consideraban distintos del resto e intocables. Muchos de estos bosques mantienen hoy su significación: la Lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) incluye varios bosques reconocidos como sagrados por sus valores espirituales así como ecológicos. Ejemplos de ello son las Reservas de bosque pluvial del centro-este de Queensland, Australia, que contienen características geográficas consideradas como sagradas por los aborígenes; el Horsh Arz el-Rab (Bosque de los cedros de Dios) en Líbano (véase el recuadro en la pág. 50); los bosques de monte Kenya en Kenya, venerados por los habitantes; y un bosque sagrado usado todavía por los sacerdotes en las ceremonias del arroz en las terrazas arroceras de Luzón, Filipinas.

Árboles y ritos de fecundidad

·  Entre ciertas tribus nómadas del Cercano Oriente (por ejemplo, en la República Islámica del Irán), las mujeres jóvenes se hacen a veces tatuar la imagen de un árbol en el abdomen para propiciar la concepción.

·  En la India, las mujeres cuelgan pañuelos rojos en ciertos árboles cerca de pozos para conjurar la esterilidad.

·  «Matrimonios» simblicos entre seres humanos y árboles (la persona toca el tronco del árbol durante cierto tiempo, generalmente varias horas) se han registrado en las regiones de Punjab y el Himalaya en la India, entre los indios Sioux de América del Norte y entre algunas tribus africanas subsaharianas.

·  En la India meridional, las parejas estériles plantan a veces juntos el macho y la hembra de un árbol con la esperanza de conseguir así el hijo deseado.

·  La frecuencia con que se encuentran en leyendas y cuentos populares árboles padre y árboles madre dio lugar probablemente al concepto de árbol de los antepasados, que ha pasado a la historia como árbol genealógico (Chevalier y Gheerbrant, 1982).

En uno de los más conocidos mitos griegos de transformación, Dafne para escapar al acoso de Apolo fue transformada en árbol de laurel, como lo ilustró Pollaiolo en este cuadro del siglo XV
En la mitología del antiguo Egipto, los dioses tenían su asiento en un sicomoro,Ficus sycomorus, y dos sicomoros gemelos flanqueaban la puerta oriental del cielo


IDENTIFICACIÓN HUMANA Y FORMA ABSTRACTA

Por su forma –un tronco central con ramas como brazos y dedos, la corteza como piel– los árboles se prestan a su identificación con la forma humana, y muchas veces se les ha dotado simbólicamente de características antropomórficas, que llevan a vincularlos con símbolos de fertilidad en algunas culturas. En el Cantar de los Cantares bíblico, la mujer amada es descrita así: «Tu talle, como la palmera; tus pechos, como los racimos» (7:8-9); y ella dice: «Como un manzano entre árboles silvestres es mi amado entre los jóvenes. A su sombra deseada me senté y su fruto fue dulce a mi paladar» (2:3).

En varios mitos griegos, doncellas o ninfas perseguidas por dioses pidieron protección a otras deidades y fueron transformadas en árboles. Dafne escapó de Apolo de esta manera; fue transformada en laurel, que Apolo adoptó entonces como su símbolo, decorando su lira con hojas de laurel y utilizándolas como corona. Otras ninfas del bosque en los mitos griegos y romanos fueron Leuke o Leuce, el álamo blanco, amada de Hades; Filira, el tilo, quien dio a luz el monstruo Centauro y deseó cambiar su forma humana por cualquier otra; y Pitis, una ninfa casta perseguida por el dios de los bosques Pan, convertida en abeto o pino negro. La historia de Baucis y Filemón es otro interesante mito de transformación arbórea. Este pobre matrimonio fueron las únicas personas de su aldea que ofrecieron hospitalidad a dos dioses que visitaban la tierra disfrazados de mendigos; en recompensa, no solo fueron colmados de riquezas, sino que se les dio una nueva vida juntos como una encina y un tilo crecidos de una misma raíz.

La identificación de los árboles con el cuerpo humano se ve también en el yoga, el sistema hindú de meditación. En la postura del árbol, por ejemplo, se hace descender el peso del cuerpo para desarrollar un sentimiento de ser atraído hacia la tierra, mientras que los brazos se extienden como ramas. El propósito de esta postura es infundir un sentimiento de arraigo y de crecimiento hacia arriba.

La mayoría de estos mitos y prácticas sugieren una identificación tácita de los árboles como receptáculos de espíritus o almas, creencia común en muchas culturas. En Australia, los aborígenes warlpiris occidentales creen que las almas se acumulan en árboles y esperan a que pase una mujer adecuada para saltar hacia ella y nacer (Warnayaka Art Centre, 2001).

Los árboles altos y resistentes a menudo han sido identificados con seres humanos valientes o justos; en los textos bíblicos y coránicos se encuentran muchos ejemplos. Un ejemplo contemporáneo es un premio al servicio que se concede hoy en Sudáfrica, la Orden del Baobab. El gran baobab, con su amplio sistema de raíces fuertes y sobresalientes, tiene un valor mágico y simbólico para los pueblos indígenas africanos y es un lugar de encuentro y un refugio en las sociedades africanas tradicionales. El premio reconoce las cualidades de vitalidad y resistencia que encarna el árbol (J. Tieguhong, comunicación personal, 2003).

Los árboles han sido también representación de objetos, conceptos abstractos o acciones que se les parecen por su estructura (ramificación a partir de un eje central) o su altura. En muchos idiomas sirven como metáforas en múltiples expresiones (árboles genealógicos o familiares; tronco cerebral, ramas del saber, etc.). Pueden haber sido el origen de la noción de sistemas (circulación; interconexión; jerarquía) (Harrison, 1992). Un buen ejemplo es el «árbol de venas» imaginado por Leonardo da Vinci en el siglo XV como explicación del sistema circulatorio humano. Podría decirse que los árboles suministran estructuras para el propio pensamiento.

El gran baobab, con su extenso y saliente sistema de raíces, tiene un valor mágico y simbólico en África
DEPARTAMENTO DE MONTES DE LA FAO
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EL ÁRBOL DE LA VIDA (O ÁRBOL DEL MUNDO)

El árbol de la vida es un motivo extendido en muchos mitos y cuentos populares por todo el mundo, mediante el cual las culturas trataban de comprender la condición humana y profana en relación con el reino de lo divino y sagrado. Muchas leyendas hablan de un árbol de la vida, que crece sobre el terreno y da vida a dioses o seres humanos, o de un árbol del mundo, a menudo vinculado a un «centro» de la tierra. Es probablemente el mito humano más antiguo, y tal vez un mito universal.

En la mitología del antiguo Egipto, los dioses tenían su asiento en un sicomoro, Ficus sycomorus, cuyos frutos se destinaban a alimentar a los bienaventurados. Según el Libro Egipcio de los Muertos, sicomoros gemelos flanqueaban la puerta oriental del cielo del que el dios sol, Re, salía cada mañana. Este árbol era considerado también como una manifestación de las diosas Nut, Isis y especialmente Hathor, la «Dama del Sicomoro». El Ficus sycomorus se plantaba a menudo cerca de las tumbas, y se creía que un muerto enterrado en un ataúd de su madera regresaba al vientre del árbol-diosa madre.

A menudo se tomaba el árbol de la vida como el centro del mundo. Se lo veía como unión de cielo y tierra, representación de un nexo vital entre los mundos de los dioses y los humanos. Oráculos, juicios y otras actividades proféticas se realizaban a su sombra. En algunas tradiciones, el árbol estaba plantado en el centro del mundo y era visto como fuente de la fertilidad terrestre y de la vida. Se creía que la vida humana descendía de él y que sus frutos daban una vida eterna; y si fuera cortado, toda fecundidad llegaría a su término. El árbol de la vida aparecía generalmente en novelas de aventuras en las que el héroe que buscaba el árbol tenía que superar para ello una serie de obstáculos en su camino.

El Árbol de la Vida de la Cábala (doctrina esotérica medieval del misticismo judío) tenía diez ramas, los Sefirot, que representaban los diez atributos o emanaciones por medio de las cuales lo infinito y lo divino entraría en relación con lo finito. El candelabro ramificado llamado menorah, uno de los más antiguos símbolos del judaísmo, tiene relación con el árbol de la vida. La forma de la menorah habría sido dictada por Dios a Moisés (Éxodo, 25:31-37); había de tener seis brazos, con copas en forma de flor de almendro, con capullos y flores. En los Proverbios 3:18, se dice que la sapiencia es «árbol de vida para los que de ella echan mano».

El llamado árbol del mundo, o árbol cósmico, es otro símbolo como el árbol de la vida. Había un árbol del mundo en el Jardín de Edén del libro del Génesis, y esta tradición es común al judaísmo, al cristianismo y al islamismo. Mitos del árbol cósmico son conocidos en los folclores haitiano, finlandés, lituano, húngaro, indio, chino, japonés, siberiano y chamánico del norte de Asia. Los pueblos antiguos, en particular hindúes y escandinavos, imaginaban el mundo como un árbol divino nacido de una sola semilla sembrada en el espacio; a veces estaba invertido (Hall, 1999). Los antiguos griegos, persas, caldeos y japoneses tenían leyendas que describían el árbol eje sobre el que gira la tierra. Los cabalistas medievales representaban la creación como un árbol con sus raíces en la realidad del espíritu (el firmamento) y sus ramas sobre la tierra (realidad material). La imagen del árbol invertido se ve también en las posturas invertidas en el yoga, en las que los pies se conciben como receptáculos de la luz solar y de otras energías «celestiales» que han de ser transformadas como el árbol transforma la luz en otras energías mediante la fotosíntesis (de Souzenelle, 1991).

Sin embargo, lo más corriente es creer que el árbol cósmico tiene sus raíces en el mundo inferior y sus ramas en lo más alto del firmamento. Se ha considerado siempre como natural y sobrenatural al mismo tiempo, es decir, perteneciente a la tierra pero de algún modo no de la tierra misma. Entrar en contacto con este árbol, o para vivir en o sobre él, suele significar siempre regeneración o renacimiento de un individuo. En muchos relatos épicos el héroe muere sobre el árbol y es regenerado. Hay también la idea de que el árbol del mundo contó la historia de los antepasados, y reconocer el árbol era reconocer el lugar del individuo como ser humano. Generalmente se pensaba que la madera de este árbol era la materia universal. En griego, la palabra hylésignifica tanto «madera» como «materia», «primera sustancia» (Pochoy, 2001).

En la mitología nórdica, Yggdrasil («El Caballo del Terrible»), llamado también el Árbol del Mundo, era el fresno gigante que unía y daba cobijo a todos los mundos. Bajo sus tres raíces estaban los reinos de Asgard, Jotunheim y Niflheim. En su base había tres pozos: el Pozo de la Sabiduría (Mímisbrunnr), guardado por Mimir; el Pozo del Destino (Urdarbrunnr), guardado por las Nornas; y el Hvergelmir (Olla Rugiente), fuente de muchos ríos. Cuatro ciervos, que representaban los cuatro vientos, corrían por las ramas del árbol y comían los brotes tiernos. Otros habitantes del árbol eran la ardilla Ratatosk («dientes veloces»), notoria cotilla, y Vidofnir («serpiente del árbol»), el gallo dorado encaramado en la rama más alta. Las raíces eran roídas por Nidhogg y otras serpientes. Según la leyenda, el día de Ragnarok, el gigante de fuego Surt incendiaría el árbol. Otros nombres de Yggdrasil son Bosque de Hoddmimir, Laerad y Caballo de Odin

Los mitos nórdicos cuentan que el dios Odin fue sacrificado, murió y fue colgado de un Yggdrasil. Fue regenerado y volvió a la vida ciego, pero dotado por los dioses del don de la visión divina.

En el mito de Yggdrasil, el fresno pude haberse tomado como símbolo del eje del mundo porque la madera de fresno es particularmente resistente y al mismo tiempo muy flexible, curvándose antes que quebrarse. Ciertas sociedades anteriores a la Edad del Bronce hacían sus utensilios y armas con varas de fresno endurecidas al fuego. Por ejemplo en la Ilíada, el poema épico de Homero que narra la probable guerra del siglo XII o XIII a.C. entre la ciudad de Troya y los atacantes griegos, la palabra griega que significa «fresno» y «lanza» es la misma.

A tree of life that binds together heaven and earth is a concept familiar to many cultures
(here, a Celtic symbol)

Alfabetos de árboles

En la antigua civilización céltica del norte de Europa hay indicaciones de una asociación entre los árboles y la escritura. Los 25 caracteres del alfabeto céltico (ogham), usado para inscripciones en piedra y madera, recibían su nombre de un grupo de 20 árboles y plantas sagrados (llamado también ogham). Los 13 meses del calendario céltico tenían también nombres de algunos de esos árboles.

Una de las fuentes para conocer la lista de los árboles sagrados y del «alfabeto de árboles» céltico fue un conjunto de poemas relativos a la leyendaCad Goddeu («batalla de los árboles»), en la que los árboles se movilizan y atacan a un enemigo (Graves, 1966).

Los árboles del «orden alfabético» de los celtas han sido identificados por Graves y otros autores de la siguiente manera (algunos de ellos no son realmente árboles): abedul péndulo (Betula pendula); serbal de cazadores o capudrio (Sorbus aucuparia); aliso común (Alnus glutinosa); sauce blanco (Salix alba o Salix fragilis); fresno (Fraxinus excelsior); espino blanco (Crataegus monogyna o Crataegus laevigata); roble (Quercus robur); acebo (Ilex aquifolium) o posiblemente encina (Quercus ilex); avellano (Corylus avellana); manzano europeo (Malus sylvestris); vid (Vitis vinifera); hiedra común (Hedera helix); caña común (Phragmites australis); endrino o espino negro (Prunus spinosa); saúco (Sambucus nigra); abeto blanco (Abies alba); tojo o aulaga (Ulex europaeus); brezo (Calluna vulgaris); álamo temblón (Populus tremula); y tejo (Taxus baccata). La hipótesis presentada por Graves respecto al orden de los árboles es que se basa en un orden de manifestaciones botánicas en una zona geográfica determinada (por ejemplo cuando brotan las hojas en primavera o cuando florecen).

Las letras del viejo alfabeto irlandés eran simples líneas horizontales u oblicuas, similares a las runas. Eran fáciles de inscribir y originalmente se tallaban en madera. De hecho, las palabras irlandesas para «madera» y «ciencia» suenan casi igual (Clark, 1995, 2001). Tablillas de haya (Fagusspp.) eran el primer soporte de la escritura (en ellas se tallaban las rectilíneas letras rúnicas), y cortezas en láminas muy delgadas se utilizaron para hacer libros primitivos (Rocray, 1997). En efecto, la palabra inglesa book (libro) podría relacionarse etimológicamente con beech (haya), en inglés y en algunas otras lenguas indoeuropeas.

En la mitología nórdica, el fresno gigante Yggdrasil unía y daba abrigo a todos los mundos

El Código de los ASES en el siglo XXI

El Código es el Honor

Honor a ti mismo con la verdad y la justicia. Tu palabra es su compromiso dale a su poder a tu palabra cumpliéndola siempre. Honra a tu familia y amigos con reverencia y respeto. Honra a tu amor y respétalo por encima de todo. El honor es la marca de la fuerza y ​​nobleza.

El Código es la Protección

Proteger con ferocidad su sangre y sus familiares. Que nadie ni nada viole su amor o la forma. Acude siempre cuando haya desigualdad en la lucha. Protege siempre tres veces tan ferozmente como uno es atacado. La protección es la marca de un espíritu guerrero.

El Código es la Prosperidad

La prosperidad y el crecimiento son claves para la supervivencia durante nuestro camino por la vida. Tal es la marca de la inteligencia.

El Código es el Conocimiento

El conocimiento es poder. Busca siempre expandir tu mente. Nunca te estanques, porque el conocimiento es un regalo de los dioses.

El Código es el Cambio

La adaptación y el cambio son importantes para el crecimiento y la supervivencia. Lo que no se pueden adaptar o cambiar está condenada a perecer. El cambio es la marca de la visión.

El Código es la Justicia

Pagar todas las deudas, tirar de su propia autoestima, siempre escuchar y considerar todas las partes. Tratar a todos los demás con equidad y justicia. Esperamos lo mismo.

El Código es el Equilibrio

Acordaos de la ley del equilibrio, Todo lo que tu haces o deseas para bien o para mal, se volverá a vosotros un día. Lucha por el bien.

El Código es el Control

Nunca perder el control cuando somos presa de la  ira o somos hostigados por alguien. Nunca golpees a una mujer a menos que tu vida penda de un hilo. Nunca violes los derechos de los débiles o inocentes.

Nunca toleraremos a aquellos que lo hacen. El control es la marca de una mente disciplinada, un signo de los más grandes guerreros.

El Código es el Conflicto

Aquellos que siguen el camino deben conocer el arte del combate, las armas y la venganza. La guerra es parte de la ruta. Esta siempre dispuesto para el combate. Se trata de un destino tejido en las fibras de nuestro pueblo. Mantén el cuerpo, la mente y la formación durante todo el tiempo. No tengáis ningún remordimiento si debéis participar en algún conflicto, si este se hace por una causa justa. Ganar, prevalecer y sobrevivir.

YGGDRASIL Y LA COSMOGONÍA DE LOS ANTIGUOS GERMANOS

odin     Aunque disponen de una documentación mucho más rica que los estudiosos del mundo celta, los investigadores de la religión germánica insisten en la dificultad de su tarea. Las fuentes son de naturaleza distinta y de valor desigual: restos arqueológicos, escritos de época romana (y, en primer lugar, la Germania de Tácito), descripciones de los misioneros cristianos y sobre todo los poemas de los skaldas islandeses, completados gracias a un valioso manual compilado por Snorri Sturluson en el siglo Xlll. Por otra parte, únicamente en Islandia, cristianizada en época muy tardía (hacia el año 1000), se conservó una tradición oral lo bastante coherente como para que podamos reconstruír en sus grandes líneas la mitología y el culto. Esto significa que, a falta de pruebas complementarias, no podemos considerar las noticias referentes a los emigrados noruegos a Islandia como válidas para el conjunto de las tribus germánicas.

     Sin embargo, y a pesar de estas graves lagunas (carecemos en absoluto de noticias sobre los godos y los burgundios), de la heterogeneidad de las creencias (resultado de las diversas influencias: célticas, romanas, orientales, norasiáticas, cristianas) experimentadas por las distintas tribus durante su dispersión a través de media Europa, no se puede dudar de una cierta unidad fundamental de la religión de los germanos. En primer lugar, aún es posible reconocer ciertos elementos específicos del legado indoeuropeo en las tradiciones de diversas tribus (en primer lugar, la tripartición divina, la pareja antagónica y complementaria de dioses soberanos, la escatología). Por otra parte, los nombres de los días indican que todos los pueblos germánicos veneraban a los mismos grandes dioses. Cuando en el siglo IV los germanos adoptaron la semana de siete días, sustituyeron los nombres de las divinidades romanas por los de las suyas. Así, por ejemplo, «miércoles», dies Mercurii, fue sustituído por el «día de Odín-Wotán»: Wuotanestac en viejo alemán, wednesday en inglés, woensdagen holandés, Odhinsdagr en viejo escandinavo. Ello prueba que Mercurio fue identificado con un dios conocido en todo el mundo germánico por el mismo nombre: Odín-Wotán.

     Se ha observado que la última fase de la religión germánica estuvo imbuída de un interés apasionado por el mito del fin del mundo. Se trata en realidad de un fenómeno general, atestiguado a partir del siglo II a.C. en el Próximo Oriente, en Irán, Palestina, el Mediterráneo y, un siglo más tarde, en el Imperio romano. Pero lo propio de la religión germánica es que el fin del mundo está ya anunciado en la cosmogonía.

     Snorri nos ha transmitido el relato más completo de la creación [Gylfagmning, 4-9]. Su fuente principal es un admirable poema, Völuspá(«Predicción de la volva»es decir, «la vidente»), compuesto hacia el final de la época pagana. Según estas «predicciones» [Ibíd., estrofa 3], al principio no había «ni tierra ni bóveda celeste»; sólo existía un «abismo gigante», Ginnungagap [1]. Esta imagen, bien conocida en las cosmogonías orientales, aparece en otros textos [2]. Snorri precisa que hacia el norte se extendía una región fría y brumosa, Niflheimr, identificada como el mundo de los muertos, donde brotaba una fuente que daba origen a once ríos; al sur había un país abrasado, Muspell, guardado por el gigante Surtr (el «negro»). Al juntarse el hielo y el fuego, nació un ser antropomorfo, Ymir, en la zona intermedia. Mientras dormía, nacieron bajo su brazo y de su sudor un hombre y una mujer, mientras que uno de sus pies engendró con el otro un hijo. Del hielo fundido nació una vaca, Audhumbla, que alimentó a Ymir con su leche. Lamiendo el hielo salado, Audhumbla le fue dando la forma de un hombre, Buri, que tomó por esposa a la hija de un gigante y de ella tuvo tres hijos: Odín, Vili y Vé. Los tres hermanos decidieron dar muerte a Ymir; la sangre, al brotar, anegó a todos los gigantes, menos a uno que se salvó misteriosamente con su mujer. Los hermanos pusieron luego a Ymir en medio del gran abismo y, desmembrándolo, produjeron el mundo a partir de su cuerpo: la tierra se formó de la carne; de los huesos, las rocas; de la sangre, el mar; de los cabellos, las nubes; del cráneo, el cielo.

     La cosmogonía fundada sobre la muerte y el desmembramiento de un ser antropomorfo recuerda los mitos de Tiamat, de Purusha y de P’an-ku. La creación del mundo es, por consiguiente, resultado de un sacrificio cruento, idea religiosa arcaica y abundantemente difundida, que entre los germanos, al igual que en otros pueblos, justifica el sacrificio humano. En efecto, este sacrificio, repetición del acto divino primordial, asegura la renovación del mundo, la regeneración de la vida, la coherencia de la sociedad. Ymir era un ser bisexuado [3]: engendró sin concurso ajeno una pareja humana. La bisexualidad constituye, como es sabido, la expresión por excelencia de la totalidad. Entre los antiguos germanos, la idea de la totalidad primordial aparece reforzada por otras tradiciones mitológicas, según las cuales Ymir, antepasado de los dioses, engendró también a los gigantes demoníacos que amenazarán al cosmos hasta la catástrofe final.

     Los tres hermanos prosiguen su obra cosmogónica y crean las estrellas y los cuerpos celestes a partir de las centellas lanzadas desde el Muspell y regulan sus movimientos, fijando de este modo el ciclo cotidiano (día y noche) y la sucesión de las estaciones. La tierra, de forma circular, quedó rodeada en su exterior por el gran océano, en cuyas costas establecieron los dioses la morada de los gigantes. En el interior formaron Midhgardh (literalmente «morada de en medio»), el mundo de los hombres, defendido por una cerca hecha de las pestañas de Ymir. Con la ayuda de Hoenir, el dios taciturno, y de Lodhur, figura de la que apenas sabemos nada, Odín creó la primera pareja humana a partir de dos árboles, Askr y Embla [4], que halló en la playa, dándoles un alma; Hoenir los dotó de inteligencia y Lodhur les dio los sentidos y la forma humana. Otro mito habla de dos seres humanos que emergieron del árbol cósmico, Yggdrasil, y poblaron el mundo. Durante el gran invierno del ragnarök hallaron refugio en el tronco de Yggdrasil, nutriéndose del rocío y de sus ramas. Según Snorri, esta pareja, abrigada en el árbol cósmico, sobrevivió a la destrucción del mundo y repoblaría la nueva tierra que habría de surgir después.

     El árbol Yggdrasil, situado en el «centro», simboliza y al mismo tiempo constituye el universo. Su cima toca el cielo y sus ramas abarcan el mundo. Una de sus raíces se hunde en el país de los muertos (Hel), la otra llega al país de los gigantes, y la tercera al mundo de los hombres [5]. Desde que brotó, es decir, desde que el mundo fue ordenado por los dioses, Yggdrasil estuvo amenazado por la ruina, pues un águila comenzó a devorar su follaje, su tronco empezó a pudrirse y la serpiente Niddhog se puso a roerle las raíces. Un día no muy lejano Yggdrasil caerá, y entonces sobrevendrá el fin del mundo (ragnarök).

     Se trata evidentemente de la imagen ya conocida del árbol universal situado en el centro del mundo y que une los tres niveles cósmicos: cielo, tierra e infierno [6]. En diversas ocasiones hemos señalado el arcaísmo y la difusión considerable de este simbolismo cosmológico. Ciertas concepciones orientales y norasiáticas han influído verosímilmente en la imagen y en el mito de Yggdrasil. Pero conviene subrayar los rasgos específicamente germánicos: el árbol —es decir, el cosmos— anuncia ya por su misma aparición la decadencia y la ruina final; el destino, Urdhr, está oculto en el pozo subterráneo en que se hunden las raíces de Yggdrasill, dicho de otro modo: en el centro mismo del universo. Según la Völuspá [estrofa 20], la diosa del destino determina la suerte de todo ser viviente, no sólo de los hombres, sino también de los dioses y de los gigantes. Podríamos decir que Yggdrasil encarna el destino ejemplar y universal de la existencia; todo modo de existir —el mundo, los dioses, la vida, los hombres— es perecedero, pero susceptible, sin embargo, de resurgir al comienzo de un nuevo ciclo cósmico.


[1] J. de Vries interpreta el término ginnunga como que expresa la idea de engaño por magia, y de ahí «sortilegio, magia»; véase «Ginnungagap», págs. 41 y sigs.

[2] Según la Plegaria de Wessobrunn, poema de origen cristiano escrito durante el siglo IX en Alemania meridional, «no había ni tierra ni bóveda celeste, ni árbol ni montaña (…) el sol no brillaba ni la luna alumbraba. El mar glorioso no existía».

[3] El nombre de Ymir ha sido relacionado con el sánscrito Yima, «bisexuado». Según Tácito, Germania, II, el antepasado mítico de los germanos era Tuisto. Este nombre, por otra parte, se relaciona con el viejo sueco tvistra, «separado», que designa, como «Ymir», a un ser andrógino.

[4] Askr recuerda al Fresno cósmico; Embla equivaldría quizá alelmla, «olmo». La antropogonía a partir de árboles constituye un tema muy difundido en las mitologías arcaicas, que está asimismo atestiguado entre los indoeuropeos; véase G. Bonfante, «Microcosmos y Macrocosmos en el Mito Indoeuropeo», págs. 1 y sigs.

[5] Según Snorri, cada una de las tres raíces se hunde en un pozo; los más célebres eran el pozo del más sabio de los dioses, Mimir, en el que Odín depositó como prenda su ojo, y el del destino (Urdharbrunnr). Pero es probable que la tradición primitiva hablara de una sola fuente subterránea.

[6] El mismo simbolismo aparece en la columna Irminsul, que, según las creencias de los sajones, sustenta el cielo.

 

Declaración al portal de prensa «THE WILD HUNT» sobre la politización de Asatru por H.U.A.R.

El prestigioso portal de prensa THE WILD HUNT se ha hecho eco del conflicto HUAR vs COE y se ha enviado el siguiente comunicado en inglés :

DECLARACIÓN

JerryLa Comunidad Odinista de España es una denominación religiosa jurídica pagana odinista debidamente registrada como tal por el gobierno español, el cuarto del mundo y la primera fuera de Escandinavia. COE-Ásatrú no es una plataforma virtual en Facebook al igual que otros incluso HUAR. Nuestra comunidad está sujeta por las leyes nacionales que condenan explícitamente el racismo y la xenofobia, y a estas alturas si las acusaciones fueran ciertas, algunos de nosotros ya estaríamos en la cárcel. ¿Está Claro?

Sabemos muy poco acerca de HUAR pero los eventos más recientes nos hacen sospechar una politización clara de esa plataforma, en un claro estilo totalitario «estás con nosotros o contra nosotros», lo que implica un principio de fundamentalismo cuando tratan de forzarnos a un pensamiento único. No todas las personas involucradas en COE son Folkish, pero muchos sí lo son, si hemos sobrevivido hasta ahora y en expansión en todo el país es gracias a nuestra política principal: HABLAMOS DE LO QUE NOS UNE, NO DE LO QUE NOS SEPARA.

El origen de todos los malentendidos se inició a partir de las diferencias profundas entre Esteban Sevilla del kindred Irminsul de Costa Rica y COE-Ásatrú. El Sr. Sevilla estaba comprometido en una seria división que hemos experimentado de nuestro antiguo kindred en Madrid, favoreciendo a las personas que dejaron COE así que las cosas empeoraron cuando sus declaraciones se convirtieron en unos ataques viscerales contra nosotros. Otro conflicto posterior provocó otro ataque del Sr. Sevilla y su «verdad absoluta», lo que le llevó a la descalificación de otros kindreds locales y parece dañar su «carrera» como jefe de los paganos en Costa Rica. Precisamente, fue una de mis respuestas en español, como yo insistí en que si él no podía entender lo que estaba tratando de explicar, iba a tratar de encontrar a alguien para traducirlo en algún dialecto aborigen de su país (una manera de ser conciso, me refiero) así que … bueno … ¡aquí está!, comenzó su caza de brujas y nuestro «racismo».

Antes de juzgar y condenar, HUAR debe preguntar y analizar profundamente otras consecuencias, porque ahora ha creado un enemigo gracias al despecho, la manipulación mediática y las acusaciones obscenas de cierto supuesto “godi” centroamericano, una persona que fue acusada de piratería online por un editor en Nueva York, a la espera de evaluar si lleva el asunto a los tribunales.

Acusamos, que las capturas de pantalla de HUAR son manipulaciones de Esteban Sevilla, simplemente «textos fuera de contexto como pretexto». El artículo sobre el peligro de la islamización de Europa, bastante amplio, se refiere principalmente a los excesos del yihadismo y no de tal religión en sí misma. La captura de pantalla en la que se mencionó específicamente, fue durante el bombardeo de Gaza por el ejército israelí el año pasado e irónicamente nuestro godi tomó una foto y se colgó públicamente (porque no tenemos nada que ocultar y no creemos en la corrección política) con un kipá judío y afirmó que «no sentí nada, bueno ni malo, con eso en mi cabeza», una forma de denunciar la injusticia de algunos que sufrieron durante décadas y actúan indiscriminadamente como verdugos hoy. En nuestros foros internos algunos de nosotros dijimos que este tipo de humor no podía ser bien interpretado, tal como pasó. Y así sucesivamente con el resto… no hay necesidad de dar mayor protagonismo a quien no lo merece.

COE pretendió contactar con HUAR, pero nuestros posts en Facebook eran constantemente suprimidos y algunas personas amigables que cuestionaban en nuestro favor bloqueados sin previo aviso. Así frente a no poder publicar, no tener la oportunidad de defendernos o contactar con ellos, la única y última forma de difundir nuestra palabra era la confrontación pública como así hicimos.

Por otro lado, HUAR no acepta buena ni mala opinión de la facción Folkish en el odinismo. Todo Folkish es simplemente racista para ellos. Nuestro origen y fundación se remonta a los tiempos de Else Christensen que fue prisionera de guerra por los nazis, que también fue acusada de racista por su perspectiva Folkish así que nos sentimos muy orgullosos de esto. HUAR ha perdido el norte, sin duda; con su fundamentalismo, por lo que estamos convencidos de que HUAR no tiene más razón de existir. Paganos (¿en serio?) a la caza de los paganos, es inquisitivo, es obsceno.

Esta es la verdad y mi palabra es HONOR.

Bendiciones!

Jerry da Silva Matz
Gilwellian hinn austræni
Lagman, legal adviser
COE-Ásatrú