Friþus, la carencia de la paz y la venganza de la sangre, en Asatru.

 1374059_10151762281843842_789438309_nEl principio sacral de religiosidad, imponía la obligación de vivir con lealtad al orden natural establecido,  y que las divinidades mantenían  «Ewa», se puede resumir la larguísima casuística que ofrecen las fuentes, señalando que faltaba a esa lealtad quien cometiese actos atentatorios, de violencia o sangre, contra las personas y su dignidad; la vida de ultratumba (p. ej. pillaje de sepulturas); la seguridad de la comunidad campesina (p. ej. robos, incendios); o se condujese una grave conculcación de los derechos comunitarios,  o bien, sacrílegamente, respecto del principio de religiosidad. Este estado de «paz social comunitaria» se denomina Friþus, y es la pieza fundamental de la convivencia en todas las comunidades Odinistas-Asatru. Todas nuestras acciones que se desarrollan en relación al Friþus, tienen que ver con el equilibrio y la sobriedad. Fortalecemos —o debilitamos según sea el caso— nuestras relaciones interpersonales a través de nuestras acciones. Si un pariente sufre, todos sufrimos; cada uno de nosotros se establece como un poste de la valla erigida para proteger el Innangard, que es nuestra familia, nuestro kindred, nuestro santuario.

A.-Godo, Friþus, st. M. (u): «Protección, refugio, paz»; Inglés Antiguo, friþu «paz, tranquilidad, seguridad, refugio», proto-germánico * friþuz «paz, reconciliación», proto-indoeuropeo *prēy-, «gustar, amor». Relacionado con el holandés vrede «paz, tranquilidad, tranquilidad», Frieden alemán «paz, tranquilidad», sueco, Frid «paz, serenidad», Islandés, friður «paz, tranquilidad». Relacionadas todas ellas con el concepto de «libertad».

  1. (arcaico) Paz; seguridad.
  2. (obsoleto) Santuario, asilo.

B.- Medio Inglés Friþusien, antiguo inglés, friþian «dar Friþus a alguien, tener paz con, estar en paz con, proteger, guardar, defender, conservar, observar», Proto-Germánico *friþōną «tener paz, seguridad, protección», Indo-Europeo *prēy-, *prāy- «gustar, amor». Relacionado con el escoto frethe, freith «estar libre, liberar», Danés, frede «tener paz, proteger, lugar cercado, vallado», Sueco, freda «proteger, vallar», Islandés, friða «tener paz, preservar».

  1. (obsoleto) Proteger; Guardar.
  2. (obsoleto) Vallar; Proteger dentro de una verja, dentro de un bosque o un parque.

Antiguo Anglosajón. Fryþ: Paz, libertad amparada por la ley, seguridad garantizada por la ley, todo aquello que está bajo protección especial.

Antiguo Frisón. Fretho, frede, ferd.

Þá þá Engle and Dene tó friðe and tó freóndscipe full: Relaciones amistosas entre los pueblos

Islandés. Fríðr: Sereno, bello.

To gebeorge and to friþe eallum leódscipe: Para la paz y seguridad de todo el pueblo

En alemán es la traducción literal de «Freiheit», pero su significado está en realidad más cerca de la también palabra alemana «Friede», que significa «paz» y es una palabra pre-cristiana de origen germánico, originalmente «Friþus». Se utilizó el término arcaico para significar el período posterior a la terminación de un bloodfeud (venganza de sangre) entre dos clanes germánicos cuando las más suaves, las cualidades femeninas de la Diosa «Freyja» o «Frita» dominaban sobre la guerra. Para lograr esa paz, la parte del clan cuyos miembros habían suscitado la reciente disputa contra otro clan, habían llegado a un acuerdo para entregar una cierta cantidad de carne o pieles de animales. Lo que fue cedida fue llamado «Bot» (buena entrega) o «Botschaft» literalmente: pierna entregada (de la carne), pero en la actualidad, en alemán moderno significa “mensaje”. Es interesante notar que esto es de donde obtenemos el término “barco” en inglés moderno. Al parecer, con el paso del tiempo, el término se ha usado menos para describir lo que estaba siendo entregado y más para describir al mensajero – De aquí, las palabras alemanas modernas “Bote” (mensajero) y “Boot” (barco – que puede ser visualizado como un medio para entregar algo o alguien).

En España hay una expresión popular que resume este concepto: «una mano lava a la otra», Somos complementarios el uno para el otro, los que literalmente terminamos de materializar las obras de los demás.  Nuestra Friþusgard no debe anquilosarse; porque dentro del Friþus buscamos activamente promover la paz entre nosotros. Buscamos inspirar y fomentar los mejores atributos de nosotros mismos para hacer brillar y transformar aquellos que no lo son tanto. Esto requiere un esfuerzo consciente. No es simplemente un «llevarse bien», sino una actitud proactiva en torno a la comunidad. En el Friþus existimos y al actuar al unísono como una sola unidad de voluntad, somos uno solo. Como individuos somos representantes de la personificación y hamingja familiar, pero juntos encarnamos al poder del inconsciente colectivo de nuestra comunidad. El Friþus pues, es el catalizador que nos une con la comunidad y entre nosotros mismos, nos mantendremos unidos mientras conservemos nuestro Friþus.

La pieza esencial en la construcción de ese mecanismo de control y represión social al que llamaremos pues, «Derecho Penal Germánico», fue la figura de la «carencia de paz» o «Friedlosigkeit», es decir del clima social que ya conocemos, llamado «*Friþus[1], Friþus o Fried» y cuya pérdida acarrea la situación de enfrentamiento real entre el delincuente,  su víctima y los grupos de parentesco a que cada uno pertenece, su nombre es «Fehde[2]» «faida», «inimicitia» y actúa de una manera integradora entre los miembros de la sociedad, amparados por el principio de autoayuda en la esfera del Derecho Privado Germánico.

La declaración formal de carencia de paz hecha por los «Kuni, Kindred o  Sippen»,  y en su caso el «Thing o Bund» en la asamblea general, establecía la «Faida» o enemistad, con la proscripción o doble efecto, de privar de protección al inculpado y de abrir contra él una persecución general que—puede—concluir con su muerte, exenta de veregildo o «wergeld», y de venganza contra quien la realice, siempre que se ejecuten en forma que no vulnere ni elimine el principio de publicidad. Esto es tan sumamente importante, que los estudios antropológicos—apoyados por los textos y tradiciones religiosas— han demostrado que la pena de muerte, que nace en este sistema jurídico, tiene el simbolismo de ejecución final de la pérdida de la paz.

En el contexto de la carencia de paz, se sitúa otra acción basada, en el principio de autoayuda. La comunidad familiar y el «Kuni, Kindred o Sippe» de la víctima poseían el derecho subjetivo a ejercer la «venganza de la sangre», «Blutrache», «venganza de sangre», contra el agresor y sus círculos socio-familiares análogos.  Esa reacción no tiene que ser necesariamente contemporánea al hecho (acto flagrante) sino específicamente posterior (acto no flagrante). La venganza de la sangre puede coincidir con la proscripción, o cerrarse con actuaciones más livianas cuando se trata de delitos leves.

El proscrito no es nunca ni una mujer (salvo excepción coincidente de los derechos noruego, islandés y español[3]) ni el que sólo recibe una corrección moral, ni el autor de delitos leves. Su situación jurídica se equipara a un animal dañino, (que se personifica a efectos simbólicos en el lobo) y aunque queda excluido de la convivencia pacífica v vive bajo amenaza constante de muerte, mientras esta no se produzca, subsiste alrededor suyo un mínimo círculo de actos y relaciones dotados de eficacia jurídica. Contra la opinión de la germanística antigua, se admite hoy que respecto del «enemigo» perduraron sus lazos recíprocos familiares y no es excluido plenamente de la herencia; conserva en principio la «Gewere» de los bienes que se ve obligado a abandonar (aunque sean objeto de destrucción o apropiación por parte de la colectividad, en tanto la situación dure, pues el fugitivo no puede usar aquella corporalmente); le es accesible el matrimonio por rapto; es frecuente que se integre en una «Gefolgschaft[4]»;  y puede defenderse, aunque no apelando a los mecanismos normales de convocatoria general, que obviamente serían ineficaces en su caso.

Esta no exclusión absoluta respecto de la comunidad familiar y de la «Sippe», explica la extensión a éstas de la responsabilidad por los actos del «enemigo» que es miembro suyo. Esa situación es la llamada «responsabilidad colectiva germánica» y tiene como fundamento lograr el mayor grado posible de aislamiento del «enemigo» coaccionando a su entorno con la elección entre apoyar al autor responsabilizándose junto con el criminal mismo, o entregarle, liberándose de esa culpabilidad. La enemistad, que originariamente era perpetua se solía limitar a un plazo de veinte años, transcurridos los cuales, caduca la posibilidad de dar caza al enemigo sin asumir veregildo ni venganza, pero cabe la posibilidad de restauración de la paz mediante otro acto formal similar al que la suspendió y cuyos efectos son la renuncia a la venganza armada y la aceptación del resarcimiento por parte del «Thing o Bund»

La cristianización operó sobre estos principios, en pugna no siempre exitosa, con el Derecho consuetudinario. Tratando de retraer el derecho de justicia personal al propio pueblo, se tendió a restringir la muerte del proscrito a los actos flagrantes y al chocar con la resistencia social, se introdujo el derecho de asilo en las iglesias, actuando éstas como elementos antagonistas a la antigua tradición, como recurso de limitación a la ejecución de penas, tanto mortales, como lesivas corporalmente. A su vez los monarcas, asumiendo la representación de la comunidad general o «Thing o Bund» reclamaron la exclusividad en la declaración de proscripción o enemistad, ya fuese dictándola casuísticamente mediante la expulsión de personas concretas del territorio que gobernaban («ira regia», «airar»), ya haciendo depender de autoridad o confirmación de los preceptos que la imponían en espacios geográficos concretos.

El resultado de esas tendencias fue la descomposición de la proscripción en una serie de medidas sustitutorias, no alternativas, de carácter punitivo, tanto corporal (mutilaciones) como de privación de libertad (servidumbre penal en favor de la víctima) o económico (confiscación de bienes). Es también cuestión enanamente aceptada en la antropología germánica, el alcance de la perduración de mentalidades sacrales, residuales, precristianas, en la elección y práctica de las penas aplicadas. En la cultura germánica el hecho de defender el espacio de un orden dado, es fundamental, con lo que se refuerza el carácter sacral y cósmico del mismo. La cristianización y el crecimiento espectacular de la presencia jurídico-pública en el ejercicio del control y represión social serán los principales factores evolutivos y transformadores de los criterios y prácticas punitivas germánicas ancestrales. Friþus es traducido a menudo como «paz». El significado completo de Friþus no solo abarca la paz sino que se extiende mucho más allá de ella, para cubrir una gran parte de las bases más importantes y esenciales de la vida social germánica, especialmente enlazada en lo más íntimo de las sociedades  «tradicional». Una descripción completa del concepto de Friþus mostrará que « paz» no es idéntica a Friþus; más bien, la paz como la entendemos, es generalmente una de las consecuencias de que una sociedad posea el Friþus, es resultado del Friþus, la señal de su cumplimiento. La paz social es independiente del Friþus.

Tres raíces tienen el Friþus por el que se alimenta.

1.-El parentesco y los linajes. La idea de Friþus está muy estrechamente ligado al parentesco – parentesco de sangre, en particular – y luego al parentesco por matrimonio, adopción y acogimiento. Las palabras Friþus y sib se usan indistintamente para describir el estado de bienestar de las personas involucradas en una relación parentela, y podemos ver fácilmente la conexión en el uso moderno del término hermano para indicar un hermano o hermana. El término Friþus no se limitó a indicar el hecho material de consanguinidad entre los vivos, sino con los antepasados ya fallecidos y los descendientes que aún no habían nacido. Un buen Friþus siempre era el resultado de una buena Hamingja, que contribuía decisivamente en el mismo. Un antepasado que hubiera tenido un mal comportamiento, genera una mala Friþus para sus sucesores.

Esto es lo que habla Égil Skallagrimsson sobre la muerte en el mar de su hijo al expresar este sentimiento de la unidad de la estirpe:

La mar me ha causado pérdida irreparable qué triste es contar la muerte de un hijo; era escudo de mi estirpe, echó a andar por la senda que conduce a la alta mansión de los muertos.

La unidad de la parentela no fue un mero concepto ideal; fue practicada y ejecutada como una cuestión de rutina en la vida cotidiana, y el nombre de este concepto con muchas facetas era Friþus. «Friþus es algo activo, no sólo une a los parientes entre sí, sino que obliga mediante condicionantes de orden moral a apoyar la causa el uno al otro, ayuda y soporte son mutuos, la confianza entre sí … La responsabilidad es absoluta, porque los parientes son, literalmente, los hacedores de los hechos de los demás ». (Groenbech, Vol I, pp. 42-43)

2.- la Gefolgschaft. La relación de lealtad creada entre un señor y sus guerreros.
Se estructuró como una forma para asegurar el mejor, pero aún poco desarrollado el principio de articulación social. No hubo nunca una nobleza de sangre entre los germanos. Los seguidores de los líderes militares eran hombres jóvenes en su mayoría libres que se unían al Munt[5]  de un líder, donde eran asesorados y ayudados, sobre todo para aprender el arte de la guerra, siendo entrenados en la protección y mantenimiento de la paz comunitaria ante agresiones exteriores. La legitimación reside aquí en características personales como la valentía, la riqueza, la confianza y en la capacidad de liderazgo y menos en la familia de origen. Si posteriormente llegó a ser así, fue por la acumulación de poder y riquezas dentro del conjunto de una familia dada a través de generaciones. Sin embargo, este Gefolgsverhältnis para pasar de generación en generación, tenía que ser confirmada por un nuevo juramento de lealtad. Esto ocurrió hasta bien entrada la Edad Moderna, cuando las personas no se consideraban como ciudadanos o como miembros de una nación, sino como súbditos de los gobernantes en el poder en ese momento.

Debido al mundo violento, inseguro y amenazante en el que vivían nuestros antepasados germánicos, en los lugares y momentos más importantes de su historia, pusieron gran énfasis en una relación estrecha y leal entre el líder y el folk. Esto llegó a su máxima expresión en la relación entre un líder guerrero juramentado y su séquito; a pesar de que también se aplica a los jefes en tiempos de paz, los reyes y otros líderes. Esta relación entre el señor y sus hombres fue alabada con frecuencia en la poesía heroica y sagas antiguas, de modo que tenemos un buen registro de lo que esto significaba para ellos. El Friþus entre el señor y sus seguidores se expresó de la misma manera como el Friþus en el parentesco: había obligaciones y beneficios mutuos, incluyendo el requisito de que el hombre respetara a su señor y el señor no le castigase o privar a sus hombres de algo injustamente. En esencia, el señor debía a sus hombres su medio de vida, mientras que ellos le debían al Señor la seguridad de su vida. En las condiciones sociales presentes en aquellos tiempos, nadie podría sobrevivir de manera segura y cómodamente sin el otro; de ahí la importancia de establecer y mantener vínculos de confianza y Friþus entre ellos. Esto fue a menudo reforzado por el hecho de que muchos miembros de la Gefolge no eran parientes. De los hombres que han jurado lealtad a un señor se espera igualmente de ellos que mantengan la paz y la mutuamente. La literatura anglosajona es rica en referencias al Halldream, la «alegría de la sala», donde existía una profunda Friþus entre los miembros de una Gefolgschaft u otro grupo juramentado, sentado alegremente en la sala del señor, muy compenetrados por la alegría y la seguridad existente dentro de los hogares de las familias y sus linajes. La mayor desgracia posible para un hombre era abandonar el campo de batalla donde se hallaba su señor y su mayor gloria era defenderlo hasta con su propia vida, en la batalla de Maldon es destacable la exaltación de la voluntad nunca doblegada, porque muestra que el motivo más fuerte en una sociedad germánica era todavía, nueve siglos después de Tácito, una absoluta e incuestionable lealtad a su señor.

  1. A. J. Bradley interpreta el poema como un homenaje al puro heroísmo; nada se ganó con la batalla, más bien al contrario, no solo murió Byrhtnoth, «un siervo distinguido de la Corona y protector», sino muchos de sus hombres en la derrota, y a pesar de ello se pagó el Danegeld poco después. El poema trata de cómo los hombres se alzan cuando las cosas van mal. Varios críticos han comentado la preservación en el poema de un ideal germánico de heroísmo centenario:

“Hyge será el más duro, de corazón más animoso,
Mod será más grande, al tiempo que los nuestros menguan.
Aquí yace nuestro Ealdor, todo destrozado,
Buen hombre en el suelo;
Nunca se arrepentirá.
a quien esta guerra,
ha llevado tan lejos
tengo amplia sabiduría,
no voy a abandonar, sino estaré al lado de mi señor,
por tan querido hombre, pienso sacrificarme a mí mismo”.
Líneas 312-319;

Tácito describe esta institución con cierto detalle, y parece ya tan asentada a finales del siglo I que hemos de pensar que su periodo formativo terminó tiempo antes, seguramente más de un siglo atrás. Podemos definir la Gefolge como una agrupación estable de guerreros comandada por un jefe, el Gefolgeinaz, que no sólo los dirigía en el combate sino que era también su líder en las cuestiones políticas y económicas y, seguramente, también en las religiosas. La institución se mantuvo casi intacta mientras existió la cultura tradicional germánica, aunque en algunos lugares pasó a denominarse de otra forma. En la Inglaterra anglosajona se llamaba hierd término que propiamente significa «grupo familiar», y la institución tenía ciertamente carácter de sustituto de la familia consanguínea. En los tiempos finales de la Escandinavia vikinga se adoptó ese nombre inglés, en su forma nórdica hirð, quizá porque la institución de la monarquía había adquirido gran importancia y el término anglosajón había llegado a hacerse equivalente de «guardia personal» de un monarca.

Antes de ese cambio, los escandinavos se referían a su Gefolge con un nombre que también es de antigua raigambre germánica: lið. Esta palabra está emparentada con la alemana Leute, «gente», y tiene equivalentes en las lenguas bálticas y eslavas. En latín la palabra equivalente es liber, «libre», porque llegar a cierta edad implicaba el pleno estatus de «hombre libre». Su significado original era «el que ha alcanzado la madurez», es decir, el que ha llegado a esa edad en la que, además de ciertos derechos y deberes políticos, económicos, familiares, etc., se está en disposición de participar en la guerra.

Podía extenderse su significado al de «ejército», pero la existencia de otro término, hari, apunta a que había una distinción sistemática entre esa unidad pequeña y seguramente estable y las grandes formaciones surgidas de las agrupaciones temporales de varias tribus para enfrentarse a una amenaza mayor de lo habitual: hari se refiere a la totalidad de las personas capaces de llevar armas y de participar en la asamblea. Otro término que hacía referencia a una formación simultáneamente militar y política es folk, de donde se derivan el inglés folk o el alemán Volk, ambos con el significado de «pueblo», pero también el antiguo nórdico fylke, «formación militar, columna». Probablemente, un «ejército» germánico y luego escandinavo estaba integrado por guerreros asociados en un lið, y varias de estas agrupaciones formaban un fylke, que finalmente, constituían la totalidad de un hari.

El caso es que el lið era un grupo estable de guerreros. A diferencia del resto de las instituciones germánicas, no estaba totalmente ligado a la pertenencia a una familia o un clan: de hecho, el comitatus, Gefolge, hierd o lið era ahora la «nueva familia» de sus miembros9. Resulta que en varios lugares del mundo germánico hay restos arqueológicos de lo que podrían ser poblados organizados sobre la base de esta institución.

3.-Las relaciones entre el pueblo en su conjunto y sus Dioses.
El comportamiento del Friþus era una señal muy importante de respeto y fidelidad por parte de nuestros antepasados hacia sus dioses, diosas, espíritus de la tierra, y sus dises ancestrales y elfos. Esto es atestiguado por la prevalencia de “Friþusgard” en todas partes en que los pueblos germánicos se asentaron, y se mencionan a menudo en la literatura de la época.

Los Friþusgard debían ser santificados en varios aspectos, el principal es que no se permitió el derramamiento de sangre, peleas o riñas grave. Un ejemplo bien conocido de la conducta requerida en un Friþusgard se da en Saga Eyrbyggja, Capítulo 4. El Thing se llevó a cabo al pie de la montaña, en el lugar donde Thórólf había desembarcado y colocado un pilar en honor a Thor. Ni derramamiento de sangre ni excrementos estaban permitidos en la zona, los asistentes tuvieron que irse a una roca en el mar para hacer sus necesidades. (De hecho, el mismo término utilizado para «aliviarse a sí mismo» significa literalmente «ir a expulsar a los elfos») Una vez más, el Friþus lo vemos encuadrado en el contexto del kindred— y los juramentos— el establecimiento y mantenimiento de la palabra dada, ligados al Friþus y a los Dioses. Pero que sin embargo podrían también dar lugar a la violencia y la muerte si se rompen.

Tanto los espacios del Friþus temporales como los permanentes fueron utilizados por nuestros antepasados. Los temporales eran por lo general los Things y el Friþus se mantuvo allí tanto para honrar a las deidades y a la asamblea, cuando se producía. Los permanentes, a menudo llamados Friþusgard, se asocian generalmente con un templo, u otro lugar sagrado, como un pozo o un árbol sagrado. Los Friþusgard eran frecuentemente hofs y no sólo dedicados a las principales deidades, sino también, y tal vez incluso más comúnmente, a los “menores” espíritus sagrados como Disir y Elfos. El Friþus comprende no sólo la ausencia de lucha, sino también los lazos de lealtad. La importancia central de Friþusgard a paganos de adoración es ejemplificado por el hecho de que siglos después de los países germánicos fueron supuestamente cristianizados, reyes y líderes de la iglesia todavía encontraron necesario promulgar leyes y sanciones estrictas contra de tener y visitar «recintos de paz» en la propia propiedad o cualquier otro lugar. Un ejemplo es el decimosexto Derecho Canónico promulgado bajo el rey Edgar de Inglaterra (939 a 946), a unos 300 años en el período de la dominación cristiana:

 «Y nosotros ordenamos, que cada sacerdote … extinguir totalmente el paganismo, y lo que queda del culto, y el espiritismo, y adivinaciones y agüeros, y adoradores de ídolos, y las prácticas vanas que se llevan adelante con varios hechizos, y los recintos de paz  y con los ancianos (el árbol), y también con otros árboles, y con piedras …. » Incluso con una enorme presión eclesial impuesta en contra de la práctica, a lo largo de muchas generaciones, el pueblo todavía mantiene y venera a sus Friþusgard. La iglesia cristiana vio claramente la práctica de tener “recintos de paz” como evidencia de una actitud peligrosamente Odínica. El espacio del Friþus no sólo tenía la intención de ser un lugar donde se aplicó la paz. También fue un recordatorio y un compromiso con el hecho de que la comunidad está en una relación con sus deidades y espíritus: una relación de Friþus, que implica la confianza, el respeto, el beneficio mutuo y obligaciones mutuos, incluyendo pero no limitado a comportarse de manera correcta hacia la otra parte.

En resumen… Groenbech nos dice que “Si la palabra siempre llevaba la marca de la influencia transformadora del cristianismo y el humanismo, a través de la antigua religión germánica, esta palabra es «Friþus».  Si nos fijamos bien en el significado más antiguo de la palabra, encontraremos algo más severo; una firmeza que ahora ha dado lugar a la debilidad. El Friþus de días anteriores era menos pasivo que ahora, con menos dosis de sumisión y más voluntad de pertenencia a la comunidad. Así mismo ahora también falta un elemento de pasión que en el mundo moderno se ha sumergido en el quietismo”. (Vol. I, p. 33)

En esencia, Friþus es una presencia. No es la ausencia de la lucha; sino que llena los espacios entre las personas con algo que es más fuerte y más importante, más significativo, que la contienda. Ese «algo» que llena los espacios, el Friþus: una relación estrechamente tejida con un patrón distintivo de la misma. Si el Friþus no era más que una ausencia de lucha, no podríamos hablar del espíritu tejedor del Friþus: ¿cómo se teje un vacío? Tejemos una tela, llenando el espacio vacío con el tejido, que es nuestra vida, y la dotamos de resistencia a la tensión que se crea por el cruce de muchos hilos en un fuerte conjunto. Los conflictos pueden ocurrir entre personas que tienen Friþus común, aunque es necesario ajustar límites a la gravedad de situación. La contienda es un componente natural de la existencia: considerar su conexión lingüística de la palabra “esforzarse”, una palabra que expresa sus dos significados: interés por arreglar algo y la energía que ponemos en ello. Los conflictos sólo se vuelven peligrosos cuando no hay Friþus, ninguna relación de compromiso con las normas y pautas de comportamiento reconocidos, para controlar y contrabalancear a la misma dentro de la comunidad.

Fehde.

El término «enemistad» es una institución jurídica, que desde la temprana Edad Media a la Edad Moderna regula los incumplimientos de la ley a la exclusión de uno de las partes de un conflicto entre personas de una determinada comunidad, directamente entre la víctima y el autor del daño causado. El Fehde solo tuvo regulación jurídica entre los hombres libres. Las acciones de un siervo se atribuyeron a su amo. En la actualidad la venganza de sangre se ha equiparado con el Fehde, y ésta venganza de sangre sólo fue el último recurso de la resolución de conflictos dentro del Fehde si la compensación por daños no resultó satisfactoria por la parta afectada y así cerrar el conflicto

El término Fehde tiene una connotación negativa dentro del sentido actual de la justicia que hay en los Estados modernos que tienen en sus manos el monopolio del poder,  y el estado de derecho que rige las relaciones entre  el mismo y los ciudadanos y entre ellos mismos, ha arrancado este poder del ofendido por un delito, castigando duramente este concepto tradicional, y dando lugar a la impunidad que reina en los estados occidentales, donde la justicia está solo al alcance de los ricos y poderosos, es decir, de la casta política y financiera que controla nuestra sociedad. Mientras que los más desfavorecidos son frecuentemente perjudicados por la administración de justicia, hoy en día la administración de justicia se ha convertido en una cuestión radicalmente económica y de influencias, que quien tiene recursos la solventa favorablemente y quien no sale perjudicado.  Un político puede robar millones de Euros impunemente, mientras que alguien que roba una barra de pan puede ser condenado a varios años de prisión.

En términos funcionales, la institución de sanciones monetarias penales, a pagar por los parientes del infractor a la parentela de la víctima, debe ser juzgado, no principalmente por el grado en que sirvió para disuadir o castigar o para compensar el crimen cometido, sino principalmente por la medida en que sirve para prevenir venganzas interfamiliares y, más particularmente, por la medida en que facilita la negociación y la mediación entre las familias hostiles. Ideológicamente, sin embargo, tanto la institución de la venganza de sangre y la institución de la compensación monetaria como un sustituto de la venganza de sangre deben ser explicadas, en las sociedades germánicas, por el alto valor que se concede en el honor como un medio de ganar gloria (lof ” alabanza “) en un mundo dominado por la guerra entre dioses y por un destino hostil y arbitrario (wyrd). El honor, para el hombre germánico, significaba “desagraviarse”; sólo por conseguir vencer las fuerzas de la oscuridad que rodeaba su vida. Se generó un sistema de pagos fijos según la falta cometida. Tanto si ganó por las ofensas recibidas, como si perdió por haber tenido que compensar a otras personas… Por lo tanto el bot fue, en sus orígenes, esencialmente punitivo y sólo secundariamente compensatoria. Era el castigo impuesto por un grupo de familias o parientes sobre otra. El reto para la aplicación del lof era especialmente complicado en los casos de homicidio, porque los muertos nunca pudieron recuperar su propio honor perdido; el deber descansó enteramente en sus parientes, cuyo primer instinto fue recurrir a la venganza. Originalmente, la vida o la integridad física del agresor sí mismo, o de otro miembro de su casa, o si el delito se hubiese causado por un agente no humano como un animal o un árbol, el agente agresor sí podría ser requerido para practicarle un decomiso (la llamada rendición noxal). La sustitución del sistema de la violencia física por éste de tasas fijas de pago confirió dignidad y prestigio a este método de compensación, pero sin alterar la razón básica de su objetivo, que era la redención del honor de la familia y el parentesco.

Bot y wer fueron por lo tanto relacionados con el Mund, que era la protección extendida por el hogar a las personas y grupos asociados a ella, y Friþ, que era la paz del hogar.  Los Mund y Friþ del rey eran como los de cualquier otro hombre, sólo que mejor. Las leyes de Ethelbert, por ejemplo, establecían siempre que mundbyrd del rey, es decir, la pena por violar Mund del rey, debe ser de cincuenta chelines y el mundbyrd de un plebeyo, de un «ceorl» era de seis shillings. Si el Mund era violado, el bot o wer debía pagarse, cuando, por ejemplo, si un extraño se acostaba con una sirvienta de la casa o mataba a alguien en las instalaciones de la misma. En estrecha relación con bot y wer y Mund y Friþ eran otras tres instituciones jurídicas Germánicas: el fiador (Borh), la prenda (wed), y el secuestro. Un pariente podría actuar como garante de un hombre que estuvo de acuerdo pagar el  wer pero no pudo pagar la cantidad completa de una sola vez; o el deudor puede dar un objeto valorado como prenda; o podría enviar un rehén para vivir y trabajar en el hogar enemigo hasta que pagara el precio. Todos estos dispositivos legales reflejaban tanto la solidaridad de la familia y la sustitución del tributo de venganza en las luchas entre hogares o entre clanes.

La resolución de disputas por venganza de sangre por las negociaciones entre clanes, los pueblos germánicos desde los tiempos más remotos celebraron asambleas públicas (Thing) para conocer y resolver disputas. Sin embargo, la jurisdicción en la mayoría de los casos dependía del consentimiento de las partes. Incluso si consentían en ser tratados, la asamblea o Thing, generalmente no podía obligarlos a someterse a su decisión. Así, el procedimiento de la disputa tuvo que ser asumido por las dos partes, para ayudar a crear, un grado suficiente de confianza entre las mismas para permitir que el sistema funcione, así como el procedimiento para las negociaciones entre clanes, con su dependencia de avales, prendas, y rehenes, tuvo que asumir, y para ayudar a crear, un grado de confianza tal que permitiera su resolución. Sin embargo, es evidente que tanto el juicio ante la asamblea y los negociaciones entre las familias o clanes eran intensamente hostiles en su carácter. «Las dos partes se enfrentaron con hostilidad implacable, decididos a no hacer ninguna concesión, ni perdonar y olvidar nada».

La relación polar entre la venganza (venganza de sangre) y pacificación (reparación de la venganza de sangre) en la ley popular germánica es un ejemplo de la intensa dialéctica de la desconfianza y la confianza que existe en el parentesco en las sociedades contemporáneas. Cada familia genera unas relaciones con un determinado conjunto de derechos y deberes, mientras que la falta de relación familiar… define enemistad”. Hay ya sea completa confianza o desconfianza completa. Uno establece uno de los brazos, renuncia a la magia, y da todo lejos, de la hospitalidad casual a uno de la hija o la propiedad de uno.

En la sociedad germana, el síndrome de la “confianza-desconfianza” estaba estrechamente relacionado con la creencia predominante en un destino arbitrario, y esta creencia, a su vez, se refleja sobre todo en el uso de la prueba como método principal de la prueba legal. Los dos tipos principales de prueba fueron las de fuego y el agua, el primero para las personas de más alto rango, el último, de la gente común. Originalmente, se trataba de invocaciones a los Dioses que representaban el fuego y el agua, respectivamente. Los procesados por el fuego caminaban con los ojos vendados o descalzos, sobre rejas de arado brillante al rojo vivo, o se colocaban hierros candentes en sus manos, y si sus quemaduras sanaban adecuadamente eran exonerados.

Las pruebas por agua se llevaban a cabo en agua fría o en agua caliente. En el agua fría, el sospechoso fue declarado culpable si su cuerpo era llevado por el agua contrariamente al curso de la naturaleza, lo que demuestra que los Dioses, representados por el agua no le aceptaban. En el agua caliente que se le consideraba inocente si después de poner los brazos y las piernas desnudas en el agua hirviendo que salía ileso… En cualquier caso, hubo una considerable resistencia a la abolición de las pruebas en el siglo XIII.

El Holmgang[6]  fue un ejemplo característico, de la «mezcla de lo sagrado y lo profano», una «difuminación de la frontera entre lo objetivo y lo subjetivo en la experiencia humana». Se basaba en un sagrado y dramática rito para determinar el juicio de los Dioses; Era una solución donde se mezclaba la fuerza física, el valor, las practicas mágicas junto con el designio final del destino de cada oponente. El sistema probatorio tipo ordalía, fue combinado con, y alguna veces reemplazado por pruebas por juramentos rituales. Estos juramentos abrían la sesión del Thing que trataba estos conflictos entre particulares, el Thing entonces decidía a que parte le permitía realizar el juramento de prueba, acordando el día donde estarían las dos partes dispuestas, acompañadas de un determinado número de testigos. El alcance de dichos juramentos estaba determinado por su wer y el tipo de ofensa tratada.

[1] Friþus, godo., st. M. (u): Protección, refugio, paz.

[2] Enemistad

[3] Esta característica recogida en el corpus jurídico español tiene sus raíces en nuestra tradición germánica representada por los visigodos y es característica del grupo de pueblos germánicos de este, como vándalos y gépidos.

[4] Institución basada en el vínculo personal de fidelidad directa y personal establecido entre un jefe y sus guerreros, de los segundos al primero. (También denominada séquito o comitatus

[5] Conocido por las fuentes romanizadas como mundium, era el equivalente germánico al pater familias latino, es decir, a la potestad jurídicamente atribuida al cabeza de familia sobre el círculo de miembros que la integran. El Munt, en particular, se atribuía al jefe de la Sippe sobre todos sus componentes, otorgándole un poder que iba mucho más lejos que la simple patria potestad del Derecho romano, tanto en la potestad concedida, como en el grado de intervención intuitiva sobre el colectivo bajo su Munt. El Munt básicamente es el liderazgo de un familiar, que ejerce sobre una familia, que se entiende como todas las personas relacionadas por la sangre a este líder, ejercida sobre todos y cada uno de los miembros de la familia. La responsabilidad del líder está más orientada a la familia en su conjunto que hacia cada miembro individualmente. El Munt se manifiesta como un poder disciplinario sobre los miembros de la familia, Así, el guardián del Munt puede prohibir a un miembro de la familia ciertas actuaciones. En este aspecto, se trata de un poder coercitivo, una autoridad, pero no entendida como la auctoritas romana. Es también su responsabilidad defender el bienestar de la familia y protegerla de todos los peligros y delitos (ya sean contra el cuerpo o el honor). El Munt se considera una responsabilidad más que una obligación reglada legalmente.

[6] Holmgang (en Nórdico antiguo e islandés moderno: Holmgang; en sueco: holmgång) era una forma de duelo practicado en el siglo VIII y principios de la Edad Media escandinava. Era una forma aceptada socialmente de resolver disputas. Los primeros holmgång probablemente finalizaban con la muerte o incapacidad de uno de los combatientes. Matar al contrincante no se consideraba homicidio y no era motivo para ser proscrito o pagar un wergeld. Más tarde, las normas tomaron un rumbo más ritual.

Ernust
Ufargoði

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