PAGANISMO INDOEUROPEO

ie1Los indoeuropeos usábamos desde tiempos ancestrales un esquema ideológico trifuncional para representar  las distintas realidades en el mundo:

1.-LAS TRES FUNCIONES
Los indoeuropeos acostumbran a clasificar la realidad entera según un esquema trifuncional, por lo que es posible hallar con frecuencia en los textos indoeuropeos listas organizadas según las tres funciones. Por ejemplo, un rey engendra tres hijos: Uno de ellos tiene cualidades para ejercer el poder, otro para comandar la armada y un tercero que no sirve para nada porque es esclavo de la comida y la bebida. O por ejemplo, cuando los dioses envían tres objetos a un pueblo indoeuropeo:

-un cáliz (que simboliza el poder espiritual o religioso)
-una lanza (símbolo de la guerra)
-un arado (técnica agrícola) para que destaquen sobre los demás en los tres ámbitos.

 En la conocida leyenda griega de Paris se ofrecen tres dones: El imperio más extenso (primera función), la supremacía en la guerra (segunda función) y la mujer más bella del mundo (tercera función). Ejemplos semejantes de división trifuncional de la realidad se encuentran por docenas en la mitología indoeuropea en mitos, cuentos, libros de Historia, epopeyas, etc. Veamos pues, tras estas citas la definición precisa de cada uno de los ámbitos mencionados.

 2.- LA PRIMERA FUNCION

La primera función hace referencia al poder y a la autoridad. A menudo se subdivide en dos áreas:

-Poder político
-Poder espiritual.

WodanLas personas, objetos, ideas o realidades vinculadas a cualquier tipo de poder o autoridad caen en el ámbito de la primera función. Hagamos una lista: El rey, la corona, el palacio, el pontífice, el cáliz, el templo, la ley, el derecho, la religión, la ciencia, la magia, la oración, el imperio, el juez, …

Las sociedades indoeuropeas tuvieron evoluciones dispares y por ello la importancia de cada subdivisión no coincide en todas ellas, pero el mínimo común denominador e idea central de la primera función es la realeza.

El rey es el protegido de los dioses (incluso de su misma sangre a veces), la realeza es de naturaleza sobrenatural y por ello no está al alcance de cualquiera. Veamos un par de textos a modo de ejemplo: En el primero veremos al rey indio Yudhistira, hijo del dios supremo Dharma, que ha sido destronado y desterrado, con la condición de que si en trece años de destierro logra que nadie lo reconozca, podrá volver y reclamar su trono.

Transcurridos doce años sin noticia alguna del desterrado, el nerviosismo se apodera de quien lo destronó. Entonces su consejero le dice que resultará fácil localizar al depuesto rey ya que la virtud que emana de él es capaz de contagiar todo su entorno y transformarlo[1]:

Nada malo puede suceder a los reyes de las provincias del país donde vive Yudhistira. Donde él viva la gente será caritativa, generosa, humilde y sencilla. En el país donde viva Yudhistira, sus habitantes serán bien educados, de palabra amable, amantes de la verdad, bien humorados, bien alimentados, limpios y laboriosos. No habrá entre ellos individuos malvados, envidiosos fatuos o egoístas, sino que bien al contrario, cada cual se ocupará de sus asuntos. Allá donde viva abundarán las oraciones silenciosas y las libaciones derramadas, así como las ofrendas y las limosnas dadas a los brahmanes. Allí, sin duda, las nubes derramarán lluvias generosas, y tal reino será valiente y recogerá abundantes cosechas. No faltará grano al arroz ni zumo a las frutas, las guirnaldas de flores serán perfumadas y las charlas de los hombres llenas de bellas palabras. Las brisas serán agradables, las visitas sin incidentes, y el miedo no podrá habitar allí donde resida Yudhistira. Allí abundarán las vacas, que no serán ni débiles ni flacas. La leche, la cuajada y la mantequilla serán sabrosas y nutricias. Toda clase de granos serán colmados y todos los alimentos llenos de sabor allá donde viva Yudhistira. Todas las cosas que se refieren a los sentidos,- sabores, tactos, olores, sonidos-, estarán llenos de hermosura allá donde él resida. En el país donde viva Yudhistira los paisajes y las vistas serán agradables. Los dos veces nacidos (?) cumplirán las normas morales y los principios que las inspiran. A lo largo de este decimotercer año allá donde viven los Pandava la gente se mostrará alegre y contenta, limpia, constante, entregada a los dioses de todo corazón y muy hospitalaria. Gustarán de dar y cada cual cuidará su dharma llenos de vigor. Odiarán el mal y amarán el bien, harán continuos sacrificios con un espíritu puro, así serán las gentes del país donde habite Yudhistira.

Rechazarán la palabra engañosa y no tendrán más deseo que lograr las ventajas del hombre virtuoso que no quiere más que las cosas que son motivo de alegría y felicidad. Dispuestos a hacer el bien, los corazones se dirigirán siempre hacia la virtud, los deseos serán agradables y su objetivo más deseado será el logro de méritos religiosos.

Sin embargo, si alguna vez sucede que el pueblo depone al rey puesto por los dioses y pone a otro de su gusto para disgusto de éstos, el panorama se invierte. El siguiente texto legendario nos habla de la rebelión de los attacot o agricultores, acaecida en Irlanda[2] :

Los attacot lograron imponerse totalmente a los nobles de Irlanda y los aniquilaron, salvo a unos pocos que lograron esquivar la carnicería. A continuación pusieron como rey a Cairbré Caitcheann, uno de su misma raza. Estos fueron los tres nobles que sobrevivieron a la matanza,…

La situación de Irlanda se tornó terrible en tiempos del tal Cairbré, porque la tierra negó sus frutos a los attacot tras la carnicería que hicieron con los nobles de Irlanda. Así, el mijo, los frutos y los productos de Irlanda fueron yermos, porque sólo había un grano en cada espiga, sólo una bellota en cada roble, sólo una avellana en cada avellano. Los puertos vacíos, las vacas sin leche, la hambruna se apoderó de Irlanda durante los cinco años que duró el reinado de Cairbré. Luego que murió éste los attacot ofrecieron el trono a su hijo Morann Cairbré. Siendo éste un hombre culto e ilustrado, contestó que no podía aceptarlo porque carecía de derechos sucesorios. Más aún, predijo que la hambruna y la escasez no desaparecerían hasta enviara alguien a rescatar del destierro a los legítimos sucesores de la realeza… Luego trajeron de vuelta a los nobles y los attacot les juraron obediencia a ellos y a sus sucesores, sobre el Cielo, la Tierra, el Sol, la Luna y todos los elementos, por todo el tiempo en que Irlanda permaneciera rodeada por el mar.

Por supuesto, tras reponer al legítimo rey las cosas cambiaron radicalmente[3]:

Año 15 de la era de nuestro señor Jesucristo. Primer año del reinado en Irlanda de Fearadhach Finnfeachtnach. Las cosas fueron bien en su tiempo. Las estaciones fueron regulares, la tierra dio frutos, los ríos abundaban en peces, las ubres llenas de leche, los árboles frondosos y con anchas cúpulas.

Dejemos por un momento la realeza y vayamos a la Roma republicana. Veremos que incluso en un contexto sin monarquía y con elecciones, el poder sigue estando reservado a los representantes de la primera función[4]:

He aquí los hechos del año: Llegaba el tiempo de elegir a los tribunos militares, y ello causó casi más trabajos a los Padres que la propia guerra, porque se daban cuenta que casi más que compartir el poder absoluto con el pueblo, éste se lo había arrebatado. Entonces, tras elegir prudentemente como candidatos a personas reputadas,- tan reputadas que sería un escándalo que no fueran elegidas-, se enfrascaron todos en la cuestión como si cada uno de ellos fuera el propio candidato, no renunciando al uso de ninguna arma y recurriendo tanto a los hombres como a los dioses al querer sembrar un miedo religioso en torno a lo sucedido en las elecciones de los dos años anteriores: “El primer año el invierno fue tan insoportable que verdaderamente parecía una señal del Cielo. Y al año siguiente, la señal se tornó realidad y la epidemia se extendió en el país y en la propia Roma,- indiscutiblemente a causa del enfado de los dioses-, y no desapareció hasta que no fueron expuestos los Libros del Destino para aplacarlos. Dado que las elecciones se celebraban bajo el auspicio de los dioses, éstos no admitían que aquellas sirvieran para dejar los cargos en manos del pueblo invirtiendo la jerarquía social”. Tanto la dignidad de los candidatos como el miedo religioso influyeron en los electores que finalmente eligieron para desempeñar las labores de cónsul en su totalidad a tribunos militares presentados por los patricios y entre estos además a candidatos que habían ocupado ya tal puesto con mayor frecuencia: Lucius Valerius Potitus por quinta vez, …

Durante el mandato de éstos nada reseñable ocurrió en Veies: nuestras fuerzas prosiguieron sus pillajes. Dos de nuestros generales, Potitus en Faleries y Camillus en Capene se hicieron con magníficos botines no dejando en pie nada que el fuego o el hierro pudieran destruir.

Por tanto, la condición primera para el ejercicio del poder político, es la de ser el favorito de los dioses,- condición derivada de la sangre-. Sin en embargo, se necesita algo más que el “pedigree”, ya que la ideología indoeuropea exige otras tres condiciones a los personajes de la primera función: Sobriedad, osadía (o ausencia de temor si nos referimos al poder espiritual) y prudencia. El siguiente relato  nos lo ilustra[5]:

Una noche, hallándose la condesa de Brannenburg afligida por no poder tener descendencia, reparó en unos hombrecillos de apenas cinco pulgadas que danzaban en su habitación. Uno de los pigmeos se adelanta y le dice así: “Vamos a hacerte pan”. Cocido el pan, le advierte: “Tendrás tantos hijos como panecillos comas”. La condesa toma tres panecillos. Entonces los pigmeos fabrican tres copas y le dicen: “Cuando tus hijos cumplan veintiún años les darás una a cada uno. Quien de entre ellos acierte a conservarla sin daño verá progresar su descendencia; tendrá hijos y riquezas. Sin embargo quien la rompa correrá la suerte contraria”. Tal y como se predijo, la condesa dio a luz a tres niños, y llegado el momento cada cual recibió su copa. Sin embargo los tres deseaban a su prima Arnesie como esposa.

Ella les pide un año y les impone como condición previa que conserven intactas sus copas. Luego advierte a Hubert:”Ten cuidado con tu carácter pendenciero. No vayas siempre con la espada en la mano. Rehúye las peleas y discusiones”. A continuación advierte a Christian: “Te gustan demasiado la buena mesa y el buen vino. Ten cuidado con tu glotonería”. Sin embargo, no realiza ningún reproche a Amílcar, el tercer hermano. Amílcar deposita su copa en la capilla del palacio, a la que acude a diario a orar para que su virtud sea aún más indestructible que su copa. Hubert el pendenciero celebra un duelo, en el transcurso del cual la espada de su rival golpea la copa haciéndola añicos. Christian rompe la suya en medio de una borrachera orgiástica mientras celebra un banquete. Ni Hubert ni Christian tuvieron descendencia, pero Amílcar desposó a Arnesie y fue el origen de una pléyade de nobles; y es que fue capaz de conservar su copa.

Escasas dudas pueden caber, por lo tanto, al respecto de la interpretación que solicita la familia divina de los ases: tanto su mitología como el simbolismo a ella asociado. Los ases dan cuerpo, figura e imagen a la mitad solar-celeste-viril de la estructura mitológica. Y el culto a los ases es el culto a la fuerza en todas sus posibles manifestaciones: el héroe solitario, defensor del orden establecido (Thor), el jefe político-militar, dios del pillaje y la conquista (Odín). No es, evidentemente, necesario que el ámbito celeste de la estructura mitológica genere un panteón tan unilateralmente orientado hacia la guerra: aun siendo el dominio preferente en el que se construyen las nociones de institución, jerarquía y organización, estas últimas pueden revestir un carácter más político que militar; así sucede en otros pueblos y culturas. Ahora bien, en el caso que nos ocupa, en la mitología germánica, las otras funciones habitualmente asociadas al ámbito celeste —dios padre, dios rey, dios legislador, dios pastor— se desdibujan o simplemente desaparecen.

3.- LA SEGUNDA FUNCION
tyr1ll0La segunda función se refiere a toda la esfera de lo militar, como ya dijimos anteriormente. Al contrario que los de la primera, sus mensajes son simples y casi totalmente desprovistos de matices: El guerrero ha de ser fuerte, osado y sobrio, y estas tres condiciones se repiten invariablemente desde la India hasta Irlanda, desde Escandinavia hasta Roma. La fuerza y la osadía se muestran en el combate, y la sobriedad nos la explica el guerrero escandinavo Starkaðr[6]

Poco me importan los cuidados de la piel y las alegrías de una tripa demasiado llena…

Vuelve a coger, por favor, ese regalo para mujeres (desdeñando la cinta de oro que la reina le ofrece) y adorna con él tu propia cabeza. Los adornos están bien para Venus, pero ningún hombre bravo los desea. Pues es indecente, para aquellos que no sueñan más que con las armas, recoger su cabellera con un nudo de oro… Cruda es la comida de los bravos, y no creo que necesiten una mesa lujosa quienes con corazón valiente se aprestan al combate… Huimos del vicio de una cocina lujosa, no satisfaciendo nuestro vientre más que con carnes rancias. Pocos hombres de antaño se complacían con las salsas cocinadas… Allí se calmaba el primer aguijón del hambre con la carne seca de lo alto de un jamón y se domaban los ardores del estómago con abundantes y duros picatostes… El común de los guerreros rehuía las comidas extranjeras y los más grandes no tenían pasión por los festines.

La sobriedad de la segunda función puede pues ser resumida en el rechazo y en el desdén hacia la hermosura, las riquezas y la abundancia. El único matiz que la ideología indoeuropea introduce en este nivel, sirve para precisar qué es exigible y qué no lo es. En un esquema ideológico conservado tanto en la India como en Roma, se nos muestran dos tipos de guerreros, ambos son fuertes, osados y sobrios:

-Uno de ellos es además virtuoso e inteligente
-El otro es colérico y sediento de sangre.

 La valoración resumida que de ambos se hace es idéntica tanto en la India como en Roma: Al guerrero hay que exigirle que sea un luchador eficiente. Si luego es además prudente y sabio, mejor que mejor. Pero si en lugar de eso comete barbaridades cegado por sus impulsos violentos, se es indulgente con él, porque al fin y al cabo cumple con el cometido que se le pide y eso es lo único que cuenta.

4.- LA TERCERA FUNCIÓN
freyaLa tercera función es un ámbito de bordes más imprecisos que las anteriores. Pertenecen a este ámbito las representaciones del pueblo entendido como masa social, la agricultura, la abundancia, la fecundidad, lo femenino, etc. Desde el punto de vista indoeuropeo este ámbito está impregnado de connotaciones negativas, pues todo está impregnado de debilidad Todo lo que de ahí surge puede llegar a ser negativo, malo o malvado. El pueblo es cobarde, malvado, débil, traicionero y tacaño. Y si alguno de los aspectos incluidos en el ámbito funcional puede ser neutro o incluso positivo, se subrayan sus connotaciones negativas. Así, el oro es causa de corrupción, la abundancia conduce a la molicie de la juventud, la agricultura es una ocupación sucia y propia de villanos y las mujeres son sinónimo de debilidad. Veamos como ejemplo, cómo nos presenta Plutarco al pueblo de Roma[7]

Sus almas entregadas al miedo, no menos que sus cuerpos romos y abotagados, no están dispuestas para el combate.

El espacio que corresponde a los dioses Vanes está ya señalado por Tácito en el siglo I de nuestra era: fertilidad, tierra, luna, paz, elemento femenino. Como el propio nombre de Njord prolonga la presencia de la diosa Nerthus, así también los vanes desarrollan la mitología y el simbolismo de este ámbito ya perfectamente definido.

Pero hay otro elemento religioso que se sitúa prácticamente en la misma época, que permite rastrear la genealogía de los genios femeninos de la fecundidad y el destino de la mitología nórdica (Nornas, disas, fylgias, hamingias).

El culto a las Matres o Matronae está bien documentado a partir de numerosos hallazgos arqueológicos cuya datación se remonta al siglo primero de nuestra era y cuya localización se sitúa preferentemente en la región del Rhin. Las Matres o matronas se representan predominantemente en grupos de tres (lo que obliga inevitablemente a relacionarlas con las parcas romanas y con las Nornas germánicas) y tanto por su iconografía como por sus nombres se deduce fácilmente que se trata de diosas especialmente unidas a la fecundidad, la fertilidad, la protección de los hombres y el destino.

Efectivamente, la dotación simbólica que habitualmente acompaña al ámbito telúrico-femenino del pensamiento mítico-religioso se percibe en estas figuras que dan cuenta de una antigua veneración a las madres vinculadas a cultos de carácter agrario. Y si los nombres de lugares dan fe de que el culto se remonta ya a épocas prehistóricas, otro tipo de documentos aseguran tanto la persistencia como la extensión de esta religiosidad centrada en la mujer, la tierra y la noche.

Las matronae aparecen habitualmente portando cestos llenos de frutas, lo que asegura su asociación a la agricultura y a la fertilidad. Sus nombres: «protectoras del hombre», «expendedoras de todos los bienes», «señoras del destino», señalan un campo de actividad habitualmente ligado a las diosas en todas las religiones. Como protectoras del hombre se solicitaba su ayuda en caso de enfermedad. Como diosas del destino asisten al nacimiento (igual que las Nornas y las parcas) y determinan la vida y la muerte del individuo.No es aventurado, por tanto, suponer que un culto importante y extendido, vinculado a la iconografía de las madres y centrado en el ámbito Ctónico de la estructura mitológica, ha acompañado desde remotos tiempos a los pueblos germánicos.El testimonio, que subraya el carácter profético de la mujer, y que veremos confirmado en la tradición éddica posterior (recuérdese la importancia de la vólva), halla paralelos significativos en la referencia de Plutarco a las hierai gynaikés (Caesar 19, 4), y sobre todo en un importante comentario de César (De bello Gallico I, 50): «Entre los germanos es costumbre que las mujeres (matres familiae) tras consultar suertes y vaticinios digan si es conveniente ir a la batalla o no: y ellas dicen que el destino negaría a los germanos la victoria si atacasen antes de la luna nueva». César informa de la importancia ritual y profética de la mujer y, a la vez, da una indicación al respecto de la centralidad de las fases de la luna entre los germanos. Esta última se percibe a lo largo de toda la protohistoria germana, y se verifica en el carácter sagrado del número nueve en su mitología, que remite a la semana lunar y está en relación con cultos crónicos y agrarios  (además de la omnipresencia del número nueve en los poemas éddicos —recordemos, sólo a título de ejemplo, los nueve pasos de Thor antes de morir en el Ragnarók, las nueve madres de Heimdallr, las nueve noches del sacrificio de Odín— cabe mencionar un hecho religioso-ritual significativo: las grandes fiestas sacrificiales de Upsala, de las que tenemos suficiente información gracias, fundamentalmente, a Adán de Bremen, se celebran una vez cada nueve años, y en ellas se sacrificaban nueve seres vivos (hombres y animales) cada uno de los nueve días que duraban, De Vries constata que entre los germanos «el año lunar es anterior al año solar, así como también el cómputo por noches es anterior al cómputo por días» , algo que, de nuevo, se lee en el capítulo 11 de la Germania:

Si no acaece nada fortuito ni imprevisto, se reúnen (los germanos) en días fijos, en novilunio o plenilunio: creen que este es el momento más propicio para acometer sus empresas. No llevan et cómputo del tiempo por el número de días, como nosotros, sino por el de noches, y así fijan y arreglan sus citas, como si la noche precediera al día.

No cabe duda de que la importancia ritual de la mujer y la centralidad de la luna son elementos relacionados : entre ellos y quizá también con el «comunismo agrario» que percibe César en la zona del Rhin (De bello Gallico VI, 22) , y con algunos rasgos relativos a la familia en los que no es difícil apreciar el recuerdo de un antiguo tipo de organización social basado en el derecho materno: la costumbre de dar al hijo el nombre del tío materno  y la importancia de éste parentesco subrayada, de nuevo, por Tácito (Germania, 20): «Los hijos de las hermanas gozan de la misma consideración ante su tío que ante su propio padre. Algunos estiman este lazo de sangre más sagrado y estrecho y lo prefieren a la hora de recibir rehenes, pensando que ata con más fuerza el ánimo y afecta a más miembros de la familia».

Se percibe una continuidad de rasgos rituales y culturales que apuntan con insistencia hacia el ámbito lunar-ctónico-femenino, en un pueblo que, sin lugar a duda, ya en el siglo I tenía estructura jurídica patriarcal y los valores guerreros prevalecían en su ordenamiento sociopolítico. Que la magia, el sortilegio y la adivinación en el mundo germánico mantienen una estrecha y privilegiada relación con la mujer, lo sabemos por antiguos testimonios de Tácito y César. En la propia transmisión nórdica, la invocación de la vólva, mujer que incluso muerta hace funciones de rememoradora del pasado y adivinadora del futuro, sanciona el mencionado parentesco. De hecho, el tipo de magia al que nos referimos, es, en la mitología nórdica, de uso exclusivamente femenino y cabe sospechar que está ligada a la sexualidad. La magia caracteriza colectivamente a los vanes («con magias los vanes tomaron el campo» dice Voluspá, 24) pero procede específicamente de la diosa y se transmite legítimamente a las sacerdotisas mientras que su uso por parte de los varones —Odín incluido— se considera negativamente.

Es posible que nunca podamos acceder a una descripción adecuada de las artes mágicas que se cobijaban bajo el nombre de Seidr. Los documentos son reticentes y no refieren pormenores. Ya sea por un respeto reverencial —incluso urgido por el miedo— ya sea por el efecto de una tabuización o porque las prácticas mágicas se hallaban protegidas por el secreto, lo cierto es que no contamos con una detallada descripción del Seidr. Pero una serie de indicaciones resultan esclarecedoras y ciertamente valiosas. El Seidr, el conocimiento y el uso de este tipo de magia, es legítimo y adecuado para Freya (y para las sacerdotisas) y, sin embargo, es censurable y vergonzante para Odín (y para los varones en general). Esta apreciación hace inoportunas las interpretaciones que aluden a esta magia como vergonzosa en sí (Herrmann, Dumézil). Snorri afirma (Ynglingasaga, 4) que Freya, diosa y sacerdotisa, «instruyó a los ases en la magia que era común entre los vanes». El capítulo 7 del mismo texto aporta un testimonio tan ambiguo como precioso. En tal capítulo se alude a las habilidades mágicas de Odín y, en un determinado momento, Snorri dice: «Odín conocía también un arte que proporciona el máximo poder —se denomina Seidr— y también lo practicaba. Eso le permitía predecir et destino de los hombres y los acontecimientos que todavía no han sucedido e incluso provocar la muerte, la desgracia o la enfermedad. Finalmente podía, a través de este arte, quitar a cualquiera la razón y el poder y dárselos a otro. El ejercicio de estas hechicerías está unido a tal afeminamiento que los hombres se avergonzaron de practicarlas. Sólo se enseñaba este arte a las sacerdotisas».
Con respecto a estos últimos, Freya ocupa un lugar preponderante, como corresponde a la encarnación de la diosa madre, principio rector del dominio telúrico.

Son características que concuerdan absolutamente con el arquetipo de la dea mater:

a) es señora de la vida y de la muerte
b) poseedora por antonomasia de una poderosa magia relacionada con ritos de  fecundidad que otorga conocimiento y poder sobre el futuro y el destino
c) aparece caracterizada como bruja, sacerdotisa y diosa
d) sus relaciones transitan los distintos mundos de los ases, vanes, elfos, hombres y gigantes
e) no se subordina a varón alguno sino que es ella la que los atrae e incita.

5.-SEPARACIÓN ENTRE LAS TRES FUNCIONES
ie5Aunque ya hemos descrito el conjunto de las imágenes, ideas y características propias de cada una de las tres funciones, aún nos falta un dato crucial para explicar la estructura que conforman. En efecto, tras mostrar cada uno de los elementos que la constituyen, toca explicar cómo son las relaciones entre dichos elementos.

Son básicamente dos: Por una parte, la unión estrecha de las dos primeras funciones, y por otra la marginación a la que ambas someten a la tercera. A esto denominamos precisamente la grieta mayor, al foso infranqueable que separa al conjunto de las dos primeras funciones, de la tercera.

Los vínculos y las grietas que citamos se organizan en torno a cuatro ejes:

a) La vinculación a un código ético

b) La observancia de los compromisos

c) La connotación positiva del ámbito ideológico

d) La asunción del valor como eje central vital.

Respecto de estos cuatro ejes, los representantes de las dos primeras funciones coinciden plenamente. El gobernante y el soldado viven en el respeto de ciertos códigos éticos: ambos son sinceros y leales. Ambos respetan la palabra dada y la cumplen. Los ámbitos funcionales a los que pertenecen respectivamente están caracterizados positivamente: sobriedad y valentía para la segunda función, y también para la primera, añadiendo a esta demás la prudencia y la virtud. Por último, y como garantes de todo lo anterior, ambos ámbitos contemplan la noción de pecado y la posibilidad de recibir un castigo divino por ello. El quebrantamiento del código ético, la inobservancia de la palabra dada o el incumplimiento de las características funcionales positivas a las que están obligados, supone para los representantes de las dos primeras funciones incurrir en pecado y desencadenar el castigo divino correspondiente. Los dioses castigan a Yudhistira, a Indra, a Sisupala, a Starkaðr, a Hércules y a tantos otros reyes y héroes que faltan a los valores que están obligados a observar. Sin embargo, en el ámbito de la tercera función el panorama cambia radicalmente. El personaje de tercera función carece de código ético, no respeta la palabra dada, y las características que lo distinguen son fundamentalmente negativas. Pero es que además, esto ni siquiera le supone la comisión de una falta o pecado y no merece por tanto el derecho a recibir un castigo divino. Es malvado, pero no es capaz de caer en pecado, ya que su maldad es inherente a su caracterización funcional: no es libre de optar entre el bien y el mal. De este modo, se le niega hasta su propia condición humana. Dada su inclinación a la avaricia, la debilidad, la cobardía y la mentira, no es posible esperar nada bueno de él. Sus actitudes y comportamientos impropios han de considerarse normales y los dioses no se ocupan de castigarlos. Sería el cuento de nunca acabar.

Estas previsiones pueden fallar alguna vez, como por ejemplo en la Roma sitiada por los celtas[8]

Las vestales subían a esa colina cuando L. Albinius las vio. Este hombre del pueblo, incapaz para el combate, se hallaba entre la multitud que huía de la ciudad, conduciendo el carro en el que llevaba a su esposa e hijos. Incluso en esa situación fue capaz de apreciar la diferencia entre los asuntos humanos y los divinos. Le pareció un sacrilegio que las sacerdotisas del Estado tuvieran que llevar a pie los objetos sagrados del pueblo de Roma mientras él y su familia iban montados en el carro. Entonces hizo bajar a su mujer y sus hijos, cargó con las Vírgenes y los objetos sagrados y los condujo hasta Caere, que era a donde se dirigían. Un comportamiento que hubiera resultado normal en cualquier autoridad o militar se considera sin embargo tan extraordinario en un personaje del pueblo que le vale al tal L. Albinius el honor de salir del anonimato y entrar en la Historia de Roma. De hecho tal comportamiento, considerado una excepción extraordinaria, le supone abandonar el ámbito funcional al que pertenece, salir de la masa anónima e ingresar en los libros de Historia. El carácter excepcional de este comportamiento queda reflejado por el hecho de que ninguno de los que huían de la ciudad junto al tal Albinius reciba castigo alguno por denegar su auxilio en una situación que se juzga sacrílega. La tercera función no merece la atención divina más que cuando pretende dominar a las dos primeras y hacerse con el poder político, es decir, gobernarse a sí misma. Es entonces cuando, como vimos en la rebelión de los attacots o en las elecciones romanas del 394 a.C. los dioses reaccionan y usan su control sobre la Naturaleza para castigar a los rebeldes y hacerles deponer su actitud. Cada comportamiento impropio de la tercera función no recibe un castigo personalizado, pero de algún modo, la maldad inherente al ámbito funcional recibe el castigo general de la eterna incapacitación para gobernarse a sí mismo. La tercera función ha de estar siempre subordinada a las dos primeras y protegida por ellas. Es incapaz de conducirse dignamente, y sólo la rectitud impuesta por la Ley y la Religión y el mágico influjo benefactor que desprende la realeza pueden lograr reconducir la maldad que la caracteriza. Lo hemos visto ya con Yudhistira, y veremos aún más ejemplos romanos y escandinavos.

6.-LA GÉNESIS DE UNA SOCIEDAD
ie2Todas las sociedades indoeuropeas poseen una leyenda, unas enteras y otras fragmentarias, que habla sobre el origen de su propia sociedad. A ello nos referimos cuando hablamos del mito de la constitución de una sociedad. Del estudio de las versiones más completas se desprende un esquema canónico puesto en evidencia por el profesor Dumézil: Por un lado tenemos a los representantes de las dos primeras funciones, hombro con hombro, y por otro a los representantes de la tercera función, representados como dos grupos humanos que viven aparte. Se inicia un enfrentamiento entre ambos, y estando las fuerzas más o menos emparejadas, ambos bandos sellan un acuerdo de paz y de unidad, para constituir en adelante una sola sociedad. Para exponerlo con brevedad no citaremos aquí más que la versión romana del mito. Rómulo, el favorito de Júpiter, llega al lugar donde luego se erigirá Roma, acompañado de una hueste de guerreros. Se nombra a sí mismo rey y constituye un Senado nombrando a cien de entre sus compañeros como senadores. Constituidas las dos funciones (Rey y Senado por un lado y tropa de guerreros por el otro), sólo resta obtener mujeres para dar continuidad a la Roma recién fundada[9]

Es sabido que los dioses presidieron el nacimiento de Roma y que no habría de faltarle por ello la fuerza. Por tanto, los otros no deberían negarse a mezclar su sangre y su raza con ellos.

Lo piden por las buenas a las tribus de alrededor, incluidos los sabinos, pero todos se niegan. Entonces, por las malas, deciden secuestrar a las mujeres. A raíz del secuestro estalla la guerra[10]

La última guerra fue la de los sabinos, con mucho la más importante,… Espurio Tarpeio comandaba el fuerte de Roma. Tazio, el antiguo rey de los sabinos, corrompió con su oro a Tarpeia, vestal hija de Tarpeio, para que el fuerte cayera en manos de los sabinos, … Cuando entraron, por mostrar que lo conquistaban por la fuerza o por avisara los traidores que no hay que fiarse de los acuerdos suscritos con traidores, arrojaron sus escudos sobre Tarpeia matándola … Cuenta la tradición que los sabinos solían llevar gruesas muñequeras de oro en su brazo izquierdo, así como hermosos anillos de piedras preciosas, y que cuando Tarpeia les pidió como recompensa todo lo que llevaban en su brazo izquierdo, éstos le arrojaron sus escudos en lugar de sus joyas…

El fuerte cayó en manos de los sabinos. Al día siguiente, cuando los romanos desplegaron sus tropas en la llanura entre el Palatino y el Capitolio, los sabinos no descendieron inmediatamente a terreno llano: al contrario, esperaron a que la cólera y el deseo de recuperar la fortaleza empujaran a los romanos a atacarla desde abajo. (Abatido el bravo comandante de la tropa romana)… su armada emprende la huida con el ánimo encogido y en desbandada. En aquella estampida (los sabinos) empujaron a los fugitivos hasta la vieja puerta del Palatino y entonces Rómulo alzó sus armas al Cielo y clamó: “Júpiter!, fiado de tus promesas he puesto aquí en el Palatino las bases de Roma. El fuerte tomado a traición está ya en manos de los sabinos, que salen del mismo y cruzan el valle hacia nosotros. ¡Tú que eres padre de dioses y hombres, aleja de aquí a nuestros enemigos! ¡Haz desaparecer el miedo de los romanos y detén su vergonzosa desbandada! Oh gran Jupiter Stator! (Júpiter que detiene la huída), juro que aquí mismo edificaré un templo en tu honor para que en el futuro conozcan cómo tu ayuda protectora salvó a Roma”. Nada más acabar su oración sintió que esta sería escuchada: “Ahora romanos,- exclamó-, Júpiter el Grande y Bueno os ordena que os detengáis y que volváis al combate!” Los romanos se detuvieron como obedeciendo a una orden divina, y con Rómulo a la cabeza…

El comandante de los sabinos atacó desde la fortaleza y dispersó a los romanos en desbandada a lo largo y ancho de lo que hoy es el Foro. No estaba lejos de la puerta del Palatino,…

El joven y valiente Rómulo acudió a su encuentro con otros guerreros. Luchaba a caballo, por lo que aún fue más fácil hacerle retroceder. Los romanos le hicieron retroceder. Los demás romanos, enardecidos por el valor de su rey, destruyeron a los sabinos…

En la religión Odínica este conflicto estalla en toda su amplitud. La guerra entre los vanes y los ases refiere a una polaridad vital cósmica. En ellas se observa una escisión inicial que domina el desarrollo ulterior, bien asumiendo la forma de un conflicto permanente y una victoria cuyo resultado es la represión de uno de los polos, bien prolongándose en la forma de compromiso o intercambio que produce un equilibrio, siempre inestable. Esa escisión inicial —que todavía no es necesario traducir en términos éticos, sociopolíticos o psicológicos— se expresa fundamentalmente en las oposiciones luz/tinieblas o cielo/tierra. Y cada uno de los dominios instaurados por la escisión inicial configura un tejido simbólico (un «régimen» en la terminología de G. Durand), un marco categorial y un conjunto de acciones asociadas. Sin mayores precisiones y sin pretensión de exhaustividad —la bibliografía al respecto es abundante — se pueden proponer las secuencias luz-cielo-sol-día-padre-dominio y oscuridad-tierra- luna-noche-madre-fertilidad como representativas de los dos ámbitos constitutivos de la estructura mitológica.

Esta guerra que es librada por los dioses Ases contra los dioses Vanes, se puede percibir de forma suficientemente nítida su estructura polar: los Ases constituyen el elemento celeste, habitual con una orientación político-guerrera, mientras los vanes aportan el elemento telúrico.  Odín, tiene fundamentalmente características celestes: es el dios padre, está vinculado a la guerra y a los muertos en combate, es el jefe de los einherjar y comanda a los Berseker, horda de guerreros salvajes con fama de invencibles que combaten en estado de éxtasis  y visten pieles de animales (osos y lobos). Ocupa la cúspide de la jerarquía divina y, según un juicio que se remonta ya al siglo X es el dios de la sabiduría y de la magia. Tiene, en cualquier caso, actividades vinculadas a la tierra, al ámbito nocturno-lunar de la estructura mitológica. Las referencias son unánimes a la hora de atribuir a la mujer los dones de la profecía y la adivinación (la vólva, la sibila germánica); la magia es patrimonio de los Vanes, es su principal arma: «con magias los vanes tomaron el campo» (Vóluspá, 23) y fue la diosa Van Freya la que instruyó a los ases en las artes mágicas (Ynglingasaga, 4). Si tomamos sólo como referencia a las dos familias divinas, la sabiduría se atribuye también a los vanes, no a los ases: hablando de Njord se dice «de sabios poderes nació en Vanenheim» (Vafthrúdnismál, 38), a los «sabios vanes» se refieren también las estrofas 17 y 18 del Skirnismál así como la estrofa 15 del Trymskvida. Y, en cualquier caso, las encarnaciones mitológicas de la ciencia y de 1a poesía (Mímir, Kvásir) son figuras que no se relacionan inicialmente con Odín, sino con la guerra y el acuerdo entre vanes y ases.

Dumézil, garante del método estructural y defensor de la idea de que los dioses se ordenan en tipos definidos de una vez para siempre y Jan de Vries, militantemente adherido a la hipótesis dumezihana, han comparado a Odín con el Júpiter romano y con el par Mitra-Varuna védico . El otro Dios que completa esta dualidad es Teiwaz y es, como Júpiter, el dios que «desde lo alto del cielo preside el orden y la más exigente observación de lo sagrado, garante de la vida, de la continuidad y del poder romanos».

Vemos con claridad como el valor de la palabra empeñada se usa como criterio para distinguir a los representantes de la tercera función de los de las otras dos. Los ricos sabinos de tercera función corrompen con oro a la hija de Tarpeio, haciéndole romper el compromiso implícito con

Su propia gente, y a continuación faltan a su palabra al darle muerte en lugar de la recompensa prometida. En el otro extremo, Júpiter cumple su palabra al realizar el milagro que salvará a Roma, y aunque no lo vemos en este texto, también Rómulo cumplirá la suya al erigir el templo prometido en agradecimiento por el milagro obrado.

Tras la firma de la paz que sucede a la guerra, Rómulo será el primer rey del nuevo Estado (si bien comparte el trono con el sabino Tazio hasta la muerte de éste), será quien designe a los senadores, su armada será la armada de Roma, y los sabinos constituirán el pueblo de Roma.

Salta a la vista que lo que Dumézil llama “la constitución de una sociedad” es el relato de una conquista con su posterior colonización. Júpiter promete el “imperium”, el poder, a Rómulo, y éste funda la Ciudad y somete a los aborígenes con la poderosa ayuda divina. Otro tanto sucede en Escandinavia donde los As (el conjunto de los dioses escandinavos Othin, Thor, etc.) se unen a los aborígenes dioses Van formando una única sociedad, o en Irlanda cuando los Tuatha De Dannan se enfrentan a los locales Fir Bolg, etc.  Junto a las diosas como Freya o Frigg, aparecen cinco grupos de divinidades femeninas: Disir, Nornas, Fylgias, Valquirias y Hamingjas. Es difícil, a la luz de los documentos de que disponemos, deslindar nítidamente el ámbito que corresponde a cada uno de estos grupos de diosas…

A estas divinidades femeninas se les atribuye la protección tanto del individuo como de la tribu, que de ellas se espera tanto la fertilidad de los campos como la fecundidad de los hombres, que aparecen en relación con la vida y con la muerte: acompañan al individuo desde el nacimiento y todas parecen colaborar en el momento de la muerte (las Nornas designan tal momento, las valquirias y las Disas eligen y guían a los muertos, las Fylgias se aparecen al hombre instantes antes de su muerte avisando del evento…). En cuanto diosas de la vida y de la muerte, de la fecundidad y de la riqueza, no es extraño que sean rectoras del destino, lo cual no deja de tener una importancia mayúscula tratándose de una religión, la nórdica, eminentemente destinal. La representación mitológica de las Nornas que riegan y cuidan el árbol del mundo, Yggdrasil (lo cual equivale a decir que cuidan, riegan y sostienen al mundo mismo), mientras, según unas enigmáticas palabras, escriben en su tabla (Vóluspá, 19 y 20) y rigen los destinos, y dan vidas y suertes a los hombres, es la poderosa síntesis de una concepción religiosa destinal que se aplica tanto a los hombres como a la totalidad del universo (representada en el doliente fresno, eje y columna del mismo) asociada a las divinidades femeninas de la fecundidad, la vida y la muerte, cuyo rastro, en el ámbito cultural germánico, se puede constatar, como hemos visto, ya en tiempos prehistóricos y que llega hasta la época clásica sin solución de continuidad.

El ámbito nocturno de la mitología no se restringe a los mencionados grupos de divinidades sino que alcanza quizá su máxima expresión —en la religión germánica— en la familia de los vanes. Los vanes, dioses especialmente vinculados a la sabiduría, la magia, la fecundidad, el deseo, y la paz son, en el panteón nórdico, el contrapunto necesario de los ases, dioses, como hemos visto, especialmente relacionados con la conquista, la organización, la fuerza, el derecho y la guerra. Sin embargo el mito indoeuropeo de la constitución de una sociedad no termina ahí, sino que se completa mediante un segundo ciclo mítico íntimamente ligado al anterior: La sucesión Mitra-Varuna. Varuna y Mitra son los nombres de dos dioses de la mitología india, ambos representantes de la primera función, cada uno con su matiz diferenciador. Varuna es el rey belicoso y conquistador; Mitra, sin embargo es el rey tranquilo y civilizador. La sucesión Varuna-Mitra es claramente apreciable tanto en Roma como en Escandinavia, como el complemento necesario para la constitución de la nueva sociedad. El rey de tipo Mitra se llama Teiwaz en Escandinavia y Numa en Roma. Los siguientes textos nos los muestran semejantes al ya evocado Yudhistira, otro ejemplo del mismo modelo. Escuchemos lo que se dice de Teiwaz:

La interpretatio romana equipara a Tyr con Marte (así en el citado testimonio de Tácito y en las múltiples dedicatorias a Mars Thingus), el dios que muestra su valor tanto en el combate individual como en la batalla colectiva. La etimología delata a un dios del cielo, tal vez incluso al dios celeste por excelencia, la religión hace de él un dios de la guerra del que se resalta la valentía: «es el más valeroso y atrevido y de él depende mucho la victoria en las batallas; es bueno para los hombres valientes el invocarlo»

Y a continuación conozcamos a Numa[11]

La inspiración de Numa, plena de mansedumbre y de humanidad, dulcifica las costumbres de los romanos, modera su carácter hirviente e incontrolado, y les hace amar la justicia y la paz … Hay que referir, a la mayor gloria de Numa, que es cosa admirable en él y casi divina, que siendo llamado a ocupar un trono extranjero, lo haya cambiado todo mediante la sola persuasión; que sin emplear ni las armas ni la coacción, haya gobernado una ciudad donde no reinaba aún la unanimidad; que, en fin, gracias a su sabiduría y a su ecuanimidad haya logrado poner en armonía y fundir a todos los ciudadanos …

Numa, que quería que sus ciudadanos amaran la agricultura como el modo de atraerlos hacia la paz y viendo en la misma más un medio de formar los espíritus que un camino al enriquecimiento, repartió el territorio en porciones que llamó “pagi”…

Sus súbditos, que ven brillar en su rey el más bello modelo de virtud, abrazan felices la sabiduría; todos unidos por los lazos de la amistad y de la paz, practican con fidelidad la templanza y la justicia y observan esta conducta irreprochable y feliz que es el objetivo último de todo gobierno….

La abundancia que hemos visto denostar al describir la tercera función se ve ahora ensalzada, lo mismo que el amor por la paz, que si se hallara dentro de la tercera función sería denigrado como debido a la debilidad y a la cobardía. Este amor por la paz y esta abundancia son ahora retratados positivamente porque son la consecuencia del influjo de la majestad mitraica, de la virtud del rey y de la bondad del Estado, del establecimiento de leyes justas y de una pía religión pública, de la robustez, en fin, de las instituciones civilizadoras. La paz y la abundancia que trae consigo el reinado mitraico, tan increíbles como míticas tras la cruenta conquista, completan el edificio ideológico del expansionismo indoeuropeo. La alternancia étnica en el trono, constituye la última herramienta para propiciar, la aculturación pacífica. En efecto, los reyes mitraicos Numa y Freyr provienen de las filas de los aborígenes de tercera función que aceptan el statu quo derivado de la conquista.

Para terminar esta breve exposición de la mitología indoeuropea, resumimos a continuación los principales valores ideológicos que promueve:

 • La realidad se divide en tres ámbitos ideológicos, de los cuales el primero, el referido al poder político y religioso, es el principal.

• La segunda función, que se refiere al ámbito de lo militar, es la aliada de la primera, y ambas se enfrentan juntas a la tercera.

• En todas las sociedades indoeuropeas se registra una grieta mayor entre el conjunto de las dos primeras funciones por un lado, y la tercera, por el otro.

• La tercera función está caracterizada negativamente de modo general. En consecuencia es incapaz de gobernarse y ha de vivir sometida al imperio de las dos primeras.

• En la escala de valores indoeuropea, la autoridad (el poder) ocupa la cúspide, y unida a la misma, la conquista y la aculturación (civilización).

• La autoridad indoeuropea y el derecho de conquista son de origen divino.


[1] George Dumézil, Mythe et Épopée I , Paris 1973, p.153

[2] Four Masters I, p. 94, nota al pie.

[3] Four Master’s I, 95 h.

[4] Tito Livio, Ab Urbe Condita V, xiv

[5] L.Gerschel. “Sur un schème trifonctionnel dans una famille de légendes germaniques”. Revue de l’Histoire des religions CL,

[6] Mythe et Épopée II, p.394-398

[7] Plutarco, 31,5.

[8] Tito Livio 40, 5-10

[9] Tito Livio, I, 9

[10] Tito Livio, I, 11, 5-9 y I, 12, 1-9

[11] Mythe et Épopée I, 154

Una respuesta a “PAGANISMO INDOEUROPEO”

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