El Odinismo a la luz del pensamiento tradicional

El Odinismo a la luz del pensamiento tradicional

Por Carlos Daniel Trueba

“My principles are only those that, before the French Revolution, every well-born person considered sane and normal.” 


EL MOVIMIENTO ASATRU, EN LA ACTUALIDAD.

Carlos DanielLa Comunidad Odinista de España-Asatru (COE) se ha caracterizado siempre por difundir y buscar un acercamiento a la esencia más pura del paganismo germánico-escandinavo, intentando entender las raíces cosmogónicas, filosóficas y culturales que imanan del núcleo más íntimo de la antigua religión europea, y que hoy mueve a varios cientos de miles de personas en Europa y el mundo entero. Por ello, hoy nos vemos en la interrogante de plantear una nueva metodología o epistemología filosófico-antropológico-teológica hacia la religión de nuestros antepasados para poder distinguirnos de las innumerables asociaciones, sectas y grupos que en pleno 2015 se adjudican o proclaman como únicos y verdaderos depositarios de esa tradición milenaria. Para ello, hemos decidido tratar el tema apuntando a una grave problemática: ¿qué escuela o pensamiento rigen a los distintos grupos que se aglutinan en las más variadas corrientes llamadas “Odínicas” o “Asatru”? ¿Cómo sobrellevar esa confusión entre diversos grupos, desde la ultra derecha biologicista hacia la extrema izquierda universalista? ¿Existe una ‘Tradición’, o son varias ‘tradiciones’?

Estos planteamientos, aunque opacos en sí, plantean un dificilísimo y escabroso problema que asola, en pleno siglo XXI, al odinismo y su desarrollo en el mundo contemporáneo. Y ello se debe a que hemos de identificar las dos diversas ramas fundamentales que hoy separan a quienes se consideran “hijos de Odín” o del norte: el universalismo y el movimiento völkish. Hemos decidido enumerar a la primera corriente como “universal” dado el interés político del nuevo sistema socio-económico denominado como “globalización” y que se haya enmascarado en una cruzada políticamente correcta contra todo lo que no representa una visión lineal, materialista e incluso dialéctica del mundo. Por el otro lado, el llamado “movimiento völkish” aglutina a los grupos de individuos que pregonan un sentimiento “de tipo étnico-cultural” (popular, del alemán “Volk”), una vueltas a las raíces primigenias que conformaron las primitivas religiones de los pueblos indoeuropeos. Asimismo existe otro movimiento compuesto por los grupos de marcada tendencia racista neopagana—denominados wotanistas— que llegan a negar incluso el elemento metafísico del paganismo germano-escandinavo tanto en su vertiente universalista como en la étnica.

Habiendo hecho esta separación, hemos de advertir al lector que no son las únicas, y además, son demasiado vagas estas categorías pues no incluyen un sinnúmero de sectas y grupúsculos post-posmodernos, algunas de signo gnóstico o político, y que hemos decidido no tratar aquí por no ser pertinentes a nuestras consideraciones. Pero al analizar el curioso mundo de la dicotomía “universal-racial”, ya vislumbramos desde antemano la transposición del dilema “izquierda-derecha”, plasmado ahora en un ambiente abiertamente hostil.  Dicha división ha fracturado más de lo que ya se encontraba el incipiente mundo del neo paganismo germánico. Si bien fue desde el sector de la “derecha”, anglosajón y abiertamente influenciado por el paganismo germánico, que la primera “Anglecyn Church of Odin” del australiano Alexander Mills inició con el camino de la apertura de los primeros grupos paganos en el mundo, hoy en día los llamados grupos “universalistas”, encabezados por el “Asatruarferlag” de Islandia son los que llevan el peso de la atención y hasta se consideran la “autoridad central” del camino a seguir por parte de cualquier organización odinista-Asatru, siendo éstos de carácter netamente “de izquierda” o “progresistas”, estando vinculados al fenómeno de la globalización.

LA GLOBALIZACIÓN Y EL UNIVERSALISMO

La globalización es un entramado complejo. Una se refiere a la globalización de carácter financiero que ha tenido lugar en el mundo al calor de dos fenómenos: los avances tecnológicos y la apertura de los mercados de capitales. Los factores culturales tienen relación con componentes estructurales que califican la identidad de los grupos, comunidades, comarcas o pueblos, posibilitando distinguir a estos en las dimensiones espacio-temporales, por otra parte constituyen el esqueleto funcional que fortalece el aspecto de la subjetividad de la que forman parte los valores, los cuales, a partir de la conciencia pueden ser estimulados y favorecer a su desarrollo. En cuanto al concepto de identidad, todos la buscan y creen hallarla, piensan haberla perdido y poder recuperarla. Pero, sobre todo, se cree en la existencia de la identidad, como concepto natural diferenciador, desarrollado por la evolución biológica, una identidad propia frente a las otras ajenas. En ella se cifra el sostén de derechos, la pretendida legitimidad de aspiraciones y privilegios. Normalmente se ciñe a una variedad de calificativos, tales como, la identidad cultural, la identidad étnica, la identidad popular, la identidad nacional, etcétera.

Asumimos que una religión vive en la historia y encarna irrenunciablemente en un pueblo, haciéndose reconocible por ir marcando cierto perfil ético, estético, vital, social, metafísico y aún epistemológico y filosófico. Los fenómenos religiosos requieren un enfoque integral debido a que la propia cultura es un sistema complejo que funciona con integralidad y dinamismo y necesita de una adecuada y específica comunicación, en la creación, difusión e intercambio de valores espirituales. El proceso identitario no es algo estático, sino que los elementos socioculturales aludidos como la lengua, la religión, las costumbres, las instituciones y todas las estructuras sociales están expuestas a los distintos procesos históricos, entonces el patrimonio aporta la memoria histórica y la identidad religiosa y cultural de la comunidad. Conceptualmente, la identidad cultural es la condición del ser humano que caracteriza la manera común de vivir en el tiempo y el espacio, el quehacer concreto del hombre en el proceso de producción y reproducción de la cultura en la sociedad misma.

La cultura y la identidad están expuestas a constantes bombardeos. La globalización cultural, los medios de comunicación, el desarrollo de las tecnologías de la informática, Internet, y otros medios, posibilitan aún más rápido el intercambio cultural, La humanidad se debate entre la tendencia a instaurar la unificación y la tendencia natural a mantener y promover la diversificación. Porque la globalización reproduce las lógicas de dominación y de poder en el mundo. Solamente acentuando las autonomías locales se va a poder generar estructuras comunitarias capaces de defenderse de esas lógicas que vienen de los procesos de globalización. Esta es la posición contraria, es la que esta llamada la identidad y las culturas nacionales en defensa propia. Las acciones a tener en cuenta en defensa de las culturas e comunidades populares, no puede faltar la preservación de la religión autóctona, tradiciones, folclore, costumbres, arte, estilos, valores, historia, y demás componentes socioculturales, para evitar la amenaza de marginación, exclusión, estancamiento, retroceso o abandono que posibilita la fragmentación, desmembramiento y desintegración de nuestras comunidades, la prioridad está en el desarrollo sustentable de las localidades en vía de desarrollo.

“Las «libertades políticas» no son nada sin las libertades o la autonomía económica, sea en el terreno individual, o en el colectivo. En este último, porque en régimen democrático son los grupos en posesión de riqueza quienes controlan la prensa y todos los demás medios de formación de la «opinión pública» y de la “propaganda.”

LOS EXTREMOS SE TOCAN

Lo interesante del caso es que en materia de reconstruccionismo histórico y continuidad religiosa, el “Asatruarferlag” y la gran mayoría de grupos que le siguen, pregonan un abierto ateísmo y una negación completa del mundo desigual, en consonancia concreta con los dictados del cristianismo posmoderno (la democracia), y en cuyo sistema no pueden existir mayores diferencias entre una u otra civilización o grupo humanos. Así, bajo la excusa de encontrar tal o cual prueba de contactos del mundo escandinavo con el resto del mundo, tales como las narraciones de algún prodigioso árabe embajador, o una reina de origen indoeuropeo no germánico, se tendrían las pruebas suficientes según las cuales no existían diferencias de tipo “religioso, económico, político o étnico” en el mundo antiguo. Es precisamente aquí donde el elemento marxista disgregador del materialismo histórico entra en juego. Ya no se trata de llamarse “tradicionalista” por entender una tradición primordial de cada pueblo, en base a una interpretación tradicional del mundo antiguo (citando a Coulanges, Nietzsche o Eliade), sino de convertir a la “tradición” en una cuestión meramente cultural, sin ningún trasfondo espiritual sino panteísta y ateo. La tradición solar indo-germánica se ve reducida a una expresión sin mayor cabida que la de una rutina cultural, donde el sólo acto de invocar a los Dioses representa una costumbre y no un verdadero rito iniciático. Y por supuesto, es en estos grupos donde todo lo que no representa la corriente “común” del pensamiento moderno, se tilda de “cristianismo camuflado”, “fascismo”, “racismo”, “intolerancia” o “(algo)fobia”. Por supuesto, podemos a todas luces dilucidar la injerencia del pensamiento moderno en su afán por acabar con la tradición germánica al intentar otorgar a personas o colectivos con ninguna conexión al mundo germánico opciones para reestablecer unos vínculos con una religión no pertenece a todos, sino a determinadas personas. No se puede extrapolar al mundo de las religiones gentilicias o étnicas los fundamentos que rigen para las universalistas. Es obvio que cada persona está en su derecho de profesar la fe que más le guste, y nadie puede impedírselo. Pero profesar y avanzar en la antigua fe solo se consigue mediante un fuerte nexo con los arquetipos míticos de los antepasados—si es que hablamos de la antigua fe— no algo nuevo e inventado por mezcla de muchas tradiciones, un sincretismo que desde luego no representa a Odinismo-Asatru, que tiene una originalidad única.

 En esto, podemos decir que tanto el “Asatruarferlag”, o al menos su ideología, como los diversos grupos políticamente correctos (Heathens Against Hate, Asatru, Rokkatru, Thursatru, etc.) se autodenominan “tradicionales” en las formas modernas del culturismo y la farandulería, donde está mal llevar una opinión contraria a lo que la sociedad y el mundo pregonan, y donde la intransigencia –tan grande a niveles inquisitoriales- les impide aceptar formas de ver diferentes a la suya. Y es tanta la locura de estos grupos que hoy por hoy se acusan mutuamente de intransigentes y no permiten que exista una “pluralidad” pagana, tan cacareada por los grupos que apoyan y financian a estos “neopaganos”. Los pueblos nórdicos se guiaban por un culto solar-masculino, donde los aspectos femeninos o matriarcales estaban presentes, pero de una manera muy diferente a la planteada por la dialéctica moderna, por lo cual, intentar dar mayores pruebas culto solar y la tradicionalidad del paganismo escandinavo resultan tareas imposibles frente a fanáticos que no pueden –y no quieren- aceptar nada que no lleve su impronta moderna. En este sentido, nosotros no los condenamos, solamente los consideramos una parte de más de la confusión actual de cualquier grupo autodenominado “odinista-Asatru”. Nosotros no somos intolerantes, los reconocemos como una parte (sui generis) del mundo pagano, pero que jamás podrán, con un pensamiento postmoderno, materialista, dialéctico o secular, entender la mente del hombre antiguo.

Así mismo, los grupos neopaganos racialistas o racistas del mundo moderno se encuentran divididos en diversos grupos o amalgamas de grupos que también aportan, en un sentido muy similar a los universalistas, mayor confusión. De estos grupos, al Anglecyn Church of Odin de Mills marcó los inicios racistas o etnocéntricos del odinismo moderno. Ya antes durante y después de la I guerra mundial existieron innumerables sectas o grupúsculos de dudoso origen que intentaban reivindicar para sí la tradición indo-germánica. Ya sea la Sociedad Thule, la Orden Templaria de Liebenfels o el círculo wagneriano de Bayruth, se pregonaba varias interpretaciones, curiosas en sí, del paganismo germánico. Quizá lo más importante a destacar es la presencia clarísima del pensamiento moderno en cuestión de biologicismo, donde ideólogos como Alfred Rosenberg o más cercanos, Christian “Varg” Vikernes (ahora Louis Cachet) también despojaron del transfondo mítico-espiritual al paganismo y lo llenaron de un profundo biologicismo ateo, donde la raza se supeditaba al espíritu. Ya no importaba creer o no, pensar o no como un hombre de la antigüedad, sino contribuir a la raza, porque según ellos, la raza sería la via hacia una inmortalidad. Aunque digna de estudio, esta corriente ha provocado consecuencias nefastas en materia de historicidad, política o metafísica, pues de esta rama aparecen grupúsculos aún más nefastos o absurdos, como la llamada “Sabiduría Hiperbórea”, de carácter universalista-nazi-gnóstico. Y por otro lado, ya el mismo Vikernes afirmaba que “yo no soy religioso, la religión no sirve; soy pagano, sí, pero no religioso”. Pues para el músico noruego de black metal, el paganismo germánico sería, de igual manera que el mismo universalismo, una ritualidad cotidiana con simbolismo o metáfora del día a día, sin ningún sentido metafísico, solar uránico o trascendental. En ese sentido no podemos sino dejar entrever una gran decepción al encontrar un desequilibrio entre ambos extremos. Al desconocer los valores trascendentales del hombre antiguo, no podemos inclinarnos a uno o a otro. Nuestro camino es pues la vuelta a la tradición.

LA TRADICIÓN COMO META

La creencia subyacente del mundo tradicional es “invisible”.  La mera existencia física, o “vivir” por el mero hecho de vivir, carece de sentido, a menos  que nos aproximemos al mundo más alto o a lo que es “más que vida”, por lo que nuestra más elevada ambición consiste en participar en la hyperkosmia y en obtener una liberación final y activa del límite que representa la condición humana. El mundo tradicional conoció la divinidad como elemento sacral que lo inundaba todo. Supo del puente que se tiende entre los dos mundos, es decir, la iniciación. Conoció las dos grandes maneras de aproximarse a lo trascendente: la acción heroica y la contemplación. Supo de la mediación, o sea, los ritos y la fidelidad.

La comunidad Odinista de España-Asatru considera la tradición principalmente como un mito arquetípico, esto es, como la presencia de lo Absoluto en formas históricas y políticas específicas. Nuestro absoluto no es el principio religioso monoteísta o un noumenon, mucho menos el Dios del teísmo, sino más bien un dominio misterioso o poder dunamis.  La Tradición la sentimos caracterizada por el “Ser” y la estabilidad, mientras que el mundo moderno se caracteriza por el “Devenir”. La cultura indoeuropea, desde la india hasta España siempre se ha llenado de “religiosidad cósmica”: esto es, el papel fundamental jugado por los símbolos y las imágenes, el respeto religioso por la tierra y la vida, la creencia de que lo sagrado se manifiesta directamente mediante el misterio de la fecundidad y la repetición cósmica…

En ciertas cumbres existenciales, así como el calor se transforma en luz, la vida se vuelve ella misma libertad; no en el sentido de muerte de la individualidad o de alguna especie de naufragio místico, sino en el sentido de afirmación trascendente de la vida, en que la ansiedad, el deseo interminable -anhelando y preocupándonos-, la búsqueda de fe religiosa, de soportes humanos y de metas, todo conduce a un dominado estado de tranquilidad. Hay algo más grandioso que la vida, dentro de la vida misma, pero no fuera de ella. Esta experiencia heroica es valiosa y buena por sí misma, mientras que la vida corriente sólo está dirigida por intereses, por cosas externas y convencionalismos humanos.

Debemos medir por ello toda la distancia que separa el espíritu tradicionalista del verdadero espíritu tradicional, que implica esencialmente por el contrario tal conocimiento, y que de alguna manera no es más que uno con este mismo conocimiento. En suma, el tradicionalista no es y no puede ser más que un simple buscador, y es por esto por lo que está siempre en peligro de perderse, al no estar en posesión de los principios que serían los únicos que le darían una dirección infalible; y este peligro será naturalmente tanto mayor conforme vaya encontrando en su camino, a modo de otras tantas asechanzas, todas esas falsas ideas suscitadas por el poder de la ilusión que tiene un interés capital de impedirle alcanzar el verdadero término de su búsqueda. Es evidente, en efecto, que este poder no puede mantenerse y continuar ejerciendo su acción más que a condición de que toda restauración de la idea tradicional se vuelva imposible, y esto más que nunca en el momento en que se prepara a ir más lejos en el sentido de la subversión, lo que constituye, como lo hemos explicado, la segunda fase de esta acción. Por lo tanto, es igualmente importante para él desviar las búsquedas que tienden hacia el conocimiento tradicional, como por otra parte aquellas que, conduciendo a los orígenes y a las causas reales de la desviación moderna, serían susceptibles de desvelar algo de la propia naturaleza del conocimiento tradicional y de sus medios de influencia; hay aquí, para este poder, dos necesidades en cierta manera complementarias la una de la otra, y que se podrían incluso considerar, en el fondo, como los dos aspectos positivo y negativo de una misma exigencia fundamental de su conquista.

LA TRADICIÓN

Cuando ésta es expresada en su totalidad, ha de salir a la luz de manera desvelada en plena época de tinieblas por imperativo cósmico. El término tradición etimológicamente se relaciona con transmisión y contiene la idea de transferir conocimientos, prácticas, técnicas, leyes y muchos otros elementos que pueden ser de naturaleza oral o escrita. Para nosotros, significa exactamente: la comunicación de verdades y principios metafísicos revelados a la humanidad o, más bien, a un sector cósmico de la humanidad, a través de mensajeros, profetas, etc. Y todas las ramificaciones y aplicaciones de estos principios en los más diferentes campos de la civilización, tales como leyes, estructura social, y por supuesto la religiosidad y su simbolismo y, en primer lugar, el conocimiento supremo, es decir, los Principios metafísicos y los métodos para poder hacer operativo este conocimiento. Como se observará estamos definiendo una sociedad sacral donde la naturaleza ocupa un papel fundamental, que es lo que es una sociedad tradicional, la cual ordena todas las actividades humanas según parámetros espirituales.

Quizás la forma más directa de acercamiento al significado de lo sagrado es relacionarlo con lo Inmutable, con la Realidad que es el Motor Inmóvil y lo Eterno. Esa realidad eterna es lo Sagrado como tal; las manifestaciones de dicha Realidad en el flujo del devenir y en la matriz del tiempo poseen la cualidad de sagrado. Un objeto sagrado o un sonido sagrados son algo que lleva la impronta de lo Eterno e Inmutable en la realidad física que comprende exteriormente el objeto o el sonido. El sentido de lo sagrado no es otro que el sentido de lo Eterno e Inmutable”.

La Tradición extiende la presencia de lo sagrado a todo un mundo, creando una civilización en la cual el sentido de lo sagrado es omnipresente. Se puede decir que la función de una civilización tradicional no es otra que la creación de un mundo dominado por lo sagrado.

PERENNIDAD DE LOS SÍMBOLOS CELESTES

Observemos, sin embargo, que, aun cuando la vida religiosa no está ya dominada por los dioses celestes, las regiones siderales, el simbolismo uranio, los mitos y los ritos de ascensión, etc., conservan un lugar preponderante en la economía de lo sagrado. Lo que está «en lo alto», lo «elevado», continúa revelando lo trascendente en cualquier contexto religioso. Alejado del culto y enclavado en las mitologías, el Cielo se mantiene presente en la vida religiosa por el artificio del simbolismo. Y este simbolismo celeste impregna y sostiene a su vez multitud de ritos (de ascensión, de escalada, de iniciación, de realeza, etc.), de mitos (el Árbol cósmico, la Montaña cósmica, la cadena de flechas que une la Tierra con el Cielo, etc.), de leyendas (el vuelo mágico, etc.). El simbolismo del «Centro del Mundo», cuya enorme difusión hemos visto, ilustra asimismo la importancia del simbolismo celeste: es en un «Centro» donde se efectúa la comunicación con el Cielo, y ésta constituye la imagen ejemplar de la trascendencia.

Podría decirse que la estructura misma del Cosmos conserva viva la reminiscencia del Ser supremo celeste. Tal como si los dioses hubieran creado el Mundo de tal guisa que no pudiera dejar de reflejar su existencia; pues ningún mundo es posible sin la verticalidad, y esta dimensión, por sí sola, evoca la trascendencia. Expulsado de la vida religiosa propiamente dicha, lo sagrado celeste permanece activo a través del simbolismo. Un símbolo religioso transmite su mensaje aun cuando no se le capte conscientemente en su totalidad, pues el símbolo se dirige al ser humano integral, y no exclusivamente a su inteligencia.

Lo que caracteriza a las sociedades tradicionales es la oposición que tácitamente establecen entre su territorio habitado y el espacio desconocido e indeterminado que les circunda: el primero es el «Mundo» (con mayor precisión: «nuestro mundo»), el Cosmos; el resto ya no es un Cosmos, sino una especie de «otro mundo», un espacio extraño, caótico, poblado de larvas, de demonios, de «extranjeros» (asimilados, por lo demás, a demonios o a los fantasmas). A primera vista, esta ruptura en el espacio parece debida a la oposición entre un territorio habitado y organizado; por tanto, «cosmizado», y el espacio desconocido que se extiende allende sus fronteras: de un lado se tiene un «Cosmos», del otro, un «Caos». Pero que, si todo territorio habitado es un Cosmos, lo es precisamente por haber sido consagrado previamente, por ser, de un modo u otro, obra de los dioses, o por comunicar con el mundo de éstos.

 

Ceremonia nupcial Odinista

 

Una de las obligaciones que comporta el cargo de goði es la de personalizar y oficiar ceremonias y rituales, sean estacionales o ritos de paso. En el caso que hoy nos ocupa, debo decir que tal responsabilidad se convirtió en un verdadero placer, un orgullo y una alegría. Y es que aún hay muchas ceremonias que no he tenido ocasión de oficiar, sobre todo en lo que respecta a ritos de paso, habida cuenta que mi clan tiene una media de edad de unos veinticinco años, y por tanto aún no ha habido ocasión de oficiar ningún rito de paso. Ahora bien, mis responsabilidades como goði no acaban en mi clan, como casi tod@s sabéis ya, sino que, desde hace un tiempo, se amplían al ámbito de Andalucía, como goði afiliado al COE que soy. Por ello, en cuanto se me pidió hacerme cargo, junto con mi völva Virginia, de la confección de la ceremonia nupcial de una pareja odinista afincada en Cádiz, nos pusimos manos a la obra con enorme ilusión. Pasamos semanas recabando información, documentándonos y preparando la ceremonia con seriedad y cariño, al tiempo que manteníamos un contacto permanente con la pareja, para atender a su idea de cómo querían la ceremonia, de sus gustos y sus preferencias. Todo ese tiempo de nervios, de preocupaciones y de dudas, dieron al final sus frutos. El trabajo duro y la dedicación siempre tienen recompensa, y en este caso, el resultado fue más que satisfactorio. Sería inútil intentar reflejar con palabras los sentimientos que afloraron antes, durante y después de la ceremonia, y como tengo un bonito reportaje fotográfico, quiero compartir con vosotr@s algunas imágenes de lo que fue el evento. ¡Disfrutadlas!

Este era el aspecto que presentaba el altar. Debajo del escudo, sobre la hierba, se observan dos falcatas, que también cumplirían su papel en la ceremonia.
 
Una vista más cercana de la parte central del altar. En primer término, el Mjölnir con el que se sacraliza el lugar, y sobre él, los anillos de juramentos.
 
Aquí se observa el atuendo ceremonial que lucí, inspirado en la vestimenta de los varegos de Kiev, con predominancia del color azul en honor a Freya, patrona de mi clan.
 
Esta instantánea se sacó mientras explicaba a los asistentes los elementos del altar, momentos antes de la ceremonia. A la derecha, Virginia, völva de mi clan y que me asistió como gydja, y Ernesto García, presidente del COE, que presidió la ceremonia.
 
El aspecto de la novia era verdaderamente encantador.
 
Los novios son presentados ante el altar por los padrinos.
 
Momento en que se solicita la protección de los dioses sobre la pareja.
 
Después, se realizó un intercambio simbólico de armas entre los novios. Al no tener armas propias, utilizamos las dos falcatas de entrenamiento que Ernesto nos prestó amablemente.
 
Momento de la preparación de las ofrendas a los dioses y los ancestros.
 
Bendiciendo la libación de hidromiel (obsérvese la posición que adopto, denominada «postura Algiz» por su semejanza con la runa homónima).
 
Ernesto derrama en la tierra la ofrenda, ante la atenta mirada de los niños.
 
Los novios realizan sus votos asiendo con la mano derecha un anillo de juramentos. Es el momento más solemne de la ceremonia, aunque nada podía borrarles la sonrisa del rostro. Un momento muy emotivo.
 
Sus manos se entrelazan con una tira de tela azul, representando el entrelazado de sus destinos.
 
A sus pies, la völva había formado un círculo con piedras blancas inscritas con runas, invocando la benevolencia de las Nornas.
 
Momento final del ritual, en el que los declaro formalmente marido y mujer.
 
Tras la ceremonia, un opíparo banquete nos reconfortó, y la cerveza logró atemperar el calor que reinaba en el paraje. Pero aún no habían acabado las emociones:  la Guardia del Cuervo, que con su saber hacer nos entretuvieron del modo que más nos gusta a todos: ¡luchando!
Aquí el grupo al completo, brindando con los novios. Las armas eran de entrenamiento, todo acolchado, pero las armaduras eran reales, como puede observarse.
 
Una simpática instantánea de estas dos guerreras (la de la izquierda es Sofía, hermana de mi clan, fotógrafa del evento -¡gracias por las fotos!- y poderosa skjaldmö), que ofrecieron un espectáculo soberbio.
 
Como puede suponerse, el evento ha tenido gran repercusión en el odinismo español: por desgracia, no celebramos tantos matrimonios como sería deseable, así que cuando se celebra uno, siempre es un motivo para alegrarse. Seguimos avanzando, lentos pero seguros.

REPLY TO H.U.A.R. IN “THE WILD HUNT”

STATEMENT

jerryThe Odinist Community of Spain is a legal heathen religious denomination duly registered as such by the Spanish government, the fourth worldwide and the first outside Scandinavia. COE-Ásatrú IS NOT a virtual platform on Facebook like others even HUAR. Our community is subject under national laws which explicitly condemn racism and xenophobia, and at this stage whether the allegations were true some of us we’d be in jail. Clear?

We know very few about HUAR but the most recent events make us suspect a clear politicization of the platform, in a clear totalitarian style “you’re with us or against us”, implying a principle of fundamentalism when HUAR try to force us to an only thought. Not all people involved in COE is Folkish, but mostly are, if we survived up to now and expanding nationwide is thanks our main policy: WE TALK ABOUT WHAT UNITED US, NOT WHAT DIVIDES US.

The origin of all misunderstandings did start from the deep differences between Esteban Sevilla of kindred Irminsul from Costa Rica and COE-Ásatrú. Mr. Sevilla was engaged on a serious split we experienced of our former kindred in Madrid, favoring the side of people who left COE so things were getting worse when his statements became a visceral attacks against us. Another conflict provoked another attack of Mr. Sevilla and his “absolute truth”, which led him to the disqualification of other local kindreds and appears to impair his “career” as head of the heathens in Costa Rica. Precisely, it was one of my replies in Spanish, as I insisted that if he could not understand what I was trying to explain, I’ll try to find someone to translate it in some aboriginal dialect of their country (a way to be concise, I mean) so… oh well… here you are!, began his witch hunt and our “racism”.

Before judge and condemn, HUAR should ask and deeply analyze further consequences, because now HUAR has created an enemy thanks to spite, media manipulation and obscene accusations of certain alleged Central American “godi”, by the way a person who was accused of online hacking by a publisher in New York, pending to assess whether carried the matter to court.

We accuse, the screenshots of HUAR are manipulations of Esteban Sevilla, simply “texts out of context as a pretext”. The article about the danger of Islamisation in Europe, quite extensive, mainly refers to the excesses of jihadism and not of such Abrahamic religion itself. The screenshot where I was specifically mentioned, was during the bombing of Gaza by the Israeli army last year and ironically our godi took a picture and publicly posted it (because we have nothing to hide and we do not believe in political correctness) using a Jewish kipah and stated that “I felt nothing, good nor bad, with that on my head,” a form of denouncing the injustice of some who suffered for decades and act as executioners indiscriminately today. In our internal forums some of us said that this kind of humor could be not well interpreted, as it is. And so on… no need to give greater prominence to who does not deserve it.

COE intended to contact HUAR, but our posts in Facebook have been constantly deleted and some friendly people questioning on our favour blocked without prior notice. So in front of being unable to post, have not the chance to defend ourselves or contact them, the only and last way to spread our word was the public confrontation as we did.

In the other side, HUAR does not accept any good nor bad Folkish opinion. All Folkish are simply racist for them. Our origin and foundation dates back to the times of Else Christensen who was a prisoner of war by the Nazis, who was also accused of racist by her Folkish perspective so we feel very proud of this. HUAR has lost its way, definitely; with their fundamentalism, we are convinced that HUAR has no further reason to exist. Heathens (seriously?) on the hunt of heathens, that is inquisitorial, is obscene.

This is the truth and my word is HONOR.

Blessings!

Jerry da Silva Matz
Gilwellian hinn austræni
Lagman, legal adviser
COE-Ásatrú

TEODISMO: Ortodoxia pagana

  photo En mi anterior artículo, en el que exponía una serie de definiciones al respecto del paganismo germánico, mencioné de pasada la palabra «Teodismo», identificándola así:

-El grupo minoritario al que he hecho referencia antes es el Teodismo, que es el Odinismo practicado en tierras anglosajonas y que tiene sus particularidades.

     Tal vez pequé de parquedad en esta definición. Creo que este tema merece que nos detengamos un poco para analizarlo de forma un tanto más extensa. Y es que la filosofía teodista tiene una serie de particularidades que merecen ser estudiadas por los odinistas hispanohablantes, para poder formarnos una opinión al respecto del fenómeno teodista, tarea complicada ante la escasez de material en castellano sobre Teodismo. Mis conocimientos al respecto son bastante pobres, pero tal vez sirvan para arrojar un poco de luz sobre esta curiosa manera de vivir la espiritualidad odinista.
Pero exactamente ¿qué es el Teodismo? Porque si nos ceñimos a la sucinta definición que hice en mi anterior artículo, parecería que estamos hablando de nuestra misma concepción de la fe. Sin embargo, las particularidades del Teodismo son tan marcadas que algunas personas piensan que estamos hablando de otra religión diferente al Odinismo, aunque ambas compartan el mismo panteón. De hecho, son los propios teodistas los que alientan esa separación como un modo de autoafirmación frente al Odinismo practicado, por ejemplo, por la corriente Ásatrú.
Pasemos a analizar el Teodismo. Al parecer, el movimiento se originó en torno a 1.976. Su fundador, un enigmático personaje conocido como Gárman Lord, decide ese año escindirse delcoven wiccano en el que practicaba una suerte de Wicca nórdica junto con otras personas, y crear una comunidad que practicase un paganismo germánico lo más fiel posible a lo reflejado en los registros históricos. Y es esa determinación por revivir la antigua fe lo que hace único al Teodismo.

 Portada del primer libro escrito por Gárman Lord sobre Teodismo
 
     Pero ¿no son entonces lo mismo el Odinismo que tod@s conocemos y el Teodismo? Bien, lo cierto es que compartimos numerosos elementos, y antes de hablar de las diferencias, me gustaría enumerar algunos puntos que tenemos en común:
-El más obvio es el culto a los Aesir y a los Vanir, aunque en lugar de utilizar su nomenclatura escandinava, suelen usar el inglés antiguo: por ejemplo, llaman Fréo a Freya, Ing a Frey o Wóden a Odín. Puede parecer algo irrelevante, pero no lo es tanto: luego descubriréis por qué.
-Las dos ramas realizan rituales con ofrendas a los dioses, aunque las ofrendas pueden variar.
-El Teodismo también honra a los ancestros y a los héroes de nuestro pasado.
-El honor es un valor predominante en el Teodismo así como lo es en Ásatrú.
-Los teodistas, como nosotros, estudian el folklore y la Historia para recrear su culto de un modo apropiado.
     Bien, teniendo en cuenta lo expuesto, hay quien podría pensar que estamos hablando de lo mismo cuando nos referimos al Teodismo y a Ásatrú. Así que veamos ahora las diferencias.
Icono representando a Ing (Frey)
 
     La principal diferencia entre ambas ramas es que los teodistas se acercan a la religiosidad pagana germánica como una comunidad, y cuando hablo de comunidad me refiero a una unidad comunitaria, y no como un grupo de individuos que rinden culto a los dioses. Es decir, un ásatrúar puede realizar rituales en soledad y desarrollar su espiritualidad de modo individual: por el contrario, no hay teodistas solitarios. Si no eres parte de un Theod («tribu»), podrás seguir las tradiciones teodistas, pero no serás uno de ellos. De ahí el nombre que recibe la confesión en inglés antiguo, Theodisc Geleafa, que significa «la fe de la tribu». Así pues, hablamos de una fe comunitaria. Los miembros de un Theod se atan unos a otros mediante juramentos y regalos, con lo que se conoce como «red de juramentos». Cuando celebran una ceremonia, el clan como un todo envía a los dioses un único mensaje: en Ásatrú, cada individuo puede mandar su propio «mensaje» a los dioses.
     En una comunidad odinista «estándar», todos los individuos tienen el mismo estatus sea cual sea su papel en la comunidad: en un thing, todas las voces tienen el mismo peso, y el voto de un gothi vale exactamente igual que el de cualquier otro individuo, incluso en el caso del Jarl, que a pesar de ser la cabeza del clan, no es sino el Primus inter pares («primero entre iguales»). Esto no es así en el caso del Teodismo. La jerarquía en un Theod es una rígida estructura, en la que existe un líder, que se le supone escogido por los propios dioses, aconsejado en sus decisiones por un consejo consultivo (Witan). Todo el Theod está estratificado por varios rangos: el rango más bajo se llama Céorl (similar al inglés moderno thrall, osea «esclavo»), sometidos al siguiente rango, denominado Thegn (algo así como thane, u «hombre libre»); al señor se le llama Hláford si es varón o Hláfidge si es mujer, aunque en algunas comunidades usan la palabra neutra Ealdorman. Estos rangos o niveles (denominados árungs, traducido como «honores») se determinan de diversas formas: en algunos Theods, es el Ealdorman quien lo determina, en función de los servicios que el individuo preste a la comunidad. En otros, el la comunidad en conjunto quien determina elárung de un individuo. Los sacerdotes o sacerdotisas pueden pertenecer a cualquier árung. La «red de juramentos» que he mencionado algo más arriba funciona del siguiente modo: cada miembro delTheod está juramentado con alguien de mayor nivel social. Asimismo, los miembros de mayorárung tienen el deber de velar por aquellos que se juramentan con ellos. En última instancia, el líder vela por todos. Así pues, vemos que el Teodismo sostiene la teoría de la «comunidad sagrada» frente al «culto del individuo sagrado» que propugna el Ásatrú. El ásatrúar puede conectar con los dioses de forma individual, mientras que el teodista pretende crear y mantener un vínculo entre la divinidad y la comunidad mortal, siendo el líder del Theod el conducto entre los dioses y su comunidad. Debido a esto, se entiende que es muy difícil ascender en la jerarquía de una comunidad, y de igual modo, los teodistas ven los conceptos de igualdad, democracia y libertad individual como algo ajeno a nuestra fe. Por ello, del mismo modo que una comunidad odinista se rige por  las leyes del Thing y del Althing, el Teodismo no tiene organización legal ni representación popular.
     Como hemos visto, el Teodismo se originó como un movimiento tribalista anglo-sajón, pero actualmente lo forman comunidades descendientes de muchos pueblos europeos, como los frisones o los jutos. Por este motivo, las comunidades teodistas celebran sus ceremonias en el idioma arcaico del pueblo del que son descendientes, como el inglés antiguo o el frisio. En Ásatrú, podemos utilizar el idioma nativo de cada comunidad, aunque algunos puristas introducen términos en nórdico antiguo o alto alemán.
     En lo referente al aspecto ético, frente a las Nueve Nobles Virtudes ásatrúars, el Teodismo propone el sistema de «Las Tres Wynns»: Sabiduría, Generosidad y Honor. Se basan en la «libertad de conciencia» y en una «correcta buena voluntad». Además, el Teodismo practica habitualmente sacrificios de sangre, que no son tan comunes en el Odinismo.
 Icono representando a Thunor (Thor)
 
     Así pues, podemos concluir con que la diferencia más notable entre ambas ramas del Odinismo es la siguiente: de igual modo que Ásatrú pretende revivir las antiguas tradiciones en la época actual, el Teodismo pretende reconstruirlas del modo más fiel. El teodista no cree en la igualdad ni en la democracia, sino que pretende seguir a su caudillo, que lo es por voluntad de los dioses; no cree que ofrecer vino, hidromiel o pan en una ceremonia sea digno, sino que se ciñe al término Blót(que significa indistintamente «sacrificio» y «sangre») y sacrifica animales como hace veinte siglos; condena la individualidad en pro de la comunidad; usa el idioma de sus ancestros en los rituales, porque no intenta que el ritual sea comprensible, sino fiel a los celebrados en la Antigüedad.
     He tratado de ser objetivo con la información, pero ha llegado la hora de dar mi opinión al respecto. Y es la siguiente: de igual modo que algunos medios califican la fe odinista como un movimiento «neopagano», yo llamaría al Teodismo un movimiento «retropagano», que busca la pureza sin tener en cuenta su contexto histórico. Tan lícito como cualquier otra rama del paganismo nórdico, puedo estar o no de acuerdo con sus postulados, pero indudablemente hay aspectos del Teodismo que creo que merecen ser tenidos en consideración, puesto que bien entendidos pueden sernos de utilidad a cualquier comunidad pagana que pretenda medrar. Y, naturalmente, abogo desde aquí por el entendimiento entre teodistas y ásatrúars: podemos y debemos entendernos. Cada uno vive la fe a su manera, pero aunque sean ramas distintas, pertenecen al mismo tronco. No incidamos en las diferencias: abundemos en lo que nos une y respetemos nuestros espacios, y de este modo saldremos fortalecidos todos.
     Espero que os haya resultado interesante el tema de hoy. ¡Os espero en el próximo artículo!
Manu Garzón
Goði

ÁRBOL GENEALÓGICO DE ÁSATRÚ

198243_1753979700705_5017405_nDesde que el ser humano surge como tal en la Tierra, ha tenido alguna forma de espiritualidad. Somos el único animal capaz de tener una capacidad de abstracción que nos permite plantearnos cuestiones filosóficas y que van más allá de la mera supervivencia, por lo que incluso el más convencido de los ateos, en el fondo, sigue alguna forma de espiritualidad, consciente o no, una serie de ritos y un simbolismo. Por este motivo es complicado encontrar los orígenes de nuestra fe, puesto que no es algo que se conforme de un día para otro, no se puede poner una fecha exacta de cuando comenzó el Ásatrú. Además a día de hoy seguimos conformando día a día nuestra fe, nuestra espiritualidad y nuestro modo de entender la vida, como individuos y como pueblo, por lo que no se debe caer en la trampa de copiar el pasado de manera total o de hacer una suerte de “arqueología de fe” para vivir nuestra religión y para sentir lo que sentimos hoy.
No obstante, en la era de la información en la que nos encontramos, en la cual el principal problema para encontrar algo no es, por lo general, la falta de información, sino la sobrecarga de la misma que nos dificulta diferenciar cuál es fiable y válida y cuál no lo es; es importante tener claros los cimientos del edificio espiritual que construimos día a día y entender que dichos cimientos los pusieron nuestros antepasados y que nuestros descendientes, seguirán construyendo el edificio. Lo que ocurre en el Microcosmos, repercute en el Macrocosmos, y viceversa. Cada vez que honramos a los dioses, proyectamos una parte de nosotros que identificamos con los atributos que le damos a la divinidad concreta que adoramos, y así mismo, proyectamos nuestra propia identidad como pueblo, por lo que nos fortalecemos a nosotros mismos. Así mismo, la energía que nosotros, como clan, como comunidad, proyectamos a los dioses repercute en todos nosotros, pues nuestra alma es comunitaria y nuestros ancestros forman parte de ella, aunque ya no estén con nosotros, así como los dioses.
Como es arriba, es abajo. La propia física cuántica tiene en cuenta este principio. Así pues, si nuestra cosmovisión se basa en el Yggdrasil, árbol que simboliza el Multiverso; nosotros como persona también somos como un árbol, y todo árbol, para crecer fuerte y sano, necesita tener buenas raíces. El materialismo y el universalismo de nuestros días, a lo que aspira es a arrancarnos las raíces, porque un árbol sin raíces es muy fácil de talar. La importancia de conocer nuestras raíces como personas y como pueblo nos lleva a mirar a nuestros antepasados, a la Historia, pero no para recrearnos en ella, sino para entender el presente y entendernos a nosotros mismos y nuestra realidad.
Si nos remontamos muy atrás, hasta nuestros primeros antepasados podemos apreciar la unidad espiritual de la especie humana, si nos remontamos aún más atrás, a los simios de los que descendemos, sentiremos la unidad espiritual que tenemos con el resto de animales. Así, retrotrayéndonos más y más, a través de millones de años, sentiremos la unión espiritual que tenemos con todos los seres vivos y si nos remontamos a hace miles de millones de años, al polvo estelar del que todo procede, nos daremos cuenta de que somos uno con todo el Universo, con todo lo que existe, ha existido y existirá. Si pensamos en qué somos en comparación con la inmensidad del Universo, nos creeremos insignificantes ¿qué es nuestra nación, nuestra raza, nuestro clan… comparado con los cientos de galaxias que existen? No obstante, el planteamiento lo podemos hacer a la inversa: nuestra nación, nuestra raza, nuestro clan y nosotros mismos somos parte de esa inmensidad inimaginable, por lo que no somos seres insignificantes, somos parte de Midgard, y de ese gran Yggdrasil al que se unen todos los mundos y todos los planos de la realidad.
Si entendemos esto, si entendemos que estamos ligados espiritualmente a todo lo que existe en este y en otros planos, entenderemos la esencia de cualquier religión, de cualquier forma de espiritualidad, que no es ni más ni menos que una interacción con el cosmos, siendo los poderes sagrados que percibimos o intuimos, los dioses, de la misma esencia que nosotros, solo que una magnitud abismalmente superior.

ANIMISMO
Nuestros primeros antepasados ya sabían esto, como si de una memoria ancestral trasmitida durante milenios de evolución se tratase. Del principio de que lo que ocurre en el Microcosmos y lo que ocurre en el Macrocosmos está relacionado, surge la magia simpática, los rituales para atraer la caza, la lluvia, la fertilidad… Nuestros ancestros ya intuían a los poderes sagrados, sabían que más allá de un puñado de huesos y músculos, el homo sapiens y el resto de animales, plantas, lugares… tienen una parte espiritual, más allá de la física. Esa creencia en que hay una realidad espiritual más allá de la material es la primera forma de religiosidad, el animismo, es decir, la creencia de que todo tiene un alma. Sabemos que desde los orígenes del hombre, hace 100.000 años, esta creencia está presente en todos los grupos humanos. Así pues, dado que el ser humano no tiene instintos tan fuertes como el resto de animales, no hubiera podido sobrevivir sin la cultura y sin su trasmisión de generación en generación. Esto quiere decir que, aunque todos los seres humanos tengan lenguaje articulado, existen diferentes lenguas humanas y, del mismo modo, aunque sea común el animismo como religiosidad de toda la Humanidad, cada pueblo desarrolló una forma de animismo adaptada al lugar donde vivía y a su cultura, y así mismo, entendió a los poderes sagrados de una manera diferente.
El ser humano, por su propia naturaleza, es tribalista. Tiende a socializar y a agruparse en clanes, en tribus, en bandas… como el resto de animales se agrupa en manadas, sólo que, por nuestra mayor capacidad para organizarnos, nuestras manadas son mayores que las de otros mamíferos. Como ellos, tenemos el concepto del Yo frente a los Otros dentro del grupo del que formamos parte, y del Nosotros frente al Ellos, pensando de manera comunitaria. La familia, el clan, la tribu… son agrupaciones, cada vez más grandes, que nos permiten sobrevivir y que, en el plano espiritual se traducen a sentir un alma comunitaria, un espíritu común de la colectividad, del grupo del que formamos parte. Así mismo, el culto a los ancestros, está presente desde los primeros momentos, pues el ser humano tiene conciencia de la muerte y entiende que aquellos que ya no están en este plano de la conciencia, siguen ligados a los vivos, a los que aún habitan este mundo. Por lo tanto cada clan o cada tribu tendrá ancestros en común, o un origen común, real o simbólico, que en todo caso sirve para identificarse con la Comunidad con la que se forma parte.
Esto es así en todos los lugares de la Tierra, en todas las culturas. Desde los nativos americanos, hasta los aborígenes australianos, pasando por cualquier etnia que se nos ocurra. Trasmitidas de generación en generación por vía oral, las historias sobre los antepasados se convierten en leyendas y en mitos, y cada generación incorpora sus valores y su visión del mundo a la herencia recibida, para trasmitirla a sus descendientes. Así, nuestros mitos, la historias sobre los dioses y los héroes, nos llegan a nosotros hoy, a través de milenios, como si nuestros antepasados nos hablaran alrededor del fuego, igual que hace miles de años, hacían los abuelos con sus nietos, y estos con los suyos, y así hasta que alguien los puso por escrito hace solo unos cuantos siglos.
Dado que el ser humano es tribal por naturaleza, cuando un grupo humano era demasiado grande, tendía a desgajarse en grupos más pequeños. Del mismo modo, los grupos pequeños, tendían a unirse con otros. De esta forma, los clanes de una misma tribu serán autónomos, pero se sentirán parte de un mismo tronco común, y las familias de un mismo clan, cada hogar, cada pareja con sus hijos alrededor de un fuego, será parte de un clan. Por ello, uniéndose y separándose, según las circunstancias, nacen las diferentes comunidades humanas, siendo todas de la misma especie. Sin embargo, cuando en un momento dado la sabana africana no fue suficiente para abastecer a todos los seres humanos, cuando los hielos del norte se retiraron un poco, comenzó una gran migración que llevó al ser humano a poblar la práctica totalidad del planeta.
Estos movimientos migratorios tuvieron como resultado que ciertas tribus y clanes, se asentaran en el gran continente Eurasiático, que por aquel entonces, estaba poblado por otra especie homínida, los neandertales. Son muchos los enigmas sobre la relación que tuvieron sapiens y neandertales, quizás el mito de los trolls proceda de la imagen que nuestros antepasados tenían de esos animales, parecidos a los hombres, pero que no eran hombres, cuando se topaban con ellos. En todo caso, ambos grupos se evitarían mutuamente o, quizás en algunas ocasiones, por alguna circunstancia, tuvieron contacto, tal vez hubo hibridación o tal vez las dos especies eran demasiado diferentes, sino biológicamente, sí culturalmente. Sea como sea, lo cierto es que nuestra especie acabó siendo la única sobre el planeta y los neandertales desaparecieron.
Durante milenios separados, alejados de los primeros hombres que permanecieron en África, y por adaptación al nuevo clima, surgieron las razas. Podemos diferenciar tres troncos raciales o quizás cuatro: el tronco racial negroide, los que permanecieron en África y, de los que migraron a Eurasia, podemos distinguir dos troncos raciales, caucasoide o europoide, y mongoloide. Un supremacista negro diría que la raza negroide es la más pura, un supremacista blanco o asiático dirá que es la menos evolucionada. Ambas afirmaciones son absurdas. Sencillamente, es la más antigua y, genéticamente, la más diferenciada de las otras dos. De este origen de las razas podemos ver claramente que no hay razas superior o inferiores, sencillamente la especie se adaptó al medio natural como todas las especies animales.
Esta adaptación al medio natural fue física, con algunos cambios fenotípicos como el color de la piel, que es el más llamativo (razón por la que tradicionalmente se
nombra a las razas por colores, cosa que desde mi punto de vista es una simpleza) pero fundamentalmente, dado que la adaptación humana más importante es la cultura, se trató de una adaptación cultural. Esto quiere decir que cuando hablamos de nuestra raza y ponemos énfasis en preservarla, no nos referimos tanto el plano biológico como fundamentalmente, a preservar la cultura ancestral de la que somos hijos. Sin embargo, es evidente que las razas existen y negarlo forma parte de la obsesión del universalismo de pretender que todos seamos iguales, cuando la propia esencia de la especie, como hemos visto, es su diversidad, dentro de la unidad espiritual que nos liga a todos por el hecho de ser humanos y que nos liga con toda la naturaleza y con todo el cosmos, porque tenemos un alma.
Para algunos existe una cuarta raza, el tronco racial australoide, si bien para otros los aborígenes de Oceanía serían, en algunos casos, mongoloides, y en otros, negroides. Se trata de una cuestión de que la que se encarga la genética y la antropología, pero que escapa a mis conocimientos determinar. En cuanto al tema que nos ocupa, que es el espiritual, surgen aproximadamente en el 40.000 a.C., cuando ya las razas están diferenciadas, diferentes tipos de animismo, y el que nos interesa a nosotros, es el animismo europeo.

CHAMANISMO
Si la primera forma de espiritualidad es el animismo, el saber que todos los seres que nos rodean y nosotros mismos, tenemos alma, el siguiente paso intuitivo es entender que hay diferentes planos de la realidad, que hay un plano o varios que no percibimos, pero intuimos. Sabemos que existen muchas dimensiones, pero nuestros sentidos sólo pueden percibir tres. Del mismo modo sabemos que existen conceptos matemáticos como el infinito, que no podemos imaginar, pues nuestra capacidad es finita, pero sí podemos intuir, representar y hasta operar con ellos.
Si imaginamos que nuestros sentidos sólo pudieran percibir dos dimensiones (altura y anchura), ¿cómo percibiríamos a un ser tridimensional? Pues como una proyección en dos dimensiones, sin profundidad. Así mismo, podemos percibir realidades de cuatro o más dimensiones en tres dimensiones, nuestro ojo no puede ver la cuarta dimensión, pero a partir de la proyección, podemos deducir que un objeto tiene cuatro dimensiones. Este ejemplo es válido para decir que hay una realidad que no vemos, que no sentimos, pero que sí podemos intuir. Por ejemplo, no vemos las ondas de radio, ni las podemos tocar, escuchar… pero están ahí.
La existencia de otros planos de la realidad está presente en la filosofía desde sus comienzos y ya sería intuida por nuestros primeros antepasados. La concepción de esos otros planos y la relación de estos con el plano en el que nos desenvolvemos conscientemente, varía según la cultura y según la corriente filosófica. Para Platón, los planos están separados, y esta misma concepción será propia de las religiones del Medio Oriente, entre ellas, el cristianismo, que no deja de ser un neo-platonismo judaizado. Sin embargo, para nosotros y para otras muchas tradiciones, esos diferentes planos de la realidad están interrelacionados y conectados entre sí, formando un Multiverso que representamos en el Yggdrasil.
Poniendo el ejemplo de antes, un ser bidimensional intuiría a los seres tridimensionales por su proyección en dos dimensiones, por su sombra, y puede pensar que se encuentran en otro mundo, pero lo cierto es que están en el mismo mundo que él, solo que en otro plano que no puede ver. Si tuviera que representar a esos seres tridimensionales, lo haría en dos dimensiones. Hay pues, interrelación entre los planos de la realidad, y un ser de tres dimensiones podría actuar en un plano bidimensional e incluso proyectar su sombra sobre dos dimensiones siendo un ser inter-dimensional. La muerte sería entendida como el paso de un plano a otro de la existencia, siendo la muerte una percepción de nuestra consciencia: consideramos que alguien muere cuando ya no está en nuestro plano de la realidad.
El chamanismo consiste en que ciertos individuos tienen la capacidad para acceder a esos otros planos en determinadas circunstancias, o tienen una segunda visión para percibir a seres que habitan en ellos, especialmente, a los espíritus de los antepasados o de los difuntos en general. Ese otro plano de la realidad, al que muchos han llamado plano astral, y que dividen en diferentes regiones, es el plano al que accedemos durante el sueño o mediante la meditación. Multitud de personas con experiencias cercanas a la muerte afirman haber visto sus propios cuerpos o escuchado conversaciones cuando estaban inconscientes. Deducimos pues que todos, en ciertas circunstancias, podemos acceder a otros planos de la realidad. Pero los chamanes tienen una facilidad superior para ello, tiene una segunda visión, que les permite entrar en contacto con esos mundos, abrir una puerta a esos otros planos.
Así mismo, el tiempo y el espacio son relativos, nosotros intuimos el pasado, el presente y el futuro, pero lo cierto es que no existen como tal, lo que existe es lo que fue, lo que es y lo que puede ser, que nosotros, en nuestra tradición, representamos con las Nornas. Por lo tanto, en otros planos de la realidad, no hay esa diferenciación entre tiempo y espacio, por eso en los sueños podemos viajar a la velocidad del pensamiento de unos lugares a otros, o dar saltos en el tiempo. Partiendo de la base de que, lo que recordamos de los sueños es sólo una mínima parte “decodificada” de lo que hemos soñado, por lo tanto, filtrada y traducida a la realidad que conocemos. El acceso a esos otros planos de la realidad, más allá de nuestra concepción del espacio-tiempo, lleva a ver lo que nosotros conocemos como el futuro. Por eso, las personas con esa segunda visión, los chamanes, pueden adivinar lo que va a acontecer o actuar como oráculos.
Por otro lado, las dolencias físicas tienen una parte espiritual y es posible aliviar una dolencia física actuando sobre el plano espiritual. Muchas enfermedades son meramente psicosomáticas, en otros casos, una buena actitud sirve para curar. Es lo que solemos llamar “efecto placebo”. Por este motivo, los chamanes en la época ancestral que nos estamos refiriendo, también actuarían como curanderos, puesto que no se diferenciaba como ahora la sanación física de la espiritual. La medicina moderna, en una actitud de soberbia y de fetichismo tecnológico, ha subestimado técnicas de medicina tradicional que en otros lugares, especialmente en Asia, tienen grandes resultados. Las persecuciones a las “brujas” durante los siglos más oscuros de la Europa cristianizada tienen la culpa de que gran parte de ese saber milenario se haya perdido en nuestra cultura.
Del mismo modo que el animismo, el chamanismo se desarrolló de forma diferente según la cultura. Tenemos muchos tipos de chamanismo, del que luego surgirán las religiones de la Antigüedad siendo estas prácticas chamánicas la base de la religión en las primeras civilizaciones. No existe, sin embargo, un chamanismo europeo propiamente dicho, pero sí tiene que ver con nosotros el chamanismo de origen siberiano y de los Urales, propio de los pueblos del Ártico que se asentaron en el norte de Escandinavia, como los saami o los ugro-fineses. El chamanismo no surge a la vez en todos sitios, teniendo las primeras formas de chamanismo en Asia más de 14.000 años de antigüedad, pero el origen del chamanismo ártico que nos ocupa, se remonta aproximadamente al 8000 a.C.

POLITEÍSMO
A medida que la sociedad se vuelve más compleja, sus creencias también se empiezan a ocupar de fenómenos abstractos, no sólo de las fuerzas de la naturaleza o de otros planos de la realidad. Muchos ateos se agarran a decir que los dioses son una construcción humana, en un intento de negar su existencia. Pues bien, los dioses son una construcción humana… del mismo modo que las personas lo son ¿duda alguien de la existencia de las personas? Cuando un niño nace sus padres le ponen un nombre, nombre que tiene unas connotaciones concretas, que tiene un significado para ellos. Es el primer acto por el cual se entiende que el recién nacido es parte de la familia, es parte del grupo. Como no nacemos aislados sino que nacemos siendo parte de una cultura, el recién nacido irá adquiriendo los elementos propios de su cultura, desde que aprende a hablar, e irá conformando su propia identidad. La identidad se compone de muchos aspectos: su identidad sexual, su ideología, su religiosidad, sus gustos… y todo ello hace que sea algo más que músculos y huesos, que sea un producto de la cultura, es decir, una persona. Si se acaba con la identidad de alguien, se le destruye como persona, si se acaba con la identidad de un pueblo, se lo destruye como pueblo. Eso es, en el fondo, lo que pretenden hacer quienes promueven una visión materialista de la existencia.
Así pues, si desde un aspecto material tenemos un cuerpo, unos órganos, un esqueleto… que nos hace ser homo sapiens, desde un punto de vista cultural tenemos una identidad que nos hace ser personas y desde el punto de vista espiritual tenemos un alma que es nuestra esencia y nos hace ser parte del cosmos; los dioses también tienen una naturaleza múltiple. Del mismo modo que en matemáticas intuimos el concepto de infinito y podemos representarlo y operar con él, pese a que sea un concepto que nos supera, desde tiempo ancestral nuestra especie ha intuido el concepto de divinidad, lo ha representado y ha operado con él. Así mismo, poniendo el mismo ejemplo, sabemos que hay muchos infinitos (la suma de los números impares es infinita, la suma de los números pares, los múltiplos de cualquier número, los decimales del número Pi…) que no son iguales entre sí, intuimos el concepto de divinidad (como el de infinito) pero sabemos que hay muchos dioses. Nace así el politeísmo.
Un dios o una diosa no es sólo la intuición de un poder sagrado, sino que además es el reflejo del alma del pueblo que los ha creado, que los representa a su imagen y
semejanza y se identifica con ellos, y también les atribuye determinados atributos y características abstractas. Hay varios tipos de dioses, en función de su naturaleza, y el dios o la diosa nos sirven como un canalizador a la hora de central nuestra energía, nuestra espiritualidad, hacia aquello que proyectamos de nosotros mismos, y hacia aquello que buscamos del Macrocosmos hacia nuestro Microcosmos personal.
Por poner un ejemplo claro, los godos tenían a Gaut como su dios nacional, y se denominaban a sí mismos gautas, es decir, descendientes de Gaut, ligándose como un ancestro común con el dios. Así pues tenemos de una parte la intuición de un poder sagrado, la unión con los ancestros y con el propio pueblo, y la construcción de un arquetipo concreto, como Padre, dios de la guerra, de la sabiduría… pues de Gaut evoluciona Wotan, como era nombrado por todos los pueblos germánicos, y finalmente de Wotan deriva la palabra Odín, hasta hoy. Del mismo modo que nosotros como cinco años y con veinte somos la misma persona, pero hemos evolucionado, también evolucionan los dioses y el concepto de Odín en el siglo IX no es el mismo exactamente que tenemos hoy, ni el que tendrán nuestros nietos.
La naturaleza de los dioses es compleja y siendo los mismos dioses, no todos los vemos igual. Pero lo que sí está claro es que los dioses son propios de cada pueblo, precisamente porque han sido elaborados por una cultura, son la proyección del mismo pueblo y de los propios ancestros, por lo que no puede existir un dios universal, todo lo más, el dios de un pueblo barrerá a los dioses del resto de pueblos si su pueblo elimina al resto de pueblos de la Tierra. Del mismo modo que todos hablamos una lengua y no hay una lengua “verdadera” siendo las demás “falsas”, con independencia del número de hablantes que tenga; cada pueblo tiene sus dioses, fruto de su cultura, y no hay unos “verdaderos” frente a otros “falsos”. Los diferentes pueblos irán elaborando su concepción de los dioses, entre ellos los indoeuropeos, que lo harán aproximadamente en el IV Milenio a.C.
El politeísmo indoeuropeo nace en la zona de los actuales India e Irán. Los pueblos indoeuropeos migrarán desde esa zona originaria hacia el este, estableciéndose en Irán, los indo-arios, y conformando el politeísmo indo-iranio posteriormente, propio de la civilización persa y del cual se derivará posteriormente el mitraísmo y el mazdeísmo. Otros migrarán a la actual Europa y a la península de Anatolia, y un tercer grupo se establece en el Valle del Indo, conformando el politeísmo védico, antecesor del hinduismo entre otras religiones.
De la fusión de los pueblos indoeuropeos con los habitantes pre-indoeuropeo del continente, que podemos denominar cromañones, y con los pueblos de origen siberiano establecidos en el Ártico, nace la milenaria cultura europea de la que somos hijos. Los indoeuropeos tenían una cultura guerrera y patriarcal, que se fusionó con la cultura campesina y matriarcal de los cromañones, de pueblos como los vascones, los iberos, los estonios o los etruscos, indo-europeizando también a estos pueblos. Este proceso, en nuestra tradición, se explica mediante la guerra entre los Ases y los Vanes, y la paz entre ellos, con intercambio de rehenes. Así pues, el culto a divinidades telúricas y a las fuerzas de la naturaleza, así como a la Diosa Madre, propio de los cromañones, se fundió con el culto a los fenómenos atmosféricos y los dioses que representan conceptos abstractos, propios de los indoeuropeos, y con el chamanismo del Ártico.
De ese origen indoeuropeo surgen varias familias de pueblos: los germanos, los celtas, los grecolatinos, los eslavos y los baltos, desarrollando cada uno de ellos su propio politeísmo, del mismo modo que desarrollaron su propia lengua y costumbres, pero todos hermanos de sangre y, por tanto, con muchas características comunes. Entre estas características el hecho de la división social en tres estamentos: sacerdotes, guerreros y campesinos; fruto de la fusión entre el sustrato pre-indoeuropeo y los indoeuropeos. Esta división social se plasma en una tríada de dioses principales, que generalmente tienen que ver con estos aspectos, que en nuestro caso serían Odín, Thor y Freyja o Freyr. De esta división triple, el cristianismo derivará a la Santísima Trinidad (que a todas luces es politeísta, por muchas vueltas que le den) y la división social medieval entre clero, nobles y campesinos.
Son muchas las características comunes de las religiones de origen indoeuropeo, pero principalmente podemos entender que hay una cosmovisión formada por las fuerzas primigenias de la naturaleza desbordada (gigantes, titanes, fomorianos…) que representan el caos, en antítesis a las fuerzas de la naturaleza creadora y dadora de vida, y de los dioses atmosféricos y que representan conceptos abstractos, que representan el orden. A diferencia de las religiones del Próximo Oriente, cuya cosmovisión se basa en una antítesis entre el Bien y el Mal, la cosmovisión indoeuropea se basa en la antítesis
entre el Orden y el Caos, que se suceden de manera cíclica: a un mundo le sucede otro del mismo modo que las estaciones se suceden o que hay que morir para volver a nacer.
Entre todos esos politeísmos se encuentra el politeísmo germánico, que surge aproximadamente en el 1700 a.C. Este es origen de nuestra fe actual, aunque lógicamente, después de casi 4.000 años, estando proscrita los últimos diez siglos en toda Europa, nuestra forma de entenderla ha cambiado sustancialmente a como nuestros antepasados la concebían en el II Milenio a.C. No obstante, la esencia sigue siendo la misma, los valores siguen siendo los mismos, que hace 4.000 años. Los dioses de la naturaleza serían los Vanes, los dioses de la guerra, del trueno, de la templanza, de la justicia, de la venganza… serían los Ases, y el chamanismo o la magia rúnica, el seidr y el galdr, procedería del chamanismo ártico. Esta fe dio a los pueblos germánicos, ya fueran godos, francos, longobardos, alamanes, getas, marcomanos, suevos, vándalos, burgundios, hérulos, vikingos… una serie de valores y una visión del mundo.
Esta visión del mundo y esa espiritualidad, persistió en ellos pese al barniz cristiano, y se extendió por toda Europa con las migraciones e invasiones germánicas durante la Edad Media, para fusionarse con el sustrato celta, eslavo, báltico o grecolatino y conformar las naciones europeas, desde los Urales hasta Lisboa. Desde que Islandia se convirtió formalmente al cristianismo por votación de su Althing, para evitar la invasión de los reyes noruegos, en el año 1000, la vieja religión germánica que quedó relegada frente al Cristo blanco del Medio Oriente. Desde que los godos entraron en el Imperio Romano y se inició una lucha entre los partidarios de romanizarse y cristianizarse, liderados por Fravitas, y los partidarios de mantener su identidad y sus creencias, liderados por Eriulfo, hasta los últimos vestigios escandinavos, hubo una dura lucha entre los germanos y finalmente las élites impusieron el cristianismo al pueblo, pues este servía bien a sus propósitos de dominación.

MONOTEÍSMO UNIVERSALISTA
La religiosidad natural de los pueblos, cuando estos son libres y no están sometidos al yugo de una minoría, es totalmente contraria a dogmas e imposiciones, y mucho menos al concepto de universalismo. Nadie, hasta los últimos dos milenios de la Historia de la Humanidad, pretendió “convertir” a otro pueblo a su religión, porque la religión era una cuestión, sobre todo, identitaria. Un celta adoraría a los dioses celtas, un germano a los dioses germanos, un egipcio a los egipcios, un sumerio a los sumerios…
y nadie pretendía a otra cosa. Sin embargo cuando surge la dominación de unos seres humanos sobre otros, surge el Estado y con este, la casta sacerdotal como un órgano separado del resto de la población, que aleja la religión, antaño al alcance de todos, y se autoproclama como único interprete de la Divinidad. No se trata de la función sacerdotal, que antaño llevaban a cabo algunas personas, con especial prestigio social por ser responsables de esta función, pero que a fin de cuentas era fruto de un reparto de tareas (hay quienes se dedican a los dioses, como hay artesanos, campesinos o pescadores). Cuando se establece una casta cerrada, privilegiada, se da el paso de una sociedad jerarquizada pero igualitaria, a una sociedad estratificada, con desigualdades sociales. Es en este momento cuando la religión pasa de ser algo popular, a ser un instrumento de dominación, y se crean los dogmas y el concepto de pecado. Este proceso se dio en el Próximo Oriente, cuna de los primeros Estados, pero en Europa fracasó cuando se produjo en la civilización micénica, siendo los europeos un pueblo libre organizado en Comunidades, pero no en Estados. Cuando estas Comunidades (polis, civitas, confederaciones tribales…) degeneraron, surgen los Estados y se copiaran los usos orientales, propios de la teocracia, en lugar de los usos europeos, propios de una democracia comunitaria, identitaria, donde los hombres libres elegían a sus jefes como primeros entre iguales. Cuando un Estado, parapeto ideológico de una minoría que domina al pueblo, aspira no solo a dominar a su propio pueblo, sino también a otros pueblos, surgen los Imperios. El Imperio es el máximo grado de la dominación política en una sociedad, glorificado hasta la saciedad, sin embargo es el reflejo de la decadencia y la muerte de la libertad. Es en el seno de los Imperios, cuando se pretende acabar con la identidad de los pueblos y convertir así a la gente en masa, fácilmente esclavizable y sumisa, cuando surge el concepto de Dios único y verdadero, frente a los “falsos ídolos”.
No hay que confundir este monoteísmo con la monolatría o el henoteísmo, siendo la monolatría el culto por encima del resto de dioses de uno en concreto, generalmente un dios nacional, pero admitiendo la existencia de otros dioses para otros pueblos; y el henoteísmo la creencia de que todos los dioses son manifestaciones de diferentes aspectos de un único ser divino. Esta corriente henoteísta es una visión filosófica o teológica que puede perfectamente convivir con otras, del mismo modo que hoy en día, en el hinduismo hay escuelas panteístas, politeístas y henoteístas, e incluso
variantes no teístas, y todas son hindúes. Sin embargo lo que ocurrió en el Imperio Romano, cuando el henoteísmo empezó a tener mucha aceptación entre las élites culturales, es que el poder imperial aprovechó esto para tender, poco a poco, hacia el monoteísmo. Del culto al Divino Augusto se fue pasando al culto al César, como dios viviente, copiando los usos orientales.
La influencia asiática del despotismo oriental en el aspecto político, también tuvo implicaciones religiosas, entre ellas la introducción del culto a dioses orientales como Mitra o Cibeles, que fueron asimilados por el panteón romano. Por la influencia oriental surgieron los cultos mistéricos, entre los cuales estaba el hermetismo y el gnosticismo, y que serán el germen de la teosofía y posteriormente del ocultismo y de sociedades secretas como la masonería, los rosacruces, la aurora dorada… así como de religiones que tienen influencias de diversas fuentes, como el Thelema o la Wicca e incluso, por la lógica influencia cristiana, del luciferismo.
Una de las influencias religiosas orientales fue la llegada de la secta judía de los nazarenos, que había sido helenizada por Pablo de Tarso, recibiendo influencias de intentos fallidos de monoteísmo como el atenismo en Egipto así como del monoteísmo persa, el mazdeísmo. Toda esta mezcla de influencias dio como resultado el cristianismo.
En un primer momento el cristianismo fue considerado una superstición y los cristianos fueron perseguidos por negarse a rendir culto al Divino Augusto. Los intentos de instaurar un monoteísmo por parte del Imperio fueron más bien centrados en el culto solar, por influencia egipcia, y se intentó con Helios, pero la tentativa no tuvo éxito. Fue Constantino el que se dio cuenta de que el cristianismo le venía muy bien para consolidar la idea de “un solo Dios, un solo Imperio y un solo Emperador” y despenalizó a los cristianos, creando una versión oficial basada en el dogma trinitario, universal (es decir, católica) para todo el Imperio y desterrando el resto de herejías y sectas cristianas. Construyó la Nueva Roma, Constantinopla, sin un solo templo de la vieja religión romana y convirtió el cristianismo en una religión romana judaizada. Teodosio fue más lejos aún, declarándola religión oficial del Imperio, y proscribiendo a las viejas religiones de Europa. Comenzaba así el largo periodo de 1600 años de persecuciones, hogueras y profanaciones en nombre de la cruz redentora, coincidiendo con la decadencia final y la destrucción del Imperio, sobreviviendo sólo el Imperio oriental.

PAGANOS Y HEATHEN
Como podemos ver, aunque el cristianismo se había expandido entre las capas populares, entre otras cosas porque los cristianos daban asistencia a sus hermanos de fe, cumpliendo una acción social que el Estado romano no ofrecía a sus ciudadanos, convirtiéndose en la religión de los débiles y desfavorecidos; pese a ello, el grueso de la población seguía rezando a sus viejos y ancestrales dioses. La vieja religión fue perseguida, los templos profanados y miles de europeos fueron asesinados por no renunciar a su cultura milenaria y aceptar el judeocristianismo, en el mayor genocidio de todos los tiempos, en nombre de la paz y el amor.
En las ciudades, bajo control de los funcionarios del Imperio, el cristianismo acabó imponiéndose a sangre y fuego, pero en el campo, lejos del control estatal, la gente seguía adorando a sus viejos dioses. Los habitantes del campo, del pagus, eran mirados con desprecio, considerados rústicos y primitivos, y se atribuyó a su ignorancia el hecho de que siguieran aferrados a los viejos dioses en lugar de aceptar “la fe verdadera”. Por eso fueron llamados paganos.
Por extensión se llamó paganos a todos aquellos que no aceptaron la religión cristiana, incluidos los pueblos germánicos y eslavos de fuera del Imperio. En castellano no existe otra palabra aparte de pagano para hacer referencia a esto, pero en inglés hay una sutil diferencia entre el término pagan y el término heathen, que ambos pueden traducirse como “pagano” pero tienen connotaciones diferentes. Para los germanos que vivían fuera del Imperio, cristianizarse era sinónimo de romanizarse. El Dios cristiano era el dios de Roma, por lo que para entrar en el Imperio, situación a la que se veían abocados por la presión de los hunos, era preciso ser cristianos. Esto, amén de otras ventajas para los caudillos germánicos, que ya empezaban a proclamarse reyes asumiendo el ceremonial y los usos romanos, hizo que la mayoría de estos pueblos se bautizara en masa, siendo, como es natural, una conversión puramente nominal. Los germanos eran fundamentalmente una población rural, por lo que la antítesis entre el habitante de las ciudades y el pagano, que vivía en el campo, no tenía mucho sentido. Muchos de estos pueblos se convirtieron a alguna herejía cristiana en lugar de a la variante católica oficial, para mantener su identidad y no disolverse entre la cultura romana. Tal fue el caso de los godos y su conversión al arrianismo. La diferencia entre los germanos no era entre los que son rústicos y aún creen en “los falsos ídolos”, como promovería la propaganda cristiana en el Imperio, sino entre los que conocen a Dios y los que no lo conocen, siendo estos, los primitivos, salvajes, bárbaros… y los cristianos los civilizados.
La palabra inglesa heathen deriva del inglés antiguo hæðen y del nórdico antiguo heiðinn, que a su vez parece derivar del gótico haiþno, término con el que Ulfilas traduce la expresión “gentil” en la Biblia traducida a la lengua goda, palabra usara para referirse a los no judíos y, por extensión, a los no cristianos o musulmanes. Lo mismo sucede en euskera con el término jentil, que se traduce también por pagano, para referirse a los vascones que seguían adorando a sus viejos dioses. Aunque ambos términos, pagano y gentil, son usados peyorativamente, lo cierto es que hoy en día la mayoría de creyentes de las religiones nativas europeas se reconocen como paganos o como heathen con orgullo, precisamente por ese rechazo al Dios cristiano, reivindicando la pureza del campo y sus viejos valores ancestrales (para el término pagano) o el hecho de no conocer, ni querer conocer, al “Dios verdadero” (para el término heathen).

PROSCRIPCIÓN CRISTIANA
Desde el Edicto de Tesalónica del año 380 se inició una persecución paulatina de las viejas religiones europeas. Se talaron arboledas sagradas, se profanaron santuarios, se destruyeron estatuas de los dioses… y se destruyó gran parte de la milenaria cultura europea. Se produjo el exterminio de miles de europeos para mayor gloria de Jehová y su clero… pero no pudieron exterminar el alma europea. Después de las persecuciones imperiales, se produjeron persecuciones por parte de los reyes germanos conversos al cristianismo, algunos de ellos considerados santos por la Iglesia, como Olav II de Noruega. Se glorificó como santos de la Cristiandad a los responsables del genocidio europeo, como San Patricio en Irlanda, que exterminó a cientos de paganos celtas y sin embargo hoy se celebra esa efeméride como fiesta nacional irlandesa. Carlomagno emprendió guerras para convertir por la fuerza a paganos sajones y eslavos, llevando a cabo atrocidades contra ellos. La Orden Teutónica masacró a los baltos en la Cruzada contra Lituania… el número de matanzas y crímenes en nombre del Dios único de los
cristianos es incontable, pero aunque llenaron de sangre la Madre Europa, la cultura europea sobrevivió bajo el barniz cristiano.
Hubo criptopaganos hasta bien entrada la Edad Media, sobre todo en algunas zonas, más o menos tolerados por los poderes cristianos. Pero el cristianismo, para poder imponerse, tuvo que paganizarse totalmente. Las fiestas cristianas son todas de origen pagano, las órdenes de caballería tienen más que ver con los viejos valores europeos que con el “poner la otra mejilla” de la Biblia, el folclore, las leyendas populares, la música, la literatura… la vieja espiritualidad europea sobrevivió pese a todo.
En el caso de la religión germánica, que es el que nos ocupa, las Eddas fueron escritas en el siglo XII por Snorri Struluson, preservando la memoria de nuestros dioses y mitos. Las sagas, las historias populares… nos han llegado hasta hoy, trasmitiendo el legado de nuestro pueblo. Lógicamente, cuanto más al norte, cuanto más superficial fue la cristianización y más tardía, más viva está la vieja religión. Sin embargo en España tenemos una gran cantidad de elementos en el folclore popular de origen germánico: los “martinicos” en Castilla no son sino duendes, los “malismos” son trolls, la Santa Compaña es la Hueste Salvaje de Odín, la leyenda de San Jorge y el dragón no es sino la de Sigfrido, los hombres-lobo… el folclore popular español está lleno de elementos de claro origen germánico, celta o latino, en ocasiones cristianizados.
Aunque formalmente cristiana, la sociedad europea ha seguido celebrando sus fiestas y manteniendo, aunque judaizados, los valores de sus ancestros, resistiéndose a morir y celosa de su identidad frente al universalismo. El cristianismo de España no fue igual que el de Francia, el de Italia o el de Alemania y cuando se produce el cisma protestante en el siglo XVI, lo que hay es una intención de crear Iglesias nacionales frente a la Iglesia de Roma, lo cual se tradujo en ocasiones en el cisma, y en otras, en el regalismo y en hacer del catolicismo una política de Estado. Con el Renacimiento se produce una vuelta a la cultura clásica y se inicia el lento pero imparable proceso de descristianización de Europa.

RESURGIR DE LAS RELIGIONES NATIVAS
A partir del siglo XVIII, con la Ilustración, se empezó a cuestionar muchos de los dogmas del cristianismo, en un clima de mayor tolerancia religiosa tras las guerras
de religión y el fanatismo que había caracterizado los dos siglos anteriores. Surgieron muchas corrientes filosóficas cristianas que buscaban una explicación racional de Dios y empezaron a popularizarse entre los intelectuales corrientes como el panteísmo o el deísmo, alejadas del dogmatismo. Este clima propició la investigación y la recuperación de las viejas formas de religiosidad europeas en el siglo XIX, dentro del movimiento romántico, en el contexto de profundizar en la cultura y las raíces de los pueblos. El Romanticismo fue una exaltación de lo nacional frente a lo universal, en todos los aspectos, y ello llevó a que se retomara un gran interés por las viejas formas de espiritualidad.
Es en el siglo XIX cuando surge la Etenería o Etenismo, castellanización del término inglés Heathenry, derivado de heathen, término que he explicado anteriormente. Surge dentro del movimiento romántico alemán y escandinavo, así como en el contexto del “revival” vikingo de la Inglaterra victoriana. El estudio de los pueblos germánicos y el nacionalismo, plasmado en el arte y en la música, sobre todo en la obra de Richard Wagner, impulsó notablemente la recuperación del viejo politeísmo germánico, pero mezclado con el esoterismo, el misticismo y una gran variedad de corrientes ocultistas. En estos tiempos, había una sed de conocimiento, pero después de siglos de persecución cristiana, la vieja religión estaba muy mezclada con otras cosas. Al tiempo que se inicia un movimiento para recuperar el paganismo germánico, ocurre lo mismo con otras religiones nativas europeas, siendo el siglo XIX el periodo en el que surge el Druidismo a partir del politeísmo celta, el Rodismo a partir del politeísmo eslavo, la Romuva y la Dietruba, a partir del politeísmo báltico o el Dodecateísmo a partir del politeísmo griego.
La primera vez que se emplea la palabra “Ásatrú” es en la ópera Olaf Trygvason del compositor noruego Edvard Hagerup Grieg, en 1870. Es una etapa que podríamos llamar de proto-Odinismo, puesto que la religión aún no estaba conformada como tal, estaba empezando a aflorar en medio de las brumas y todavía con una grandísima contaminación judeocristiana. A finales del siglo XIX, dentro del ocultismo y el esoterismo alemanes, nació la ariosofía en Austria, como un sistema ideológico esotérico que mezclaba muchos elementos, entre ellos runas y elementos paganos germanos, pero con un significado muy distorsionado. Uno de sus impulsores, Guido von List, uso el nombre de wotanismo para esta corriente. El wotanismo sería la base del misticismo nazi durante los años 30 del siglo XX, mezclándose con ideas supremacistas y siendo posteriormente, tras la II Guerra Mundial, retomado e impulsado por David Lane. En medio de ese caldo de cultivo en el que se mezclaba esoterismo y ocultismo, cristianismo heterodoxo y un intento de recuperación de la vieja religión germánica, es cuando nace en Australia la Iglesia Anglicana de Odín, también con un carácter más supremacista que religioso, impulsada por Alexander Rud Mills. Rud Mills era un militante de extrema derecha cuyas ideas religiosas eran una mezcla entre el cristianismo, el esoterismo y el paganismo germánico, que sin embargo escribió muchos artículos relacionados con el odinismo. Del mismo modo que en este proto-odinismo nos encontramos figuras de extrema derecha como Rud Mills, también hay que destacar al escritor alemán Ludwig Fahrenkrog, fundador de la Deutscher Bund für Persönlichkeitskultur que impulsó la recuperación de la religión germánica pre-cristiana, siendo su obra censurada por el III Reich, en 1934.
Pero sin duda la figura fundamental del odinismo, tal y como lo conocemos ahora, es la danesa Else Christensen, la Madre Folk. Else, perseguida junto a su marido tras la ocupación nazi de Dinamarca y refugiada después en Canadá, tuvo conocimiento en los años 60 de la obra del proto-odinista Rud Mills, y leyó su obra La llamada de Nuestra Vieja Religión Nórdica, lo que le llevó a conocer a su viuda en Australia, creando en 1969 el Grupo de Estudios Odinistas, posteriormente llamado Hermandad Odinista. Else Christensen, a través de su informativo The Odinist, fue la gran impulsora del Odinismo moderno, tal y como lo entendemos hoy, razón por la que está considerada como la gran Madre del Odinismo.
El impulso de Else y de la Hermandad Odinista fue lo que posibilitó el que desde los años 70 fueran surgiendo confesiones nacionales en casi todos los países. En 1972 se fundaba la Ásatrúarfélagið en Islandia, impulsada por Sveinbjörn Beinteinsson, reconocida por el Estado islandés al año siguiente, siendo la primera confesión odinista reconocida por un Estado soberano en el mundo, precisamente en Islandia, el último país en abandonar de forma oficial la vieja religión germánica en el año 1000. En 1973 se fundaría el Odinic Rite en Inglaterra y en 1974 la Ásatrú Free Assambley en Estados Unidos, impulsada por Steve McNallen. En lo referente a nuestro país, en 1981 se funda el Círculo Odinista Español, impulsado por Ernesto García, precursor de la actual Comunidad Odinista de España. La restauración y reconocimiento oficial de la vieja fe puso fin a 1600 años de persecución, pero lógicamente no es el final del camino.

ACTUALIDAD
La religión es algo vivo y, como hemos ido viendo, nuestra fe tuvo que pasar un largo invierno de persecución, pero no llegó a morir nunca. Del Odinismo han surgido, como es normal, varias tendencias, destacando el Ásatrú y el Vanatrú, como las principales variantes. Si hace un siglo estábamos saliendo de las brumas, hoy ya somos una religión consolidada, aunque minoritaria, como si nuestros dioses, que nunca llegaron a morir, hubieran comido otro bocado de la manzana de Idunn y tras ese largo invierno, por fin, volviese la primavera. No hay que borrar los 1600 años de cristianización de Europa, porque como en otras ocasiones he dicho, bajo el barniz cristiano estaba el alma europea latente. Se trata sencillamente de re-europeizar Europa, de eliminar lo extraño, lo que nos fue impuesto, y restaurar lo nuestro.
Recrear no es hacer arqueología de la fe y pretender copiar lo que hacían nuestros antepasados en el siglo X como si nada hubiese pasado. Es, como la palabra indica, re-crear, volver a crear, pero desde el conocimiento y desde la tradición que nos ha llegado. Somos un puñado de fieles, pero del mismo modo que aunque sólo unos cuantos cristianos vayan a misa los domingos la cultura cristiana es mucho más amplia, nuestra cultura odinista se proyecta más allá de las creencias.
La literatura, la música, el arte… todo está impregnado de nuestros valores. Mucha gente, aunque quizás no sabe ponerle nombre, tiene los viejos valores nativos europeos en su corazón, pese al lastre del cristianismo. Los valores pueden haberle llegado porque le gustan los videojuegos o juegos de rol basados en la mitología nórdica, porque le gustan grupos de heavy metal como Manowar o el viking metal, porque le gusta el neo folk, porque le gusta la literatura y se ha leído las Eddas o alguna saga, porque le gusta la recreación histórica o la historia en general, porque le gusta la esgrima medieval… nosotros no somos ni hemos sido nunca proselitistas, precisamente nuestra fe se basa en que es propia de un pueblo por lo que no pretendemos “convertir” a nadie, somos lo contrario al universalismo, no hay nada parecido a la evangelización en nuestro credo.
Pero sin embargo si podemos, y debemos, extender nuestros valores, dar ejemplo a la sociedad, crear clanes y comunidades fuertes que funcionen de otra manera y servir de luz, ser una antorcha en medio de un mundo de oscurantismo en el que ya no es el enemigo el cristianismo, puesto de rodillas, sino el materialismo anti-religioso y la crítica destructiva que hace de la civilización occidental, preparando la entrada de un enemigo joven y fanatizado, como hace mil años eran los cristianos y de la misma raíz abrahámica: el islam. La Modernidad, el individualismo liberal, el materialismo, el marxismo cultural y las ideologías que han partido de él, es lo que realmente nos supone una amenaza hoy. Todo ello, bajo la gran mentira del universalismo, la globalización, la multiculturalidad.
La guerra hoy es entre quienes quieren una humanidad sin alma, mestiza, con una cultura global, con un idioma global, individual, sin ningún tipo de sentimiento de identidad, de sentimiento comunitario… en otras palabras, una humanidad anti-humana; frente a los que defendemos que cada pueblo, cada etnia, debe mantener su tradición, sus costumbres, y relacionarnos los unos con los otros en pie de igualdad. Los que no queremos conquistar a nadie, ni someter a nadie, pero por lo mismo tampoco nos vamos a dejar conquistar y someter por nadie. Los que no queremos ser esclavos ni tampoco amos.
Esa guerra se libra en muchos frentes, el cultural, el ideológico, el político… pero el principal de todos, el pilar que nos puede hacer vencer, es el espiritual. Quienes desean dominar a la Humanidad nos pueden quitar todos los bienes materiales que quieran, nos pueden perseguir y hasta matar. Pero no nos pueden quitar el alma, salvo que renunciemos a esa parte de nosotros, salvo que aceptemos su concepción materialista de la existencia. Por eso es importante conocer nuestras raíces, saber que el odinismo y las religiones nativas de hoy, tanto en Europa como en toda la Tierra, tienen un origen ancestral milenario, llegar hasta lo más profundo de nuestra alma y del alma de nuestro pueblo para conocerlo, para amarlo, que a fin de cuentas, es amarnos a nosotros mismos. Ese amor propio, a la propia identidad, es lo que no quieren que tengamos.
Somos algo vivo, no somos algo del pasado sino del presente y de lo que seamos capaces de construir, pero hemos recogido un legado milenario y nuestra obligación es dejárselo a nuestros hijos, mejor y más grande de lo que lo hemos recibido. Nuestra civilización no puede perderse en el olvido, no dejemos que talen nuestras raíces.

José Manuel 
Jarl de Fauces de Tormenta y Delegado de la Comunidad Odinista de España en Andalucía

Yggdrasil, árbol de la vida

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Principio supremo para asegurar el cambio espiritual del ser humano

 

Su forma, el árbol evoca la imagen de la cruz, con su simbolismo que tiene similitudes. Pero, ¿qué es la cruz? Si el cristianismo le dio un lugar central, es verdad que no forma menos parte de las representaciones más antiguas de la humanidad y hay cruces en todas las tradiciones. Colocada verticalmente, sugiere al hombre con los brazos extendidos, es el hombre conectado con la tierra, así como al cielo, a través de su rama horizontal y su rama vertical.

En cierto modo, el tema mítico del árbol tiene el mismo significado, pero su carácter natural le da una mayor densidad. De hecho, el árbol da prioridad a la idea de enraizamiento. Sus múltiples ramas se irradian en todas las direcciones y las hojas y frutas que crecen allí son signos de riqueza que expresan la abundancia de la naturaleza.

Poderoso y vulnerable, el árbol atrae la simpatía, en la medida en que es una imagen del hombre. Es nuestra reflexión y por ejemplo, representa para nosotros un principio que aparece como una proyección de nuestras aspiraciones más profundas mediante el contacto con la naturaleza

La naturaleza del poder particularmente reconocido en el mundo germánico
Punto central de la religión escandinava, Yggdrasil es el árbol de la vida por excelencia. Es el árbol universal, el apoyo del universo, que se resume en él. Nunca sabremos cómo las fuerzas de la naturaleza han llegado a tener un lugar destacado en el imaginario germánico. ¿Nos sorprendemos cuando examinamos el carácter desproporcionado del mundo escandinavo y todos sus excesos climáticos? En este contexto, el hombre, súbitamente, tuvo la sensación de insignificancia y poco valor de su libre albedrío. Para recrear una mejor disposición de su universo, lo pobló con una gran cantidad de fuerzas naturales para facilitar su comprensión. Entre ellos, los gigantes, las imágenes de los poderes de la tierra, atacando por su número e importancia.

Con tales poderes, Yggdrasil aparece como un principio de estabilización y tranquilizador, el pilar del mundo que proporciona equilibrio.

Sé de un fresno que se alza, se llama Yggdrasil,
árbol alto, bañado de blanca humedad;
de él baja el rocío que cae en los valles;
se alza en la verde fuente de Urd.

En todas las religiones, el árbol siempre ha ofrecido un rico simbolismo para enriquecer el pensamiento humano. Por encima de todo, representa la vida misma, expresada en su forma más natural. En primer lugar, es la tierra que evoca, en la que se fundamenta y garantiza su durabilidad. Para este propósito, la madera aparece como el material natural de elección. A diferencia de la piedra, el carácter perenne sugiere un origen celestial, la madera es la imagen misma de la materia viva terrestre. Como tal, proporciona un aspecto cálido, que se une al fuego en su iluminador y el carácter benevolente, tanto es así que la frase «toco madera» puede parecer una invitación a nosotros para recargar la vida natural de ganar fuerza y energía.

La importancia que se concede al árbol germánico no puede tener mejor prueba  que su voluntad de poner en ella el origen de los seres humanos. En concreto, el primer hombre, Askr, y la primera mujer, Embla, se forman a partir de un fresno de Askr de un olmo al Embla, que muestra al árbol como generador del principio de la vida.

En Yggdrasil, el árbol tiene su síntesis.
De hecho, la Creación entera aparece bajo ella. Todos los reinos, mineral, vegetal y animal, están representados. El agua riega sus raíces, las hojas crecen en sus ramas. En cuanto a los animales, las serpientes representan el primer ser en el medio de las raíces. Los ciervos están presentes en sus ramas. Por último, una gran águila se encuentra en su cima. Es la representación de las imágenes simbólicas que se propagan por la diversidad de la naturaleza humana. «Un águila reposa sobre las ramas del fresno, se dice que sabe muchas cosas (…) Hay muchas serpientes que viven bajo el fresno Yggdrasil, sospecho que están royendo continuamente sus raíces (…)».

Existe una intensa actividad dentro del gran fresno. De hecho, las serpientes, y con ellos un dragón, roen las raíces; los ciervos pastan en las hojas; El  águila hace que sus alas produzcan vientos y  tormentas por toda la Tierra. Por lo tanto, la vida de Yggdrasil está constantemente amenazada, como la del hombre, especialmente en la concepción germánica, estamos sometidos a una total dependencia de la naturaleza. Sin embargo, fuerte y poderoso, que resiste a todas las pruebas y se mantiene firme para siempre. Si logra triunfar es gracias a la savia que fluye en él, esta primera esencia de este maravilloso líquido que le da su fuerza vital. Esta es la imagen de la vida que nos impulsa a pesar de pruebas que soportamos, este dinamismo interior que se llama coraje y determinación, la asertividad, la fuerza del alma que nos inspira a superarnos cualquiera que sea nuestro sufrimiento. Así debe ser el hombre, mostrando su voluntad de vivir en cualquier circunstancia.

Pero lo que da valor a esta vida, es este estado de perpetuo conflicto que lo caracteriza. De hecho, el águila en la cumbre, es la imagen de la majestad, está en constante oposición con este dragón en las raíces. Entre las dos figuras, un vínculo se ha establecido a través de la ardilla Ratatoskr. La ardilla, particularmente en el mundo germánico, siempre ha representado el temor para los hombres. Rápido como un rayo, rápido para subir rápidamente a la cima de los árboles, que se considera difícil de atrapar. A menudo hemos visto en él a un satánico ser perjudicial  no pudiendo más que hacer el mal. Esta visión fue retenida por los escandinavos en Ratatoskr, ardilla que por su espalda del árbol constantemente  no hace más que ir y venir de arriba abajo  y que por el contrario, asegura la relación entre el águila y el dragón. A cada uno, le dice lo que había dicho de él al otro, provocando su hostilidad mutua. Esta lucha es una reminiscencia de la religión védica,  entre  Garuda, -el ave de presa- y las serpientes Naga representaciones del caos. Es la representación del conflicto interior en cada uno de nosotros, en un pugna entre los valores sociales impuestos por la sociedad y los impulsos profundos que nos mueven a realizar las más altas aspiraciones, que nos llevan a lo sublime contra las necesidades básicas que nos traen de vuelta al mundo terrenal.

Más allá de estas tensiones, Yggdrasil siempre nos trae de vuelta a la sensación de la unidad primordial. La naturaleza es una, y siendo el hombre debe relajarse a él para encontrar la sabiduría eterna, sobre la base de su desarrollo personal.

Yggdrasil, la imagen de la sabiduría.
Pilar del Mundo, Yggdrasil es también la base de los conocimientos.En primer lugar, como cualquier árbol, representa la longevidad, ya que puede vivir mucho tiempo, por lo que es el símbolo de la madurez. Yggdrasil, es francamente inmortal. La forma del fresno esbelto en general, su madera fuerte y derecha por lo que es un material ideal para la fabricación de armas y herramientas. Según la tradición germánica, también tiene propiedades medicinales, por ejemplo la capacidad de curar las fiebres. Su savia sería laxante.

Tales virtudes explican el valor otorgado por los  antiguos hombres del norte y su deseo de convertirlo en su símbolo del conocimiento. Este líquido sagrado que fluye dentro de Yggdrasil y que permite la continuidad eterna, era la imagen misma de la perfección divina que germinó en el corazón del hombre.

La perfección podría expresarse de otra forma, como un número, el número nueve. En un valor cuasi-divino en todas las religiones, lo que pretendía en realidad eraexpresar lo divino. Así que fue después de que fuera ahorcado durante nueve días en las ramas de Yggdrasil, que Odín finalmente adquirió el conocimiento supremo.

Sé que colgué del árbol azotado por el viento
nueve noches enteras,
herido por la lanza, entregado a Odín,
yo mismo a mí mismo,
de aquel árbol del que nadie sabe
el origen de sus raíces. 

Por otra parte, el fresno del mundo conecta los nueve mundos, los siguientes reinos: los Aesir, Vanes, elfos de la luz, los elfos oscuros, hombres, gigantes, hielo, fuego, muertes, opuestos entre sí, como son estas diferentes tendencias de nuestra alma.

Y sobre todo, la fuerza de Yggdrasil, la saca de sus raíces. En el reino vegetal, éstas tienen un valor primordial. Más raíces  profundas, más ramificaciones, mayor es la resistencia del árbol o planta en su entorno. Así es también para los hombres. Más estará arraigado en la comunidad, más va a irradiar energía y dispensar su amor alrededor. Tal es el dinamismo universal, transmitido por las raíces germánicas del árbol del mundo.

Las raíces de Yggdrasil
Son tres. La primera se adentra en el inframundo, los muertos. La segunda raíz se extiende al dominio de los gigantes. La tercera penetra en el mundo de los dioses. Estas tres raíces proporcionaban a los antiguos germanos valores propios  para fortalecer sus almas. El mundo de los muertos simbolizaba para ellos la experiencia del pasado y la tradición, que se transmite por los muertos que siguen siempre presentes entre los vivos. Los gigantes representaron la antigua sabiduría de la Tierra. Uno de ellos se llamaba Mimir, » La Memoria». Imagen de la sabiduría de su conocimiento de las personas y las cosas, que después fue insuflada en Odín, que personificaba el conocimiento esencial, la generada por la Tierra desde sus orígenes, el conocimiento extraído de la naturaleza que se puede manifestar bajo la forma de proverbios. La raíz última se pone en contacto con el mundo de los dioses, que son para los hombres principios que los guían, sobre todo ante el temor de su futuro.

Bajo Yggdrasil se reunían los dioses, especialmente su rey, Odín.

¿Cuál es la relación que mantiene el árbol de la vida con él? Responder a esta pregunta nos lleva a preguntarnos sobre el término Yggdrasil, «el caballo de Odín» (Ygg, uno de los nombres del padre de los dioses, y Drasil, caballo). Es sorprendente que la fusión  se ha realizado entre dos de estos elementos naturales tan diferentes como el árbol y el caballo. Sin embargo, no dejó de ser expresada por algunos psicólogos. «Yggdrasil nos mostró la relación entre el caballo y el simbolismo del árbol»  dijo Carl Gustav Jung.

En todas las culturas, el caballo se convirtió rápidamente en un símbolo altamente ambiguo. Cuando consigue su domesticación, el ser humano obtuvo una ventaja considerable que le permitió expandirse rápidamente en el espacio, incluyendo el desarrollo de la guerra. Es comprensible que ha representado  el vehículo de una vida dinámica. Sin embargo, el valor conferido  no oculta otra dimensión, también se expresó colocándolo bajo el signo de la muerte. De hecho, animales aún no domesticados, brincando y saltando en la naturaleza, el caballo representa un poder en la tierra que le preocupaba. Una vez domado, siempre se puede encabritar y llevar a su jinete a la muerte. De hecho, el caballo recorre los tres mundos:

a.-mundo subterráneo, el inconsciente,
b.-mundo terrenal donde se desarrolla nuestra vida cotidiana,
c.-mundo celestial, a donde van nuestros deseos más altos.

Tal es su identidad con el árbol, tan dependiente de estas tres áreas a través de sus raíces, su tronco y su cumbre. El ser que combina el poder de sus instintos con su razón, con la imagen del caballo en su jinete conquistará una unidad espiritual capaz de izarse a sí mismo a los estratos más sublimes. Así es como va a participar en el conocimiento sagrado investido por Odín.

Odín tiene, de hecho, un caballo llamado Sleipnir, «el que se desliza.» Con cuatro patas, se dice que el caballo puede correr muy rápido. Pero Sleipnir tiene ocho patas; La rapidez se convierte la superlativa. De hecho, el corcel de Odín va donde su amo quiere ir más allá de la tierra y el mar, a pesar de los vientos y las tormentas. Simboliza el estado de alerta del señor de los dioses, capaces de velo todo y saber todo al instante.

Más allá de la multiplicidad introducida personalmente por el mundo moderno y su ciencia discursiva, el dios Odín, dios-chamán, muestra un conocimiento oscuro, una intuición profunda, un don de la clarividencia manifiesta a través de su único ojo que le permite tener un profundo conocimiento del universo y saber qué va a pasar. Sin haber aprendido nada, todo lo sabe. Como Yggdrasil que atrae a sus raíces con su poderosa energía, como el gran fresno cuyas ramas abarcan todo el universo, cada individuo debe ser uno con la naturaleza con el fin de centrarse más en su cuerpo y su ser después de él. Esta es la lección de chamanismo que tiene la intención de que nos demos cuenta de que el hombre es parte de todo, quiere expresar plenamente el término religión, asegurando que nos sentimos muy conectados con el mundo natural, animados por espíritus. Todos nuestros sentidos que intervienen en la misma comunión, renacidos en nosotros lo que Jung llama «el viejo de dos millones de años» el hombre arcaico estará provisto de estas riquezas provenientes de su inconsciente colectivo si conecta con la naturaleza, lo que le permite lograr todo su potencial.

Yggdrasil, la personificación del destino
Reflejo en verdad del ser humano y su naturaleza profundamente terrestre y perecedera es el árbol. De hecho, a pesar que vive mucho tiempo, el árbol tiene un periodo limitado de tiempo de vida, que le da un carácter de vulnerabilidad. El árbol crece en la tierra y asciende al cielo. Su vida se determina como la del hombre. Así que es normal que se le viera como una imagen del destino.

Ocupa lugar importante en la psicología germánica, tan dependiente de soledades heladas en su mundo. Sin embargo, es una paradoja que puede causar nuestro asombro que la conciencia de peligro y necesidad en torno a un medio natural agresivo y hostil le indujera a ser más asertivo y vital, afirmando su deseo de vivir, de imponerse a la muerte circundante.

Una de las raíces de Yggdrasil aloja a las Nornas. Entre las tres, el pasado, presente y futuro, que tenían, como las Parcas griega, la función de dar forma no sólo el destino de los hombres, sino también de los dioses.

De allí vienen doncellas de gran sabiduría,
son tres, desde el mar que mana el árbol;
Urd se llama una, Verdandi la otra,
– en ramas graban letras – Skuld es la tercera;
las leyes hacían, elegían las vidas
de todos los hombres, el futuro predicen.

Su decisión era definitiva, por lo que despertó el temor de los mortales. Esta era la religión de los antiguos hombres del norte, una creencia fuertemente teñida de pesimismo pues era inútil oponerse a las leyes del destino.

De hecho, su concepto del tiempo no es lineal sino cíclico, como la vida natural, la del árbol, que en general, nace, vive y muere, pero antes de ello producirá frutos que lo harán renacer de nuevo. La vida es un eterno retorno, eterna como Yggdrasil, que nunca muere en sí.

El fresno universal permanece atemporal, aunque se pone a prueba cuando se trata de la última batalla en el día del Ragnarök.

Tiembla Yggdrasil, más el fresno está firme,
gime el viejo árbol al soltarse el troll;
sufren todos en las sendas de Hel,
hasta que lo trague el pariente de Surt
.

Incluso el día de Ragnarök, el «destino de los Dioses,» que verá la destrucción del mundo y el regreso del caos, Yggdrasil temblará, socavada, pero no va a morir. La imagen es de un profundo significado, porque es la vida que resiste y vence.

A pesar de su aparente carácter fatalista, los antiguos germanos tenían una voluntad desenfrenada de vivir. Esta actitud no es contradictoria en la medida en que, en cualquier caso, la omnipotencia del destino reconocido no entraña un comportamiento pasivo. Por el contrario, esta actitud siempre va de la mano con un fuerte sentido de la responsabilidad, la inquebrantable adhesión a las leyes impuestas. El destino asignado a nosotros debe ser asumido y es la forma de llevarlo a cabo por nosotros mismos lo que nos dignifica y nos hace ser plenamente hombres, en el sentido de que cada uno debe manifestar plenamente su individualidad. Este fue también el trabajo de Nornas, cuya tarea consistía en regar las raíces de Yggdrasil con agua extraída del pozo de Urðr para regenerarlo perpetuamente. Por lo tanto, el destino significaba vida. Escepticismo, suicidio eran desconocidos en el mundo germánico y todo el mundo debía movilizar su coraje para lograr su fin. Tenían que confiar en este sagrado presente, para que su futuro se llevara a cabo mediante la ayuda de divina y así explotar mejor sus capacidades personales y no en vano en el centro del mundo de los hombres se construyó Asgard, el mundo de los dioses, uno y otro situados en la misma raíz de Yggdrasil. La influencia de los dioses fue crucial para expresar mejor su energía personal. Así es la vida mostrada por Yggdrasil que resiste todas las pruebas, y a través de él, cualquier árbol que es capaz de soportar las inclemencias meteorológicas. Esta vida que renace se encuentra en la imagen de la pareja del futuro, en el hombre y la mujer, Lif (vida) y Lifrasir (amor a la vida) protegido por el árbol de la vida, y que, después de Ragnarök, permitieron repoblar la tierra.

Con el triunfo del cristianismo terminó la devoción prestada por los germanos a las fuerzas de la naturaleza. El símbolo de la victoria de la nueva religión fue la iniciativa tomada por los cristianos de cortar los árboles que los misioneros habían visitado por constituir un culto pagano. Este acto refleja su deseo de establecer una distancia con el hombre, lejos de los poderes naturales presentes en él y sobre los que se basa su alma. Con Yggdrasil, en el que se expresaron con toda su diversidad y riqueza.

¿Qué es el Odinismo?

10291729_472946822808661_609521360738722038_nEntendemos por Odinismo, una de las religiones autóctonas de Europa existentes antes de la llegada del Cristianismo a nuestro continente; es pues un conjunto de creencias precristianas de raíz nórdico-germánica, cuyo nombre deriva del dios Odín como deidad principal del panteón nórdico. También el Odinismo es en ocasiones conocido y asimilado como Ásatrú («confianza en los Aesir», es decir en los dioses), moderna recreación de la antigua fe germánica-nórdica.

Hablamos por lo tanto una estructura religiosa ancestral, autóctona y tradicional, que se enraizada en el “lugar”para presentar el solar de nuestros antepasados como fuente de identidad que nos une al pasado y nos lanza hacia el futuro a través del presente.

Si queremos adentrarnos en las raíces de la religión odinica tenemos que acercarnos a los pueblos la  practicaban, y en especial debemos referirnos al pueblo godo, ya que lo podemos considerar como el verdadero artífice y creador del Odinismo durante los siglos I y III Ad. C. en cuanto a estructura religiosa precisa; cuya fuerza es retomada por los odinistas actuales como descendientes de este gran pueblo, que un día salió de su escandinavia natal para crear su reino distintivo en nuestra tierra, Gotia. Los Godos establecieron su religión en torno a un dios patrimonial, Gaut (Posteriormente sustituido por Odín en cuanto a centro de culto), el cual desplazó las antiguas bases religiosas de los germánicos, hasta entonces orientadas hacia el primitivo culto telúrico representado por los dioses Vanes como la diosa Nerthus -origen de Nj¨¨dr y posteriormente Ing y/o Freyr-, hacia el Odinismo en cuanto a religión popular y soberana propia desde entonces de las distintas familias germánicas.

       El Odinismo, la religión nacional goda, fue la seña de identidad espiritual más representativa del pueblo Godo; hasta que por motivos de defensa frente al acoso otros pueblos invasores de oriente conocidos como los Hunos, tuvieron que pedir ayuda  a la mayor potencia político-militar del momento, el Imperio Romano; siendo transformados en un pueblo federado a Roma en el año 332 por obra y gracia del emperador uxoricida[1] Constantino el grande. Tras la paz romana con los godos llegaron sucesivas misiones religiosas para convertir a este pueblo germánico hacia la nueva fe imperial; esto incluía a los católicos (Eytikes),  Sectarios (Audius) y arrianos (Wulfila). De tal modo la nación goda fue paulatinamente adoptando los usos culturales, militares y  religiosos de su aliando romano, como era costumbre en aquella época. No nos debe extrañar, por lo tanto, que los motivos fundamentales para que aquellos godos asentados en los limes del Imperio Romano se convirtiesen extraoficialmente al cristianismo arriano, fuesen tanto la necesidad de mantener unas señas de identidad propias en el terreno religioso, como cuidar una conveniencia política destinada a conseguir los amparos necesarios del emperador romano Valente, fiel a ésta deriva cristiana.

            Aunque sabemos que la vieja religión de Gaut[2] siguió presente a nivel intimo dentro de las grandes capas populares del pueblo godo, sin merma de su vigor originario[3]. La nobleza y las elites militares permanecieron fieles a su religión nativa, siendo las capas más populares quienes aceptaron primeramente la desviación espiritual cristiana. Acontecimiento dispar en la tónica general del cambio religioso, ya que la nueva religión cristiana se impuso habitualmente desde la cabeza (reyes, nobles, jefes militares) hasta llegar a las gentes de los campos, los paganos, los últimos en convertir.

En base a lo expuesto, consideramos a la herencia gótica como nuestro referente constitutivo más cercano, puesto que de ella recibimos directamente nuestra religión, así como nuestras señas de identidad propias en cuanto a comunidad popular especifica.

Otros pueblos “barbaros” que también estuvieron en la Península Ibérica, como los Suevos, Vándalos o Alanos[4], practicaron sus antiguas creencias religiosas paganas, aunque gradualmente sufrieron el mismo proceso generalizado de conversiones hacia la nueva religión impuesta. Ya en la baja Edad media, los vikingos y varegos recorrieron toda Europa llegando incluso hasta las costas de Galicia,  Asturias y Andalucía; aunque su influencia fue prácticamente inexistente en comparación con las primeras oleadas germánicas acaecidas en las postrimerías de Imperio Romano.

                         A pesar de estas transformaciones religiosas, más o menos forzadas hacia cristianismo por parte de nuestros ancestros, sería del todo injusto pensar que desde los albores de la era cristiana hasta la actualidad el paganismo (en cuanto a expresión popular) ha estado muerto, que éste sentimiento religioso, espiritual y cultural ha permanecido ausente en los hombres y mujeres que nos antecedieron en la historia. Nada más alejado de la realidad. Nuestras creencias religiosas han vivido siempre, han estado, es verdad, solapadas, durmientes, escondidas, en ocasiones perseguidas…Pero invariablemente activas de una u otra manera. Las reconocemos en la música, el arte, en el folklore popular, en las tradiciones más arraigadas que todavía perviven en muchos de nuestros pueblos y comarcas; y sobre todo en lo más profundo de nuestra alma atávica que se hace visible en los actos significativos de nuestra existencia.

Pero también las podemos hallar en la mismísima religión creada por Pablo de Tarso, a modo de interesado sincretismo religioso, así como impresa en numerosas herejías existentes durante distintas épocas de la historia europea. Odín-Wotan se nos hace presente esculpido en los capiteles de las iglesias románicas; ahí está a Thor y la bella diosa Freya disimulados en capiteles, frisos y metopas. Descubrimos a las runas sagradas[5] como señas distintivas de los maestros canteros que recorrieron toda Europa con su arte sagrado de la construcción; las encontramos también en los escudos heráldicos y en los tratados más heréticos de la naciente fe del crucificado. Pero de igual forma sentimos nuestra herencia tradicional en la geometría sacra, en la decoración simbólica y en los distintivos más comunes de la nueva religión como las Svásticas o la cruz solar, adoptada como la máxima representación iconográfica del cristianismo. Reconocemos a los dioses y diosas reconvertidos en santos, santas y vírgenes, en cuanto a modelos más apropiados para la moderna fe importada desde las arenas del desierto…Y a un sin fin seres mitológicos, duendes, hadas, gnomos, espíritus del bosque, damas del lago, genios de la montaña…Un mundo presente y viviente que nos acompaña sin saberlo como recuerdo de nuestra alma patrimonial que nunca murió, y que cada día se hace más manifiesta ante nuestros ojos y nuestras conciencias arquetípicas.

[1] Ya que este elemento mató a su mujer ahogándola en una bañera por indicación de su santa madre Elena, después de degollar a su hijastro. Todo un personaje elevado a los altares por la Iglesia Cristiana Ortodoxa.

[2]  Dios patrimonial del pueblo godo. De este dios deriva precisamente el nombre de toda la nación goda, en cuanto a hijos de Gaut (dios), el cual se asimila a Odín .

[3] Recordemos en caso del rey godo de la rama Tervingia, Athanarico (Athanareiks), que frente a sus vecinos y enemigos, se manutuvo fiel a la religión de sus antepasados.

[4] Los alanos no pueden ser considerados como un pueblo estrictamente de raíz germánica, auque de procedencia indoeuropea, descienden de los Escitas padres de los actuales Osetos del Cáucaso.

[5] En la Cruz Ruthwel (localizada en escocia), encontramos inscripciones rúnicas que cuentan la historia de la crucifixión de cristo.

Alberto Paredes

IDENTIDAD Y AMOR PROPIO: ÚNICOS GARANTES DE LA LIBERTAD

198243_1753979700705_5017405_nEl ser humano es libre por naturaleza, como el resto de los animales. El sometimiento de unos seres humanos por otros es antinatural, ya sea un sometimiento económico, político, de género… o el más perverso de todos, el ideológico, pues en este último, el hombre es esclavo pero no es capaz de ver sus cadenas y piensa que es libre. Así mismo, el ser humano es tribal por naturaleza. Como animales sociales que somos, nos sentimos parte de un grupo, de una comunidad, desde la familia hasta la nación, pasando por el clan y la tribu, tenemos el sentimiento de pertenencia arraigado porque es lo que nos permite sobrevivir como especie. Necesitamos que haya un “Otros” para poder afirmar el “Yo”, ya sea un Yo individual, o un Nosotros colectivo. La identidad y el amor propio son pues tan naturales como el lenguaje o como el bipedismo, una persona no puede ser libre sino pertenece a una comunidad libre. Sin embargo desde siempre ha habido gente o grupos que han tratado de romper este equilibrio natural en el que el ser humano no sirve a nadie ni tampoco es amo de nadie, este estado natural cuya expresión en el gobierno es la anarquía. Desde los albores de la Humanidad, ha habido grupos o individuos que han pretendido dominar a sus semejantes, rompiendo el orden natural de las cosas. La esclavitud consiste en reducir a los semejantes a simples cosas, instrumentos, “cosas que hablan”, como les llamaban las primeras civilizaciones mesopotámicas. Es decir, un esclavo deja de ser una persona y se convierte en “mano de obra”, en un factor productivo, en un número, fácilmente reemplazable por otro. Esta dominación ha ido evolucionando desde el surgimiento del Estado, legitimación política de esta dominación antihumana y antinatural, pasando desde el esclavismo al feudalismo y de este al capitalismo, siendo cada vez mayor la dominación, pero más sutil para los dominados. De las cadenas de la esclavitud se pasa a la servidumbre y de esta al trabajo asalariado, que en teoría es fruto del “libre mercado”, un trabajador trabaja a cambio de un salario porque ha pactado “libremente” esas condiciones con quien lo contrata, dentro del “libre mercado”. Nunca se habían llenado tanto la boca con la Libertad aquellos que la cercenan.

Hay que tener en cuenta que tenemos, a mi parecer, una triple esencia como humanos. Desde el punto de vista biológico, somos homo sapiens, desde el punto de vista cultural somos personas y desde el punto de vista espiritual, tenemos un alma. Estas tres naturalezas se dan simultáneamente y a la vez, nuestra estirpe se compone de las tres cosas pues las vamos transmitiendo. Desde el punto de vista biológico, nuestros hijos llevan nuestra sangre del mismo modo que nosotros llevamos la sangre de nuestros antepasados, todo ser vivo aspira a reproducirse para que la especie no se extinga. La pertenencia a un pueblo nos hace pertenecer a una cultura, la cual también transmitimos a nuestros descendientes, pues sin la cultura y sin su perpetuación, la tradición, el ser humano tendría que estar inventando continuamente la rueda o aprendiendo a manejar el fuego. Aunque biológicamente exista un grupo humano, si su cultura se pierde, dejará de ser un pueblo. Si una persona nunca conoce a sus padres o hermanos, aunque lleve su sangre, no sabrá que son su familia. Por último, nuestra alma es parte del espíritu colectivo de nuestra comunidad, la unión con nuestro pueblo, con nuestro linaje, con nuestra estirpe, no es solo material, sino que es una conexión mucho más profunda. Estamos conectados espiritualmente con nuestros antepasados del mismo modo que estamos conectados con la Tierra y con todo el cosmos.

1006257_553488858030445_2013196594_nEsta triple naturaleza también está en la Divinidad, pues los poderes sagrados desde un punto de vista espiritual, pueden sentirse, están con nosotros, son parte de nosotros o nosotros parte de ellos, según se quiera entender; desde el punto de vista cultural, los dioses son un arquetipo, un reflejo de la cultura y la mentalidad del pueblo que los adora, que percibe espiritualmente los poderes sagrados, y crea culturalmente a los dioses; y desde un punto de vista material entendemos que los dioses son intangibles en este plano de la realidad en el que existe la materia, pero han de ser tangibles en otro. Intuimos a los dioses, del mismo modo que intuimos que existen más dimensiones que aquellas que nuestros sentidos perciben, del mismo modo que intuimos conceptos como el infinito, que no podemos imaginar con la razón humana. Por lo tanto, para dominar al ser humano, aquellos enemigos de la Humanidad que a lo largo de la Historia han pretendido hacerlo, han pretendido siempre eliminar su parte cultural y espiritual, para quedarse sólo con su parte biológica, con su fuerza de trabajo, como una simple bestia de carga, como una mano de obra que se puede conducir al matadero. Reducir al ser humano a su aspecto material es cercenar lo que tiene la persona de sagrada, es mutilar su naturaleza. Por eso, cuando un grupo que pretende dominar al resto tiene la fuerza suficiente para hacerlo, crea el Estado y crea una estructura ideológica de dominación, consciente de que es la dominación más perfecta que existe. Al esclavo, primero hay que arrebatarle su identidad y su amor propio, para que sea dócil, para que esté domesticado y obedezca al amo. Sino tiene conciencia de lo que es, no podrá levantarse contra lo que no conoce, si se siente un número, una bestia, se limitará a trabajar y servir a su amo para perpetuar su miserable existencia, pasando los años enriqueciendo a otros que lo empobrecen a él, para finalmente morir. Nacer, servir y morir, esa es la miserable existencia de un esclavo, que pasa por esta vida sin pena ni gloria, inculto y transmitiendo esa incultura a sus descendientes, servil y transmitiendo su servilismo a sus descendientes, reducido sólo a su aspecto material.

El Estado, aunque como hemos visto, es contrario al orden natural; a la anarquía (los lobos, los elefantes, los leones, los pájaros… no tienen Estados y sus sociedades están organizadas, por lo que lo no debemos confundir que una comunidad se organice políticamente, con un Estado) siempre se legitima como garante del “orden”. La razón es que cualquier Estado, ya sea esclavista, feudal, capitalista… nace siempre en un momento de caos. El caos es la degeneración política de la anarquía. En un estado de anarquía no hay violencia generalizada, puesto que la sociedad tiene mecanismos para solucionar los conflictos. Sin embargo cuando los grupos son más grandes que unos 200 individuos, se hace necesaria una organización y si esta falla, lo que se produce es el caos y en medio del caos, se produce la violencia. Cuando uno de los grupos que lucha por dominar al resto se impone, surge el Estado, no porque se restablezca el orden (es decir, la anarquía) sino porque ese grupo ejerce el monopolio de la violencia como elemento de dominio. Las sociedades estatales solo aceptan la violencia ejercida por parte del Estado como violencia legítima, el resto es terrorismo, delincuencia…

Si analizamos la Historia podemos ver que todos los Estados han surgido después de una época de caos. Los primeros Estados surgen cuando las sociedades prehistóricas, organizadas en tribus, en clanes… que se unían federalmente entre sí, degeneran por el motivo que sea (probablemente, por una crisis económica o simplemente por la acción negligente de sus líderes, que eran unos primus inter pares en estos momentos) y se produce el caos. En medio del caos, el Estado encarnado en el príncipe, establece el orden, que no es el orden natural, sino un orden artificial, ficticio, que en el fondo es el dominio de esa facción o ese individuo. Se establece la paz, pero la paz del cementerio. Lo mismo ocurre con los Estados feudales, surgidos del colapso del Estado esclavista, siendo el capitalismo una evolución del feudalismo, dentro de la corriente de privatizar el Estado. Una cosa es abolir el Estado mediante su colectivización, y otra abolirlo mediante su privatización, siendo en el segundo caso el resultado de que los grupos que dominan a la sociedad ya se sienten tan fuertes que no necesitan siquiera el parapeto ideológico del Estado para dominar al resto. El llamado anarco-capitalismo no es restablecer el orden natural anarquista, puesto que habría dominación de unos sobre otros, en este caso, organizados en corporaciones para dominar a sus semejantes, que serían como Estados privados.

046Los Estados liberales actuales, al servicio de la burguesía, que simplemente desplazan a la nobleza y el clero como clases dominantes, surgen del caos, de lo que se llamó “el terror” durante la Revolución Francesa y que, maliciosamente, en lugar de llamarle por su nombre, el caos, se le llamo “anarquía”, para legitimar que el Estado napoleónico, lo que venía a establecer era el orden. Los mal llamados Estados comunistas, que no son sino Estados capitalistas pero con otra variante del capitalismo, también surgen del caos, en este caso, del “terror rojo” de la Revolución Rusa. En definitiva cualquier Estado en el que pensemos, siempre tendrá su origen en la dominación de un grupo del resto de la sociedad, y su triunfo se produce en medio del caos. Por eso, cuando no existe, lo primero que se hace es provocar el caos, ya sea agitando a las masas, ya sea dando un golpe de Estado… el actual Estado español surge del caos de la guerra civil de 1936, aunque fuese reformado en 1978. Cuando un grupo domina a su propio pueblo, lo que crea es un Estado. Cuando, además de a su propio pueblo, domina a otros, lo que surge es un Imperio. Esto es así desde la Antigüedad, con los Imperios de Mesopotamia, de Egipto, el Imperio de Alejandro Magno, el Imperio Romano… será igual con los imperios coloniales y hoy en día, esos imperios, más que políticos, son económicos. Los bancos alemanes dominan a los bancos españoles, y los bancos españoles son los que financian a los partidos políticos, por lo tanto, controlan en la sombra el Gobierno de España. En la práctica somos una colonia, pero mucho más sutilmente que antes. El capitalismo global actual es el sistema de dominación más perfecto de los existentes hasta la fecha y su principal estrategia es acabar con la identidad y la cultura, que todos vistamos igual, hablemos la misma lengua, escuchemos la misma música, veamos los mismos programas, comamos la misma comida… y de esa forma perdamos nuestra identidad y seamos más fácilmente dominables, pues si se pierde la identidad, se pierde el amor propio.

Llegados a este punto, cabe preguntarse ¿cómo aprendió el hombre a dominar a otros hombres? Sin duda fue un proceso largo a través de los siglos, que comienza en el Neolítico y cristaliza con la aparición del Estado. Desde entonces, lo que ha hecho es perfeccionarse para que la dominación sea más perfecta y más sutil. El primero de estos pasos, fue dominar a otros animales. El ser humano en el Paleolítico cazaba para sobrevivir y tenía un gran respeto hacia el resto de animales, se cubría con sus pieles y representaba a los poderes sagrados como animales, asombrado por la fuerza de estos. Supo darse cuenta, intuir, que los animales tenían alma como él, y los albores de la religión son precisamente esto, el animismo. Es la religión más primitiva de todas, el intuir que todas las cosas tienen un espíritu y que hay grandes espíritus en la Naturaleza que, cuando la cultura se desarrolle, cada pueblo entenderá a su manera y surgirán los Dioses.

Esto quiere decir que hace miles de años, el respeto hacia el resto de animales era absoluto. El ser humano se sentía como lo que es, como un animal más. Respetaba las plantas, a los animales… en definitiva respetaba a la Naturaleza, consciente de que es parte de ella y de que el equilibrio natural es lo que hace que exista la vida, que roto el equilibrio, el hombre podría extinguirse como especie. La relación entre el ser humano y los demás animales, era en aquel momento la natural, es decir, de simbiosis. Lo que hoy llamaríamos mascotas o animales de compañía tenían esa relación con los hombres. Un cachorro de lobo, criado entre hombres, al crecer defendería a su familia, y así surgen los animales domésticos. El ser humano obtenía así protección, defensa… y el animal, alimento y protección del humano. No era una relación “amo-mascota”, el hombre no era dueño del animal, era su compañero. La amistad y el amor sincero entre hombres y animales, es algo que cualquier persona que conviva con animales conoce. Del mismo modo, a la hora de cazar, el hombre como animal carnívoro cazaba a otros animales para comer y se surtía de su piel, de sus huesos… de todo lo que pudiera aprovechar del animal, en cierto sentido, su alma, su espíritu, era absorbido por el hombre. Matar a un animal para comer, por necesidad, era entendido como un sacrificio: había que entregar una vida para mantener otras. Así funciona en la naturaleza, unos comen y otros son comidos. El respeto pues, por los animales, era absoluto. La idea de miles de animales enjaulados, sobrealimentados, hormonados y llevados a mataderos industriales para ser procesados como un mero producto de consumo, despojados de su dignidad, probablemente habría hecho vomitar a un cazador del Paleolítico. Cuando el ser humano sintió carencias y necesidad de más alimento, por crecer su población, desarrolla la agricultura y la ganadería, frente a la recolección y la caza tradicionales. Es en este momento cuando surge el Neolítico y el hombre se hace sedentario, en la revolución más grande y transcendente de la Historia de la Humanidad. Sin embargo en este momento la relación de simbiosis se ve truncada y los animales empiezan a ser cosificados. Es en ese momento cuando se cruza artificialmente a unas razas con otras, en un proceso de ingeniería genética, que da como resultado razas más “domesticables”. Este mismo proceso que ahora los enemigos de la Humanidad pretenden hacer con los seres humanos.

Ovejas lobosNo es que la ganadería sea mala, no se malinterpreten mis palabras, lo que es perverso es el cómo se trata a los animales, que poco a poco dejan de ser vistos como iguales y pasan a ser mercancía. Como ganado es como tratan de tratarnos a los seres humanos ahora. Cuando el ser humano aprendió a dominar a otras especies animales, dio el primer paso en su aprendizaje de dominación para dominar a individuos de su propia especie. El siguiente paso fue aprender a dominar a uno de los sexos. Cuando las sociedades humanas, ya estratificadas y jerarquizadas, pero aún no estatales, desarrollaron el sistema que se ha ido llamar patriarcal, se produce una cosificación de la mujer como antes se había producido de los animales. Es el paso decisivo en el que el ser humano aprende a dominar a un individuo de su misma especie, por lo que la dominación de la mujer es el origen de todas las dominaciones sociales, desde las de clase hasta las dominaciones imperialistas sobre otros pueblos. Ahora bien, la culpa de esta dominación no es del varón, es del grupo dominante que somete a la mujer.

Este sometimiento no es exclusivamente por la fuerza, sino que se crea una estructura ideológica para dominar a la mujer, para domesticarla, como se había hecho con los animales. El maltrato a la mujer es consecuencia del sadismo de algunos individuos, del mismo modo que el maltrato a los animales, pero es la consecuencia de una ideología que menosprecia a la hembra, la cual pasa a ser propiedad del varón, en lugar de ser lo que había sido anteriormente, su compañera. Al igual que con los animales, se pasa de una relación de simbiosis entre los dos sexos, a una relación de dominación, totalmente antinatural. Llegados a este punto, conviene aclarar una cosa. El hombre y la mujer no son iguales, del mismo modo que el ser humano no es igual que el resto de animales. Esta desigualdad no implica superioridad de un sexo sobre el otro, sencillamente es algo natural, se llama dimorfismo sexual, es propia de nuestra especie y de otras muchas. Las teorías feministas radicales, en el fondo, lo que provocan es un antagonismo falso entre hombres y mujeres, porque pretenden masculinizar a las mujeres y feminizar a los hombres, enfrentar a los sexos cuando ambos son complementarios y no es el varón el opresor de la mujer, como no es el ser humano el opresor de otros animales, ni el hombre blanco el opresor de otras razas, es el sistema de dominación instaurado el que domina a unos y a otros. En lugar de acabar con la dominación de la mujer, pretenden crear una guerra de sexos cuando no la supremacía de la hembra, el hembrismo, tan antinatural y asqueroso como el machismo. Hombres y mujeres somos equivalentes, es decir, valemos lo mismo, y como tal merecemos la misma dignidad y los mismos derechos, pero no somos iguales. Si lo fuéramos, la reproducción sería imposible, entre otras cosas.

Así mismo, yo rechazo las teorías animalistas radicales, el veganismo llevado al extremo de considerar asesinos a los que comemos carne y otras tantas estupideces que suelen decir. Considerar iguales a los animales, en un sentido total, y por lo tanto, depositarios de los mismos derechos que el ser humano, no tiene ningún sentido, pero menos aún lo tiene comparar lo que ellos llaman “especismo” con el racismo. Nos llevaría al absurdo, si obráramos de esa forma, de legalizar la zoofilia (sino hay discriminación entre especies, nadie tendría derecho a negarle a un hombre el derecho de amar a una cierva y querer hacerle el amor, mientras la cierva no niegue el consentimiento, que entonces sería una violación, claro), concederles derechos políticos a los perros, aunque quizás nos iría mejor con un Presidente del Gobierno que fuese un gato o un caballo… y por supuesto, condenar por asesinato a cada león que cace a una gacela. Entiendo que haya gente vegetariana o vegana porque rechaza las condiciones en las que son tratados los animales y no quiere ser cómplice de ello. Lo respeto, aunque no lo comparto, pues creo que no soluciona el problema de la alimentación y, hasta que podamos solucionarlo, si nos ponemos a pensar en la moralidad de lo que consumimos, no consumiríamos tampoco plantas ni prácticamente podríamos consumir nada. Rechazo las teorías animalistas radicales, como las teorías feministas radicales (no así el feminismo del siglo XIX, de las sufragistas, de Seneca Falls, de Olimpia de Gouges, de Clara Campoamor… y de tantas otras, ni movimientos animalistas como los destinados a abolir la tauromaquia o el maltrato animal y tantas salvajadas que se hacen, a día de hoy, contra los animales, fruto del sadismo y el garrulismo de las masas embrutecidas) del mismo modo que rechazo abolir el Estado poniendo bombas, porque lo que saldría de ahí no sería el fin de la dominación, sino el caos, embrión de una dominación mayor o de diferente cariz, pero de la misma naturaleza.

Volviendo a la dominación de las mujeres, lo realmente interesante es preguntarse por qué se produce, cosa que raramente se suelen preguntar las feministas, más preocupadas de lo superficial o de destrozar el lenguaje con feminismos artificiales como “médica”, “presidenta”, “jueza”…, cuando no de criminalizar al varón, que de ir a la raíz del problema. En un primer momento, es lógico que existiese y que exista, cierto paternalismo hacia las mujeres, por la sencilla razón de que son ellas las que pueden parir. Dotadas de menor fuerza física pero de mayor resistencia al dolor, la capacidad reproductiva de las mujeres también es menor que la de los hombres (una mujer puede parir un número limitado de hijos sanos y cada parto la deteriora y, sobre todo en las condiciones sanitarias del Paleolítico, pone su vida en riesgo; mientras que el hombre puede inseminar a cuantas hembras sea capaz de cortejar, pudiendo tener, en el plano teórico, cientos o miles de hijos). Esto hizo que en los primeros grupos humanos la mujer se dedicase a la recolección pero no se la expusiese al peligro de la caza.

mujer-prehistoricaRecolectando y cuidando a los hijos, una mujer podía ser atacada por cualquier animal, pero sin duda era un riesgo mucho menor que la caza mayor. La mayoría de los recursos de los que el grupo humano vivía, procedían de la recolección. Sin embargo, la caza de un mamut o de una gran pieza, aseguraba la supervivencia para un largo periodo de tiempo, quizás, con un gran animal cazado, el clan tendría carne para todo un invierno. Esto hizo que el cazador tuviera, con el paso del tiempo, más prestigio social que la recolectora. Cuando se producen los primeros enfrentamientos entre grupos humanos, cuando nace la guerra, serán los cazadores, que saben usar arcos, flechas, lanzas, mazas… los que vayan a la guerra, del mismo modo no se expone a la mujer al riesgo tan alto como ese porque del hecho de tener mujeres fértiles o no tenerlas, depende la supervivencia del grupo. El cazador se convierte en guerrero y el prestigio del guerrero será mayor que el del campesino agricultor, del mismo modo que el cazador tenía más prestigio que la recolectora. Esto, durante milenios, hizo que se construyera la virilidad alrededor de atributos como la fuerza, la habilidad con las armas… mientras que lo femenino se asociara al cuidado de los hijos y a la protección del hogar. Sin embargo, esto era un mero reparto de funciones por las características del grupo humano y por la necesidad de proteger a aquellas que podían alumbrar hijos. El sistema de dominación surge cuando un grupo se da cuenta de que dominar a la mujer es dominar su útero, por lo tanto dominar la “producción de mano de obra”, dando el primer paso para dominar al grupo humano. De esta forma vemos, que la dominación de la mujer es inhumana y que no solo atenta contra el sexo femenino, sino contra los varones también. La estrategia para dominar a las mujeres será la misma que para dominar a los animales, se las domestica, se las menosprecia y se las reduce sólo a su condición de madres o ni tan siquiera eso, de reproductoras, no solo biológicamente, sino reproductoras del orden social y de la ideología imperante, pues son las que educan a los hijos. Cuando la mujer pasa a tener un papel secundario socialmente, deja de ser sacerdotisa, de ocupar posiciones altas en la sociedad… Es el primer paso para la tiranía.

No es casual que cuanto más libre es un pueblo, más igualdad social exista entre hombres y mujeres dentro de este. No hay más que comprar la situación de una mujer asiria con la de una mujer griega o romana, o de una mujer griega con una celta o germana. A día de hoy, una mujer europea con una mujer de Afganistán. De esta forma, una vez el grupo dirigente aprende a dominar a la mujer, el siguiente paso, y usando los mismos métodos, será dominar a los artesanos, los campesinos… creando un sistema de castas, con la casta guerrera y sacerdotal como dominantes. Si antes, cada campesino tenía en una mano el arado y en la otra la espada, siendo guerrero en tiempos de guerra y campesino en tiempos de paz, ahora habrá un ejército mercenario al servicio del líder y se prohibirá a los ciudadanos ir armados, como corresponde a su condición de hombres libres. Si antes la religión era libre, ahora habrá una casta que fije dogmas y domine las conciencias vetando las discrepancias y arrojándose como únicos intérpretes de lo sagrado, cortando la relación natural entre los dioses y los hombres, legitimando religiosamente esta dominación antinatural. Surge el Estado teocrático, que es la expresión de la dominación de unas clases sociales sobre otras. El último paso es que estos Estados conquisten otros pueblos, y dominen sobre ellos, naciendo los Imperios. Esta dominación podemos apreciarla en la religión, pues mientras que un pueblo libre tendrá una relación mucho más cercana con sus dioses, será politeísta y tendrá en sus mitos una visión de su propia cultura y su propia sociedad (los dioses griegos se reúnen en asamblea presididos por Zeus, los dioses germanos se reúnen en thing presididos por Odín…), a medida que la dominación esté más implantada, se presentará una visión cada vez más deformada de los dioses, a los que los hombres ya no adoran desde una perspectiva cercana, sino porque los temen y, finalmente, se dará el paso definitivo que es reflejo religioso de la mayor de las tiranías en lo político, el monoteísmo.

Además de las creencias, la filosofía y los valores que transmite, hay que tener en cuenta que una religión es, y sobre todo era, antes de la aparición del monoteísmo, una cuestión identitaria. Las religiones eran étnicas, propias de cada pueblo, por lo que, aparte de implantar la ideología que legitima la dominación, el monoteísmo tenía como misión, quizás más importante, acabar con la identidad de los pueblos. Más importante que el hecho de si la Divinidad es múltiple o existe un Dios único con muchas formas, que sería un debate filosófico o teológico, el monoteísmo recalca que ese Dios único es universal y que todos los demás dioses o bien son demonios o bien son santos. Sino puede asimilarlos, los combate. Por lo tanto, los que adoran a otros dioses que son ese supuesto Dios único, están equivocados y hay que convencerlos de que abandonen “el mal camino” y adoren al Dios único y verdadero, que es “el camino, la verdad y la vida”.

La manera de convencer a los demás de que abandonen sus creencias por la fe “verdadera”, es primero asustarlos, creando el concepto de pecado y del miedo al Infierno, o dicho de otro modo, el concepto de salvación. Solo se salvarán aquellos que sigan “el buen camino”, que sólo es uno, llevando los demás a la condenación. Si esto no funciona, se inventa la “guerra santa” y se conquista a punta de espada lo que es imposible de conquistar mediante la razón. Todos los Imperios trataron de implantar el monoteísmo cuando una crisis hizo que su poder coercitivo normal se tambaleara, conscientes de que es mucho más efectivo dominar a la gente mediante la conciencia que mediante la fuerza, ya que mediante la fuerza, el dominado puede, en un momento dado, tener más fuerza que tú y levantarse, pero difícilmente se va a levantar contra sí mismo si está convencido de que el orden social es justo y sobre todo, es voluntad divina. Así pues, el Imperio Egipcio trató de crear lo que podíamos llamar el Atenismo, el culto a Atón. La llamada, dado que fracasó, “herejía de Amarna”, pero que de haber triunfado, hubiera sido la “ortodoxia”. Sin embargo el pueblo que implantó por primera vez un monoteísmo fue el pueblo hebreo, creando el judaísmo. El pueblo hebreo, como todos los pueblos de Mesopotamia, eran politeístas en sus comienzos. La Biblia está llena de referencias a que los israelitas adoraban a muchos dioses, pero en un momento dado el clero de uno de ellos, Yavhé, se volvió más fuerte e implantó una monolatría, paso previo al monoteísmo, que existen varios dioses, pero sólo se debe rezar a uno. Es entonces cuando se escribe el Antiguo Testamento, y obviamente se llamará “ídolos” o se tachará de dioses extranjeros al resto de dioses que adoraban los israelitas, pero el texto bíblico está lleno de referencias, eso sí, indignándose por ello, de que se adoraba a otros dioses en el Templo de Jerusalén. El yavismo, la monolatría de Yavhé, convierte a Yavhé en el dios nacional de Israel, pero no es propiamente un monoteísmo, pues considera que el resto de pueblos tienen sus dioses. Cuando se fijan unos dogmas, cuando ese yavismo se convierte en una religión revelada (atribuyendo a Moisés esta revelación), nace el judaísmo, influido por el atenismo en sus vecinos egipcios y por el mazdeísmo de sus vecinos persas. Al ser una religión del Medio Oriente, de la misma raíz que la babilonia, sumeria, asiria… el concepto de pecado, de salvación, la visión maniquea entre el bien y el mal y toda la mitología judía será la misma, aunque adaptada al monoteísmo, que la de sus vecinos, mucho más poderosos que ellos, que eran una insignificante nación de pastores entre grandes imperios.

judaismo-7El judaísmo nace para legitimar el orden social, en cierta medida liberador, de Nehemías y Esdrás, pero legitima otros aspectos de ese orden social, como la dominación de la mujer y elimina a la Diosa Madre hebrea, Ashera, equivalente hebrea a la Astarté cananea, a la Isthar babilonia, a la Aset egipcia (llamada Isis por los griegos y romanos) o a la Innana sumeria. También legitima la hierocracia, el gobierno de la casta sacerdotal, por lo que no hay reyes divinizados ni reyes por la gracia de Dios, sino que el pueblo de Israel es el “pueblo elegido” que hace una alianza, un pacto, con Dios… cuyos intérpretes, son los sacerdotes. Esto no hubiera tenido mayor transcendencia histórica sino fuera porque un hombre, Pablo de Tarso, judío con ciudadanía romana, el cual, entre otras cosas, era un completo misógino, decide convertirse a una de las sectas judías, la de los nazarenos, pero ve en ella una posible religión del Imperio. Es en ese momento cuando se admite que los gentiles pueden ser nazarenos, rompiendo el concepto étnico e identitario de la religión judía, y cuando el profeta de esta secta, Yeshua ben Yosef, considerado Mesías, es llamado “ungido” en griego, Χριστός (Cristós) y se inventa el dogma de la Resurrección, que hasta entonces no existía. Esta secta pasa a llamarse cristianismo (aunque más bien habría que llamarlos paulistas, pues es Pablo de Tarso el que transforma la secta de los nazarenos hasta convertirlos en una religión diferente) y se diviniza a Yeshua ben Yosef, es decir, Jesús hijo de José, o Jesús de Nazaret (de ahí el nombre de nazarenos), rompiendo con el judaísmo. Si hablamos de Roma hemos de decir que, políticamente, el Imperio es una degeneración de la República. Cuando, como siglos antes les había pasado a los egipcios, se produce una crisis que hace tambalear esa estructura de dominación que era el Imperio, se tratará de tender hacia el monoteísmo. El intento de divinizar a los Césares, el culto al Divino Augusto, es el primer paso. El culto solar a Helios como único dios, persiguiendo el culto a los demás dioses, fracasó durante el reinado de Heliogábalo, pero es un calco de lo que intentó hacer Akhenatón en Egipto.

El Imperio Romano, como todos los Imperios, fue un Estado que, aparte de dominar a su propio pueblo, los romanos, dominó a muchos otros (celtas, germanos, egipcios, númidas, griegos…) por lo que era necesario una ideología que legitimase ese dominio y esa unidad imperial que, a diferencia de una unión federal (como eran las confederaciones tribales celtas o germanas, o las ligas griegas contra los persas) se basaba en la fuerza. Que todos hablasen la misma lengua, el latín, y adorasen a un mismo dios, era la forma de borrar la identidad de estos pueblos, para que fuesen súbditos del Imperio. Lo primero se había producido de forma natural, el latín se había ido imponiendo por ser la lengua oficial, aunque el griego y otras, en menor medida, se seguían hablando. En cambio, lo referente a la religión, sería más complicado de lograr. En el siglo III se produjeron muchas influencias orientales en el Imperio, puesto que políticamente ya se parecía más al despotismo oriental de los imperios asiáticos que a la forma política tradicional de los pueblos europeos, siempre mucho más libres. Aparte del ceremonial entorno al César, que pasó de ser el Princeps a ser el Dominus, se divinizó su figura mucho más. Muchos dioses orientales, como Mitra o Cibeles, empiezan a ser adorados en el Imperio… y lo mismo ocurre con el cristianismo, pues había judíos dispersos por todo el Imperio, y fue cuestión de tiempo que las sinagogas cristianas admitiesen a gentiles y, en un momento de miseria, se valiesen de la “caridad cristiana” (que en aquel momento, era solo entre los cristianos) para que todos los hambrientos se bautizaran a cambio comida u otras asistencias sociales.

Tras el concilio de Nicea, se fija la ortodoxia católica, es decir, universal y se convierte el cristianismo en la religión oficial del Imperio, en un claro intento de eliminar la identidad de los pueblos que dominaban. Ser romano pasó a ser sinónimo de ser cristiano, pues el cristianismo se romanizó y adoptó las formas y la liturgia de la religión romana. Dicho de otro modo, el cristianismo romano del siglo IV no era sino la judaización de la religión romana. En el arte paleocristiano se aprecia perfectamente esto. Por eso los pueblos germanos, para entrar el Imperio, tendrán que adoptar el cristianismo… pero muchos de ellos, como los visigodos, se harán arrianos y no católicos, pues de esta forma mantuvieron su identidad dentro del Imperio. Como lo natural en el ser humano es el tribalismo, es tener una identidad, el intento homogeneizador de una sola religión universal fracasó. La idea “un Dios, un Imperio y un Emperador” se quebró cuando el Imperio Romano quedó dividido en dos. Cuando cae el Imperio de Occidente, le sucede la Iglesia de Roma. Los obispos suceden a los funcionarios civiles y el Papa al Emperador y la cultura de Roma, aunque judaizada, sobrevive en los monasterios. No es casual que el primer cisma cristiano sea entre Oriente y Occidente, entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa.

Así pues, una de las vertientes orientales del cristianismo unitario, frente al trinitario oficial, será la que con el tiempo derive en Arabia al Islam, que nace con la misma intención, legitimar un gran Imperio y eliminar la identidad de los pueblos, empezando por el propio pueblo árabe, pues el islamismo arrasa a los dioses árabes y solo tendrá respeto por las “gentes del Libro”, es decir, cristianos, judíos y mazdeístas, los otros dos monoteísmos abrahámicos y el monoteísmo persa, pero arrasando a los llamados paganos allí donde los encuentra. El monoteísmo pues era el primer paso para acabar con la cultura de los pueblos, siendo el siguiente paso el individualismo propio del capitalismo liberal, que pretende acabar con el sentido comunitario y el materialismo tanto del capitalismo como de ideologías supuestamente anticapitalistas, que son el último paso para acabar con la identidad y reducir al ser humano a un simple factor en la producción, a un miembro más de una cadena de montaje, sustituible en cualquier momento por otro, en simple mano de obra, en un robot sin alma. Sin embargo como el ser humano es tribal por naturaleza, el intento antinatural del monoteísmo fracasó y el Cristianismo y el Islam han sido simplemente un barniz, muy agresivo a veces, sobre la espiritualidad de los pueblos que ha dominado. Así pues, los árabes han seguido creyendo en genios y convertido en ángeles a los antiguos dioses, y los cristianos europeos han seguido celebrando los ciclos naturales y las fiestas tradicionales, solo que cristianizadas. En última instancia, más allá de las implicaciones espirituales, la religión ha seguido siendo, por encima de cualquier otra cosa, un factor identitario.

burcasAsí pues, se asocia lo árabe con lo musulmán, cuando lo cierto es que hay árabes cristianos, agnósticos, ateos… y en menor medida, pero debe haberlos también, los hay que aún creen en los antiguos dioses árabes, con el problema añadido de que, si el cristianismo ha sido un barniz para el alma europea, el islam ha sido como echar ácido al alma árabe, quedando mucho más dañada. Del mismo modo, durante la Edad Media, la Cristiandad, no era otra cosa que Europa. Cuando en España, durante la llamada Reconquista, los reinos del norte defendían la cruz, lo que realmente defendían era la Hispanidad, la Europeidad de esta Península. Cristo era más bien un símbolo, lo realmente importante era la cuestión de la identidad hispanogoda frente al invasor, que tras la fusión entre godos y romanos, unidos por la misma lengua, el mismo código legal y la misma fe, una vez Recaredo se convirtió al catolicismo (que los visigodos se hicieran católicos en Hispania y no antes fue lo que hizo que la fusión entre lo hispanorromano y lo germánico configurase la Hispanidad, siendo esa la matriz cultural de lo que luego sería España) era la fe cristiana el elemento identitario que se asociaba con lo hispano, lo europeo, frente a lo islámico y lo árabe. El mismo ejemplo lo tenemos en el primer cisma de la Iglesia, siendo el cristianismo católico el asociado al Imperio occidental, es decir, un cristianismo sobre un sustrato celta latinizado y germanizado; frente al catolicismo ortodoxo, asociado a lo griego más que a lo latino, y que luego se extenderá a los pueblos eslavos. Sabemos que griegos, romanos, celtas, germanos, eslavos… tenemos un mismo origen, que hace 20.000 años, éramos la misma tribu. Ese origen es la raza europea, pero en el imaginario colectivo medieval, esa unidad se identificaba con la Cristiandad. Por eso hoy muchos europeos defienden el cristianismo como un símbolo de identidad y lo sienten como propio, aunque piensan y actúan como paganos.

En el siglo XVI el protestantismo no será sino el intento de crear Iglesias nacionales, no controladas por el Papado, por lo que tendrá un fuerte componente nacionalista y, una vez más, identitario. En el caso de los países católicos, no se produce el cisma pero se toma el catolicismo como una cuestión nacional, plasmado esto en la aparición de la Iglesia Galicana en Francia o del regalismo en España, que si bien seguirán siendo católicas, querrán ser independientes del Papa. En el caso de España, el catolicismo era una cuestión de Estado más que de fe. Ser católico implicaba, por un lado, no ser moro ni judío. La diferencia entre “cristianos viejos” y “cristianos nuevos” era étnica y una cuestión de identidad, puesto que incluso el Papado recriminaba que iba contra la fe católica hacer tales distinciones. Así mismo, la política exterior del Imperio Español era defender el catolicismo frente al “infiel” turco y los “herejes” de los Países Bajos e Inglaterra, o dicho de otra forma, la supremacía frente al otro imperio mediterráneo (el Imperio Otomano) y el otro imperio atlántico (Gran Bretaña), siendo la religión una mera excusa. El mismo caso lo tenemos en Irlanda, donde el nacionalismo irlandés está asociado al catolicismo mientras que el unionismo lo está al protestantismo, siendo la religión una cuestión de identidad y siendo totalmente secundaria la fe. En el caso de España, los nacionalismos periféricos vasco y catalán, en origen, son una reacción integrista católica frente al liberalismo español, no siendo casual que en ambos territorios tuviera tanta fuerza el carlismo antes de la aparición del nacionalismo. Lo que había de fondo es que el nacionalismo español de raíz liberal era profundamente castellanista, y en ambos territorios, de etnia no castellana y con lenguas diferentes al castellano, surge una reacción identitaria en la que, una vez más, la religión es una excusa. En los países islámicos, la diferencia entre suníes y chiíes suele ser más étnica que religiosa.

Otro caso similar ocurre con los gitanos en España, pues al ser la única etnia no hispana que habita la Península Ibérica, muchos de ellos están adoptando el evangelismo como un rasgo diferenciador, o los que son católicos tienen, casi todos, una cofradía específica. Rara es la ciudad que no tiene un Cristo de los gitanos. La razón es que se ha intentado muchas veces integrar en la nación española a un pueblo que no pertenece a ella, y lógicamente ha sido un fracaso. Aunque su DNI ponga que son españoles, aunque su lengua romaní casi se haya perdido, es evidente que no son parte de la nación y buscan marcar sus diferencias para evitar diluirse en la cultura española, entre ellas, aunque no la única, la diferencia religiosa. Así pues, aunque la idea monoteísta inicial era coger aspectos de todas las culturas de Europa y diluirlos para formar un gazpacho, siendo el judaísmo el agua que hacía la mezcla, la realidad es que el pueblo europeo ha seguido manteniendo su identidad y que el catolicismo de España es diferente del de Francia o Italia, del mismo modo que es radicalmente diferente al de América, bajo el cual están las religiones prehispánicas en algunos casos, y las religiones africanas traídas por los esclavos en otros. Del mismo modo, nada tiene que ver el islam marroquí con el islam sudanés ni el budismo tibetano con el budismo del sur de China (pues, en muchos aspectos, el budismo podríamos considerarlo el cristianismo de Asia). La lucha pues, hoy como hace 1600 años, es por defender la identidad. En un mundo globalizado como este, la lucha es mucho más dura que la que tuvieron que tener nuestros antepasados y esa es la razón por la que los que somos fieles a las religiones nativas europeas, no debemos ser beligerantes con aquellos cristianos europeos que, aun diciéndose tales, en su conducta y en su manera de ser, son respetuosos con nuestra fe y se comportan de acuerdo a los valores europeos, a nuestras Nueve Nobles Virtudes en el caso del odinismo. Tampoco debemos ser beligerantes con otros pueblos, debemos localizar bien al enemigo de nuestro tiempo, que es esa misma oligarquía mundial que ahora, gracias a la Globalización, es aún más fuerte, y es enemiga de los pueblos, de las razas, de las naciones, pues quiere destruir a todas.

Después de 1600 años de prácticas monoteístas, estas han seguido usándose en política incluso cuando la religión dejó de tener tanta importancia para los europeos. El dogmatismo, el pensarse en posesión de la verdad absoluta, el tachar de “hereje” o “infiel” al que no piensa como tú… es moneda corriente entre los diferentes partidos políticos que no son corrientes de pensamiento, son una cuestión de “nosotros” frente a “los otros”, y por lo tanto, las elecciones y los debates en los parlamentos son una farsa, todo es simple y llanamente una lucha partidista por el poder y las ideologías políticas dominantes, en la práctica, son como una religión monoteísta y llena de fanáticos ignorantes con la cabeza lavada que se aprenden la propaganda panfletaria como antaño se aprendían el catecismo. Durante la Revolución Francesa es cuando se produce la división artificial entre “izquierdas” y “derechas”, que no deja de ser una evolución de la división entre “católicos y protestantes” o entre “moros y cristianos”, puesto que simplemente hay matices entre una postura y otra, estando de acuerdo en lo fundamental y presentando como posturas antagónicas las dos corrientes del liberalismo. El liberalismo esclavizará pueblos en nombre de la libertad, como el cristianismo y el islam hacían guerras santas en nombre de la paz y el amor. Sustituirán el culto a Dios por el culto a “los mercados” y el dogma de la Santísima Trinidad por otros dogmas como la democracia liberal o la tolerancia. En lugar de los Diez Mandamientos están los postulados de Adam Smith o de Keynes y en lugar de inquisidores tienen “fiscales del odio”, que ya bo persiguen a los que niegan la virginidad de la Virgen María, sino a los que cuestionan verdades oficiales. La derecha dirá defender los valores, la tradición… y la izquierda la justicia social y los derechos de los trabajadores. Sin embargo, a un partido y a otro, los financian los mismos bancos, y los políticos profesionales de uno y otro lado, acaba en consejos de administración de las mismas multinacionales. Aparte de los dos grandes partidos, el sistema liberal consentirá pequeños partidos, sin opciones de gobernar, que en el fondo son iguales, pero dar un cierto aire de color a los parlamentos y aparentan pluralidad y democracia. Pero si alguno consigue ganar unas elecciones, cosa muy improbable dado que la misma élite domina las televisiones, los periódicos, las radios… y el sistema educativo, se sacan los tanques a la calle y se terminó.

gulagPor otro lado tenemos el marxismo, que es un cristianismo para ateos. Del mismo modo que el cristianismo pretende tener la verdad absoluta, el marxismo se considera el “socialismo científico”, siendo el resto de las “herejías” socialistas, “socialismo utópico”, cuando no elementos contrarrevolucionarios y siendo todo movimiento social que ellos no controlen, un movimiento social al servicio del capitalismo. Dicen defender a la clase obrera, teniendo una visión mesiánica de redención del género humano en una suerte de paraíso terrenal que será la llegada del Comunismo, entendido como fin de la Historia. Los últimos serán los primeros en el Reino de Karl Marx. En lugar de tener monasterios en donde se martirizaba a los monjes para redimir al género humano, tienen gulags. Todos se consideran marxistas, creen en Marx y su palabra plasmada en El Capital es sagrada (como todas las herejías se consideraban cristianas y creían en Cristo y los Evangelios) pero tienen muchas sectas: leninistas, maoístas, estalinistas, trotskistas… como los cristianos eran nestorianos, arrianos, pelagianos…

Predican la paz y la igualdad pero cuando llegan al poder, establecen un orden social igual de injusto que el que se supone que combaten. Hablan de libertad, pero cuando tienen el poder acaban con las libertades. Como los cristianos, practican el proselitismo y quieren convertir a todo el mundo a su fe, que es la fe verdadera. Si no pueden con la propaganda, con la AK-47. Dicen ser “internacionalistas”, es decir, defienden la última revolución de un país de África que no saben situar en el mapa, pero en España dicen “el Estado español”, porque les da vergüenza pronunciar el nombre de su país, o bien apoyan a cualquier movimiento independentista financiado por la burguesía capitalista, en nombre de la “lucha de la clase obrera”. Aman a todo el mundo, menos a su propia gente. Ante esto se podría decir, con buen criterio, que hay muchos marxistas buenos, que no todos piensan así… indudablemente, como hay muchos cristianos buenos que ponen vacunas o fundan escuelas en el Tercer Mundo, como Cáritas, que ayuda a los pobres o las monjas que hacen magdalenas son gente estupenda, pero eso no quita que el sistema ideológico que les sustenta, sea monstruoso. Durante siglos la Iglesia tachaba de paganos o herejes a todos aquellos que no estuvieran de acuerdo con su moral, y tanto unos como otros, eran satánicos. Tanto acusar a la gente de satanismo, muchos se lo llegaron a creer y surgió el satanismo como una anti-religión y la Iglesia de Satán de LaVey. Por moda, por llevar la contraria, por revelarse contra lo establecido… muchos jóvenes empezaron a usar símbolos satanistas, a ponerse cruces invertidas… a considerarse ellos mismos satánicos. A fuerza de que se lo dijeran tanto, muchos se llegaron a creer que eran algo que no eran. Así el satanismo tuvo cierto auge y aún hoy está de moda en ciertos círculos y sobre todo, a ciertas edades. No deja de ser una postura infantil y el satanismo solo se define por su anticristianismo, por aquello que no es. Dicho de otra manera, sin el cristianismo al que tanto odia, no tendría razón de ser. Es un cristianismo en negativo, puesto delante de un espejo… pero cristianismo al fin y al cabo. Lo mismo cabría decir de los llamados antifascistas con respecto al fascismo.

Del mismo modo que la Iglesia tachaba de satánicos a todos los disidentes y muchos se han creído que de verdad lo son, hacen misas negras, invocan a Satanás y le dan la vuelta a símbolos cristianos, la Iglesia ha acusado de ateos a los que les discutían sus verdades oficiales. Así pues, muchos se dicen ateos por rechazo a la Iglesia o al cristianismo y las religiones abrahámicas que conocen, pero en el fondo, con sus actos y su forma de ser y actuar, demuestran que sí tienen una espiritualidad. Su concepción de lo divino es diferente a la concepción monoteísta, y dado que no conocen otra, piensan que son ateos, pero no lo son. Otros efectivamente lo son pero son conscientes de que negar la Divinidad es un acto de fe, tanto como aceptarla, y respetan a los creyentes. Sin embargo hay un tercer grupo, que yo llamo anti-teos, que son más fanáticos que cualquier cristiano o musulmán integrista. Han creado una religión en negativo, niegan a la Divinidad pero tienen una creencia ciega, fanática y enfermiza en ese no-Dios. A menudo dirán cosas como que “creen en la ciencia”, como si la ciencia fuera incompatible con la religión… que por supuesto no lo es, al contrario, las Ciencias Naturales nos explican la Naturaleza, que nosotros sacralizamos, y las Ciencias Sociales nos explican cómo actúa la Humanidad, la Historia de nuestro pueblo… que también consideramos parte de nosotros y sagrada. Por lo que la ciencia, nos acerca a los Dioses. Sin embargo estos anti-teos creen en lo que ellos llaman “la ciencia”, que viene a ser dos o tres documentales que han visto, en la mayoría de los casos, como un dogma de fe, sin entender realmente las cosas. Creen en lo que les dicen los expertos, una suerte de sacerdotes modernos. El tertuliano profesional, el economista, el profesor universitario… se convierten para ellos en lo que el cura de su pueblo era para un campesino del siglo XIII.

A pesar de que la ciencia es un producto humano y como tal, lo que en la ciencia tomamos por una ley, no es inmutable, sino que cambia cuando otro investigador descubre algo que contradice o modifica lo que se tomaba, hasta ese momento, por cierto; a pesar de ello, estos anti-teos te miran por encima del hombro con una pretendida superioridad moral y un arrogancia bajo la cual, suele esconderse su profunda ignorancia, del mismo modo que los fanáticos religiosos. Suelen ser engreídos y pedantes, mentes adoctrinadas que desprecian aquello que se sale de su verdad y generalmente, este tipo de gente, suelen ser o bien defensores del capitalismo liberal o bien defensores del comunismo marxista, no es por casualidad que esto vaya de la mano. El argumento que suelen utilizar es que las religiones son una respuesta del ser humano al miedo que tiene a la muerte, por lo que se inventa una vida de ultra tumba. Del mismo modo, dicen que todo aquello que no se comprende, se le da una explicación mágica. Esto es erróneo porque, para empezar, las preguntas existenciales, entre ellas el sentido de la muerte o qué ocurre cuando morimos, no son exclusivas de la religión, es de hecho una cuestión filosófica. Un sistema religioso tiene una filosofía concreta y por lo general, una idea al respecto de esos asuntos, pero no todas las filosofías están dentro de un sistema religioso. Entre ellas, las filosofías ateas. El ateísmo no deja de tener su visión de ultratumba, el Olvido. Según su visión, al morir se produce la no existencia, lo que somos desaparece, no tenemos alma y se produce la disolución del Yo. Esto no deja de ser una visión de lo que ocurre después de morir, aunque sea pesimista, pero que tiene el mismo fundamento científico que la creencia en otra vida, en la reencarnación… es decir, ninguno. Es una simple creencia como cualquier otra, que ellos quieren imponer como la verdadera y ridiculizar otras visiones.

En cuanto a la magia, no es que aquello que se desconoce se le dé una explicación fantasiosa y cuando se conocen dejen de considerarse magia, es que no conocemos todo lo que ocurre en la Naturaleza o no podemos explicarlo, pero si podemos interrelacionar con esa fuerza natural que no conocemos. Cuando la ciencia nos lo explica, no deja de ser mágico. Por poner un ejemplo claro, la vida, la ciencia nos explica cómo surge ¿pero acaso deja de ser mágico por ello? Aunque el amor responda a impulsos celebrarles, a reacciones químicas… ¿no se produce magia cuando dos personas se enamoran? La ciencia nos explica la teoría del Big Bang como origen del universo ¿le quita eso algo de magia? El problema es el mal entendido racionalismo que desprecia los sentimientos desde una concepción materialista, pero aunque la razón pueda explicar por qué se producen los sentimientos, no podrá sentirlos. Si el marxismo es un cristianismo para ateos, también necesita obviamente su particular satanismo, en este caso, el nazismo. Hitler es tan necesario para el marxismo como Satán para el cristianismo y si en la Edad Media te acusaban de hereje, de pagano… ahora la acusación favorita cuando alguien se sale de lo políticamente correcto es acusarlo de nazi o de fascista. Para la derecha liberal, también está la acusación de terrorista, muy recurrente. Si te sales de lo políticamente correcto, la derecha te acusar de ser terrorista y la izquierda de ser nazi. En el caso de España, Franco es el Satán de la izquierda, y ETA el Satán de la derecha. Del mismo modo que ocurre con el satanismo, a fuerza de decirle “nazi”, muchos jóvenes se han creído que de verdad lo son y usan esvásticas o símbolos del Tercer Reich, cuyo significado desconocen, o repiten lemas panfletarios y dicen Sieg Heil sin saber lo que significa y sin haber leído siquiera el Mein Kampf o tener la más remota idea de lo que es el nacional socialismo. Para la derecha, luchar contra los desahucios o reunirte en la calle para hablar de política, te convierte en simpatizante de ETA. Para la izquierda marxista, llevar una camiseta de la selección española te convierte en un fascista. El nazismo y el fascismo son en la práctica, como el satanismo respecto al cristianismo, una reacción infantil y que no tendría razón de ser sin su ideología espejo. Es una ideología que se define en negativo: son antiliberales, antiparlamentarios, anticomunistas… con lo que si no existiese todo eso, no tendrían razón de ser. Lo único en positivo que son los fascistas, es nacionalistas, pero del mismo modo justifican ese nacionalismo exacerbado en enemigos internos y externos de la nación, por lo que si no existiesen dichos enemigos, su defensa no tendría sentido. Si el marxismo es una ideología de acción, aunque sea una acción nefasta, el fascismo es una ideología de reacción y también plantean una visión mesiánica del líder como salvador de la Patria.

Christian_communism_logo.svgComo he dicho del cristianismo y el marxismo, que haya fascistas que son gente estupenda y buenas personas, no contradice el hecho de que la ideología que los sustenta sea lo que es. La diferencia con el satanismo, es que ha habido Estados cristianos, Estados islámicos, Estados judíos, Estados liberales, Estados marxistas, Estados fascistas… pero nunca un Estado satánico. Si lo hubiese, no sería muy diferente, con respecto a un Estado cristiano, de lo que un Estado fascista lo es con respecto a un Estado marxista: teóricamente todo lo contrario, en la práctica exactamente igual. Todas estas ideologías totalitarias, que llevan siglos siendo el sustento de la dominación humana, tiene como origen, directa o indirectamente, el judaísmo. Ya sea porque se desgajan de él, ya sea porque sus fundadores son judíos, ya sea porque tienen su razón de ser en el anti-judaísmo. Es conveniente diferenciar entre semitas, hebreos, judíos y sionistas, porque con frecuencia se tacha de “antisemita” a todo aquel que critique, fundamentalmente, el sionismo, y las prácticas de los judíos.

Los pueblos semitas son muchos, los caldeos, los cananeos, también llamados fenicios, los árabes, los asirios, los babilonios, los amorreos… entre ellos, están los hebreos, pero no son los únicos, ni mucho menos. Por lo que, por ejemplo, en el conflicto entre israelíes y palestinos, los palestinos son árabes y, por lo tanto, semitas. Luego criticar al Estado de Israel, no puede ser, en ningún caso, antisemitismo. El judaísmo es una religión que nace dentro del pueblo hebreo, pero que por circunstancias se extiende a otros pueblos, por ejemplo en los etíopes, o los jázaros, que se convierten en masa al judaísmo en la Edad Media. Así pues, los judíos askenazíes, son descendientes de los jázaros, no son descendientes de los judíos de época bíblica, ni Palestina es su “tierra prometida”. El sionismo es el nacionalismo judío, nación que tiene una base religiosa, y sirve de sustento ideológico al Estado criminal de Israel.

Entender cómo funcionan las ideologías totalitarias, legitimadoras de la dominación, y que hoy están más presentes que nunca, no siendo sólo el cristianismo y el islam nuestro principal enemigo, como lo fueron en el pasado, es fundamental para poder defendernos frente al intento de acabar con la cultura y la espiritualidad de los europeos y en general, de todos los pueblos de la Tierra. Nos toca quizás la batalla más difícil de cuantas hayan librado nuestros ancestros. Nunca antes una generación de europeos vio tan amenazada su identidad como hoy y fue menos consciente del problema, porque nunca un sistema de dominación fue tan perfecto como este, tan sutil que la mayoría no saben que existe. Su mayor arma no son los ejércitos, ni las leyes, ni siquiera la pobreza a la que están conduciendo a los pueblos de Europa. Su mayor arma es el discurso y el eco mediático que su discurso tiene frente a otros. Debemos oponernos con todas nuestras fuerzas a la destrucción del pueblo europeo, su cultura y su identidad.

Así mismo debemos saber que el mismo destino les aguarda al resto de pueblos de la Tierra y no ser cómplices de su destrucción, solidarizándonos así mismo con ellos,pues tenemos un enemigo común. Esta ya no es sólo una guerra entre Europa y sus enemigos, lo es entre la Humanidad y quienes la quieren destruir, pero en esta ocasión, su estrategia no es dividir a los pueblos, es homogeneizar a todos en una sola Humanidad mestiza y sin arraigo, ni cultura, ni amor propio, en una gigantesca granja humana. La única manera que tenemos que vencer es amar nuestra identidad, aferrarnos a ella, y fomentar que el resto de pueblos hagan lo mismo. Así podremos marchar separados, pero combatir juntos.

José Manuel 

Jarl de Fauces de Tormenta

Delegado de la Comunidad Odinista de España-Ásatrú en Andalucía

El Odinismo como religión arraigada en España

4445fc303a5350ac9d6677569bd0fdf9La palabra Odinismo parece haber sido utilizado por primera vez en 1848 por el escritor Orestes Brownson, autor de «Un renacimiento del Odinismo, o el viejo paganismo escandinavo».Brownson se equivocó al limitar el origen de Odinismo a Escandinavia.

El Odinismo es – por lo menos – la religión ancestral de todos los pueblos germánicos antes de su forzada y sólo parcial,  conversión al cristianismo. Por lo tanto, es la espiritualidad indígena de muchos o la mayoría de las personas que viven en lo que ahora son Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia, Inglaterra, Escocia, Irlanda, Gales, Francia, Bélgica, los Países Bajos, Alemania, Rusia, Austria, Italia y España. Todas estas regiones  estaban habitadas por tribus y grupos germánicos, como los godos, los anglosajones, los lombardos, los francos, visigodos, Rus, y así sucesivamente.

Todo el mundo sabe que el Odinismo se define legalmente como: » la continuación de… las creencias espirituales orgánicos y la religión de los pueblos indígenas del norte de Europa que se concreta en la Edda y como lo han encontrado expresión en la sabiduría y en la experiencia histórica de estos pueblos”. Si bien esta es una definición jurídica aceptada, hay cinco aspectos que deben aclararse

1.- En primer lugar, » los pueblos indígenas del norte de Europa » es una descripción vaga. Durante gran parte de la historia humana, el norte de Europa fue enterrado bajo los glaciares de la Edad de Hielo, y era tan inhabitable como la Antártida de hoy. Las primeras formas de Homo sapiens (seres humanos modernos) parecen haberse establecido en el norte de Europa durante los períodos cálidos entre las edades de hielo, y luego desviaron la consecución de sus suministros de alimentos durante los interludios fríos, volviendo de nuevo cuando el clima mejoró. De ello se desprende que, durante gran parte de nuestra historia, nuestros antepasados ​​no estaban en el norte de Europa en absoluto. Como veremos más adelante, en la prehistoria se extienden a lo largo y ancho de Europa a África, de Rusia moderna para la China moderna y Afganistán. Para los propósitos de este libro, se tomarán » los pueblos indígenas del norte de Europa «, en el sentido de: a todos los que tiene o ha tenido una relación genética primaria a las formas modernas de los seres humanos que intermitentemente colonizaron el norte de Europa durante los momentos en que la región era inhabitable, antes de las últimas décadas de inmigración masiva.

2.- » Los pueblos indígenas del norte de Europa “, por tanto, incluyen muchos grupos culturales que no hablaban lenguas germánicas o participan en la cultura germánica. Los hablantes de griego antiguo, latín y las lenguas celtas son ejemplos obvios. Incluso antes de su tiempo, podríamos trazar nuestro linaje ancestral de nuevo a la gente que ni siquiera hablan lenguas indoeuropeas. Muchos de nosotros hemos heredado los genes de los constructores de Stonehenge, que hablaba un idioma que es ahora caído en el olvido, y la mayoría de nosotros probablemente descendientes de los Cromañón que crearon obras de arte sin igual a la altura de la última Edad de Hielo, pero cuyo lenguaje es irrecuperable.

2.- El término » creencias orgánicas espirituales y religión » es otra frase difícil, ya que las palabras » espirituales » y » religión » son muy difíciles de definir. Para simplificar, en esta etapa vamos a tomar la religión en el sentido de un conjunto de creencias relacionadas con la naturaleza y propósito del universo y de la vida misma, con la naturaleza espiritual de los seres humanos y con el papel en la vida de los poderes «sobrenaturales «, como los dioses.

odin114.- La frase, » que se concreta en la Edda “, no implica que la Edda es la única o incluso la principal fuente de información sobre las creencias religiosas o espirituales de nuestros antepasados ​​. La Edda poética (también llamada la Edda Mayor y Sæmundar Edda y el Codex Regius) es una colección de manuscritos de poemas islandeses. Fue escrito en la segunda mitad del siglo XIII, y descubrió en una granja en Skálholt en 1643. Contiene la mayor parte, pero no toda la poesía que sobrevive de la época pre – cristiana en Islandia. No tenemos fechas precisas para la composición de los poemas individuales, y algunos muestran la influencia cristiana obvia o interferencia. Por otra parte, hay muchas lagunas en la imagen de la Edda da de la creencia pagana de Islandia, presumiblemente porque otros poemas importantes de esa época se han perdido.

La Edda, por tanto, no es de ninguna manera una «Biblia» para Odinistas. Es útil porque nos da una muy buena idea de cómo algunas Odinistas en Islandia en un momento en particular, expresaron sus creencias religiosas, y es la más reciente recopilación sistemática de la poesía religiosa europea que ha sobrevivido desde la época precristiana. Dado que es una cuenta ordenada de las creencias de nuestros antepasados ​​, Odinistas honran tanto al propio Edda y esos Odinistas islandeses que resistieron la conversión tiempo suficiente para componer sus poemas – unos seis siglos después se convirtió en el paganismo punible con la muerte en el Imperio Romano.

Sin embargo, a pesar del honor debido a la Edda y sus autores, una comprensión completa de nuestras creencias ancestrales requiere mucha más evidencia. Afortunadamente para nosotros, esto está disponible en abundancia. Muchas grandes obras literarias de los períodos paganos de Grecia y Roma han sobrevivido, como tienen las obras que nuestros antepasados ​​componen fuera de la propia Europa, tales como los Vedas de la India. Tenemos muchos poemas Odinistas auténticos que fueron escritos o transcriben mucho antes de la Edda, así como la evidencia del arte, la música, los códigos legales, la lingüística, la ciencia y la tecnología, el folclore y los maravillosos logros de la arqueología moderna.

5.- La frase “… ya que han encontrado su expresión en la sabiduría y en la experiencia histórica de estos pueblos “es una parte crucial de la definición legal de Odinismo y no debe ser olvidado o minimizado. El Odinismo moderna no es de ninguna manera la reconstrucción de una visión del mundo que dejó de existir cuando los líderes de nuestras diferentes tribus y naciones adoptaron oficialmente las religiones exóticas. Lo que solía ocurrir después de la » conversión» de estos pueblos es que sus gobernantes trataron de hacer cumplir la nueva y » oficial» de la religión, mientras que al mismo tiempo la mayoría trató de asegurar la supervivencia de sus viejas costumbres, creencias y valores. Esto llevó a un período de doble fe, en el que las dos religiones, la vieja y la nueva coexistieron. A veces se enfrentaron violentamente, a veces se alcanzaron compromisos. La fe de nuestros antepasados ​​europeos fue impulsada oficialmente subterráneo. Pero a cambio, sobre todo en el norte de Europa, logramos paganizar al cristianismo en innumerables formas, hasta el punto de que no era reconocible como la fe que los Papas en Roma habían exportado originalmente hacia el norte. A pesar de todas las sanciones legales contra ella, El Odinismo sobrevivió dentro de la fe oficial notablemente bien. O para decirlo de otra manera que, si el Odinismo no pudo sobrevivir en su pureza original, tampoco lo hizo el cristianismo. Las dos se habían fusionado en una unión muy incómoda. Si podemos decir que una » se extinguió”, tenemos que decir lo mismo de la otra. En el siglo XIX las cadenas que ataban las dos religiones juntas estaban oxidando. El período de doble fe estaba llegando a su fin. Desde entonces, el cristianismo  ha colapsado en gran medida, tanto intelectual como moralmente.

oleg Entre las naciones de habla germánica, la caída del cristianismo parece estar esperando, y a menudo simplemente en sus formas más extrañas, como en USA. Pero, al mismo tiempo, el Odinismo ha ganado mucho en la integridad moral e intelectual de su prestigio, por no hablar de números, y nuestra sociedad en su conjunto está adquiriendo valores fundamentales Odinistas sin siquiera saber su origen. En las naciones de origen hispano portugués el movimiento ha sacudido con fuerzas los cimientos de nuestra sociedad, que siendo “aparentemente” latina, hemos manifestado con creces nuestras raíces germánicas, siendo una de las naciones donde el movimiento Odínico es más fuerte a nivel mundial. Por eso nuestra progresión es imparable y el movimiento es firme y está bien asentado.

“Me gustan los que hemos tenido suficiente con Jerusalén», dijo [mirando un diorama de la ciudad del siglo primero] » teniendo en cuenta que no descendemos de los Judíos. No había nada de primer orden sobre el lugar o su gente, después de todo – es lo mismo que ocurre en Atenas, Roma, Alejandría y otras ciudades antiguas”.

Sue Bridehead en la novela de Thomas Hardy, Jude el oscuro

Los límites de los pensadores Odinistas del siglo XX fueron en gran parte los de época y las circunstancia, se encontraron con todas las dificultades posibles: ninguno tuvo la oportunidad de publicar una obra que reflejara la totalidad de sus creencias. Ellos se limitaron a realizar discursos, artículos de revistas y folletos, que no les permitió el lujo de presentar sus puntos de vista de manera sistemática y completa, solamente en casos excepcionales, alguno de nuestros padres Odinistas lograron publicar auténticos libros y manuales que plasmaban lo que estaba en pleno proceso de eclosión. En estos casos, los autores estabas intentando hacer algo que nadie había hecho antes. Incluso la obra maestra de Charles Darwin  requirió modificaciones por científicos posteriores, por lo que sería injusto para reprenderles por no escribir el libro que él podrían haber escrito si estuvieran vivos hoy.

Otro problema al que se enfrentaban-y seguimos haciéndolo hoy- era que el material en el que tenían que confiar estaba firmemente en manos de profesionales universitarios que aunque hubieran sido buenos lingüistas, o buenos religiosos comparativos, o buenos historiadores de la cultura, no eran conscientes que les faltaban ciertos puntos fuertes que no estaban a su alcance, que se hallaban fuera del ámbito de las aulas. En el peor de los casos, los académicos eran hostiles a sus fuentes, a lo sumo, con algunas excepciones valientes, no tenían ninguna conexión psicológica o espiritual con el tema sobre el cual según ellos  poseían algún tipo de «propiedad» académica.

Sus libros y artículos, por tanto, recuerdan la conversación de los personajes de Shakespeare:

Antonio: No se pierde mucho.
Sebastián: No. Él no hace más que confundir la verdad total.

En los últimos años una nueva generación de estudiosos ha comenzado a surgir, los hombres y las mujeres que son realmente paganos y pueden acercarse a las fuentes históricas con honestidad e imaginativa, aunque crítica, simpatía. Esta tarea, por desgracia, está lejos de ser completada.

Por otra parte, el futuro es incognoscible. Todavía estamos en la primera etapa de la » Edad Moderna »  del Odinismo, y nadie puede decir cómo se desarrollará esta aventura espiritual. Sin embargo, en nuestra opinión el  Odinismo como lo es hoy, necesita abordar muchos temas. Varios de ellos se enumeran a continuación, junto con ejemplos. La lista está lejos de ser completa, y otros escritores Odinistas incluso hoy pondrían el énfasis en otro lugar.

El Odinismo debe ser más racional y coherenteNecesita ser desarrollado de acuerdo a una arquitectura intelectual basado en principios coherentes e ideas básicas, por lo que ninguna declaración supuéstamente Odinista puede ser sometido a las pruebas pertinentes de validez. Por ejemplo, hay muchos libros producidos comercialmente en las tiendas de la Nueva Era que pretenden explicar las runas, o establecer rituales Odinistas. La mayoría de Odinistas tratan estas obras con desprecio, pero ¿sobre qué base precisa podríamos decir que tal “escrito” no es realmente un libro  Odinista en absoluto? 

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El Odinismo debe ser contemporáneo, es decir, tanto de que es compatible con los conocimientos actuales, y que se relaciona con las cuestiones intelectuales actuales. Por ejemplo, en la física de la corriente principal de los pronunciamientos dogmáticos de Albert Einstein todavía otorgan la reverencia que los cristianos que antes dieron a los pronunciamientos de los Papas. Si la creencia de Einstein en el Big Bang como una » singularidad» es correcta, entonces la alternativa pagana del eterno retorno no es correcta – y viceversa. Por lo tanto, la cosmología científica moderna es en gran medida una preocupación Odinista.

El Odinismo debe ser socialmente relevante. Debe aportar valores y técnicas que nos permiten analizar y resolver los problemas sociales actuales. Por ejemplo, Odinismo es una religión basada en la naturaleza. Los seres humanos, al igual que nuestras deidades, son parte de la naturaleza, no de alguna manera establecernos por encima de ella. Por lo tanto, entendemos que los recursos naturales como los bosques no deben ser destruidos para obtener ganancias financieras a corto plazo. Pero la mayor destrucción del hábitat de hoy es un resultado casi inevitable de la superpoblación humana. Para «salvar» a un bosque puede ser un acto de mérito, pero sólo está tratando el síntoma, no el problema. Odinismo debe proporcionarnos una manera racional y coherente de análisis y solución de los problemas de este tipo.

El Odinismo debe convertirse orientado a la acción, lo que significa que nos debe proporcionar orientación en cuanto a cómo nos acercamos a nuestras tareas y metas en este metal vital. Por ejemplo, muchos Odinistas hoy son artistas o músicos, al menos, altamente competentes. Un compositor cristiano sincero como John Stainer sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando escribió su gran obra, La Crucifixión: lo describió como una » meditación sobre la Pasión del Santísimo Redentor”. Artistas Odinista deben ser capaces de ser guiados por su fe , no para » ilustrar » de la manera de Stainer , pero para crear música o el arte visual que es reconocible Odinista – en lugar de , digamos , ateo o musulmán.

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El Odinismo debe ser amplio y equilibrado. Tiene que ser capaz de expresar diferentes puntos de vista, sin ningún tipo de antagonismo, pero dentro de los criterios antes mencionados. No somos tan ingenuos para pensar que 1500 años de “Fe Dual” –pagana y cristiana- conviviendo juntas, han dejado una secuela dentro de nuestra estructura anímica, el cristianismo, ha importado lo peor de la concepción semítica de la vida y ha distorsionado nuestro punto de vista, mediante interacciones subjetivas, un auténtico envenenamiento del alma europea que nos toca purificar. No vamos a caer en su misma trampa. Por lo tanto hemos de desterrar comportamientos dogmáticos, recurrentes y encerrados en criterios obsoletos. No hay nada que debamos dar por hecho y la amplitud de miras es fundamental para que el Odinismo llegue a buen puerto. Todos tenemos que aportar nuestra semilla al crecimiento de nuestra fe y ningún criterio debe ser rechazado a priori.

El Odinismo debe ser espiritual y emocionalmente significativo. No puede limitarse a una especie de recreación histórica, ni siquiera una mera actualización de los puntos de vista pre – cristianas de nuestros antepasados ​​, y que necesita conectar con la sociedad para hacer frente a las cuestiones trascendentales que los seres humanos buscan en cualquier otra religión. Por ejemplo, El Odinismo abarca la idea de la reencarnación. Pero, ¿qué significa para nosotros – en esta vida – que la mayoría de nosotros nos vamos a reencarnar? ¿Cómo afecta a la manera en que vivimos nuestra vida el día a día? ¿Cómo influye nuestra elección de carreras, o cónyuges, o pasatiempos, o lo que vamos a elegir de un menú de restaurante?

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El Odinismo debe organizarse de alguna manera, pero siempre de acuerdo con la  propia naturaleza del Odinismo y no basado en modelos arcaicos-la edad media ya pasó- o extraños a nuestro pueblo. En particular, hay que evitar lo que Walter Pater  llama, » aquellos arcanos mecánicos quienes pretenden conseguir- secretos revelados- de los místicos profesionales, que realmente les lleve sus grandes y pequeñas almas de un nivel a otro»

El Odinismo no es la encarnación de un conocimiento secreto, del tipo que se puede pasar de los iniciados a los novatos como en una secta cristiana gnóstica. El aspecto del conocimiento del Odinismo está igualmente disponible para todos nosotros, al igual que las reglas del ajedrez o el tenis. Lo que no es igualmente disponible es la capacidad de poner estas reglas en acción. Por eso Odinismo subraya los » nueve nobles virtudes «, que son: la valentía, la fidelidad, la laboriosidad, la disciplina, la autosuficiencia, el honor, la hospitalidad, la perseverancia y la verdad. En términos generales, estos son también las cualidades de los dioses. Como dijo el filósofo – rey pagano Marco Aurelio señaló:

«… te será de mucha ayuda, si te acuerdas de los dioses, y que ellos no desean ser halagados, pero ojalá todos los seres humanos hicieramos las cosas razonablemente como ellos”. Todos somos libres para meditar sobre las cualidades de los dioses.

Las raices mistéricas del odinismo son entendidas, comprendidas y practicadas por nuestra orden sacerdotal, a la que cualquier persona puede tener acceso, distintas sensiblidades, emociones y vocación es lo que determina a quienes eligen ser los representantes de los mortales para comunicarrnos con el resto de los seres que pueblan los 9 mundos

El Odinismo debe reconocer que todos los Odinistas somos intrínsecamente iguales. A pesar de que tenemos diferentes temperamentos, habilidades y destrezas, todos podemos hacer una contribución válida. A pesar de que algunos de nosotros hemos vivido más tiempo que otros, en esta vida o en el pasado, todos estamos participando en el re-despertar Odinista a nuestra manera. Un Odinista que es un excelente atleta es tan valioso para todos nosotros como uno que puede hacer las grandes preguntas y alegremente aceptar cualquiera de las respuestas o los silencios, o un gran artista, o un músico o un arquitecto o un científico de genio. Un Odinista que puede ser un buen padre, medido en términos de cómo se desarrollan los niños, está haciendo mejor que el gran filósofo -emperador, Marco Aurelio, cuyo hijo se convirtió en un monstruo amante de los cristianos.

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Estas son sólo algunas de las cuestiones que deben abordarse. Ciertamente no son los únicos que deberían o que nos ocupan, y algunos dirían que otros temas que ya son más importantes. Las conclusiones que los Odinistas vamos dibujando, a medida que más y más de nosotros nos animamos a volver a nuestro hogar espiritual, conforman la construcción de nuestra fe, pero no pueden predecir en este etapa cuando se producirá nuestra salida de la fase de doble fe, al final el gran misterio creador inunda el universo Odínico, y la solución de este enigma reside en su propia génesis, confiemos en nuestros Dioses, porque son ellos los que nos conducen a través de estos tiempos de caos; Ellos creen en sus hijos, Ellos creen en nosotros.

Adelante pues.

El Dios germánico Teiwaz y su influencia en la mujer moderna

odinismoPresentamos un interesante artículo de la investigadora Jodie Forrest, donde pone de relieve como influye nuestro Dios Teiwaz/Tyr  sobre el alma femenina, Teiwaz es el Dios de la guerra, pero Éste no está reservado solo a los hombres, Teiwaz pertenece también al 50% a las mujeres, tanto en cuanto tienen el mismo espíritu guerrero que los hombres, no existen Dioses exclusivos para hombres y mujeres y Jodie forrest nos explora este tan poco transitado camino. Una autentica reclamación del Dios para todas las mujeres, una acertada visión femenina del mismo.

El psicólogo Carl Jung creía que los arquetipos de la propia etnia o cultura se escondían más cerca de la superficie de la psique que los arquetipos de otras. Los astrólogos occidentales hemos trabajado principalmente con la mitología griega y romana, pero hay otras mitologías de otras culturas que pueden arrojar una luz interesante y valiosa a los arquetipos planetarios. En lugar de, o además de, toda la sangre del mediterráneo, muchos astrólogos profesionales, estudiantes y clientes tienen algo de sangre del Norte de Europa. Para estas personas, la mitología nórdica, germánica o celta puede aportar algunas ideas de Marte fascinantes. (Por ejemplo, para los astrólogos, estudiantes y clientes de origen japonés o africano, se podría instar a un estudio minucioso de la mitología japonesa o africana para obtener información adicional sobre los arquetipos planetarios de sus mentes, pero el tema de este artículo es la mitología nórdica). El Dios guerrero nórdico parece estar dividido entre Odin, Thor y Teiwaz. En este artículo nos centraremos en Teiwaz.

 Vamos a examinar la mitología de Teiwaz. Tacitus y otros autores romanos le equiparan con Marte, y Teiwaz dio su nombre al día de la semana martes en inglés (Tuesday). En francés, Marte es Mardi y en español es Martes; ¿puedes ver el nombre de Marte en ambos nombres? El nombre germánico de Teiwaz es Teiwaz. Freya Aswynn señala que el sufijo –az significa dios, mientras que Tei o Ziu, deriva de djevs, lingüísticamente relacionado con Zeus, y significa “cielo” o “luz”. Un dios del cielo, Teiwaz o Teiwaz era el dios de la guerra germánico, posiblemente un precursor de Odin, el principal dios nórdico quien lo reemplazó como Padre de los Cielos o Dios de dioses. Cabe señalar aquí que, si bien el pensamiento actual apoya la idea de que Teiwaz fue un precursor de Odin, no es así en los propios Eddas, los mitos nórdicos registrados desde el Siglo XII por Snorri Sturluson y otros poetas islandeses.)

 El linaje de Teiwaz contrasta con el del Marte Greco-Romano, que era hijo de Zeus y su esposa Hera y que nunca tuvo un puesto como Padre de los Cielos o Dios de dioses. Teiwaz tiene otras conexiones con el cielo: en sus días, uno de los nombres vikingos de la Estrella Polar era “Tir”, según Nigel Pennick. Se pensaba que la Estrella Tir estaba en la parte superior del eje del mundo, que “mantenía las fuerzas cósmicas polarizadas”, según Ralph Metzler. Los barcos vikingos y los mercantes se guiaban de noche por las estrellas, por lo que el dios Teiwaz estaba asociado a esta capacidad de guiar y con las cualidades inmortalizadas en la frase de Shakespeare “fija y constante como la Estrella Polar”, un rasgo que nada tiene que ver con el Marte Greco-Romano, que era mucho más volátil.

La mitología nórdica nos dice que Teiwaz era muy sabio. Tanto es así, que un hombre extremadamente docto era llamado Teiwaz-wise. Ares/Marte no tiene esta reputación. Como dios de la guerra con poder para ganar la batalla, Teiwaz era el más valiente y audaz de todo el panteón nórdico, y un hombre cuya valentía superara a la de los demás y no titubeara era llamado Teiwaz-valiant. Los guerreros invocaban a Teiwaz y grababan su nombre en sus espadas. Su Runa, Teiwaz, se asemeja a una espada o flecha. Teiwaz era un dios de la ley y el orden a diferencia del clásico Marte. Teiwaz era el dispensador de justicia –¿quizás batallaba si todo lo demás fallaba?. Según Metzner, Teiwaz estaba asociado a los Things – concejos tribales donde guerreros germanos debatían decisiones y votaban el asentimiento agitando sus lanzas y golpeando las espadas contra sus escudos. El más famoso es el Althing de Islandia. Teiwaz está conectado con los juramentos y los medios por los que se mantiene justicia y se hace valer el contrato social. Se dice que siempre decía la verdad.

Sin embargo, el mito más conocido de Teiwaz conlleva lo que equivale a un engaño en silencio hacia el gran lobo Fenris. Fenris era un monstruoso hijo de Loki el Embaucador, quien a su vez era hijo de dos gigantes de hielo. El destino le predijo a Loki que su misión era la de ayudar a traicionar y derrocar al panteón nórdico.

En el Odinismo se puede observar el conflicto entre dioses, gigantes, trolls y otras fuerzas del caos. Se trata de una mitología estoica, nacida de un pueblo que soportaba duros inviernos. Tarde o temprano, los dioses caerían y el mundo sería destruido en la batalla de Ragnarok, y después se crearía un nuevo cielo y una nueva tierra. En esta batalla no habría vencedores pero tampoco muchos supervivientes. Tampoco hay manera de evitar este destino: toda la humanidad y los mismos dioses están sujetos a las tres Parcas Nórdicas, el Nornir.

Los dioses habían sido advertidos por una profecía de que Fenris mataría a Odín. El lobo nunca había hecho daño pero se estaba haciendo tan grande, fuerte y feroz que sólo Teiwaz se atrevía a darle de comer. Al final, los dioses decidieron que debía ser encadenado. Lo intentaron dos veces diciéndole que era para comprobar su fuerza, pero el lobo destrozó ambas cadenas. Entonces Odin contrató a dos enanos para que hicieran una cuerda mágica que Fenris no pudiera romper. Fenris sospechaba, pero los dioses le prometieron que, una vez comprobado que la cuerda podía sujetarlo, le liberarían.Como todavía tenía dudas, preguntó si alguno de ellos pondría una mano entre sus mandíbulas como muestra de buena fe. Nadie habló ni se movió hasta que, lentamente, Teiwaz puso su mano derecha en su boca hasta la muñeca –la muñeca, en nórdico antiguo se llamaba “wolf joint”.

 Aquí vemos una parte protectora y de sacrificio de la función de Marte. Teiwaz, el dios de los juramentos y la justicia, había roto la confianza aunque no con palabras. Los dioses, incluyendo al mismo altruista Teiwaz, habían sacrificado la mano-espada de su gran protector y defensor para contener a su mayor enemigo, que acabaría liberando a Ragnarok y destruyendo a Odin. Teiwaz y Garm, el perro de Hel, la diosa del inframundo, se matan unos a otros en la batalla final.

¿Qué puede representar el lobo Fenris? En este mito, la fuerza abrumadora y posiblemente violenta del caos, la entropía y el mundo natural que no es muy amable con la vida humana en el extremo Norte. Tales fuerzas amenazan tanto a lo cósmico como al orden social, tanto a la ley divina como a la humana. Arquetípicamente, el monstruoso lobo y otras criaturas semejantes representan los cuervos de la psique humana, las fuerzas que nos amenazan con el crimen, la opresión, la disrupción social, cuyo gran egoísmo y codicia ha provocado el calentamiento global y sus secuelas.

Es curioso que el Marte clásico también esté conectado con los lobos: fue el padre de los gemelos Rómulo y remo, que fueron amamantados por una loba y que guindaron la ciudad de Roma. En la alquimia, Marte suele ser mostrado como un lobo. El lobo representa los impulsos instintivos atávicos y primitivos que, por un lado son necesarios para sobrevivir, que alimentan nuestra vida física pero que, por otro, deben ser sujetados, contenidos y transformados para que la civilización humana de lo mejor de sí. Las manos es lo que utilizamos para alcanzar y coger lo que queremos – una función del Marte astrológico. Las manos son espadas y escudos y lo mismo ocurre con el arquetipo planetario de Marte: va tras lo que queremos y nos protege.

Aquí hay una paradoja o un misterio, si lo prefieres: el primigenio, instintivo y furioso Marte, la bestia voraz y egoísta de la psique, debe ser controlado para que podamos vivir juntos en relativa armonía.

¡Controlado, no suprimido, reprimido o erradicado! A pesar de los deseos de las personas que tienden a culpar a lo que ellos interpretan como una energía masculina fuera de control por todos los males del mundo, no podemos eliminar el arquetipo de Marte como no podemos hacer desaparecer nuestra adrenalina. No hay absolutamente nada vergonzoso en la energía de Marte y culpar a alguien, hombre o mujer, por tenerla en abundancia es como culpar a alguien del color de sus ojos. Es su forma de expresar esta energía lo que es censurable o no.

La energía de Marte debe ser guiada y controlada, no reprimida, negada ni darnos vergüenza porque, conscientemente dirigida e integrada Marte/Teiwaz debe ser utilizada para ayudarnos a vivir nuestra vida al máximo, para establecer objetivos y alcanzarlos y para protegernos a nosotros mismos y a los demás. En otras palabras, si reprimes a la bestia, si intentas negar o reprimir esta energía instintiva de Marte, pierdes tu brazo-espada. Pero si no controlas a la bestia -si no entiendes y te relacionas con la energía de Marte/Teiwaz de una forma saludable- puedes causar un gran perjuicio ya sea porque agredes sin límites o por recibir la agresión de otra persona contra la cual no puedes o no quieres defenderte.

En este sentido, tal vez Marte, como Mercurio, es el “sujeto y objeto del trabajo”, como dicen los alquimistas de Mercurio. Quizás la alquimia de la conciencia transforma los componentes animales de Marte en las cualidades realistas y protectoras de Teiwaz.

 Teiwaz es un dios guerrero que sin embargo no te garantiza la victoria inmediata. Teiwaz no es la fantasía adolescente del héroe. En el mejor de los casos, el arquetipo de Teiwaz es un adulto racional, claro, un dios guerrero con objetivos específicos que conoce el cálculo de pérdidas, la inevitabilidad del fracaso, la muerte y los compromisos y sacrificios hechos para defender los contratos sociales, la ley y el orden. En su mejor nivel de funcionamiento, los sacrificios de Teiwaz son para proteger y promover la vida, no sólo para sufrir. En términos astrológicos, podemos interpretar la parte de Teiwaz popular como la protección y defensa Marte/Teiwaz del Sol, de la función ego/identidad. Muchas veces, ya que la vida a menudo es difícil, esta protección y defensa puede incluir una pérdida calculada y un sacrificio, pero estas concesiones no deben ser tan grandes que se lleven por delante el poder del Sol.

Por supuesto, el arquetipo de Teiwaz tiene un nivel de funcionamiento menos óptimo. Cuando menos consciente e individualizada está cualquier función planetaria, más tiende a comportarse según los patrones arquetípicos y guiones, igual que un programa informático configurado para ejecutarse a través de una serie de rutinas de forma automática a menos que el usuario, consciente y deliberadamente, intervenga.

El dios Teiwaz puede ser una fuerza muy poderosa aunque oculta en la psique europea moderna especialmente, sobretodo en la de muchas mujeres que parecen tener más problemas para acceder a un funcionamiento saludable del planeta rojo. ¿Las mujeres se han sacrificado para mantener el orden social por amenazas reales o percibidas? ¿Las mujeres se han “desarmado” a sí mismas, renunciando tanto a “empuñar la espada” como a su capacidad de defender e ir tras lo que quieren del mundo?

¿Cuántas mujeres sufren una relación de pareja tiránica “por el bien de los niños” o dedican demasiado tiempo a rescatar a otros a un gran costo para sí mismas? (¡Sí, esta cosas son ciertas también para muchos hombres!) Mira cómo muchas mujeres dejan en espera su profesión  o renuncias a ella por completo a fin de tener y criar hijos. Piensa también, ¿qué pasaría con la sociedad y el futuro de la humanidad si todas las mujeres se negaran a hacerlo?

Parte de la recuperación de mujeres –y hombres- de la plena utilización de su función Marte/Teiwaz puede implicar despertar a la forma en que han permitido que les cortaran las manos, por así decirlo, y por qué razones. Algunas de estas razones pueden haber sido buenas y para preservar la humanidad como un todo. Pero el patrón arquetípico de Teiwaz del sacrificio personal y la contención de los instintos con la finalidad de un bien mayor pude mezclarse con los miedos individuales y los condicionamientos sociales con resultados trágicos para ambos sexos. La supresión del arquetipo Marte/Teiwaz -más allá del grado necesario para que podamos vivir en paz unos con otros- tanto puede herir como deprimir al supresor y robarle la capacidad de utilizarlo de manera constructiva, ya sea para el propio bien o para el de la sociedad- Si eres hombre o mujer, si estás deprimido, trabajas en exceso, mal pagado, intimidado por tu pareja y has tomado la decisión inconsciente de sufrir en silencio ¿cuánta energía te queda al final del día para protestar por la falta de medidas de seguridad de la central nuclear de tu pueblo o para escribir al Senado sobre la legislación de la contaminación?

Resolver hacer algo acerca de la seguridad nuclear o la contaminación puede parecer una cosa más de Urano o Plutón que de Marte. Sin embargo, Marte es la energía que necesitamos para actuar y seguir adelante con lo que hemos decidido. Podemos ver una injusticia o un peligro y quejarnos todos los días pero, sin un Marte sano, es poco probable que hagamos nada con la situación. Podemos sufrir en un matrimonio abusivo y tener una total conciencia Plutoniana sobre cómo hemos llegado hasta aquí, una plena conciencia Lunar de lo terriblemente mal que nos sentimos y la convicción total de la energía Solar de que nos merecemos algo mejor, pero sin un Marte sano, nunca saldremos por la puerta y la cerraremos dando un portazo.

 Un arquetipo que despierta de nuevo, a veces puede coger el volante de la psique con tanta ferocidad como ha sido suprimido anteriormente. Un Marte que re-emerge, puede estar muy enojado y ser increíblemente torpe acerca del uso de toda esa adrenalina. Imagina a un tirador diestro que, de repente esta enfurecido e intenta parar su impulso con la torpe mano izquiera… Hombre y mujeres deben ser sabios- y se decía que Teiwaz lo era mucho- para reclamar su Marte sin caer en las manifestaciones menos saludables de este planeta.

¿Cómo podemos fortalecer la función de Marte? ¿Cómo no sólo recuperar la espada sino, además, utilizarla bien? Me gustaría ofrecerte algunas sugerencias rudimentarias y preliminares en respuesta a estas preguntas. Para los siguientes puntos, me he inspirado en parte con el libro “Rey, Guerrero, Mago, Amante: Redescubriendo los arquetipos de la madurez masculina”, de Robert Moore y Douglas Gilette.

Lo que nunca te ha dicho el Marte Clásico:

1. Ten objetivos claros y concretos. Conocer exactamente lo que quieres te ayudará a decidir qué estrategias y tácticas te ayudarán a conseguirlo y también te ayudará a eliminar esfuerzos innecesarios. Las decisiones sobre tus estrategias y tácticas deben basarse en si te ayudan a alcanzar esos objetivos. Por ejemplo, si tienes 18 años y ni la más remota idea de qué es lo que quieres hacer para ganarte la vida, es mejor que no vayas a la universidad por ahora (¡no importa lo que digan tus padres!) Mientras `piensas en qué es lo que quieres hacer, trabaja en algo que te interese porque, el trabajo que te interesa es más probable que te aclare los objetivos profesionales que el que no. No sólo eso, puedes ganar dinero. Si deseas que tu pareja deje de llegar tarde siempre, cuando habléis de este tema céntrate sólo en el comportamiento y en decirle por qué y cómo quieres que lo cambie. No digas: “¡Tu no me respetas a mi ni mi tiempo en absoluto!” porque no es específico y no dices que es lo que debe cambiar. No empieces a hacer reproches de algo que pasó hace tres años si es irrelevante para ese problema de los retrasos. Si quieres ser escritor de artículos, escribe artículos y nada más. No te distraigas escribiendo cuentos cortos a menos que sea en fin de semana y que lo hagas por diversión.

2. esfuérzate por ser realista. ¿Todavía no sabes qué quieres hacer para ganarte la vida? Si tienes 28 años –no 18 como antes-, sería conveniente que fueras a la universidad a tomar cursos en general, aunque tengas que ir por la noche ¿Por qué? Porque una vez decidas, acabarás a una edad más ideal. Si deseas que tu pareja sea puntual, reconoce que cinco minutos más o menos de la hora pactada no merecen una pelea -ya que podrías ganar una batalla pero perder una guerra desacreditándote por tu mezquindad. Si quieres ser jinete de carreras de caballos pura sangre y mides 2 metros y pesas 113 kilos, acepta que no tienes la constitución de un jinete y que no se puede hacer nada al respecto. (Investiga la posibilidad de convertirte en entrenador de jinetes…)

 Actúa, no te quedes sentado. ¿Ya has decidido? Empieza a moverte. ¡Da pasos! ¡Haz preguntas! Aplícate en clase. Habla con tu pareja, Siéntate ante el procesador de textos. Habla con todos los entrenadores de carreras de caballos que puedas encontrar. ¿Has cometido un error? ¿Has cometido varios? No hay problema: interpreta tus errores como información que te ayudará a perfeccionar tus metas y a ser aun más realista.

 Los guerreros utilizan la auto disciplina. Los guerreros utilizan tanto espada como escudo y la autodisciplina puede ser ambas cosas. Puede significar aprender a decir “no” a los demás, o a ti mismo, o estudiar la noche antes de un examen en lugar de ir al cine. Auto disciplina puede significar no perder los estribos con tu pareja tardona porque hacerlo no te ayudará a alcanzar esa meta a largo plazo de puntualidad a pesar de que te podría sentar muy bien chillar y gritar a corto plazo. Si has hecho un trato contigo mismo de escribir 3 páginas hoy, escríbelas.

 Los guerreros tienen derecho a formarse y a adquirir las herramientas adecuadas. Si el editor te dice que necesitas algunas clases de escritura, apúntate ya que es la formación adecuada. Si necesitas un procesador de textos para escribir, cómpralo porque es la herramienta adecuada. Si necesitas un contestador automático para estar tranquilo mientras escribes, asegúrate de conseguir uno: en este caso es tu escudo.

 Piensa profundamente acerca de qué es lo que quieres sacrificar y por qué para alcanzar tus metas. ¿Qué sacrificios vale la pena hacer? Ir a la universidad supone perder tiempo libre y dinero ¿Son sacrificios que valgan la pena? Posiblemente sí o posiblemente no. Lo sabrás cuando hayas revisado tus objetivos de forma realista. ¿Seguir en este matrimonio es sacrificar el respeto por ti misma? Este es un sacrificio demasiado grande, incluso aunque haya niños porque, aparte del daño que te haces a ti misma, estás enseñándoles a permanecer en situaciones en las que se les priva de respeto. Este último ejemplo es una realidad contundente; la especialidad de Marte/Teiwaz.

 En resumen, la mitología del dios nórdico Teiwaz puede ser esclarecedora para las dificultades actuales de occidente para integrar su Marte astrológico. Ya seas hombre o mujer, allí donde está Marte en tu carta natal y cada vez que es activado por tránsito, progresión o Arco Solar, es un llamado a contener, no reprimir, el lado oculto y agresivo de Marte. También es un llamado a utilizar las energías marciales como lo haría el dios nórdico Teiwaz: para tus propias metas y bienestar y el de los demás –mientras te asegures de que cualquier sacrificio que hagas no sea tan grande como para poner en peligro tu capacidad de defenderte o tu integridad.