Lobishome. Las metamorfosis en lobo en las tradiciones europea y gallega

MAR LLINARES GARCÍA
MAR LLINARES GARCÍA

La figura del humano que se transforma en lobo está presente en la tradición cultural europea desde muy pronto. En la tradición ‘culta’, podría situarse su arranque incluso en la epopeya mesopotámica de Gilgamesh, donde Ishtar transforma en lobo a un pastor que había sido su amante[1]. Evidentemente, sería sin duda abu­sivo igualar todos los relatos que recogen esta transformación en concre­to, por no hablar de la transformación de humanos en toda clase de ani­males por diversos procedimientos o causas, sin tener en cuenta la época, la cultura o la procedencia geográfica. No obstante, puesto que todos los estudios de carácter general sobre el tema del hombre lobo inician su recorrido de esta forma, es casi inevitable abordar así esta figura, que se encuentra presente en los ámbitos mitológicos, religioso, tradicional, ci­nematográfico, literario, incluso médico[2].

Vamos a iniciar un recorrido en tres pasos: en primer lugar, puesto que el ámbito central de nuestro interés será la figura del hombre lobo en los relatos recogidos en la cultura ‘popular’ gallega, nos parece necesario hacer algunas precisiones de entrada sobre palabras o conceptos como «mitología popular» o «cultura popular». Estas palabras califican tanto el tipo de relatos como la sociedad que los produce; utilizarlas suponen, a la vez, separarlos de y subordinarlos a otro tipo de relatos y otro tipo de sociedad.

En segundo lugar, habría que considerar las líneas que se perciben en el tratamiento de la figura del hombre lobo, en general — es decir, de las figuras resultantes de la transformación de humanos en lobos o inclu­so otros animales, sin entrar en su clasificación, sus posibles diferencias por épocas o territorios, etc. — . Estas líneas, como luego veremos, son básicamente tres, que se mezclan también entre sí: el carácter mágico- religioso-histórico de la transformación en lobo; la enfermedad mental; y la brujería, junto con una cuarta línea de fondo: el lobo como tal, animal gregario, carnicero, cazador, nocturno, pero que también está cargado de apreciaciones que incluso podríamos llamar ‘morales’. A pesar de esta aparente abundancia de líneas explicativas, en realidad esta manera de abordar el tema del hombre lobo en parte lastra su posible comprensión cuando intentamos acercarnos a su papel dentro de una cultura determi­nada.

En tercer lugar, procederemos a intentar establecer la estructura básica de los relatos, desde el punto de vista de la mitología estructural de Claude Lévi-Strauss. Como es sabido, en vez de seguir el esquema lineal, temporal de cada relato, este método busca identificar los elemen­tos que forman la estructura de esos relatos, elementos que luego se combinan de la manera que cada cultura concreta considere. Los conjun­tos significativos que la actividad inconsciente de la mente humana or­ganiza son considerados desde el punto de vista de las relaciones —de orden paradigmático y sintagmático—, que asocian entre sí a los elemen­tos de esos conjuntos. El fin de este procedimiento metodológico sería construir la tabla de permutaciones posibles entre esos elementos y luego tomar esa tabla como el objeto del análisis. No obstante, nuestra preten­sión va a ser más modesta, puesto que los relatos son muy heterogéneos, y no proceden todos de la misma época ni de la misma cultura, aunque se pueda establecer una tradición ‘culta’ común de fondo.

Comenzaremos entonces por hacer una serie de precisiones de en­trada que tienen que ver con los relatos ‘populares’ alrededor, en este caso, del hombre lobo, aunque se podría aplicar a todo el espectro de la llamada «cultura popular» o el «folklore». En primer lugar habría que tener presente la cuestión temporal: en general, cuando se hace un repaso de temas míticos o legendarios, un primer paso es recoger fuentes de toda época y lugar, esperando que esa acumulación pueda ayudar a in­terpretar o comprender el tema en cuestión dentro del contexto concreto en el que estemos, en este caso el lobishome en la llamada «cultura popu­lar» gallega. Esto no quiere decir que esa aproximación no sea posible cuando esa es la intención, es decir, cuando el objetivo es precisamente repasar un tema determinado en un espacio geográfico o en un tiempo concretos, pero deja muchos interrogantes si ese no es el abordaje elegi­do. ¿A qué momento nos estamos refiriendo, siguiendo con el ejemplo de Galicia, cuando hablamos de los relatos de hombres lobo? ¿Sigue exis­tiendo el contexto que creó estas figuras y en el que tenían sentido? Y, en segundo lugar, habría que dejar lo más claro posible qué se quiere decir

con «mitología» o «cultura popular», términos que se repiten cuando se emprende el estudio de determinadas figuras del imaginario[3].

Respecto del primer punto, no es necesario extenderse demasiado. A pesar de que seguramente se va utilizar casi todo el tiempo el presente verbal, el famoso «presente etnográfico», en realidad habría que hablar en pasado, pues el tiempo de creación mítica en este campo ya pasó. No se trata de afirmar, en absoluto, que no haya movimiento creativo en el caso de la llamada cultura popular, tanto en Galicia como en otras zonas, pero las cosas ahora parecen ir por otros caminos y, aparentemente, ya no se crean relatos de lobishomes o de mouros[4]. Esto supone necesaria­mente tener en cuenta que cuando se dice «cultura popular» o «cultura tradicional» en general, nos estamos refiriendo a un tiempo ya pasado, a una forma de vida en extinción, que si tenemos que datar llegaría apro­ximadamente hasta las décadas de los 60-70 del siglo pasado. Esto es algo que debemos tener siempre en mente.

El segundo punto de estas cuestiones preliminares es más compli­cado, y también más importante. Cuando se habla de relatos como los del lobishome o los mouros, por limitarnos al caso gallego, es habitual utilizar la expresión «mitología popular», que tiene que ver en algunos casos con la necesidad de no recurrir a expresiones como «supersticio­nes», que tiene una carga negativa muy fuerte, como «folklore», que re­mite a contenidos en gran medida descontextualizados, o a las muy inde­finidas palabras «creencias» o «leyendas».

La palabra «mitología» tiene dos acepciones diferentes, ya que por una parte se refiere a un determinado tipo de relatos, creencias e ideas compartidas por un pueblo o una comunidad y, por otro lado, designa un saber o una ciencia que tiene que explicar esos relatos, que parecen tener como característica esencial que no quieren decir exactamente lo que dicen porque las personas que los crean, y que los mantienen vivos, puede que no sean plenamente conscientes de su significado. La mitolo­
gía entonces, en esta segunda acepción, sería el discurso que la razón, encarnada por el filósofo, el filólogo, el historiador o el antropólogo, construye sobre los relatos de otras personas que quedan fuera del ámbi­to del pensamiento ‘racional’, por ser ‘iletrados’ o ‘primitivos’[5]. A pesar de sus esfuerzos, la antropología moderna no ha conseguido deshacerse del todo de ese lastre que podríamos llamar colonial, y las vacilaciones que se observan a la hora de adjetivar a esos ‘otros’ son una prueba evidente de ello.

Como el mito se encuentra más allá de la razón, siempre fue inter­pretado, desde los filósofos presocráticos hasta el siglo XX, como algo que tiene que ser reducido a otra cosa. Los mitos, o bien serían alegorías de los fenómenos naturales o de la propia vida biológica humana: naci­miento, muerte, enfermedad; o bien, falsos recuerdos de acontecimientos históricos, o explicaciones morales desarrolladas por quienes no serían capaces de formularlas racionalmente. Estas tres interpretaciones se man­tuvieron vivas veinticinco siglos en la historia de la cultura occidental, hasta que en el siglo XIX fueron sustituidas por otras interpretaciones supuestamente científicas que intentaron explicar qué serían los relatos míticos partiendo de tres diferentes ciencias: la lingüística, la antropolo­gía y la psiquiatría, que incluso a veces se entretejen. Retomaremos estas líneas más adelante, porque algunas de ellas están presentes en el reco­rrido por las historias de hombres lobo.

Los lingüistas, como Max Müller, creían que las leyes fonéticas y la etimología serían las llaves para desvelar la verdad oculta en esas histo­rias aparentemente carentes de sentido. Los antropólogos, partiendo del conocimiento —muchas veces indirecto— de los pueblos colonizados por Occidente, crearon una imagen estereotipada del «hombre primitivo» como incapaz de pensar racionalmente y, por eso, presa de sus pasiones y de sus temores ante los fenómenos naturales, debido a su incapacidad para desarrollar la ciencia. Toda su estructura social, el poder político, las actividades económicas, estarían condicionadas por las jaulas de hierro de las ideas de tótem y tabú y la creencia en seres irreales: espíritus de los antepasados, personajes míticos. Estas ideas y estas creencias los man­tendrían en un atraso del que solo los podrían librar la colonización occi­dental y la difusión de la educación, también al estilo occidental.

Los grandes estudiosos de la antropología, la mitología y el folklore europeo de los siglos XIX y XX, como Wilhelm Manhardt o James G. Frazer[6] establecieron una ecuación según la cual los hombres de la prehistoria permanecerían vivos en los pueblos colonizados, a los que se llamó «primitivos actuales», y en los campesinos europeos iletrados, que serían aún portadores de viejos tabúes y que seguirían creyendo en la magia y en el poder de los mitos y de los relatos ‘irracionales’. El círculo se cierra cuando los creadores del psicoanálisis, Sigmund Freud y Carl G. Jung, afirmaron que también en los sueños de las personas sanas, en los delirios de los locos y en el pensamiento de los niños aún estarían vivos — pero de forma inconsciente—, todos los tabúes, tótems y mitos en los que había vivido la humanidad prehistórica. Así, se crearon cientos de complejísimas interpretaciones y explicaciones de los mitos, pero todas con una cosa en común: descontextualizaban este tipo de relatos. El mito se convirtió en un texto plasmado y recogido por el antropólogo o el fol­klorista y, una vez aislado como una muestra de laboratorio o conserva­do como un fósil o una pieza arqueológica en un museo, podría ser estu­diado con objetividad.

Frente a esto surgió una reacción por parte de Bronislaw Ma- linowski y sus seguidores. En su ensayo El mito en la psicología primiti­va[7] dejó muy claro que los indígenas con los que vivió años eran tan ra­cionales como los occidentales. Para ellos, los mitos eran historias narra­das en lugares y ocasiones concretas que daban razón y explicación de las ideas cosmogónicas básicas y de las normas de conducta y organiza­ción social en relación con el parentesco, el poder y la distribución de riquezas, así como de los grandes ritos de paso que estructuran la vida humana (nacimiento, matrimonio y muerte). Los mitos melanesios con­testaban, pues, a las tres preguntas claves de la filosofía, en la versión de Kant: ¿qué puedo conocer?; ¿qué debo hacer?; ¿qué puedo esperar? Eso sí, de una manera no abstracta.

El mito forma parte de un sistema de creencias, y como decía José Ortega y Gasset[8], habitamos dentro de nuestras creencias, que forman parte de nosotros mismos, y sin ellas, que están íntimamente unidas a la lengua, que es el hecho social básico, nuestra sociedad se disolvería. Y
así, los mitos deben ser enmarcados en su contexto social, económico, lingüístico y cultural; por eso no pueden ser considerados como objetos extraídos de la observación y conservables en un medio neutro. La histo­ria de la mitología, sin embargo, contribuyó a mantener la visión contra­ria, porque los mitos, sobre todos los griegos y romanos, los egipcios y los mesopotámicos, fueron releídos innumerables veces, hasta llegar a convertirse en clichés literarios o iconográficos vacíos y carentes de vida.

Pero los mitos de los ‘primitivos’, de los pueblos antiguos o de los campesinos europeos fueron todo el contrario. Los mitos son historias vivas que se crean y recrean constantemente, a los que personas concre­tas pueden darles formas propias asumidas luego por la colectividad. Los mitos se relacionan con las etapas esenciales de la vida real: naci­miento, matrimonio y sexualidad, muerte y enfermedad. Los mitos están unidos a la estructura social en el nivel familiar, local, territorial, y se relacionan con el poder y la riqueza. Esos mismos mitos pueden ser obje­to de recreaciones literarias letradas, de interpretaciones artísticas en la escultura, la pintura o la artesanía, y de todo tipo de representaciones rituales o escénicas. Así ocurrió en el mundo antiguo oriental y occiden­tal, con literaturas, artes y formas de escritura y pensamiento insepara­bles de la creación mitológica.

Pero ¿cómo se plasmó todo esto en Galicia y en la mitología (popu­lar) gallega? Para comprenderlo debemos partir, en consecuencia con lo anterior, de los siguientes hechos. Tenemos una lengua románica, el ga­llego, formada a comienzos del Alta Edad Media, e inseparable de la his­toria y la cultura de las personas que durante siglos vivieron en Galicia. Pero esa lengua se forma dentro de un mundo en el que existe una reli­gión, el cristianismo, que tiene libros sagrados que contienen cientos de relatos míticos, históricos, morales y alegóricos de todo tipo. Esa religión, unida a una lengua, el latín, y a una institución, la Iglesia, es paneuropea, aunque adquiera versiones locales diferentes, y está unida directamente al poder político de reyes, emperadores y prelados, siendo monopoliza- dora de la mayor parte de las riquezas provenientes de la renta de la tie­rra, en el caso concreto de Galicia hasta casi el siglo XX.

El cristianismo es una religión del libro y de letrados. Sus imágenes coparon las creaciones artísticas en la gran arquitectura, en la escultura y en las demás artes figuradas. Sus jerarquías a nivel local o parroquial monopolizaron la administración de los ritos de nacimiento, matrimonio y muerte. Y cualquier tipo de explicación o racionalización de la conduc-

ta moral, del orden legal o de las tres preguntas básicas que había formu­lado Kant, y que son comunes a todas las culturas humanas, quedó prác­ticamente en su totalidad controlada y monopolizada por el saber letra­do.

Por eso, la llamada cultura popular gallega debe entenderse como una «cultura subalterna»[9], o lo que es lo mismo, como una cultura enca­jada en y dominada por otra cultura, y que pudo mantenerse en el tiem­po gracias al aislamiento geográfico y a la no alfabetización / escolariza- ción de su población en la lengua dominante. Hay una gran literatura en gallego en la Edad Media, pero en ella no aparece ningún personaje o historia de lo que hoy llamamos mitología popular. Los grandes poetas del Rexurdimento no reelaboraron esa mitología, a pesar de que por ejemplo Rosalía de Castro era una buena conocedora de la realidad rural gallega. Eduardo Pondal canta a los héroes griegos o a supuestos héroes celtas, pero ignora totalmente la mitología campesina. Solo Cunqueiro y autores algo más próximos a nosotros se hacen un mínimo eco de esas creencias, pero considerándolas objetos propios de la literatura fantásti­ca, puesto que los autores cultos no creen en ellas, sino que las contem­plan con la mirada superior y distante del habitante letrado de la ciudad.

Van a ser Vicente Risco y los miembros de la Xeneración Nós los que recojan por primera vez con los criterios científicos propios de la antropología europea de la época esa mitología de la que vamos a hablar. Siguiendo el modelo europeo, y sobre todo alemán creado por los her­manos Grimm, los autores de Nós pensaron que el trabajo de campo de­bería abarcar el estudio del gallego mediante la geografía lingüística y la recopilación de léxico de una lengua oral y básicamente campesina, y dentro de ese mismo trabajo habría que incluir la labor etnográfica de estudio de la cultura material, de las técnicas, las herramientas, la arqui­tectura y el arte populares, en el que llevaron a cabo una excelente labor[10]. Sin embargo, siguiendo la metodología etnográfica de su época, apren­dida a través del maestro de Risco, Luis de Hoyos Sainz, recogieron esos mitos en fichas como piezas aisladas, permitiendo a la vez salvarlos y fosilizarlos.

El relato convertido en objeto de estudio es un acto creativo único en el espacio y en el tiempo[11] y su sentido viene dado no solo por su es­tructura más o menos arquetípica, sino por la semántica de sus términos y por el valor pragmático contextual que tiene en el contexto social de la enunciación. El recorrido que vamos a hacer es este, el inicial, la compo­sición de los relatos tipo, que impulsa o lastra la ‘interpretación’ que se hace de los relatos de hombres lobo. Esto supone que no vamos a llegar a intentar ‘comprender’ esos relatos en el tiempo en el que se creaban y contaban. Sin embargo, hay que partir de la idea de que el creador sabe de qué está hablando. Sabe que esos seres no forman parte del mundo normal, de la vida cotidiana, sino que poseen otro tipo de existencia, co­mo la que tienen los santos de su parroquia en la religión cristiana, los muertos que siguen existiendo después de dejar de existir, o los mouros que construyeron los castros y las mámoas (túmulos)[12]. La idea que está detrás de utilizar ‘mitología popular’ es resaltar que se trata de relatos articulados, sobre cuestiones centrales de la vida humana («mitología»), pero imbricados en una cultura dominada o subalterna que tiene una parte importante de su actividad mítica cubierta por la religión oficial de creación externa a ella —de ahí lo de ‘popular’ — . Esto no supone solu­cionar una cuestión que posiblemente no tenga solución, pero esperamos que deje algo más clara la posición de partida.

La sociedad rural gallega creó redes de metáforas dentro de las que vivió, como todas las demás sociedades, de acuerdo con la teoría de La- koff y Johnson[13]. Y son esas metáforas e historias sobre «cosas peligrosas» las que tendrían que ser analizadas para intentar ver qué respuestas se le dieron en Galicia. El análisis debería ser necesariamente contextual aun­que, en el momento actual, probablemente ya no sea posible. La posición contraria, la del empirismo ingenuo que sostiene que hay que limitarse a recoger y exponer lo que dicen los ‘indígenas’ lleva por un lado a la pará­lisis, acumulando ‘datos’ a la espera de que cobren sentido por sí solos, confiando en la «magia del etnógrafo»[14] y, por otro, a la imposibilidad de

entender un mundo que se aparece como un conjunto inconexo de reta­zos y remiendos, según la expresión de Robert Lowie[15].

Lo que se pretende entonces, entrando ya en el segundo paso de nuestro recorrido, es situarnos en un instante anterior a este, revisando las líneas que se pueden percibir en los trabajos que abordan la figura del hombre lobo, líneas que comparten ciertos esquemas, como se intentará mostrar, pero que acaban cargando tanto la posible interpretación del hombre lobo en un contexto concreto que, de hecho, la hacen casi impo­sible. Estas tres grandes líneas pueden agruparse de la forma que se ex­pondrá a continuación[16].

En primer lugar, estarían aquéllas que comienzan haciendo un re­corrido por las figuras que se consideran semejantes a los hombres lobo del ámbito europeo, tanto en la cultura clásica como en el mundo nórdico o germánico, pasando por las religiones y mitologías del resto del mun­do. En general, en estos ejemplos se asocia la figura del hombre lobo o similar a determinadas figuras de la mitología clásica, a cofradías de jó­venes guerreros que pasan por un proceso de iniciación, o a figuras reli­giosas como los chamanes o los medicine-man, que pueden supuesta­mente transformarse en animal.

En segundo lugar, estarían los autores que recogen la idea de que la licantropía, es decir, el hecho de que una persona crea que se ha trans­formado en lobo u otro animal, es una enfermedad mental, idea que en la tradición europea, como veremos, arranca ya en la época clásica.

En tercer lugar, nos encontraríamos con la asociación de los hom­bres lobo o las transformaciones de humanos en animales con la brujería y la influencia del demonio, línea que es la predominante en los textos de la Europa de época moderna[17].

Podría, quizás, añadirse una cuarta línea, relacionada con el lobo como tal, en la que se recogen las costumbres del lobo propiamente dicho — animal nocturno, carnicero, cazador en manada, social—, aunque la mezcla de elementos es constante, puesto que al lobo se le adjudican ca­racterísticas como que paraliza con la mirada o que no come las partes derechas del cuerpo, que lo relacionan directamente con el ámbito de­
moníaco; también se podrían considerar los cuentos del lobo en la tradi­ción gallega, donde resulta ser un animal bastante estúpido[18]. En estos casos no hay ninguna transformación, así que estos relatos quedarán fue­ra de la consideración de la estructura de las historias del hombre lobo, aunque deberían entrar en el análisis contextual posterior, si es posible llegar a él.

Respecto de la primera línea, ya desde las obras de conjunto que se componen alrededor del hombre lobo en el siglo XIX[19] aparecen los rela­tos sobre transformaciones en animal que van a repetirse una y otra vez cuando se aborde el estudio de la figura del lobishome. En esta obra, Bourquelot amplía el abanico de las transformaciones en animal, e inclu­ye por ejemplo la historia de Circe y los compañeros de Odiseo, o lo que Apuleyo relata en el Asno de Oro. Pero este autor, con razón o sin ella, añade que el lobo es el animal que aparece con más frecuencia en las tra­diciones de metamorfosis: así, recoge los relatos sobre Apolo Licio, sobre Latona, la madre de Apolo y Ártemis, llegando a Delos en forma de lo- ba…[20]. No faltan, por supuesto, el relato de Heródoto sobre los neures, vecinos de los escitas, que se transforman en lobos una vez al año duran­te unos días y luego retoman su forma humana[21]; y la historia de Licaón, rey de Arcadia y los arcadios que sufrían esta transformación[22], Pausanias admite la acción de castigo de Zeus sobre Licaón, pero no el resto de las transformaciones[23]; Plinio incluso se ríe de la credulidad de los griegos sobre esas metamorfosis, aunque por otra parte no deja de mencionar la creencia en los versipelles de Italia[24]. El relato de Petronio en el Satiricón donde se recoge la transformación en lobo de un soldado, una noche de luna en un cementerio, es también uno de los que aparecen inevitable-

mente en estas recopilaciones de relatos sobre metamorfosis[25]. De todas maneras, Bourquelot hace una distinción entre la transformación de un humano en lobo y el cambio en loup-garou, u hombre lobo, que es un mixto, mucho más terrible, y claramente demoniaco según su descripción[26].

La otra rama de citas sobre mitologías antiguas relacionadas con los licántropos es la que tiene que ver con las tradiciones germánicas y nórdicas, así como las del este de Europa (que se considera habitualmen­te de una forma general, como un espacio conjunto). Los elementos con­siderados son los que van a aparecer una y otra vez en los trabajos gene­rales sobre los hombres lobo: están los druidas, que podían tomar a vo­luntad cualquier forma; las menciones al lobo Fenrir; las trasformaciones relatadas en la Saga de los Volsungos,..[27]. Aun no hay menciones de ma­terial mitológico o religioso extra europeo, pero esto no sería raro habida cuenta de la fecha de elaboración de esta obra. En el 1865, el reverendo Sabine Baring-Gould escribe The book of were-wolves, donde recoge en gran parte lo mismo que relacionaba Bourquelot, pero añade material nórdico novedoso, procedente de varias sagas[28]. Menciona asimismo uno de los elementos que va a estar presente en el desarrollo posterior del análisis del hombre lobo: el furor guerrero del berserkir, que lo hace «ser» un animal[29]. También aparece ya recogido material africano y ame­ricano, aunque considerado como folklore, sin la elaboración literaria de los relatos griegos o nórdicos. El autor recoge historias sobre la capaci­dad de los herreros abisinios de transformarse en hienas —que asaltan tumbas a medianoche—[30]; el nagualismo americano, es decir, la idea de que hay personas capaces de transformarse en animal — o bien el hecho de que cada persona nace con un espíritu animal—, también forma parte de este corpus de transformaciones que serían asimilables a las creencias europeas[31] [32]; y lo mismo sucede con las creencias sobre transformaciones en Norteamérica, aunque en este caso se ofrece un relato sobre unos niños-perrito que se transforman en niños humanos cuando las pieles de animal que se habían quitado para jugar son quemadas32.

No será hasta más adelante cuando a todos estos relatos proceden­tes de las mitologías nórdica o griega se le añadan intentos de explicación relacionados con el «totemismo» o el «chamanismo». John A. MacCu- lloch[33] menciona respecto del caso griego clásico que las historias como las de Licaón pueden estar conectadas con el ritual del culto del dios- lobo, que sería totémico en origen. Este mismo rasgo estaría presente entre los celtas. Así, recoge la mención al matrimonio de Ossory trans­formado en lobos que piden la extremaunción a un sacerdote, y la suerte de sus descendientes, referida en el Book of Ballymote; también San Pa­tricio tiene hueco en el mundo de los hombres lobo, cuando maldice a cierta ‘raza’ de Irlanda, de suerte que tengan que transformarse en lobos cada siete años o durante siete años. El hecho de que en Irlanda la lican- tropía tenga lugar dentro de unas familias determinadas sería una indi­cación de su relación con un antiguo tótem de clan, y los relatos que la acompañan serían, para este autor, «leyendas explicativas sobre antiguos clanes del tótem del lobo»[34].

Hasta este momento, estamos mencionando a autores del siglo XIX, que se podrían considerar como ‘superados’, o que son poco citados, aunque la obra de Baring-Gould siga siendo una referencia dentro de las obras de conjunto sobre el hombre lobo. Sin embargo, estas ideas relacio­nadas con los viejos conceptos del «totemismo» no dejan de estar presen­tes en obras más recientes, incluso de hace muy pocos años. Así, Julio Camarena Laucirica vuelve con la idea de que cofradías de jóvenes gue­rreros serían comparables a lobos, porque «en la tradición oral actual subsisten concepciones muy arcaicas en torno al lobo»[35]. Y más reciente­mente, en el 2009, Antxon Gómez Lorente vuelve a recoger toda esta lí­nea de argumentación al completo. Así, los relatos de lobos y hombres lobo estarían recubriendo creencias chamánicas originales, «antiguas creencias culturales y religiosas, mantenidas de generación en generación por nuestros campesinos y pastores»[36]. En el caso vasco, que es lo que

analiza más expresamente, este autor afirma que se podría rastrear la huella de este lobo totémico incluso en el paleolítico; y, por supuesto, no deja de mencionar las poblaciones prerromanas de la zona pirenaica, donde, «tal vez», adoraban un dios lobo. En fin, nos encontramos con la teoría de las supervivencias en plena acción[37]. En este mismo volumen, José Luis Garrosa Gude, mucho más comedido, menciona de pasada que la utilización de nombres que significan lobo podrían extenderse a nom­bres étnicos «como un vestigio del primitivo totemismo, de acuerdo con numerosos autores»[38]. Este compendio de lugares comunes, repetidos sin realizar un análisis de su verosimilitud, vuelve a aparecer, para el caso gallego, en el trabajo de David Pérez López sobre los sistemas de fosos y trampas para lobos en la zona noroeste de la Península[39]. Así, el análisis de la figura del lobo comienza en la Prehistoria, pasando por Egipto, Es- candinavia, y, por lo que a Galicia se refiere, la cultura castreña, que «ha­bría recibido influencias de las tradiciones germánicas indoeuropeas y Celtas, en las que el lobo era un animal sagrado. Así, vemos a los pueblos Galaicos, Lusos, Cántabros y Astures utilizando máscaras y pieles de lobo en sus festivales religiosos y danzando alrededor del fuego en las noches de luna llena. Se trata de una integración entre hombre y animal que muestra un tremendo respeto por la naturaleza»[40].

Los autores que recogen la línea explicativa que relaciona los licán- tropos con cofradías vinculadas tanto con cultos como el de Zeus Lykaios, como con iniciaciones de guerreros con una verdadera naturale­za animal, recurren también a la antropología y la historia de las religio­nes. Si en el siglo XIX los autores citados son por ejemplo William Rober- tson Smith o James G. Frazer, en los autores más recientes el recurso es Mircea Eliade[41]. Sin embargo, este autor es bastante más precavido a este respecto, aunque no deja de introducir el tema de las iniciaciones guerre­ras relacionadas con la transformación en lobo. Así, en De Zalmoxis a Gengis Kan considera que las creencias «folklóricas» alrededor de hom­bres lobo en general, serían fenómenos similares al complejo mágico-religioso que describe para la Antigüedad, pero independientes. Son transformaciones individuales, y en algún caso sí se podrían explicar estas figuras populares por las supervivencias del que él llama «inicia­ciones espontáneas»[42], un proceso de folklorización sin verdadero conte­nido religioso.

La segunda línea que se percibe en el tratamiento de las transfor­maciones de humanos en lobo tiene que ver con la enfermedad mental, a la que se vincula la idea de que una persona cree que se ha transformado en animal.

Marcelo de Side (nacido a finales del siglo I, que vivió en la época de Adriano), escribió una obra en griego, en hexámetros, en la que se recogía el arte de sanar. Se conservan solo algunos fragmentos, y una parte, conservada en prosa por Aecio, trataba precisamente sobre la li- cantropía:

Los dominados por la enfermedad llamada cinantropía o licantro- pía salen de noche durante el mes de febrero, imitando en todo a lobos o perros, y hasta que se hace de día pasan el tiempo espe­cialmente en torno a los sepulcros, a los que abren. Reconocerás al que la padece por los siguientes síntomas: se encuentran pálidos, tienen la vista debilitada y los ojos secos, sin lágrima alguna. Les verás con los ojos hundidos y la lengua seca, sin gota de saliva. Es­tán sedientos y tienen las piernas con heridas abiertas por sus cons­tantes caídas y los mordiscos de los perros[43].

Tanto Marcelo de Side como Galeno[44] consideran la enfermedad una especie de melancolía. Lo mismo hace Johann Weyer, un médico luterano que en 1563 escribe De Praestigiis Daemonum. En el libro terce­ro, capítulo X, que se titula De phantastica transformatione hominum in bestias, señala que los licántropos sufren de un desequilibrio de su hu­mor melancólico, y son engañados por el demonio. Los síntomas que señala son los mismos que veíamos en el caso del texto de Marcelo de Side. Robert Burton, sin embargo, que también recoge las noticias sobre las transformaciones en lobo que aparecen una y otra vez en todas las obras sobre el tema, decide llamar a la licantropía locura y no melancolía,

por su violencia, horrible aspecto y acciones. Menciona las dudas de al­gunos autores sobre si realmente existe tal enfermedad, y seguidamente recoge las menciones de las distintas autoridades que hablan de personas que están completamente convencidas de estar transformadas en lobo, cosa que no parece poner en duda como síntoma de locura[45]. En la mayo­ría de los casos, en la Edad Moderna europea, donde parece que hubo lo que se puede casi llamar epidemia de hombres lobo, la idea de que se trataba de brujería o de algo relacionado con el demonio oscureció esta línea de considerarla una enfermedad mental; pero, a pesar de ello, se encuentran ejemplos. Así, Reginald Scott en The Discoverie of Witch- craft, de 1584, sostiene que la lupina melancholia o lupina insania es una enfermedad mental, y no una posesión demoníaca[46]. Jacques Roulet, de­tenido por ser un hombre lobo en Francia en 1498, fue enviado a un ma­nicomio, a pesar de que sostenía que se transformaba en lobo con un un­güento (practicando la brujería por lo tanto). En Pavía, en 1541, otro hombre también recibió atención como lunático después de haber mata­do, o decir que había matado a varias personas mientras estaba trans­formado en lobo[47].

John A. MacCulloch ofrece una explicación sobre el impacto de esta manía durante finales de la Edad Media y en los siglos XVI y XVII: las causas serían las miserables condiciones de vida del campesinado, que se encontraba constantemente en los límites de la inanición, sumadas a las ideas preconcebidas y el ‘terror’ al que estaban sometidos por la demono- logía. Así, personas ya medio locas, y además hambrientas, podían real­mente llegar a comer carne humana, con la idea delirante de estar trans­formados en lobos o no[48]. La licantropía no deja de estar presente en la psiquiatría más moderna, como puede verse en la recopilación de Char­lotte Otten citada, y en algún caso se ofrece como explicación de los sín­tomas la porfiria[49]. Esta misma etiología aparece también en un autor
gallego, el médico Eduardo Pérez Hervada, quien a pesar de recoger to­da una serie de tópicos sobre Galicia50, y citar a Jung en lo referente al inconsciente colectivo, acaba por concluir que la licantropía se debe al efecto de la porfiria congénita51.

La aparición de Jung, aunque sea simplemente de pasada, nos lleva a considerar la interpretación que plantea Robert Eisler en un libro que aborda la ‘superstición’ de la transformación del ser humano en lobo52. Si el profesor Jung tiene razón al asumir que la memoria del ser humano contemporáneo contiene un sistema o estrato básico, inconsciente y an­cestral de engramas —huella bioquímica de la memoria— arquetípicos, entonces el psiquiatra necesita la ayuda del historiador y prehistoriador de las religiones, los mitos, las leyendas y las supersticiones. Este arque­tipo ancestral sería, en este caso, el paso del grupo de recolectores que se alimentaban de frutas, a la manada lupina de cazadores carnívoros, a causa de la presión medioambiental extrema. La memoria ancestral re­cuerda ese paso y lo refleja en ‘supersticiones’ sobre licantropía[50]. De he­cho, el autor incluso coloca esa licantropía en la línea evolutiva humana, y así la transformación de frugívoro en carnívoro se habría producido con el Sinanthropus pekinensis, como demostrarían los cráneos abiertos por la base para tener acceso al cerebro, o las herramientas musterienses del neandertal, que ‘obviamente’ no pertenecen a una especie vegetaria­na[51].

La tercera línea, la que está relacionada con la brujería y con la ac­ción del demonio, es quizás la más extendida históricamente en la tradi­ción europea como ‘explicación’ de la transformación o supuesta trans­formación en hombre lobo, o en otros animales. Esta ‘brujería’ sería tanto un poder relacionado con determinadas personas, por ejemplo los cha­manes o los llamados hechiceros americanos o africanos, como una marca del demonio, explicación muy presente obviamente en la Europa me­dieval y moderna55.

Ya Nabucodonosor en la Biblia, por haber querido igualarse con Dios, sufre un terrible castigo56: «Y al punto se cumplió la palabra en Na- bucodonosor: fue arrojado de entre los hombres, se alimentó de hierba como los bueyes, su cuerpo fue bañado del rocío del cielo, hasta crecerle sus cabellos como plumas de águila y sus uñas como las de las aves» (Daniel, IV, 33).

Podemos considerar que la norma general sobre la consideración de las transformaciones en animal la establece San Agustín. En la Ciudad de Dios, y partiendo de Varrón sobre las «increíbles metamorfosis hu­manas» (Circe, Demeneto57, los árcades), San Agustín dice:

Ya estarán esperando quizá nuestros lectores cuál es mi opinión acerca de semejante embaucamiento de los demonios. (…) Si, en efecto, dijéramos que no hay que creer estas cosas, no faltan al pre­sente quienes afirman con toda seguridad que han visto algunas de ellas o las han oído de quienes las pasaron. A mí incluso me ocurrió estando en Italia haber oído semejantes cosas de cierta región de allí (…) Cierto que estas cosas son o falsas o tan extraordinarias que con razón no son aceptadas. Sin embargo, hemos de creer con toda firmeza que el Dios omnipotente puede hacer cuanto quiera, sea para premiar, sea para ayudar, y que los demonios no obran nada según el poder de su naturaleza (ya que ellos son también criaturas angélicas, aunque malignas por su propio pecado), sino lo que les permita Aquel cuyos designios ocultos son muchos, aunque nin­guno injusto. Ciertamente tampoco los demonios producen natura­leza alguna si al parecer realizan prodigios semejantes a los que es­tamos examinando; sí, en cambio, transforman aparentemente las cosas realizadas por el Dios verdadero, y hasta tal punto que que­dan desconocidas.

Así, no puedo creer en modo alguno que por arte o poder demo­níaco puedan cambiar el alma, ni siquiera el cuerpo, en miembros o

rasgos animalescos; en cambio, sí admito una imagen fantástica del hombre, que aun en el pensamiento o el sueño se cambia a través de innumerables representaciones de cosas, e incluso sin ser cuerpo adopta con asombrosa rapidez formas semejantes a los cuerpos; es­tando adormecidos o aletargados los sentidos corporales, sí admito que esa imagen puede llegar en figura corpórea, de un modo inex­plicable, al sentido de los otros[52].

Pero no todas las autoridades estarían de acuerdo. Así, Tertuliano o San Ambrosio de Milán no admitían la posibilidad de que el alma huma­na pasase a una bestia salvaje[53].

De hecho, en la Edad Media, el demonio recibe nombres como Hircus (cabra), Ursus, Lupus, Canis impurus. Así que tanto en la Edad Media como en la época moderna en Europa, esta fue la línea principal para tratar a los hombres lobo, a pesar de algunas opiniones en contra, como hemos visto, que consideraban a los afectados por licantropía como enfermos. Bourquelot recoge noticias sobre cómo, por ejemplo, un judío llamado Bajan o Baianus, hijo de Simeón, príncipe de los búlgaros, que en 970 se trasformaba en lobo y se hacía invisible cuando quería. Bonifa­cio, arzobispo de Maguncia, en el siglo VIII asocia a las obras del demo­nio que los magos se crean lobos, entre otras cosas[54].

Prusia, Lituania, Letonia estaban atestadas de hechiceros que se cambiaban en lobos cuando querían, según Olaus Magnus. Jean Bodin cuenta también diferentes historias de hombres lobo en De magorum demonomania, de 1603[55]. De hecho, las obras sobre licantropía abundan en relatos de los crímenes de los hombres lobo, con las consecuencias para ellos y ellas: eran quemados. En 1537, el pueblo de Dole, en el Fran­co-Condado, fue autorizado por el parlamento para cazar a los hombres lobo que infestaban el país. El juez Boguet, que escribió un Discours des sorciers entre 1603-1610, sostiene que si bien los hechiceros deberían ser

estrangulados y luego quemados, los hombres lobo debían ser quemados vivos directamente. Según Voltaire, este hombre ejecutó a más de 600 licántropos. El siglo XVII parece marcado en la Europa central por lo que casi se podrían llamar epidemias de licantropía, con cientos de ejecucio­nes, siempre o casi siempre adjudicando al demonio o a las brujas las transformaciones o supuestas transformaciones, durante las cuales se perpetraban los asesinatos que causaban el pánico entre la población[56].

Estas tres grandes líneas, junto con las propias características de los lobos, teñidas en general de tintes malignos, se mezclan constantemente en los intentos de explicación de la licantropía, pero también se mezclan en gran parte en los propios relatos sobre licántropos que se pueden re­coger en la tradición europea, que es en la que se insertan los relatos ga- llegos[57]. En los relatos ‘populares’ no aparece nada que justifique la expli­cación ‘erudita’ de los licántropos como ‘supervivencias’ de cofradías de guerreros o de jóvenes en proceso de iniciación, aunque sí se recogen relatos de la transformación de hombres en lobos por la furia guerrera, como hemos visto, aunque no en el caso de Galicia. ¿Qué pueden tener en común para dar origen a relatos tan parecidos en lugares distantes, pero que entran en muchos casos dentro de una misma tradición textual o religiosa? Pasamos así a un nivel distinto: en lugar de abordar los in­tentos de explicación, intentaríamos establecer la estructura de los rela­tos, según el método de análisis estructural de Lévi-Strauss. Así, se esta­blecen las siguientes relaciones de semejanza y oposición.

En primer lugar, una comunidad humana, diurna, que supone es­tar ‘dentro’ y donde no hay transformaciones, se opone directamente a una manada de lobos, nocturnos, que están en el bosque (están ‘fuera’[58]) y que tampoco se transforman. A partir del juego de esta oposición princi­pal, en los diferentes relatos (considerados en general, y como relatos) aparecen las metamorfosis: el grupo de guerreros, nocturnos, violentos, del bosque (de fuera), se transforman en lobos por el furor guerrero o por el proceso de iniciación. Cuando acaban estos episodios, vuelven a la comunidad (doble metamorfosis); los brujos, por medio de la acción del demonio o de un ungüento, se convierten en lobos. Cuando se quitan la piel de animal o se acaba el efecto del ungüento, vuelven a recuperar su forma humana; los licántropos se transforman en animal, por una maldi­ción, un destino o por el influjo de la luna, y andan por la noche y atacan a las personas65. Cuando se cumple lafada o llega la luz del día, o alguien los desencanta haciéndoles una herida que sangre, o quemando la piel de lobo que se acaban de quitar, se vuelven a transformar en humanos66.

De una manera esquemática, estas relaciones se pueden represen­tar así:

1El paso siguiente sería entonces analizar cómo esta estructura se maneja específicamente en los relatos alrededor del lobishome en Gali­cia[59]. Si aceptamos la teoría de K. Burke[60] sobre la estructura universal del relato, todo relato se estructura mediante la sucesión temporal de los elementos acto-escena-agente-medios-fin. Los relatos gallegos tienen una estructura dual, de acuerdo con el análisis estructural que acabamos de presentar, ya que se trata en ellos de un doble proceso de separación y unión, de metamorfosis y retorno a la condición humana. Consecuente­mente, si aplicamos el esquema burkeano, los relatos se desarrollarían en dos niveles sucesivos, de la forma siguiente:

1- Separación-metamorfosis:

Metamorfosis – casa y aldea – hombre o mujer protagonistas – maldición – transformación en lobo

2- Integración y retorno a la condición humana:

Retorno al grupo humano – bosque – lobishome – fin de la maldi­ción o desencantamiento – vuelta a la forma humana y a la comu­nidad

En los relatos que se localizan en Galicia, no aparece la enfermedad mental como explicación de las metamorfosis, en este caso supuestas; tampoco parece haber ninguna relación con los relatos de las tradiciones nórdicas que relacionan la transformación en lobo con el furor guerrero. La brujería o la acción del demonio tampoco aparecen de forma clara en las metamorfosis gallegas, aunque sí existe ese componente ‘diabólico’ que se asigna al propio lobo[61]. Es decir, nada de la forma tradicional de
abordar el asunto del hombre lobo que hemos visto, es decir, el repaso por los relatos griegos o nórdicos, los tratados medievales y modernos, las diferentes explicaciones aportadas, ayuda a interpretar el caso gallego.

Sería necesario, por lo tanto, un paso más y colocar de nuevo esos relatos dentro del contexto en el que se produjeron, para poder así rela­cionar los elementos de la estructura, una vez establecidos e identifica­dos, con la sociedad que los maneja, los combina, los cuenta, los vuelve a contar. Esto supondría llevar a cabo un estudio desde el punto de vista de la pragmática. De momento, este estudio no es posible, puesto que disponemos solamente de ‘textos’ orales arrancados de sus contextos na­rrativos, y no tenemos ninguna descripción densa de las ocasiones en que se contaban estos relatos.

En nuestro caso, y teniendo en cuenta los elementos que se des­pliegan en los relatos sobre hombres lobo en Galicia, tendríamos que considerar qué es una fada, qué consecuencias tiene para la persona que la sufre y para el entorno; qué sucede una vez que se acaba, aunque pa­rece que no pasa nada especial; qué significa una maldición paterna o materna; qué significado tienen dentro del contexto las acciones que dan lugar a esa maldición, qué es sobre todo la glotonería o más bien la avi­dez de comer carne; si hay diferencias o no entre lobishomes y «lobismu- lleres». Curiosamente, las mujeres no parecen tener especiales problemas una vez que se les acaba la fada o son «desencantadas», con procedi­mientos que a veces son similares al cuento maravilloso o a las historias de mouras, por ejemplo.

MAR LLINARES GARCÍA

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[1] Sconduto, 2008, p. 7.

[2]

Otten, 1986; Sconduto, 2008. Los recopilatorios son incluso anteriores: en Black, 1920, aparecen listadas obras sobre la licantropía desde el siglo XVI, al menos. En los cuentos folklóricos aparecen también los motivos de transformación de hombre en lobo (motivo D113.1), o del desencantamien­to por esconder o destruir la piel que cubre a una persona (motivos D721.2 y D721.3 respectiva­mente). Ver Thompson, 1955-1958. El Tipo 425, «la búsqueda del marido perdido», incluye por ejemplo el motivo D721; el Tipo 409 resulta ser «la muchacha transformada en lobo» (Aarne, 1961).

[3]

Lo que sigue acerca de estas cuestiones iniciales está tomado básicamente de Llinares García, 2012.

[4]

Sobre los m o uro s, constructores y habitantes de castros, túmulos, petroglifos, etc., seres mágicos y poseedores de oro encantado, véase Llinares García, 1990. Con carácter general, véase Callejo, 1995, que recoge figuras similares en toda la península ibérica. Que no se produzcan elaboraciones nue­vas de esos relatos míticos no significa que no se conozcan aún estas historias, y que no se re­cuenten, sino que ya no son respuestas a una posible pregunta esencial fruto de un contexto histó­rico y social pasado. Sobre el momento y los temas de la creación ‘mítica’ actual en Galicia, puede verse Asociación de Escritoras e Escritores en Lingua Galega, 2011; para España, ver Pedrosa, 2004.

[5]  Detienne, 1985.

[6] Duch, 1998.

[7]

Malinowski, 1974.

[8] Ortega y Gasset, 1986.

[9]

Gramsci, 1975, pp. 2.311-2.317; Cirese, 1973; Juliano, 1986.

[10] Otero Pedrayo, 1979, esp. vols. 1 y 2.

[11] Niles, 1999.

Sobre las ánimas, solas o en grupo, que están en el Purgatorio y que siguen frecuentando el mundo de los vivos, puede verse las voces «Ánimas» y «Compaña» en Cuba, Reigosa y Miranda, 2006, que recogen el panorama general de estas figuras míticas.

Lakoff y Johnson, 2003; Lakoff, 1987.

Stocking, 1992.

[15]  Lowie, 1972.

[16]  Otten, 1986, recoge textos que abarcan varios de estos campos: textos médicos, jurídicos, ensayos antropológicos, mitos, etc.

[17]

Sconduto, 2008, capítulo octavo.

Sobre la biología del lobo, ver Grande del Brío, 1984 —cuyo título ya indica que aborda otras cuestiones que luego comentaremos—; sobre los lobos y sus características ‘sobrenaturales’ en Gali­cia, véase Risco 1948; los cuentos en los que el lobo es un animal estúpido al que engañan las ovejas o el zorro están recogidos por ejemplo en Centro de Estudios Fingoy, 1963, o, por citar una obra más reciente, en Carnero Vázquez y otros, 2004.

[19]

La obra más antigua consultada es Bourquelot, 1848.

[20]

Bourquelot, 1848, pp. 7-8.

[21]

Heródoto, Historia, IV, 105, 2, p. 385.

[22]

Ovidio, Metamorfosis, I, vv. 163-252, pp. 70-72.

[23]

Pausanias, Descripción de Grecia, VIII, 2, 4-7, pp. 103-105.

[24]

Plinio, Historia Natural, VIII, 34 (22), 80-83, pp. 91-92.

[25]

Petronio, Satiricón, p.62.

[26]  Bourquelot, 1848, p. 35.

[27]  Bourquelot, 1848, pp. 42-48.

[28]  Baring-Gould, 2007, capítulos III y IV.

[29]

  • Baring-Gould, 2007, p. 38.

[30]  Baring-Gould, 2007, pp. 101ss.

[31]

  • Baring-Gould, 2007, pp. 102-103.

‘V)

Baring-Gould, 2007, p. 103. MacCulloch, 1915.

MacCulloch, 1915, p. 207.

[35]

Camarena Laucirica, 1989, p. 289

[36]  Gómez Lorente, 2009, p. 25.

[37]

Gómez Lorente, 2009.

[38]  Garrosa Gude, 2009, p. 120.

[39]

  • Pérez López, 2010.

[40]

Pérez López, 2010, p. 341. El autor no aclara de qué manera estas afirmaciones, totalmente inde­mostrables, pueden ayudar a la comprensión de la consideración del lobo en las culturas ‘popula­res’.

[41]

Por ejemplo, Garrosa Gude, 2009, p. 121.

[42]

Eliade, 1985, p. 31.

[43]

Gil, 1969, p. 501. Ver también Der Kleine Pauly, 3, s.v. Marcellus, pp. 991-994.

[44]

Galeno, «De Melancholia« en Opera Omnia, XIX, p. 791

[45]

Burton, 1948, pp. 122-123.

[46]

Ver las citas en Otten, 1986, pp. 115-126. Este autor se manifiesta en contra de las cosas absurdas sobre las brujas que sostenían Bodin o el Malleus maleficarum: Dios no da poder al demonio para hacer nada, lo que va en contra de la corriente principal de interpretación de la licantropía en la Edad Moderna europea, como veremos más adelante. Según Otten, esta es la primera aparición de la palabra «licantropía» en inglés.

[47]

  • Bourquelot, 1848, pp. 58-59.

[48]

MacCulloch, 1915, p. 216.

[49]  Otten, 1986, pp. 34 ss. y 195 ss.

[50]  Eisler, 1951, p. 34.

[51]

Eisler, 1951, p 36. Sinanthropus pekinensis fue la denominación creada en 1927 para denominar unos molares del también llamado Hombre de Pekín. Esta denominación ya no se utiliza, y los fósi­les que recibían esta denominación son considerados en la actualidad subespecies de Homo erec- tus.

[52]  San Agustín, Ciudad de Dios, cap. XVIII, pp. 17-18.

[53]

Véase Sconduto, 2004, capítulo II, donde se recogen múltiples opiniones de eclesiásticos y teólogos acerca de las transformaciones en animal, y que oscilan, a grandes rasgos, entre estas dos posturas: o bien no es posible la transformación, o bien se trata de un engaño del demonio o de alguna bruja (ver también el capítulo VIII).

[54]  Bourquelot, 1848, p. 36.

[55]  Las citas pueden verse en Bourquelot, 1848, pp. 42-43, y Sconduto, 2004, capítulo VIII, pássim. Esta autora recoge también las opiniones en contra de la posición concreta de Bodin y del Malleus ma- leficarum respecto a los procesos por brujería; véase también supra, n. 11. No siempre queda claro si esos asesinatos eran reales o no.

[56]  Los casos están relatados con cierto detalle en Baring-Gould, 2007, especialmente los capítulos VI y VII. La referencia a Boguet y Voltaire se encuentra en MacCulloch, 1915, p. 214. En Otten, 1986, pp. 69 y ss. se encuentra la transcripción del juicio de Stubbe Peeter, ejecutado en 1589 en Bedburg, Alemania, acusado de matar y comerse a varias personas cuando se transformaba en lobo gracias a un cinturón o faja que le había proporcionado el demonio.

[57]  Este carácter maligno o casi demoníaco de los lobos no impide, por supuesto, las batidas y matan­zas de lobos. Ver para el caso gallego Reboreda, 2009; Pérez López, 2010.

[58]

«Fuera» se encuentran también determinados personajes míticos gallegos, especialmente los mouros; véase supra, n. 4.

[59]  El listado de obras donde se han localizado relatos sobre hombres o mujeres transformados en lobo en el caso gallego — que no pretende ser exhaustivo, aunque consideramos que es bastante completo— es el siguiente: Risco, 2013 (reedición del discurso de ingreso del autor en la Real Aca­demia Galega de 1929); Risco, 1945; Morán Bardón, 1948, (relato que se localiza en AvediHo, Sana- bria); Prieto, 1953 (que incluye dos romances); Alonso, 1980; Alonso, 1987; Camarena Laucirica, 1989 (relato localizado en Burbia, Ancares leoneses); Vega Pato, 1997; Gregorio Couso, 1999; Reigo- sa, 2009. Hemos decidido incluir los relatos señalados que se localizan en lugares que pertenecen a la actual provincia de León, pero que se sitúan en la misma zona ‘cultural’ que los relatos sobre lobos y hombres lobo del lado gallego.

[60]  Burke, 1945; 1950.

[61]

Como el hecho de que el lo bisho m e no puede comer el brazo derecho de sus víctimas, como tampoco hace el lobo (Risco 1948, p. 95; Prieto, 1953, p. 358).

Concurso Logotipo COE

1 Objetivo del concurso

El propósito de este concurso es la creación de un nuevo logotipo para la Comunidad Odinista de España (COE), que pueda ser utilizado para la creación de camisetas, sudaderas o parches.

El logotipo no será empleado para uso institucional, sino para ser representativo de la campaña Pro Notorio Arraigo del COE, estando presente en algunos de los regalos personalizados que se entregaran a aquellos que donen y así lo soliciten.

2 Bases

El diseño deberá ser realizado con gráficos vectoriales (con formatos SVG, AI o EPS), en su defecto, se podrá diseñar en formato PNG con transparencia, teniendo que tener una dimensión de 30x30cm (3543x3543px).

El ganador acepta ceder los derechos de su logotipo a la Comunidad Odinista de España, la cual le hará entrega del premio mencionado más adelante, así como una mención, si así se desea, en la página oficial de Facebook del COE y en la plataforma Pro Notorio Arraigo lafraguadeodin.com

3 Criterios de valoración

– Facilidad de identificación del logotipo con el COE.

– Diseño innovador y creativo, pero pudiendo emplear símbolos clásicos y característicos dentro del mismo (Mjolnir, Vegvísir, AEgishjalmur, Odroerir, Valknut…).

– No incluir texto ni números en el logotipo.

– Imprescindible que no quede recargado y que sea original.

4 Plazos y Envío

El plazo comienza el lunes 21 de diciembre de 2015, pudiendo presentar los logotipos de forma directa por correo electrónico hasta el día 29 de Febrero de 2016.

Los envíos deben dirigirse a la siguiente dirección, junto con sus datos personales: info@asatru.es

5 Jurado

El jurado estará compuesto (como mínimo) por 16 miembros del Althing, los cuales efectuarán una primera votación de eliminatoria, para reducir el número de finalistas a 5, realizándose entonces una votación final.

El jurado se reserva el derecho de no declarar ningún ganador y todos los originales no ganadores serán destruidos.

En caso de mostrarse interés por algún logotipo no ganador, el Althing se dirigirá directamente a su autor, el cual puede reservarse todos los derechos de su logotipo.

6 Premio

El premio es un cuerno tallado de beber, que se personalizará de acuerdo a los gustos del ganador.

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El Odinismo a la luz del pensamiento tradicional

El Odinismo a la luz del pensamiento tradicional

Por Carlos Daniel Trueba

“My principles are only those that, before the French Revolution, every well-born person considered sane and normal.” 


EL MOVIMIENTO ASATRU, EN LA ACTUALIDAD.

Carlos DanielLa Comunidad Odinista de España-Asatru (COE) se ha caracterizado siempre por difundir y buscar un acercamiento a la esencia más pura del paganismo germánico-escandinavo, intentando entender las raíces cosmogónicas, filosóficas y culturales que imanan del núcleo más íntimo de la antigua religión europea, y que hoy mueve a varios cientos de miles de personas en Europa y el mundo entero. Por ello, hoy nos vemos en la interrogante de plantear una nueva metodología o epistemología filosófico-antropológico-teológica hacia la religión de nuestros antepasados para poder distinguirnos de las innumerables asociaciones, sectas y grupos que en pleno 2015 se adjudican o proclaman como únicos y verdaderos depositarios de esa tradición milenaria. Para ello, hemos decidido tratar el tema apuntando a una grave problemática: ¿qué escuela o pensamiento rigen a los distintos grupos que se aglutinan en las más variadas corrientes llamadas “Odínicas” o “Asatru”? ¿Cómo sobrellevar esa confusión entre diversos grupos, desde la ultra derecha biologicista hacia la extrema izquierda universalista? ¿Existe una ‘Tradición’, o son varias ‘tradiciones’?

Estos planteamientos, aunque opacos en sí, plantean un dificilísimo y escabroso problema que asola, en pleno siglo XXI, al odinismo y su desarrollo en el mundo contemporáneo. Y ello se debe a que hemos de identificar las dos diversas ramas fundamentales que hoy separan a quienes se consideran “hijos de Odín” o del norte: el universalismo y el movimiento völkish. Hemos decidido enumerar a la primera corriente como “universal” dado el interés político del nuevo sistema socio-económico denominado como “globalización” y que se haya enmascarado en una cruzada políticamente correcta contra todo lo que no representa una visión lineal, materialista e incluso dialéctica del mundo. Por el otro lado, el llamado “movimiento völkish” aglutina a los grupos de individuos que pregonan un sentimiento “de tipo étnico-cultural” (popular, del alemán “Volk”), una vueltas a las raíces primigenias que conformaron las primitivas religiones de los pueblos indoeuropeos. Asimismo existe otro movimiento compuesto por los grupos de marcada tendencia racista neopagana—denominados wotanistas— que llegan a negar incluso el elemento metafísico del paganismo germano-escandinavo tanto en su vertiente universalista como en la étnica.

Habiendo hecho esta separación, hemos de advertir al lector que no son las únicas, y además, son demasiado vagas estas categorías pues no incluyen un sinnúmero de sectas y grupúsculos post-posmodernos, algunas de signo gnóstico o político, y que hemos decidido no tratar aquí por no ser pertinentes a nuestras consideraciones. Pero al analizar el curioso mundo de la dicotomía “universal-racial”, ya vislumbramos desde antemano la transposición del dilema “izquierda-derecha”, plasmado ahora en un ambiente abiertamente hostil.  Dicha división ha fracturado más de lo que ya se encontraba el incipiente mundo del neo paganismo germánico. Si bien fue desde el sector de la “derecha”, anglosajón y abiertamente influenciado por el paganismo germánico, que la primera “Anglecyn Church of Odin” del australiano Alexander Mills inició con el camino de la apertura de los primeros grupos paganos en el mundo, hoy en día los llamados grupos “universalistas”, encabezados por el “Asatruarferlag” de Islandia son los que llevan el peso de la atención y hasta se consideran la “autoridad central” del camino a seguir por parte de cualquier organización odinista-Asatru, siendo éstos de carácter netamente “de izquierda” o “progresistas”, estando vinculados al fenómeno de la globalización.

LA GLOBALIZACIÓN Y EL UNIVERSALISMO

La globalización es un entramado complejo. Una se refiere a la globalización de carácter financiero que ha tenido lugar en el mundo al calor de dos fenómenos: los avances tecnológicos y la apertura de los mercados de capitales. Los factores culturales tienen relación con componentes estructurales que califican la identidad de los grupos, comunidades, comarcas o pueblos, posibilitando distinguir a estos en las dimensiones espacio-temporales, por otra parte constituyen el esqueleto funcional que fortalece el aspecto de la subjetividad de la que forman parte los valores, los cuales, a partir de la conciencia pueden ser estimulados y favorecer a su desarrollo. En cuanto al concepto de identidad, todos la buscan y creen hallarla, piensan haberla perdido y poder recuperarla. Pero, sobre todo, se cree en la existencia de la identidad, como concepto natural diferenciador, desarrollado por la evolución biológica, una identidad propia frente a las otras ajenas. En ella se cifra el sostén de derechos, la pretendida legitimidad de aspiraciones y privilegios. Normalmente se ciñe a una variedad de calificativos, tales como, la identidad cultural, la identidad étnica, la identidad popular, la identidad nacional, etcétera.

Asumimos que una religión vive en la historia y encarna irrenunciablemente en un pueblo, haciéndose reconocible por ir marcando cierto perfil ético, estético, vital, social, metafísico y aún epistemológico y filosófico. Los fenómenos religiosos requieren un enfoque integral debido a que la propia cultura es un sistema complejo que funciona con integralidad y dinamismo y necesita de una adecuada y específica comunicación, en la creación, difusión e intercambio de valores espirituales. El proceso identitario no es algo estático, sino que los elementos socioculturales aludidos como la lengua, la religión, las costumbres, las instituciones y todas las estructuras sociales están expuestas a los distintos procesos históricos, entonces el patrimonio aporta la memoria histórica y la identidad religiosa y cultural de la comunidad. Conceptualmente, la identidad cultural es la condición del ser humano que caracteriza la manera común de vivir en el tiempo y el espacio, el quehacer concreto del hombre en el proceso de producción y reproducción de la cultura en la sociedad misma.

La cultura y la identidad están expuestas a constantes bombardeos. La globalización cultural, los medios de comunicación, el desarrollo de las tecnologías de la informática, Internet, y otros medios, posibilitan aún más rápido el intercambio cultural, La humanidad se debate entre la tendencia a instaurar la unificación y la tendencia natural a mantener y promover la diversificación. Porque la globalización reproduce las lógicas de dominación y de poder en el mundo. Solamente acentuando las autonomías locales se va a poder generar estructuras comunitarias capaces de defenderse de esas lógicas que vienen de los procesos de globalización. Esta es la posición contraria, es la que esta llamada la identidad y las culturas nacionales en defensa propia. Las acciones a tener en cuenta en defensa de las culturas e comunidades populares, no puede faltar la preservación de la religión autóctona, tradiciones, folclore, costumbres, arte, estilos, valores, historia, y demás componentes socioculturales, para evitar la amenaza de marginación, exclusión, estancamiento, retroceso o abandono que posibilita la fragmentación, desmembramiento y desintegración de nuestras comunidades, la prioridad está en el desarrollo sustentable de las localidades en vía de desarrollo.

“Las «libertades políticas» no son nada sin las libertades o la autonomía económica, sea en el terreno individual, o en el colectivo. En este último, porque en régimen democrático son los grupos en posesión de riqueza quienes controlan la prensa y todos los demás medios de formación de la «opinión pública» y de la “propaganda.”

LOS EXTREMOS SE TOCAN

Lo interesante del caso es que en materia de reconstruccionismo histórico y continuidad religiosa, el “Asatruarferlag” y la gran mayoría de grupos que le siguen, pregonan un abierto ateísmo y una negación completa del mundo desigual, en consonancia concreta con los dictados del cristianismo posmoderno (la democracia), y en cuyo sistema no pueden existir mayores diferencias entre una u otra civilización o grupo humanos. Así, bajo la excusa de encontrar tal o cual prueba de contactos del mundo escandinavo con el resto del mundo, tales como las narraciones de algún prodigioso árabe embajador, o una reina de origen indoeuropeo no germánico, se tendrían las pruebas suficientes según las cuales no existían diferencias de tipo “religioso, económico, político o étnico” en el mundo antiguo. Es precisamente aquí donde el elemento marxista disgregador del materialismo histórico entra en juego. Ya no se trata de llamarse “tradicionalista” por entender una tradición primordial de cada pueblo, en base a una interpretación tradicional del mundo antiguo (citando a Coulanges, Nietzsche o Eliade), sino de convertir a la “tradición” en una cuestión meramente cultural, sin ningún trasfondo espiritual sino panteísta y ateo. La tradición solar indo-germánica se ve reducida a una expresión sin mayor cabida que la de una rutina cultural, donde el sólo acto de invocar a los Dioses representa una costumbre y no un verdadero rito iniciático. Y por supuesto, es en estos grupos donde todo lo que no representa la corriente “común” del pensamiento moderno, se tilda de “cristianismo camuflado”, “fascismo”, “racismo”, “intolerancia” o “(algo)fobia”. Por supuesto, podemos a todas luces dilucidar la injerencia del pensamiento moderno en su afán por acabar con la tradición germánica al intentar otorgar a personas o colectivos con ninguna conexión al mundo germánico opciones para reestablecer unos vínculos con una religión no pertenece a todos, sino a determinadas personas. No se puede extrapolar al mundo de las religiones gentilicias o étnicas los fundamentos que rigen para las universalistas. Es obvio que cada persona está en su derecho de profesar la fe que más le guste, y nadie puede impedírselo. Pero profesar y avanzar en la antigua fe solo se consigue mediante un fuerte nexo con los arquetipos míticos de los antepasados—si es que hablamos de la antigua fe— no algo nuevo e inventado por mezcla de muchas tradiciones, un sincretismo que desde luego no representa a Odinismo-Asatru, que tiene una originalidad única.

 En esto, podemos decir que tanto el “Asatruarferlag”, o al menos su ideología, como los diversos grupos políticamente correctos (Heathens Against Hate, Asatru, Rokkatru, Thursatru, etc.) se autodenominan “tradicionales” en las formas modernas del culturismo y la farandulería, donde está mal llevar una opinión contraria a lo que la sociedad y el mundo pregonan, y donde la intransigencia –tan grande a niveles inquisitoriales- les impide aceptar formas de ver diferentes a la suya. Y es tanta la locura de estos grupos que hoy por hoy se acusan mutuamente de intransigentes y no permiten que exista una “pluralidad” pagana, tan cacareada por los grupos que apoyan y financian a estos “neopaganos”. Los pueblos nórdicos se guiaban por un culto solar-masculino, donde los aspectos femeninos o matriarcales estaban presentes, pero de una manera muy diferente a la planteada por la dialéctica moderna, por lo cual, intentar dar mayores pruebas culto solar y la tradicionalidad del paganismo escandinavo resultan tareas imposibles frente a fanáticos que no pueden –y no quieren- aceptar nada que no lleve su impronta moderna. En este sentido, nosotros no los condenamos, solamente los consideramos una parte de más de la confusión actual de cualquier grupo autodenominado “odinista-Asatru”. Nosotros no somos intolerantes, los reconocemos como una parte (sui generis) del mundo pagano, pero que jamás podrán, con un pensamiento postmoderno, materialista, dialéctico o secular, entender la mente del hombre antiguo.

Así mismo, los grupos neopaganos racialistas o racistas del mundo moderno se encuentran divididos en diversos grupos o amalgamas de grupos que también aportan, en un sentido muy similar a los universalistas, mayor confusión. De estos grupos, al Anglecyn Church of Odin de Mills marcó los inicios racistas o etnocéntricos del odinismo moderno. Ya antes durante y después de la I guerra mundial existieron innumerables sectas o grupúsculos de dudoso origen que intentaban reivindicar para sí la tradición indo-germánica. Ya sea la Sociedad Thule, la Orden Templaria de Liebenfels o el círculo wagneriano de Bayruth, se pregonaba varias interpretaciones, curiosas en sí, del paganismo germánico. Quizá lo más importante a destacar es la presencia clarísima del pensamiento moderno en cuestión de biologicismo, donde ideólogos como Alfred Rosenberg o más cercanos, Christian “Varg” Vikernes (ahora Louis Cachet) también despojaron del transfondo mítico-espiritual al paganismo y lo llenaron de un profundo biologicismo ateo, donde la raza se supeditaba al espíritu. Ya no importaba creer o no, pensar o no como un hombre de la antigüedad, sino contribuir a la raza, porque según ellos, la raza sería la via hacia una inmortalidad. Aunque digna de estudio, esta corriente ha provocado consecuencias nefastas en materia de historicidad, política o metafísica, pues de esta rama aparecen grupúsculos aún más nefastos o absurdos, como la llamada “Sabiduría Hiperbórea”, de carácter universalista-nazi-gnóstico. Y por otro lado, ya el mismo Vikernes afirmaba que “yo no soy religioso, la religión no sirve; soy pagano, sí, pero no religioso”. Pues para el músico noruego de black metal, el paganismo germánico sería, de igual manera que el mismo universalismo, una ritualidad cotidiana con simbolismo o metáfora del día a día, sin ningún sentido metafísico, solar uránico o trascendental. En ese sentido no podemos sino dejar entrever una gran decepción al encontrar un desequilibrio entre ambos extremos. Al desconocer los valores trascendentales del hombre antiguo, no podemos inclinarnos a uno o a otro. Nuestro camino es pues la vuelta a la tradición.

LA TRADICIÓN COMO META

La creencia subyacente del mundo tradicional es “invisible”.  La mera existencia física, o “vivir” por el mero hecho de vivir, carece de sentido, a menos  que nos aproximemos al mundo más alto o a lo que es “más que vida”, por lo que nuestra más elevada ambición consiste en participar en la hyperkosmia y en obtener una liberación final y activa del límite que representa la condición humana. El mundo tradicional conoció la divinidad como elemento sacral que lo inundaba todo. Supo del puente que se tiende entre los dos mundos, es decir, la iniciación. Conoció las dos grandes maneras de aproximarse a lo trascendente: la acción heroica y la contemplación. Supo de la mediación, o sea, los ritos y la fidelidad.

La comunidad Odinista de España-Asatru considera la tradición principalmente como un mito arquetípico, esto es, como la presencia de lo Absoluto en formas históricas y políticas específicas. Nuestro absoluto no es el principio religioso monoteísta o un noumenon, mucho menos el Dios del teísmo, sino más bien un dominio misterioso o poder dunamis.  La Tradición la sentimos caracterizada por el “Ser” y la estabilidad, mientras que el mundo moderno se caracteriza por el “Devenir”. La cultura indoeuropea, desde la india hasta España siempre se ha llenado de “religiosidad cósmica”: esto es, el papel fundamental jugado por los símbolos y las imágenes, el respeto religioso por la tierra y la vida, la creencia de que lo sagrado se manifiesta directamente mediante el misterio de la fecundidad y la repetición cósmica…

En ciertas cumbres existenciales, así como el calor se transforma en luz, la vida se vuelve ella misma libertad; no en el sentido de muerte de la individualidad o de alguna especie de naufragio místico, sino en el sentido de afirmación trascendente de la vida, en que la ansiedad, el deseo interminable -anhelando y preocupándonos-, la búsqueda de fe religiosa, de soportes humanos y de metas, todo conduce a un dominado estado de tranquilidad. Hay algo más grandioso que la vida, dentro de la vida misma, pero no fuera de ella. Esta experiencia heroica es valiosa y buena por sí misma, mientras que la vida corriente sólo está dirigida por intereses, por cosas externas y convencionalismos humanos.

Debemos medir por ello toda la distancia que separa el espíritu tradicionalista del verdadero espíritu tradicional, que implica esencialmente por el contrario tal conocimiento, y que de alguna manera no es más que uno con este mismo conocimiento. En suma, el tradicionalista no es y no puede ser más que un simple buscador, y es por esto por lo que está siempre en peligro de perderse, al no estar en posesión de los principios que serían los únicos que le darían una dirección infalible; y este peligro será naturalmente tanto mayor conforme vaya encontrando en su camino, a modo de otras tantas asechanzas, todas esas falsas ideas suscitadas por el poder de la ilusión que tiene un interés capital de impedirle alcanzar el verdadero término de su búsqueda. Es evidente, en efecto, que este poder no puede mantenerse y continuar ejerciendo su acción más que a condición de que toda restauración de la idea tradicional se vuelva imposible, y esto más que nunca en el momento en que se prepara a ir más lejos en el sentido de la subversión, lo que constituye, como lo hemos explicado, la segunda fase de esta acción. Por lo tanto, es igualmente importante para él desviar las búsquedas que tienden hacia el conocimiento tradicional, como por otra parte aquellas que, conduciendo a los orígenes y a las causas reales de la desviación moderna, serían susceptibles de desvelar algo de la propia naturaleza del conocimiento tradicional y de sus medios de influencia; hay aquí, para este poder, dos necesidades en cierta manera complementarias la una de la otra, y que se podrían incluso considerar, en el fondo, como los dos aspectos positivo y negativo de una misma exigencia fundamental de su conquista.

LA TRADICIÓN

Cuando ésta es expresada en su totalidad, ha de salir a la luz de manera desvelada en plena época de tinieblas por imperativo cósmico. El término tradición etimológicamente se relaciona con transmisión y contiene la idea de transferir conocimientos, prácticas, técnicas, leyes y muchos otros elementos que pueden ser de naturaleza oral o escrita. Para nosotros, significa exactamente: la comunicación de verdades y principios metafísicos revelados a la humanidad o, más bien, a un sector cósmico de la humanidad, a través de mensajeros, profetas, etc. Y todas las ramificaciones y aplicaciones de estos principios en los más diferentes campos de la civilización, tales como leyes, estructura social, y por supuesto la religiosidad y su simbolismo y, en primer lugar, el conocimiento supremo, es decir, los Principios metafísicos y los métodos para poder hacer operativo este conocimiento. Como se observará estamos definiendo una sociedad sacral donde la naturaleza ocupa un papel fundamental, que es lo que es una sociedad tradicional, la cual ordena todas las actividades humanas según parámetros espirituales.

Quizás la forma más directa de acercamiento al significado de lo sagrado es relacionarlo con lo Inmutable, con la Realidad que es el Motor Inmóvil y lo Eterno. Esa realidad eterna es lo Sagrado como tal; las manifestaciones de dicha Realidad en el flujo del devenir y en la matriz del tiempo poseen la cualidad de sagrado. Un objeto sagrado o un sonido sagrados son algo que lleva la impronta de lo Eterno e Inmutable en la realidad física que comprende exteriormente el objeto o el sonido. El sentido de lo sagrado no es otro que el sentido de lo Eterno e Inmutable”.

La Tradición extiende la presencia de lo sagrado a todo un mundo, creando una civilización en la cual el sentido de lo sagrado es omnipresente. Se puede decir que la función de una civilización tradicional no es otra que la creación de un mundo dominado por lo sagrado.

PERENNIDAD DE LOS SÍMBOLOS CELESTES

Observemos, sin embargo, que, aun cuando la vida religiosa no está ya dominada por los dioses celestes, las regiones siderales, el simbolismo uranio, los mitos y los ritos de ascensión, etc., conservan un lugar preponderante en la economía de lo sagrado. Lo que está «en lo alto», lo «elevado», continúa revelando lo trascendente en cualquier contexto religioso. Alejado del culto y enclavado en las mitologías, el Cielo se mantiene presente en la vida religiosa por el artificio del simbolismo. Y este simbolismo celeste impregna y sostiene a su vez multitud de ritos (de ascensión, de escalada, de iniciación, de realeza, etc.), de mitos (el Árbol cósmico, la Montaña cósmica, la cadena de flechas que une la Tierra con el Cielo, etc.), de leyendas (el vuelo mágico, etc.). El simbolismo del «Centro del Mundo», cuya enorme difusión hemos visto, ilustra asimismo la importancia del simbolismo celeste: es en un «Centro» donde se efectúa la comunicación con el Cielo, y ésta constituye la imagen ejemplar de la trascendencia.

Podría decirse que la estructura misma del Cosmos conserva viva la reminiscencia del Ser supremo celeste. Tal como si los dioses hubieran creado el Mundo de tal guisa que no pudiera dejar de reflejar su existencia; pues ningún mundo es posible sin la verticalidad, y esta dimensión, por sí sola, evoca la trascendencia. Expulsado de la vida religiosa propiamente dicha, lo sagrado celeste permanece activo a través del simbolismo. Un símbolo religioso transmite su mensaje aun cuando no se le capte conscientemente en su totalidad, pues el símbolo se dirige al ser humano integral, y no exclusivamente a su inteligencia.

Lo que caracteriza a las sociedades tradicionales es la oposición que tácitamente establecen entre su territorio habitado y el espacio desconocido e indeterminado que les circunda: el primero es el «Mundo» (con mayor precisión: «nuestro mundo»), el Cosmos; el resto ya no es un Cosmos, sino una especie de «otro mundo», un espacio extraño, caótico, poblado de larvas, de demonios, de «extranjeros» (asimilados, por lo demás, a demonios o a los fantasmas). A primera vista, esta ruptura en el espacio parece debida a la oposición entre un territorio habitado y organizado; por tanto, «cosmizado», y el espacio desconocido que se extiende allende sus fronteras: de un lado se tiene un «Cosmos», del otro, un «Caos». Pero que, si todo territorio habitado es un Cosmos, lo es precisamente por haber sido consagrado previamente, por ser, de un modo u otro, obra de los dioses, o por comunicar con el mundo de éstos.

 

LOS ASES Y LOS VANES. ODÍN Y SUS PODERES «CHAMÁNICOS»

     4445fc303a5350ac9d6677569bd0fdf9Una vez establecida la pareja de los antepasados en el Miðgarð, los dioses edificaron su propia morada, Asgarð, también en el centro del mundo, pero en las alturas[1]. El panteón aparece repartido en dos grupos divinos: los Ases y los Vanes. Destacan entre los Ases Tyr, Odín y Thorr; los dos primeros corresponden al binomio de los dioses soberanos (Mitra y Varuna en la India védica), mientras que Thorr, el dios del martillo, enemigo por excelencia de los gigantes, recuerda el carácter marcial de Indra. Por su parte, los más destacados entre los Vanes —Njörðr, Freyr y Freya— se caracterizan por su riqueza y por sus relaciones con la fecundidad, el placer y la paz. Analizando la estructura mítica de la guerra entre los romanos y los sabinos, hemos aludido ya al conflicto que estalló entre los Ases y los Vanes. Esta guerra, prolongada, dura e indecisa, termina con una reconciliación definitiva. Las principales divinidades Vanes se establecen entre los Ases y completan, mediante la riqueza y la fecundidad que rigen, los poderes representados por la soberanía jurídica, la magia y la fuerza guerrera.

     Diversos investigadores se han esforzado por interpretar este episodio fabuloso como el recuerdo de un conflicto histórico entre los representantes de dos culturas distintas que compartían creencias religiosas diferentes: los agricultores autóctonos (para algunos, los Megalithenvölker) y sus conquistadores (los Streitaxtvölker o conquistadores ariófonos). Pero G. Dumézil ha demostrado que se trata de un tema mitológico indoeuropeo fuertemente historicizado en el relato de Snorri[2]. Ciertamente, las invasiones de los territorios habitados por las poblaciones agrícolas neolíticas, la sumisión de los autóctonos por los invasores militarmente superiores, seguida de la simbiosis entre estos dos tipos de sociedades, que representan a su vez dos etnias distintas, son hechos atestiguados por la arqueología, que por otra parte constituyen un fenómeno específico de la protohistoria europea, que en algunas zonas se prolongó hasta la Edad Media. Pero el tema mitológico de la guerra entre los Ases y los Vanes precede al proceso de germanización, pues forma parte integrante de la tradición indoeuropea. Verosímilmente, el mito sirvió de modelo y de justificación a numerosas guerras locales, que terminaron con la reconciliación de los adversarios y con su integración en una sociedad común.

     Hemos de añadir, sin embargo, que si los principales Ases —Tyr, Odín y Thorr— conservan ciertos rasgos específicos de los dioses de las tres primeras funciones, la soberanía y la guerra, sus imágenes han experimentado fuertes modificaciones; se modelaron, por un lado, de acuerdo con el genio religioso germánico y, por otro, bajo el impacto de las influencias mediterráneas y norasiáticas. Odín-Wotán es el más importante de los dioses, su padre y soberano. Han sido puestas de relieve sus analogías con Varuna: los dos son soberanos por excelencia y señores de la magia, que «atan» y paralizan a sus adversarios, ávidos de sacrificios humanos [Dumézil, Los Dioses de los Germanos, págs. 62 y sigs.]. Sin embargo, como veremos enseguida, no menos notables resultan las diferencias.

     En un pasaje del poema Hávamál [«Palabras del Altísimo», estrofas 139-142] cuenta Odín cómo obtuvo las runas, símbolo de la sabiduría y del poder mágico. Suspendido durante nueve noches del árbol Yggdrasil, «herido por la lanza y sacrificado a Odín, yo mismo sacrificado a mí mismo, sin alimento ni bebida, he aquí que, a mi llamada, se revelaron las runas». De este modo obtuvo la ciencia oculta y el don de la poesía. Se trata ciertamente de un rito de iniciación de estructura para-chamánica. Odín permanece suspendido del árbol cósmico[3]; por otra parte, Yggdrasil significa «el caballo (drasil) de Ygg», uno de los nombres de Odín. El patíbulo es llamado el «caballo» del reo, y es sabido que las víctimas sacrificadas a Odín eran suspendidas de los árboles. Al herirse a sí mismo con la lanza, al abstenerse de agua y alimentos, el dios sufre la muerte ritual y adquiere la sabiduría secreta de tipo iniciático. El aspecto chamánico de Odín queda confirmado por su caballo de ocho patas, Sleipnir, y por los dos cuervos que le informan de cuanto ocurre en el mundo. AI igual que los chamanes, Odín puede cambiar de forma y enviar su espíritu bajo la apariencia de diversos animales; busca y obtiene entre los muertos los conocimientos secretos; declara en el Hávamál[estrofa 158] conocer un encantamiento capaz de obligar a un reo colgado a descender y conversar con él; es experto en el arte del seiðr, técnica oculta de tipo chamánico[4].

     En otros mitos se narran las estratagemas a que recurre Odín y el precio que acepta pagar para obtener la sabiduría, la omnisciencia y la inspiración poética. Había un gigante, Mimir, famoso por su ciencia oculta. Los dioses lo decapitaron y enviaron su cabeza a Odín, que la conservó con ayuda de ciertas plantas para consultarla cuando deseara averiguar algún secreto[5]. Según Snori [Gylfaginmng, 8], Mimir era el guardián de la fuente de la sabiduría, que se hallaba al pie de Yggdrasil. Odín no obtuvo el derecho a beber de ella sino después de haber sacrificado un ojo, que hubo de esconder en la fuente [Völuspa, estrofa 25].

     Un importante mito relata el origen de la «bebida de la poesía y la sabiduría»: en el momento en que se estableció la paz entre los Ases y los Vanes, todos los dioses escupieron en un recipiente; de ahí surge un ser extraordinariamente sabio, llamado Kvasir[6]. Dos enanos le dan muerte, mezclan su sangre con miel y de este modo fabrican la hidromiel. Quien la bebe se hace poeta o sabio. La bebida está oculta en el otro mundo, en un lugar difícil de hallar, pero Odín logra apoderarse de ella, y desde entonces es accesible a todos los dioses. Los skaldas llaman a la inspiración poética «la copa de Ygg», «la hidromiel de Ygg», pero también «hidromiel de los enanos», «sangre de Kvasir», etc.[7] Para concluír, después de su iniciación (que le permite obtener las runas), del sacrificio de su ojo (que le confiere el derecho a beber del pozo de Mimir) y del robo de la hidromiel, Odín se convierte en dueño indiscutible de la sabiduría y de todas las ciencias ocultas. Es a la vez dios de los poetas y de los sabios, de los extáticos y de los guerreros.

[1] Como es sabido, las indicaciones topográficas del centro del mundo reflejan una geografía mítica, construída conforme a una geometría imaginaria.

[2] Véanse, en definitiva, Los Dioses de los Germanos, págs. 17 y sigs., 39 (bibliografía); id., Del Mito a la Novela, págs. 22 y sigs.

[3] Sobre la función del árbol cósmico en las iniciaciones de los chamanes norasiáticos, véase nuestro El Chamanismo, págs. 49 y sigs., 145 y sigs., 163 y sigs.

[4] Es difícil precisar el «origen» de los elementos chamánicos que hallamos en la religión de los antiguos germanos, especialmente en el culto y la mitología de Odin-Wotán. Algunos se remontan a la herencia indoeuropea, pero no deben excluírse las influencias norasiáticas. De todos modos, la importancia atribuída a las técnicas extáticas y a las creencias de estructura chamánica aproximan la religión de los germanos al chamanismo asiático.

[5] Los chamanes yugakir consultan los cráneos de sus antepasados chamanes; véase M. Eliade, El Chamanismo, pág. 201.

[6] Se trata de la personificación de una bebida intoxicante que sirve para sellar el acuerdo entre los dos grupos sociales. G. Dumézil ha llamado la atención sobre un paralelo indio; véaseLoki, págs. 102 y sigs.; véase id., Los Dioses de los Germanos,págs. 31 y sigs.

[7] Se citan las fuentes en E. O. G. Turville-Petre, Myth and Religion of the North, pág. 38.

Ceremonia nupcial Odinista

 

Una de las obligaciones que comporta el cargo de goði es la de personalizar y oficiar ceremonias y rituales, sean estacionales o ritos de paso. En el caso que hoy nos ocupa, debo decir que tal responsabilidad se convirtió en un verdadero placer, un orgullo y una alegría. Y es que aún hay muchas ceremonias que no he tenido ocasión de oficiar, sobre todo en lo que respecta a ritos de paso, habida cuenta que mi clan tiene una media de edad de unos veinticinco años, y por tanto aún no ha habido ocasión de oficiar ningún rito de paso. Ahora bien, mis responsabilidades como goði no acaban en mi clan, como casi tod@s sabéis ya, sino que, desde hace un tiempo, se amplían al ámbito de Andalucía, como goði afiliado al COE que soy. Por ello, en cuanto se me pidió hacerme cargo, junto con mi völva Virginia, de la confección de la ceremonia nupcial de una pareja odinista afincada en Cádiz, nos pusimos manos a la obra con enorme ilusión. Pasamos semanas recabando información, documentándonos y preparando la ceremonia con seriedad y cariño, al tiempo que manteníamos un contacto permanente con la pareja, para atender a su idea de cómo querían la ceremonia, de sus gustos y sus preferencias. Todo ese tiempo de nervios, de preocupaciones y de dudas, dieron al final sus frutos. El trabajo duro y la dedicación siempre tienen recompensa, y en este caso, el resultado fue más que satisfactorio. Sería inútil intentar reflejar con palabras los sentimientos que afloraron antes, durante y después de la ceremonia, y como tengo un bonito reportaje fotográfico, quiero compartir con vosotr@s algunas imágenes de lo que fue el evento. ¡Disfrutadlas!

Este era el aspecto que presentaba el altar. Debajo del escudo, sobre la hierba, se observan dos falcatas, que también cumplirían su papel en la ceremonia.
 
Una vista más cercana de la parte central del altar. En primer término, el Mjölnir con el que se sacraliza el lugar, y sobre él, los anillos de juramentos.
 
Aquí se observa el atuendo ceremonial que lucí, inspirado en la vestimenta de los varegos de Kiev, con predominancia del color azul en honor a Freya, patrona de mi clan.
 
Esta instantánea se sacó mientras explicaba a los asistentes los elementos del altar, momentos antes de la ceremonia. A la derecha, Virginia, völva de mi clan y que me asistió como gydja, y Ernesto García, presidente del COE, que presidió la ceremonia.
 
El aspecto de la novia era verdaderamente encantador.
 
Los novios son presentados ante el altar por los padrinos.
 
Momento en que se solicita la protección de los dioses sobre la pareja.
 
Después, se realizó un intercambio simbólico de armas entre los novios. Al no tener armas propias, utilizamos las dos falcatas de entrenamiento que Ernesto nos prestó amablemente.
 
Momento de la preparación de las ofrendas a los dioses y los ancestros.
 
Bendiciendo la libación de hidromiel (obsérvese la posición que adopto, denominada «postura Algiz» por su semejanza con la runa homónima).
 
Ernesto derrama en la tierra la ofrenda, ante la atenta mirada de los niños.
 
Los novios realizan sus votos asiendo con la mano derecha un anillo de juramentos. Es el momento más solemne de la ceremonia, aunque nada podía borrarles la sonrisa del rostro. Un momento muy emotivo.
 
Sus manos se entrelazan con una tira de tela azul, representando el entrelazado de sus destinos.
 
A sus pies, la völva había formado un círculo con piedras blancas inscritas con runas, invocando la benevolencia de las Nornas.
 
Momento final del ritual, en el que los declaro formalmente marido y mujer.
 
Tras la ceremonia, un opíparo banquete nos reconfortó, y la cerveza logró atemperar el calor que reinaba en el paraje. Pero aún no habían acabado las emociones:  la Guardia del Cuervo, que con su saber hacer nos entretuvieron del modo que más nos gusta a todos: ¡luchando!
Aquí el grupo al completo, brindando con los novios. Las armas eran de entrenamiento, todo acolchado, pero las armaduras eran reales, como puede observarse.
 
Una simpática instantánea de estas dos guerreras (la de la izquierda es Sofía, hermana de mi clan, fotógrafa del evento -¡gracias por las fotos!- y poderosa skjaldmö), que ofrecieron un espectáculo soberbio.
 
Como puede suponerse, el evento ha tenido gran repercusión en el odinismo español: por desgracia, no celebramos tantos matrimonios como sería deseable, así que cuando se celebra uno, siempre es un motivo para alegrarse. Seguimos avanzando, lentos pero seguros.

ÁRBOL GENEALÓGICO DE ÁSATRÚ

198243_1753979700705_5017405_nDesde que el ser humano surge como tal en la Tierra, ha tenido alguna forma de espiritualidad. Somos el único animal capaz de tener una capacidad de abstracción que nos permite plantearnos cuestiones filosóficas y que van más allá de la mera supervivencia, por lo que incluso el más convencido de los ateos, en el fondo, sigue alguna forma de espiritualidad, consciente o no, una serie de ritos y un simbolismo. Por este motivo es complicado encontrar los orígenes de nuestra fe, puesto que no es algo que se conforme de un día para otro, no se puede poner una fecha exacta de cuando comenzó el Ásatrú. Además a día de hoy seguimos conformando día a día nuestra fe, nuestra espiritualidad y nuestro modo de entender la vida, como individuos y como pueblo, por lo que no se debe caer en la trampa de copiar el pasado de manera total o de hacer una suerte de “arqueología de fe” para vivir nuestra religión y para sentir lo que sentimos hoy.
No obstante, en la era de la información en la que nos encontramos, en la cual el principal problema para encontrar algo no es, por lo general, la falta de información, sino la sobrecarga de la misma que nos dificulta diferenciar cuál es fiable y válida y cuál no lo es; es importante tener claros los cimientos del edificio espiritual que construimos día a día y entender que dichos cimientos los pusieron nuestros antepasados y que nuestros descendientes, seguirán construyendo el edificio. Lo que ocurre en el Microcosmos, repercute en el Macrocosmos, y viceversa. Cada vez que honramos a los dioses, proyectamos una parte de nosotros que identificamos con los atributos que le damos a la divinidad concreta que adoramos, y así mismo, proyectamos nuestra propia identidad como pueblo, por lo que nos fortalecemos a nosotros mismos. Así mismo, la energía que nosotros, como clan, como comunidad, proyectamos a los dioses repercute en todos nosotros, pues nuestra alma es comunitaria y nuestros ancestros forman parte de ella, aunque ya no estén con nosotros, así como los dioses.
Como es arriba, es abajo. La propia física cuántica tiene en cuenta este principio. Así pues, si nuestra cosmovisión se basa en el Yggdrasil, árbol que simboliza el Multiverso; nosotros como persona también somos como un árbol, y todo árbol, para crecer fuerte y sano, necesita tener buenas raíces. El materialismo y el universalismo de nuestros días, a lo que aspira es a arrancarnos las raíces, porque un árbol sin raíces es muy fácil de talar. La importancia de conocer nuestras raíces como personas y como pueblo nos lleva a mirar a nuestros antepasados, a la Historia, pero no para recrearnos en ella, sino para entender el presente y entendernos a nosotros mismos y nuestra realidad.
Si nos remontamos muy atrás, hasta nuestros primeros antepasados podemos apreciar la unidad espiritual de la especie humana, si nos remontamos aún más atrás, a los simios de los que descendemos, sentiremos la unidad espiritual que tenemos con el resto de animales. Así, retrotrayéndonos más y más, a través de millones de años, sentiremos la unión espiritual que tenemos con todos los seres vivos y si nos remontamos a hace miles de millones de años, al polvo estelar del que todo procede, nos daremos cuenta de que somos uno con todo el Universo, con todo lo que existe, ha existido y existirá. Si pensamos en qué somos en comparación con la inmensidad del Universo, nos creeremos insignificantes ¿qué es nuestra nación, nuestra raza, nuestro clan… comparado con los cientos de galaxias que existen? No obstante, el planteamiento lo podemos hacer a la inversa: nuestra nación, nuestra raza, nuestro clan y nosotros mismos somos parte de esa inmensidad inimaginable, por lo que no somos seres insignificantes, somos parte de Midgard, y de ese gran Yggdrasil al que se unen todos los mundos y todos los planos de la realidad.
Si entendemos esto, si entendemos que estamos ligados espiritualmente a todo lo que existe en este y en otros planos, entenderemos la esencia de cualquier religión, de cualquier forma de espiritualidad, que no es ni más ni menos que una interacción con el cosmos, siendo los poderes sagrados que percibimos o intuimos, los dioses, de la misma esencia que nosotros, solo que una magnitud abismalmente superior.

ANIMISMO
Nuestros primeros antepasados ya sabían esto, como si de una memoria ancestral trasmitida durante milenios de evolución se tratase. Del principio de que lo que ocurre en el Microcosmos y lo que ocurre en el Macrocosmos está relacionado, surge la magia simpática, los rituales para atraer la caza, la lluvia, la fertilidad… Nuestros ancestros ya intuían a los poderes sagrados, sabían que más allá de un puñado de huesos y músculos, el homo sapiens y el resto de animales, plantas, lugares… tienen una parte espiritual, más allá de la física. Esa creencia en que hay una realidad espiritual más allá de la material es la primera forma de religiosidad, el animismo, es decir, la creencia de que todo tiene un alma. Sabemos que desde los orígenes del hombre, hace 100.000 años, esta creencia está presente en todos los grupos humanos. Así pues, dado que el ser humano no tiene instintos tan fuertes como el resto de animales, no hubiera podido sobrevivir sin la cultura y sin su trasmisión de generación en generación. Esto quiere decir que, aunque todos los seres humanos tengan lenguaje articulado, existen diferentes lenguas humanas y, del mismo modo, aunque sea común el animismo como religiosidad de toda la Humanidad, cada pueblo desarrolló una forma de animismo adaptada al lugar donde vivía y a su cultura, y así mismo, entendió a los poderes sagrados de una manera diferente.
El ser humano, por su propia naturaleza, es tribalista. Tiende a socializar y a agruparse en clanes, en tribus, en bandas… como el resto de animales se agrupa en manadas, sólo que, por nuestra mayor capacidad para organizarnos, nuestras manadas son mayores que las de otros mamíferos. Como ellos, tenemos el concepto del Yo frente a los Otros dentro del grupo del que formamos parte, y del Nosotros frente al Ellos, pensando de manera comunitaria. La familia, el clan, la tribu… son agrupaciones, cada vez más grandes, que nos permiten sobrevivir y que, en el plano espiritual se traducen a sentir un alma comunitaria, un espíritu común de la colectividad, del grupo del que formamos parte. Así mismo, el culto a los ancestros, está presente desde los primeros momentos, pues el ser humano tiene conciencia de la muerte y entiende que aquellos que ya no están en este plano de la conciencia, siguen ligados a los vivos, a los que aún habitan este mundo. Por lo tanto cada clan o cada tribu tendrá ancestros en común, o un origen común, real o simbólico, que en todo caso sirve para identificarse con la Comunidad con la que se forma parte.
Esto es así en todos los lugares de la Tierra, en todas las culturas. Desde los nativos americanos, hasta los aborígenes australianos, pasando por cualquier etnia que se nos ocurra. Trasmitidas de generación en generación por vía oral, las historias sobre los antepasados se convierten en leyendas y en mitos, y cada generación incorpora sus valores y su visión del mundo a la herencia recibida, para trasmitirla a sus descendientes. Así, nuestros mitos, la historias sobre los dioses y los héroes, nos llegan a nosotros hoy, a través de milenios, como si nuestros antepasados nos hablaran alrededor del fuego, igual que hace miles de años, hacían los abuelos con sus nietos, y estos con los suyos, y así hasta que alguien los puso por escrito hace solo unos cuantos siglos.
Dado que el ser humano es tribal por naturaleza, cuando un grupo humano era demasiado grande, tendía a desgajarse en grupos más pequeños. Del mismo modo, los grupos pequeños, tendían a unirse con otros. De esta forma, los clanes de una misma tribu serán autónomos, pero se sentirán parte de un mismo tronco común, y las familias de un mismo clan, cada hogar, cada pareja con sus hijos alrededor de un fuego, será parte de un clan. Por ello, uniéndose y separándose, según las circunstancias, nacen las diferentes comunidades humanas, siendo todas de la misma especie. Sin embargo, cuando en un momento dado la sabana africana no fue suficiente para abastecer a todos los seres humanos, cuando los hielos del norte se retiraron un poco, comenzó una gran migración que llevó al ser humano a poblar la práctica totalidad del planeta.
Estos movimientos migratorios tuvieron como resultado que ciertas tribus y clanes, se asentaran en el gran continente Eurasiático, que por aquel entonces, estaba poblado por otra especie homínida, los neandertales. Son muchos los enigmas sobre la relación que tuvieron sapiens y neandertales, quizás el mito de los trolls proceda de la imagen que nuestros antepasados tenían de esos animales, parecidos a los hombres, pero que no eran hombres, cuando se topaban con ellos. En todo caso, ambos grupos se evitarían mutuamente o, quizás en algunas ocasiones, por alguna circunstancia, tuvieron contacto, tal vez hubo hibridación o tal vez las dos especies eran demasiado diferentes, sino biológicamente, sí culturalmente. Sea como sea, lo cierto es que nuestra especie acabó siendo la única sobre el planeta y los neandertales desaparecieron.
Durante milenios separados, alejados de los primeros hombres que permanecieron en África, y por adaptación al nuevo clima, surgieron las razas. Podemos diferenciar tres troncos raciales o quizás cuatro: el tronco racial negroide, los que permanecieron en África y, de los que migraron a Eurasia, podemos distinguir dos troncos raciales, caucasoide o europoide, y mongoloide. Un supremacista negro diría que la raza negroide es la más pura, un supremacista blanco o asiático dirá que es la menos evolucionada. Ambas afirmaciones son absurdas. Sencillamente, es la más antigua y, genéticamente, la más diferenciada de las otras dos. De este origen de las razas podemos ver claramente que no hay razas superior o inferiores, sencillamente la especie se adaptó al medio natural como todas las especies animales.
Esta adaptación al medio natural fue física, con algunos cambios fenotípicos como el color de la piel, que es el más llamativo (razón por la que tradicionalmente se
nombra a las razas por colores, cosa que desde mi punto de vista es una simpleza) pero fundamentalmente, dado que la adaptación humana más importante es la cultura, se trató de una adaptación cultural. Esto quiere decir que cuando hablamos de nuestra raza y ponemos énfasis en preservarla, no nos referimos tanto el plano biológico como fundamentalmente, a preservar la cultura ancestral de la que somos hijos. Sin embargo, es evidente que las razas existen y negarlo forma parte de la obsesión del universalismo de pretender que todos seamos iguales, cuando la propia esencia de la especie, como hemos visto, es su diversidad, dentro de la unidad espiritual que nos liga a todos por el hecho de ser humanos y que nos liga con toda la naturaleza y con todo el cosmos, porque tenemos un alma.
Para algunos existe una cuarta raza, el tronco racial australoide, si bien para otros los aborígenes de Oceanía serían, en algunos casos, mongoloides, y en otros, negroides. Se trata de una cuestión de que la que se encarga la genética y la antropología, pero que escapa a mis conocimientos determinar. En cuanto al tema que nos ocupa, que es el espiritual, surgen aproximadamente en el 40.000 a.C., cuando ya las razas están diferenciadas, diferentes tipos de animismo, y el que nos interesa a nosotros, es el animismo europeo.

CHAMANISMO
Si la primera forma de espiritualidad es el animismo, el saber que todos los seres que nos rodean y nosotros mismos, tenemos alma, el siguiente paso intuitivo es entender que hay diferentes planos de la realidad, que hay un plano o varios que no percibimos, pero intuimos. Sabemos que existen muchas dimensiones, pero nuestros sentidos sólo pueden percibir tres. Del mismo modo sabemos que existen conceptos matemáticos como el infinito, que no podemos imaginar, pues nuestra capacidad es finita, pero sí podemos intuir, representar y hasta operar con ellos.
Si imaginamos que nuestros sentidos sólo pudieran percibir dos dimensiones (altura y anchura), ¿cómo percibiríamos a un ser tridimensional? Pues como una proyección en dos dimensiones, sin profundidad. Así mismo, podemos percibir realidades de cuatro o más dimensiones en tres dimensiones, nuestro ojo no puede ver la cuarta dimensión, pero a partir de la proyección, podemos deducir que un objeto tiene cuatro dimensiones. Este ejemplo es válido para decir que hay una realidad que no vemos, que no sentimos, pero que sí podemos intuir. Por ejemplo, no vemos las ondas de radio, ni las podemos tocar, escuchar… pero están ahí.
La existencia de otros planos de la realidad está presente en la filosofía desde sus comienzos y ya sería intuida por nuestros primeros antepasados. La concepción de esos otros planos y la relación de estos con el plano en el que nos desenvolvemos conscientemente, varía según la cultura y según la corriente filosófica. Para Platón, los planos están separados, y esta misma concepción será propia de las religiones del Medio Oriente, entre ellas, el cristianismo, que no deja de ser un neo-platonismo judaizado. Sin embargo, para nosotros y para otras muchas tradiciones, esos diferentes planos de la realidad están interrelacionados y conectados entre sí, formando un Multiverso que representamos en el Yggdrasil.
Poniendo el ejemplo de antes, un ser bidimensional intuiría a los seres tridimensionales por su proyección en dos dimensiones, por su sombra, y puede pensar que se encuentran en otro mundo, pero lo cierto es que están en el mismo mundo que él, solo que en otro plano que no puede ver. Si tuviera que representar a esos seres tridimensionales, lo haría en dos dimensiones. Hay pues, interrelación entre los planos de la realidad, y un ser de tres dimensiones podría actuar en un plano bidimensional e incluso proyectar su sombra sobre dos dimensiones siendo un ser inter-dimensional. La muerte sería entendida como el paso de un plano a otro de la existencia, siendo la muerte una percepción de nuestra consciencia: consideramos que alguien muere cuando ya no está en nuestro plano de la realidad.
El chamanismo consiste en que ciertos individuos tienen la capacidad para acceder a esos otros planos en determinadas circunstancias, o tienen una segunda visión para percibir a seres que habitan en ellos, especialmente, a los espíritus de los antepasados o de los difuntos en general. Ese otro plano de la realidad, al que muchos han llamado plano astral, y que dividen en diferentes regiones, es el plano al que accedemos durante el sueño o mediante la meditación. Multitud de personas con experiencias cercanas a la muerte afirman haber visto sus propios cuerpos o escuchado conversaciones cuando estaban inconscientes. Deducimos pues que todos, en ciertas circunstancias, podemos acceder a otros planos de la realidad. Pero los chamanes tienen una facilidad superior para ello, tiene una segunda visión, que les permite entrar en contacto con esos mundos, abrir una puerta a esos otros planos.
Así mismo, el tiempo y el espacio son relativos, nosotros intuimos el pasado, el presente y el futuro, pero lo cierto es que no existen como tal, lo que existe es lo que fue, lo que es y lo que puede ser, que nosotros, en nuestra tradición, representamos con las Nornas. Por lo tanto, en otros planos de la realidad, no hay esa diferenciación entre tiempo y espacio, por eso en los sueños podemos viajar a la velocidad del pensamiento de unos lugares a otros, o dar saltos en el tiempo. Partiendo de la base de que, lo que recordamos de los sueños es sólo una mínima parte “decodificada” de lo que hemos soñado, por lo tanto, filtrada y traducida a la realidad que conocemos. El acceso a esos otros planos de la realidad, más allá de nuestra concepción del espacio-tiempo, lleva a ver lo que nosotros conocemos como el futuro. Por eso, las personas con esa segunda visión, los chamanes, pueden adivinar lo que va a acontecer o actuar como oráculos.
Por otro lado, las dolencias físicas tienen una parte espiritual y es posible aliviar una dolencia física actuando sobre el plano espiritual. Muchas enfermedades son meramente psicosomáticas, en otros casos, una buena actitud sirve para curar. Es lo que solemos llamar “efecto placebo”. Por este motivo, los chamanes en la época ancestral que nos estamos refiriendo, también actuarían como curanderos, puesto que no se diferenciaba como ahora la sanación física de la espiritual. La medicina moderna, en una actitud de soberbia y de fetichismo tecnológico, ha subestimado técnicas de medicina tradicional que en otros lugares, especialmente en Asia, tienen grandes resultados. Las persecuciones a las “brujas” durante los siglos más oscuros de la Europa cristianizada tienen la culpa de que gran parte de ese saber milenario se haya perdido en nuestra cultura.
Del mismo modo que el animismo, el chamanismo se desarrolló de forma diferente según la cultura. Tenemos muchos tipos de chamanismo, del que luego surgirán las religiones de la Antigüedad siendo estas prácticas chamánicas la base de la religión en las primeras civilizaciones. No existe, sin embargo, un chamanismo europeo propiamente dicho, pero sí tiene que ver con nosotros el chamanismo de origen siberiano y de los Urales, propio de los pueblos del Ártico que se asentaron en el norte de Escandinavia, como los saami o los ugro-fineses. El chamanismo no surge a la vez en todos sitios, teniendo las primeras formas de chamanismo en Asia más de 14.000 años de antigüedad, pero el origen del chamanismo ártico que nos ocupa, se remonta aproximadamente al 8000 a.C.

POLITEÍSMO
A medida que la sociedad se vuelve más compleja, sus creencias también se empiezan a ocupar de fenómenos abstractos, no sólo de las fuerzas de la naturaleza o de otros planos de la realidad. Muchos ateos se agarran a decir que los dioses son una construcción humana, en un intento de negar su existencia. Pues bien, los dioses son una construcción humana… del mismo modo que las personas lo son ¿duda alguien de la existencia de las personas? Cuando un niño nace sus padres le ponen un nombre, nombre que tiene unas connotaciones concretas, que tiene un significado para ellos. Es el primer acto por el cual se entiende que el recién nacido es parte de la familia, es parte del grupo. Como no nacemos aislados sino que nacemos siendo parte de una cultura, el recién nacido irá adquiriendo los elementos propios de su cultura, desde que aprende a hablar, e irá conformando su propia identidad. La identidad se compone de muchos aspectos: su identidad sexual, su ideología, su religiosidad, sus gustos… y todo ello hace que sea algo más que músculos y huesos, que sea un producto de la cultura, es decir, una persona. Si se acaba con la identidad de alguien, se le destruye como persona, si se acaba con la identidad de un pueblo, se lo destruye como pueblo. Eso es, en el fondo, lo que pretenden hacer quienes promueven una visión materialista de la existencia.
Así pues, si desde un aspecto material tenemos un cuerpo, unos órganos, un esqueleto… que nos hace ser homo sapiens, desde un punto de vista cultural tenemos una identidad que nos hace ser personas y desde el punto de vista espiritual tenemos un alma que es nuestra esencia y nos hace ser parte del cosmos; los dioses también tienen una naturaleza múltiple. Del mismo modo que en matemáticas intuimos el concepto de infinito y podemos representarlo y operar con él, pese a que sea un concepto que nos supera, desde tiempo ancestral nuestra especie ha intuido el concepto de divinidad, lo ha representado y ha operado con él. Así mismo, poniendo el mismo ejemplo, sabemos que hay muchos infinitos (la suma de los números impares es infinita, la suma de los números pares, los múltiplos de cualquier número, los decimales del número Pi…) que no son iguales entre sí, intuimos el concepto de divinidad (como el de infinito) pero sabemos que hay muchos dioses. Nace así el politeísmo.
Un dios o una diosa no es sólo la intuición de un poder sagrado, sino que además es el reflejo del alma del pueblo que los ha creado, que los representa a su imagen y
semejanza y se identifica con ellos, y también les atribuye determinados atributos y características abstractas. Hay varios tipos de dioses, en función de su naturaleza, y el dios o la diosa nos sirven como un canalizador a la hora de central nuestra energía, nuestra espiritualidad, hacia aquello que proyectamos de nosotros mismos, y hacia aquello que buscamos del Macrocosmos hacia nuestro Microcosmos personal.
Por poner un ejemplo claro, los godos tenían a Gaut como su dios nacional, y se denominaban a sí mismos gautas, es decir, descendientes de Gaut, ligándose como un ancestro común con el dios. Así pues tenemos de una parte la intuición de un poder sagrado, la unión con los ancestros y con el propio pueblo, y la construcción de un arquetipo concreto, como Padre, dios de la guerra, de la sabiduría… pues de Gaut evoluciona Wotan, como era nombrado por todos los pueblos germánicos, y finalmente de Wotan deriva la palabra Odín, hasta hoy. Del mismo modo que nosotros como cinco años y con veinte somos la misma persona, pero hemos evolucionado, también evolucionan los dioses y el concepto de Odín en el siglo IX no es el mismo exactamente que tenemos hoy, ni el que tendrán nuestros nietos.
La naturaleza de los dioses es compleja y siendo los mismos dioses, no todos los vemos igual. Pero lo que sí está claro es que los dioses son propios de cada pueblo, precisamente porque han sido elaborados por una cultura, son la proyección del mismo pueblo y de los propios ancestros, por lo que no puede existir un dios universal, todo lo más, el dios de un pueblo barrerá a los dioses del resto de pueblos si su pueblo elimina al resto de pueblos de la Tierra. Del mismo modo que todos hablamos una lengua y no hay una lengua “verdadera” siendo las demás “falsas”, con independencia del número de hablantes que tenga; cada pueblo tiene sus dioses, fruto de su cultura, y no hay unos “verdaderos” frente a otros “falsos”. Los diferentes pueblos irán elaborando su concepción de los dioses, entre ellos los indoeuropeos, que lo harán aproximadamente en el IV Milenio a.C.
El politeísmo indoeuropeo nace en la zona de los actuales India e Irán. Los pueblos indoeuropeos migrarán desde esa zona originaria hacia el este, estableciéndose en Irán, los indo-arios, y conformando el politeísmo indo-iranio posteriormente, propio de la civilización persa y del cual se derivará posteriormente el mitraísmo y el mazdeísmo. Otros migrarán a la actual Europa y a la península de Anatolia, y un tercer grupo se establece en el Valle del Indo, conformando el politeísmo védico, antecesor del hinduismo entre otras religiones.
De la fusión de los pueblos indoeuropeos con los habitantes pre-indoeuropeo del continente, que podemos denominar cromañones, y con los pueblos de origen siberiano establecidos en el Ártico, nace la milenaria cultura europea de la que somos hijos. Los indoeuropeos tenían una cultura guerrera y patriarcal, que se fusionó con la cultura campesina y matriarcal de los cromañones, de pueblos como los vascones, los iberos, los estonios o los etruscos, indo-europeizando también a estos pueblos. Este proceso, en nuestra tradición, se explica mediante la guerra entre los Ases y los Vanes, y la paz entre ellos, con intercambio de rehenes. Así pues, el culto a divinidades telúricas y a las fuerzas de la naturaleza, así como a la Diosa Madre, propio de los cromañones, se fundió con el culto a los fenómenos atmosféricos y los dioses que representan conceptos abstractos, propios de los indoeuropeos, y con el chamanismo del Ártico.
De ese origen indoeuropeo surgen varias familias de pueblos: los germanos, los celtas, los grecolatinos, los eslavos y los baltos, desarrollando cada uno de ellos su propio politeísmo, del mismo modo que desarrollaron su propia lengua y costumbres, pero todos hermanos de sangre y, por tanto, con muchas características comunes. Entre estas características el hecho de la división social en tres estamentos: sacerdotes, guerreros y campesinos; fruto de la fusión entre el sustrato pre-indoeuropeo y los indoeuropeos. Esta división social se plasma en una tríada de dioses principales, que generalmente tienen que ver con estos aspectos, que en nuestro caso serían Odín, Thor y Freyja o Freyr. De esta división triple, el cristianismo derivará a la Santísima Trinidad (que a todas luces es politeísta, por muchas vueltas que le den) y la división social medieval entre clero, nobles y campesinos.
Son muchas las características comunes de las religiones de origen indoeuropeo, pero principalmente podemos entender que hay una cosmovisión formada por las fuerzas primigenias de la naturaleza desbordada (gigantes, titanes, fomorianos…) que representan el caos, en antítesis a las fuerzas de la naturaleza creadora y dadora de vida, y de los dioses atmosféricos y que representan conceptos abstractos, que representan el orden. A diferencia de las religiones del Próximo Oriente, cuya cosmovisión se basa en una antítesis entre el Bien y el Mal, la cosmovisión indoeuropea se basa en la antítesis
entre el Orden y el Caos, que se suceden de manera cíclica: a un mundo le sucede otro del mismo modo que las estaciones se suceden o que hay que morir para volver a nacer.
Entre todos esos politeísmos se encuentra el politeísmo germánico, que surge aproximadamente en el 1700 a.C. Este es origen de nuestra fe actual, aunque lógicamente, después de casi 4.000 años, estando proscrita los últimos diez siglos en toda Europa, nuestra forma de entenderla ha cambiado sustancialmente a como nuestros antepasados la concebían en el II Milenio a.C. No obstante, la esencia sigue siendo la misma, los valores siguen siendo los mismos, que hace 4.000 años. Los dioses de la naturaleza serían los Vanes, los dioses de la guerra, del trueno, de la templanza, de la justicia, de la venganza… serían los Ases, y el chamanismo o la magia rúnica, el seidr y el galdr, procedería del chamanismo ártico. Esta fe dio a los pueblos germánicos, ya fueran godos, francos, longobardos, alamanes, getas, marcomanos, suevos, vándalos, burgundios, hérulos, vikingos… una serie de valores y una visión del mundo.
Esta visión del mundo y esa espiritualidad, persistió en ellos pese al barniz cristiano, y se extendió por toda Europa con las migraciones e invasiones germánicas durante la Edad Media, para fusionarse con el sustrato celta, eslavo, báltico o grecolatino y conformar las naciones europeas, desde los Urales hasta Lisboa. Desde que Islandia se convirtió formalmente al cristianismo por votación de su Althing, para evitar la invasión de los reyes noruegos, en el año 1000, la vieja religión germánica que quedó relegada frente al Cristo blanco del Medio Oriente. Desde que los godos entraron en el Imperio Romano y se inició una lucha entre los partidarios de romanizarse y cristianizarse, liderados por Fravitas, y los partidarios de mantener su identidad y sus creencias, liderados por Eriulfo, hasta los últimos vestigios escandinavos, hubo una dura lucha entre los germanos y finalmente las élites impusieron el cristianismo al pueblo, pues este servía bien a sus propósitos de dominación.

MONOTEÍSMO UNIVERSALISTA
La religiosidad natural de los pueblos, cuando estos son libres y no están sometidos al yugo de una minoría, es totalmente contraria a dogmas e imposiciones, y mucho menos al concepto de universalismo. Nadie, hasta los últimos dos milenios de la Historia de la Humanidad, pretendió “convertir” a otro pueblo a su religión, porque la religión era una cuestión, sobre todo, identitaria. Un celta adoraría a los dioses celtas, un germano a los dioses germanos, un egipcio a los egipcios, un sumerio a los sumerios…
y nadie pretendía a otra cosa. Sin embargo cuando surge la dominación de unos seres humanos sobre otros, surge el Estado y con este, la casta sacerdotal como un órgano separado del resto de la población, que aleja la religión, antaño al alcance de todos, y se autoproclama como único interprete de la Divinidad. No se trata de la función sacerdotal, que antaño llevaban a cabo algunas personas, con especial prestigio social por ser responsables de esta función, pero que a fin de cuentas era fruto de un reparto de tareas (hay quienes se dedican a los dioses, como hay artesanos, campesinos o pescadores). Cuando se establece una casta cerrada, privilegiada, se da el paso de una sociedad jerarquizada pero igualitaria, a una sociedad estratificada, con desigualdades sociales. Es en este momento cuando la religión pasa de ser algo popular, a ser un instrumento de dominación, y se crean los dogmas y el concepto de pecado. Este proceso se dio en el Próximo Oriente, cuna de los primeros Estados, pero en Europa fracasó cuando se produjo en la civilización micénica, siendo los europeos un pueblo libre organizado en Comunidades, pero no en Estados. Cuando estas Comunidades (polis, civitas, confederaciones tribales…) degeneraron, surgen los Estados y se copiaran los usos orientales, propios de la teocracia, en lugar de los usos europeos, propios de una democracia comunitaria, identitaria, donde los hombres libres elegían a sus jefes como primeros entre iguales. Cuando un Estado, parapeto ideológico de una minoría que domina al pueblo, aspira no solo a dominar a su propio pueblo, sino también a otros pueblos, surgen los Imperios. El Imperio es el máximo grado de la dominación política en una sociedad, glorificado hasta la saciedad, sin embargo es el reflejo de la decadencia y la muerte de la libertad. Es en el seno de los Imperios, cuando se pretende acabar con la identidad de los pueblos y convertir así a la gente en masa, fácilmente esclavizable y sumisa, cuando surge el concepto de Dios único y verdadero, frente a los “falsos ídolos”.
No hay que confundir este monoteísmo con la monolatría o el henoteísmo, siendo la monolatría el culto por encima del resto de dioses de uno en concreto, generalmente un dios nacional, pero admitiendo la existencia de otros dioses para otros pueblos; y el henoteísmo la creencia de que todos los dioses son manifestaciones de diferentes aspectos de un único ser divino. Esta corriente henoteísta es una visión filosófica o teológica que puede perfectamente convivir con otras, del mismo modo que hoy en día, en el hinduismo hay escuelas panteístas, politeístas y henoteístas, e incluso
variantes no teístas, y todas son hindúes. Sin embargo lo que ocurrió en el Imperio Romano, cuando el henoteísmo empezó a tener mucha aceptación entre las élites culturales, es que el poder imperial aprovechó esto para tender, poco a poco, hacia el monoteísmo. Del culto al Divino Augusto se fue pasando al culto al César, como dios viviente, copiando los usos orientales.
La influencia asiática del despotismo oriental en el aspecto político, también tuvo implicaciones religiosas, entre ellas la introducción del culto a dioses orientales como Mitra o Cibeles, que fueron asimilados por el panteón romano. Por la influencia oriental surgieron los cultos mistéricos, entre los cuales estaba el hermetismo y el gnosticismo, y que serán el germen de la teosofía y posteriormente del ocultismo y de sociedades secretas como la masonería, los rosacruces, la aurora dorada… así como de religiones que tienen influencias de diversas fuentes, como el Thelema o la Wicca e incluso, por la lógica influencia cristiana, del luciferismo.
Una de las influencias religiosas orientales fue la llegada de la secta judía de los nazarenos, que había sido helenizada por Pablo de Tarso, recibiendo influencias de intentos fallidos de monoteísmo como el atenismo en Egipto así como del monoteísmo persa, el mazdeísmo. Toda esta mezcla de influencias dio como resultado el cristianismo.
En un primer momento el cristianismo fue considerado una superstición y los cristianos fueron perseguidos por negarse a rendir culto al Divino Augusto. Los intentos de instaurar un monoteísmo por parte del Imperio fueron más bien centrados en el culto solar, por influencia egipcia, y se intentó con Helios, pero la tentativa no tuvo éxito. Fue Constantino el que se dio cuenta de que el cristianismo le venía muy bien para consolidar la idea de “un solo Dios, un solo Imperio y un solo Emperador” y despenalizó a los cristianos, creando una versión oficial basada en el dogma trinitario, universal (es decir, católica) para todo el Imperio y desterrando el resto de herejías y sectas cristianas. Construyó la Nueva Roma, Constantinopla, sin un solo templo de la vieja religión romana y convirtió el cristianismo en una religión romana judaizada. Teodosio fue más lejos aún, declarándola religión oficial del Imperio, y proscribiendo a las viejas religiones de Europa. Comenzaba así el largo periodo de 1600 años de persecuciones, hogueras y profanaciones en nombre de la cruz redentora, coincidiendo con la decadencia final y la destrucción del Imperio, sobreviviendo sólo el Imperio oriental.

PAGANOS Y HEATHEN
Como podemos ver, aunque el cristianismo se había expandido entre las capas populares, entre otras cosas porque los cristianos daban asistencia a sus hermanos de fe, cumpliendo una acción social que el Estado romano no ofrecía a sus ciudadanos, convirtiéndose en la religión de los débiles y desfavorecidos; pese a ello, el grueso de la población seguía rezando a sus viejos y ancestrales dioses. La vieja religión fue perseguida, los templos profanados y miles de europeos fueron asesinados por no renunciar a su cultura milenaria y aceptar el judeocristianismo, en el mayor genocidio de todos los tiempos, en nombre de la paz y el amor.
En las ciudades, bajo control de los funcionarios del Imperio, el cristianismo acabó imponiéndose a sangre y fuego, pero en el campo, lejos del control estatal, la gente seguía adorando a sus viejos dioses. Los habitantes del campo, del pagus, eran mirados con desprecio, considerados rústicos y primitivos, y se atribuyó a su ignorancia el hecho de que siguieran aferrados a los viejos dioses en lugar de aceptar “la fe verdadera”. Por eso fueron llamados paganos.
Por extensión se llamó paganos a todos aquellos que no aceptaron la religión cristiana, incluidos los pueblos germánicos y eslavos de fuera del Imperio. En castellano no existe otra palabra aparte de pagano para hacer referencia a esto, pero en inglés hay una sutil diferencia entre el término pagan y el término heathen, que ambos pueden traducirse como “pagano” pero tienen connotaciones diferentes. Para los germanos que vivían fuera del Imperio, cristianizarse era sinónimo de romanizarse. El Dios cristiano era el dios de Roma, por lo que para entrar en el Imperio, situación a la que se veían abocados por la presión de los hunos, era preciso ser cristianos. Esto, amén de otras ventajas para los caudillos germánicos, que ya empezaban a proclamarse reyes asumiendo el ceremonial y los usos romanos, hizo que la mayoría de estos pueblos se bautizara en masa, siendo, como es natural, una conversión puramente nominal. Los germanos eran fundamentalmente una población rural, por lo que la antítesis entre el habitante de las ciudades y el pagano, que vivía en el campo, no tenía mucho sentido. Muchos de estos pueblos se convirtieron a alguna herejía cristiana en lugar de a la variante católica oficial, para mantener su identidad y no disolverse entre la cultura romana. Tal fue el caso de los godos y su conversión al arrianismo. La diferencia entre los germanos no era entre los que son rústicos y aún creen en “los falsos ídolos”, como promovería la propaganda cristiana en el Imperio, sino entre los que conocen a Dios y los que no lo conocen, siendo estos, los primitivos, salvajes, bárbaros… y los cristianos los civilizados.
La palabra inglesa heathen deriva del inglés antiguo hæðen y del nórdico antiguo heiðinn, que a su vez parece derivar del gótico haiþno, término con el que Ulfilas traduce la expresión “gentil” en la Biblia traducida a la lengua goda, palabra usara para referirse a los no judíos y, por extensión, a los no cristianos o musulmanes. Lo mismo sucede en euskera con el término jentil, que se traduce también por pagano, para referirse a los vascones que seguían adorando a sus viejos dioses. Aunque ambos términos, pagano y gentil, son usados peyorativamente, lo cierto es que hoy en día la mayoría de creyentes de las religiones nativas europeas se reconocen como paganos o como heathen con orgullo, precisamente por ese rechazo al Dios cristiano, reivindicando la pureza del campo y sus viejos valores ancestrales (para el término pagano) o el hecho de no conocer, ni querer conocer, al “Dios verdadero” (para el término heathen).

PROSCRIPCIÓN CRISTIANA
Desde el Edicto de Tesalónica del año 380 se inició una persecución paulatina de las viejas religiones europeas. Se talaron arboledas sagradas, se profanaron santuarios, se destruyeron estatuas de los dioses… y se destruyó gran parte de la milenaria cultura europea. Se produjo el exterminio de miles de europeos para mayor gloria de Jehová y su clero… pero no pudieron exterminar el alma europea. Después de las persecuciones imperiales, se produjeron persecuciones por parte de los reyes germanos conversos al cristianismo, algunos de ellos considerados santos por la Iglesia, como Olav II de Noruega. Se glorificó como santos de la Cristiandad a los responsables del genocidio europeo, como San Patricio en Irlanda, que exterminó a cientos de paganos celtas y sin embargo hoy se celebra esa efeméride como fiesta nacional irlandesa. Carlomagno emprendió guerras para convertir por la fuerza a paganos sajones y eslavos, llevando a cabo atrocidades contra ellos. La Orden Teutónica masacró a los baltos en la Cruzada contra Lituania… el número de matanzas y crímenes en nombre del Dios único de los
cristianos es incontable, pero aunque llenaron de sangre la Madre Europa, la cultura europea sobrevivió bajo el barniz cristiano.
Hubo criptopaganos hasta bien entrada la Edad Media, sobre todo en algunas zonas, más o menos tolerados por los poderes cristianos. Pero el cristianismo, para poder imponerse, tuvo que paganizarse totalmente. Las fiestas cristianas son todas de origen pagano, las órdenes de caballería tienen más que ver con los viejos valores europeos que con el “poner la otra mejilla” de la Biblia, el folclore, las leyendas populares, la música, la literatura… la vieja espiritualidad europea sobrevivió pese a todo.
En el caso de la religión germánica, que es el que nos ocupa, las Eddas fueron escritas en el siglo XII por Snorri Struluson, preservando la memoria de nuestros dioses y mitos. Las sagas, las historias populares… nos han llegado hasta hoy, trasmitiendo el legado de nuestro pueblo. Lógicamente, cuanto más al norte, cuanto más superficial fue la cristianización y más tardía, más viva está la vieja religión. Sin embargo en España tenemos una gran cantidad de elementos en el folclore popular de origen germánico: los “martinicos” en Castilla no son sino duendes, los “malismos” son trolls, la Santa Compaña es la Hueste Salvaje de Odín, la leyenda de San Jorge y el dragón no es sino la de Sigfrido, los hombres-lobo… el folclore popular español está lleno de elementos de claro origen germánico, celta o latino, en ocasiones cristianizados.
Aunque formalmente cristiana, la sociedad europea ha seguido celebrando sus fiestas y manteniendo, aunque judaizados, los valores de sus ancestros, resistiéndose a morir y celosa de su identidad frente al universalismo. El cristianismo de España no fue igual que el de Francia, el de Italia o el de Alemania y cuando se produce el cisma protestante en el siglo XVI, lo que hay es una intención de crear Iglesias nacionales frente a la Iglesia de Roma, lo cual se tradujo en ocasiones en el cisma, y en otras, en el regalismo y en hacer del catolicismo una política de Estado. Con el Renacimiento se produce una vuelta a la cultura clásica y se inicia el lento pero imparable proceso de descristianización de Europa.

RESURGIR DE LAS RELIGIONES NATIVAS
A partir del siglo XVIII, con la Ilustración, se empezó a cuestionar muchos de los dogmas del cristianismo, en un clima de mayor tolerancia religiosa tras las guerras
de religión y el fanatismo que había caracterizado los dos siglos anteriores. Surgieron muchas corrientes filosóficas cristianas que buscaban una explicación racional de Dios y empezaron a popularizarse entre los intelectuales corrientes como el panteísmo o el deísmo, alejadas del dogmatismo. Este clima propició la investigación y la recuperación de las viejas formas de religiosidad europeas en el siglo XIX, dentro del movimiento romántico, en el contexto de profundizar en la cultura y las raíces de los pueblos. El Romanticismo fue una exaltación de lo nacional frente a lo universal, en todos los aspectos, y ello llevó a que se retomara un gran interés por las viejas formas de espiritualidad.
Es en el siglo XIX cuando surge la Etenería o Etenismo, castellanización del término inglés Heathenry, derivado de heathen, término que he explicado anteriormente. Surge dentro del movimiento romántico alemán y escandinavo, así como en el contexto del “revival” vikingo de la Inglaterra victoriana. El estudio de los pueblos germánicos y el nacionalismo, plasmado en el arte y en la música, sobre todo en la obra de Richard Wagner, impulsó notablemente la recuperación del viejo politeísmo germánico, pero mezclado con el esoterismo, el misticismo y una gran variedad de corrientes ocultistas. En estos tiempos, había una sed de conocimiento, pero después de siglos de persecución cristiana, la vieja religión estaba muy mezclada con otras cosas. Al tiempo que se inicia un movimiento para recuperar el paganismo germánico, ocurre lo mismo con otras religiones nativas europeas, siendo el siglo XIX el periodo en el que surge el Druidismo a partir del politeísmo celta, el Rodismo a partir del politeísmo eslavo, la Romuva y la Dietruba, a partir del politeísmo báltico o el Dodecateísmo a partir del politeísmo griego.
La primera vez que se emplea la palabra “Ásatrú” es en la ópera Olaf Trygvason del compositor noruego Edvard Hagerup Grieg, en 1870. Es una etapa que podríamos llamar de proto-Odinismo, puesto que la religión aún no estaba conformada como tal, estaba empezando a aflorar en medio de las brumas y todavía con una grandísima contaminación judeocristiana. A finales del siglo XIX, dentro del ocultismo y el esoterismo alemanes, nació la ariosofía en Austria, como un sistema ideológico esotérico que mezclaba muchos elementos, entre ellos runas y elementos paganos germanos, pero con un significado muy distorsionado. Uno de sus impulsores, Guido von List, uso el nombre de wotanismo para esta corriente. El wotanismo sería la base del misticismo nazi durante los años 30 del siglo XX, mezclándose con ideas supremacistas y siendo posteriormente, tras la II Guerra Mundial, retomado e impulsado por David Lane. En medio de ese caldo de cultivo en el que se mezclaba esoterismo y ocultismo, cristianismo heterodoxo y un intento de recuperación de la vieja religión germánica, es cuando nace en Australia la Iglesia Anglicana de Odín, también con un carácter más supremacista que religioso, impulsada por Alexander Rud Mills. Rud Mills era un militante de extrema derecha cuyas ideas religiosas eran una mezcla entre el cristianismo, el esoterismo y el paganismo germánico, que sin embargo escribió muchos artículos relacionados con el odinismo. Del mismo modo que en este proto-odinismo nos encontramos figuras de extrema derecha como Rud Mills, también hay que destacar al escritor alemán Ludwig Fahrenkrog, fundador de la Deutscher Bund für Persönlichkeitskultur que impulsó la recuperación de la religión germánica pre-cristiana, siendo su obra censurada por el III Reich, en 1934.
Pero sin duda la figura fundamental del odinismo, tal y como lo conocemos ahora, es la danesa Else Christensen, la Madre Folk. Else, perseguida junto a su marido tras la ocupación nazi de Dinamarca y refugiada después en Canadá, tuvo conocimiento en los años 60 de la obra del proto-odinista Rud Mills, y leyó su obra La llamada de Nuestra Vieja Religión Nórdica, lo que le llevó a conocer a su viuda en Australia, creando en 1969 el Grupo de Estudios Odinistas, posteriormente llamado Hermandad Odinista. Else Christensen, a través de su informativo The Odinist, fue la gran impulsora del Odinismo moderno, tal y como lo entendemos hoy, razón por la que está considerada como la gran Madre del Odinismo.
El impulso de Else y de la Hermandad Odinista fue lo que posibilitó el que desde los años 70 fueran surgiendo confesiones nacionales en casi todos los países. En 1972 se fundaba la Ásatrúarfélagið en Islandia, impulsada por Sveinbjörn Beinteinsson, reconocida por el Estado islandés al año siguiente, siendo la primera confesión odinista reconocida por un Estado soberano en el mundo, precisamente en Islandia, el último país en abandonar de forma oficial la vieja religión germánica en el año 1000. En 1973 se fundaría el Odinic Rite en Inglaterra y en 1974 la Ásatrú Free Assambley en Estados Unidos, impulsada por Steve McNallen. En lo referente a nuestro país, en 1981 se funda el Círculo Odinista Español, impulsado por Ernesto García, precursor de la actual Comunidad Odinista de España. La restauración y reconocimiento oficial de la vieja fe puso fin a 1600 años de persecución, pero lógicamente no es el final del camino.

ACTUALIDAD
La religión es algo vivo y, como hemos ido viendo, nuestra fe tuvo que pasar un largo invierno de persecución, pero no llegó a morir nunca. Del Odinismo han surgido, como es normal, varias tendencias, destacando el Ásatrú y el Vanatrú, como las principales variantes. Si hace un siglo estábamos saliendo de las brumas, hoy ya somos una religión consolidada, aunque minoritaria, como si nuestros dioses, que nunca llegaron a morir, hubieran comido otro bocado de la manzana de Idunn y tras ese largo invierno, por fin, volviese la primavera. No hay que borrar los 1600 años de cristianización de Europa, porque como en otras ocasiones he dicho, bajo el barniz cristiano estaba el alma europea latente. Se trata sencillamente de re-europeizar Europa, de eliminar lo extraño, lo que nos fue impuesto, y restaurar lo nuestro.
Recrear no es hacer arqueología de la fe y pretender copiar lo que hacían nuestros antepasados en el siglo X como si nada hubiese pasado. Es, como la palabra indica, re-crear, volver a crear, pero desde el conocimiento y desde la tradición que nos ha llegado. Somos un puñado de fieles, pero del mismo modo que aunque sólo unos cuantos cristianos vayan a misa los domingos la cultura cristiana es mucho más amplia, nuestra cultura odinista se proyecta más allá de las creencias.
La literatura, la música, el arte… todo está impregnado de nuestros valores. Mucha gente, aunque quizás no sabe ponerle nombre, tiene los viejos valores nativos europeos en su corazón, pese al lastre del cristianismo. Los valores pueden haberle llegado porque le gustan los videojuegos o juegos de rol basados en la mitología nórdica, porque le gustan grupos de heavy metal como Manowar o el viking metal, porque le gusta el neo folk, porque le gusta la literatura y se ha leído las Eddas o alguna saga, porque le gusta la recreación histórica o la historia en general, porque le gusta la esgrima medieval… nosotros no somos ni hemos sido nunca proselitistas, precisamente nuestra fe se basa en que es propia de un pueblo por lo que no pretendemos “convertir” a nadie, somos lo contrario al universalismo, no hay nada parecido a la evangelización en nuestro credo.
Pero sin embargo si podemos, y debemos, extender nuestros valores, dar ejemplo a la sociedad, crear clanes y comunidades fuertes que funcionen de otra manera y servir de luz, ser una antorcha en medio de un mundo de oscurantismo en el que ya no es el enemigo el cristianismo, puesto de rodillas, sino el materialismo anti-religioso y la crítica destructiva que hace de la civilización occidental, preparando la entrada de un enemigo joven y fanatizado, como hace mil años eran los cristianos y de la misma raíz abrahámica: el islam. La Modernidad, el individualismo liberal, el materialismo, el marxismo cultural y las ideologías que han partido de él, es lo que realmente nos supone una amenaza hoy. Todo ello, bajo la gran mentira del universalismo, la globalización, la multiculturalidad.
La guerra hoy es entre quienes quieren una humanidad sin alma, mestiza, con una cultura global, con un idioma global, individual, sin ningún tipo de sentimiento de identidad, de sentimiento comunitario… en otras palabras, una humanidad anti-humana; frente a los que defendemos que cada pueblo, cada etnia, debe mantener su tradición, sus costumbres, y relacionarnos los unos con los otros en pie de igualdad. Los que no queremos conquistar a nadie, ni someter a nadie, pero por lo mismo tampoco nos vamos a dejar conquistar y someter por nadie. Los que no queremos ser esclavos ni tampoco amos.
Esa guerra se libra en muchos frentes, el cultural, el ideológico, el político… pero el principal de todos, el pilar que nos puede hacer vencer, es el espiritual. Quienes desean dominar a la Humanidad nos pueden quitar todos los bienes materiales que quieran, nos pueden perseguir y hasta matar. Pero no nos pueden quitar el alma, salvo que renunciemos a esa parte de nosotros, salvo que aceptemos su concepción materialista de la existencia. Por eso es importante conocer nuestras raíces, saber que el odinismo y las religiones nativas de hoy, tanto en Europa como en toda la Tierra, tienen un origen ancestral milenario, llegar hasta lo más profundo de nuestra alma y del alma de nuestro pueblo para conocerlo, para amarlo, que a fin de cuentas, es amarnos a nosotros mismos. Ese amor propio, a la propia identidad, es lo que no quieren que tengamos.
Somos algo vivo, no somos algo del pasado sino del presente y de lo que seamos capaces de construir, pero hemos recogido un legado milenario y nuestra obligación es dejárselo a nuestros hijos, mejor y más grande de lo que lo hemos recibido. Nuestra civilización no puede perderse en el olvido, no dejemos que talen nuestras raíces.

José Manuel 
Jarl de Fauces de Tormenta y Delegado de la Comunidad Odinista de España en Andalucía

Yggdrasil, árbol de la vida

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Principio supremo para asegurar el cambio espiritual del ser humano

 

Su forma, el árbol evoca la imagen de la cruz, con su simbolismo que tiene similitudes. Pero, ¿qué es la cruz? Si el cristianismo le dio un lugar central, es verdad que no forma menos parte de las representaciones más antiguas de la humanidad y hay cruces en todas las tradiciones. Colocada verticalmente, sugiere al hombre con los brazos extendidos, es el hombre conectado con la tierra, así como al cielo, a través de su rama horizontal y su rama vertical.

En cierto modo, el tema mítico del árbol tiene el mismo significado, pero su carácter natural le da una mayor densidad. De hecho, el árbol da prioridad a la idea de enraizamiento. Sus múltiples ramas se irradian en todas las direcciones y las hojas y frutas que crecen allí son signos de riqueza que expresan la abundancia de la naturaleza.

Poderoso y vulnerable, el árbol atrae la simpatía, en la medida en que es una imagen del hombre. Es nuestra reflexión y por ejemplo, representa para nosotros un principio que aparece como una proyección de nuestras aspiraciones más profundas mediante el contacto con la naturaleza

La naturaleza del poder particularmente reconocido en el mundo germánico
Punto central de la religión escandinava, Yggdrasil es el árbol de la vida por excelencia. Es el árbol universal, el apoyo del universo, que se resume en él. Nunca sabremos cómo las fuerzas de la naturaleza han llegado a tener un lugar destacado en el imaginario germánico. ¿Nos sorprendemos cuando examinamos el carácter desproporcionado del mundo escandinavo y todos sus excesos climáticos? En este contexto, el hombre, súbitamente, tuvo la sensación de insignificancia y poco valor de su libre albedrío. Para recrear una mejor disposición de su universo, lo pobló con una gran cantidad de fuerzas naturales para facilitar su comprensión. Entre ellos, los gigantes, las imágenes de los poderes de la tierra, atacando por su número e importancia.

Con tales poderes, Yggdrasil aparece como un principio de estabilización y tranquilizador, el pilar del mundo que proporciona equilibrio.

Sé de un fresno que se alza, se llama Yggdrasil,
árbol alto, bañado de blanca humedad;
de él baja el rocío que cae en los valles;
se alza en la verde fuente de Urd.

En todas las religiones, el árbol siempre ha ofrecido un rico simbolismo para enriquecer el pensamiento humano. Por encima de todo, representa la vida misma, expresada en su forma más natural. En primer lugar, es la tierra que evoca, en la que se fundamenta y garantiza su durabilidad. Para este propósito, la madera aparece como el material natural de elección. A diferencia de la piedra, el carácter perenne sugiere un origen celestial, la madera es la imagen misma de la materia viva terrestre. Como tal, proporciona un aspecto cálido, que se une al fuego en su iluminador y el carácter benevolente, tanto es así que la frase «toco madera» puede parecer una invitación a nosotros para recargar la vida natural de ganar fuerza y energía.

La importancia que se concede al árbol germánico no puede tener mejor prueba  que su voluntad de poner en ella el origen de los seres humanos. En concreto, el primer hombre, Askr, y la primera mujer, Embla, se forman a partir de un fresno de Askr de un olmo al Embla, que muestra al árbol como generador del principio de la vida.

En Yggdrasil, el árbol tiene su síntesis.
De hecho, la Creación entera aparece bajo ella. Todos los reinos, mineral, vegetal y animal, están representados. El agua riega sus raíces, las hojas crecen en sus ramas. En cuanto a los animales, las serpientes representan el primer ser en el medio de las raíces. Los ciervos están presentes en sus ramas. Por último, una gran águila se encuentra en su cima. Es la representación de las imágenes simbólicas que se propagan por la diversidad de la naturaleza humana. «Un águila reposa sobre las ramas del fresno, se dice que sabe muchas cosas (…) Hay muchas serpientes que viven bajo el fresno Yggdrasil, sospecho que están royendo continuamente sus raíces (…)».

Existe una intensa actividad dentro del gran fresno. De hecho, las serpientes, y con ellos un dragón, roen las raíces; los ciervos pastan en las hojas; El  águila hace que sus alas produzcan vientos y  tormentas por toda la Tierra. Por lo tanto, la vida de Yggdrasil está constantemente amenazada, como la del hombre, especialmente en la concepción germánica, estamos sometidos a una total dependencia de la naturaleza. Sin embargo, fuerte y poderoso, que resiste a todas las pruebas y se mantiene firme para siempre. Si logra triunfar es gracias a la savia que fluye en él, esta primera esencia de este maravilloso líquido que le da su fuerza vital. Esta es la imagen de la vida que nos impulsa a pesar de pruebas que soportamos, este dinamismo interior que se llama coraje y determinación, la asertividad, la fuerza del alma que nos inspira a superarnos cualquiera que sea nuestro sufrimiento. Así debe ser el hombre, mostrando su voluntad de vivir en cualquier circunstancia.

Pero lo que da valor a esta vida, es este estado de perpetuo conflicto que lo caracteriza. De hecho, el águila en la cumbre, es la imagen de la majestad, está en constante oposición con este dragón en las raíces. Entre las dos figuras, un vínculo se ha establecido a través de la ardilla Ratatoskr. La ardilla, particularmente en el mundo germánico, siempre ha representado el temor para los hombres. Rápido como un rayo, rápido para subir rápidamente a la cima de los árboles, que se considera difícil de atrapar. A menudo hemos visto en él a un satánico ser perjudicial  no pudiendo más que hacer el mal. Esta visión fue retenida por los escandinavos en Ratatoskr, ardilla que por su espalda del árbol constantemente  no hace más que ir y venir de arriba abajo  y que por el contrario, asegura la relación entre el águila y el dragón. A cada uno, le dice lo que había dicho de él al otro, provocando su hostilidad mutua. Esta lucha es una reminiscencia de la religión védica,  entre  Garuda, -el ave de presa- y las serpientes Naga representaciones del caos. Es la representación del conflicto interior en cada uno de nosotros, en un pugna entre los valores sociales impuestos por la sociedad y los impulsos profundos que nos mueven a realizar las más altas aspiraciones, que nos llevan a lo sublime contra las necesidades básicas que nos traen de vuelta al mundo terrenal.

Más allá de estas tensiones, Yggdrasil siempre nos trae de vuelta a la sensación de la unidad primordial. La naturaleza es una, y siendo el hombre debe relajarse a él para encontrar la sabiduría eterna, sobre la base de su desarrollo personal.

Yggdrasil, la imagen de la sabiduría.
Pilar del Mundo, Yggdrasil es también la base de los conocimientos.En primer lugar, como cualquier árbol, representa la longevidad, ya que puede vivir mucho tiempo, por lo que es el símbolo de la madurez. Yggdrasil, es francamente inmortal. La forma del fresno esbelto en general, su madera fuerte y derecha por lo que es un material ideal para la fabricación de armas y herramientas. Según la tradición germánica, también tiene propiedades medicinales, por ejemplo la capacidad de curar las fiebres. Su savia sería laxante.

Tales virtudes explican el valor otorgado por los  antiguos hombres del norte y su deseo de convertirlo en su símbolo del conocimiento. Este líquido sagrado que fluye dentro de Yggdrasil y que permite la continuidad eterna, era la imagen misma de la perfección divina que germinó en el corazón del hombre.

La perfección podría expresarse de otra forma, como un número, el número nueve. En un valor cuasi-divino en todas las religiones, lo que pretendía en realidad eraexpresar lo divino. Así que fue después de que fuera ahorcado durante nueve días en las ramas de Yggdrasil, que Odín finalmente adquirió el conocimiento supremo.

Sé que colgué del árbol azotado por el viento
nueve noches enteras,
herido por la lanza, entregado a Odín,
yo mismo a mí mismo,
de aquel árbol del que nadie sabe
el origen de sus raíces. 

Por otra parte, el fresno del mundo conecta los nueve mundos, los siguientes reinos: los Aesir, Vanes, elfos de la luz, los elfos oscuros, hombres, gigantes, hielo, fuego, muertes, opuestos entre sí, como son estas diferentes tendencias de nuestra alma.

Y sobre todo, la fuerza de Yggdrasil, la saca de sus raíces. En el reino vegetal, éstas tienen un valor primordial. Más raíces  profundas, más ramificaciones, mayor es la resistencia del árbol o planta en su entorno. Así es también para los hombres. Más estará arraigado en la comunidad, más va a irradiar energía y dispensar su amor alrededor. Tal es el dinamismo universal, transmitido por las raíces germánicas del árbol del mundo.

Las raíces de Yggdrasil
Son tres. La primera se adentra en el inframundo, los muertos. La segunda raíz se extiende al dominio de los gigantes. La tercera penetra en el mundo de los dioses. Estas tres raíces proporcionaban a los antiguos germanos valores propios  para fortalecer sus almas. El mundo de los muertos simbolizaba para ellos la experiencia del pasado y la tradición, que se transmite por los muertos que siguen siempre presentes entre los vivos. Los gigantes representaron la antigua sabiduría de la Tierra. Uno de ellos se llamaba Mimir, » La Memoria». Imagen de la sabiduría de su conocimiento de las personas y las cosas, que después fue insuflada en Odín, que personificaba el conocimiento esencial, la generada por la Tierra desde sus orígenes, el conocimiento extraído de la naturaleza que se puede manifestar bajo la forma de proverbios. La raíz última se pone en contacto con el mundo de los dioses, que son para los hombres principios que los guían, sobre todo ante el temor de su futuro.

Bajo Yggdrasil se reunían los dioses, especialmente su rey, Odín.

¿Cuál es la relación que mantiene el árbol de la vida con él? Responder a esta pregunta nos lleva a preguntarnos sobre el término Yggdrasil, «el caballo de Odín» (Ygg, uno de los nombres del padre de los dioses, y Drasil, caballo). Es sorprendente que la fusión  se ha realizado entre dos de estos elementos naturales tan diferentes como el árbol y el caballo. Sin embargo, no dejó de ser expresada por algunos psicólogos. «Yggdrasil nos mostró la relación entre el caballo y el simbolismo del árbol»  dijo Carl Gustav Jung.

En todas las culturas, el caballo se convirtió rápidamente en un símbolo altamente ambiguo. Cuando consigue su domesticación, el ser humano obtuvo una ventaja considerable que le permitió expandirse rápidamente en el espacio, incluyendo el desarrollo de la guerra. Es comprensible que ha representado  el vehículo de una vida dinámica. Sin embargo, el valor conferido  no oculta otra dimensión, también se expresó colocándolo bajo el signo de la muerte. De hecho, animales aún no domesticados, brincando y saltando en la naturaleza, el caballo representa un poder en la tierra que le preocupaba. Una vez domado, siempre se puede encabritar y llevar a su jinete a la muerte. De hecho, el caballo recorre los tres mundos:

a.-mundo subterráneo, el inconsciente,
b.-mundo terrenal donde se desarrolla nuestra vida cotidiana,
c.-mundo celestial, a donde van nuestros deseos más altos.

Tal es su identidad con el árbol, tan dependiente de estas tres áreas a través de sus raíces, su tronco y su cumbre. El ser que combina el poder de sus instintos con su razón, con la imagen del caballo en su jinete conquistará una unidad espiritual capaz de izarse a sí mismo a los estratos más sublimes. Así es como va a participar en el conocimiento sagrado investido por Odín.

Odín tiene, de hecho, un caballo llamado Sleipnir, «el que se desliza.» Con cuatro patas, se dice que el caballo puede correr muy rápido. Pero Sleipnir tiene ocho patas; La rapidez se convierte la superlativa. De hecho, el corcel de Odín va donde su amo quiere ir más allá de la tierra y el mar, a pesar de los vientos y las tormentas. Simboliza el estado de alerta del señor de los dioses, capaces de velo todo y saber todo al instante.

Más allá de la multiplicidad introducida personalmente por el mundo moderno y su ciencia discursiva, el dios Odín, dios-chamán, muestra un conocimiento oscuro, una intuición profunda, un don de la clarividencia manifiesta a través de su único ojo que le permite tener un profundo conocimiento del universo y saber qué va a pasar. Sin haber aprendido nada, todo lo sabe. Como Yggdrasil que atrae a sus raíces con su poderosa energía, como el gran fresno cuyas ramas abarcan todo el universo, cada individuo debe ser uno con la naturaleza con el fin de centrarse más en su cuerpo y su ser después de él. Esta es la lección de chamanismo que tiene la intención de que nos demos cuenta de que el hombre es parte de todo, quiere expresar plenamente el término religión, asegurando que nos sentimos muy conectados con el mundo natural, animados por espíritus. Todos nuestros sentidos que intervienen en la misma comunión, renacidos en nosotros lo que Jung llama «el viejo de dos millones de años» el hombre arcaico estará provisto de estas riquezas provenientes de su inconsciente colectivo si conecta con la naturaleza, lo que le permite lograr todo su potencial.

Yggdrasil, la personificación del destino
Reflejo en verdad del ser humano y su naturaleza profundamente terrestre y perecedera es el árbol. De hecho, a pesar que vive mucho tiempo, el árbol tiene un periodo limitado de tiempo de vida, que le da un carácter de vulnerabilidad. El árbol crece en la tierra y asciende al cielo. Su vida se determina como la del hombre. Así que es normal que se le viera como una imagen del destino.

Ocupa lugar importante en la psicología germánica, tan dependiente de soledades heladas en su mundo. Sin embargo, es una paradoja que puede causar nuestro asombro que la conciencia de peligro y necesidad en torno a un medio natural agresivo y hostil le indujera a ser más asertivo y vital, afirmando su deseo de vivir, de imponerse a la muerte circundante.

Una de las raíces de Yggdrasil aloja a las Nornas. Entre las tres, el pasado, presente y futuro, que tenían, como las Parcas griega, la función de dar forma no sólo el destino de los hombres, sino también de los dioses.

De allí vienen doncellas de gran sabiduría,
son tres, desde el mar que mana el árbol;
Urd se llama una, Verdandi la otra,
– en ramas graban letras – Skuld es la tercera;
las leyes hacían, elegían las vidas
de todos los hombres, el futuro predicen.

Su decisión era definitiva, por lo que despertó el temor de los mortales. Esta era la religión de los antiguos hombres del norte, una creencia fuertemente teñida de pesimismo pues era inútil oponerse a las leyes del destino.

De hecho, su concepto del tiempo no es lineal sino cíclico, como la vida natural, la del árbol, que en general, nace, vive y muere, pero antes de ello producirá frutos que lo harán renacer de nuevo. La vida es un eterno retorno, eterna como Yggdrasil, que nunca muere en sí.

El fresno universal permanece atemporal, aunque se pone a prueba cuando se trata de la última batalla en el día del Ragnarök.

Tiembla Yggdrasil, más el fresno está firme,
gime el viejo árbol al soltarse el troll;
sufren todos en las sendas de Hel,
hasta que lo trague el pariente de Surt
.

Incluso el día de Ragnarök, el «destino de los Dioses,» que verá la destrucción del mundo y el regreso del caos, Yggdrasil temblará, socavada, pero no va a morir. La imagen es de un profundo significado, porque es la vida que resiste y vence.

A pesar de su aparente carácter fatalista, los antiguos germanos tenían una voluntad desenfrenada de vivir. Esta actitud no es contradictoria en la medida en que, en cualquier caso, la omnipotencia del destino reconocido no entraña un comportamiento pasivo. Por el contrario, esta actitud siempre va de la mano con un fuerte sentido de la responsabilidad, la inquebrantable adhesión a las leyes impuestas. El destino asignado a nosotros debe ser asumido y es la forma de llevarlo a cabo por nosotros mismos lo que nos dignifica y nos hace ser plenamente hombres, en el sentido de que cada uno debe manifestar plenamente su individualidad. Este fue también el trabajo de Nornas, cuya tarea consistía en regar las raíces de Yggdrasil con agua extraída del pozo de Urðr para regenerarlo perpetuamente. Por lo tanto, el destino significaba vida. Escepticismo, suicidio eran desconocidos en el mundo germánico y todo el mundo debía movilizar su coraje para lograr su fin. Tenían que confiar en este sagrado presente, para que su futuro se llevara a cabo mediante la ayuda de divina y así explotar mejor sus capacidades personales y no en vano en el centro del mundo de los hombres se construyó Asgard, el mundo de los dioses, uno y otro situados en la misma raíz de Yggdrasil. La influencia de los dioses fue crucial para expresar mejor su energía personal. Así es la vida mostrada por Yggdrasil que resiste todas las pruebas, y a través de él, cualquier árbol que es capaz de soportar las inclemencias meteorológicas. Esta vida que renace se encuentra en la imagen de la pareja del futuro, en el hombre y la mujer, Lif (vida) y Lifrasir (amor a la vida) protegido por el árbol de la vida, y que, después de Ragnarök, permitieron repoblar la tierra.

Con el triunfo del cristianismo terminó la devoción prestada por los germanos a las fuerzas de la naturaleza. El símbolo de la victoria de la nueva religión fue la iniciativa tomada por los cristianos de cortar los árboles que los misioneros habían visitado por constituir un culto pagano. Este acto refleja su deseo de establecer una distancia con el hombre, lejos de los poderes naturales presentes en él y sobre los que se basa su alma. Con Yggdrasil, en el que se expresaron con toda su diversidad y riqueza.

IDENTIDAD Y AMOR PROPIO: ÚNICOS GARANTES DE LA LIBERTAD

198243_1753979700705_5017405_nEl ser humano es libre por naturaleza, como el resto de los animales. El sometimiento de unos seres humanos por otros es antinatural, ya sea un sometimiento económico, político, de género… o el más perverso de todos, el ideológico, pues en este último, el hombre es esclavo pero no es capaz de ver sus cadenas y piensa que es libre. Así mismo, el ser humano es tribal por naturaleza. Como animales sociales que somos, nos sentimos parte de un grupo, de una comunidad, desde la familia hasta la nación, pasando por el clan y la tribu, tenemos el sentimiento de pertenencia arraigado porque es lo que nos permite sobrevivir como especie. Necesitamos que haya un “Otros” para poder afirmar el “Yo”, ya sea un Yo individual, o un Nosotros colectivo. La identidad y el amor propio son pues tan naturales como el lenguaje o como el bipedismo, una persona no puede ser libre sino pertenece a una comunidad libre. Sin embargo desde siempre ha habido gente o grupos que han tratado de romper este equilibrio natural en el que el ser humano no sirve a nadie ni tampoco es amo de nadie, este estado natural cuya expresión en el gobierno es la anarquía. Desde los albores de la Humanidad, ha habido grupos o individuos que han pretendido dominar a sus semejantes, rompiendo el orden natural de las cosas. La esclavitud consiste en reducir a los semejantes a simples cosas, instrumentos, “cosas que hablan”, como les llamaban las primeras civilizaciones mesopotámicas. Es decir, un esclavo deja de ser una persona y se convierte en “mano de obra”, en un factor productivo, en un número, fácilmente reemplazable por otro. Esta dominación ha ido evolucionando desde el surgimiento del Estado, legitimación política de esta dominación antihumana y antinatural, pasando desde el esclavismo al feudalismo y de este al capitalismo, siendo cada vez mayor la dominación, pero más sutil para los dominados. De las cadenas de la esclavitud se pasa a la servidumbre y de esta al trabajo asalariado, que en teoría es fruto del “libre mercado”, un trabajador trabaja a cambio de un salario porque ha pactado “libremente” esas condiciones con quien lo contrata, dentro del “libre mercado”. Nunca se habían llenado tanto la boca con la Libertad aquellos que la cercenan.

Hay que tener en cuenta que tenemos, a mi parecer, una triple esencia como humanos. Desde el punto de vista biológico, somos homo sapiens, desde el punto de vista cultural somos personas y desde el punto de vista espiritual, tenemos un alma. Estas tres naturalezas se dan simultáneamente y a la vez, nuestra estirpe se compone de las tres cosas pues las vamos transmitiendo. Desde el punto de vista biológico, nuestros hijos llevan nuestra sangre del mismo modo que nosotros llevamos la sangre de nuestros antepasados, todo ser vivo aspira a reproducirse para que la especie no se extinga. La pertenencia a un pueblo nos hace pertenecer a una cultura, la cual también transmitimos a nuestros descendientes, pues sin la cultura y sin su perpetuación, la tradición, el ser humano tendría que estar inventando continuamente la rueda o aprendiendo a manejar el fuego. Aunque biológicamente exista un grupo humano, si su cultura se pierde, dejará de ser un pueblo. Si una persona nunca conoce a sus padres o hermanos, aunque lleve su sangre, no sabrá que son su familia. Por último, nuestra alma es parte del espíritu colectivo de nuestra comunidad, la unión con nuestro pueblo, con nuestro linaje, con nuestra estirpe, no es solo material, sino que es una conexión mucho más profunda. Estamos conectados espiritualmente con nuestros antepasados del mismo modo que estamos conectados con la Tierra y con todo el cosmos.

1006257_553488858030445_2013196594_nEsta triple naturaleza también está en la Divinidad, pues los poderes sagrados desde un punto de vista espiritual, pueden sentirse, están con nosotros, son parte de nosotros o nosotros parte de ellos, según se quiera entender; desde el punto de vista cultural, los dioses son un arquetipo, un reflejo de la cultura y la mentalidad del pueblo que los adora, que percibe espiritualmente los poderes sagrados, y crea culturalmente a los dioses; y desde un punto de vista material entendemos que los dioses son intangibles en este plano de la realidad en el que existe la materia, pero han de ser tangibles en otro. Intuimos a los dioses, del mismo modo que intuimos que existen más dimensiones que aquellas que nuestros sentidos perciben, del mismo modo que intuimos conceptos como el infinito, que no podemos imaginar con la razón humana. Por lo tanto, para dominar al ser humano, aquellos enemigos de la Humanidad que a lo largo de la Historia han pretendido hacerlo, han pretendido siempre eliminar su parte cultural y espiritual, para quedarse sólo con su parte biológica, con su fuerza de trabajo, como una simple bestia de carga, como una mano de obra que se puede conducir al matadero. Reducir al ser humano a su aspecto material es cercenar lo que tiene la persona de sagrada, es mutilar su naturaleza. Por eso, cuando un grupo que pretende dominar al resto tiene la fuerza suficiente para hacerlo, crea el Estado y crea una estructura ideológica de dominación, consciente de que es la dominación más perfecta que existe. Al esclavo, primero hay que arrebatarle su identidad y su amor propio, para que sea dócil, para que esté domesticado y obedezca al amo. Sino tiene conciencia de lo que es, no podrá levantarse contra lo que no conoce, si se siente un número, una bestia, se limitará a trabajar y servir a su amo para perpetuar su miserable existencia, pasando los años enriqueciendo a otros que lo empobrecen a él, para finalmente morir. Nacer, servir y morir, esa es la miserable existencia de un esclavo, que pasa por esta vida sin pena ni gloria, inculto y transmitiendo esa incultura a sus descendientes, servil y transmitiendo su servilismo a sus descendientes, reducido sólo a su aspecto material.

El Estado, aunque como hemos visto, es contrario al orden natural; a la anarquía (los lobos, los elefantes, los leones, los pájaros… no tienen Estados y sus sociedades están organizadas, por lo que lo no debemos confundir que una comunidad se organice políticamente, con un Estado) siempre se legitima como garante del “orden”. La razón es que cualquier Estado, ya sea esclavista, feudal, capitalista… nace siempre en un momento de caos. El caos es la degeneración política de la anarquía. En un estado de anarquía no hay violencia generalizada, puesto que la sociedad tiene mecanismos para solucionar los conflictos. Sin embargo cuando los grupos son más grandes que unos 200 individuos, se hace necesaria una organización y si esta falla, lo que se produce es el caos y en medio del caos, se produce la violencia. Cuando uno de los grupos que lucha por dominar al resto se impone, surge el Estado, no porque se restablezca el orden (es decir, la anarquía) sino porque ese grupo ejerce el monopolio de la violencia como elemento de dominio. Las sociedades estatales solo aceptan la violencia ejercida por parte del Estado como violencia legítima, el resto es terrorismo, delincuencia…

Si analizamos la Historia podemos ver que todos los Estados han surgido después de una época de caos. Los primeros Estados surgen cuando las sociedades prehistóricas, organizadas en tribus, en clanes… que se unían federalmente entre sí, degeneran por el motivo que sea (probablemente, por una crisis económica o simplemente por la acción negligente de sus líderes, que eran unos primus inter pares en estos momentos) y se produce el caos. En medio del caos, el Estado encarnado en el príncipe, establece el orden, que no es el orden natural, sino un orden artificial, ficticio, que en el fondo es el dominio de esa facción o ese individuo. Se establece la paz, pero la paz del cementerio. Lo mismo ocurre con los Estados feudales, surgidos del colapso del Estado esclavista, siendo el capitalismo una evolución del feudalismo, dentro de la corriente de privatizar el Estado. Una cosa es abolir el Estado mediante su colectivización, y otra abolirlo mediante su privatización, siendo en el segundo caso el resultado de que los grupos que dominan a la sociedad ya se sienten tan fuertes que no necesitan siquiera el parapeto ideológico del Estado para dominar al resto. El llamado anarco-capitalismo no es restablecer el orden natural anarquista, puesto que habría dominación de unos sobre otros, en este caso, organizados en corporaciones para dominar a sus semejantes, que serían como Estados privados.

046Los Estados liberales actuales, al servicio de la burguesía, que simplemente desplazan a la nobleza y el clero como clases dominantes, surgen del caos, de lo que se llamó “el terror” durante la Revolución Francesa y que, maliciosamente, en lugar de llamarle por su nombre, el caos, se le llamo “anarquía”, para legitimar que el Estado napoleónico, lo que venía a establecer era el orden. Los mal llamados Estados comunistas, que no son sino Estados capitalistas pero con otra variante del capitalismo, también surgen del caos, en este caso, del “terror rojo” de la Revolución Rusa. En definitiva cualquier Estado en el que pensemos, siempre tendrá su origen en la dominación de un grupo del resto de la sociedad, y su triunfo se produce en medio del caos. Por eso, cuando no existe, lo primero que se hace es provocar el caos, ya sea agitando a las masas, ya sea dando un golpe de Estado… el actual Estado español surge del caos de la guerra civil de 1936, aunque fuese reformado en 1978. Cuando un grupo domina a su propio pueblo, lo que crea es un Estado. Cuando, además de a su propio pueblo, domina a otros, lo que surge es un Imperio. Esto es así desde la Antigüedad, con los Imperios de Mesopotamia, de Egipto, el Imperio de Alejandro Magno, el Imperio Romano… será igual con los imperios coloniales y hoy en día, esos imperios, más que políticos, son económicos. Los bancos alemanes dominan a los bancos españoles, y los bancos españoles son los que financian a los partidos políticos, por lo tanto, controlan en la sombra el Gobierno de España. En la práctica somos una colonia, pero mucho más sutilmente que antes. El capitalismo global actual es el sistema de dominación más perfecto de los existentes hasta la fecha y su principal estrategia es acabar con la identidad y la cultura, que todos vistamos igual, hablemos la misma lengua, escuchemos la misma música, veamos los mismos programas, comamos la misma comida… y de esa forma perdamos nuestra identidad y seamos más fácilmente dominables, pues si se pierde la identidad, se pierde el amor propio.

Llegados a este punto, cabe preguntarse ¿cómo aprendió el hombre a dominar a otros hombres? Sin duda fue un proceso largo a través de los siglos, que comienza en el Neolítico y cristaliza con la aparición del Estado. Desde entonces, lo que ha hecho es perfeccionarse para que la dominación sea más perfecta y más sutil. El primero de estos pasos, fue dominar a otros animales. El ser humano en el Paleolítico cazaba para sobrevivir y tenía un gran respeto hacia el resto de animales, se cubría con sus pieles y representaba a los poderes sagrados como animales, asombrado por la fuerza de estos. Supo darse cuenta, intuir, que los animales tenían alma como él, y los albores de la religión son precisamente esto, el animismo. Es la religión más primitiva de todas, el intuir que todas las cosas tienen un espíritu y que hay grandes espíritus en la Naturaleza que, cuando la cultura se desarrolle, cada pueblo entenderá a su manera y surgirán los Dioses.

Esto quiere decir que hace miles de años, el respeto hacia el resto de animales era absoluto. El ser humano se sentía como lo que es, como un animal más. Respetaba las plantas, a los animales… en definitiva respetaba a la Naturaleza, consciente de que es parte de ella y de que el equilibrio natural es lo que hace que exista la vida, que roto el equilibrio, el hombre podría extinguirse como especie. La relación entre el ser humano y los demás animales, era en aquel momento la natural, es decir, de simbiosis. Lo que hoy llamaríamos mascotas o animales de compañía tenían esa relación con los hombres. Un cachorro de lobo, criado entre hombres, al crecer defendería a su familia, y así surgen los animales domésticos. El ser humano obtenía así protección, defensa… y el animal, alimento y protección del humano. No era una relación “amo-mascota”, el hombre no era dueño del animal, era su compañero. La amistad y el amor sincero entre hombres y animales, es algo que cualquier persona que conviva con animales conoce. Del mismo modo, a la hora de cazar, el hombre como animal carnívoro cazaba a otros animales para comer y se surtía de su piel, de sus huesos… de todo lo que pudiera aprovechar del animal, en cierto sentido, su alma, su espíritu, era absorbido por el hombre. Matar a un animal para comer, por necesidad, era entendido como un sacrificio: había que entregar una vida para mantener otras. Así funciona en la naturaleza, unos comen y otros son comidos. El respeto pues, por los animales, era absoluto. La idea de miles de animales enjaulados, sobrealimentados, hormonados y llevados a mataderos industriales para ser procesados como un mero producto de consumo, despojados de su dignidad, probablemente habría hecho vomitar a un cazador del Paleolítico. Cuando el ser humano sintió carencias y necesidad de más alimento, por crecer su población, desarrolla la agricultura y la ganadería, frente a la recolección y la caza tradicionales. Es en este momento cuando surge el Neolítico y el hombre se hace sedentario, en la revolución más grande y transcendente de la Historia de la Humanidad. Sin embargo en este momento la relación de simbiosis se ve truncada y los animales empiezan a ser cosificados. Es en ese momento cuando se cruza artificialmente a unas razas con otras, en un proceso de ingeniería genética, que da como resultado razas más “domesticables”. Este mismo proceso que ahora los enemigos de la Humanidad pretenden hacer con los seres humanos.

Ovejas lobosNo es que la ganadería sea mala, no se malinterpreten mis palabras, lo que es perverso es el cómo se trata a los animales, que poco a poco dejan de ser vistos como iguales y pasan a ser mercancía. Como ganado es como tratan de tratarnos a los seres humanos ahora. Cuando el ser humano aprendió a dominar a otras especies animales, dio el primer paso en su aprendizaje de dominación para dominar a individuos de su propia especie. El siguiente paso fue aprender a dominar a uno de los sexos. Cuando las sociedades humanas, ya estratificadas y jerarquizadas, pero aún no estatales, desarrollaron el sistema que se ha ido llamar patriarcal, se produce una cosificación de la mujer como antes se había producido de los animales. Es el paso decisivo en el que el ser humano aprende a dominar a un individuo de su misma especie, por lo que la dominación de la mujer es el origen de todas las dominaciones sociales, desde las de clase hasta las dominaciones imperialistas sobre otros pueblos. Ahora bien, la culpa de esta dominación no es del varón, es del grupo dominante que somete a la mujer.

Este sometimiento no es exclusivamente por la fuerza, sino que se crea una estructura ideológica para dominar a la mujer, para domesticarla, como se había hecho con los animales. El maltrato a la mujer es consecuencia del sadismo de algunos individuos, del mismo modo que el maltrato a los animales, pero es la consecuencia de una ideología que menosprecia a la hembra, la cual pasa a ser propiedad del varón, en lugar de ser lo que había sido anteriormente, su compañera. Al igual que con los animales, se pasa de una relación de simbiosis entre los dos sexos, a una relación de dominación, totalmente antinatural. Llegados a este punto, conviene aclarar una cosa. El hombre y la mujer no son iguales, del mismo modo que el ser humano no es igual que el resto de animales. Esta desigualdad no implica superioridad de un sexo sobre el otro, sencillamente es algo natural, se llama dimorfismo sexual, es propia de nuestra especie y de otras muchas. Las teorías feministas radicales, en el fondo, lo que provocan es un antagonismo falso entre hombres y mujeres, porque pretenden masculinizar a las mujeres y feminizar a los hombres, enfrentar a los sexos cuando ambos son complementarios y no es el varón el opresor de la mujer, como no es el ser humano el opresor de otros animales, ni el hombre blanco el opresor de otras razas, es el sistema de dominación instaurado el que domina a unos y a otros. En lugar de acabar con la dominación de la mujer, pretenden crear una guerra de sexos cuando no la supremacía de la hembra, el hembrismo, tan antinatural y asqueroso como el machismo. Hombres y mujeres somos equivalentes, es decir, valemos lo mismo, y como tal merecemos la misma dignidad y los mismos derechos, pero no somos iguales. Si lo fuéramos, la reproducción sería imposible, entre otras cosas.

Así mismo, yo rechazo las teorías animalistas radicales, el veganismo llevado al extremo de considerar asesinos a los que comemos carne y otras tantas estupideces que suelen decir. Considerar iguales a los animales, en un sentido total, y por lo tanto, depositarios de los mismos derechos que el ser humano, no tiene ningún sentido, pero menos aún lo tiene comparar lo que ellos llaman “especismo” con el racismo. Nos llevaría al absurdo, si obráramos de esa forma, de legalizar la zoofilia (sino hay discriminación entre especies, nadie tendría derecho a negarle a un hombre el derecho de amar a una cierva y querer hacerle el amor, mientras la cierva no niegue el consentimiento, que entonces sería una violación, claro), concederles derechos políticos a los perros, aunque quizás nos iría mejor con un Presidente del Gobierno que fuese un gato o un caballo… y por supuesto, condenar por asesinato a cada león que cace a una gacela. Entiendo que haya gente vegetariana o vegana porque rechaza las condiciones en las que son tratados los animales y no quiere ser cómplice de ello. Lo respeto, aunque no lo comparto, pues creo que no soluciona el problema de la alimentación y, hasta que podamos solucionarlo, si nos ponemos a pensar en la moralidad de lo que consumimos, no consumiríamos tampoco plantas ni prácticamente podríamos consumir nada. Rechazo las teorías animalistas radicales, como las teorías feministas radicales (no así el feminismo del siglo XIX, de las sufragistas, de Seneca Falls, de Olimpia de Gouges, de Clara Campoamor… y de tantas otras, ni movimientos animalistas como los destinados a abolir la tauromaquia o el maltrato animal y tantas salvajadas que se hacen, a día de hoy, contra los animales, fruto del sadismo y el garrulismo de las masas embrutecidas) del mismo modo que rechazo abolir el Estado poniendo bombas, porque lo que saldría de ahí no sería el fin de la dominación, sino el caos, embrión de una dominación mayor o de diferente cariz, pero de la misma naturaleza.

Volviendo a la dominación de las mujeres, lo realmente interesante es preguntarse por qué se produce, cosa que raramente se suelen preguntar las feministas, más preocupadas de lo superficial o de destrozar el lenguaje con feminismos artificiales como “médica”, “presidenta”, “jueza”…, cuando no de criminalizar al varón, que de ir a la raíz del problema. En un primer momento, es lógico que existiese y que exista, cierto paternalismo hacia las mujeres, por la sencilla razón de que son ellas las que pueden parir. Dotadas de menor fuerza física pero de mayor resistencia al dolor, la capacidad reproductiva de las mujeres también es menor que la de los hombres (una mujer puede parir un número limitado de hijos sanos y cada parto la deteriora y, sobre todo en las condiciones sanitarias del Paleolítico, pone su vida en riesgo; mientras que el hombre puede inseminar a cuantas hembras sea capaz de cortejar, pudiendo tener, en el plano teórico, cientos o miles de hijos). Esto hizo que en los primeros grupos humanos la mujer se dedicase a la recolección pero no se la expusiese al peligro de la caza.

mujer-prehistoricaRecolectando y cuidando a los hijos, una mujer podía ser atacada por cualquier animal, pero sin duda era un riesgo mucho menor que la caza mayor. La mayoría de los recursos de los que el grupo humano vivía, procedían de la recolección. Sin embargo, la caza de un mamut o de una gran pieza, aseguraba la supervivencia para un largo periodo de tiempo, quizás, con un gran animal cazado, el clan tendría carne para todo un invierno. Esto hizo que el cazador tuviera, con el paso del tiempo, más prestigio social que la recolectora. Cuando se producen los primeros enfrentamientos entre grupos humanos, cuando nace la guerra, serán los cazadores, que saben usar arcos, flechas, lanzas, mazas… los que vayan a la guerra, del mismo modo no se expone a la mujer al riesgo tan alto como ese porque del hecho de tener mujeres fértiles o no tenerlas, depende la supervivencia del grupo. El cazador se convierte en guerrero y el prestigio del guerrero será mayor que el del campesino agricultor, del mismo modo que el cazador tenía más prestigio que la recolectora. Esto, durante milenios, hizo que se construyera la virilidad alrededor de atributos como la fuerza, la habilidad con las armas… mientras que lo femenino se asociara al cuidado de los hijos y a la protección del hogar. Sin embargo, esto era un mero reparto de funciones por las características del grupo humano y por la necesidad de proteger a aquellas que podían alumbrar hijos. El sistema de dominación surge cuando un grupo se da cuenta de que dominar a la mujer es dominar su útero, por lo tanto dominar la “producción de mano de obra”, dando el primer paso para dominar al grupo humano. De esta forma vemos, que la dominación de la mujer es inhumana y que no solo atenta contra el sexo femenino, sino contra los varones también. La estrategia para dominar a las mujeres será la misma que para dominar a los animales, se las domestica, se las menosprecia y se las reduce sólo a su condición de madres o ni tan siquiera eso, de reproductoras, no solo biológicamente, sino reproductoras del orden social y de la ideología imperante, pues son las que educan a los hijos. Cuando la mujer pasa a tener un papel secundario socialmente, deja de ser sacerdotisa, de ocupar posiciones altas en la sociedad… Es el primer paso para la tiranía.

No es casual que cuanto más libre es un pueblo, más igualdad social exista entre hombres y mujeres dentro de este. No hay más que comprar la situación de una mujer asiria con la de una mujer griega o romana, o de una mujer griega con una celta o germana. A día de hoy, una mujer europea con una mujer de Afganistán. De esta forma, una vez el grupo dirigente aprende a dominar a la mujer, el siguiente paso, y usando los mismos métodos, será dominar a los artesanos, los campesinos… creando un sistema de castas, con la casta guerrera y sacerdotal como dominantes. Si antes, cada campesino tenía en una mano el arado y en la otra la espada, siendo guerrero en tiempos de guerra y campesino en tiempos de paz, ahora habrá un ejército mercenario al servicio del líder y se prohibirá a los ciudadanos ir armados, como corresponde a su condición de hombres libres. Si antes la religión era libre, ahora habrá una casta que fije dogmas y domine las conciencias vetando las discrepancias y arrojándose como únicos intérpretes de lo sagrado, cortando la relación natural entre los dioses y los hombres, legitimando religiosamente esta dominación antinatural. Surge el Estado teocrático, que es la expresión de la dominación de unas clases sociales sobre otras. El último paso es que estos Estados conquisten otros pueblos, y dominen sobre ellos, naciendo los Imperios. Esta dominación podemos apreciarla en la religión, pues mientras que un pueblo libre tendrá una relación mucho más cercana con sus dioses, será politeísta y tendrá en sus mitos una visión de su propia cultura y su propia sociedad (los dioses griegos se reúnen en asamblea presididos por Zeus, los dioses germanos se reúnen en thing presididos por Odín…), a medida que la dominación esté más implantada, se presentará una visión cada vez más deformada de los dioses, a los que los hombres ya no adoran desde una perspectiva cercana, sino porque los temen y, finalmente, se dará el paso definitivo que es reflejo religioso de la mayor de las tiranías en lo político, el monoteísmo.

Además de las creencias, la filosofía y los valores que transmite, hay que tener en cuenta que una religión es, y sobre todo era, antes de la aparición del monoteísmo, una cuestión identitaria. Las religiones eran étnicas, propias de cada pueblo, por lo que, aparte de implantar la ideología que legitima la dominación, el monoteísmo tenía como misión, quizás más importante, acabar con la identidad de los pueblos. Más importante que el hecho de si la Divinidad es múltiple o existe un Dios único con muchas formas, que sería un debate filosófico o teológico, el monoteísmo recalca que ese Dios único es universal y que todos los demás dioses o bien son demonios o bien son santos. Sino puede asimilarlos, los combate. Por lo tanto, los que adoran a otros dioses que son ese supuesto Dios único, están equivocados y hay que convencerlos de que abandonen “el mal camino” y adoren al Dios único y verdadero, que es “el camino, la verdad y la vida”.

La manera de convencer a los demás de que abandonen sus creencias por la fe “verdadera”, es primero asustarlos, creando el concepto de pecado y del miedo al Infierno, o dicho de otro modo, el concepto de salvación. Solo se salvarán aquellos que sigan “el buen camino”, que sólo es uno, llevando los demás a la condenación. Si esto no funciona, se inventa la “guerra santa” y se conquista a punta de espada lo que es imposible de conquistar mediante la razón. Todos los Imperios trataron de implantar el monoteísmo cuando una crisis hizo que su poder coercitivo normal se tambaleara, conscientes de que es mucho más efectivo dominar a la gente mediante la conciencia que mediante la fuerza, ya que mediante la fuerza, el dominado puede, en un momento dado, tener más fuerza que tú y levantarse, pero difícilmente se va a levantar contra sí mismo si está convencido de que el orden social es justo y sobre todo, es voluntad divina. Así pues, el Imperio Egipcio trató de crear lo que podíamos llamar el Atenismo, el culto a Atón. La llamada, dado que fracasó, “herejía de Amarna”, pero que de haber triunfado, hubiera sido la “ortodoxia”. Sin embargo el pueblo que implantó por primera vez un monoteísmo fue el pueblo hebreo, creando el judaísmo. El pueblo hebreo, como todos los pueblos de Mesopotamia, eran politeístas en sus comienzos. La Biblia está llena de referencias a que los israelitas adoraban a muchos dioses, pero en un momento dado el clero de uno de ellos, Yavhé, se volvió más fuerte e implantó una monolatría, paso previo al monoteísmo, que existen varios dioses, pero sólo se debe rezar a uno. Es entonces cuando se escribe el Antiguo Testamento, y obviamente se llamará “ídolos” o se tachará de dioses extranjeros al resto de dioses que adoraban los israelitas, pero el texto bíblico está lleno de referencias, eso sí, indignándose por ello, de que se adoraba a otros dioses en el Templo de Jerusalén. El yavismo, la monolatría de Yavhé, convierte a Yavhé en el dios nacional de Israel, pero no es propiamente un monoteísmo, pues considera que el resto de pueblos tienen sus dioses. Cuando se fijan unos dogmas, cuando ese yavismo se convierte en una religión revelada (atribuyendo a Moisés esta revelación), nace el judaísmo, influido por el atenismo en sus vecinos egipcios y por el mazdeísmo de sus vecinos persas. Al ser una religión del Medio Oriente, de la misma raíz que la babilonia, sumeria, asiria… el concepto de pecado, de salvación, la visión maniquea entre el bien y el mal y toda la mitología judía será la misma, aunque adaptada al monoteísmo, que la de sus vecinos, mucho más poderosos que ellos, que eran una insignificante nación de pastores entre grandes imperios.

judaismo-7El judaísmo nace para legitimar el orden social, en cierta medida liberador, de Nehemías y Esdrás, pero legitima otros aspectos de ese orden social, como la dominación de la mujer y elimina a la Diosa Madre hebrea, Ashera, equivalente hebrea a la Astarté cananea, a la Isthar babilonia, a la Aset egipcia (llamada Isis por los griegos y romanos) o a la Innana sumeria. También legitima la hierocracia, el gobierno de la casta sacerdotal, por lo que no hay reyes divinizados ni reyes por la gracia de Dios, sino que el pueblo de Israel es el “pueblo elegido” que hace una alianza, un pacto, con Dios… cuyos intérpretes, son los sacerdotes. Esto no hubiera tenido mayor transcendencia histórica sino fuera porque un hombre, Pablo de Tarso, judío con ciudadanía romana, el cual, entre otras cosas, era un completo misógino, decide convertirse a una de las sectas judías, la de los nazarenos, pero ve en ella una posible religión del Imperio. Es en ese momento cuando se admite que los gentiles pueden ser nazarenos, rompiendo el concepto étnico e identitario de la religión judía, y cuando el profeta de esta secta, Yeshua ben Yosef, considerado Mesías, es llamado “ungido” en griego, Χριστός (Cristós) y se inventa el dogma de la Resurrección, que hasta entonces no existía. Esta secta pasa a llamarse cristianismo (aunque más bien habría que llamarlos paulistas, pues es Pablo de Tarso el que transforma la secta de los nazarenos hasta convertirlos en una religión diferente) y se diviniza a Yeshua ben Yosef, es decir, Jesús hijo de José, o Jesús de Nazaret (de ahí el nombre de nazarenos), rompiendo con el judaísmo. Si hablamos de Roma hemos de decir que, políticamente, el Imperio es una degeneración de la República. Cuando, como siglos antes les había pasado a los egipcios, se produce una crisis que hace tambalear esa estructura de dominación que era el Imperio, se tratará de tender hacia el monoteísmo. El intento de divinizar a los Césares, el culto al Divino Augusto, es el primer paso. El culto solar a Helios como único dios, persiguiendo el culto a los demás dioses, fracasó durante el reinado de Heliogábalo, pero es un calco de lo que intentó hacer Akhenatón en Egipto.

El Imperio Romano, como todos los Imperios, fue un Estado que, aparte de dominar a su propio pueblo, los romanos, dominó a muchos otros (celtas, germanos, egipcios, númidas, griegos…) por lo que era necesario una ideología que legitimase ese dominio y esa unidad imperial que, a diferencia de una unión federal (como eran las confederaciones tribales celtas o germanas, o las ligas griegas contra los persas) se basaba en la fuerza. Que todos hablasen la misma lengua, el latín, y adorasen a un mismo dios, era la forma de borrar la identidad de estos pueblos, para que fuesen súbditos del Imperio. Lo primero se había producido de forma natural, el latín se había ido imponiendo por ser la lengua oficial, aunque el griego y otras, en menor medida, se seguían hablando. En cambio, lo referente a la religión, sería más complicado de lograr. En el siglo III se produjeron muchas influencias orientales en el Imperio, puesto que políticamente ya se parecía más al despotismo oriental de los imperios asiáticos que a la forma política tradicional de los pueblos europeos, siempre mucho más libres. Aparte del ceremonial entorno al César, que pasó de ser el Princeps a ser el Dominus, se divinizó su figura mucho más. Muchos dioses orientales, como Mitra o Cibeles, empiezan a ser adorados en el Imperio… y lo mismo ocurre con el cristianismo, pues había judíos dispersos por todo el Imperio, y fue cuestión de tiempo que las sinagogas cristianas admitiesen a gentiles y, en un momento de miseria, se valiesen de la “caridad cristiana” (que en aquel momento, era solo entre los cristianos) para que todos los hambrientos se bautizaran a cambio comida u otras asistencias sociales.

Tras el concilio de Nicea, se fija la ortodoxia católica, es decir, universal y se convierte el cristianismo en la religión oficial del Imperio, en un claro intento de eliminar la identidad de los pueblos que dominaban. Ser romano pasó a ser sinónimo de ser cristiano, pues el cristianismo se romanizó y adoptó las formas y la liturgia de la religión romana. Dicho de otro modo, el cristianismo romano del siglo IV no era sino la judaización de la religión romana. En el arte paleocristiano se aprecia perfectamente esto. Por eso los pueblos germanos, para entrar el Imperio, tendrán que adoptar el cristianismo… pero muchos de ellos, como los visigodos, se harán arrianos y no católicos, pues de esta forma mantuvieron su identidad dentro del Imperio. Como lo natural en el ser humano es el tribalismo, es tener una identidad, el intento homogeneizador de una sola religión universal fracasó. La idea “un Dios, un Imperio y un Emperador” se quebró cuando el Imperio Romano quedó dividido en dos. Cuando cae el Imperio de Occidente, le sucede la Iglesia de Roma. Los obispos suceden a los funcionarios civiles y el Papa al Emperador y la cultura de Roma, aunque judaizada, sobrevive en los monasterios. No es casual que el primer cisma cristiano sea entre Oriente y Occidente, entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa.

Así pues, una de las vertientes orientales del cristianismo unitario, frente al trinitario oficial, será la que con el tiempo derive en Arabia al Islam, que nace con la misma intención, legitimar un gran Imperio y eliminar la identidad de los pueblos, empezando por el propio pueblo árabe, pues el islamismo arrasa a los dioses árabes y solo tendrá respeto por las “gentes del Libro”, es decir, cristianos, judíos y mazdeístas, los otros dos monoteísmos abrahámicos y el monoteísmo persa, pero arrasando a los llamados paganos allí donde los encuentra. El monoteísmo pues era el primer paso para acabar con la cultura de los pueblos, siendo el siguiente paso el individualismo propio del capitalismo liberal, que pretende acabar con el sentido comunitario y el materialismo tanto del capitalismo como de ideologías supuestamente anticapitalistas, que son el último paso para acabar con la identidad y reducir al ser humano a un simple factor en la producción, a un miembro más de una cadena de montaje, sustituible en cualquier momento por otro, en simple mano de obra, en un robot sin alma. Sin embargo como el ser humano es tribal por naturaleza, el intento antinatural del monoteísmo fracasó y el Cristianismo y el Islam han sido simplemente un barniz, muy agresivo a veces, sobre la espiritualidad de los pueblos que ha dominado. Así pues, los árabes han seguido creyendo en genios y convertido en ángeles a los antiguos dioses, y los cristianos europeos han seguido celebrando los ciclos naturales y las fiestas tradicionales, solo que cristianizadas. En última instancia, más allá de las implicaciones espirituales, la religión ha seguido siendo, por encima de cualquier otra cosa, un factor identitario.

burcasAsí pues, se asocia lo árabe con lo musulmán, cuando lo cierto es que hay árabes cristianos, agnósticos, ateos… y en menor medida, pero debe haberlos también, los hay que aún creen en los antiguos dioses árabes, con el problema añadido de que, si el cristianismo ha sido un barniz para el alma europea, el islam ha sido como echar ácido al alma árabe, quedando mucho más dañada. Del mismo modo, durante la Edad Media, la Cristiandad, no era otra cosa que Europa. Cuando en España, durante la llamada Reconquista, los reinos del norte defendían la cruz, lo que realmente defendían era la Hispanidad, la Europeidad de esta Península. Cristo era más bien un símbolo, lo realmente importante era la cuestión de la identidad hispanogoda frente al invasor, que tras la fusión entre godos y romanos, unidos por la misma lengua, el mismo código legal y la misma fe, una vez Recaredo se convirtió al catolicismo (que los visigodos se hicieran católicos en Hispania y no antes fue lo que hizo que la fusión entre lo hispanorromano y lo germánico configurase la Hispanidad, siendo esa la matriz cultural de lo que luego sería España) era la fe cristiana el elemento identitario que se asociaba con lo hispano, lo europeo, frente a lo islámico y lo árabe. El mismo ejemplo lo tenemos en el primer cisma de la Iglesia, siendo el cristianismo católico el asociado al Imperio occidental, es decir, un cristianismo sobre un sustrato celta latinizado y germanizado; frente al catolicismo ortodoxo, asociado a lo griego más que a lo latino, y que luego se extenderá a los pueblos eslavos. Sabemos que griegos, romanos, celtas, germanos, eslavos… tenemos un mismo origen, que hace 20.000 años, éramos la misma tribu. Ese origen es la raza europea, pero en el imaginario colectivo medieval, esa unidad se identificaba con la Cristiandad. Por eso hoy muchos europeos defienden el cristianismo como un símbolo de identidad y lo sienten como propio, aunque piensan y actúan como paganos.

En el siglo XVI el protestantismo no será sino el intento de crear Iglesias nacionales, no controladas por el Papado, por lo que tendrá un fuerte componente nacionalista y, una vez más, identitario. En el caso de los países católicos, no se produce el cisma pero se toma el catolicismo como una cuestión nacional, plasmado esto en la aparición de la Iglesia Galicana en Francia o del regalismo en España, que si bien seguirán siendo católicas, querrán ser independientes del Papa. En el caso de España, el catolicismo era una cuestión de Estado más que de fe. Ser católico implicaba, por un lado, no ser moro ni judío. La diferencia entre “cristianos viejos” y “cristianos nuevos” era étnica y una cuestión de identidad, puesto que incluso el Papado recriminaba que iba contra la fe católica hacer tales distinciones. Así mismo, la política exterior del Imperio Español era defender el catolicismo frente al “infiel” turco y los “herejes” de los Países Bajos e Inglaterra, o dicho de otra forma, la supremacía frente al otro imperio mediterráneo (el Imperio Otomano) y el otro imperio atlántico (Gran Bretaña), siendo la religión una mera excusa. El mismo caso lo tenemos en Irlanda, donde el nacionalismo irlandés está asociado al catolicismo mientras que el unionismo lo está al protestantismo, siendo la religión una cuestión de identidad y siendo totalmente secundaria la fe. En el caso de España, los nacionalismos periféricos vasco y catalán, en origen, son una reacción integrista católica frente al liberalismo español, no siendo casual que en ambos territorios tuviera tanta fuerza el carlismo antes de la aparición del nacionalismo. Lo que había de fondo es que el nacionalismo español de raíz liberal era profundamente castellanista, y en ambos territorios, de etnia no castellana y con lenguas diferentes al castellano, surge una reacción identitaria en la que, una vez más, la religión es una excusa. En los países islámicos, la diferencia entre suníes y chiíes suele ser más étnica que religiosa.

Otro caso similar ocurre con los gitanos en España, pues al ser la única etnia no hispana que habita la Península Ibérica, muchos de ellos están adoptando el evangelismo como un rasgo diferenciador, o los que son católicos tienen, casi todos, una cofradía específica. Rara es la ciudad que no tiene un Cristo de los gitanos. La razón es que se ha intentado muchas veces integrar en la nación española a un pueblo que no pertenece a ella, y lógicamente ha sido un fracaso. Aunque su DNI ponga que son españoles, aunque su lengua romaní casi se haya perdido, es evidente que no son parte de la nación y buscan marcar sus diferencias para evitar diluirse en la cultura española, entre ellas, aunque no la única, la diferencia religiosa. Así pues, aunque la idea monoteísta inicial era coger aspectos de todas las culturas de Europa y diluirlos para formar un gazpacho, siendo el judaísmo el agua que hacía la mezcla, la realidad es que el pueblo europeo ha seguido manteniendo su identidad y que el catolicismo de España es diferente del de Francia o Italia, del mismo modo que es radicalmente diferente al de América, bajo el cual están las religiones prehispánicas en algunos casos, y las religiones africanas traídas por los esclavos en otros. Del mismo modo, nada tiene que ver el islam marroquí con el islam sudanés ni el budismo tibetano con el budismo del sur de China (pues, en muchos aspectos, el budismo podríamos considerarlo el cristianismo de Asia). La lucha pues, hoy como hace 1600 años, es por defender la identidad. En un mundo globalizado como este, la lucha es mucho más dura que la que tuvieron que tener nuestros antepasados y esa es la razón por la que los que somos fieles a las religiones nativas europeas, no debemos ser beligerantes con aquellos cristianos europeos que, aun diciéndose tales, en su conducta y en su manera de ser, son respetuosos con nuestra fe y se comportan de acuerdo a los valores europeos, a nuestras Nueve Nobles Virtudes en el caso del odinismo. Tampoco debemos ser beligerantes con otros pueblos, debemos localizar bien al enemigo de nuestro tiempo, que es esa misma oligarquía mundial que ahora, gracias a la Globalización, es aún más fuerte, y es enemiga de los pueblos, de las razas, de las naciones, pues quiere destruir a todas.

Después de 1600 años de prácticas monoteístas, estas han seguido usándose en política incluso cuando la religión dejó de tener tanta importancia para los europeos. El dogmatismo, el pensarse en posesión de la verdad absoluta, el tachar de “hereje” o “infiel” al que no piensa como tú… es moneda corriente entre los diferentes partidos políticos que no son corrientes de pensamiento, son una cuestión de “nosotros” frente a “los otros”, y por lo tanto, las elecciones y los debates en los parlamentos son una farsa, todo es simple y llanamente una lucha partidista por el poder y las ideologías políticas dominantes, en la práctica, son como una religión monoteísta y llena de fanáticos ignorantes con la cabeza lavada que se aprenden la propaganda panfletaria como antaño se aprendían el catecismo. Durante la Revolución Francesa es cuando se produce la división artificial entre “izquierdas” y “derechas”, que no deja de ser una evolución de la división entre “católicos y protestantes” o entre “moros y cristianos”, puesto que simplemente hay matices entre una postura y otra, estando de acuerdo en lo fundamental y presentando como posturas antagónicas las dos corrientes del liberalismo. El liberalismo esclavizará pueblos en nombre de la libertad, como el cristianismo y el islam hacían guerras santas en nombre de la paz y el amor. Sustituirán el culto a Dios por el culto a “los mercados” y el dogma de la Santísima Trinidad por otros dogmas como la democracia liberal o la tolerancia. En lugar de los Diez Mandamientos están los postulados de Adam Smith o de Keynes y en lugar de inquisidores tienen “fiscales del odio”, que ya bo persiguen a los que niegan la virginidad de la Virgen María, sino a los que cuestionan verdades oficiales. La derecha dirá defender los valores, la tradición… y la izquierda la justicia social y los derechos de los trabajadores. Sin embargo, a un partido y a otro, los financian los mismos bancos, y los políticos profesionales de uno y otro lado, acaba en consejos de administración de las mismas multinacionales. Aparte de los dos grandes partidos, el sistema liberal consentirá pequeños partidos, sin opciones de gobernar, que en el fondo son iguales, pero dar un cierto aire de color a los parlamentos y aparentan pluralidad y democracia. Pero si alguno consigue ganar unas elecciones, cosa muy improbable dado que la misma élite domina las televisiones, los periódicos, las radios… y el sistema educativo, se sacan los tanques a la calle y se terminó.

gulagPor otro lado tenemos el marxismo, que es un cristianismo para ateos. Del mismo modo que el cristianismo pretende tener la verdad absoluta, el marxismo se considera el “socialismo científico”, siendo el resto de las “herejías” socialistas, “socialismo utópico”, cuando no elementos contrarrevolucionarios y siendo todo movimiento social que ellos no controlen, un movimiento social al servicio del capitalismo. Dicen defender a la clase obrera, teniendo una visión mesiánica de redención del género humano en una suerte de paraíso terrenal que será la llegada del Comunismo, entendido como fin de la Historia. Los últimos serán los primeros en el Reino de Karl Marx. En lugar de tener monasterios en donde se martirizaba a los monjes para redimir al género humano, tienen gulags. Todos se consideran marxistas, creen en Marx y su palabra plasmada en El Capital es sagrada (como todas las herejías se consideraban cristianas y creían en Cristo y los Evangelios) pero tienen muchas sectas: leninistas, maoístas, estalinistas, trotskistas… como los cristianos eran nestorianos, arrianos, pelagianos…

Predican la paz y la igualdad pero cuando llegan al poder, establecen un orden social igual de injusto que el que se supone que combaten. Hablan de libertad, pero cuando tienen el poder acaban con las libertades. Como los cristianos, practican el proselitismo y quieren convertir a todo el mundo a su fe, que es la fe verdadera. Si no pueden con la propaganda, con la AK-47. Dicen ser “internacionalistas”, es decir, defienden la última revolución de un país de África que no saben situar en el mapa, pero en España dicen “el Estado español”, porque les da vergüenza pronunciar el nombre de su país, o bien apoyan a cualquier movimiento independentista financiado por la burguesía capitalista, en nombre de la “lucha de la clase obrera”. Aman a todo el mundo, menos a su propia gente. Ante esto se podría decir, con buen criterio, que hay muchos marxistas buenos, que no todos piensan así… indudablemente, como hay muchos cristianos buenos que ponen vacunas o fundan escuelas en el Tercer Mundo, como Cáritas, que ayuda a los pobres o las monjas que hacen magdalenas son gente estupenda, pero eso no quita que el sistema ideológico que les sustenta, sea monstruoso. Durante siglos la Iglesia tachaba de paganos o herejes a todos aquellos que no estuvieran de acuerdo con su moral, y tanto unos como otros, eran satánicos. Tanto acusar a la gente de satanismo, muchos se lo llegaron a creer y surgió el satanismo como una anti-religión y la Iglesia de Satán de LaVey. Por moda, por llevar la contraria, por revelarse contra lo establecido… muchos jóvenes empezaron a usar símbolos satanistas, a ponerse cruces invertidas… a considerarse ellos mismos satánicos. A fuerza de que se lo dijeran tanto, muchos se llegaron a creer que eran algo que no eran. Así el satanismo tuvo cierto auge y aún hoy está de moda en ciertos círculos y sobre todo, a ciertas edades. No deja de ser una postura infantil y el satanismo solo se define por su anticristianismo, por aquello que no es. Dicho de otra manera, sin el cristianismo al que tanto odia, no tendría razón de ser. Es un cristianismo en negativo, puesto delante de un espejo… pero cristianismo al fin y al cabo. Lo mismo cabría decir de los llamados antifascistas con respecto al fascismo.

Del mismo modo que la Iglesia tachaba de satánicos a todos los disidentes y muchos se han creído que de verdad lo son, hacen misas negras, invocan a Satanás y le dan la vuelta a símbolos cristianos, la Iglesia ha acusado de ateos a los que les discutían sus verdades oficiales. Así pues, muchos se dicen ateos por rechazo a la Iglesia o al cristianismo y las religiones abrahámicas que conocen, pero en el fondo, con sus actos y su forma de ser y actuar, demuestran que sí tienen una espiritualidad. Su concepción de lo divino es diferente a la concepción monoteísta, y dado que no conocen otra, piensan que son ateos, pero no lo son. Otros efectivamente lo son pero son conscientes de que negar la Divinidad es un acto de fe, tanto como aceptarla, y respetan a los creyentes. Sin embargo hay un tercer grupo, que yo llamo anti-teos, que son más fanáticos que cualquier cristiano o musulmán integrista. Han creado una religión en negativo, niegan a la Divinidad pero tienen una creencia ciega, fanática y enfermiza en ese no-Dios. A menudo dirán cosas como que “creen en la ciencia”, como si la ciencia fuera incompatible con la religión… que por supuesto no lo es, al contrario, las Ciencias Naturales nos explican la Naturaleza, que nosotros sacralizamos, y las Ciencias Sociales nos explican cómo actúa la Humanidad, la Historia de nuestro pueblo… que también consideramos parte de nosotros y sagrada. Por lo que la ciencia, nos acerca a los Dioses. Sin embargo estos anti-teos creen en lo que ellos llaman “la ciencia”, que viene a ser dos o tres documentales que han visto, en la mayoría de los casos, como un dogma de fe, sin entender realmente las cosas. Creen en lo que les dicen los expertos, una suerte de sacerdotes modernos. El tertuliano profesional, el economista, el profesor universitario… se convierten para ellos en lo que el cura de su pueblo era para un campesino del siglo XIII.

A pesar de que la ciencia es un producto humano y como tal, lo que en la ciencia tomamos por una ley, no es inmutable, sino que cambia cuando otro investigador descubre algo que contradice o modifica lo que se tomaba, hasta ese momento, por cierto; a pesar de ello, estos anti-teos te miran por encima del hombro con una pretendida superioridad moral y un arrogancia bajo la cual, suele esconderse su profunda ignorancia, del mismo modo que los fanáticos religiosos. Suelen ser engreídos y pedantes, mentes adoctrinadas que desprecian aquello que se sale de su verdad y generalmente, este tipo de gente, suelen ser o bien defensores del capitalismo liberal o bien defensores del comunismo marxista, no es por casualidad que esto vaya de la mano. El argumento que suelen utilizar es que las religiones son una respuesta del ser humano al miedo que tiene a la muerte, por lo que se inventa una vida de ultra tumba. Del mismo modo, dicen que todo aquello que no se comprende, se le da una explicación mágica. Esto es erróneo porque, para empezar, las preguntas existenciales, entre ellas el sentido de la muerte o qué ocurre cuando morimos, no son exclusivas de la religión, es de hecho una cuestión filosófica. Un sistema religioso tiene una filosofía concreta y por lo general, una idea al respecto de esos asuntos, pero no todas las filosofías están dentro de un sistema religioso. Entre ellas, las filosofías ateas. El ateísmo no deja de tener su visión de ultratumba, el Olvido. Según su visión, al morir se produce la no existencia, lo que somos desaparece, no tenemos alma y se produce la disolución del Yo. Esto no deja de ser una visión de lo que ocurre después de morir, aunque sea pesimista, pero que tiene el mismo fundamento científico que la creencia en otra vida, en la reencarnación… es decir, ninguno. Es una simple creencia como cualquier otra, que ellos quieren imponer como la verdadera y ridiculizar otras visiones.

En cuanto a la magia, no es que aquello que se desconoce se le dé una explicación fantasiosa y cuando se conocen dejen de considerarse magia, es que no conocemos todo lo que ocurre en la Naturaleza o no podemos explicarlo, pero si podemos interrelacionar con esa fuerza natural que no conocemos. Cuando la ciencia nos lo explica, no deja de ser mágico. Por poner un ejemplo claro, la vida, la ciencia nos explica cómo surge ¿pero acaso deja de ser mágico por ello? Aunque el amor responda a impulsos celebrarles, a reacciones químicas… ¿no se produce magia cuando dos personas se enamoran? La ciencia nos explica la teoría del Big Bang como origen del universo ¿le quita eso algo de magia? El problema es el mal entendido racionalismo que desprecia los sentimientos desde una concepción materialista, pero aunque la razón pueda explicar por qué se producen los sentimientos, no podrá sentirlos. Si el marxismo es un cristianismo para ateos, también necesita obviamente su particular satanismo, en este caso, el nazismo. Hitler es tan necesario para el marxismo como Satán para el cristianismo y si en la Edad Media te acusaban de hereje, de pagano… ahora la acusación favorita cuando alguien se sale de lo políticamente correcto es acusarlo de nazi o de fascista. Para la derecha liberal, también está la acusación de terrorista, muy recurrente. Si te sales de lo políticamente correcto, la derecha te acusar de ser terrorista y la izquierda de ser nazi. En el caso de España, Franco es el Satán de la izquierda, y ETA el Satán de la derecha. Del mismo modo que ocurre con el satanismo, a fuerza de decirle “nazi”, muchos jóvenes se han creído que de verdad lo son y usan esvásticas o símbolos del Tercer Reich, cuyo significado desconocen, o repiten lemas panfletarios y dicen Sieg Heil sin saber lo que significa y sin haber leído siquiera el Mein Kampf o tener la más remota idea de lo que es el nacional socialismo. Para la derecha, luchar contra los desahucios o reunirte en la calle para hablar de política, te convierte en simpatizante de ETA. Para la izquierda marxista, llevar una camiseta de la selección española te convierte en un fascista. El nazismo y el fascismo son en la práctica, como el satanismo respecto al cristianismo, una reacción infantil y que no tendría razón de ser sin su ideología espejo. Es una ideología que se define en negativo: son antiliberales, antiparlamentarios, anticomunistas… con lo que si no existiese todo eso, no tendrían razón de ser. Lo único en positivo que son los fascistas, es nacionalistas, pero del mismo modo justifican ese nacionalismo exacerbado en enemigos internos y externos de la nación, por lo que si no existiesen dichos enemigos, su defensa no tendría sentido. Si el marxismo es una ideología de acción, aunque sea una acción nefasta, el fascismo es una ideología de reacción y también plantean una visión mesiánica del líder como salvador de la Patria.

Christian_communism_logo.svgComo he dicho del cristianismo y el marxismo, que haya fascistas que son gente estupenda y buenas personas, no contradice el hecho de que la ideología que los sustenta sea lo que es. La diferencia con el satanismo, es que ha habido Estados cristianos, Estados islámicos, Estados judíos, Estados liberales, Estados marxistas, Estados fascistas… pero nunca un Estado satánico. Si lo hubiese, no sería muy diferente, con respecto a un Estado cristiano, de lo que un Estado fascista lo es con respecto a un Estado marxista: teóricamente todo lo contrario, en la práctica exactamente igual. Todas estas ideologías totalitarias, que llevan siglos siendo el sustento de la dominación humana, tiene como origen, directa o indirectamente, el judaísmo. Ya sea porque se desgajan de él, ya sea porque sus fundadores son judíos, ya sea porque tienen su razón de ser en el anti-judaísmo. Es conveniente diferenciar entre semitas, hebreos, judíos y sionistas, porque con frecuencia se tacha de “antisemita” a todo aquel que critique, fundamentalmente, el sionismo, y las prácticas de los judíos.

Los pueblos semitas son muchos, los caldeos, los cananeos, también llamados fenicios, los árabes, los asirios, los babilonios, los amorreos… entre ellos, están los hebreos, pero no son los únicos, ni mucho menos. Por lo que, por ejemplo, en el conflicto entre israelíes y palestinos, los palestinos son árabes y, por lo tanto, semitas. Luego criticar al Estado de Israel, no puede ser, en ningún caso, antisemitismo. El judaísmo es una religión que nace dentro del pueblo hebreo, pero que por circunstancias se extiende a otros pueblos, por ejemplo en los etíopes, o los jázaros, que se convierten en masa al judaísmo en la Edad Media. Así pues, los judíos askenazíes, son descendientes de los jázaros, no son descendientes de los judíos de época bíblica, ni Palestina es su “tierra prometida”. El sionismo es el nacionalismo judío, nación que tiene una base religiosa, y sirve de sustento ideológico al Estado criminal de Israel.

Entender cómo funcionan las ideologías totalitarias, legitimadoras de la dominación, y que hoy están más presentes que nunca, no siendo sólo el cristianismo y el islam nuestro principal enemigo, como lo fueron en el pasado, es fundamental para poder defendernos frente al intento de acabar con la cultura y la espiritualidad de los europeos y en general, de todos los pueblos de la Tierra. Nos toca quizás la batalla más difícil de cuantas hayan librado nuestros ancestros. Nunca antes una generación de europeos vio tan amenazada su identidad como hoy y fue menos consciente del problema, porque nunca un sistema de dominación fue tan perfecto como este, tan sutil que la mayoría no saben que existe. Su mayor arma no son los ejércitos, ni las leyes, ni siquiera la pobreza a la que están conduciendo a los pueblos de Europa. Su mayor arma es el discurso y el eco mediático que su discurso tiene frente a otros. Debemos oponernos con todas nuestras fuerzas a la destrucción del pueblo europeo, su cultura y su identidad.

Así mismo debemos saber que el mismo destino les aguarda al resto de pueblos de la Tierra y no ser cómplices de su destrucción, solidarizándonos así mismo con ellos,pues tenemos un enemigo común. Esta ya no es sólo una guerra entre Europa y sus enemigos, lo es entre la Humanidad y quienes la quieren destruir, pero en esta ocasión, su estrategia no es dividir a los pueblos, es homogeneizar a todos en una sola Humanidad mestiza y sin arraigo, ni cultura, ni amor propio, en una gigantesca granja humana. La única manera que tenemos que vencer es amar nuestra identidad, aferrarnos a ella, y fomentar que el resto de pueblos hagan lo mismo. Así podremos marchar separados, pero combatir juntos.

José Manuel 

Jarl de Fauces de Tormenta

Delegado de la Comunidad Odinista de España-Ásatrú en Andalucía

LA FIGURA DEL LOBO Y LA TRADICIÓN GUERRERA DE LA HISPANIA CÉLTICA.

Introducción
Magia Guerrera y Licantropía.
La figura del Lobo
Vaelico.El dios Lobo de la mannerbünde
Conclusiones
Glosario
Bibliografía

RESUMEN: La tradición guerrera de la Hispania céltica, podrá mostrarnos y en paralelo con formas análogas de otros ámbitos del mundo indoeuropeo vinculados a las culturas de la Edad del Hierro, la existencia de un universo ritual, mágico e iniciático en el que la figura del lobo y su simbolismo, tendrán un papel preponderante. Estando éste asociado a la posibilidad de propiciar un especial arrebato, empuje o furor guerrero.

“Hay una enfermedad, que los médicos llaman manía lupina, que es tal que al que la padece, le parece que se ha convertido en lobo, y aúlla como lobo, y se junta con otros afectados del mismo mal, y andan en manadas por los campos y los montes, ladrando como perros y aullando como lobos; despedazan los árboles, matan a quienes se encuentran, y comen carne cruda de los muertos”.

Los trabajos de Persiles y Seguismunda.

Miguel de Cervantes.

Introducción:

El presente artículo está elaborado a partir del trabajo de tesis que hemos realizado sobre la tradición guerrera de la Hispania Céltica. En el mismo hemos desarrollado un apartado relativo al ámbito ritual, mágico e iniciático de las mannerbünde o cofradías guerreras. Encontrando aquí interesantes elementos relacionados con la figura del lobo y una suerte de licantropía mágica que por otro lado, podrá rastrearse en otros ámbitos de la céltica europea así como del antiguo mundo germánico. Este universo ritual de creencias mágicas relacionadas con la figura del lobo, será uno de los fundamentos del especial frenesí y arrebato con el que las fuentes clásicas, nos describen el estilo de lucha de los bárbaros del mundo céltico y del mundo germánico. Del mismo modo, dicho universo ritual de magia guerrera, nos remitirá a unos determinados dioses especialmente asociados a la magia y a la idea del furor de combate, así como a la idea de una clase especial de combatientes dentro de las propias élites guerreras. Clase especial de combatientes vinculada a dichos dioses, vinculada a la figura del lobo, y vinculada a esos rituales mágicos e iniciáticos propiciadores de la licantropía guerrera. Propiciadores del “furor”.

Este entramado ritual se englobará en un marco más amplio que avalaría desde el punto de vista ético y espiritual las pautas del combate de este tipo de guerreros. Estaríamos entrando aquí en el ámbito de un ethos heroico que tiene en el honor, el valor y la gloria los máximos referentes, así como en la muerte en combate, la máxima aspiración1.

Esta cuestión de la ética heroica no entraremos a desarrollarla aquí y será objeto de otro artículo, si bien debe ser mencionada para poder ubicar mínimamente el lugar de la magia guerrera en la concepción del mundo de la Hispania céltica.

Magia guerrera y Licantropía:

La primera imagen que parece poder obtenerse del mundo ritual de las cofradías guerreras o mannerbünde, nos señala un universo en el que la noche, la luna, el fuego, el lobo o el oso, junto con la ingestión de determinadas plantas o bebidas, jugarán un papel fundamental. Todo ello enmarcado en un ceremonial en el que a través de la inducción de un estado alterado de conciencia, el iniciado asume la adquisición de las facultades características de una bestia salvaje (Peralta Labrador 2000: 172-174, Eliade 1984, Dumézil 1971 y Graves 1994). Los miembros de las cofradías guerreras en virtud del ritual mágico, se convierten así en guerreros que practican una suerte de éxtasis o furor desencadenado, al que se asociará la idea de asumir o incorporar al “alma” facultades propias de animales salvajes como el oso o el lobo. Una licantropía guerrera que otorgaría una temible ferocidad y cuyos rasgos más característicos, parecerán poder recogerse en una cita clásica de Tácito (Germ, XLIII, 5) en la que se hace referencia a un pueblo guerrero denominado los “Hari”, y al que se retrata como un ejército de aspecto salvaje y tenebroso: “En cuanto a los Harios, aparte de su fuerza, en la que aventajan a los pueblos enumerados poco ha, truculentos de por sí, aumentan su innata ferocidad con tretas y ocasiones propicias, llevan escudos negros y los cuerpos pintados, escogen para combatir noches tenebrosas y sólo con el fantasmagórico pavor de este ejercito de espectros, siembran el terror”.

Una cita como ésta, no podemos evitar ponerla en relación con la citas de Apiano sobre lusitanos y vacceos, en las que bien podrían estar señalándose ideas análogas al indicarse como: “atacó Viriato con seis mil hombres con el tumulto y el griterío propio de los bárbaros y con el cabello largo, que suelen agitar en guerras frente al enemigo para infundir miedo” (Iber. 67). O como: “los jinetes de los bárbaros que habían salido antes de la llegada de Lúculo en busca de forraje, al no poder volver a la ciudad por causa del asedio de Lúculo, corrían alrededor de su campamento profiriendo aullidos (…) mientras que los de dentro les hacían eco. Por lo cual cundió entre los romanos un temor extraño” (Iber. 54).

La idea de guerreros frenéticos y de propiciar temor al enemigo se repite en los tres textos, tanto en el de Tácito como en los dos de Apiano, y dicha idea apunta directamente al mundo de la mannerbünde2 y sus rituales de iniciación y magia guerrera que son los que ciertamente, parecerán imprimir el estilo definitivo a la belicosidad “bárbara”. Por otra parte el hecho de que podamos encontrar esa analogía de ideas entre el mundo germánico y el mundo hispano céltico, no debiera extrañarnos. La idea de sociedades iniciáticas y guerreras puede rastrearse a lo largo y ancho de Europa, desde los itálicos arcaicos, hasta el mundo balto-eslavo, pasando por la Dacia, Irlanda o Grecia. Siendo una idea que nos remitirá a ese fondo común indoeuropeo, germen de todas estas culturas (Peralta Labrador 2000: 171-172). En este sentido la mitología irlandesa apuntará en la misma dirección cuando en el episodio del Robo del ganado de Cúailnge, el héroe irlandés Cú Chulainn experimenta entre monstruosas contorsiones un acceso de furia que amenaza con arrasar la capital misma del Ulster. Lo que se evitará gracias a la aparición de sus mujeres desnudas, lo que, por así decir, paraliza al héroe, momento que es aprovechado por los guerreros ulates para sumergirlo sucesivamente en

tres tinas de agua fría, hasta que le abandona la especie de furia desatada que lo embarga y recobra la calma (Montaner Frutos 2011: 225-226).

En todo caso nos encontramos con un mundo ritual que escenifica y al tiempo imprime el estilo y carácter de las mannerbünde, y que nos muestra el cariz y origen de ese “furor bárbaro”, asociándolo a estas sociedades iniciáticas y guerreras en las que las que la idea de la licantropía, como vamos a ver, jugará un papel esencial (fig.1).

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Es decir, esa magia guerrera a la que nos venimos refiriendo, estará fundamentalmente basada en ritos en los que las mascaras de animales, las vestiduras y pieles de lobo u oso, la ingestión de sustancias alucinógenas o bebidas embriagadoras, la posible ingestión de éstas mezcladas con la sangre, entrañas o grasas de esos animales-lobo u oso-así como el acompañamiento ceremonial con danza o músicas de ritmo repetitivo, en noches de especial significación, y entre guerreros que ejercen de oficiantes, provocará el estado de sugestión y trance que despertará la fuerza mágica del “furor” (Eliade 1984: 143-145 y Dumézil 1971: 188-195). Estado en el que los neófitos sentirían despertar en su interior las cualidades propias de la bestia predadora que han tomado por referente simbólico. Creen adquirir entonces su instinto, sus facultades, su ferocidad y resistencia, incorporando a su condición humana cualidades propias de animales salvajes. Cualidades propias de lobos u osos, convirtiéndose también de alguna manera, en miembros de una manada (Peralta Labrador 2000: 171-172) (fig. 2).
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Figura 2: Representación de un rito de magia guerrera y licantropía a partir de las ideas recogidas en este trabajo. Dibujo de Nuria Román.

Este tipo de rituales mágicos, crean así un tipo especial de guerreros. Una élite dentro de la propia élite guerrera a la que correspondería un determinado estilo o rasgos distintivos posiblemente asociados al color negro, la tonalidad oscura y la noche. Pues sociológicamente dichas tonalidades convendrían a guerreros que combaten con medios mágicos (González García 2007: 357-358). Guerreros que han incorporado elementos propios del ámbito mágico religioso a sus ritos y tácticas de combate, y se han convertido así en la forma más elevada y completa de guerrero. Todo ello auspiciado por la divinidad de la mannerbünde, garante de dicha magia guerrera, y divinidad predilecta del “guerrero consagrado”. Siendo aquí en el que sugerimos la conversión de la simple banda armada, en una suerte de “Orden Guerrera” poseedora de sus propios ritos iniciáticos y mágicos.

Es en este punto donde resultará altamente significativo traer a colación las interesantes referencias de Estrabón (III, 3, 6.) sobre como entre los pueblos que habitan en los márgenes del rió Duero, “hay algunos que viven al modo espartano (…) bañándose con agua fría, comiendo una sola vez al día, de forma mesurada y sencilla”, con un estilo sobrio y austero, “como de constante endurecimiento del cuerpo y el ánimo” (García y Bellido 1968: 119). Y del mismo modo, es ahora que cobran mayor sentido las saunas castreñas aparecidas en yacimientos como el de Ulaca en Solosancho (lám. I y II), dentro del ámbito vettón. Saunas de purificación mediante baños de vapor que nos estaría señalando ese nivel de “ascesis”, de forja y limpieza del alma, para un tipo especial de guerreros que llevan por decirlo así, “vida consagrada” (Almagro­Gorbea y Álvarez Sanchís 1993a y 1993b, Álvarez Sanchís 1999: 313-314, y Almagro­Gorbea y Moltó 1992).

lamina I

Lámina I: Sauna iniciática vettona de Ulaca. Solosancho, Ávila. (Según Álvarez Sanchís 2003: 268).

lamina II

Lámina II: Sauna iniciática lusitano galaica en el castro de Sanfins. Posiblemente representaría una entrada simbólica para el viaje al Más allá (Según Almagro­Gorbea 1997: 210).

Frente a estos guerreros de vida apartada y ascética, es inevitable plantearse esa idea de “Orden Guerrera” que hemos señalado anteriormente. De comunidades de guerreros formados y seleccionados conforme a la superación de un proceso de iniciación al que iría asociada una elevación espiritual, y a partir de ésta, una especial fuerza y poder mágico, así como autoridad y liderazgo. Estamos así en presencia de guerreros que sin apartarse de su función correspondiente, se elevan por encima de ésta, entrando en los ámbitos de la magia y la soberanía. La élite dentro de la propia élite guerrera, y el campo propicio desde el que desarrollar la idea de “jefaturas sagradas”, de jefaturas en las que se aúnan y refuerzan mutuamente por un lado, la fuerza del rito y la magia; y por otro lado, la fuerza de las armas.

Obviamente es desde esta perspectiva de “Orden Guerrera” que podremos dar mayor comprensión y calado al rito y la institución de la devotio, de los “consagrados” hasta la muerte a sus jefes. Incluyéndose entonces dicha institución de la devotio en todo el entramado ritual y mágico que venimos señalando3. Entramado que hay que entender como un pilar fundamental del mundo de las mannerbünde.

Aquí es imprescindible hacer una breve referencia a la divinidad tutelar de las mannerbünde. Al dios que sustenta la iniciación y magia guerrera así como la consagración de los hombres a su jefe. Divinidad que dentro del panteón general de dioses del mundo céltico y germánico e independientemente de su designación como Lug, Wotan, u Odín, acabará por ocupar un papel fundamental en la welstanchaaung de estos pueblos y culturas (Bernárdez 2002: 61-65 y Peralta Labrador 2000: 158-159).

De alguna manera las unidades “político-militares-religiosas” surgidas de una sociedad guerrera y de jefaturas, y la construcción definitiva de esa sociedad sobre el modelo de dichas unidades-la mannerbünde, druth o comitatus-acaban por hacer de la divinidad tutelar de las élites guerreras, la divinidad principal. En este sentido es sintomático como tanto Lug como Odín, por un lado tendrán un marcado carácter luminoso de fuerzas del Orden frente a las potencias del Caos, y sin embargo para ambos, habrá también y de acuerdo a su vinculación con las mannerbünde, una especial conexión con la muerte, el “furor guerrero” y el Más allá. Lo que les genera una paradójica “mistificación” de lo oscuro y fúnebre. Odín es así “Padre de los muertos”, “Dios de los colgados” y “Lobo del Combate” (Bernárdez 2000: 201), y Lug a su vez podría estar relacionado con la raíz indoeuropea lugu, que significa “negro” (Pokorny 1959)-de donde podría derivar quizás el castellano “lugubre”-así como con el galo lougos, que significa “cuervo” (Olivares Pedreño 2002: 207). Ambos dioses se les retrata de este modo como divinidades análogas, asociadas o acompañadas por cuervos y los lobos (Peralta Labrador 2000: 216-217)4, divinidades que pueden mostrarse como el dios terrible de las mannerbünde, señor del furor y la magia guerrera, así como conductor de los caídos en combate al Más allá.

Se hace relevante incidir aquí en el carácter mágico y funerario de la divinidad de la mannerbünde, dios de la muerte y del tránsito al Más allá, pero también de la magia guerrera. De una magia especialmente orientada hacia el combate, y que vinculada al “furor”, al frenesí en la lucha, estará íntimamente asociada, como podremos ver, a la figura del lobo. Del mismo modo entendemos que dicha divinidad estará unida a la institución de la devotio, de los guerreros unidos a su jefe con lazos inquebrantables, forjados por la divinidad de los cultos guerreros. Un dios de los lazos “sobrenaturales”, de la unión “mágica y espiritual” de la mannerbünde. El dios que liga a los guerreros en torno a su jefe, hasta la muerte (González García 2007: 424).

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Figura 4: Dibujo realizado a partir de la escena recogida en la estela de Zurita. Destacar el ritual de exposición del cadáver del caído en combate a los buitres, el caballo como símbolo de las élites guerreras, y las pieles de lobo como señal del mundo simbólico de las mannerbünde. Dibujo de Nuria Román.

Encontramos así que la cofradía guerrera no solo poseerá una dimensión ética y espiritual-dimensión que no entramos a desarrollar en este artículo pero que es parte fundamental de nuestro trabajo de tesis-sino que también poseerá una dimensión mágica y ritual. Un reverso mágico asociado al “furor desencadenado”, a la “licantropía guerrera” y el “miedo paralizante” que deja al enemigo inerme.

Nos encontraríamos de este modo con que en el mundo de las cofradías guerreras, habría también una parte importante vinculada con la magia y el manejo de “fuerzas invisibles” que se pliegan a la voluntad del “oficiante”, y propician la “transmutación” del simple guerrero, en un “guerrero-lobo”. Obviamente el escenario idóneo para trabajar, preparar y desarrollar tanto el vínculo entre el mundo guerrero y el mundo “de los héroes y los Dioses”, como esa licantropía mágica que venimos señalando, es la propia mannerbünde. La “cofradía guerrera”, los guerreros consagrados y puestos bajo la advocación de la divinidad protectora de la fratría-ese “Lug-Wotan-Odín” que hemos señalado anteriormente-y que será la divinidad de los guerreros furibundos, de esos guerreros-lobo (lám. III y fig. 3 y 4) que las posteriores sagas escandinavas llaman berserk, que ya siglos antes recogió Tácito al hablarnos de los Hari (Germ, XLIII, 5), y que quizás también estaría recogiendo Estrabón al hablarnos de la “rabia bestial” de los cántabros, astures y galaicos (III, 4, 17). De hecho el nombre de algunas tribus de celtíberos o cántabros parece hacer referencia a este tipo de mundo ritual y simbólico. Tal sería el caso de los Lobetanos celtibéricos, o de los Orgenomescos de Cantabria, cuyo nombre vendría a significar “los ebrios de matanza” (Peralta Labrador 2000: 121).

lamina III

Lámina III: Fíbula celtibérica de cabeza de Lobo. Garray (Soria) (Catálogo exposición Celúberos. Tras la estela de Numancia. Foto. 276. Museo Numantino: N 12829).

La interpretación que hacemos de esta licantropía mágica es así que el guerrero, podría fusionar su alma con la energía vital del carnassier, integrando ésta en sí mismo y adquiriendo entonces facultades aparentemente sobrehumanas: En la Ynglingasaga se nos dice de los “compañeros” de Odín que «marchaban sin coraza (…) eran fuertes como osos (…) y ni el hierro ni el acero podían con ellos” (Peralta Labrador 2000: 171). De alguna manera el guerrero no solo parecerá una bestia salvaje, un lobo o un oso, sino que en cierta medida y en virtud del ritual mágico, se comportará realmente como una bestia salvaje. Su “trance” guerrero exteriorizaría esa dimensión animal de su alma y las vestimentas o pinturas oscuras, las danzas, cánticos o aullidos, o las pieles de lobo cubriendo su cuerpo, no serían sino elementos de apoyo de esa metamorfosis. Estos “Hombres-lobo” de las culturas del Hierro, serán el origen de los Hombres-Lobo del folclore cuya tradición podremos encontrar, en el corazón mismo de la cultura popular de la Edad Media Europea (Lecounteaux: 1999).

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Figura 4: Dibujo realizado a partir de la escena recogida en la estela de Zurita. Destacar el ritual de exposición del cadáver del caído en combate a los buitres, el caballo como símbolo de las élites guerreras, y las pieles de lobo como señal del mundo simbólico de las mannerbünde. Dibujo de Nuria Román.

Vinculado a este planteamiento nos parece interesante señalar las pervivencias de la antigua cultura del Hierro en las regiones escandinavas y ya en épocas históricas, y reparar entonces en la figura de los guerreros berserk5 de las sagas vikingas. Éstos, son los guerreros consagrados a Odín, guerreros cargados de fuerza mágica que se encuentran más allá de los guerreros estrictamente limitados a la segunda función-a los que tutelaría Thor-y cuyo rasgo más característico sería la glotonería y los excesos con la bebida (García Quintela 1999: 201). En el berserk, el rasgo más característico es el “furor”, entrando en combate en un auténtico estado de trance, posiblemente inducido por ceremonias y brebajes embriagadores. Las sagas escandinavas nos los retratan en muchas ocasiones como invencibles e invulnerables, y dotados de fuerza sobrehumana (Bernárdez 2002: 198). Y si bien en principio parecerán una casta guerrera de orden superior consagrada a Odín y dotada de poderes mágicos, más tarde, y así los encontraremos recogidos en diversas sagas, quedarán tipificados simplemente como guerreros de ferocidad incontrolable y extrema, personajes negativos que deben mantenerse alejados de la comunidad (Bernárdez 2006: 11 y Dumézil 1971). En este sentido, el berserk que viaja retando a duelo a los campesinos para apoderarse de sus riquezas, sus tierras y sus esposas, se convertirá en un tópico de muchas sagas (Bernárdez 2006: 239).

En un célebre fragmento de la Ynglingasaga-capítulo VI-se nos dice de este tipo de guerreros, que estaban “hechos a la vida ruda como perros o como lobos. Mordían sus escudos (…) Masacraban a los hombres comunes (…) A esto se le llama furor de berserk» (Peralta Labrador 2000: 171). Y de igual manera en la Saga de Egil Skallagrimsson se nos habla de un berserk llamado Ljót que antes de un duelo “empezó a aullar horriblemente y a morder el escudo” (Bernárdez 2006: 240). En esta misma saga se nos habla de un guerrero llamado Úlf, cuyo lugarteniente era berserk, y que siendo un poderoso señor de tierras y ganados, durante el día era sabio y estimado, y al anochecer se volvía irritable y temible, diciéndose de él que podía cambiar de forma a voluntad. Recibiendo entonces el apodo de Kveld-Ulf, que significa “Lobo Nocturno” (Bernárdez 2006: 12). También en la Saga de Ásmund Matador de Guerreros, se nos dice que un guerrero llamado Hildibrand, “tenía la naturaleza de los berserk y le sobrevino la furia”, atravesando entonces arrollador las formaciones enemigas, resultando “fatal cruzarse en su camino” (Ibáñez Lluch 2007: 170). Y en la misma saga y más adelante se nos indica como en la hueste del propio Hildibrand, al conocerse la noticia de las victorias del héroe Ásmund “se produjo en la sala un gran estruendo por los aullidos de los berserk” (Ibáñez Lluch 2007: 180). En otra saga, la de Egil el Manco, unos berserk antes de atacar profieren aullidos y cogiendo prisionero a un contrincante, deciden sacrificarlo a Odín por su victoria (Ibáñez Lluch 2007: 79). Y en la Saga de Hjálmthér y Ölvir, cuando el rey Núdus ve que sus formaciones dan la espalda al enemigo, llama entonces a “sus hombres”, unos berserk, a los que “sobreviene el furor” y “se abren paso hiriendo y matando con ambas manos” (Ibáñez Lluch 2009: 160). Del mismo en la Saga de los habitantes del Vatnsdal se nos hablará de unos guerreros berserk que «rabian como perros y aúllan como lobos y mordían los bordes de sus escudos y caminaban descalzos por el fuego ardiente» (Ibáñez Lluch 2011)6… Es decir, y sin necesidad de traer más ejemplos a colación, el furor guerrero, los aullidos, la furia arrolladora, como rasgos fundamentales del guerrero berserk, del guerrero “vestido con piel de oso», “osuno” o “con fuerza interior de oso», que eso precisamente significaría berserk (Bernárdez 2000: 198)7.

Inevitablemente este tipo de guerreros, de casta guerrera consagrada a Odín, nos recordará la cita de Tácito sobre la “sociedad guerrera” de los Hari (Germ. XLIII, 5), y su “ejército fantasmal” de escudos negros y cuerpos pintados de negro, que paraliza de terror a sus enemigos.

En todo caso a nuestro parecer, en la figura del berserk lo que estaríamos encontrando y debemos destacar, sería un punto de conexión entre el mundo guerrero, y el mundo de la magia. Un escalón superior dentro de la posible evolución del guerrero que da lugar a una casta especial, que como en el caso de la figura del dios Odín, a atributos propios de la función guerrera, unirá facultades mágicas (Bernárdez 2002: 205-211). Poder mágico que convierte al simple guerrero, en un berserk, en una casta superior de guerreros que lucha presa de un furor irrefrenable y una aparente invulnerabilidad en la que jugará un papel importante tanto el miedo paralizante que se infringe al enemigo, como la idea del comportamiento animal. De la adquisición de la fiereza y rabia de grandes predadores, especialmente el oso y el lobo (fig. 5 y lám. IV y V).

El berserk tiene así cualidades guerreras y cualidades mágicas, y en él se actualizarían las más altas posibilidades de esa tutela que la divinidad de las mannerbünde, brinda a sus “juramentados”. Para el caso escandinavo dicha divinidad sería Odín, figura a nuestro parecer paradigmática de ese concepto de “dios de las mannerbünde”, que entenderemos será clave de la tradición guerrera, no ya de la Hispania céltica, sino del general de las culturas indoeuropeas de la Edad del Hierro. De alguna manera podría decirse que esos “guerreros consagrados” y sus correspondientes dioses y ritos, supondrán unos de los puntos álgidos de la welstanchaaung de estos pueblos.

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Lámina IV: Fíbula celtibérica con protomos de lobo (Catálogo exposición Celtíberos. Tras la estela de Numancia. Foto. 266. Museo Arqueológico Provincial de Cuenca: AA/78/4/211).

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Lámina V: Vasija de almacenamiento con decoración plástica de lobos que parece que muerden o lamen quizás un panel de miel. Roa de Duero (Burgos) (Catálogo exposición Celúberos. Tras la estela de Numancia. Foto. 274. Museo de Burgos: 9315/1).

Desde esta perspectiva que venimos repasando, cobrarán especial y renovado sentido las referencias ya traídas a colación de los guerreros lusitanos, que a decir de Apiano (Iber. 67) pretenden infundir miedo a sus enemigos con tumulto, griterío y agitando los cabellos, que llevarían largos. O el caso de los vacceos, que en el asedio de Intercatia corren por la noche alrededor del campamento romano profiriendo “aullidos”, mientras sus compañeros desde dentro de la ciudad les hacen eco, “por lo cual cundió entre los romanos un temor extraño” (Apiano, Iber. 54). O la “la bravura, dureza y rabia bestial” que Estrabón asocia a los pueblos del norte de Hispania (III, 4, 17) o el caso el caso recogido por Silio Itálico (XVI, 44-67) acerca del último combate de un grupo de mercenarios cántabros en el que un campeón guerrero llamado Laro, armado con una bipennis u hacha de doble filo, viendo que la batalla frente a los romanos esta perdida, decide sucumbir luchando hasta la muerte y transformado por el furor: “se abalanzó y lanzando un terrible grito, abatió su terrible hacha de bárbaro”, paralizando de pavor las filas romanas antes de morir matando (Peralta Labrador 2000: 177).

En cualquier caso y respecto de este universo guerrero, sus creencias y ritos, hay que entender que la propia realidad natural que les rodea y con la que conviven estrechamente, se convertirá en vehículo y referente de su mundo espiritual y religioso (Álvarez Sanchís 2003: 115), de tal modo que fenómenos naturales, parajes y animales, quedan tocados del hálito de lo simbólico y se convierten en soporte contingente, de un realidad trascendente. Es en este sentido que será imprescindible si estamos tratando el mundo iniciático y mágico de las cofradías guerreras, detenernos en la figura del lobo. Referente simbólico por excelencia de la “casta” guerrera (lám. VI).

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Lámina VI: No resulta difícil imaginar el poder evocador que para las culturas guerreras de la Europa de la Edad del Hierro, pudieron llegar a tener las manadas de lobos, su jerarquía y ferocidad, así como lo misterioso y sobrecogedor de su aullido (Reproducido de Shaun y Sloan 2006).

La figura del lobo:

Encontramos la figura del lobo íntimamente unida a esos rituales de magia guerrera e iniciación que hemos estado viendo, así como desde esa misma perspectiva a los tránsitos al Más allá y la Muerte en distintas manifestaciones de los pueblos prerromanos de la península Ibérica (Peralta Labrador 2000: 174-176 y Almagro-Gorbea 1999c). En todos estos ritos el lobo parecerá jugar un papel esencial, especialmente con respecto a la figura del “maestro de iniciación”, verdadero “maestro-lobo” del ritual mágico en el que el neófito, tal como ha estudiado González Alcalde (2002), sería introducido en los misterios de la muerte y resurrección simbólica (González Alcalde 2002: 472). Misterios que nosotros proponemos y para los territorios célticos de la Península, vinculados al mundo ritual de las fratrías guerreras (Almagro-Gorbea 1993: 134-141 y 1999d). Es decir, vinculados a esa especie de “yoga de guerra” tan caro al mundo indoeuropeo y practicado por esta suerte de “guerreros-magos” que venimos estudiando (Peralta Labrador 2000: 173).

En este orden de cosas se pueden recoger tres niveles simbólicos y rituales asociados a la figura del lobo: Por un lado su relación con la Muerte y el transito al Más allá, así como con divinidades del reino de los muertos. Por otro su relación con los rituales de iniciación y magia guerrera, el acceso al “furor” y la licantropía de los “guerreros-lobo”. Y finalmente un tercer nivel relativo a la protección del territorio, sus ganados y riquezas, o su carácter tutelar “totémico” de clanes, aldeas o pueblos (González Alcalde 2002: 447-453). Todos estos niveles entran de lleno dentro del ámbito de las bandas guerreras, sus creencias, funciones y estilo. Desde la defensa o ampliación del territorio, a los ritos propios de la “casta” guerrera. En estos últimos destacaría especialmente la idea de muerte y resurrección simbólica del neófito, tras su enfrentamiento con el “maestro lobo iniciador”. Éste, por un lado acaba con el joven guerrero, y por otro, le trasmite el carisma mágico que propicia su renovada resurrección en el “furor”. Con dicha muerte ritual desaparecería la infancia espiritual del aspirante, y éste alcanzaría el status de madurez espiritual propia de los miembros de fratría guerrera. Se convertiría en un miembro más de la “manada” (González Alcalde 2002: 467- 472).

Estos ritos se llevarían a cabo bajo la tutela de esa divinidad de la mannerbünde que hemos señalado anteriormente. Divinidad del Reino de los muertos, los caídos en combate, la magia guerrera y el “furor”. Señor de la fratría “sobrenatural” del Más allá, integrada por los héroes que en vida supieron concluir el “camino del guerrero” con la “buena muerte” de la mors triunphalis8.

Debemos entender así, que la sociedad construida en torno a las aristocracias y jefaturas guerreras-conforme al modelo de la “cofradía guerrera”-tendrá de este modo en la divinidad de la fratría, la divinidad principal (Peralta Labrador 2000: 159-162 y Bernárdez 2002: 200). Divinidad de jefes guerreros y sus seguidores, todos llamados a integrarse tras la muerte, en la fratría del dios “mago-guerrero” del Más allá, señor de los caídos en combate. Este dios, que también hemos llamado “Lug-Wotan-Odín”, aparecerá siempre asociado a la figura del lobo y conectado con el simbolismo de dicho animal; conectado a esa idea tan cara a la magia guerrera, que es la idea del “furor”. Debiendo entenderse dicho furor, como un estado de trance parecido al enthousiasmos griego (Bernárdez 2006: 91) y que acompaña tanto a la adivinación, como al contacto con los muertos, como a la inspiración poética, como al arrebato guerrero9. Siendo precisamente ahí, donde aparecerá la idea de la licantropía, la idea del “guerrero-lobo”. Siendo también interesante constatar en este sentido cómo, para el caso del nombre concreto del dios Wotan, éste querrá decir precisamente: “El que posee el Furor” (Bernárdez 2002: 196) (lám. VII).

lamina VIILámina VII: El lobo, animal salvaje cargado de simbolismo en la fratría guerrera y parte fundamental de sus ritos. (Reproducido de Shaun y Sloan 2006).

Por otra parte, debemos entender que este tipo de ritos y magias guerreras, no estarían abiertos a todos, sino solo a una minoría de escogidos: La cúspide de la propia “casta” guerrera. Una élite de guerreros portadores de toda una simbología distintiva en la que la noche, el plenilunio, el fuego, la muerte, el lobo y la licantropía, posiblemente jugarán un papel fundamental, y serán una verdadera señal de identidad (González Alcalde 2002: 465-470). Del mismo modo, una vez entendemos la necesidad de unos ritos de iniciación y magia guerrera, entendemos entonces también la necesidad de la figura de un “Maestro de Iniciación”. Maestro que más que un formador y orientador del “alma”-que también-, sería ante todo el portador del “carisma mágico” que debe ser transmitido a los neófitos, para hacerse así efectiva la iniciación y permitir a su vez el despertar del “furor”. Sin esta transmisión del “influjo mágico”, el aspirante carecería de ninguna facultad o poder “sobrehumano”, y el rito estaría incompleto, la asimilación no se daría. La mera orientación espiritual y formación ética no bastarían para la creación del “guerrero-lobo”, éste demandará necesariamente de una iniciación mágica (Eliade 1960 y 1984) (fig. 6).

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Figura 6: Sacrificio humano y guerreros lobo enfrentándose a espíritus serpentiformes. Detalle del cuerno de Gallehus (Dinamarca) 400-575 d.C. (Reproducido de Peralta Labrador 2000: 170)

Del mismo modo, como un jalón necesario en este “camino del guerrero”, el joven aspirante podrá aparecer practicando actividades venatorias en un discurso simbólico y ritual que haría del enfrentamiento con el oso, el jabalí o el lobo-sintomática en este sentido la fíbula de Braganza (lám. VIII)-el episodio necesario para el reconocimiento de su status guerrero10 (García Quintela 1999: 286, Peralta Labrador 2000: 173, Perea 2011 y Perea et al 2007, Dumézil 1971 y Eliade 1984).

lamina VIII

Lamina VIII: Fíbula de Braganza. El Héroe se enfrenta al Lobo en un interesantísimo conjunto simbólico de complejo significado (Reproducido de Perea et al 2007: 16).

Idea que podrá trasladarnos a diversos mitos y leyendas del mundo indoeuropeo, rastreables tanto en el ámbito griego como céltico y germánico, y que habrían perdurado incluso en el folclore de algunas regiones españolas en la leyenda del “cazador negro” (Almagro-Gorbea 2005a: 71). Caza iniciática de la bestia “infernal” muy posiblemente recogida también en la espectacular “Fíbula Braganza”, y que nos remite al mitema esencial del enfrentamiento entre el Héroe y el Monstruo. Clave simbólica y legendaria de hondas posibilidades interpretativas que nos señalará las concepciones últimas de toda espiritualidad  y  ética propiamente heroicas (Perea 2011, Perea et al 2007, Ruiz, A. 2011 y Medrano Antonio 1999) (lám. IX). Siendo a partir de todas estas reflexiones que estamos señalando, que consideramos que podría llevarse a cabo un renovado estudio de la iconografía hispano céltica y celtibérica en particular, a nuestro parecer verdadero corpus simbólico aún pendiente de ser completamente descifrado y en el cual, podrían estar dándosenos algunas de las claves espirituales y religiosas del antiguo mundo céltico y celtibérico, y por ende, del antiguo mundo indoeuropeo.

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Lámina IX: Detalle del Héroe y la “Bestia”- un lobo-de la fíbula de Braganza (Perea et al 2011: 61 y 39).

Volviendo en todo caso a la figura del lobo, vamos viendo cómo ésta se nos muestra importantísima en todo lo relativo al mundo ritual y simbólico de la tradición guerrera de las culturas del Hierro. Pudiendo reconocerse en el lobo, a un animal de honda capacidad sugestiva que quedará asociado a la magia guerrera, la licantropía y el “furor”; la Muerte y el tránsito al Más allá; y el dios oscuro de las mannerbünde. Lo que a su vez nos permite aproximarnos a las élites guerreras desde sus propios símbolos y, a partir de ahí, al espíritu que impregnaba el universo céltico y germánico (lám. X).

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Lámina X: Representación celtibérica de cabeza de lobo (Catálogo exposición Celtíberos. Tras la estela de Numancia. Foto. 275. Museo Arqueológico Nacional: 1976/55/5). Nótese que posiblemente estaba vinculada a una especie de carnyx o trompeta celta de guerra y que como tal, el sonido saldría por la boca del lobo como un aullido.

Desafortunadamente, las referencias escritas que vamos a tener desde las fuentes clásicas de todo este mundo cultual de las cofradías guerreras, no serán todo lo explícitas que nos gustaría. Siendo entonces que a través de referencias indirectas e información cruzada, así como de determinados restos arqueológicos, nos tendremos que adentrar en el estudio de esta cuestión. Cobrando en ese momento especial relevancia la información que poseemos sobre heraldos celtibéricos vestidos con piel de lobo (Apiano, Iber., 48)11, la estela cántabra de Zurita con guerreros cubiertos con pieles de lobo, una cerámica numantina donde de nuevo se repite la idea de una cabeza humana cubierta con una piel de lobo (Peralta Labrador 2000: 175), los lupercum entre los vettones (Salinas de Frías 1986a: 54), los vailicon-del celta vailos, “lobo”-entre los celtíberos (Salinas de Frías 1986b: 68), las referencias de Silio Itálico sobre los jinetes celtibéricos de Uxama, que “con caras y fauces de fieras hacen terribles sus morriones” (III, 348); las referencias de Plinio (VIII, 130) a una costumbre típica de Hispania consistente en beberse los sesos de osos sacrificados, para adquirir la fuerza y ferocidad del animal; la estatuilla de bronce de Cubillas de Cerrato, con jinete indígena portando en sus manos una cabeza de oso con la que posiblemente se cubriría su propia cabeza que lleva descubierta (Peralta Labrador 2000: 175); los lusitanos de Viriato entrando en combate con sus largas cabelleras sueltas, agitándolas con violencia frente al enemigo e intentando infundirle temor con el clamor de sus gritos (Apiano, Iber., 67), o el propio nombre de los cántabros orgenomescos, relacionable con el estado de trance de los ritos de magia guerrera y el frenesí o embriaguez homicida que ésta pudiera proporcionar, quizás mediante la ingestión de determinadas drogas o bebidas alcohólicas12. Incluso la etnoarqueología nos podría estar dando pistas en esta dirección con las fiestas populares de “zamarrones”, especialmente vivas en zonas rurales de España y en las que los jóvenes, durante las fiestas del solsticio de invierno, se enmascaran y cubren con pieles de animales (lám. XI). O también a través de las leyendas del folclore galaico-portugués y extremeño sobre el “lobishome” u Hombre-Lobo del noroeste Peninsular.

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Lamina XI: Fiesta de los Carochos de Campo de Aliste en Zamora. El día primero del año, vestidos con ropajes negros, máscaras demoníacas y cencerros, corren entre petardos y pólvoras las calles del pueblo. Fondo personal del autor.

Todas estas pistas, así como sus paralelismos con referencias provenientes de otras áreas de la Europa “bárbara”, las culturas del Hierro y la raíz indoeuropea, nos invitan a resaltar el papel preponderante que parece haber tenido la figura del lobo en dichas fratrías, y nos invita a insistir en la conexión del dios de la mannerbünde con el lobo. Del dios tutelar de las iniciaciones guerreras con la licantropía. En este sentido en paralelo a la triada de “Lug-Wotan-Odín”, encontramos en la antigua Hispania céltica y en el ámbito del mundo vettón, la interesantísima figura del dios Vaelico.

Vaelico. El dios Lobo de las mannerbünde:

En el término municipal de Candeleda-Ávila-junto a la antigua necrópolis del poblado vettón del Raso, se encuentran evidencias arqueológicas del culto a un dios local llamado Vaelico (fig. 7).

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Figura 7: Ara dedicada al dios Vaelico procedente del santuario de Postoloboso (Candeleda, Ávila). (Según Marco Simón 2001: 281)

Este nombre derivaría del radical celta valios que significa “lobo y aullador”, lo que indudablemente nos pone frente a un dios del que podemos decir que estaría íntimamente relacionado con la figura del lobo (Peralta Labrador 2000: 175 y Fernández Gómez 1973), y que por su propio nombre podríamos llamar “dios-lobo”. Teniendo presente todo lo que ya hemos señalado respecto a los ritos de iniciación y magia guerrera, y respecto a la figura del lobo y la licantropía, resultará sugerente pensar que este dios Vaelico sería precisamente una divinidad de las mannerbünde, un tipo de dios relacionado directamente con el mundo de las fratrías guerreras y sus ritos y sus creencias. Esta interpretación la veríamos refrendada a través de la posible relación de Vaelico con el dios galo Sucellus, divinidad nocturna que se cubre con una piel de lobo y va armada con una maza o martillo (Peralta Labrador 2000: 176 y Blázquez 1983: 262, 275 y 295). Este Sucellus, como dios golpeador, cabría ponerlo en relación con el Dagda irlandés, también armado con una maza y padre de los Dioses (Sainero Ramón 1999: 175). Estas pistas nos llevan ante la posibilidad de estar frente a esa anónima y misteriosa divinidad, de la que los galos dicen descender y que César denomina Dis Pater (B.G., VI, 18) (Marco Simón 1987: 58-59). Divinidad a través de la cual se nos plantearía la idea de una oscuridad y caos primordial, que precedería al acto cosmogónico de la creación del mundo (Peralta Labrador 2000: 242 y Guyonbarc´h, CH. y Le Roux, F. 2009). Mundo que habría sido “puesto en marcha” a partir de dicha oscuridad, por un gesto de fuerza originaria, por el “martillazo” creador, propiciado por el padre de los Dioses.

Volviendo en todo caso a Vaelico, hay que destacar el hecho de que las evidencias epigráficas referentes a dicha divinidad, han aparecido en aras votivas utilizadas como elemento constructivo de una ermita situada en un paraje llamado Postoloboso-haciendo referencia este topónimo a la figura del Lobo. En segundo lugar es sugerente destacar que dicha ermita a su vez este consagrada al santo apócrifo San Bernardo de Candeleda, al que se invoca para curar el mal de la rabia, uno de cuyos agentes trasmisores habituales son los lobos. Y en tercer lugar, destacar que al mismo tiempo la ermita esta situada en lugar próximo a un curso de agua, lo que nos conecta con la importancia del carácter prerromano de este entorno así como con la idea céltica de las aguas como espacio simbólico de transito al Más allá (Fernández Gómez 2001, 1973 y 1997 y Peralta Labrador 2000: 241-243). Todo esto nos refuerza la idea de de Vaelico como un “dios lobo” asociado a la Muerte y el reino de los muertos, enlace o guía entre el “otro mundo” y nuestro mundo.

Este posible carácter “infernal”13 de Vaelico, así como el propio nombre con el que se le designa, nos lleva a relacionarlo con el lusitano Endovélico, dios de reconocida significación ctónica e infernal al que se le asocia al mundo subterráneo y el reino de los muertos (Álvarez Sanchís 2003: 124). En el caso de Endovélico se reconocería claramente un teónimo formado por dos elementos, “endo” como prefijo indoeuropeo de superlativo, y “velico”, que podría explicarse a partir del radical céltico uailo, que significaría “lobo” y que obviamente, nos estaría llevando hacia ese Vaelico vettón que encontramos en la zona de Candeleda (lám. XII) (Marco Simón 1994: 348).

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Lámina XII: Vista general del poblado vettón del Raso de Candeleda, Ávila. Núcleo D. (Reproducido de Fernández Gómez 2001: 294).

El santuario de Vaelico de hecho, no se encuentra en un área cultural lejana del área cultural en la que se constata el núcleo cultural de Endovelico, y en ambos casos su relación con el Más allá así como su referencia etimológica a la figura del lobo, podría estar dándonos claves para entender el papel de este dios. Más aún cuando como ya hemos señalado, la vestidura del Sucellus galo, deidad también asociada a los Muertos y el Más allá, consiste en una capa de piel de lobo (Peralta Labrador 2000: 176) y el propio Hades griego, viste también con pieles de lobo (González Alcalde 2002: 445).

A nuestro parecer, todos estos elementos serían indicativos de un dios de las mannerbünde y sus ritos de iniciación y magia guerrera. Divinidad que se convierte en líder de la fratría guerrera del mundo de los Muertos. Esta fratría “sobrenatural” a lo largo del calendario céltico participa de una lucha cíclica, recogida por el propio calendario céltico y sus fiestas del solsticio de invierno, enfrentándose como abanderada de las potencias de la luz y el orden, a las potencias de las tinieblas y el caos (Torres Martínez 2005: 263-279 y Peralta Labrador 2000: 228-230). Desde esta perspectiva será realmente sintomático que en Portugal, sobre un antiguo santuario dedicado a Endovélico, se levante a día de hoy la ermita cristiana de san Miguel de Mota. Siendo san Miguel en la tradición cristiana el ángel guerrero que derrota al demonio, además del conductor de las almas de los difuntos al Más allá. Esta simbología se ve reforzada por el hecho de que el arroyo que discurre a los pies de la colina sobre la que se levanta la ermita, se llamará Lucefece (Lucifer) (Marco Simón 1994: 348).

Tenemos así muy posiblemente en Vaelico y Endovélico un mismo dios asociado al mundo de las creencias y ritos de las cofradías guerreras14. Una divinidad que podríamos tipificar dentro de ese marco que hemos conceptualizado anteriormente de “divinidad de las mannerbünde”. Divinidad que partir de la preponderancia de las jefaturas guerreras, jugaría a nuestro parecer un papel fundamental en el conjunto de creencias y mitos de la Hispania céltica, y en el ámbito general de culturas del Hierro Europeas.

La interpretación que se hace de los testimonios epigráficos que tenemos de Endovélico, parecen indicarnos la función oracular del dios, como una suerte de deidad del reino de los Muertos que a través de las profecías y oráculos emitidos por sus devotos, tendría un efecto benefactor entre quienes acudían a adorarle (Marco Simón 1994: 348). De Vaelico se recogen diez escasas aras votivas con dedicantes masculinos y femeninos, de los que no parece deducirse ninguna significación social de relevancia (Olivares 2002: 228- 231), si bien la mayoría de los dedicantes son indígenas que especifican el gentilicio (Marco Simón 1994: 348). Este carácter oracular y sanador que pudiera tener el dios, no es contrario a esa dimensión mágica y guerrera que hemos señalado anteriormente. Debemos tener presente que estas aras votivas son ya de época romana, y que la función y significación de los Dioses de las cofradías guerreras cambiaría y se vería alterada conforme estas instituciones fueran desapareciendo. De esta manera la naturaleza original del Vaelico de Candeleda, o del Endovélico de san Miguel de Mota, tal como nos llega a través de las aras votivas que tenemos, estaría ya afectada por los procesos de romanización. Quedando tan solo su referencia al lobo, y su aparente carácter oracular, nocturno, infernal y psicopompo (Olivares 2002: 228­ 231), como pistas de su antigua naturaleza de divinidad de las mannerbünde.

Finalmente y para concluir estas reflexiones cabe traer a colación la cita de Tácito (Germania. IX.), en la que se nos dice que los germanos “reverencian a Mercurio sobre todos sus Dioses, y ciertos días del año tienen por lícito sacrificarle hombres para aplacarle”. Sabiendo que Mercurio para los romanos es el dios del comercio, parecería en principio poder no entenderse que puede querer estar diciéndonos Tácito en esta cita. Sin embargo, si reparamos en la asimilación que finalmente Mercurio sufrirá con respecto al Hermes griego, y como entonces se convierte en “mensajero” de los Dioses, mediador entre el mundo invisible y el mundo visible y conductor de las almas al Más allá, podemos entonces percatarnos realmente de qué es lo que Tácito esta queriendo decirnos. Pues posiblemente el autor romano estaría haciendo referencia precisamente a la divinidad de las mannerbünde. A esa divinidad que abre las puertas del mundo invisible a los ritos mágicos de la fratría guerrera, que enlaza así el mundo natural con el mundo “sobrenatural”, y que integra las almas de los caídos en combate en el reino de los “Héroes y los Dioses”15. Allá donde la fratría guerrera celestial llevará a cabo su lucha cíclica contra las potencias del caos, en un proceso constante de renovación del Mundo (Dumézil 1973a: 79-106 y 1977: 194-242).

En este sentido, sabiendo del protagonismo de “Wotan-Odín” en la mitología germánica, y del carácter funerario, mágico, guerrero y al tiempo celestial y solar de esta divinidad, y por tanto de su perfil propicio para interpretarlo como dios de las mannerbünde16. Creemos posible identificar detrás de esa referencia que nos hace Tácito a Mercurio, una referencia a “Wotan-Odín” en la que el propio Tácito, no habría sabido ubicar a dicho dios dentro de su panteón romano al no poderse encontrar en el mismo, una divinidad realmente análoga. Esto no impedirá sin embargo, que nos haya dejado otra pista más en la idea de la importancia que la divinidad de las fratrías guerreras, habría tenido entre los pueblos llamados “bárbaros” de las antiguas culturas del Hierro de raíz indoeuropea. Donde tanto para el mundo céltico, como para el mundo germánico, la dimensión mágica y funeraria se habría progresivamente marcializado de tal manera, que los Dioses de la guerra propiamente dichos, se habrían visto sustituidos o jerárquicamente subsumidos, por un dios que aunaba la función mágica, la función guerrera y el ámbito funerario (De Vries 1988: 78-79). Es decir, el dios de las mannerbünde. Divinidad que bien parecerá recogerse en el Vaelico que hemos estudiado en el presente apartado.

Conclusión:

La relación que puede establecerse entre figura del lobo y la tradición guerrera del mundo hispano céltico y por ende, del mundo indoeuropeo de la Edad del Hierro-especialmente entre celtas y germanos-será estrecha y de gran relevancia. Siendo un animal cuya carga simbólica dará a estos pueblos elementos esenciales de su cultura. Elementos que podremos recoger de manera altamente significativa en el universo de las mannerbünde y alrededor de sus ritos de iniciación, magia guerrera y divinidades tutelares. Debiéndose destacarse aquí la idea de una suerte de licantropía de la guerra en la que a través de dichos rituales mágicos y de iniciación, los miembros de las mannerbünde pretendería acceder o despertar fuerzas “ínferas” o atávicas extraídas del fondo salvaje del alma humana. Fuerzas capaces de transportarles a una suerte de “furor guerrero” en el que el arrebato violento y el empuje arrollador, así como la indiferencia al dolor y la fatiga e incluso una aparente invulnerabilidad y fuerza sobrehumana, serán los rasgos más característicos. Todo ello a su vez expresado a través de vestiduras y máscaras hechas con pieles de lobos u osos, aullidos, pinturas negras, gestos y aspavientos de furia y rabia bestial, así como cierta predilección por la actividad nocturna. Imagineria ritual y mágica que trataría de provocar una suerte de miedo paralizante en el adversario.

El mundo alto medieval escandinavo habría mantenido la referencia a este tipo de guerreros de las culturas de la Edad del Hierro, a través de las figuras del Berserk y el Ulfhednar, los cuales encontraremos retratados en las sagas vikingas como guerreros de furor salvaje, desatado e irrefrenable. Siendo que en ocasiones, normalmente en las sagas más recientes17, dicho tipo de guerreros aparecerán señalados como personajes siniestros y peligrosos. Como sujetos afectados por una suerte de maldición y que por tanto, conviene mantener alejados de la comunidad, como si fueran “verdaderos” Hombres-Lobo. Licántropos a los que cuando sobreviene el “furor”, su agresividad y salvajismo no distingue entre amigos o enemigos.

En este sentido, es nuestro parecer que el folclore europeo sobre Hombres-Lobo y licantropía-folclore rastreable a lo largo y ancho de Europa y desde la Grecia clásica hasta el Medievo-muy posiblemente tendrá su origen y esencia en el mundo iniciático y mágico de las cofradías guerreras de la Edad del Hierro.

Referencias:

[1]Ya en la Iliada Sarpedon-rey de Licia-dirá al lanzarse a la batalla: “No sin gloria imperan nuestro reyes (…) pues combaten al frente de los licios (…) Como muchas son las clases de muerte que penden sobre los mortales sin que éstos puedan huir o evitarlas, vayamos a la lid y demos gloria a alguien, o que alguien nos la dé a nosotros” (Rap. XII.310).

[2] El concepto de mannerbünde así como el escandinavo druth o el “germánico” comitatus, los usaremos como referencia a las llamadas “cofradías guerreras” del mundo indoeuropeo. Cofradías que podremos explicar como: “agrupación estable de guerreros comandada por un jefe (…) que no sólo los dirigía en combate, sino que era también su líder en las cuestiones políticas y económicas, y seguramente también en las religiosas” (Bernárdez 2002: 61). Este mismo concepto de mannerbünde lo encontramos también en la céltica irlandesa en los guerreros fianna que acompañan al héroe Fionn (Alberro 2009). Indudablemente a este respecto no podemos evitar traer a colación la cita de Diodoro de Sicilia (V, 34, 6) en la que hablando de los pueblos de Hispania y más concretamente del mundo lusitano se nos dice: “Cuando sus jóvenes llegan a la culminación de la fortaleza física, aquellos de entre ellos que tienen menos recursos, pero exceden en vigor corporal y audacia, se equipan con no más que su valor y sus armas y se reúnen en las montañas, donde forman bandas de tamaño considerable, que descienden a Iberia y obtienen riquezas en su pillaje” (Diodoro de Sicilia V, 34,6.)

[3] “Existe entre lo hispanos la costumbre de que los hombres que forman la guardia personal del general mueren con él si éste sucumbe. Los bárbaros de allí lo llaman el supremo sacrificio” (Plutarco, Sert. XIV).

[4] Recordar aquí las Eddas escandinavas y Los dichos de Grímnir, donde se nos mencionan los cuervos de Odín: Huginn (pensamiento) y Muninn (memoria), así como sus lobos Geri y Freki (Bernárdez 1987). Del mismo modo y sobre la relación del dios céltico Lug y el cuervo recomendamos García Quintela 2002b.

[5] Usaremos el término berserk para designar tanto al berserk propiamente dicho, como al ulfhednar, haciendo referencia en ambos casos al guerrero furibundo vestido con pieles de oso o lobo y “convertido” en virtud de los rituales mágicos e iniciáticos de las mannerbünde, en oso o lobo.

[6] A día de hoy en el pueblo soriano de san Pedro Manrique-enclavado en el corazón de la antigua celtiberia-es conocida la fiesta del “Paso del fuego” en la noche de san Juan, en la que los naturales del pueblo caminan descalzos sobre brasas encendidas.

[7] También, en la tradición céltica irlandesa podremos encontrar ideas parecidas a las aquí señaladas respecto del ámbito escandinavo. Tal sería el caso del héroe Cú Chulainn (Alberro 2009: 26) o de las leyendas sobre Fionn y su cofradía de jóvenes guerreros, donde se nos dice: “Los quinientos guerreros fianna que estaban con Fionn se levantaron al unísono (…) Y levantaron todos un denso, vasto y enorme bosque de marciales espadas (…) y seguidamente lanzaron un espeluznante grito de guerra. Con ello infundieron horror, confusión y temblores de corazón a sus enemigos” (Alberro 2009: 222).

[8] Estamos aquí haciendo referencia a la ética heroica de la tradición guerrera del mundo indoeuropeo de la Edad del Hierro. En el ámbito escandinavo encontraríamos a este respecto la figura de los Einherar: Guerreros valerosos muertos en combate, elegidos de Odín para acompañarle en su banquete celestial y luchar de su lado en la batalla final del Ragnarok. La cuestión de la ética heroica como ya hemos indicado en la introducción no es objeto de este artículo y no entraremos aquí a desarrollarla.

[9] Recordar aquí por ejemplo a Homero y la “ Principalía de Diomedes” en la Iliada (Rap. V: 1-8 y 84-94): “Atenea infundió a Diomedes valor y audacia (…) e hizo salir de su casco y de su escudo una incesante llama (…)”. Y “(en cuanto a Diomedes) no hubieras conocido con quiénes estaba, ni se pertenecía a los teucros o a los aqueos. Andaba furioso por la llanura cual hinchado torrente que en su rápido curso derriba los diques (…) tal tumulto promovía (…) en las densas falanges teucras que, con ser tan numerosas, no se atrevían a resistirle”.

[10] Recordar aquí como en la céltica irlandesa, el joven Setanta da muerte al feroz perro cancerbero del herrero Culánn, convirtiéndose a partir de ese momento en guardián de las propiedades de éste, adquiriendo a partir de se momento el apodo de Cú Chulainn-“ El perro de Culánn-el héroe por excelencia de la tradición céltica de Irlanda (Alberro 2009: 25-26). Del mismo modo el legendario guerrero Fionn­también de la céltica irlandesa-logra casarse con la hija del rey Lóchán matando a un terrible jabalí que estaba devastando las tierras del rey y tenía atemorizada a la población. La cabeza del jabalí se la presentará al rey como pago del precio o derecho a la novia (Alberro 2009: 74). Obsérvese que motivos parecidos podrían estar recogiéndose en la fíbula de Braganza (Lam. XIII).

[11] A este respecto podemos recoger una idea parecida en La Iliada cuando el espía troyano Dolón, pretende al abrigo de la noche y cubierto con una piel de lobo, cruzar el campo de batalla y acercarse al campamento aqueo (Rap. X,32).

[12] Recordamos que Orgenomescos significaría “los ebrios de sangre o matanza, o los que se embriagan en la matanza” (Peralta Labrador 2000: 178).

[13] utilizamos el término “infernal” no en el sentido cristiano del mismo, lugar de castigo y condena, sino en el sentido pagano de inframundo, reino de los Muertos o Hades.

[14] Quizás Endovélico signifique entonces dios Lobo o Gran Lobo.

[15] Resulta también interesante ver todas estas ideas en relación con la figura del san Miguel cristiano, que ya hemos encontrado anteriormente en relación con Endovélico, y que portador de una balanza con la pesa las almas, conductor de éstas al Más allá, y ángel guerrero que derrota a Satanás, de nuevo parece estar señalándonos mitemas propios de la divinidad de las mannerbünde. Tanto en su reverso mágico y psicopompo, como en su reverso guerrero.

[16] Insistir aquí en la relación de Odín con la figura del Berserk, y por ende con la idea de una licantropía mágica y guerrera.

[17] Recordemos aquí en la saga de Egil Skallgrímson la figura de un berserk retirado de nombre Ulfr, que a pesar de ser apreciado por su comunidad, algunas veces al atardecer “ se volvía sombrío” y se rumoreaba que mientras dormía, se convertía en lobo, habiéndose ganado el apodo de Kveldúrf, que significa: Lobo del atardecer (Dumézil 1971: 173).

Glosario:

Areté: Usaremos este término para designar el ámbito ético de la excelencia guerrera. Entendida ésta como honor, valor y desprecio por la muerte. La entendemos como un ethos.

Berserk: Término originario del antiguo mundo escandinavo, vendría a significar algo así como “osuno” o “convertido en oso”. Nosotros lo usaremos para designar al guerrero que posee la facultad del “furor” y actúa como tal. En nuestro estudio lo hemos asociado a la licantropía.

Clientela: Institución del mundo guerrero de la Hispania céltica relativa a la formación de grupos armados alrededor de jefes, conforme a una relación jerárquica de compromiso e interdependencia económica y personal.

Comitatus: El comitatus será un tipo de relación militar propia del mundo germánico, por la cual un grupo de guerreros decide libremente ponerse a las órdenes de un jefe. Este “ponerse a las órdenes de un jefe” se hace no solo como una mera jerarquía de mando, sino también como un compromiso ético y personal. En nuestro estudio hemos referido el término en relación al mundo de las bandas guerreras.

Devotio: Institución del mundo guerrero de la Hispania céltica, a través de la cual los principios de la institución de la clientela, son exacerbados hasta la formación de guerreros consagrados hasta la muerte a sus jefes. Esto de acuerdo a un juramento de orden religioso que compromete absolutamente la propia vida.

Dioses: Usaremos este término para designar entidades o fuerzas originarias y provenientes del Más allá Celestial o plano Sobrenatural.

Druht: Término de origen escandinavo para designar al comitatus germánico. En cada druht podía haber guerreros procedentes de distintas familias o “clanes”, dichas relaciones de consanguinidad quedaban sustituidas por la “familia” no consanguínea del druht, a cuyo frente se encontraba el druhtinaz o jefe guerrero. El druhtinaz y todo el grupo estaban protegidos por una divinidad tutelar que sería Odín. En nuestro trabajo hemos referido el término en relación al mundo de las bandas guerreras.

Einherar: En la mitología nórdica los Einherar serían los guerreros que muertos en batalla, son llevados por las valquirias al Valhala.

Ethos: Palabra griega que pudiendo traducirse como “inclinación” o “punto de partida”, es el origen de términos castellanos como ética o etología. En nuestro estudio el término lo hemos usado haciendo referencia a los modos de comportamiento y disciplinas que tienden a conformar un carácter y personalidad de acuerdo a un ideal concreto. En nuestro caso el ideal del Guerrero y por ende del Héroe.

Furor: Usaremos este término para designar un especial frenesí guerrero adquirido e inducido a través del mundo iniciático y mágico de las mannerbünde. Frenesí en teoría arrollador y capaz de paralizar de terror al enemigo. En nuestro estudio lo hemos asociado a la licantropía.

Héroe: Usaremos este término para designar al hombre que en virtud de su Areté, conquista y accede tras su muerte, a un lugar en el Más allá Celestial o Plano Sobrenatural.

Interpretatio: Usaremos este término para designar la interpretación que hace Roma desde su propio panteón de Dioses, de los Dioses que encuentra en el mundo céltico y germánico, designándolos por su supuesto correspondiente grecolatino.

Magia: Usaremos este término para designar el ámbito ritual mediante el cual se pretende operar sobre el plano preternatural. La entendemos como una techné.

Más allá Celestial: Plano invisible superior y trascendente, sede de los Dioses y los Héroes, e independiente de toda contingencia natural o preternatural.

Mannerbünde: Término germánico que literalmente significa “sociedades de hombres”. Nosotros lo usaremos para designar asociaciones guerreras entorno a jefaturas, dotadas de un propio universo espiritual, ético y ritual de orden heroico, iniciático y mágico.

Mors Triunphalis: Usaremos este término para designar la muerte agonística del guerrero en batalla. Muerte que es entendida como heroica, y por tanto como triunfal, en la medida que permite acceder al guerrero al Más allá Celestial convertido en un Héroe.

(Plano) Natural: Usaremos este término para designar el plano terrenal donde se desarrolla la vida humana, animal y vegetal.

(Plano) Preternatural: Usaremos este término para designar el supuesto plano invisible que no siendo trascendente, está por el contrario asociado a la realidad natural como su reverso oculto.

(Plano) Sobrenatural: Usaremos este término para designar el supuesto plano invisible superior, independiente y trascendente a todo orden natural y preternatural. Ver Más allá Celestial.

Techné: Término griego por el que se hace referencia a un procedimiento o conjunto de reglas objetivas que tienen como fin obtener un resultado determinado y concreto. Nosotros lo hemos usado en relación a la magia.

Welstanchaaung: Usaremos este término para designar el concepto de cosmovisión general, conjunta, holística y ordenada del universo, la vida y el ser humano.

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Gonzalo Rodríguez García.
Doctor en Historia por la UCLM.
Toledo. 2013.