Sigurd, semilla de Odín

Sigurd o Siegfried (Sigfrido) es un héroe de la literatura y mitología germánica, hijo de Sigmund —rey de los francos— y de Hjördis —hija de Eylimi, que nació en un bosque y murió durante el parto—.

Llamado además semilla de Odín, puesto que su rastreo genealógico acorde a la leyenda de Sigurd y Gudrun datada en el poema Volsung muestra cómo Sigurd proviene a diferencia de los demás héroes al interior de la mitología escandinava del mismísimo “AllFather” de acuerdo a los registros, que muestran como su antecesor y precursor de la casa de Volsung proviene del dios como hijo legítimo y da paso a la casta de mayor renombre dentro de las sagas del norte de Europa. Con esto, la genealogía presentada permitiría un rastreo hasta el Dios así:

vols

Propuesto además como el más grande de los héroes nórdicos, las características principales de Sigurd se basan en la aceptación de su destino y la virtud del valor por encima de todo. Destacando el origen de sus apariciones literarias en las eddas de la mitología nórdica, obras islandesas medievales a destacar: Edda Menor, Edda de Snorri o Edda en prosa, y la Edda Mayor, Edda de Saemund o Edda en verso.

Hijo de Sigmund, rey de Hunland[1] y de su madre Hjördis quien huyo a las tierras de Dinamarca tras la muerte de Sigmund, es el principal protagonista de la saga de Volsunga y del cantar de los Nibelungos, en los que se narra su desarrollo como hombre haciendo mención al momento en que la oferta de ser un gran héroe por parte del herrero Mime llega a su vida, descubriendo su destino y abrazándolo convirtiéndose en un héroe sin igual tras aniquilar al dragón Fáfnir[2] (tarea impensable para un solo hombre). Dicho evento lo unirá a un destino de tragedia y muerte al condenar su futuro al tesoro nibelungo, el cual era custodiado por la bestia mitológica, quien de acuerdo al poema Éddico, en su pasado fue un hombre que adoptó dicha forma como castigo a su ambición y su traición, factores de gran importancia en contra de la moral nórdica del valor.

Según la fuente, Sigurd no deja su pasado atrás y decide primero tomar venganza por su padre acabando con sus enemigos y vengando el nombre de su familia para que renazca entre los hombres la familia de Volsung y por lo tanto el valor de su estirpe guerrera.

Sin embargo, una de las principales características de la saga de Sigurd, es que no está basada únicamente en las aventuras y los actos heroicos realizados por un guerrero que desde su nacimiento se encuentra destinado a ser el más grande entre los nórdicos para reunirse con Odín en el Valhalla, sino que además su destino se encuentra íntimamente ligado a los dioses y los seres que en la mitología se describen a través del tiempo, encontrando entonces una gran conexión entre el comportamiento heroico de un guerrero que acoge con valor su destino y el mundo mitológico que permite que este sea llevado a cabo, poniendo como por voluntad de los dioses mismos situaciones y personajes dispuestos como retos a vencer por parte del héroe y que propondrán una intriga completa para que sea esta la narración con mayor fuerza dentro de las historias de los héroes nórdicos jamás contada.

Desde el principio y basándonos en la fuente de Volsunga, los dioses Odín y Loki están ligados al tesoro nibelungo, a la maldición del mismo y al destino de Sigurd, siendo el mismo dios Loki quien se encarga de que se desate la maldición del tesoro que reside en el anillo que tanto se nombra dentro de la obra de Wagner y que será la pieza clave dentro del destino de Sigurd y su muerte. Además, encontramos de acuerdo a la saga y el poema Eddico, la conexión sentimental entre Sigurd y la valkiria Brynhild[3], quien se encontraba castigada bajo un sueño eterno por Odín, al haber desafiado sus designios dándole la victoria a un rey joven por encima de lo que le había sido encomendado por el dios.

De acuerdo a la saga sólo aquel que pudiera atravesar el muro de fuego y pudiera llegar hasta la valkiria sería capaz de poseer su corazón y estaría destinado a ser el más grande entre los guerreros del norte. Por lo tanto, incluso las historias relativas al amor en el norte, se definen de manera concreta a través del valor y heroísmo dignos de los dioses, desempeñados en este caso por el héroe Sigurd.

En su muerte, Sigurd no sólo se cree que es recogido por la valkiria sino que además de acuerdo a la tradición se dice que ésta decide morir junto a él ya que no soporta la vida y la pena de su pérdida por lo cual, al héroe a pesar de haber muerto en manos de sus allegados a través de la traición, se le otorga el funeral de un rey, poniendo su cadáver atravesado por el arma de su verdugo dentro de un barco junto a sus bienes más cercanos, como su espada legendaria[4] y su anillo maldito, y es en este barco en donde la valkiria Brynhild decide dar fin a su vida en la tierra muriendo junto a su amado para unirse a él en el Valhalla a donde estaba destinado desde el principio de los tiempos. El barco se lanza a altamar y se prende en las llamas que serán más que suficientes para que los dioses avisten a su héroe que ya llega a su lado, y junto a él, siendo el único con tal honor, la valkiria yace en su lecho de muerte para prepararse a una vida entera en el reino de Asgard.

En cuanto a la saga de Sigurd, muchos son los detalles que pueden nombrarse con respecto a los factores mitológicos que permean el relato por completo, tanto las profecías como los mismos personajes que interactúan con el héroe a través de su vida, sin embargo el principal factor para tener en cuenta dentro de la leyenda de Sigurd reside en la creencia de su existencia, por medio de la cual numerosas familias reales en el norte de Europa han justificado su linaje de realeza a través del tiempo, asegurando su descendencia del héroe de todos y semilla de Odín, Sigurd, dando paso entonces al uso de un antepasado epónimo y una unión directa con la tradición y las creencias paganas para poder regir y justificar más allá de la voluntad humana el hecho de su reinado.

[1] Hunland es la tierra de los hunos conquistada por Sigi, hijo de Odín.

[2] Hermano mayor de Mime y guardián del tesoro tras asesinar a su padre.

[3] Es nombrada como hermana del gran guerrero Atli (Atila), rey de los hunos, desarrollando una conexión interesante entre la mitología y la realidad.

[4] Espada de nombre Gram que tras estar rota después de ser usada por su padre Sigmund en su última batalla la cual le fue otorgada por el mismo Odín en su juventud y por lo tanto la hace única entre los hombres, es forjada nuevamente para Sigurd con los conocimientos otorgados por el herrero Mime para llevar a cabo la tarea de aniquilar al dragón.

Auroras Boreales, el aliento de Odín.

LATITUD 61° 8′ 27.74″ N y LONGITUD 45° 30′ 31.26″ O

Según los vikingos, las auroras boreales eran el ‘aliento’ de Odín, dios de la sabiduría, la guerra y la muerte y que indicaban a los valerosos guerreros el camino al Valhalla. Para los inuit, aquellas formas de color verde que surcaban los cielos eran grandes serpientes en busca de alguna estrella. Realmente las auroras boreales poco tienen de mitología y mucho de efecto solar.

Este fenómeno se produce cuando una expulsión de masa solar, lanzada desde 150 millones de kilómetros de distancia impacta contra la atmósfera magnética terrestre. Cuando esta masa solar choca contra la esfera protectora de la Tierra estas radiaciones o vientos solares van desplazándose a lo largo de dicha esfera. La energía almacenada se dispara repentinamente en forma de radiaciones electromagnéticas conformando el efecto visual que podemos ver.

Las partículas de masa solar expulsada por el sol viajan a una velocidad cercana a los 1.000 km/h. Poco a poco, las partículas van impactando en la Tierra de diversas formas y colores según el punto del planeta en el que te encuentres. Durante la noche en la que estuve en Qassiarsuk, la aurora boreal formaba un arco aislado muy alargado que iba extendiéndose en el horizonte, en dirección este-oeste. El alto nivel de oxígeno que hay en esta zona es responsable de los dos colores primarios que pueden divisarse en las auroras, el verde y el amarillo.

Cuando se acerca la medianoche, el arco comenzó a brillar aún más y a formar un extraño vals de ondas y rizos de color verde fosforescente. De repente el cielo comenzó a llenarse de rayos de luz que vibraban y se movían de forma uniforme en el horizonte, sobre el fiordo de Qaoqqut. Su actividad duró poco más de media hora, en el que el único sonido que podía oír era el de la voz deLisa Gerrard y Pieter Burke interpretando el tema The Circulation of Shadows,a través de los cascos que llevaba.

Odín guía a los dioses y a los hombres

Cuando se aproximó la llegada del alba, toda aquella actividad apabullante pareció calmarse y tan sólo algunas pequeñas zonas del cielo aparecieron de color verde brillante hasta que llegó la mañana. En plena oscuridad, en aquella soledad, en aquel paraje perdido en el que lo único que podía sentir era el viento ártico enviado por Aunra, la diosa del viento polar, golpeando mi rostro, únicamente podía divisar la más absoluta oscuridad coronada por un brillante halo verde que bordeaba las altas paredes de los fiordos del sur de Groenlandia.

Cuentan las crónicas vikingas, que en el final de los tiempos Odín guiaría a los dioses y a los hombres bajo un manto de auroras boreales contra las fuerzas del caos en la batalla por el fin del mundo, mientras que para los dioses inuitlas auroras boreales eran el llanto de Saranik, la diosa del sol cuyas lágrimas eran esparcidas por Sila, divinidad del aire, a la que se considera la esencia de la vida, la deidad que sustenta el mundo y lo mantiene en su lucha contraNuna, la divinidad de la Tierra y la diosa encargada de proteger a todo aquello que vivía bajo su escudo protector.

Ya tuvieran razón los vikingos con sus creencias por Odín y el Valhalla o los inuit y sus creencias por las diosas Saranik, Sila o Nuna, lo cierto es que para mi, en aquella noche iluminada no me cabía la menor duda de que aquel efecto de color verde bien podía ser el aliento de Odín señalando el camino al Valhalla…

Platón contra Odín

A menudo observamos que una de las críticas que se nos hace a los odinistas-ásatrú, es la falta de una teología consistente. En realidad es una crítica común a todas las religiones paganas modernas. Paradójicamente las mejor conocidas, las grecolatinas, son las que menor vitalidad han demostrado a la hora de nuestro renacimiento, si bien, las más populares, como la brujería y la Wicca son las que más adolecen a esta falta de conceptualización teológica. Quede claro que el estudio de cualquier clase de estudios teológicos de toda religión está destinado solo a unos pocos, que son los que forman su clase sacerdotal, el 99,9% de los fieles—de cualquier religión— solo tienen unos conocimientos básicos y a menudo erróneos de las mismas que siguen.

Para empezar a comprender el trasfondo de nuestra religión y entender las causas últimas de la atracción que sentimos por ella, tenemos que empezar a conocer sus raíces, la esencia última que la hace tan atractiva para nosotros. Unos de los puntos que se conoce mal son a Sócrates y a Platón, por su vínculo con el cristianismo. El verdadero creador del cristianismo fue Platón, Jesús solo es una anécdota de esta religión. Si alguna vez hubo un cristianismo primitivo que siguiera las enseñanzas del Rabino, ese ya pasó a la historia.

Para comprender el sustrato íntimo que distingue y diferencia al cristianismo del Odinismo—las religiones judeocristiano-islámicas, del paganismo indoeuropeo—debemos analizar el antagonismo Platón-Nietzsche. La filosofía de Platón, es la antítesis al pensamiento nietzscheano, que sustenta gran parte de su obra-la parte reconstructiva- en la crítica feroz al platonismo.

Comencemos por la metafísica. La visión platónica es dualista, escinde la realidad en dos mundos: mundo sensible (aparente y cambiante) y mundo inteligible (verdadero, eterno e inmóvil).

Nietzsche, por el contrario, tiene una visión monista de la realidad, y considera falso el mundo de las ideas. No existe más que un mundo, el sensible, cuyas características principales son la pluralidad y el cambio. Por tanto, niega radicalmente la existencia de esencias en otro mundo. No existen los conceptos universales— es en realidad el primer anti-universalista— como tampoco conceptos metafísicos como el de alma, que son puras ficciones, tiene una visión Nominalista[1]

En el plano epistemológico[2], las diferencias son igual de ostensibles. Platón parte de una idea de racionalidad inherente al cosmos y considera que la razón es el instrumento válido para acceder al conocimiento verdadero de la realidad (dogmatismo metafísico).

Según Platón, la realidad está situada fuera del mundo sensible, y es objeto del conocimiento científico porque contiene seres inmutables y universales. Hay otro tipo de conocimiento, la opinión o doxa, cuyo objeto de estudio es el mundo sensible, pero es poco fiable y es desacreditado por Platón porque está sujeto a continuo movimiento y cambio.

Nietzsche, sin embargo, considera que la razón no es el medio más adecuado; sino que la imaginación, los sentimientos o el instinto para intentar alcanzar el conocimiento de la realidad son los únicos caminos posibles. De hecho, estrictamente no se puede conocer la realidad, no existe las cosas como tales, solo hay perspectivas y, por tanto, verdades parciales, pero no una verdad universal. Considera que no existen regularidades en el mundo, no hay leyes en la naturaleza: las relaciones entre las cosas no son necesarias, sino contingentes[3], porque la realidad es caótica e irracional.

En suma, Nietzsche desacredita la validez de los conceptos y de las leyes matemáticas (filosofía y ciencia) para expresar la realidad. Por el contrario, propone la metáfora y la intuición estética como instrumentos para aprehenderla.

En el campo de la ética, las propuestas de ambos autores difieren enormemente. Platón aboga por una ética de corte racionalista y universalista: los valores morales son objetivos, se pueden conocer, son eternos e inmutables (mundo de las ideas).

Nietzsche niega esta visión universalista de los valores morales, pues nosotros los creamos y, por tanto, también podemos cambiarlos. De hecho, gran parte de su obra se dedica a investigar su origen y se acerca a posturas relativistas. Los valores son un constructo humano sin existencia objetiva, como sí creía Platón.

Además, una de las críticas nietzscheanas más vehementes consiste, precisamente, el tildar la moral platónica de «antinatural», por considerar que va en contra de los instintos, de las pasiones y de todo lo relacionado con nuestra dimensión irracional. Esta moral va en contra de los valores vitales y su origen reside en el odio y el resentimiento de los débiles hacia la vida.

En lo concerniente a la moral, Nietzsche y Hume coinciden en algunos supuestos, entre los que destacan la crítica a las morales racionalistas, la negativa a considerar los valores morales como verdaderos o falsos (no existe la objetividad moral) y la defensa de las emociones y los sentimientos como origen de la moralidad.

Para Hume, lo que nos lleva a enjuiciar una acción es en sentimiento de aprobación o desaprobación que provoca (emotivismo moral). No hay un conocimiento (sabiduría)- como en el intelectualismo moral socrático- que permita dictaminar: es el grado o desagrado del hecho o acción particular. Por tanto, la razón y el entendimiento son insuficientes para explicar la moral.

De manera coincidente, pero con mucha más contundencia, Nietzsche se muestra contrario a una moral basada en la razón, aunque alude a la necesidad de buscar en la biología, en el instinto y en la pasión los valores que él llama «ascendentes». Se trata de una propuesta moral individualista: la moral del superhombre.

Y aquí se desmarca totalmente de la idea humeana. De hecho, uno de los sentimientos de los que habla Hume es el de la simpatía[4] , aunque se trate más bien de un egoísmo «altruista», porque reprobamos las desgracias de los demás al no sentirnos bien nosotros mismos. En todo caso, ese sentimiento de la compasión es bueno, porque es útil para el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, Nietzsche crítica cualquier sentimiento que signifique compasión o piedad, pues los califica de valores inferiores, pertenecientes a la moral de los esclavos. Los que él propone son los de la fuerza, el dominio, el coraje y, en fin, los propios del superhombre. Por otro lado, aunque parten de ideas parecidas en los concerniente al surgimiento convencional de las normas o valores morales, Hume dice que hay una naturaleza humana común gracias a la cual tenemos los mismos sentimientos a lo largo de la historia (son «intersubjetivos, universales») distanciándose del subjetivismo extremo.

Nietzsche, por el contrario, defiende un perspectivismo[5] radical que poco tiene que ver con esa naturaleza común y esa utilidad colectiva. Antes bien, sugiere una voluntad de poder que se manifiesta en la creación de valores propios, autónomos y diferentes, alejados de cualquier síntoma de homogeneización o gregarismo.

[1] Nominalismo. Doctrina que afirma que solo existe lo individual o singular frente a las ideas realistas o universalistas, que defienden la existencia de esencias o realidades universales (géneros y especies). Guillermo de Ockham- el representante más destacado del nominalismo- considera que todo lo que existe es singular, aunque admite lo universal como un mero nombre que, aun careciendo de esencia y de realidad, cumple la función lógica de agrupar una pluralidad de individuos en virtud de las semejanzas que pudieran tener, refiriéndonos a una totalidad sin tener que nombrarlos uno a uno. Así, por ejemplo, los términos «ser humano» o «humanidad», serían meros nombres, pues no existe el ser humano genérico, sino Carmen, José Luis, Ockham y cada uno de los individuos de la especie que han existido, existen y existirán. Otro autor destacado como Roscelino es más radical que Ockham y niega la existencia de los universales, sean como cosas o como meros nombres. Estos serían palabras vacías de contenido.

Necesario-contingente. Dicotomía clásica que manifiesta, aunque con muchos matices, las dos concepciones que hay sobre la vida, la naturaleza y los acontecimientos en general.

[1] Nominalismo. Doctrina que afirma que solo existe lo individual o singular frente a las ideas realistas o universalistas, que defienden la existencia de esencias o realidades universales (géneros y especies). Guillermo de Ockham- el representante más destacado del nominalismo- considera que todo lo que existe es singular, aunque admite lo universal como un mero nombre que, aun careciendo de esencia y de realidad, cumple la función lógica de agrupar una pluralidad de individuos en virtud de las semejanzas que pudieran tener, refiriéndonos a una totalidad sin tener que nombrarlos uno a uno. Así, por ejemplo, los términos «ser humano» o «humanidad», serían meros nombres, pues no existe el ser humano genérico, sino Carmen, José Luis, Ockham y cada uno de los individuos de la especie que han existido, existen y existirán. Otro autor destacado como Roscelino es más radical que Ockham y niega la existencia de los universales, sean como cosas o como meros nombres. Estos serían palabras vacías de contenido.

[2] La epistemología (del griego ἐπιστήμη epistḗmē, «conocimiento», y λόγος lógos, «estudio») es la rama de la filosofía cuyo objeto de estudio es el conocimiento.

La epistemología, como teoría del conocimiento, se ocupa de problemas tales como las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento, y los criterios por los cuales se lo justifica o invalida

[3] Necesario es lo que no puede ser de otra manera, aquello que es inexorable y, por tanto, lo contrario es imposible. A lo largo de la historia de la filosofía, ha tenido varias acepciones, pero destaca la necesidad en el campo moral (el deber), en el campo lógico (lo absolutamente necesario) y en el campo de la física o la naturaleza (lo causal). Contingente es lo opuesto; es decir, aquello que es de una manera, pero podría haber sido de otra. Alude, en consecuencia, a lo indeterminado, al azar en el origen de un evento o acontecimiento, lo cual no es obstáculo para que, una vez dadas las condiciones, sean necesarios su desarrollo o sus consecuencias. Esta dicotomía se emparenta, cuando no se solapa, con la de libertad-determinismo.

[4] Simpatía. En el campo de la moral, es la capacidad de un individuo de participar de las emociones o los sentimientos de los demás; es decir, de ponerse en el lugar del otro. En el caso concreto de Hume, es básico, pues es la facultad sobre la que se asienta toda su teoría ética del emotivismo moral.

[5] Perspectivismo. En Nietzsche, significa que no hay una verdad absoluta, sino que hay tantas verdades como individuos u observadores. Esto se debe a que no hay tampoco una única realidad, sino muchas realidades, aquellas que crea el sujeto desde su perspectiva. El mundo es el conjunto de todas las perspectivas, fuerzas y voluntades. Esta concepción constituye una crítica a visiones universalistas, como la de Sócrates y Platón.

Odín versus Thor.

Thor
Thor, guardián de la vida

De todos los dioses del Norte, Thunar es probablemente el más querido y, junto con Wodan, el mejor conocido – él siempre ha sido una de las deidades más queridas e invocadas. Él es el campeón del Asgard y Midgard contra los gigantes del caos y destrucción; Su Martillo es la señal de la verdad, llevado como el emblema del Odinismo de nuestra gente incluso por aquéllos que son dados a otros Dioses. Pocos de hecho son aquéllos que no tienen un poco de amor por el viejo barba roja – el Amigo del Hombre, el guardián del Midgard cuyos golpes de Martillo siempre son para proteger a la humanidad de todas las amenazas más allá de las paredes del Midgard y en cuyo poderoso estilo de vida se ve la rabia de las tormentas de donde su nombre – “Trueno” – viene.

Thunar es el hijo de la Tierra y Wodan. Él es el más fuerte de los dioses, y, como es visto en Lokasenna, el único que puede intimidar a Loki. Él aparece como un hombre grande con una barba roja – a veces joven, a veces como el “Þórr Karl” viejo; sus ojos son ardientes. Él maneja un carro tirado por las dos cabras Tanngnjóstr (“diente moledor”) y Tanngrísnir (“diente gnasher”) – como el fundador de Normandía, Göngu-Hrolf, él es demasiado poderoso para ser llevado por un caballo, y debe andar a pie o en este carro, incluso cuando él viaja entre los mundos donde otros dioses montan sus corceles. Él lleva guanteletes de hierro y un cinturón llamado megingjörð (el cinturón de fuerza); él lleva la vara mágica llamada Gríðarvölr (la vara de Gríðr). Aunque Snorri dice que Þórr había poseído su propio cinturón de fuerza y guanteletes antes de que la giganta Gríðr le diera estos artículos suyos, más probablemente parece que ella era la fuente original. Él tiene un tremendo apetito por la comida y bebida; y donde quiera que esté, él vendrá cuando su nombre es invocado. Él se casó con la diosa Sif en quien él engendró a la doncella Trude (Þrúðr); él también tiene una concubina etin, Járnsaxa en quien él engendró su hijos Móði y Magni.

Odín, sin embargo, es un viejo tuerto de manto oscuro y sombrero de ancha ala, vagabundeando generalmente a pie por caminos inhóspitos; de palabras ominosas, a menudo crípticas; apareciendo y desapareciendo abruptamente, y brindando, en el intermedio, consejo y colaboración, o destrucción.

Thor, un hombretón musculoso, de andar impetuoso, gran barba roja y voz potente, armado de un martillo; en movimiento perpetuo; verbo ingenuo, cólera pronta.

El padre, señor de la magia y rey de los muertos, de carácter grave y reservado; el hijo, sencillo y un tanto infantil en su rectitud. Odín y Thor pertenecen a mundos distintos. Más allá de su parentesco directo y de sus respectivas funciones, entrelazadas, en el panteón divino antiguo escandinavo, son esencialmente disímiles.

Odín es el rector de los dioses, su patriarca y, a menudo, progenitor; es la divinidad de la

Odín, el mago
Odín, el mago

magia, la poesía y por tanto la sabiduría, la guerra y los guerreros caídos en ella. Thor es su hijo mayor, engendrado en la diosa Jörð, la Tierra; actúa como el campeón de los dioses, defendiéndolos en los momentos de peligro; es la deidad tutelar del clima, la justicia, la consagración (de los matrimonios, de los juramentos, de las asambleas), por lo que en cierta forma podría considerárselo dios de la sacralidad. Solo Thor tiene un carácter guerrero, si bien sus ámbitos son nítidamente divergentes; veremos que esta distancia es en parte de índole social. Resulta curioso como a Allfather se le atribuyen virtudes guerreras, cuando no es así.

Dos bandos rivales se enfrentan en el campo de batalla y, en el instante previo a su comienzo, aparece un anciano desconocido quien dispara su lanza hacia uno de los frentes armados y desaparece; se trata de Odín, consagrando para sí a aquellos guerreros que caerán en el bando seleccionado. Algunas sagas relatan eventos paralelos, protagonizados por guerreros que imitan ritualmente el acto odínico. Los muertos, caídos en la lid, serán conducidos por valquirias (“Electoras de caídos en batalla”) a la gran sala celeste Valhalla (“Salón de los caídos”); ellos son los einherjar, guerreros selectos, quienes tendrán como cíclica actividad póstuma prepararse para la gran batalla final: el Ragnarök, donde dioses y seres monstruosos combatirán y se destruirán mutuamente, para dar paso a un nuevo orden cósmico (y tal vez a un nuevo Ragnarök).

Esta selectividad odínica es más que cualitativa, es social. El propio Odín, transmutado en muchacho insolente y verborrágico en el poema éddico Hárbarðsljóð (El canto de Hárbarð), se burla de su hijo Thor echándole en cara:

“[… ] A los Jarls que caen Odín recibe.
¡Los esclavos a Thor le van!”

Más allá del grado de verdad que entrañe esta declaración, el autor del poema establece la estratificación social como base para la consagración a cada una de las deidades, y netamente estamos ante un indicio de la religiosidad nórdica en relación con su sociedad. Hay un favoritismo elitista en el culto a Odín, lo cual por otra parte queda testimoniado en las referencias a las muertes Odínicas practicadas por los Jarls escandinavos: como rito previo a la muerte presentida o como imposición testamentaria relativa a sus futuros cadáveres, se practicaban heridas de punta de lanza para abrirse camino en dirección al Valhalla, emulando el autosacrificio realizado por Odín de acuerdo al poema Hávamál (Los dichos de Hár):

“Sé que pendí nueve noches enteras
Del árbol que mece el viento;
Herido de la lanza y a Odín ofrecido
-yo mismo ofrecido a mí mismo-
Del árbol colgué del que nadie sabe
De cuáles raíces arranca.”

Por su parte, Thor se caracteriza fuertemente por su función de activo matador de gigantes de escarcha. Con este nombre se identifica colectivamente a aquellos seres monstruosos que viven en Jotunheim y quienes, por su violencia incontrolable y su anatomía desmesurada, por el peligro que insumen para dioses y humanos (dice Thor en Hárbarðsljóð: “¡Muchos serían si todos viviesen! // ¡Vacío de hombres estaría el Mídgard!”), y que se cree representan a las elementos destructivos, indómitos, de la naturaleza. Así que, por un lado, Thor defiende a la humanidad de estos enemigos (léase: heladas, nevascas, frío, granizo, aludes); pero también propicia un aspecto positivo de la naturaleza, esencial para una sociedad agrícola como la antiguo nórdica: la lluvia. Aunque siempre importante entre el pueblo, Thonar parece haber subido a sus más grandes alturas en la última parte de la edad vikinga, cuando él se invocó cada vez más como el guardián del Odinismo contra la invasión del “Dios” y Cristo del Sur. La batalla era la del “Þórr Rojo” contra el “Cristo Blanco” – una comparación a la que llevó un sutil insulto al último. Por ser “rojo” no sólo quiso literalmente tener pelo rojo (una señal de fiereza que los guerreros germánicos a veces lograron a través de tintes en su pelo, como es informado), sino también de ser de voluntad fuerte, arrebatado, y poderoso en batalla – mientras que ser “blanco” podría significar, así como el significado de compromiso de limpieza, ser débil de voluntad y pusilánime (comparable a llamar a alguien “hígado de azucena”

En efecto, Thor es el dios de la tormenta: en su lucha contra los gigantes empuña el rayo (su corto martillo Mjölnir); se pensaba (simbólicamente) que al desplazarse en su carro tirado por dos machos cabríos el rodar de las ruedas sobre las nubes el trueno y precipitaba la lluvia.

Su mismo nombre es revelador: Thor, que en antiguo nórdico es Þórr, es Þunor en anglosajón y Donar en antiguo alto alemán; estas variantes se encuentran lingüísticamente relacionadas con vocablos modernos cuales el español “trueno” y el inglés “thunder”, de igual significado. Así pues, como dios atmosférico, es equiparable al griego Zeus, dios fecundador y también armado del rayo. Enfatizando este paralelo, el día de la semana consagrado al dios romano Júpiter (a su vez equiparable a Zeus), el jueves (Jovis dei, esto es, “día de Júpiter”) es denominado en lenguas germánicas modernas tales como el inglés y el alemán, respectivamente, Thursday y Donnerstag.

Odín también tiene su lugar en el ordenamiento semanal: “Wednesday” es “el día de Wodan”, lo que es igual a decir “día de Odín”, dado que Wodan es la forma anglosajona del nombre de este dios. La versión española es “miércoles”, día de Mercurio, el cual era el dios romano de los viajeros así como conductor de las almas de los muertos, entre otras atribuciones. El comportamiento andariego de Odín, así como su carácter versátil y su vinculación con el inframundo, parecen haber guiado esta identificación.

Nótese que Thor fue asimilado con la deidad suprema del panteón latino, lo cual puede entenderse de la siguiente manera: si bien Odín ocupaba por definición este puesto, en tanto dios creador, líder de las demás deidades y padre de varias de ellas, el rango de Thor en el culto era superior en Noruega e Islandia.

La popularidad de Thor tiene evidencias en obras medievales como la Eyrbyggja saga (La saga de los habitantes de Eyr), donde se cuenta de un personaje:

“Hrólf era un jefe importante y el más distinguido de los hombres. Se encargaba de cuidar el templo de Thór en la isla y tenía buena amistad con él.”

Por lo tanto, el culto de Thor no estaba restringido a las clases inferiores. La diferencia entre ambos cultos, si bien social, radica en otra forma de clasificación societal: no es entre pudientes y pobres, sino entre la elite guerrera, adoradora del dios elitista Odín, y la masa campesina, desde los grandes terratenientes como el Hrólf de la Eyrbyggja saga hasta los esclavos que trabajaban la tierra, seguidores del protector Thor.

Canto a Odín para antes del combate.

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Amanezco hoy, sagrado Odín;

Por la fuerza de Thor

La luz del sol,

El esplendor del fuego,

El resplandor de las llamas,

La velocidad del viento,

El rayo que fulgura,

La roca que me sostiene,

La inmensidad del mar.

Amanezco hoy, por la fuerza secreta

y divina con la que me guías,  Alfather,

y me llevarás a Valhalla.

Los nombres de Odin

Odin tiene mas de 509 nombres entre ellos el mas conocido Odin y Wotan.

tumblr_n0jua42XzD1rxxacmo1_500Alfardir/Alfardír

Padre de todas las cosas, es comun escuchar Alfardir o Alfardír en noruega, ya que se le representa como lo material, desde un atomo hasta una ballena.

Baleygr
(Ojo de Fuego). Para los nórdicos es uno de los sobrenombres de Odín.Aparece en la forma de Balwisus y se le considera hermano de un tal Bilwisus.

Bileygr
(El mal viviente). Para los nórdicos es un sobrenombre de Odín.Alude al hecho de que el dios es tuerto pues, para obtener el conocimiento, dejó su ojo como prenda al gigante Mimir.

Björn
(Oso). Para los nórdicos es un sobrenombre de Odín. Sin duda en relación con su papel de jefe de los Berserk.

Blindi
(Ciego). Uno de los sobrenombres de Odín.Alude al hecho de que el dios es tuerto,según la mitología nórdica.

Bruni
(Moreno). Para los nórdicos es uno de los nombres de Odín.
Es también el nombre de un enano.

Bölverkr
(Artesano de Desgracia). En la mitología nórdica es el nombre de Odín de la siguiente anécdota:Cierto día, Odín se encuentra con los segadores del gigante Baugi, provoca entre ellos una pelea por una piedra de amolar y se matan entre sí. Odín se enrola, en su lugar, al servicio de Baugi, que le promete como recompensa un trago del hidromel maravilloso que posee Suttungr, su hermano. Odín no obtiene esta recompensa.

Farmagud
(Dios de los cargamentos). Uno de los sobrenombres de Odín para los nórdicos, que explica, por ejemplo, por qué los romanos lo asimilaron a Mercurio.

Farmatyr
(Tyr de los cargamentos). Sobrenombre de Odín, pero Tyr significa simplemente “dios” y aquí nos remite a la divinidad del mismo nombre,según la mitología nórdica.

Fengr
(Botín). Sobrenombre de Odín que remite a su función guerrera según la mitología nórdica.

Fimbulthulr
(Orador poderoso). Uno de los sobrenombres de Odín,según la mitología nórdica.

Fimbultyr
(Dios poderoso). Para los nórdicos es uno de los sobrenombres de Odín; remite a la función de señor del panteón y padre de los dioses.

Fjölnir
Para los nórdicos:
-(Polimorfo). Sobrenombre de Odín remite a la facultad que este dios tiene de cambiar de forma y aspecto.
-Legendario rey de Suecia, hijo del dios Yngvi-Freyr y de la giganta Herdr. Encuentra la muerte ahogándose en una cuba de hidromel. Esta historia, contada por Snorri Sturluson y Saxo Grammaticus, es anterior al siglo IX y tiene un paralelo céltico en la historia de Muicertach, que se ahoga en un tonel de vino. Esta muerte tal vez sea ritual.

Fjölsvidr
Para los nórdicos:
-(Muy sabio).Sobrenombre de Odín.
-Nombre del guardián de la vírgen de Menglöd, que quiere casarse con Svipdagr; da al héroe una “lección” sobre distintos puntos de mitología.

Fornoelvir
Uno de los sobrenombres de Odín para los nórdicos; el nombre significa “Oelvir el Viejo” u “Oelvir el Pagano”.

Fraridr
(El cabalgante). Sobrenombre de Odín , tal vez aluda a su corcel Sleipnir,según la mitología nórdica.

Gautatyr
(Dios de los Godos). Para los nórdicos es uno de los sobrenombres de Odín .

Geirlödnir
(Que invita al combate con venablo). Sobrenombre de Odín para los nórdicos; remite a Gungnir , su arma, que suele arrojar contra las tropas para decidir un combate.

Geirtyr
(Dios del Venablo). Sobrenombre de Odín para los nórdicos.

Hangagud
(Dios de los Colgados). Uno de los nombres de Odín según la mitología nórdica. Remite al colgamiento ritual que permite a un guerrrero o a un sacrificado llegar al Valhalla,así como a las pruebas iniciáticas que posibilitarán al dios adquirir una ciencia sagrada. Herido por un lanzazo, Odín colgó durante nueve días y nueve noches del árbol azotado por los vientos y cuya raíces nadie sabe de donde proceden. Otros sobrenombres aluden a ello: Hagantyr (dios de los colgados) y Hangi (el colgado).

Hangarty
El gran dios nórdico Odín se le representa con varios nombres, entre ellos este que significa “dios de los ahorcados o colgados”, esto por que Odín para obtener el conocimiento rúnico estuvo varios días colgando de Yggdrasill sobre el pozo de Mimer.

Haptagud
(Dios de las Ligazones). Sobrenombre de Odín para los nórdicos. Como vio perfectamente Mircea Eliade, los dioses indoeuropeos son ligadores (Varuna, Uranos). Haptagud alude al hecho de que Odín sabe paralizar un ejército.

Harbardr
(Barba gris). Uno de los nombres de Odín. En la mitología germánica fue un barquero gruñón. El dios Thor, que quería cruzar un río profundo, le pidió que lo llevara y lo único que recibió de él fueron insultos. Thor hubiera preferido ignorar la provocación de Harbardr, pero montó en cólera al ver que este no se movía de la orilla, sin darse cuenta de que Harbardr era en realidad su padre Odín. El encuentro entre ambos dioses revela sus diferentes carácteres: el alborotador Odín, tramposo y jactancioso; y Thor, temperamental pero sincero.

Harr
(El Alto). Un nombre de Odín, que remite a su calidad de dios soberano,según la mitología nórdica.

Herass
(Dios del Ejército). Nombre de Odín dado por los nórdicos en una inscripción funeraria noruega del siglo VII.

Herblindi
(Cegando al Ejército). Sobrenombre de Odín; “En el combate, Odín tenía el poder de cegar y ensordecer a sus enemigos”,según la mitología nórdica.

Herfödr
(Padre del Ejército). Uno de los nombres Odín según la mitología nórdica. Remite a su función de señor de la guerra. Los demás formados con “Ejército” son: Herteitr (Alegre entre los Guerreros), Hertyr (Dios del Ejército), Herjann (Señor de los Ejércitos).

Herjann
(Señor de los Ejércitos). Uno de los nombres de Odín. Por lo general se cree que alude a Odín como jefe de los “Guerreros Únicos” (Einherjar) que pueblan el Valhalla,según la mitología nórdica.

Hertyr
(Dios de los Ejércitos). Sobrenombre de Odín,según la mitología nórdica.

Hildolfr
(Lobo de Combate). Para los nórdicos es el sobrenombre que se da a Odín en el Lai de Harbardr, donde desempeña el papel de un pastor que se niega a transportar a Thor.

Hjalmberi
(Portador del casco). Es uno de los nombres Odín. Corresponde exactamente a las representaciones del dios en petroglifos y las planchas de hierro grabado halladas en Escandinavia. Su casco es de oro,según la mitología nórdica.

Hrafnagud
(Dios de los Cuervos).Para los nórdicos es uno de los nombres de Odín . Remite a sus dos cuervos, Huginn y Muninn , es decir: “Pensamiento” y “Memoria”. El dios los manda al mundo, cuando amanece, y regresan para contarle lo que han visto y sabido. Es posible que los pájaros sean la personificación de los dobles animales de Odín; sabemos en efecto que el dios puede cambiar de forma a voluntad. Hrafnagud tiene como sinónimo Hrafnaass: “el Aesir de los cuervos”.

Hrossharsgrani
(Grani el de las Crines). Para los nórdicos ,este sobrenombre de Odín, alude a la Saga de Gautrekr, donde Odín se hace pasar por Grani, el padre adoptivo de Starkadr. Pero Grani es también el nombre del hijo del caballo Sleipnir , el corcel de Odín; podemos ver pues en este nombre del dios una alusión a la importancia del caballo en su culto.

Jafnharr
(Igualmente alto). Uno de los nombres de Odín y, tal vez, el de otro dios citado en la triada Harr, Jafnharr, Thridi,según la mitología nórdica.

Jolnir
(Señor de Jol). En la mitología nórdica es uno de los nombres de Odín. Que el dios estuvo asociado a Jol, la Navidad pagana, no ofrece duda alguna, pero es ciertamente porque la fiesta es también la de los fallecidos. En Noruega ha sobrevivido largo tiempo una creencia popular según la que, en esta época, los difuntos viajan en grupos por los aires y roban a los vivos cerveza y vituallas, al igual que el propio Odín parece haberlo hecho en detrimento del rey Halfdan el Negro. Estos grupos de muertos son uno de los avatares del Cortejo Salvaje, denominado con frecuencia Cortejo de Odín.

Mercurio
-Dios romano hijo de Júpiter y la ninfa Maya (una de las hijas de Atlas), mensajero de los dioses. Dios de los viajeros,del comercio,la ciencia,ladrones y vagabundos.Es equivalente a Hermes para los griegos.
-Así designan los romanos al dios supremo del panteón germánico, Odín/Wodan. Desde el siglo I de nuestra era, numerosos ex-votos se dedicaron a Mercurio pero sólo una parte se refiere a Odín, por ejemplo Mercurius Channius y Mercurius Cimbrianus, aludiendo la otra a divinidades célticas: Mercurio del Ppuy-de-Dôme (Mercurius Dumidus), Mercurio del Averno (Mercurius Avernus), etc. En la poesía escáldica, Odín es aludado como el “dios de los cargamentos”, de los mercaderes por tanto, y las inscripciones votivas confirman la antigüedad de ese rasgo, puesto que revelan los nombres de Mercurius Negotiator, Mercurius Mercator y Mercurius Nundinator.

Odín*
Odín es omnisciente, conoce las runas, la magia y la poesía. Le gusta medir su saber con el de los gigantes, tiene el poder de hacer que sus enemigos queden ciegos, sordos, y de paralizarles, de detener los disparos en pleno vuelo y hacer invulnerables a sus partidiarios. Resucita a los ahorcados y a otros muertos.Es el conductor del Cortejo Salvaje en todos los países germánicos.Odín es señor de la operación mágica llamada Seidr y de la poesía porque ha bebido del hidromel maravilloso hecho con la sangre de Kvasir. Es también una especie de dios shamán (o chamán) , y todo su personaje atestigua la supervivencia de un importante substraco de creencias chamánicas. Adquirió sus poderes durante una iniciación de nueve noches. Sabe entrar en catalepsia o en trance para que su doble pueda evadirse y recorrer el mundo en forma de un animal, mientras su cuerpo permanece sin vida.La antiguedad y la importancia de Odín son atestiguadas por numerosos topónimos. Por otra parte, los textos nos han transmitido más de ciento setenta nombres y sobrenombres de Odín: reflejan su personalidad y sus actos (cf. Göndlir). Odín ha dado su nombre al miércoles: inglés Wednesday (antaño Wodnesdaeg).En el plano funcional, Odín corresponde a la pareja Mitra-Varuna de los arios y al Júpiter romano.

Sadr
(Verdadero). Para los nórdicos es un sobrenombre de Odín.

Sanngetall
(El que adivina la verdad). Uno de los nombres de Odín. Alude al hecho de que el dios obtenga siempre la victoria en los combates de enigmas,según la mitología nórdica.

Sidhöttr
(Largo Sombrero). Sobrenombre de Odín para los nórdicos. Alude al hecho de que el dios suele disimular los rasgos de su cara bajo un tocado.

Sidskeggr
(Larga barba). Sobrenombre de Odín que es descrito como luciendo una larga barba gris,según la mitología nórdica.

Skilfingr
Es uno de los nombres de Odín para los nórdicos. Vincula al dios con la familia de los Scylfingas, denominación anglosajona de la casa real de Suecia, los Ynglingar. Pero en las tradiciones escandinavas, se afirma que éstos descienden de Freyr, alias Yngvi.

Valfödr
(Padre de los Occisos). Uno de los nombres de Odín, en calidad de recuperador de los guerreros caídos en combate y que van a poblar el Valhalla. La poesía escáldica utiliza así los sinónimos Godo de los Occisos ahora bien, sabemos que “Godo” (Gautr) es uno de los nombres del dios, y “Dios” o “Tyr” de los Occisos (Valtyr),según la mitología nórdica.

Vegtamr
(Familiar de los Caminos). Para los nórdicos es el sobrenombre de Odín cuando se dirige a Hel, el reino de los muertos, para despertar, por medio de la nigromancia, a una vidente muerta e interrogarla.

Veratyr
(Dios de los Hombres). Ese sobrenombre de Odín elude a su papel en la creación del primer hombre y de la primera mujer,según la mitología nórdica.

Wotan
-Personaje mitológico de la América Central,que según la tradición,fundó un imperio en el actual territorio de Chiapas,convirtió a los indígenas y les enseñó el cultivo del maíz.
-También es uno de los nombres con que se lo conoce a Odín,el dios nórdico.

Wodan
Nombre que recibe Odín en wéstico (Wuotan, Wotan) y que se encuentra en el segundo Conjuro de Merseburg. Al otro lado del Rhin se le asocia con frecuencia con “montaña”, “casa” y “camino” en los topónimos,según la mitología nórdica.

Wodans
Nombre de Odín que tenían entre los Godos

Woden
Para los nórdicos es el nombre de Odín en viejo inglés. Se le conoce esencialmente por los topónimos que atestiguan su importancia. Woden aparece en el Hechizo de las nueve Hierbas, donde se le presenta como un mago-curandero: “Una serpiente vino reptando y mordió al hombre. Entonces Woden tomó nueve gloriosas ramitas y golpeo a la serpiente, que voló en nueve pedazos…” Las genealogías de las familias reales de Anglia,Kent y los sajones del oeste lo convierten en el padre fundador de su linaje.

Descubierto Colgante de Odín

Descubierto un colgante de oro de Odin junto a su caballo Sleipnir, del periodo de las migraciones que podría estar vinculado al pueblo germánico de los Hérulos en Eskatorp, al sur de Kungsbacka.

 Bengt Nordqvist
Fotografía: Bengt Nordqvist

Un colgante de oro que representa el dios germánico Odin y su caballo Sleipnir ha sido descubierto en una granja en Kungsbacka, Suecia. Los arqueólogos creen que la joya puede estar vinculada con los hérulos, los hunos y los antiguos romanos.

El hérulos eran una tribu germánica del este que vivían cerca del mar de Azov, cerca del Mar Negro, en el siglo III dC, y más tarde se trasladó a la frontera romana en el centro del Danubio al mismo tiempo que muchos germanos orientales durante el siglo IV, tales como el Godos, Esciros, Rugios y Vándalos

Los orígenes exactos de los Hérulos (o Heroli) son desconocidos. Parece que han tenido algún tipo de relación con las tribus que formaron los Suevos. Inscripciones antiguas de Escandinavia, que a veces se les atribuyen sugieren que este pueblo feroz, de guerreros fueron llamados los «señores».

En 1867, granjero sueco Peter Andreasson hizo un hallazgo único en su tierra, el descubrimiento de un colgante del siglo VI. Ahora, el arqueólogo Bengt Nordqvist y su equipo han descubierto literalmente oro. Un colgante de oro de Odin que monta un caballo fue encontrado cerca del primer hallazgo.

Odin, who has always been associated with war, healing, royalty, death, knowledge, wisdom, battles, frenzy, magic and runes was the supreme Norse god. He is mentioned in many mythological stories, not only from the Norse, but also Germanic and pagan mythologies. In myths and legends it told that he took Sleipnir, his eight-legged horse to the sky or underworld.

Odin, que siempre se siempre ha sido asociado con la guerra, la curación, la realeza, la muerte, el conocimiento, la sabiduría, la batalla, el furor, la magia y las runas, era el Dios nórdico suprema. Se le menciona en amplia literatura, no sólo de los escandinavos, sino también en las mitologías germánicas y paganas. Son numerosos los mitos y leyendas en las que aparce Sleipnir, el caballo de ocho patas subiendo a Asgrad o bajando al mundo llevando con sí a Odín.

Nordqvist afirma que el colgante de oro es un descubrimiento excepcional. Se estima que el colgante es del  año 400 dC. El colgante era probablemente una medalla o recompensa militar que terminó en el suelo como un sacrificio, dijo Nordqkvist. Sin embargo, parece un tanto extraño para los arqueólogos que un colgante tan valioso sería sacrificado en un lugar remoto como éste. Lo que hace que ambos descubrimientos sean muy interesante es que los colgantes tienen una inscripción rúnica que vincula esta joya para los hérulos, los hunos y romanos. La inscripción dice: «I erilen» y sugiere una conexión a la antiguos Hérulos.

«Los Erils o Hérulos, se mencionan en las fuentes antiguas como participantes en las grandes guerras entre los romanos, godos y hunos, dice Nordqvist. «Los hunos manejaron grandes cantidades de oro y la conexión con las antiguos reinos es por supuesto muy emocionante», continúa. El hecho de que dos antiguos colgantes de oro, de valor incalculable hayan sido encontrados en las cercanías, sugiere que podría haber mucho más por ahí. Los arqueólogos tendrán que examinar el área más cercana y buscar tesoros más antiguos que podrían emitir más luz sobre estos descubrimientos.

Enlace de audio donde habla el profesor Nordqvist

Manifiesto por un Odinismo moderno

foto-ampliada-842-1e¿Cuáles son las características religiosas en el odinismo actual? Hay posturas que tienen un carácter más laico y profano, que por su oposición a cualquier referencia teológica, no reconoce la importancia de lo sagrado, que tanto papel juega en posturas semejantes a la suya. No obstante, en las otras manifestaciones del odinismo se asume con normalidad su carácter religioso y la fuerza de lo sagrado, que todo lo envuelve y lo penetra. Asimismo todas las posturas que se distancian del cristianismo se alimentan también de la fuerza de lo sagrado.

Además de este carácter religioso, hay algunos rasgos que nos permiten acercarnos a una más adecuada comprensión del odinismo.

  1. Es la religión de la Naturaleza. La Naturaleza es concebida como un organismo vivo, que se basta a sí mismo y que en este sentido es «eterno». Por tanto se excluye la idea de creación, que supone a un Dios (personal) que contrapone al mundo, a la Naturaleza. La única divinidad tangible es la fuerza y la energía de la Naturaleza que percibimos a través de los Dioses Ases, una concepción indoeuropea celeste, que se complementa y tienen su contrapunto a través de las divinidades Vánicas.

Queda excluida también la concepción propia de la mentalidad científico-tecnológica que ha desencantado o desacralizado el cosmos. La Naturaleza está dominada por espíritus y fuerzas que son las que animan y unen en un único cuerpo a todo lo que existe. Eso es lo divino y lo sagrado:

-Algo que no podemos dominar ni controlar y que por el contrario envuelve, penetra y alienta a cada uno de los seres. Lo sagrado natural no separa cielo y tierra, existencia mundana y vida ultraterrena.

-Si hubiera un Dios diferente, un Dios que fuera realmente otro respecto al mundo, establecería separaciones, escisiones, divisiones, y por ello divisiones antinaturales.

  1. Al igual que no hay creación, tampoco hay resurrección ni encarnación. La muerte no debe ser comprendida ni como acabamiento ni como aniquilación, pero tampoco como paso a un mundo que sea distinto del que ahora ya experimentamos. Se da una pervivencia o prolongación en la dinámica del mismo mundo, como partícula de la energía inagotable de la Naturaleza. En este sentido resulta comprensible (más aún, prácticamente inevitable) la idea de reencarnación: una prolongación que no exige la conservación de un yo personal:

Tras la muerte el hombre continúa existiendo, si bien cambiando de soporte energético, al modo como se puede mantener información en soportes de carácter virtual. También en este caso la energía (impersonal, en cualquiera de sus concepciones) queda sacralizada, impregnada de un calor y fundamento divino. Pero al menos (y esto es lo que se pretende) al hombre se le ofrece una respuesta que aporta sentido al hecho de su muerte.

  1. El odinismo es ante todo una celebración de la Vida. Es una manifestación del modo de entender la Naturaleza. Una y otra deben ser escritas con mayúscula porque es la realidad máxima y única, que designa la totalidad en un cuerpo común. Se puede hablar de inclusión cosmobiológica: cada uno de los seres está incluido en la totalidad, que es el cosmos en su dinamicidad interna. El odinista sabe que cada animal, cada planta, cada forma mineral, desarrolla a su modo la Vida. También el hombre. Por eso, todo hombre debe recordar las fuerzas que nos elevan y nos sostienen para venerarlas. La vida y la conciencia son los regalos que nos ofrece la Vida, y por eso a ella debemos dirigirle nuestro respeto y nuestro honor. Lo divino es el aliento y la atmósfera que hace posible que ese conjunto vital despliegue todas sus virtudes y potencialidades. Por eso la celebración odínica puede concebirse y plantearse como una auténtica danza cósmica en la que todos y cada uno de los seres son actores.

Esta pertenencia a la Vida es lo que permite salir de la propia soledad. Cada ser, sobre todo si es consciente, se siente separado, desgajado, dividido interiormente, en el caso de que no se descubra integrado en una plenitud que todos comparten y a la vez realizan. Si las plantas brotan y los frutos granan, el ser humano debe gozarse de que la misma Vida se manifieste en una variedad tan rica y abundante de formas y de figuras.

El odinismo se entiende como una religión «verde», es decir, preocupada por defender, mantener y conservar el equilibrio de la Vida de la naturaleza. En este sentido se opone a la explotación y abuso que la humanidad ha ejercido sobre la naturaleza y las diversas manifestaciones de la Vida. Esta actitud destructora e irresponsable se debe ciertamente a la técnica moderna, pero igualmente al cristianismo, que concibió la tierra como un objeto que le ha sido entregado para el dominio y el control. En el antropocentrismo propio de la tradición moderna y cristiana, el odinismo pone en el centro la Naturaleza/Vida porque es el único modo de respetar a todo lo que existe.

  1. Esta concepción queda abierta también a derivaciones de carácter histórico y político. La presencia del cristianismo en Europa contribuyó a debilitar las energías propias de los anteriores habitantes de Europa. La fe cristiana, en consecuencia, ha sido negativa para la identidad y la vitalidad del hombre europeo. Consiguientemente hay que dar origen a una política que promueva el retorno a los valores antiguos, estableciendo como paréntesis todos los siglos de cristianización.
  2. El yo humano debe ser considerado como naturaleza y vida. Hay que resituar por tanto al hombre en su lugar exacto, como parte de un universo del que recibe su energía y su fuerza. Sólo así podrá encontrar su armonía y su equilibrio. Esto no significa que el odinismo deba ser concebido como un materialismo. El hombre no es simple materia comprendida en su estructura química o física. El odinismo enseña que en su intimidad más profunda están escondidas una sabiduría y una memoria peculiares que deben ser despertadas y desplegadas como una armonía que le permite entrar en contacto profundo con todos los seres. Por eso vive del asombro y de la veneración hacia todas las cosas, que nunca utilizará como objeto de manipulación. Más materialista resulta, a los ojos del odinista, el modo de actuar de la sociedad de consumo. Y no menos materialista aparece el cristiano que reduce todo lo que existe (salvo los seres humanos y divinos) a mera cosa, materialmente considerada.

La sabiduría que ilumina al hombre proviene del fondo de la naturaleza y de la Vida. No hay por ello revelación, es decir, una palabra que proceda desde más allá de la Naturaleza y que le pueda comunicar desde fuera verdades que deba conocer o máximas de comportamiento que deba seguir. La única revelación posible es el desvelamiento de las dimensiones profundas de la naturaleza que se expresan a través de la intimidad del hombre y a través del resto de las cosas, cuyo lenguaje el hombre puede captar ya que se encuentran en una sintonía radical.

  1. Propia del odinista es la moral del respeto a la Naturaleza y a los otros. Respecto a los seres no humanos ya ha quedado suficientemente expresado: no puede ser destruida ninguna forma de vida, cada una de ellas debe ser favorecida y potenciada. Eliminada la voluntad de dominio y de control por parte del hombre, la Naturaleza podrá desplegar su Vida con libertad y espontaneidad, en la hermosa e inmensa pluralidad de manifestaciones.

Respecto a los seres humanos podríamos resumir en esta fórmula el criterio ético fundamental: haz lo que quieras mientras no perjudique a nadie. Se respetan de este modo las apetencias y deseos del hombre. Con ello se deja espacio para que también su espontaneidad y su libertad no queden coartadas. Pero ello no debe ser concebido de modo absoluto o aislado. Ello iría en contra de la «inclusión cosmobiológica». El otro también tiene sus derechos, su libertad, su espontaneidad. Pero en la Naturaleza ambos deben integrarse y encontrarse, ya que forman parte del mismo cuerpo global. Lo que no se debe admitir es ninguna norma o ley que proceda desde fuera o que reprima las tendencias naturales del hombre. De este modo se desarrolla una ética que procede de la Vida y sirve a la Vida.

  1. La sacralización de la naturaleza y la exclusión de un Dios transcendente y personal lleva consigo la proclamación del politeísmo. La fuerza vital de la naturaleza no puede expresarse en una única figura o en un único ser. Cada una de las energías de la Vida debe ser honrada, venerada y cultivada. Lo divino se manifiesta de modos múltiples y todos ellos deben ser acogidos con cordialidad y como oferta para el desarrollo mismo de la vida del hombre.

Esta concepción politeísta de la divinidad permite una mayor flexibilidad y creatividad. Lo divino no es algo cerrado o clausurado ni concentrado en un solo momento. Por eso a través de los siglos y de las circunstancias puede haber desvelamientos nuevos de la plenitud de la vida. La espontaneidad y la libertad quedan de este modo reconocidas a lo divino, que no puede ser controlado ni domesticado por ningún grupo especial de mediadores ni puede ser fijado en fórmulas doctrinales definitivas o inmutables.

A la vez esta perspectiva permite mantener la libertad y la espontaneidad de los hombres. Nuevas situaciones y circunstancias producen nuevas necesidades espirituales o vitales, pueden permitir el despliegue de nuevas tendencias y apetencias o una renovada vivencia de las dimensiones del ser humano. Si tales necesidades son auténticas, encontrarán sintonía y respuesta en la plenitud de la Vida, que continuará ofreciéndose a la aspiración humana. La religión y su modo de vivirla pueden por ello ir evolucionando y cambiando. La religiosidad no será anquilosamiento o encorsetamiento, sino cadencia y melodía de la Vida misma.

  1. El politeísmo así entendido garantiza la tolerancia, el respeto, la comunicación y el encuentro entre los hombres. Ningún odinista moderno afirmará que su camino es el único modo de revelación de la divinidad. Menos aún reclamará poseer el camino único de la salvación. No tenemos, como ya decíamos, necesidad de ser salvados. El hombre es inocente y encuentra su yo más íntimo en el ritmo mismo de la Vida. En base a esta convicción fundamental, el odinista admite que todas las divinidades son expresiones multifacéticas de un principio vital superior y concreciones provisionales de la misma Vida que vincula a todos los hombres y que hace posibles todas las religiones.

Contemplamos la frecuencia y normalidad con la que los exponentes de la posmodernidad defienden y propugnan el politeísmo. De valores y de Dioses. La modernidad era también monoteísta: todo debía ser sacrificado a la Razón, a la Ciencia, al Progreso. Con ello quedaban oprimidas y reprimidas otras necesidades humanas y otras dimensiones de la realidad. Esas dimensiones y necesidades deben ser consideradas como más sagradas que las grandes palabras y los grandes proyectos, que siempre son abstracciones. El politeísmo, que es más humano y más tolerante, se acomoda mejor a la experiencia vital del hombre contemporáneo. Ello es lo que el odinismo legitima y potencia.

  1. Desde la confianza y la sintonía con la Vida el odinismo puede presentarse como la religión del optimismo y de la esperanza. En la sintonía y la armonía con la vida se puede experimentar un cobijo y una seguridad que permiten mirar el futuro con serenidad.

Los hombres pueden, además, apoyarse sobre sí mismos, sobre el fondo de energía que brota desde su intimidad, para desplegar sus posibilidades y para satisfacer sus propias necesidades. No hay que esperar una salvación desde fuera. Desde su energía interior puede ir encontrando respuesta a sus preguntas y aspiraciones. El pagano es por eso radicalmente optimista, pues celebra la vida de la que ya está gozando y que se le ofrece con todos sus tesoros.

Con ello la responsabilidad experimenta notables desplazamientos. No se puede hablar de responsabilidad en cuanto estar frente a un Ser superior que llama e interpela. Por supuesto, tampoco se puede hablar de una ley que pueda desatar la experiencia de culpa, menos aún de un pecado original. La responsabilidad no puede consistir más que en la fidelidad a la tierra y a los Dioses celestes, éste es uno de los puntos centrales de la confrontación con el cristianismo. Hay, por otro lado, en este optimismo primigenio y espontáneo una objeción que no puede ser disimulada ya desde este momento: la vida que se ofrece generosamente al hombre es a la vez profundamente cruel e inmisericorde. ¿Cómo mantener esa confianza en medio de la crueldad de la Vida?:

Esa es la clave que nos hace movernos a lo largo de la vida, caminando como lo haría un sonámbulo sobre el filo de la navaja, porque sentimos y amamos a nuestros Dioses, a la Naturaleza y a la vida misma y sabemos que la muerte no es sino la sombra de la luz, dos partes inseparables de una misma realidad.

Odín-Lug ¿Una misma deidad?

lug

Las religiones germánica y céltica parten de un mismo tronco común, a partir de este dato podemos rastrear las analogías entre los Dioses de ambos panteones.

El Dios Lug se remontaría a tiempos indoeuropeos protocélticos. Pues tiene el mismo origen que Wotan-Odin, el dios supremo del panteón germánico. Es de destacar los siguientes paralelos existentes entre ambos dioses:

  1. Lugus está a la cabeza del panteón galo. Odin a la cabeza del panteón germánico.
  2. Lug es caudillo del ejército, igualmente Odin.
  3. Lug juega un papel eminente en la divina batalla de Mag Tured, como Odín en el combate de los Ases y de los Vanes.
  4. Lug combate con una lanza. Odin también.
  5. Lug utiliza la magia en el campo de batalla; Odin se sirve igualmente de la magia con frecuencia.
  6. Lug cierra un ojo para realizar el encantamiento; Odin es tuerto.
  7. Lug es el maestro de la poesía, como Odín es el patrón de los escaldos.
  8. Lug tiene una cierta relación con el cuervo, y esta ave caracteriza también a Odin.
  9. Lug es un ancestro mítico, sobre todo para los Cú chulainns; éste es también el caso de Wotan.

Se trata de los característicos dioses de la primera función indoeuropea. Su paralelo entre los indos y los iranios es el dios supremo Varuna, inquietante señor de la magia paralizante. De ellos depende la soberanía en su aspecto sombrío, agresor, inspirado, violento, terrible, guerrero. El otro aspecto claro, sacerdotal, pacífico, moderado y estabilizador de la soberanía estaba representado entre los indoeuropeos por otros dioses de primera función del tipo del Mitra indoiranio y del Tyr germano.

Lo que sí está documentado en la mitología popular de raíz presumiblemente céltico-indoeuropea es un personaje que guarda sorprendentes paralelismos con Lug y con Odin. Es el Ojáncano (de ojo), ser maligno y monstruoso que se alimenta de osos o de lobos y se dedica a aterrorizar a los pastores y a los agricultores, cuyas aldeas y sembrados destruye durante la noche, roba los ganados o rapta a las pastoras guapas. Habita en las zonas abruptas y apartadas. En el mundo rural se creía que las destrucciones de las noches de tormenta y vendaval las hacia el Ojáncano en sus correrías nocturnas, identificándose su voz con el rugir de las tormentas y con el resoplido de un jabalí viejo. Tenía también la costumbre de embadurnarse el cuerpo con la grasa y el corazón de lobos y osos para apropiarse sus características de fuerza y ferocidad, lo que recuerda los ritos de iniciación practicados por los guerreros odínicos para adquirir el furor extático.

Sus rasgos físicos son llamativos: Es un poderoso gigante pelirrojo o de pelo blanco, con grandes barbas, y en su frente tiene un único ojo relumbrante con el que paraliza a sus enemigos, lo que recuerda notablemente a la magia extática de los dioses tuertos y de los guerreros indoeuropeos. Recordemos que en Irlanda a Lug se le consideraba una divinidad solar de tan brillante rostro que nadie podía mirarlo de frente, por lo que se le llamaba grianainech (“rostro del sol”), y que Wotan tenía el epíteto de Bale (“el de fogueante ojo”).

Otra de las singulares características del Ojáncano es que va acompañado de uno o dos cuervos, sus confidentes y aliados, que a menudo le informan de lo que ocurre en los alrededores, como cuando algún peligro le acecha. Es-tas aves cumplen determinados servicios para el Ojáncano: buscar a una persona, explorar un lugar determinado, etc., después de lo cual se posan sobre sus hombros o sobre su nariz para darle cuenta de lo que han visto. Sobre ello no puede dejar de pensarse en lo que dicen las Eddas de Odín: “Dos cuervos tiene sobre los hombros, que le dicen al oído todas las cosas que ven u oyen; se llaman Hugin (“el pensamiento’*) y Munin (“la memoria). Él los envía al amanecer a sobrevolar todo el mundo, y luego regresan a la hora de comer, y de este modo se entera de muchas cosas. Por eso le llaman los hombres “el Dios de los cuervos’’.

La antigua religión

La religión ancestral de los antiguos pueblos nórdicos, pertenece al conjunto de nuestra común herencia cultural ancestral indoeuropea. Los colonos que se instalaron en Islandia a partir del siglo IX pertenecían a ella, aun cuando los contactos con los reinos cristianos de Europa occidental los hubieran familiarizado con el cristianismo, por el que contadas excepciones mostraron escasa simpatía. Naturalmente -y al mismo tiempo-, conviene tener presente que la conversión al cristianismo—que fue forzada y violenta- no supuso el abandono de la antigua religión y, mucho menos, un olvido del imaginario mítico que se había construido en tomo a ella. De ahí que siguieran circulando oralmente poemas de asunto mitológico como la “Profecía de la vidente” aun en el siglo XIII, momento de su fijación por escrito, si bien, eso sí, influidos por las ideas cristianas de los escribas que la vertían a los pergaminos.

La Vóluspá o Profecía de la vidente nos pone en contacto con la mitología de los antiguos pueblos nórdicos y, más en concreto, de los antiguos habitantes de Islandia, que fueron los que le dieron una forma escrita y, en cierta manera, la fijaron, asegurando así su transmisión hasta nuestros días. Pero una mitología, [1] preforma solo una parte de un conjunto más amplio de creencias en lo divino, prácticas rituales ligadas a esas creencias y reglas de conducta más o menos coercitivas (desde un punto de vista moral) que conforman lo que tradicionalmente —y en un sentido lato— se ha denominado “una religión” El conocimiento de la antigua religión escandinava precristiana es fragmentario y no siempre exento de controversia. Las principales fuentes con que contamos son tardías (posteriores al año 1000) y, por tanto, influidas en cierto modo por la cosmovisión cristiana. Se trata de textos narrativos y poéticos conservados en los manuscritos islandeses medievales, aunque de modo auxiliar podemos echar mano de algunas inscripciones rúnicas (especialmente, aquellas anteriores al año 1000), de algunos topónimos y, sobre todo, de los cada vez más numerosos hallazgos arqueológicos, de interpretación no siempre unívoca.

Los antiguos pueblos nórdicos eran politeístas. Los dioses en los que creían eran numerosos y, como suele suceder (era el caso también, por ejemplo, de las divinidades griegas y romanas), presentan rasgos humanos aun cuando posean poderes sobrenaturales que los distinguen de los hombres. Como los seres humanos, están dotados de razón, pero también están sometidos a las pasiones, que en muchos casos pueden condicionar sus actos. Contrariamente a los dioses de otras religiones politeístas, los Dioses germánicos son mortales. En tanto que viven en comunidades estructuradas socialmente, constituyen una clara proyección de las comunidades humanas de la Escandinavia de la época. Estos dioses se organizan, en dos grandes familias: los Ases y los Vanes. Los Ases, dioses relacionados preferentemente con la guerra, mientras que los Vanes son los garantes de la fertilidad. Las interpretaciones sobre la posición de estas dos familias divinas en el panteón nórdico han sido diversas. La Profecía de la vidente, la Edda Menor y la Ynglinga saga nos cuentan que ambas familias se enfrentaron en el inicio de los tiempos. De la mayor parte de los textos se deduce que ninguna de las dos salió verdaderamente victoriosa de la guerra. El conflicto culminó en una tregua y un intercambio de prisioneros que selló la paz entre ambas, lo que, desde el punto de vista religioso, hemos de interpretar, sin duda, como una necesidad de vertebrar la visión celeste de los Ases, con la Ctónica de los Vanes. No todos los dioses, sin embargo, gozaron de la misma popularidad en los distintos territorios nórdicos.

Los Dioses

Entre los dioses de la familia de los Ases, Odín era el principal. En los textos se le presenta a veces como el “Alfǫðr” o padre universal e incluso como “Áss inn almáttki”, es decir, el As todopoderoso, aunque en esto es posible apreciar una clara influencia cristiana posterior. Vivía en el Valhala rodeado de guerreros que sus doncellas, las Valkyrias, se encargaban de seleccionar entre los más valientes de los caídos en combate. Pero también es el dios de la poesía, concebida en el mundo nórdico como un saber o una ciencia que era necesario aprender y dominar. De ahí que se le atribuya también la invención del alfabeto rúnico. En realidad, es el dios de la sabiduría por excelencia -y así se le describe en el Vafþrúðnismál-, cuya adquisición le conduce a realizar los actos más insensatos (recordemos que había dejado en prenda uno de sus ojos en la fuente de la sabiduría protegida por el gigante Mímir). Dos cuervos, Hugin y Munin vuelan por el universo para informarle de todo lo que sucede. A Odín lo veneraban especialmente los jefes guerreros y su Gefolge y fue bastante popular en Suecia y Dinamarca, aunque menos en Noruega y en Islandia. Muchas familias reales de Dinamarca e Inglaterra se han considerado sus descendientes.

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Odín con sus cuervos

La diosa Frigg es la esposa de Odín y está asociada al amor, al matrimonio y a la fertilidad, valores atribuidos, en principio, a los Vanes, lo que pone de manifiesto la dificultad de distinguir tajantemente entre las dos familias de dioses aludiendo solo a sus funciones. Se sentaba junto a su esposo en el famosoHliðskjálf (el trono de Odín) y compartía con él así el poder de contemplar los nueve mundos. En la mitología aparece como madre del dios Balder, a quien protege, y en ese sentido, encarnó las virtudes de la madre universal. Su culto tuvo mucha popularidad entre los pueblos germánicos, aunque poco a poco fue desplazado por el de Freyja, principalmente en los países escandinavos.

El dios Thor, hijo de Odín, estaba caracterizado por su fuerza física. Es el arquetipo del Áss nórdico. Una gran parte de su vida, la ha pasado luchando contra los gigantes, los enemigos de los Ases[2]. Se le suele representar armado con un gran mazo o martillo (llamado Mjölnir), uno de los símbolos precristianos que han podido identificarse con mayor precisión. En los textos se le designa a menudo como “el protector de la tierra”. Aunque los textos no le conceden una posición tan relevante como a su padre Odín, su culto gozó de una gran popularidad en toda Escandinavia. De ello da testimonio el elevado número de antropónimos compuestos con este nombre: se calcula que al menos uno de cada cinco emigrantes que llegaron a Islandia durante el periodo de la colonización se llamaba así y muchos son también los nombres compuestos con Thor en las inscripciones rúnicas conservadas. Las inscripciones rúnicas recogen, además, interesantes menciones al propio Dios. Estas menciones se han interpretado, en muchos casos, como una manera de solicitar su protección y, cuando la religión cristiana ya había enraizado, como una muestra de la resistencia popular al nuevo credo.

Otros miembros de la familia de los Ases, citados en las fuentes, parecen haber tenido menor relevancia desde el punto de vista de las prácticas cultuales ligadas a ellos. Podríamos mencionar, por ejemplo, a Tyr, divinidad probablemente más antigua que Odín y relegada por este a una posición inferior, al menos en la época vikinga (en la Edda Menor aparece convertido en uno de sus hijos), Balder, el hijo de Odín y Frigg, o su hermano Hödr.

Los Vanes tienen una menor presencia que los ases en los textos escritos, pero sabemos que ocupaban un lugar importante en la mentalidad de los hombres y mujeres de la época. Se distinguen de los Ases por encarnar los valores de la fertilidad frente a la primacía concedida por los Ases a las virtudes guerreras. Uno de los más relevantes, cuyo culto se extendió desde Suecia al resto de Escandinavia (aunque no parece ser conocido en el resto de los territorios germánicos), es Freyr, hijo del dios de las aguas y el mar, Njórd. Freyr es el dios de la fertilidad, garante de las cosechas y de la prosperidad. Su equivalente femenino es su hermana Freyja, que estaba vinculada al amor, la belleza y la fecundidad. Frente a Frigg, mencionada antes, a la que se presentaba, más bien, como la madre divina y la reina del cielo, Freyja aparece como una diosa más joven, de una nueva generación. La semejanza de las dos diosas desde el punto de vista funcional ha planteado un interesante debate acerca de la posibilidad de que se trate de un desdoblamiento a partir de una divinidad única más antigua (y, en ese sentido, la encamación de dos aspectos distintos de su carácter).

Otras criaturas mitológicas: los gigantes

Los gigantes o Jötuns son seres peligrosos para los hombres. Son seres monstruosos y enormes, pero también sabios, como Mímir, y también ricos, de los que se benefician los dioses en ciertas circunstancias. Están en el origen del cosmos (que se forma del cuerpo de Ymir). Algunas gigantes poseen una gran belleza (por ejemplo Gerðr).Los Jötuns eran una raza mitológica de gigantes con fuerza sobrehumana, descritos como la oposición a los dioses, a pesar de que frecuentemente se mezclaban o incluso se casaban con ellos, ambos Æsir y Vanir. Su fortaleza es conocida como Útgard y está situada en el Jötunheim, uno de los nueve mundos en la cosmología nórdica, separado de Midgard, el mundo de los hombres, por altas montañas y densos bosques. Cuando viven en otro mundo que no sea el suyo, parecen preferir cuevas y lugares oscuros.

Los gigantes representan las fuerzas del caos primitivo y de la naturaleza. Su derrota a manos de los dioses representa el triunfo de la cultura sobre la naturaleza, aunque por el costo de la eterna vigilancia. Heimdall mira perpetuamente el puente Bifrǫst desde Asgard al Jötunheim, y Thor frecuentemente hace una visita al mundo de los gigantes para asesinar a cuantos pueda de su clase.

Como una colectividad, los gigantes son atribuidos generalmente con una apariencia espantosa, aunque de tamaño similar a las otras criaturas. Algunos de ellos pueden incluso tener varias cabezas o una forma totalmente lejana a la humana; como Jörmundgarner y Fenrir (lobo gigante, el cual aparece luchando con Odín en la imagen de la derecha), dos de los hijos de Loki, vistos como gigantes. Las Eddas más de una vez asemejan su temperamento al de un niño. Muchas de las esposas de los dioses son gigantes, incluso Thor, el gran asesino de su raza, ama a Járnaxa. Como tales aparecen como dioses menores, que se puede decir del gigante del mar Ægir, mucho más conectado con los dioses que con los del Jotunheim. Ninguno de estos tema a la luz, y en comodidad, sus casas no difieren mucho de aquellas de los dioses.

 Otra clase de los gigantes eran los llamados de fuego (o Muspell), que residían en Muspellheim, el mundo del calor y el fuego, gobernados por Surt (“el negro”) y su reina Sinmore. Fornjót, la encarnación del fuego, era otro de su clase. La función principal de los gigantes de fuego en la mitología nórdica es causar la destrucción final del mundo incendiando el árbol del mundo Yggdrasil al final del Ragnarök, cuando los gigantes del Jötunheim y las fuerzas del Niflheim lanzarán un ataque a los dioses, y matarán a casi todos exceptuando unos pocos.

Los Templos

Estamos acostumbrados, por la profundidad con que hemos asimilado el ejemplo de las religiones del mundo clásico occidental y, posteriormente, de la religión cristiana, a la construcción y consagración de edificios de culto específicos y a la investidura de algunos miembros de las comunidades de creyentes como mediadores sagrados entre la población y las divinidades (a estos se les ha denominado tradicionalmente sacerdotes). En nuestra concepción actual, el fenómeno religioso, aun cuando forme parte de la vida cotidiana de los individuos, constituye una esfera aparte desde el punto de vista ritual. En el caso de la religión pagana precristiana de los pueblos nórdicos, la situación es un tanto más compleja. Los intentos de localizar templos paganos bajo las iglesias cristianas -partiendo de la idea de que el cristianismo, en general, ha aprovechado los lugares en que se asentaban los templos de otras religiones- no han dado, frecuentemente, resultados satisfactorios. Tampoco se han encontrado restos de construcciones específicas fuera de los lugares consagrados por el cristianismo. Los textos, por su parte, son bastante problemáticos porque, si en ellos podemos leer referencias a templos paganos e incluso descripciones de este supuesto tipo de construcciones, no tenemos claro en qué medida se trata de datos fiables, pues son escritos tardíos, posteriores a la difusión del cristianismo. Ello hace suponer que, en muchos casos, se trata de reconstrucciones anacrónicas a partir de una realidad más cercana puramente cristiana. El documento más antiguo sobre este asunto se remonta al siglo XI y fue escrito por Adán de Bremen. En su Gesta Hammaburgensis ecclesiae pontificum (cap. 26) cuenta que en Uppsala, en Suecia, existía un templo pagano de gran riqueza (“totum ex auro paratum est”) en el que se adoraban las estatuas de tres de los dioses más importantes del panteón nórdico: Odín, Thor y Freyr:

Nobilissimum illa gens templum habet, quod Ubsola dicitur, non longe positum ab Sictona civitate. In hoc templo, quod totum ex auro paratum est, statuas trium deorum veneratur populus, ita ut potentissimus eorum Thor in medio solium habeat triclinio; hiñe et inde locum possident Wodan et Fricco.

 

Los jötun de hielo

Los jötun de hielo

Los intentos de la arqueología por dar con los restos del templo no han sido demasiado concluyentes. Los restos se limitan a algunos agujeros para postes y hay estudios que incluso sugieren que existió una antigua construcción de madera de la época vikinga, lo cual puede tener sentido, como veremos enseguida, si partimos de una concepción menos rígida del culto nórdico precristiano. Las sagas y otros textos medievales islandeses han constituido también una fuente importante en el intento de algunos historiadores por determinar la existencia de templos paganos. En estas obras aparece con bastante frecuencia la palabra Hof (‘templo’ en su significado más reciente, aunque muy probablemente derivado de un significado más antiguo de ‘casa’ o ‘morada’). Las sagas nos cuentan cómo muchos personajes “erigen” o “construyen” templos para venerar a los dioses (ad reisa hof I ad gera hof). Hrafnkel, por ejemplo, construye un gran templo para Freyr, que era, según la Hrafnkels saga Freysgoda, su predilecto, al que ofrecía “alia hiña bestu gripi sína hálfa vid sig” (la mitad de lo mejor que tenía). En la Vatnsdcela saga, Ingimundur el Viejo levanta un templo desmesurado, “de cien pies de largo”. Uno de los pasajes que más ha llamado la atención de los historiadores, sin embargo, es el correspondiente al cuarto capítulo de la Eyrbyggja saga, donde se cuenta cómo Eórólfur erige un magnífico templo en honor a Thor, templo que se describe de una manera excepcionalmente detallada. Los testimonios son abundantes.

A este respecto, la arqueología ha confirmado, a pesar de la intensa búsqueda llevada a cabo en los últimos años, que no existen restos de ningún templo de estas características en Islandia en ninguno de los lugares citados por las obras medievales islandesas. El ejemplo más significativo de la polémica suscitada por los relatos de las sagas, alimentada por la ambigüedad de los hallazgos arqueológicos, es lo sucedido en el caso de las excavaciones de Hofstaðir, yacimiento vikingo situado en el norte de la isla. Como se desprende del topónimo propiamente dicho (Hofstaðir ‘lugar del templo’, literalmente), durante un cierto tiempo, especialmente a finales del siglo XIX, se consideró la posibilidad que en él se encontraran restos de alguna antigua construcción pagana consagrada al culto religioso. Las excavaciones realizadas en el lugar en diversos momentos del siglo XX y del siglo XXI han revelado la existencia de una antigua casa comunal, usada como residencia por algún jefe vikingo, con una gran sala para festejos y acontecimientos importantes.

Es sorprendente, sin embargo, el número de restos animales encontrados en el yacimiento, fundamentalmente de ganado bovino, lo que sugiere la posibilidad de que en ella se hubieran llevado a cabo sacrificios. En ese sentido, nos revela una concepción de las prácticas de culto bastante diferente a la que tenemos en nuestros días.

Lo que los restos de Hofstaðir parecen evocamos, pues, es una religión de expresión más privada, ligada a la esfera de la vida cotidiana (no separada de ella), en la que probablemente el mundo terrenal y el mundo del más allá terminaban mezclándose con suma facilidad. Quizá nos acerquemos más a la idea de “templo” pagano si pensamos en una vivienda que hacía también las veces, si era necesario, de lugar sagrado. Se entiende que, desde el punto de vista de la toponimia, podamos enumerar determinados compuestos en los que uno de los elementos es un sustantivo dotado de un significado relacionado con el culto (vé ‘lugar sagrado’, stallr ‘altar’, hõrgr ‘altar o templo’, etc.) sin que ni siquiera sea necesario que existan restos de construcciones en el terreno nombrado por ellos. Se ha señalado, con razón, que algunos de estos lugares son simples elevaciones del terreno, lo que parece coherente con la idea primitiva de la altura como punto idóneo de contacto con la divinidad. Muchos asumen que los santuarios podían ser espacios naturales simplemente acotados al efecto. En la tradición germánica, desde la Edad de Bronce, se conocen lugares genéricos que han podido cumplir esta función (lagos, pantanos, colinas, etc.).

Sacerdocio

Así pues, si muchos de los llamados “templos” paganos son construcciones habituales, que sirven de residencia o cumplen también otras funciones civiles, cabe preguntarse por los oficiantes del culto, los “sacerdotes”. Como sucede con los templos, la cuestión del sacerdocio resulta más clara si se interpreta esta noción de un modo amplio, y no desde la perspectiva de la religión cristiana u otras religiones integradas en estructuras sociales más rígidas. La inexistencia del sacerdocio como institución y, en general, de sacerdotes en sentido estricto, es decir, de personas dedicadas en exclusiva al culto, parece fuera de toda duda y resulta especialmente acorde con las características de la propia sociedad escandinava medieval. Eso no significa que los rituales fueran arbitrarios o incluso anárquicos. Todo apunta a que algunas personas, al margen de sus otras funciones, tenían también la prerrogativa de oficiar ceremonias públicas. Se trata, pues, de un privilegio limitado.

En este sentido cobra importancia, especialmente en Islandia, la institución del godord, de la que no conocemos todos los detalles. Se concibe como un conjunto de prerrogativas político-religiosas atribuidas a algunas familias ricas e influyentes. El godord se podía heredar, comprar y vender y quien se hacía con él era conocido como godi o godordsmadur. La conexión etimológica delgodord con la divinidad (gud) es evidente. Se considera, pues, que a quien tenía el título de godi le correspondía la prerrogativa de oficiar los grandes ritos, en su casa o en el territorio por el que se extendía, ya que, en un principio, tenía una clara delimitación geográfica. Las sagas nos presentan con frecuencia a personajes que ostentan el título de godi, en muchos casos vinculados específicamente al culto divino. La Hrafnkell saga Freysgoda, a la que me he referido más arriba, es un ejemplo paradigmático. Hrafnkell es conocido como el godi de Freyr (Freys- godi) porque, al margen de su liderazgo político-social, se ha consagrado a este dios. Ahora bien, no se excluye la posibilidad de que los hombres libres con suficientes medios pudieran también organizar actos de culto privados, de menor repercusión social. Esto sería consecuente con los hallazgos arqueológicos, que muestran objetos religiosos estrechamente vinculados a la vivienda. Por otra parte, los textos escritos no explicitan sistemáticamente la relación de los goðar (plural de godi) con los actos de culto. De hecho, muchos hombres poderosos, ricos o bien situados socialmente, según el relato de las sagas, organizan actos de culto sin necesidad de ser presentados comogoðar.

El Culto

El acto de culto por excelencia era el sacrificio, conocido como blót. Este solía realizarse en la casa comunal del jefe local o en el palacio del rey o príncipe, con lo que adquiría connotaciones políticas mayores. En principio, la organización del sacrificio dependía de la fe, la buena voluntad y la generosidad de aquel a quien le correspondía. Las sagas islandesas nos presentan a algunos de estos personajes como blótmadr mikill, es decir, muy dado a los sacrificios, y a otros, sin embargo, como blótmadr lítill o muy poco dado a ellos (en este último caso, ya frecuentemente en conexión con la llegada de la fe cristiana), lo que parece significar que hombres y mujeres se identificaban más con la antigua religión cuanto más participaban en este tipo de acto. Esto está en conexión con la influencia de la visión cristiana que prevalece ya en estos textos tardíos, pues la religión cristiana obligaba a renegar de las viejas creencias o, al menos, a no manifestarlas. Desde el punto de vista de los poderes públicos, el sacrificio era importante para garantizar un año de paz y de buenas cosechas (ár okfridr). De ello era responsable el rey.

En cuanto a las víctimas de estos sacrificios, se ha especulado con la posibilidad de que en algún momento o en algunas circunstancias se tratara de seres humanos. La fuentes en las que se basan los autores que defienden esta postura, dejando de lado la Germania de Tácito, que nos cuenta cómo los antiguos germanos (siglo I AC) ofrecían víctimas humanas a “Mercurio” (probablemente romanización de Odín en el texto), son Adán de Bremen, con su descripción del templo de Uppsala, y cuya credibilidad ha puesto en duda la mayor parte de los autores, y la descripción del ritual funerario supuestamente vikingo hecha por un viajero árabe del siglo X, Ibn Fadlan, en la zona del Volga, donde comerciaban algunos escandinavos, y en la que se cuenta cómo una esclava es sacrificada para acompañar y servir a su amo muerto en su viaje al más allá. Claro, que en este relato la esclava sacrificada acepta de buena voluntad su muerte, y la idea de sacrificio queda mitigada. En palabras del propio Ibn Fadlan:

Cuando un gran personaje muere los familiares preguntan a sus esclavos, hombres y mujeres, quién quiere morir con él y acompañar al difunto a ultratumba. Si alguien dice «yo», ya no puede volverse atrás. La esclava, porque generalmente son mujeres las que se ofrecen para el sacrificio, se ve separada de la familia y confiada a dos jóvenes muchachas que cuidan de ella, la acompañan adondequiera que va y la lavan cuidadosamente (Fisas, 1996: 29).

Si verdaderamente existió este tipo de sacrificios, no podemos afirmar que se tratara de una práctica habitual. Para algunos historiadores, serían más frecuentes en el caso de los ritos funerarios (en una tumba de Lejre, en Dinamarca, junto al cuerpo del difunto se encontró otro cuerpo decapitado y con las manos atadas), mientras que en los demás supuestos estarían limitados solo a circunstancias especialmente dramáticas, ligadas a asuntos de Estado y, probablemente, se celebrarían en presencia del rey. En ese caso, las víctimas serían prisioneros de guerra o criminales. El texto de la Heimskringla (cap. 67 de la Saga Ólafs konungs Tryggvasonar) nos cuenta cómo el rey Olafur amenazó a sus súbditos, para convencerlos más rápidamente de la necesidad de convertirse al cristianismo, con llevar a cabo un gran sacrificio humano que implicara a los hombres más distinguidos y no a esclavos o delincuentes, como sería lo esperable -deducimos- en el caso de sacrificios de este tipo. Pero, dejando de lado estas anécdotas de difícil confirmación, lo que los restos arqueológicos nos muestran con menor género de dudas es que la mayor parte eran sacrificios de animales. En las tumbas se han descubierto, sobre todo, restos de caballos y perros, que se suponía acompañarían al difunto en su nueva vida.

El Blót

El blót, como expresión religiosa, era propiamente una fiesta. El sacrificio de animales no era más que una parte de una ceremonia más amplia en la que se comía la carne del animal sacrificado y, muy probablemente, se cantaba y bailaba. De hecho, el verbo ad blóta, tan empleado en los textos, podía tener un significado más amplio que el de, simplemente, ‘hacer un sacrificio’, al que, por desgracia, ha quedado reducido en muchas traducciones. Significaría también ‘adorar a los dioses por medio de un acto sacrificial’, lo que abarcaría toda la fiesta en su conjunto. Este significado se pone de manifiesto en su régimen sintáctico, que supone la selección de un acusativo: ad blóta godin, frente a la selección más habitual de un dativo para expresar el sentido más restringido (ad blóta dyri), que tampoco excluiría la idea de la fiesta. Algunos de los brindis que se han conservado estaban dedicados a los dioses, lo que nos hace suponer que las libaciones ocupaban también un lugar importante en estos actos de culto. En cuanto a la sangre, hay discrepancias acerca del uso privilegiado que podía hacerse de ella en estos festejos. Hay quien asume, siguiendo una antigua costumbre germánica, que la sangre del animal se recogía en determinados recipientes (hlautbolli) para después hacer prácticas adivinatorias. Se ha hablado también de posibles hlautteinar o varillas para rociar a los presentes con la sangre sacrificial, aunque este rociamiento nos recuerda demasiado a las prácticas cristianas. Como estos aspectos relativos a la sangre no están demostrados verdaderamente para la época vikinga, la mayor parte de los autores parece de acuerdo en que esta no era un elemento esencial. De hecho, por los restos conservados, sabemos que los animales podían sacrificarse por medio de técnicas menos sangrientas, como el estrangulamiento. Se entiende que en épocas en que la escasez se convertía en un problema, como la medieval, la mayor parte del animal sacrificado se destinaba al consumo humano, pues había un interés particular en no derrochar nada. Así, las partes del animal reservadas propiamente a los dioses eran la cabeza y las pezuñas.

Los momentos concretos en que se celebraba la fiesta del blót (con el sacrificio que implicaba) plantean algunos problemas. Según Snorri Sturluson en su Ynglinga saga, al hablar de las leyes de Odín (cap. 8), señala que había tres momentos importantes que requerían una celebración de este tipo: el comienzo del invierno, con el objetivo de garantizar una buena cosecha (í móti vetri til árs),la mitad del invierno, para propiciar la fertilidad (at midjum vetri til gródrar) y en verano (at sumrí) en recuerdo de la victoria. Es evidente que esta última encaja en el relato de Snorri, pero, como han puesto de manifiesto algunos autores, no parece tener mucho sentido desde el punto de vista de la realidad religiosa alto nórdica. De todas las fiestas posibles ligadas al calendario, la más importante fue, sin duda, la que correspondía al solsticio de invierno, conocida como Jól y cristianizada posteriormente (Navidad). Si la fiesta era especialmente importante en el mundo nórdico, ello se debía a las peculiares condiciones climáticas en que vivían los escandinavos, pues las noches invernales pueden hacerse muy largas en esas latitudes y el frío intenso hace a la tierra especialmente improductiva. Se trataba de una fiesta ligada al retomo del sol.

La Muerte

Respecto a la muerte, es evidente que los antiguos escandinavos creían que existía un más allá, de ahí que se preocuparan, como muchas otras culturas, por establecer unos ritos funerarios y una manera propia de ocuparse de los cuerpos de sus difuntos. Dado el amplio periodo cronológico y la enorme extensión geográfica que abarca la religión nórdico-germánica precristiana, no sorprende que nos encontremos con costumbres funerarias bastante variadas y con maneras no siempre idénticas de interpretar el más allá. Las fuentes escritas nos hablan vagamente de un reino de los muertos y nos muestran diferentes niveles dentro de él, pero las contradicciones son frecuentes y las influencias cristianas, reconocibles, de modo que no sabemos a ciencia cierta cómo concebían realmente los antiguos escandinavos ese mundo después de la muerte. Parece claro, en todo caso, que existía un interés por facilitar el paso de los difuntos hacia él y por asegurar la continuidad de la vida comunitaria.

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La Diosa Hel

La disposición germánica de los así llamados “mundos” en el lenguaje Odinista-Asatru moderno frecuentemente acaba en acaloradas discusiones. Previo a 1984, la relación entre el emplazamiento de los “heims” fue poco más que un puzle. Numerosas descripciones de diversas disposiciones de los mismos, han sido propuestas durante los últimos cien años. La mayoría de estas muestra un gran disco con un árbol, Yggdrasil, creciendo en el medio, Jötunheim en la orilla exterior, Helheim abajo y Ásaheim arriba, dejando que Mannaheim/Midgard ocupe la región central. Más que rehacer la disposición del mundo tal como puede ser hallada en la mayoría de los libros de mitología nórdica o escandinava, es probablemente más fácil observar en la estructura cósmica del mundo cómo ella fue vista en la literatura de las sagas, comenzando con el más común, Mannheim. Mannheim, es decir, “el asentamiento del hombre”, está localizado centralmente en la mente germánica. Básicamente, el cuerpo de Ymir fue utilizado en el Ginnungagap y Mannheim, o Miðgarð, fue el lugar de habitación central. Los dioses, Óðinn, Vili y Ve, levantaron un baluarte entre el dominio del hombre y el dominio de los gigantes, quienes eran hostiles al hombre: gigantes de hielo (antiguo nórdico: hrímþursar) al norte, hijos de Muspell al sur, los Rísar (alemán moderno: Riesen) en las montañas salvajes.

Aquellos mundos más peligrosos para Midgard y que jugarán un papel importante en el Ragnarök son aquellos relegados al norte y al sur obviamente, restringidos a la costa por el baluarte de montañas formadas de las cejas de Ymir. Los seres potencialmente no dañinos al hombre o que por lo menos, no buscan su destrucción, parecen viajar a través de Miðgarð bastante regularmente. Algunos parecen haber fijado sus hogares en las montañas y aparecen habitualmente en el folklore desde el periodo vikingo hasta el presente junto con otras criaturas, tales como las Huldufólk[3], skogsraan (mujeres de madera), variados tipos de álfar, trolls, etc. Las divisiones frecuentemente varían grandemente de una región a otra. El punto principal aquí es que el mundo es mencionado como estando dividido simplemente en dos áreas: el recinto interior (Mannheim) y el exterior (Útgard) y éste es un concepto general que recorre toda la cosmovisión germánica, especialmente en lo que pertenece al sistema legal y a las relaciones legales.

La cosmovisión germánica atribuyó mucho al estar en el interior. Para la mente germánica, todas las cosas buenas y nutritivas están en el interior. El “interior” fue el hogar, la comunidad, la civilización, la buena fortuna, el amor y la suerte. Hubo estrictas costumbres sociales para mantener unido el interior como una totalidad cohesiva. El Hávamál es poco más que un conjunto de reglas cuya base es mantener a la comunidad unida en un todo cohesionado. Mantener un sentido del equilibrio dentro de una comunidad fue el propósito primordial del temprano sistema legal completo. Así, el sentido de “dentro” se desarrolló luego en un conjunto de círculos concéntricos cada uno siendo rodeado por el siguiente. El círculo central y el más interior es la familia circundada por la comunidad, la cual a su vez está circundada por el reino, el cual lo está por varias deidades legales. En las fronteras del reino comienza el exterior, el cual se adentra más y más profundo en lo salvaje. De adentro hacia fuera puede también ser visto como un continuum, en una visión de radio transversal, comenzando en el centro con lo más familiar, continuando hacia lo más foráneo, o incluso como de lo más seguro a lo más peligroso.

El sistema legal, particularmente como concerniente a la herencia y al matrimonio refleja este concepto de un continuum desde el interior hasta alcanzar lo externo. Las leyes de herencia y matrimonio tienen que hacer con cada ensanchamiento la base de la familia y haciéndola, de esta manera, más estable o en mantener ya desde antes la base ensanchada dentro de la comunidad. El matrimonio es el enlazamiento de dos familias, juntas no sólo para el propósito del amor y la descendencia, sino que, generalmente, como un asunto de pacto y negociación de toda índole. La dote fue un asunto de extrema importancia, tanto como la provisión de los hogares y la combinación de recursos naturales, tales como tierras de granja, animales, bosques, minas, etc. Esta forma de pensar no ha muerto completamente incluso en los tiempos modernos. El mismo pensamiento afectó a cómo se conducían en las guerras. En Irlanda, por ejemplo, los vikingos frecuentemente engendraron niños en las mujeres locales, porque en un plazo de 15 años, un vikingo tendría, con esperanza, la base de un hogar en Irlanda, mediante un hijo nativo por el cual, luego, nuevos tratos podrían ser hechos. Tener un hijo en una tierra extranjera daba al vikingo un “adentro” para venir a casa.

El concepto de la vida después de la muerte fue constante a través de toda la Europa germánica, no obstante Hel no fue una tierra extranjera ni otro mundo. En realidad, en la mente germánica, Hel fue parte de este mundo, el único mundo que fue en otro tiempo el cadáver de Ymir. `Hel’ es una palabra que lingüísticamente está relacionada a la palabra `cellar’ (sótano, en el castellano: celda) y ambas tienen también el significado de `oculto’. Aunque hay varias visiones de la muerte presentes en las Eddas y las Sagas, la más común y la única que parece haber sido la más pagana en origen, es aquella donde los muertos entran en los rediles de la familia ancestral, con la tumba o el túmulo, como punto de entrada. La muerte hacia el interior y la existencia dentro de la tumba continúa en el folklore germánico tiempo después de la conversión al cristianismo y aunque detalles de la vida después de la muerte parecen haber variado algo de una a otra familia e incluso dentro de la misma familia durante un periodo de muchas generaciones, la muerte en un hogar ancestral parece haber sido la creencia más común. “En principio, podríamos observar una inconsistencia. Diferentes hombres mantienen creencias diferentes, y un hombre puede mantener visiones que no eran consistentes lógicamente. Las creencias en la “vida después” fueron confusas, pero, en general, puede ser dicho que la vida continuaba después de la muerte, al menos por un tiempo, y había comunión, más o menos íntima, entre los vivos y los muertos. Los muertos fueron objeto de confianza, venerados o temidos. Ellos podían dar advertencias y ayudar a los vivos, pero también maldecirlos.

A menudo se creyó que el espíritu del difunto estaba ligado a la tierra durante un cierto tiempo. El hombre muerto vivía, pero su vida era en la tumba, y él podía ejercer todavía su influencia desde allí. Esto es mostrado en numerosas historias acerca de campesinos islandeses. “La tierra de los muertos, entonces, parece haber sido separada de Mannheim sólo en concepto. La entrada a la Tierra de los Muertos es a través de la tumba o básicamente cualquier cavidad en la tierra – cambio de suerte, salud, riqueza, fama, sabiduría, y asistencia “desde más allá del sepulcro”, en lenguaje moderno, tiene lugar en todo tiempo y están registrados en el extenso cuerpo del folklore venido de los países germánicos hasta el presente siglo. Las interacciones con la tierra de los vivos parecen haber sido íntimas y vestigios del concepto general de la muerte y de la tierra de los muertos continúa hasta hoy en día.

De los también llamados “nueve Mundos”, al menos siete aparecen teniendo relación con Miðgarð; Muspellheim claramente yace fuera del baluarte levantado por los dioses, como también un innominado “Heim” para los hrímþursar (posiblemente la costa norte en Niflheim).

¿Pero cuál de los dos recintos fue ocupado por las dos tribus de dioses? El consenso general es que los Æsir viven en el cielo, lo cual es una declaración que viene de la Edda Prosaica de Snorri. Sin embargo, las más antiguas fuentes no nos dan ninguna indicación.  Primero, debemos señalar que los neófitos e incluso algunos con muchos años en Asatru, frecuentemente usan el concepto de Bifrǫst como un indicador para la localización de los dioses nórdicos.  Sin embargo, Bifrǫst es un puente que se eleva mucho en el cielo, pero tanto su final hacia el norte o hacia el sur toca el suelo. Es un puente que cruza Miðgarð y alcanza el norte, mito común de los pueblos indoeuropeos de la “Hiperbórea” y que los antiguos germanos resaltaron, puesto que es aquí que los guerreros pueden ser vistos practicando sus maniobras de batalla durante el frenético despliegue de las luces del norte (la aurora boreal). El hogar de los Aesir es descrito como alto, pero nunca es considerado externo o situado en el Útgarð. Esto ubica al Ásgarðr entonces, dentro de las fronteras de Miðgarð, elevado en las montañas al norte. Es interesante, luego, que Jehovah en el Heliand, un poema en antiguo sajón en estrofas rimadas, es descrito como “viviendo en la fortaleza en la más alta montaña y que su hijo viaja a la tierra con sus doce gentilhombres guerreros.” La descripción sajona antigua del dios cristiano viviendo en Miðgarð es probablemente un buen indicador al que las otras descripciones montañosas de Ásgarðr prestan alguna veracidad, luego, a la declaración de que los dioses paganos fueron más “terrestres” que “celestiales”. El cuento de Skaði y Njórd de Snorri ahora toma sentido y de hecho da incluso más descripciones de la localización tanto de los Vanir como de los Æsir. Hasta donde puede ser asegurado, no hay indicación de ningún asentamiento de ningún tipo de criaturas en el cielo, hasta más o menos doscientos años después de la conversión al cristianismo de Islandia.

La disposición de los recintos se simplifica entonces. Hay un mundo (antiguo nórdico: werald, “la edad del hombre”) hecho del cadáver de Ymir ocupado en el Ginnungagap. La tierra de los Vivos yace arriba, la tierra de los Muertos debajo. Todos los tipos de seres viven dentro de las fronteras del baluarte originalmente instalado por Óðinn, con la excepción de los gigantes, cuyos orígenes preceden a la “edad del hombre” y quienes son dañinos o peligrosos para Miðgarð-Mannheim. Estos han sido obligados por los dioses a vivir fuera del Miðgarð. Las configuraciones tipo-Qabalah, las cuales todas han aparecido en las últimas dos décadas, son realmente poco más que un intento de envolver a la mitología nórdica junto al complejo conjunto estandarizado de concepciones New Age por los modernos círculos ocultistas.

Los enterramientos nórdicos son diferentes a los cristianos. Las investigaciones arqueológicas han puesto de manifiesto que los hombres y mujeres de la época eran enterrados con los objetos cotidianos que podían servirles en el más allá. Naturalmente, el tipo y la cantidad de esos objetos dependían de la posición social del difunto y de su riqueza. En el relato de Ibn Fadlan al que he hecho referencia más arriba el autor describe minuciosamente cómo se van depositando esos objetos personales junto al cadáver del jefe vikingo. Y recordemos que en esa descripción, además de los objetos, se coloca también el cuerpo de una esclava que decide acompañar al difunto en su viaje. Lo más normal, sin embargo, es que se sacrifiquen los animales más cercanos, los que solían convivir con el difunto. En Dinamarca y Noruega se han encontrado personas, pertenecientes a la aristocracia, enterradas en barcos, si bien no era una práctica habitual en el resto de los territorios nórdicos. Mucho se ha hablado de la posibilidad de que el cadáver de algunos hombres importantes se lanzara al mar en una nave fúnebre al que se prendía fuego. Se trata de una imagen que procede de la escena mitológica del entierro de Balder (tal como se da a entender en la Edda Menor) para la que no tenemos confirmación alguna por parte de la arqueología. Por el contrario, no es descartable que en algunos lugares el difunto fuera incinerado en tierra (es lo que sucede, finalmente, con el vikingo del texto de Ibn Fadlan).

No hemos de olvidar, por otro lado, que la concepción religiosa de los pueblos nórdicos no preconizaba una separación tajante entre el reino de los muertos y el de los vivos. Por eso no sorprende que, en el imaginario colectivo, ciertos difuntos pudieran volver a hacer acto de presencia para inmiscuirse en los asuntos de aquellos que quedaron con vida. Los textos nos describen con total naturalidad al personaje del draugr “fantasma, espectro o aparecido”, que va a tener un gran éxito incluso en la tradición literaria posterior. El más famoso es Glámr, que es vencido por el protagonista de la Grettis saga. En la Eyrbyggja Saga, a pesar del contexto clara-mente cristiano que preside muchos fragmentos, se narran numerosos acontecimientos en los que participa algún aparecido (pensemos, por ejemplo, en el capítulo 53, en que un pastor -muerto y enterrado en la iglesia- se levanta de su tumba y se presenta como fantasma en la puerta de la casa de Tórir). Como se ha señalado en diversas ocasiones, el draugr es un muerto que tiene aún cuentas pendientes (de muy diverso tipo, eso sí). La mejor forma de librarse definitivamente de él es convencerle de que regrese al reino de los muertos, lo que hará de mejor voluntad si se le ha ayudado previamente a resolver sus asuntos.

Aspectos menores ligados a la religión pagana tienen que ver con ciertos ritos que afectan a acontecimientos importantes de la vida de la comunidad, ritos de paso que marcan su vida; entre ellos hay que citar, por ejemplo, el nacimiento, en el que podían tener lugar prácticas mágicas con la intención de facilitar la llegada del niño. Era probable que la madre o alguna de las comadronas elevara al recién nacido hacia el sol para rociarlo después con agua. Se ha planteado la posibilidad de que la población se encomendara, en estas ocasiones, a las diosas Frigg o Freyja que, estaban especialmente vinculadas a la fecundidad y fertilidad. En cuanto al matrimonio, tenemos muy pocos datos acerca de su conexión con los dioses y con la esfera religiosa. Este desconocimiento podría deberse, en parte, a la influencia del cristianismo que, en este aspecto como en muchos otros, sustituyó los antiguos ritos por los nuevos con bastante rapidez. Es muy probable que la ceremonia del matrimonio se desarrollara en la vivienda del novio o de la novia, lo que está en consonancia con ese carácter más privado de la antigua religión nórdica al que ya me he referido. Desconocemos si una persona en concreto asumía la función de oficiar la ceremonia, pero, teniendo en cuenta lo visto hasta ahora, cabe suponer que el padre de familia o el jefe local, según los casos, fueran investidos como oficiantes.

[1] mythos (μῦθος), que en griego clásico significa aproximadamente ‘el discurso’, ‘palabras con actos’ (Esquilo: «ἔργῳ κοὐκέτι μύθῳ», ‘de la palabra al acto’) y, por extensión, un ‘acto de habla ritualizado’, como el de un jefe en una asamblea, o el de un poeta o sacerdote o un relato (Esquilo: «Ἀκούσει μῦθον ἐν βραχεῖ λόγῳ», ‘la historia completa que oirás en un breve lapso de tiempo’).

[2] Lucha continua del hombre en contra de la entropía: caos-orden.

[3] Huldufólk (personas ocultas, de huldu- “perteneciente al secreto” y “gente” Folk, “popular”) son duendes en el folclore islandés. Los proyectos de construcción en Islandia son a veces alterado para evitar daños en las rocas donde se cree que viven, de acuerdo con estas creencias populares de Islandia, uno nunca debe tirar piedras en esos lugares, debido a la posibilidad de herir a un Huldufólk.

También son una parte del folklore en las Islas Feroe.  En los cuentos populares de las Islas Feroe, de los Huldufólk se dice que son “de complexión fuerte, sus ropas son de color gris, y su pelo negro. Sus viviendas están en montículos, y son llamados también elfos, les disgusta las cruces, iglesias y la electricidad”.