Bibliografía Asatru

Ya en la breve introducción a su versión de los Textos mitológicos de las Eddas (Madrid, Editora Nacional, 1983), Enrique Bernárdez daba una sucinta y precisa información sobre los relatos y los personajes fundamentales de esta gran tradición mitológica que ahora, veinte años después, vuelve a explicar con un enfoque sistemático y de una forma completa. Pero me resulta agradable recordar mi lectura de aquella tan atractiva traducción pionera en nuestra lengua. Luego se han publicado otras versiones de esos textos míticos, como, por ejemplo, las de Luis Lerate de la Edda mayor y la Edda menor, la de Santiago Ibáñez de la Ynglingasaga y los Gesta Danorum de Saxo Gramático, y alguna otra saga por el propio Bernárdez. En fin, que si hace veinte años el profesor Bernárdez demostraba su dominio de los textos originales y de los temas de esa mitología, junto a una admirable precisión en la presentación crítica de los mismos, ahora se ha lanzado a esta excelente síntesis de la materia.

Como él nos advierte –tanto en el añejo prólogo como en la introducción del libro más reciente–, es conveniente tomar nota desde un comienzo de cómo toda esta compleja tradición mítica, nórdica o germánica, se nos ha transmitido a través de redacciones y relecturas tardías, en textos escritos ya en época cristiana. En su actual formato literario, las sagas de dioses y héroes se redactaron entre los siglos X XII, y tanto el erudito islandés Snorri Sturluson como el docto historiador danés Saxo Gramático escriben en la primera mitad del siglo XIII. Por lo tanto, atender a cómo se han ido configurando las noticias sobre esta mitología, en tan tardía tradición literaria, es esencial para comprender los alcances de este intrincado corpus mitológico. Esta tradición mítica y literaria se diferencia mucho, pues, de la del repertorio del mundo clásico. Aunque el panteón germano tenga con el grecolatino un parentesco básico, por el origen indoeuropeo de sus dioses, está muy alejado de éste por sus temas y sus tonos.

La perspectiva histórica de Bernárdez parte de un análisis de las creencias y ritos de los germanos desde la época más antigua, de los datos arqueológicos y de Tácito, y avanza hasta los relatos de las sagas y de las Eddas. Y va dibujando el progresivo desarrollo de la mitología, con ayuda de los datos arqueológicos y los textos, distinguiendo bien sus etapas y precisando de dónde provienen los testimonios que nos informan en cada momento.

Este enfoque amplio –que abarca consideraciones sobre ritos y rasgos de la sociedad germánica– ocupa la primera parte del libro, que muy bien podría haberse titulado Religión y mitología de los germanos. Comienza por darnos una visión general de la sociedad germánica y sus usos, con muy buen criterio y claridad didáctica; de los usos guerreros, de la magia, de las creencias y ritos sobre la muerte, y de las primitivas diosas madres, como las Matronae, bien atestiguadas en antiguas inscripciones, y de los variados seres sobrenaturales (etones, tuergos, elfos) trata en los primeros capítulos, para luego identificar y definir las figuras míticas de los grandes dioses nórdicos. Cuenta, pues, la división clásica entre las familias de Ases y Vanes, y, tras comenzar por las diosas Frigga y Freya, cuenta las historias de Wodanaz, Odín, Thor, Loki, Balder, etc. El buen conocimiento de los textos, citados y traducidos con destacada precisión filológica, se une a una fina cautela crítica en la exposición de estos fascinantes relatos. Bernárdez es un experto y ameno guía en el laberinto, que se dirige de cuando en cuando al lector para advertirle que los usos religiosos germanos son raros (aunque tienen sus paralelismos en nuestras propias liturgias), indicar la pronunciación correcta de los nombres y precisar aquí y allá las fuentes de cada relato. Esboza muy críticamente el latente trasfondo indoeuropeo de esta mitología, recordando puntualmente los estudios de Dumézil, y rastreando ciertas variaciones en el panteón nórdico, como el ascenso del sabio Odín, mago y viajero, y la marginación de dioses antiguos, como Tyr/Tiwaz. Concluye, como era de esperar, con la narración del agónico y fatal ocaso de los dioses en el Ragnarök, y sus resonancias trágicas. Todo ello está contado con una notable claridad, sin ninguna retórica pedante, y con muy buen ritmo narrativo.

Echábamos en falta un libro como éste, tan bien informado y completo. No teníamos, pienso, en español ninguna introducción completa, tan ordenada y bien documentada, sobre este espléndido corpus mítico. Vale para los relatos míticos y para la religión de los germanos, y todo su trasfondo social, por sus tonos antropológicos e históricos. Existía algún manual traducido hace mucho, como el de Eugen Mogk, Mitología nórdica (Labor, 1932, reed. 1953, trad. de Eustaquio Echauri), que pienso que aún merecería citarse, por lo preciso, ameno y bien ordenado, aunque seguramente resulta inencontrable en librerías. Pero Los mitos germánicos que comentamos significa una buena aportación crítica, muy bien actualizada en todos los aspectos, con su bibliografía muy cuidada y bien utilizada. Quienes admiramos los hondos enfoques de Dumézil apreciamos la atención crítica con que aquí se recogen sus ideas acerca de la estructura trifuncional indoeuropea y sus ecos mitológicos en el ámbito germánico.

Desde su enfoque inicial, El destino de los dioses diverge del adoptado en el libro anterior, aunque versa, desde luego, sobre el mismo repertorio mítico. No pretende, por otra parte, darnos una panorámica completa del mismo, sino que, como indica el subtítulo deInterpretaciones de la mitología nórdica, centra su comentario en tres grandes temas, muy característicos, de esa mitología.

Patxi Lanceros es profesor de Filosofía Política y Teoría de la Cultura en la Universidad de Deusto y ha escrito varios estudios y ensayos (como La herida trágica, de 1997, y Verdades frágiles, mentiras útiles, del 2000) que atestiguan su talante intelectual, tan atento hacia los ecos del pasado como a los conflictos del presente. Es importante tener en cuenta su adhesión a una perspectiva hermenéutica muy atenta a las funciones simbólicas de la mitología. Recordemos que Lanceros ha codirigido, con Andrés Ortiz-Osés, el atractivo y extenso Diccionario de Hermenéutica, publicado en Bilbao hace pocos años. Y en su interés por el imaginario simbólico de la cultura occidental se enmarca este libro, que supone muchas lecturas, un buen conocimiento de los textos –sea en alemán o en traducciones acreditadas– y una reflexión de largo alcance.

En todo caso, le impulsa una intención hermenéutica amplia. Avala lo que se apunta en las líneas de la contraportada de su libro: «Interpretar la mitología nórdica no es un ejerciciode erudición: es investigar un legado imaginario que ha dejado sus huellas en nuestra propia autocomprensión. Para nosotros, modernos o postmodernos, reflexivos, postradicionales, el encuentro con las mitologías es una exigencia arqueológica, una interrogación a las imágenes del sentido –símbolos– que nos han acompañado en nuestra aventura de pensamiento y acción».

El libro está integrado por tres capítulos: «Ases y Vanes: estructura y dinámica de la mitología nórdica», «Balder y Loki; tragedia y destino» y «Ragnarök : el destino de los dioses». Sobre estos tres temas se extiende el análisis y el comentario de Lanceros, citando los textos fundamentales con precisión para luego darnos su interpretación en términos de su propia hermenéutica. También aquí está muy presente la lectura de los libros de Dumézil, y de varios otros, bien citados y contrastados con notable rigor crítico. A diferencia de lo que hace Bernárdez, Lanceros se interesa menos por el aspecto de formación diacrónica de este complejo corpus, y más por el juego estructural de sus oposiciones significativas. Esto puede verse de modo claro cuando enfoca el conflicto de ases y vanes, o cuando contrasta el poder de Thor con el de Odín. Y cuando contrapone el maligno Loki y el brillante y bondadoso Balder. Del conflicto de las familias divinas de vanes y ases, uno de los rasgos básicos del entramado mítico germano, trata el primer capítulo. «Los vanes, dioses especialmente vinculados a la sabiduría, la magia, la fecundidad, el deseo y la paz son, en el panteón nórdico, el contrapunto necesario de los ases, dioses, como hemos visto, especialmente relacionados con la conquista, la organización, la fuerza, el derecho y laguerra.» Si, en opinión de Dumézil, unos y otros dioses se enfrentan y complementan porque representan diversas funciones de la sociedad arcaica –los ases el saber sacerdotal y el poderío guerrero, y los vanes el aspecto productivo de la tercera función–, Lanceros se inclina por otra explicación simbólica de ese juego dialéctico: «La religión germánica se asienta sobre el previo enfrentamiento y el posterior pacto entre dioses ases, representantes del ámbito celeste y viril de la mitología, y los dioses vanes, afincados en el lado telúrico y femenino de la misma». Ambos aspectos se contraponen, pero ninguno de ellos puede ser eliminado, sino que subsisten y colaboran en un pacto fructífero.

Pero quizás ese antagonismo simbólico entre lo telúrico y lo celeste invita a esquemas un tanto simplificadores. «Los ases dan cuerpo, figura e imagen a la mitad solar-celeste-viril de la estructura mitológica. Y el culto a los ases es el culto a la fuerza en todas sus posibles manifestaciones.» Pero Odín no es sólo un «dios del pillaje y la conquista», sino mucho más un mago y sabio, con un halo trágico, a la vez que guerrero. Que tiene su lado oscuro, desde siempre. Por otra parte, como Lanceros resalta bien, su sabiduría es adquirida. Pues si Odín es sabio y poeta, ese saber le viene de la cabeza de Mímir y su poesía del hidromiel fabricado con la sangre de Kvásir. El saber poético, como destaca Lanceros, no acompaña al dios por su esencia, sino que nace de los pactos entre dioses (págs. 60-61).

En el centro del volumen queda el capítulo consagrado a Loki y Balder, presentados como un núcleo simbólico esencial de esta mitología. El énfasis puesto en la muerte de Balder como el mitologema fundamental de la religión nórdica (escandinava) se basa, según Lanceros, en «la insistente atención por parte de los estudiosos de las religiones», pero sigue siendo una apuesta arriesgada, y bastante discutible. «En cuanto acoge vida y muerte, bien y mal, «cielo» e «infierno», pasado y futuro […], la escena de la muerte de Balder se convierte en verdadera encrucijada o nudo simbólico en el que coinciden las mayores líneas de tensión que componen el universo religioso de los hombres del norte: universo que constituye el soporte y define el límite de las conductas individuales y colectivas.»

La trágica muerte del bello y bondadoso dios, urdida por el maligno Loki, muy bien narrada por Snorri y Saxo, es un mito conmovedor y fascinante. Pero se puede objetar su papel estelar; Balder resulta un dios demasiado paciente, demasiado pasivo, para el gran protagonismo que aquí se le postula. Como escribe Bernárdez (pág. 279): «Este dios sólo hace una cosa: morir, y tiene una esposa, Nanna, cuya principal hazaña será arrojarse a la pira funeraria de su marido. Balder es joven y guapísimo, y en principio eso es todo. Lo mata su propio hermano, aunque más tarde ambos revivirán. De pocos dioses escandinavos se ha escrito y discutivo tanto como de Balder». Ya H. R. Ellis Davidson, en su conocido Gods and Men in Northern Europe (1964), escribía: «La historia de Balder es quizá la más seductora de todos los desconcertantes mitos que han sobrevivido en el norte». Y veía en él no sólo rasgos de un dios que muere y renace, sino de un gran héroe entre dos mundos.

Frente a él está Loki, que cuenta, por su parte, con un largo historial mítico de trampas y maldades. Bernárdez dedica treinta páginas a Loki y tres a Balder; Lanceros prefiere destacar el papel diabólico de Loki, marginando su aspecto de «truhán tramposo», de trickster. No me parece, en principio, incompatible lo uno y lo otro, es decir, el talento para engañar y el empeño en dañar y destruir. Ambos impulsos están en Loki, pero puede acentuarse uno u otro según nuestro enfoque. En todo caso, el carácter maligno del dios es evidente. Loki no recibe culto ninguno, con razón. Y con razón sufre su castigo, y se vengará en el Ragnarök. «Loki es la sombra diabólica», dice Lanceros. Pero también fue un demonio ingenioso que en más de un apuro resultó útil con su versátil ingenio. En fin, es un gran personaje de este repertorio mítico.

El tercer capítulo examina un tema no menos impresionante y enigmático: el oscuro destino de los dioses abocados a una fatal destrucción en feroz batalla contra los monstruos nacidos de Loki. En la mitología germánica, el destino está prefijado y ningún poder divino puede oponerse a su exigencia fatal del último derrumbe. En las raíces del árbol Yggdrasil, que es el eje cósmico, están las Nornas, las tres diosas que hilan la trama del destino. Y el destino, que implica esa última batalla en el trágico «crepúsculo de los dioses», está en lo más íntimo de esta concepción mítica, en la esencia misma del imaginario mítico: se trata de un rasgo peculiar de la misma. Lo expresa, de forma insistente, Lanceros: «La mitología nórdica no concede a los dioses de la lucha imperio sobre el destino, sino que construye su escatología sobre la imagen del destino omnipotente, un destino que nunca pertenece a los dioses soberanos sino que, de hecho, limita la soberanía de los dioses: la urdimbre del destino, que remite al ámbito nocturno de la estructura mitológica, se impone finalmente a la trama de las divinidades celestes». Desde este capítulo se nos ofrece una perspectiva de la cosmovisión última de la mitología nórdica, con una intensa reflexión crítica.

He aquí dos libros importantes y amenos sobre la mitología nórdica, un tema muy poco frecuente en nuestros lares. Ambos están escritos con una sólida preparación y una bibliografía muy completa, y redactados con un estilo atractivo y personal. El notable contraste de uno con otro, tanto en el tono intelectual como por el enfoque mismo, puede servir para recomendar la lectura de ambos, y dejar luego a criterio del lector decidir la exégesis que prefiera. Si Enrique Bernárdez atiende fundamentalmente a la formación y configuración histórica del complejo corpus mitológico, Patxi Lanceros ahonda en la visión hermenéutica de los grandes temas de esa religión como un coherente sistema simbólico de larga resonancia. Se puede aprender mucho de uno y de otro.

Nuestro ser determina nuestra religión.

Lucía

A diferencia de las llamadas religiones universalistas o «del Libro» (cristianismo, judaísmo, islam), cuyas implicaciones en los sistemas sociopolíticos son siempre débiles (de allí que sean fácilmente exportables), las religiones étnicas se caracterizan por su estrecha relación con las instituciones propias de las sociedades que las producen. En este sentido, es posible entender este tipo de religión como el conjunto de ideas subyacentes a formaciones sociopolíticas básicamente «primordiales», en cuanto a su esencia última; en ellas, la dependencia de lo político respecto al fundamento religioso responde a la concepción general del Cosmos como un orden de naturaleza sagrada en el que apenas se deja espacio para lo profano y al que los mismos dioses se hallan subordinados (de ahí su calificación también como «religiones del Cosmos»).

Por tratarse de un componente étnico más, equiparable a cualquier otro rasgo distintivo de un grupo humano culturalmente diferenciado (como la lengua), un sistema religioso étnico es, por definición, un fenómeno localizado e incapaz de expansionarse.

Mientras que la promesa de redención futura hace del cristianismo una doctrina especialmente atractiva para los grupos más desfavorecidos de la sociedad, el paganismo germánico, por el contrario, conecta con mayor eficacia con las personas más capaces, mejor preparadas y con mayor grado de espiritualidad de la sociedad moderna, donde la alienación tienes sus porcentajes más bajos.

Un Dios expresa los aspectos y los modos de acción del poder y no las formas personales de su existencia, por tanto, el antropomorfismo del dios, no más que su individualidad, no debe ilusionar. Tiene, también, límites muy precisos. Un poder divino representa siempre de forma solidaria aspectos cósmicos, sociales, humanos, no disociados todavía. La representación del dios bajo una forma plenamente humana constituye un hecho de simbología religiosa que debe ser situado e interpretado exactamente. El ídolo no es un retrato del dios: los dioses no tienen cuerpo. Ellos son, por esencia, los invisibles, siempre más allá de las formas, a través de las cuales se manifiestan, o mediante las cuales se exteriorizan en el templo.

 

La ley mordaza contra la libertad religiosa

Tras hacerse públicas la nueva normativa y las modificaciones legales en materia de Libertad Religiosa aprobadas en Consejo de Ministros de 3 de Julio de 2015, en concreto sobre la modificación de Inscripción y trámites del Registro de Entidades Religiosas y la regulación para el reconocimiento del Notorio Arraigo, y ante el comunicado ofrecido por la autodenominada “Plataforma Pagana” nos vemos en la obligación de hacer las siguientes puntualizaciones:

Estimamos que la regulación que se hace de la declaración de Notorio Arraigo, es injusta, porque viene a institucionalizar la discriminación que de facto se produce en la actualidad, se establecen dos categorías para clasificar a las confesiones religiosas, unas las que están en posesión de la declaración de notorio arraigo y las que no. Si la anterior normativa constituía ya un principio jurídico indeterminado, con esta, se refuerza esa indeterminación, además de poner barreras infranqueables a fin de limitar la protección jurídica a las que todas las confesiones legales en España tenemos derecho.

Además con la actual se produce una nueva discriminación incluso entre las confesiones que tienen otorgado el Notorio Arraigo:

  1. a) La iglesia católica, judíos, musulmanes, protestantes, mormones, Testigos de Jehová, ortodoxos y budistas. A éstos no les afecta la nueva ley ni toda la normativa que habla sobre su retirada si la confesión deja de cumplir las condiciones que tenían en el momento de su concesión. Puesto que la declaración de notorio arraigo les fue otorgada anteriormente a esta ley, están literalmente blindadas “ad aeternum”.
  2. b) Quien a partir de ahora la obtengan.

Se produce una curiosa disyuntiva jurídica, al exigir a las entidades que lo pidan a partir de ahora, unos requisitos que más de la mitad de las confesiones que actualmente disfrutan de la figura de Notorio Arraigo no podrían cumplirlo de tener que solicitarlo de nuevo y aplicar las condiciones que exige la nueva normativa. Así mismo a los actuales poseedores de Notorio Arraigo tampoco les afecta la normativa sobre la pérdida de dicha condición.

Se aduce que los nuevos requisitos para su obtención reducen la discrecionalidad que la administración tiene a la hora de otorgarlo y son ahora medibles y evaluables y que por ello ofrecen más seguridad jurídica: ESO ES TOTALMENTE FALSO. Estos son los nuevos requisitos:

  1. a) Llevar inscritas en el Registro de Entidades Religiosas TREINTA AÑOS, salvo que la entidad acredite un reconocimiento en el extranjero de, al menos, SESENTA AÑOS de antigüedad y lleve inscrita en el citado registro durante un periodo de QUINCE AÑOS.

Su único objetivo, el retrasar indiscriminadamente la aceptación a las nuevas entidades inscritas en los últimos años. Atenta de hecho, contra el principio universal de irretroactividad jurisdiccional, tanto en cuanto, el registro de entidades religiosas siempre ha sido libre y opcional. La libertad religiosa está proclamada en la constitución, el registro es solamente accesorio. No se puede volver en el tiempo para cumplir este requisito. Es injusto en sí mismo.

  1. b) Acreditar su presencia en, al menos, diez Comunidades Autónomas y/o Ciudades de Ceuta y Melilla.
  2. c) Tener 100 inscripciones o anotaciones en el Registro de Entidades Religiosas, entre entidades con identidad jurídica propia y lugares de culto, o un número inferior cuando se trate de entidades o lugares de culto de especial relevancia por su actividad y número de miembros.

¿Cómo se puede pedir un requisito que más de la mitad de las confesiones que tienen concedido en notorio arraigo no pueden cumplir? Pero este punto en su segundo párrafo establece que “…o un número inferior cuando se trate de entidades o lugares de culto de especial relevancia por su actividad y número de miembros” Quien establece el concepto de “especial relevancia” es la administración y con total discrecionalidad. ¿Cómo podemos demostrar que nuestros lugares de culto son de especial relevancia? ¿de cuantos miembros estamos hablando? ¿Qué tipo de actividad?

       d) Contar con una estructura y representación adecuada y suficiente para               su organización a los efectos de la declaración de Notorio Arraigo.

Aquí, la administración consolida su discrecionalidad, al establecer  unos requisitos incuantificables. Se entra a valorar la organización interna de las confesiones religiosas, algo inconstitucional pues va directamente contra Artículo 6  de la ley orgánica 7/1980, de 5 de julio, de libertad religiosa:

  1. Las Iglesias, Confesiones y Comunidades religiosas inscritas tendrán plena autonomía y podrán establecer sus propias normas de organización, régimen interno y régimen de su personal. En dichas normas, así como en las que regulen las instituciones creadas por aquéllas para la realización de sus fines, podrán incluir cláusulas de salvaguarda de su identidad religiosa y carácter propio, así como del debido respeto a sus creencias, sin perjuicio del respeto de los derechos y libertades reconocidos por la Constitución, y en especial de los de libertad, igualdad y no discriminación.

Sin duda, es una poderosa herramienta para denegar sistemáticamente el notorio arraigo por parte de la administración a cualquier confesión religiosa, al no requerir la ley valores concretos para cumplir este punto.

      e) Acreditar su presencia y participación activa en la sociedad española

No se piden requisitos cuantificables, por lo que la administración tiene otra herramienta para denegar arbitrariamente el notorio arraigo a quien le parezca oportuno. Los tiempo cambian, las redes sociales  arden literalmente con la presencia del paganismo y neopaganismo ¿Esto valdría? Este punto es inaceptable, por la imposibilidad de su evaluación. No se expresan criterios nítidos,  definidos y no sujetos a la arbitrariedad de la administración.

Se ha intentado blindar y cerrar a cal y canto la entrada a más confesiones de las que actualmente están repartiéndose el pastel. Todas esas confesiones, excepto los budistas (suponemos que para dar una nota de ‘color’ y evitar comentarios negativos) son religiones abrahámicas, no hay ni una sola de ellas politeísta, ni una sola que podamos decir que es una confesión de raíces europeas, algo nuestro, de fundamento propio. Es obvio e incluso natural que ese pastel también incluya partidas económicas, y quizás sea una prioridad para algunos de ellos, pero no para COE.

Entrando en las valoraciones de la ley por otros grupos paganos, quizás otros consideren positivo el identificarse  a sí mismos como órganos inexistentes en la normativa del ministerio de justicia, pero nosotros no queremos ser instrumentos de política ni utilizar esta normativa en beneficio propio sino trabajar en pos del reconocimiento del paganismo en general y en concreto del odinismo, en todos los ámbitos legales y sociales.

Sobre este punto queremos destacar que durante la entrevista que nuestra confesión tuvo con D. Ricardo García García, se le preguntó expresamente la relación que iba a tener a partir de ahora el ministerio con las agrupaciones alegales (que no ilegales) como plataformas, mesas para el diálogo, etc. Su respuesta fue contundente: NINGUNA. Todas las relaciones, negociaciones, concesiones, convenios y pactos del Ministerio de Justicia respecto a las entidades religiosas tendrán lugar, exclusivamente, a través de las FEDERACIONES en las que se encuadran.

La Comunidad Odinista de España – Ásatrú considera que, a todas luces, este paso dado por parte del Ministerio de Justicia acaba definitivamente con las esperanzas de legitimizar y hacer legalmente vinculantes nuestros ceremoniales y compromisos para con nuestros creyentes

Los odinistas, los que batallamos desde el principio y fuimos los primeros que dentro del paganismo politeísta en inscribirse legalmente en el registro general de confesiones religiosas del Ministerio de Justicia de España, sabemos que no hay alternativas, ni segundas oportunidades. Si no luchamos por el Notorio Arraigo, nuestra única garantía de ofrecer a nuestros creyentes la legalidad vinculante por nuestros ministerios como nacimientos, matrimonios e incluso, que algún día, también dispongamos de nuestros propios entierros y lugares aptos para ello, es papel mojado, ES NADA; a raíz de la nueva norma, nuestra presencia social y espiritual será anecdótica, testimonial y seguirá siendo marginal prácticamente para siempre. No debemos depender de registros civiles y ayuntamientos para justificar y duplicar los votos jurados, algo que vemos casi como un menosprecio a las confesiones minoritarias. COE-Ásatrú está pendiente de procedimiento para obtener el Notorio Arraigo, pues nuestra solicitud se presentó con la antigua normativa. Dentro del Real Decreto se ha añadido especialmente para nosotros la única disposición transitoria que existe en ella:

Disposición transitoria única. Régimen aplicable a las solicitudes en trámite.

Las solicitudes para la declaración de notorio arraigo en España que estuvieran en trámite en la fecha de entrada en vigor de este real decreto se regirán por el procedimiento vigente en el momento de su inicio.

Si hay algo que diferencia al paganismo de las religiones judeo-cristiano-islámicas, es nuestro rechazo a lo que éstas llaman “Sumisión” (Islam significa sumisión) o “la mansedumbre” cristiana. Cuando estimamos que nuestros derechos han sido invadidos no podemos permanecer impasibles. Si Sveinbjörn Beinteinsson, cuando reclamó el reconocimiento para Asatru en Islandia hubiera mostrado una actitud pusilánime, no hubiera conseguido nunca su objetivo, hoy en día Asatru es una religión pujante en Islandia. No obstante el poderoso Lobby cristiano islandés consiguió en 1975,  que el Althing cambiara la ley para dificultar el reconocimiento a nuevas organizaciones religiosas.

Y la historia se repite, pues tenemos la percepción que ha sido la Conferencia Episcopal,  claramente la impulsora de esta ley, en un vano intento de frenar la imparable expansión de las confesiones que realmente posen vitalidad en el siglo XXI. No, nosotros no vemos un “acierto” la nueva ley; no vamos a abandonar la lucha hasta que tengamos, entre otras cosas, los mismos derechos y privilegios que un matrimonio católico tras una boda. Es primordial para con nuestra gente; no es de recibo que nos contentemos con menos porque quizás el político de turno que actualmente es «sensible» a ciertos interlocutores de cultos minoritarios en cada visita a su despacho, mañana sea sustituido por otra persona y encontrarnos con un portazo en las narices y que la opinión de un “órgano consultivo” cuya existencia no aparece en ningún documento vinculante sea ninguneado. Lo vamos a decir claro, la figura de órgano consultivo es un placebo para tener la boca callada a quienes dicen representar a parte de las antiguas religiones politeístas autóctonas. En resumen, LO QUE NO ESTÁ ESCRITO, NO EXISTE. Aunque duela, esa es la realidad.

No se debe tomar nuestra postura como un ataque contra nada ni nadie, simplemente no estamos involucrados a ese nivel, ni nos interesa, no nos sentimos representados con quienes se conforman con palabras y poco más. Estamos convencidos que la única forma de representar y proteger a nuestros fieles es precisamente la cobertura que ofrece la figura de Notorio Arraigo y estamos luchando, trabajando y asesorando, precisamente desde nuestro gabinete jurídico, que son los únicos que pueden ofrecer una luz al final del túnel en las condiciones vigentes. Si perdemos este tren, no habrá otro y NI UNO SOLO, repetimos NI UNO DE LOS CULTOS MINORITARIOS, JAMÁS TENDRÁ RECONOCIMIENTO DE NINGUN TIPO, seremos los parias de las confesiones religiosas y con una difícil, sino casi imposible, proyección de futuro.

COE-Asatru, tiene claramente una responsabilidad, la defensa del Odinismo y su preservación en nuestra sociedad, cada organización es soberana de tomar sus decisiones, pero sin duda la historia los juzgará. Si hoy hay diez entidades religiosas registradas en España, es porque nuestra confesión consiguió su legalización, cuando todos daban por imposible el logro. De la misma manera y teniendo una fuerte fe y confianza en nuestros Dioses afrontamos con ilusión la solicitud de Notorio Arraigo que tenemos en curso.

Asimismo el 3 de julio se aprobó otro real decreto, que versa sobre el funcionamiento del registro de entidades religiosas, y que básicamente no tiene otra función que reforzar el control sobre las religiones y sus ministros:

Artículo 18. Solicitud de anotación y documentación que debe aportarse.

  1. Las entidades religiosas inscritas podrán anotar en el Registro de Entidades Religiosas a sus ministros de culto que ostenten residencia legal en España. En todo caso, deberán anotarse aquellos ministros de culto que estén habilitados para realizar actos religiosos con efectos civiles.

Se intuye una voluntad de control, siquiera administrativo, sobre quienes dirigen la oración y el culto de estas confesiones minoritarias. El creciente temor sobre el fanatismo religioso en determinadas confesiones, lleva al estado a un control exhaustivo de las mismas. Especialmente sobre sus ministros de culto. Es obligatorio para todas las confesiones de Notorio Arraigo. Voluntario para el resto. Pero en COE-Asatru nos hacemos una pregunta ¿Para qué queremos a nuestros sacerdotes inscritos en el registro si nuestros actos no reportan efectos civiles?  ¿Qué ventajas van a obtener con esa certificación? Realmente no vemos otra cosa distinta al  ejercicio de un control estatal sobre el conjunto de las entidades religiosas.

Creemos haber dejada claro nuestro rechazo de la ley sobre concesión de Notorio Arraigo, y apuntar cual es la verdadera intención del RER, ley del registro de entidades religiosas, argumentando punto a punto, realizando valoraciones objetivas y mostrando nuestra diferencia con la posición de otras entidades paganas.

Jerry da Silva Matz
Gilwellian hinn austrængoði
Lagman COE Ásatrú

 

El Patronazgo de los Dioses

 photoEl moderno Odinismo continúa su proceso de crecimiento y de evolución. Al calor de sus distintas corrientes, surgen nuevas formas de espiritualidad, y, en algunos casos, sucede que formas antiguas resurgen en el momento propicio. Una de estas formas es la que hoy os muestro, y a la que nos referiremos como «Patronazgo». Imagino que much@s de vosotr@s os habréis topado en algún momento con alguien que haya afirmado estar «consagrado», por ejemplo, a Freya, o a Týr, y tal vez os hayáis preguntado: ¿qué significará eso de estar consagrado? Pues de eso trata este artículo. Eso sí, voy a evitar la palabra «consagración», porque la considero preñada de connotaciones cristianas (buscadla en el diccionario de la RAE y entenderéis a qué me refiero), y no creo que sea el término más adecuado: sinceramente, creo que la palabra más acertada es «Patronazgo», y es la que voy a usar para referirme a esta práctica. Pasemos ahora a definir qué es el Patronazgo, y para qué sirve.
Como sabemos bien todos los odinistas, la relación que mantenemos con nuestros dioses y diosas es de familiaridad. Sin olvidar las buenas formas y el respeto debido, la interacción del ser humano con los dioses de nuestro pueblo es la misma que la que pueda haber en una gran familia: ante todo, prima el amor, la lealtad y el respeto de cada uno de los integrantes hacia el resto. Sin embargo, la relación que un individuo concreto tiene con cada uno de los integrantes de la familia no siempre es la misma: habrá familiares más cercanos y más lejanos, incluso algunos totalmente desconocidos; se encontrará con familiares simpáticos, y con otros huraños; unos le caerán genial y congeniará con ellos en seguida… y otros le caerán mal. ¿Y por qué nos sentimos más afines a unos que a otros? Pueden existir varias causas, aunque, por norma general, se conecta fácilmente con alguien a quien consideremos similar a nosotros, con quien compartamos gustos o intereses; tal vez tengamos una trayectoria vital parecida, o incluso puede surgir un feeling inexplicable, como si ambas almas estuviesen conectadas.
Dicho esto, vuelvo a retomar la cuestión. El Patronazgo de una deidad concreta es un compromiso sagrado que un individuo toma con esa deidad. La dedicación a un dios o diosa trasciende incluso la sacralidad de un juramento. Sin embargo, y a pesar de tratarse de un voto tan elevado, podríamos hallar similitudes con el sentimiento de amor, en sus facetas de proximidad e inmediatez con el otro. Por norma general, ostentar el Patronazgo de una deidad puede llegar a ser una tarea compleja que dura toda la vida, y personalmente no conozco a nadie que tenga más de un dios o diosa Patrones. No quiero, sin embargo, que alguien pueda pensar que en el Patronazgo se atisba un matiz de desprecio al resto de deidades: nada más lejos de la realidad. Tan solo se trata del paso natural para alguien que siente algo muy profundo por esa deidad concreta, aunque, como es natural, siga amando al conjunto de Æsir y Vanir.
Es por ello que el Patronazgo no debe tomarse a la ligera. No es un simple juramento, sino un voto de por vida en el que empeñamos el corazón, el alma y la propia vida. Si se toma, se asumen con él tanto las bendiciones que reporta  como las pruebas que conlleva, que las tiene, y suelen ser duras, pues a los dioses les complace poner a prueba la firmeza de nuestras convicciones y nuestra lealtad.
De igual modo, no debería usarse el Patronazgo para excusar o encubrir nuestras propias faltas o malas acciones puntuales (por ejemplo: «En plena pelea no fui capaz de controlarme y tuvieron que separarme del otro para que no lo matase a golpes, porque como soy devoto de Thor,…» , o«Soy incapaz de ser fiel a mi pareja, pero es que mi diosa Patrona es Freya.»). Tales actitudes son pueriles, vergonzosas y realmente perjudiciales para el alma. Y aunque sean nocivas para el individuo que las lleva a cabo, existe una utilización del Patronazgo aún más dañina y perversa: la de los peligrosos «iluminados», que amparándose en el concepto de conexión íntima con una deidad, tratan de cambiar la visión colectiva de la citada deidad con objeto de ponerla al servicio de sus intereses, sean de la índole que sean (algo similar a lo que intentan los Rökkatrúars con la figura de Lóki: como ya traté el tema con profusión en un artículo anterior, dejo aquí el enlace para los interesados en abundar en este tema concreto: «Rökkatrú: el Caos a través de los Nueve Mundos» ). Ahora bien, aclaremos algo: es normal tener una visión personal de un dios o diosa, y tal visión no tiene por qué encajar en el acervo icónico de la mayoría de odinistas. Lo perverso es imponer esa visión personal, sea ésta real o impostada, con el objeto de sacar algún provecho, léase fama, cierto grado de notoriedad o -los dioses no lo quieran- dinero.
Por lo tanto, y atendiendo a lo leído hasta ahora, debemos ser conscientes de que nuestra propia mente, nuestra percepción, nuestras ideas, pueden enturbiar el mensaje que los dioses nos pretendan transmitir. El mejor remedio para evitar esto es, en mi modesta opinión, la meditación: acallar el ruido externo y también el interior, concentrarnos en entender correctamente lo que los dioses nos dicen. No es que esté abogando por volvernos paranoicos, pero tampoco podemos permitirnos el abandono en la autocomplacencia.
¿Y qué beneficios podríamos hallar en el voto de Patronazgo? Debo, llegado este punto, recordar que, como politeístas, entendemos que existen diversas formas de guiarse por la vida, y no un único modo válido. Dedicarse a una deidad da un importante punto de apoyo para avanzar en nuestro día a día. De igual modo que lo hace una pareja o un viejo amigo, nuestra deidad Patrona nos dará consejo, guía e inspiración en aquellos momentos en que lo necesitemos.
Y ahora que creo que está más claro el concepto de Patronazgo o dedicación a una deidad, la pregunta tal vez sería: ¿lo necesito en mi vida? Y si es así, ¿por qué? La búsqueda de una deidad patrona debería iniciarla el deseo de tener una relación más próxima, más íntima, con los dioses. Si tal fuera el caso, yo recomiendo lo siguiente: analizar la raíz de ese deseo, asegurarnos de que no se trata de un mero deseo de «sobresalir» (o, en casos puntuales, «encajar»). Asimismo, no os forcéis a ataros con estos votos. Quiero decir que la mayoría de odinistas no lo hacen, simplemente porque no lo ven necesario para su crecimiento espiritual. La búsqueda de una deidad Patrona era más común en el paganismo germánico precristiano que en la acualidad (todos recordamos, por ejemplo, a Erik Thorvaldsson, Erik el Rojo, devoto de Thor). Así que, si no tienes un interés claro en ello, no te preocupes: no es algo que tú necesites.
Pero si se da el caso contrario, y este artículo ha despertado en ti el deseo de buscar un Patrón o Patrona, puede que te estés preguntando: ¿cuál podría ser?» . Esto puede parecer una perogrullada, pero no lo es tanto: hay gente que lo tiene muy claro desde un primer momento, en cuyo caso no hay que investigar más, pero ¿y si no es así? ¿Qué hacer? Bueno, aquí os presento unos consejos que espero os sean de utilidad:

  • Busca señales y augurios en tu entorno. Los dioses nos hablan más de lo que en ocasiones creemos. Por eso hablaba antes de la importancia de la meditación: una mente en calma y alerta puede percibir los mensajes con claridad.
  • Apóyate en tu clan, si perteneces a uno. Comenta tus inquietudes con tu goði/gydja: estarán encantados de aconsejarte y guiarte. Si además tenéis völva/vitki, expón tu caso y que hablen las Nornas. O, quién sabe, puede que tengas acceso a una spåkona. Aprovecho para reiterar lo que siempre digo: un clan es sinónimo de fuerza.
  • Infórmate y estudia mucho sobre los dioses y diosas, sus leyendas, sus esferas de influencia, y todo lo relativo a los Æsir y Vanir. Tal vez, la solución provenga de la comprensión.

     Y si es el caso de que ya tengáis una deidad Patrona, también voy a permitirme daros un par de consejos: es bueno tener en el hogar un altar particular para el dios o diosa Patrones, al margen, naturalmente, de nuestro altar doméstico, para realizar ofrendas cotidianas menos formales aunque más personales. ¡Y no os avergoncéis de vuestros votos! Lucidlos con orgullo, pues a buen seguro que es algo que complace a nuestros dioses.
¡Os espero en el próximo artículo!

La magia en el Odinismo

photoEn el último Þing que convocó el Jarl de mi clan, se propuso legislar al respecto del sacerdocio. Hasta entonces, nunca nos lo habíamos planteado, simplemente porque, en el caso del clan Fauces de Tormenta, la estructura sacerdotal estaba clara: tenemos una Völva, que se encargaba de la lectura de runas y que, si se diese el caso (gracias a los dioses, aún no ha tenido que hacerlo), se encargaría de los rituales funerarios, y naturalmente yo mismo en mi papel como Goði, diseñando y oficiando las ceremonias estacionales y de paso, así como estudiando y transmitiendo nuestra cultura y valores tradicionales.

Sin embargo, mi clan no es ajeno a los devenires de su entorno. La fe odinista va tomando fuerza, de modo lento pero seguro, y mucha gente comienza a plantearse una serie de cuestiones que deben tratar de responder por su cuenta con las herramientas de las que puedan disponer, generalmente de la red global y algún que otro texto en inglés o alemán. Esa debería ser tarea para los Goðar de cada kindred/clan, pero aún somos pocos, y la inmensa mayoría tenemos una formación autodidacta, lo que no es necesariamente malo, aunque nos lleva a utilizar una terminología distinta unos de otros, denominando con múltiples términos a un mismo concepto.
Uno de los ejemplos más ilustrativos al respecto es, precisamente, el asunto de la magia odinista. Sobre esto hablamos largo y tendido durante el citado Þing, y tal vez una de las mejores cuestiones que se plantearon en la asamblea fue: ¿por qué englobar sacerdotes y usuarios de magia, son acaso lo mismo?, y naturalmente surgieron las clásicas preguntas de «¿Entonces es lo mismo una cosa que la otra?», y dudas por el estilo. Asimismo, constaté que, aunque tod@s hablábamos de lo mismo, usábamos una plétora de términos, latinajos, y palabras sacadas del nórdico antiguo y el alto alemán. Era prioritario unificar conceptos y términos, y así lo hicimos. Descubrí lo enormemente confusos que en ocasiones podemos parecer aquellos que abusamos del idioma de las Eddas y las Sagas (y me incluyo, que conste). De modo que aquí estoy, dispuesto a explicar mi punto de vista sobre el asunto de la magia, porque pienso que, bien explicado, resulta de lo más simple. Allá vamos.
Como preámbulo, desearía hacer una aclaración sobre sacerdotes y usuarios de magia: los Goðar NO hacen magia, y ser usuario de magia NO te convierte en Goði. El sacerdote oficia un sacrificio, es decir, pone el mundo natural en contacto con la divinidad, mientras que el usuario de magia interactúa con la divinidad de modo sobrenatural. Así que podríamos decir que el Goði trabaja en la esfera natural, mientras que el usuario de magia lo hace en la esfera sobrenatural. En otro artículo puede que escriba sobre la tarea de los Goðar, pero hoy deseo centrarme exclusivamente en la magia y sus usos. Como reza el título del presente artículo, ¡hablemos de magia!
Los practicantes de magia odinista utilizan a menudo herramientas,
como varitas de tejo o incluso dagas rituales
 
Para empezar, distinguiremos las prácticas mágicas en tres grandes grupos bien diferenciados entre sí, con distinta metodología y, en algún caso, requisitos de uso, a saber: magia rúnica, Galðr y Sejðr. Pasaremos a explicarlos a continuación.
MAGIA RÚNICA. Se trata de la práctica mágica en la que se usan las runas, generalmente el Futhark Antiguo o el Anglosajón, dependiendo de la zona. Atendiendo a sus objetivos y formas de ejecución, dividiremos esta práctica en dos subgrupos:
  • «Adivinación» rúnica. La imagen que tod@s tenemos en mente de un montón de piedrecitas con runas talladas, a través de las cuales alguien puede decirnos lo que nos depara el destino, es el uso más extendido de la magia rúnica. Al contrario de lo que la mayoría piensa, el don de las Nornas no está al alcance de todas las personas: se transmite por línea materna (aunque el don puede manifestarse en ambos sexos, sin desprecio a ningún practicante). Denominamos Völva a la mujer que interpreta las Runas, y Vitki al varón que cumple la misma función.
  • «Trabajo» rúnico (en inglés Runework). A pesar de que no tod@s tengamos el don de la interpretación de los designios de las Nornas, bien es cierto que conocemos el poder mágico de las Runas, y podemos hacer uso de él, grabando o dibujando estos sagrados símbolos en ciertos materiales para lograr diferentes propósitos. Una embarazada que desee un parto menos doloroso se dibujará la runa Berkano en su muñeca; un atleta podría llevar un amuleto de madera con la runa Sowilo para obtener una victoria ansiada; si hemos sido estafados, podríamos grabar una piedra con la runa Fehu invertida para regalársela al estafador y que sus futuros negocios fracasen. Cualquiera puede aprender el uso de las Runas con distintos fines. Otra cosa será encontrar un maestro fiable y adecuado…
El material en que esté fabricado el juego de Runas
también puede influir en su lectura
 

GALÐR. Podríamos definir la magia Galðr como la parte de la magia que se ocupa del clásico «encantamiento», es decir, este tipo de magia requiere, para sus diferentes conjuros, del uso de unos determinados ingredientes o herramientas, el recitado, en ocasiones, de fórmulas mágicas, y una gestualidad propia y específica. Cualquiera que aprenda una fórmula Galðr puede usarla, sin más restricción que la del propio conocimiento (quiero decir que, si la conoces, pues la puedes usar, como es lógico).

Dentro de este tipo de magia encuadraríamos el
terrible maleficio nórdico llamado Niðstång
 
SEJÐR. Quizás la rama más popular y controvertida de la magia odinista, no se trata más que de nuestro chamanismo, ni más ni menos: el usuario de Sejðr, mediante un trance controlado, abandona su forma física para poder interactuar con los espíritus de su entorno. Al igual que la «adivinación» rúnica, este poder se transmite por vía materna y está más presente en las mujeres: se denomina Sejðkóna a la usuaria de este poder, y Sejðrmáðr al varón. En este caso sí que existe un prejuicio muy extendido entre los odinistas modernos, en la creencia de que un Sejðrmáðr es un individuo afeminado o poco varonil, por hacer gala de una facultad que es casi en exclusiva patrimonio de mujeres, pero se trata de un prejuicio infundado, y voy a explicar por qué: en la antigüedad, nuestros ancestros despreciaban a la figura del Sejðrmáðr simplemente porque para realizar su magia, debía entrar en trance, y un individuo que está fuera de si mismo queda indefenso, algo que nuestros antepasados consideraban una actitud poco masculina. Hoy en día no van a pasar a cuchillo a nuestros chamanes, por lo que no deberían preocuparse, y de paso, deberíamos esforzarnos en hacer pedagogía sobre el asunto y abandonar este tipo de pensamiento retrógrado, que en nada nos favorece. De todas formas, si ya es difícil hallar una verdadera Sejðkóna, aún lo es más toparse con un Sejðrmáðr, así que dudo que este tema genere mucha controversia o debate en un futuro. Dicho ésto, también podemos dividir las prácticas Sejðr en dos subgrupos, atendiendo a la finalidad de su uso:
  • Sejðr espiritual. Se trata del Sejðr más común, en el que el usuario se proyecta de forma espiritual fuera de su cuerpo físico, pudiendo así viajar por los Nueve Mundos e interactuar con diversos entes espirituales, desde el ancestro que acompaña a alguien hasta la Fylgja de alguna persona o un Draugr o un Svartálfar (toda esta terminología es la que vengo aplicando desde que empecé el blog, así que si no se entiende algo, por favor, decídmelo para que os lo aclare, ¿de acuerdo?). El Sejðr espiritual sirve para muchas cosas: preguntar a un difunto sobre algo concreto, saber si los Landvættir de un determinado lugar están complacidos con una ofrenda, o expulsar un Draugr de una casa en la que está molestando.
  • Sejðr «adivinatorio». Como es natural, el Sejðr también puede usarse para que ciertos espíritus (o, en ocasiones, los propios dioses) utilicen el cuerpo físico del chamán y ofrezcan profecías y consejos o visiones. Este tipo de Sejðr es muy específico y requiere una preparación muy dura, pues al margen de haber heredado las aptitudes, hay que curtir la mente para soportar unos trances tan agotadores. A este tipo de Sejðr se le denomina Spå, y a sus usuarios, Spåkóna o Spåmáðr, sean éstos mujer o varón, respectivamente. El trabajo del chamán no se reduce a entrar en trance y transmitir la profecía, sino también a su interpretación en base a su experiencia y conocimiento.
Una Sejðkóna es a la vez una viajera y una guerrera espiritual
(imagen cortesía de Darkyrie)
Bien, pues ahí lo tenéis. Si he logrado explicarlo correctamente, ya estaréis en condiciones de responder a las dudas más corrientes. Ahí van unos ejemplos:
Tengo un amigo que echa las runas, ¿es Sejðrmáðr? Evidentemente, no: es un Vitki.
-Dibujé en una camiseta un Ægishjálmr, ¿es mágica? Si te la pones sólo cuando necestites infundir temor en tus adversarios, sí: es Galdr.
Tiro las runas y ayudo a mis amigos enseñándoles conjuros, ¿soy un Sejðrmáðr? No: en todo caso serás un Vitki con conocimientos de Galdr, pero para ser Sejðrmáðr deberías entrar en trance e interactuar con espíritus, así que si no es el caso, no lo eres.
-Soy gay y me interesa la magia, ¿puedo ser un Sejðrmáðr? La condición sexual de un individuo no lo predispone para la práctica mágica, y el Sejðr se transmite por vía materna: si tu madre lo es, tú puedes serlo, al margen de tu sexualidad.
¿Cualquier Sejðkóna es a la vez Spåkóna? La práctica del Spå es una especialización del Sejðr: no cualquier Sejðkóna es una Spåkóna, aunque todas las practicantes de Spå han empezado practicando Sejðr.
Como siempre digo, estoy abierto a vuestras preguntas al respecto. Confío en haber sido claro y conciso, aunque reconozco que el tema es bastante farragoso. Estaré gustoso de realizar cuantas explicaciones y aclaraciones sean necesarias.
Manu Garzón
Goði COE Andalucía

RITUALES MÁGICOS EN LA RELIGIÓN NÓRDICA PRECRISTIANA: EL SEIÐR EN LA SAGA DE GÍSLI SÚRSSON

  1. RITUALES MÁGICOS EN LA RELIGIÓN NÓRDICA PRECRISTIANA

seidr 1Varios son los factores que han contribuido a la incertidumbre con la que hoy en día contemplamos las manifestaciones religiosas nórdicas precristianas. Entre ellos suele destacarse el hecho de que sus practicantes no se vieron en la necesidad de po­ner por escrito el corpus de sus creencias, como sí se hizo en la Iglesia cristiana des­de época muy temprana. El secretismo inherente a las prácticas religiosas precristia­nas contribuyó asimismo a que sólo una minoría estuviera al tanto de las fórmulas adecuadas que se empleaban en los diferentes rituales con los que los habitantes de los países nórdicos intentaban conseguir el favor de sus dioses.

En la Islandia precristiana el culto a los dioses del panteón nórdico carecía en principio de una organización jerarquizada y especializada, por lo que los granjeros islandeses dependían en las cuestiones religiosas públicas de sus líderes políticos, los denominados goðar. Éstos eran los únicos que estaban en condiciones de ofre­cer protección a sus seguidores, no sólo de tipo legal, sino también religiosa, porque a ellos les correspondía organizar los sacrificios a los dioses que garantizaban la paz y las buenas cosechas[1]. En estas reuniones, en las que los goðar o cabecillas is­landeses reunían a sus seguidores con la intención de agasajar a sus amigos y cele­brar la llegada del invierno, a veces se ofrecían sacrificios a los dioses, y de este modo constituían un medio muy eficaz de establecer alianzas o cuidar de las que ya se tenían. En el aspecto religioso, el compartir la comida y bebida suponía acceder a un complejo sistema de mutuas obligaciones de las que los dioses eran testigos.

En torno a estos banquetes giraba, pues, la actividad social de la comunidad. En ellos tenían también cabida personajes que disfrutaban de una especial relación con el mundo de los poderes ocultos. Eran personas que vivían normalmente apartadas de la sociedad y que iban de casa en casa respondiendo a preguntas sobre el futuro de los que se lo pidieran[2]. Aunque en las fuentes principales de nuestro estudio, i.e. las Eddas y las sagas islandesas, estas figuras son en su mayoría mujeres, también tene­mos ejemplos de hombres que se prestan a ayudar a los que lo solicitan en las tareas más siniestras, como es el caso del brujo þorgrímr en la Saga de Gísli Súrsson del que hablaremos más adelante.

Con la presencia de estos personajes en las celebraciones y rituales estacionales, la línea de separación entre las prácticas mágico-religiosas populares y las asociadas al culto de los dioses parece desaparecer. En estos casos es difícil dilucidar si dicha coincidencia espacial es únicamente el resultado del desconocimiento de la división de ambas esferas por parte de los autores de las sagas, o de una práctica habitual. La asociación del paganismo con diferentes ritos mágicos en las antiguas leyes de Noruega, Suecia o Islandia nos ofrece un testimonio más de que diferentes elemen­tos religiosos precristianos de diferentes épocas aparecen con frecuencia solapados o bajo la misma denominación[3]. La lucha de la Iglesia contra los últimos reductos de paganismo (brujería y magia) influyó muy posiblemente en la recreación del am­biente pagano de las sagas que llevaron a cabo sus autores[4].

De acuerdo con la definición del Kulturhistorisk leksikon for nordisk middelal- der el sustantivo seiðr hace referencia a un tipo de magia funcional con cuyo uso se puede dañar a personas, conseguir conocimientos sobre el futuro, las circunstancias meteorológicas, las cosechas, etc[5]. No hay unanimidad sobre la etimología del sus­tantivo seiðr, aunque dados los equivalentes que conocemos en Antiguo Alto Ale­mán (seito) y Antiguo Inglés (sada), todo parece indicar que su significado básico sería el de “cuerda”, “hilo” o “soga”. Esta etimología sería enteramente compatible con la idea, defendida entre otros por Eldar Heide, de que el seiðr es un tipo de ma­gia en la que sus practicantes envían su espíritu en diversas formas, entre las que destaca la de la cuerda, y que también concuerda con la idea de que el destino de los hombres es a menudo representado en la mitología como un hilo que es tejido por di­ferentes personajes femeninos[6].

Las referencias a este tipo de magia y a sus practicantes no se circunscriben, como hemos afirmando, a las sagas islandesas, sino que también en algunas de las actividades mágico-rituales de los dioses recogidas en las Eddas pueden encontrarse referencias o correlatos de los episodios de las sagas en los que se incluyen motivos relacionados con la magia o el seiðr1. Por su relación con la esfera de lo sagrado, como afirma Catharina Raudvere, el seiðr adquiere una posición privilegiada dentro del contexto ideológico precristiano nórdico[7] [8]. En esta misma dirección, el seiór sue­le mencionarse en relación con las controvertidas actividades chamánicas del dios Óðinn, i.e. con una serie de prácticas que aunque no directamente conectadas con este tipo de magia, sí que pertenecen a un complejo más amplio de ritos, algunos de ellos de iniciación, que suele englobarse en la denominada “magia odínica”[9].

La representación literaria del seiðr en contextos mágico-religiosos nórdicos se enmarca en un espacio simbólico marginal que lo diferencia del oficial en el que se realizaban los sacrificios. Es decir, sus practicantes no pertenecen a ninguna clase so­cial definida. Por su poder y conocimientos para entrar en contacto con “el otro mun­do” disfrutan de una posición ambigua. Son temidos, odiados, y a la vez deseados en tiempos de incertidumbre. Como dijimos más arriba, este tipo de magia era practicada sobre todo por mujeres, de ahí que normalmente aparezca asociada a los conceptos de níð y ergi, que en caso de practicantes masculinos aparecen asociados al deshonor y a la implicación de una desviación sexual, como afirma el mismo Snorri Sturluson en la Ynglinga saga al ofrecer una explicación sobre su origen en clave mitológica[10].

No todos los practicantes de estas artes mágicas pueden englobarse, sin embar­go, en una misma categoría. Algunos tenían cualidades consideradas positivas, como la capacidad de ver lo que está oculto o de prever lo que está por venir[11]. Otros, por el contrario, podían incluso hacer enloquecer a sus enemigos o causarles la muerte, por lo que no es inusual encontrar la división entre el seiðr blanco y seiðr negro en algunos estudios sobre este fenómeno mágico-religioso. Tras esta división, sin em­bargo, subyace otra más importante que hace referencia a los dos prototipos de ma­gos que aparecen relacionados con el seiðr tanto en las sagas islandesas, como en la Edda Mayor, la volva (pl. volur) y el seiðmaór o seiðskratti[12].

La importancia de las primeras en el entramado mitológico precristiano es más que evidente, si nos atenemos al hecho de que el poema nórdico apocalíptico por excelencia, el Voluspá, “La profecía de la adivina”, contenido en la Edda Mayor, está puesto en boca de una volva a la que el mismo Óðinn acude en busca de ayuda. En este caso, como en el del relato del ritual llevado a cabo por Lorbjorg  lítil-volva, “la pequeña volva”, en la Saga de Erik el Rojo, Eiríks saga rauda, los practicantes del seiðr cumplían una función social en tiempos de escasez o enfermedad[13]. Ade­más, también podrían estar relacionadas con antiguos rituales de la fertilidad, ya que tanto su indumentaria (la volva estaba cubierta con pieles de gato, el animal sa­grado de Freyja), como el hecho de que con su venida se anticipaba el final de la ca­restía apuntan en esa dirección. Su llegada, como nos dice el autor de la Saga de Erik el Rojo, era una costumbre bien arraigada, seiðr, y se esperaba con cierta impa­ciencia. Cuando la volva se dispone a entrar en la granja, los presentes la saludan de manera apropiada[14]:

Enn er hon kom inn, pótti ollum monnum skylt at velja henni soemiligar kvedjur.Hon tókpví sem henni váru men gedjadir til[15].

Las volur podían necesitar en ocasiones la colaboración de otras de su clase, como es el caso de la volva mencionada en la Orvar Odds saga que llega acompaña­da de un grupo de jóvenes asistentes, tanto hombres como mujeres, y que al parecer están aprendiendo el oficio[16] [17].

Un caso diferente es el de los seidmenn17. Su presencia en las sagas está acompa­ñada de una sucesión de términos con claras connotaciones negativas, como es el caso del ya mencionado ergi. El comportamiento afeminado atribuido a los seid- menn actúa como una categoría simbólica, ya que despierta en la sociedad un senti­miento de desprecio y aversión, lo que, como decimos más arriba, contribuye a su marginación social. Sus actividades mágicas están normalmente encaminadas a provocar desgracias, bien por propia iniciativa o por encargo de otros[18]. De especial in­terés a este respecto es la familia de seidmenn provenientes de las Islas Hébridas que se menciona en la Laxdoela saga. Kotkell y su familia son un caso prototípico de una estrategia narrativa, según la cual las diferencias étnicas eran interpretadas por la audiencia como un marcador de que algo anómalo iba a suceder. Junto a esto, el he­cho de que tanto en la Laxdoela saga, como en la Gísla saga los practicantes del seiðr aparezcan agrupados en familias, nos parece buena prueba de que los autores de las sagas pretenden adscribir este tipo de prácticas a ciertos círculos bien sean fa­miliares o nacionales[19].

En definitiva, y antes de pasar al análisis del seiðr en la Saga de Gísli, no pode­mos obviar el hecho de que buena parte de sus representaciones literarias proceden de época cristiana y que a menudo fueron modificadas para adaptarlas al entorno re­ligioso-cultural de los autores que las llevaron al papel.

  1. EL SEIðR EN LA SAGA DE GÍSLI SÚRSSON

La Saga de Gísli Súrsson es uno de los principales exponentes de un subgrupo dentro de las Sagas de Islandeses denominado “Sagas de Desterrados”[20]. La Saga de Gísli es una obra anónima que ha sobrevivido en tres redacciones de las cuales dos han llegado hasta nosotros completas (las denominadas S y M) y la tercera sólo en forma fragmentaria (B). De la versión M, la versión corta, se conservan más de una veintena de manuscritos, el más antiguo de los cuales, el AM 556 a 4to es el que ha servido de base a buena parte de las ediciones y traducciones de la Saga. Dicho ma­nuscrito fue escrito en el oeste de Islandia en el último cuarto del siglo XV (1476-1499), aunque no se conoce la identidad del copista. La versión S, o versión larga, ha llega­do hasta nosotros en dos manuscritos en papel que con toda probabilidad son copia de un pergamino que data del siglo XIV, y que llegó a Dinamarca en el siglo XVII por el interés del monarca dano-noruego Federico III (1609-1670) en completar su regia biblioteca. La versión B, o fragmento, sólo se conserva en cuatro hojas bastan­te dañadas del manuscrito AM 445c I 4to de principios del siglo XV y contiene úni­camente algunos capítulos de la Saga.

Las dos principales versiones de la Saga (S y M) coinciden en la presentación de los episodios fundamentales de la vida de Gísli Súrsson. Las diferencias textuales entre ellas son, según nuestra opinión, resultado de las diferentes estrategias de sus redactores respecto a la historia que querían contar. En este artículo no proponemos, sin embargo, una discusión profunda de las peculiaridades estilísticas o temáticas de las versiones, si no que nos conformaremos con mencionarlas cuando sean pertinen­tes para nuestro análisis del seiðr en la Saga.

La Saga de Gísli representa el drama de la inadaptación de su personaje princi­pal, Gísli Súrsson, a las exigencias de una sociedad dinámica y en proceso de forma­ción, y a las de una familia que no compartía su visión del honor y la justicia. La Saga de Gísli gira en torno a la temática del honor y la venganza, aunque su trama principal es el fruto de la interacción de diversos temas transversales entre los que destacamos el del amor. El amor no es, sin embargo, una de las fuerzas motrices de la acción, sino solamente uno de los mecanismos narrativos de los que se sirve el au­tor para desarrollar la trama. Los dos grandes conflictos que constituyen los ejes cen­trales de la Saga tienen su origen en la dialéctica entre dos tipos de emociones, los celos y el orgullo. Las sospechas de þorbjorn, padre de Gísli, de que su hija Lórdís estaba siendo cortejada de manera deshonesta por un joven, y los posteriores celos de þorkell por un antiguo amor de su mujer, son los detonantes de la ruptura y la tra­gedia familiar de los Súrsson, que acabará con la muerte trágica de los hermanos Gísli y Lorkell y de los cuñados de éstos Vésteinn y þorgrímr el goði. En ambos ca­sos, Gísli es arrastrado a la acción por su adhesión a un código de conducta marcado por la defensa del honor. La ética heroica que guía las acciones de Gísli parece suge­rir que el autor original de la Saga conocía con toda seguridad alguna de las formas en las que circulaban en la época el Hávamál así como alguno de los poemas herói­cos que hoy están reunidos en la Edda Mayor21.

La primera referencia en la Saga de Gísli Súrsson a la magia aparece en el con­texto de las celebraciones paganas de las “noches de invierno”, vetrnoetr22, en las que se describen los invitados a las fiestas en Saeból, granja en la que vivían þorkell y [21] [22]Eórdís, hermanos de Gísli, y Eorgrímr el godi, el marido de la anterior. Entre los in­vitados a Saeból destaca la presencia del brujo Eorgrímr nef, a quien se describe del siguiente modo:

Madr hét Porgrímr ok var kalladr nef. Hann bjó á Nefsstoðum fyrir innan Haukadalsá. Hann var fullr af g0rningum ok fjolkynngi ok var seidskratti, sem mestr mátti verda. Honum bjóda þeir þorgrímr ok þorkell til sín, því at þeir hofdu þar ok bod inni[23].

Como deducimos de la utilización de los sustantivos g0rningum, fjolkynngi y seidskratti, el redactor de la versión corta de la saga opta por presentar al brujo Eor- grímr nef en términos muy negativos. Al igual que la volva protagonista del episodio de la Saga de Erik el Rojo, Eorgrímr nef es invitado a la celebración de las noches de invierno por sus dotes mágicas. En lo que se refiere al hecho de que el autor haya elegido ese preciso momento para la realización del ritual, todo parece indicar que el autor de la Saga tenía interés en relacionar los sacrificios de esa época con el conju­ro por medio del cual se reforjó la espada Grásída en la lanza que acabó con la vida de Vésteinn, el cuñado de Gísli.

Porgrímr var hagr á járn, ok er pess vid getit, at peir ganga til smidju, bádir Porgrímarnir ok Porkell, ok sídan byrgja peir smidjuna. Nú eru tekin Grásídubrot, er Porkell hafdi hlotit ór skiptinu peira broedra, ok gerir Porgrímr par af spjót, ok var pat algort at kveldi; mál váru í ok foert í hepti spannar langt[24].

La relación que el autor de la saga establece entre la actividad mágica y la de la forja no ha de sorprendernos ya que existen claras equivalencias tanto en nuestras fuentes como en otras mitologías. En el Reginsmál, uno de los poemas de tema he­roico de la Edda Mayor, se dice del enano Reginn, maestro de Sigurðr (el Sigfrido del ciclo nibelùngico), hann var hveriom manni hagari… hann var vitr, grimmr oc fjolkunnigr, es decir “superaba a todos en habilidad con las manos… era sabio, cruel y versado en magia”[25]. La conexión entre herreros y chamanes está presente, por ejemplo en los dichos de los Yakut de Siberia en los que se afirma que ambos “pro­ceden del mismo nido”, lo que a su vez encuentra su reflejo en la mitología nórdica, ya que los dioses, Aesir, especialmente Óðinn, son descritos a menudo con el epíteto galdrasmiðir, “herreros de la magia”. Del mismo modo en la mitología celta la habi­lidad en la forja, la medicina y los conjuros van de la mano en la figura de la diosa Brigid.

La función del brujo Lorgrímr nef en la fragua podría haber sido, pues, la de dotar al arma de ciertas propiedades mágicas que iban a facilitar el asesinato de Vésteinn o de restituirle las que había perdido tras su rotura, que se explica en los primeros capítulos de la Saga. No olvidemos que, según el redactor de la ver­sión larga, la espada había sido obra de los enanos, dvergasmíði. La presencia del brujo en la fragua podría asimismo estar relacionada con el hecho de que en la recién creada lanza se podía observar cierta ornamentación, mál váru í, detalle sólo incluido en la versión corta. Sin embargo, el sustantivo mál podría ser inter­pretado como “runa/inscripción de carácter mágico o ritual”, con lo que la pre­sencia del brujo Lorgrímr en la fragua tendría una nueva justificación en el mar­co de la información que nos ofrecen nuestras fuentes sobre la función de las runas en contextos mágicos, como por ejemplo en el poema Sigrdrífumál de la Edda Mayor, o el mismo Egill Skallagrímsson cuando erigió el llamado níðstong en contra de la reina noruega Gunnhildr, tal como nos cuenta la saga que lleva su nombre[26].

La versión larga también aporta otro un dato sobre los poderes del brujo cuando más adelante se expresa en términos meridianos sobre la participación del mago en la noche en la que se planea la muerte de Vésteinn. Por medio del seiór, el brujo Lorgrímr habría desencadenado la tormenta, lo que suele denominarse magia atmos­férica, y así facilitado la labor de los asesinos de Vésteinn:

Sva er sagt at illvióri pvi hinu mikla hefir valdit Porgrimr nef meó golldrumsi- nom oc gerningum, oc framit til seió at nockorn veg yróe pess, at þat fari gafiz a Vest (eini) at G (isli) vari eigi vióstaddr, þviat þeir treystuz eigi a hann at raóa ef G (isli) vari hia[27].

Esta alusión a los poderes del brujo para cambiar el tiempo tiene su correlato en la segunda parte de la saga en la que su hermana, la bruja Auðbjórg, provoca un alud en el que murieron doce personas para vengarse de la agresión sufrida por su hijo. Desde un punto de vista puramente literario, las incongruencias entre las dos versio­nes ponen de relieve las diferentes estrategias de sus autores a la hora de reflejar los motivos de carácter fantástico-religioso de la historia de Gísli, así como sus diferen­tes concepciones de la trama o lo disímil de las fuentes que tenía a su disposición. La casi inexistente información biográfica sobre el brujo Lorgrímr nos hace preguntar­nos asimismo si su presencia no responde a la necesidad, surgida en tiempos cristia­nos, de proporcionar una explicación a sucesos para los que la Saga en su forma ori­ginal no ofrecía respuesta[28].

La segunda aparición de þorgrímr nef sucede tras el asesinato de Þorgrímr. Borkr, su hermano, encarga al brujo que realice un conjuro para que el asesino de Þorgrímr no reciba ninguna ayuda en Islandia.

þat er nxst til tídenda, at Borkr kaupir at Porgrími nef, at hann seiddi seid, at peim manni yrdi ekki at bjorg, er Porgrímr hefdi vegit, pó at menn vildi duga honum. Oxi níu vetra gamall var honum gefinn til pess. Nú flytr Porgrímr fram seidinn ok veitir sér umbúd eptir venju sinni ok gerir sér hjall, okfremr hann petta fjolkynngiliga meó allri ergi ok skelmiskap[29].

En la misma línea que la anterior descripción del brujo Þorgrímr, en este pasaje también observamos los mismos restos del uso efectista de algunos de los motivos mágicos en la obra. La asociación entre Borkr y el brujo contra Gísli sirve al efecto de incidir en una caracterización muy negativa del personaje de Borkr. Su particular en­frentamiento con Gísli se desarrolla en tres frentes que mencionaremos en orden cro­nológico. Primero y nada más terminar el entierro de Þorgrímr, Borkr encarga al bru­jo que realice un conjuro contra el asesino de su hermano. A continuación, y por instigación de su nueva esposa, presenta un caso legal contra Gísli, y en tercer lugar paga a un asesino a sueldo, Eyjólfr el Gris, para que busque a Gísli y lo persiga hasta matarlo. Cualquiera de las tres acciones hubiera bastado, en términos generales, para conseguir su objetivo con mayor o menor celeridad. Todas ellas en conjunto sirven al objeto de evitar el enfrentamiento directo y honorable con el asesino de su hermano y están en clara oposición con el código de conducta heroico que defendían tanto Gísli, como el propio Þorgrímr el goði. El hecho de que la primera acción que emprende sea la de contratar a un mago nos parece una clara evidencia de que la magia no puede aislarse del sistema religioso y político que nuestros autores pretenden describir en las sagas. En las sagas islandesas en general y en la Saga de Gísli en particular, la magia era utilizada para dar explicación a situaciones que se salían de los cauces habituales por los que discurría la vida diaria de la comunidad. Con el seiór, el autor de nuestra Saga pretende explicar la falta de apoyos que tuvo Gísli durante el destierro, así como justificar los que obtuvo (e. g. el de Ingjaldr) aludiendo así a un descuido del brujo. Es decir, la magia, en este caso, forma parte de un modelo explicativo de la realidad crea­do por el autor. Esto parece evidente cuando constatamos que en ninguna de las estro­fas se hace referencia al conjuro de horgrímr, mientras que, tanto la disputa legal en la asamblea, el Ping de hórness, como los intentos homicidas de Eyjólfr el Gris, sí que sirvieron de materia prima al poeta. Por ello pensamos que el personaje del brujo hor- grímr y los episodios en los que despliega sus malas artes no tienen ningún valor his­tórico, sino sólo literario. Son un efecto narrativo integrado en la trama por el autor, con el doble objetivo de elevar el tono trágico de los acontecimientos de la Saga y de proporcionar una caracterización negativa de los personajes que se relacionan con la práctica del seiðr, como intentaremos demostrar a continuación.

Primeramente, y en lo que se refiere al vocabulario, la descripción del seiór en la Saga de Gísli, coincide en lo básico con los ejemplos que hemos encontrado en obras de su mismo género, si bien, las diferencias entre las versiones vuelven a po­ner de manifiesto el desigual tratamiento al que sus redactores someten a los moti­vos relacionados con la magia y la religión. Mientras que el uso de verbos como seiða, flytja fram (M) o magna (S) para referirse a la acción de realizar un conjuro no refleja un alejamiento de lo que era habitual en obras de la misma época, la ex­presión del redactor de la versión larga, lagói hann a pat alla stund oc kraft, “y lo realizó con toda su fuerza y concentración”, revela ciertas connotaciones cristianas. Sobre todo el sustantivo kraptr, “poder, fuerza”, abunda en textos homiléticos o de contenido hagiográfico. En contextos paganos sólo aparece mencionado en dos obras de Snorri Sturluson (Gylfaginning e Ynglingasaga), además de en varias sa­gas pertenecientes al subgénero de las fornaldarsogur, “Sagas de los tiempos anti­guos”. Todos estos detalles apuntan a que el redactor de la versión larga, quizás de­bido a su falta de conocimiento sobre la materia, habría optado por describir el modo de actuar de horgrímr utilizando los términos más frecuentes de la época en la que escribía. La omisión de los componentes sexuales en la práctica del seiór po­dría deberse asimismo a las mismas razones de carácter moral que condujeron a al­gunos de los copistas a eliminar pasajes de contenido erótico, tanto en las Íslendin- gasogur, como en las fornaldarsogur.

El redactor de M, por el contrario, incide en lo execrable de la práctica del seiðr asociándolo al antiguo concepto de homosexualidad, argr, con el que ya aparecía co­nectado en la mitología nórdica, como se desprende de los insultos que Loki le diri­ge a Óðinn en la estrofa 24 del Locasenna30. No obstante, e independientemente de las diferencias en cuanto al vocabulario, los relatos de las dos versiones muestran [30]una notable conjunción en cuanto a los objetivos y los elementos necesarios para la práctica del seiór. Ambos coinciden en señalar que los preparativos, umbúó, del bru­jo se llevaron a cabo siguiendo la tradición al uso, eptir venju sinni/er pa var titt (M/S). Al igual que en el resto de las Íslendingasogur en las que se incluyen relatos similares, Lorgrímr se situó sobre un pequeño escaño, hjall, desde el que realizó el conjuro[31]. La posición elevada desde la que los seiómenn o volur entraban en contac­to con las fuerzas del más allá recuerda a la de los antiguos reyes que hacían lo pro­pio sobre el túmulo de sus antepasados, con lo que subrayaban el carácter sagrado de las palabras que desde allí se pronunciaban[32].

El escaño elevado, el túmulo o una piedra ritual parecen ser elementos de una antigua tradición en la que éstos desempeñaban la función de punto de unión entre los dos mundos, es decir, de un espacio liminal desde el que se tenía acceso a cono­cimientos vedados al resto de los mortales. La estrofa 111 del Hávamál ya nos habla de las profecías que se pronunciaban desde el escaño del þulr: Mál er atpylja, pular stóli á/Urðar brunni á[33]. La controvertida figura del pulr, de la que no nos ocupare­mos aquí por razones obvias, se presenta como la de un hombre sabio al que, sin em­bargo, a veces se le tilda de hablador y mentiroso. Su posición prominente en el þular stóll, “asiento del pulr”, y su aparente acceso a los secretos del universo son el elemento que nos permite relacionarlo con la magia que se realizaba desde el hjall. No olvidemos que el mismo Óðinn a veces es llamado en el Hávamál (estrofas 80 y 142) fimbulþulr. También en la poesía heroica encontramos referencias a la creencia de que la posición elevada es signo del contacto con las fuerzas del más allá, como es el caso de la introducción en prosa anterior a la estrofa 6 del Helgaqviða Hjörvarðþsonar, en la que Helgi recibe su nombre y la profecía sobre su futuro por boca de nueve valquirias, mientras está sentado en un túmulo[34].

El segundo elemento del ritual mágico, i. e. las fórmulas que se tenían que pronun­ciar para que éste fuera efectivo, era tan valioso como toda la parafernalia anteriormente mencionada. En nuestra Saga es de tal importancia que un fallo en su formulación hizo posible que Gísli recibiera apoyo de uno de los habitantes (Ingjalldr) de las islas que Lorgrímr había olvidado incluir en su brujería. Las diferencias entre la formulación del conjuro en las dos versiones tienen una vital importancia cuando posteriormente son utilizadas para justificar algunos de los acontecimientos del destierro de Gísli.

El último de los elementos de la ceremonia del seiðr que analizaremos es el del buey de nueve inviernos que Borkr le entrega a þorgrímr para que realice el conjuro y que está presente en las tres versiones de la Saga. La aparente conformidad entre éstas en cuanto al tipo de animal y a su edad, no nos ayuda, sin embargo, a descifrar la motivación lógica de dicha dádiva en el contexto mágico del seiðr. Mientras que el redactor de M deja claro que el buey le fue entregado a þorgrímr, til þess, es decir, para que el brujo llevara a cabo el conjuro, el redactor de S pasa por alto esta infor­mación. Éste insiste por dos veces en el uso del verbo kaupa con dos preposiciones diferentes, viðy at, para describir en primer lugar el encargo que Borkr le hizo aþorgrímr (vió), y más tarde los medios que le debía proporcionar (at). El problema que surge en este punto es que en la expresión kaupa at con dativo, el dativo hace refe­rencia a la persona de la que se compra algo o que ofrece sus servicios, como es el caso de la formulación del redactor de M en: Borkr kaupir at Porgrími nef at hann seiddi seió. Siendo esto así, la expresión utilizada por el redactor de S, Borkr keypti at honum uxa ix vetra gamlan, “Borkr obtuvo de Lorgrímr un buey de nueve invier­nos”, no sería más que una mala interpretación de lo que suponemos constaba en el texto original, tal y como lo habría recogido el redactor de M.

La constatación, una vez más, de la no siempre exitosa labor de reconstrucción con la que el redactor de S acomete los temas relacionados con la antigua religión o la magia, no aporta, sin embargo, evidencia alguna sobre lo anecdótico de la presen­cia del animal en la ceremonia del seiðr. El interés de los tres redactores por reflejar la edad del animal sí que podría deberse, por otra parte, a la importancia que con ello se daba al gesto de Borkr, ya que desprenderse de un buey adulto en aquellos tiem­pos debía ser un hecho digno de mención. Aunque al considerar la edad del buey con más detenimiento no podemos descartar que ésta no fuera un recuerdo lejano de la tradición conectada a los sacrificios en honor del dios Freyr en Uppsala celebrados cada nueve años y en los que se sacrificaban animales de todas las clases[35]. La so­briedad de los enunciados de nuestros redactores nos plantea la incógnita sobre si el buey era un mero medio de pago, o bien un elemento integrante del seiðr, como su­gieren los términos en los que se expresa el redactor de M. Si nos atenemos a esta úl­tima interpretación, el buey haría las veces del animal sacrificial con el que se pre­tende conseguir la ayuda de los dioses, como ya vimos en el caso del sacrificio de Lorkell a Freyr en la Víga-Glums saga o la más directa alusión que encontramos en la Saga de Njál. El cap. CI de esta Saga recoge el episodio ya conocido de la vida del misionero Langbrandr, en el que éste es objeto del maltrato por parte del brujo Galdra-Heðinn, al que los paganos encargaron su muerte. La saga cuenta que el brujo, fór hann úp á Arnarstakksheiói ok efldi par blót mikit, Es decir, que en esta ocasión fue un sacrificio, blót, el desencadenante de que se abriera la tierra y se tragase al ca­ballo del misionero y por poco a él mismo.

Contra la primera suposición, la de que el buey podría ser un medio de pago, en­contramos la evidencia de que en ninguna de las escenas del seiór en las Íslendinga- sogur se incluye ningún tipo de pago al seimaðr por sus servicios. Sólo en la ver­sión larga de la Frióþjófs saga ins froekna hay una indicación explícita al pago por el buen oficio de dos seiókonur: […] ok gáfu peim fé til, atpwr sendi veór suá stórt at Friðþjófi ok monnum hans, atpeir tyndiz allir í hafi, es decir, “[…] y les entregaron dinero para que enviaran una tormenta tan grande a Friðþjóf y a sus hombres, de modo que todos perecieran en el mar”[36].

En definitiva, y como venimos repitiendo, el episodio del seiór de la Saga de Gísli es un recurso narrativo, algunos de cuyos elementos podrían ser fieles testigos de que en el momento en el que la Saga se escribió, todavía persistía en Islandia el recuerdo de ciertas tradiciones mágicas de origen pagano. Lo importante de este epi­sodio no es sólo que su autor haya mezclado elementos veraces con otros que, aun­que verosímiles, más bien parecen inventados, sino que al hacerlo estaba reflejando una concepción de la realidad en la que todos estos elementos tenían cabida.

Teodoro Manrique Antón
UCLM

[1]       D. Stromback, The Conversion of Iceland: A Survey, London, 1975. Stromback destaca en su estudio el papel de los goóar islandeses en la formación de una organización social y religiosa a partir de la cual se habría desarrollado el sistema constitucional islandés. Estudios más recientes como el de O. Vésteinsson, aunque coinciden en señalar que el origen del término habría tenido en principio una relación con lo religioso, afirman que en la Islandia del siglo X el cargo de goói no conllevaba ninguna función religiosa regulada. Cfr. Orri Vés­teinsson, The Christianization of Iceland: Priests, Power, and Social Change 1000—1300, Oxford, 2000.

[2] En el Nornagésts páttr contenido en la Saga de Oláf Tryggvason afirma Nornagéstr que ciertas adivinas viajaban por el país, eran llamadas spákonur y predecían a la gente su destino por lo que muchos las invitaban a sus casas, organizaban banquetes y les ofrecían buenos regalos cuando se marchaban. Cfr. C. Richard Unger y G Vigfússon (eds.), Flateyjarbók: En samling af norske konge-sager, I, Christiania, 1860-1868, p. 184.

[3] En los países nórdicos recién convertidos, los legisladores cristianos, habiendo conseguido el primer objetivo de acabar con el culto público a los dioses, pasaron a una fase en la que el objetivo principal era des­terrar los restos menores y más populares de religiosidad precristiana, como era el caso de la magia y las pro­fecías. En las leyes noruegas del Gulaping, por ejemplo, el apartado dedicado a las profecías y a la brujería estaba colocado junto al dedicado a los sacrificios a los dioses, lo que es una buena prueba de hasta qué punto estaban unidas ambas esferas en la mente de los escritores cristianos de esos siglos. Cfr. P. Fernández Álvarez y T. Manrique Antón, Las Leyes del Gulathing, Salamanca, 2005.

[4] En las sagas más antiguas, como por ejemplo las Sagas de Reyes o konungasogur que tratan de reyes es­candinavos que todavía no podemos considerar cristianos, como Haraldr el de los Hermosos Cabellos (850 – 933), la diferencia entre las diversas formas de religiosidad precristiana parece, sin embargo, bastante clara. En la saga que lleva su nombre, Haralds saga Hárfagra, los límites de lo que era la religión oficial y las for­mas menores de los que practicaban la magia no parecen entrar en conflicto En el cap. XXXIV de dicha obra se cuenta que uno de los hijos de Haraldr, Rongvald, se trasladó a Hadaland y allí aprendió magia y se convir­tió en un brujo. Esto no fue del agrado del rey, quien intentó acabar con las prácticas de brujería en la provin­cia de Hordaland. Vitgeir, uno de los brujos de la zona, se quejó en un poema de que el rey se lo permitiera a su hijo, pero lo prohibiera a los demás. Ante esto Eiríkr Hacha Sangrienta, otro de los hijos de Haraldr, se tras­ladó a Hordaland y quemó en su casa a su hermano junto con otros ochenta brujos. Cf. Heimskringla I, Ha­ralds saga Hárfagra, Íslenzk Fornrit, XXVI, Reykjavík, 1941, pp. 138-39.

[5] Kulturhistorisk leksikon for nordisk middelalder fra vikingetid til reformationstid, vol. XV, K0benhavn, 1956-1978, p. 75.

[6] E. Heide, Gand, seid og ándevind, Bergen, 2006, pp. 238 y ss.

[7] Entre las obras que recientemente han profundizado en algunos de los aspectos religiosos, mitológicos y sociales de la práctica del seiór destacamos: Ronald Grambo, “Problemer knyttet til studiet av seid: En progra- merktering”, en G. Steinsland et al. (eds.), Nordisk Hedendom. Et symposium, Odense, 1991, pp. 133-139; J. P. Schj0dt, (ed.), Myte og ritual i det fórkristne Norden. Et symposium, Odense, 1994; G Steinsland, Norran reli­gión: myter, riter, samfunn, Oslo, 2005 o E. Heide, Gand, seid og ándevind, Bergen, 2006.

[8] C. Raudvere, Kunnskap och insikt i norrön tradition. Mytologi, ritualer och trolldomsanklagelser, Lund, 2003, pp. 93 y ss.

[9] N. Price, “The Archaeology of Seiör: Circumpolar Traditions in Viking Pre-Christian Religion”, en Brathair, 4, 2, (2004).

[10]       Tanto el Völuspd, uno de los principales poemas de la Edda Mayor como la Ynglinga saga parecen in­dicar que el seiór era un arte en principio desconocido por los dioses y que tuvieron que conseguir de los va­nes (Freyja), pero también de representantes femeninas del mundo de los gigantes, como Heiör. Para un estu­dio sobre la función de ciertos personajes femeninos en la mitología nórdica, cf. Margareth Clunies Ross, Prolonged Echoes: Old Norse Myths in Medieval Northern Society. The Myths, I, Odense, 1994, pp. 203 y ss.

[11]      En estos casos más que de seiór podría hablarse de spá, “adivinación”. Muchas de las diosas de la mito­logía conocen el arte de ver el futuro. Gefjon conoce el destino de la gente, (Edda Mayor: Locasenna 21), lo mismo que Frigg (Edda Mayor: Locasenna 29).

[12]       Además de los mencionados, en nuestras fuentes también hemos encontrado sustantivos como seióbe- rendr, vikti, galdramaór o galdrasmiór, para los brujos, y galdrakona, heiór, kveldrióa, trollrióa o fordwóa para las practicantes femeninas.

[13] Eiríks saga rauda, Íslenzk Fornrit, IV, Reykjavík, 1935, pp. 206 y ss.

[14]      También en el citado Norna-Gests páttr o en la Vatnsdoela saga se recalca el aspecto social de las visi­tas de las volur. Todo esto parece indicar que las ceremonias que éstas llevaban a cabo se habían establecido firmemente como una alternativa o complemento a las ceremonias rituales propias de la religión nórdica pre­cristiana. Catharina Raudvere (op. cit., p. 169) llega incluso a afirmar que el seiór y algunas ceremonias simi­lares podrían interpretarse como un tipo de rituales privados de la fertilidad en épocas de especial necesidad.

[15]      Eiríks saga rauda, op. cit., p. 207: “Y cuando ella entró, a todos les pareció que convenía saludarla de manera respetuosa. Y ella respondió según le agradasen los que la saludaban”.

[16] Orvar Odds saga, en Fornaldar sogur Nordurlanda, II, Reykjavík, 1954, p. 205: Hún hafdi med sér fimmtán sveina ok fimmtán meyjar. “A ella le acompañaban quince muchachos y quince muchachas jóvenes”. También en el Sigrdrífomál de la Edda Mayor es el joven Sigurór el receptor de los secretos de la valquiria, entre los que se contaban todo tipo de runas (las runas de la medicina, límrúnar, las que sirven para proteger­se, biargrúnar, etc.), por lo que, aunque no se mencione explícitamente el seidr, todo parece apuntar a que los hombres podían practicar ciertos tipos de magia sin caer en la vergüenza de la homosexualidad.

[17] El término seidkona está atestiguado en algunas de las sagas denominadas de “los tiempos antiguos” fornaldarsogur, como la mencionada Orvar-Odds saga o la Hrólfs saga kraka, en las que parece haberse di­sipado en parte la antigua distinción entre spákona y seidmadr.

[18]       En una de las obras de corte histórico más importantes de la literatura nórdica antigua, el Libro de los Asentamientos, Landnámabók, contamos, sin embargo, con la evidencia de huríór sundafyllir, que por me­dio del seiór consiguió alimentar a sus vecinos en una época de gran carestía: Puriór sundafyllir ok Volu- Steinn son hennar fór af Hálogalandi til Íslands ok nam Bolungarvik ok bjoggu i Vatsnesi. Hon var pvi ko- lluó sundafyllir, at hon seiddi til pess i hallwri á Hálogalandi, at hvert sund var fullt affiskum. “Puriór la Llena-canales y su hijo Volu-Steinn partieron de Hálogaland (Noruega) hasta Islandia. Se instalaron en Bo­lungarvik y vivían en Vatsness. La llamaban “Llena-canales” porque en un año de carestía en Hálogaland hizo un conjuro y resultó que todos los canales se llenaron de peces”. Cf. Landnámabók, Íslenzk Fornrit, I, Reykjavík, 1986, pp. 186.

[19]       De la fama de los fineses como chamanes y expertos en artes mágicas deriva el sustantivofinnferó o ex­presiones comofarafinnfarar, “ir a consultar a los fineses”, con los que se hacía referencia a los viajes que se realizaban a su territorio para obtener respuestas sobre el futuro, etc. También en la antiguas leyes noruegas del Borgarping se contempla la pena de destierro total para los que realizan un viaje a las tierras de los fine­ses: Pwt er ubota vwrk at gera finfarar at spyria spa. “Hay pena de destierro total para los que vayan a terri­torio finés a consultar la profecías”. Cf. R. Keyser y P. Munch (eds.), Norges gamle love indtil 1387, I, Chris­tiania, 1846, pp. 350-351.

[20] La Saga de Gisli ha sido traducida al español por José Antonio Fernández Romero. Cfr. J. A. Fernández Romero, Saga de Gisli Sursson, Valencia, 2001.

[21] El Hávamál ha sido definido como el “código de valores de la Época Vikinga”, aunque en él se hayan descubierto capas de muy diferentes épocas. Especialmente interesantes son dos de sus partes, los poemas lla­mados Rúnatal y Ljóóatál. En ellos se explican los rituales mágicos necesarios para grabar runas y se enume­ra una larga lista de encantamientos para ayudar al guerrero y al amante.

[22] A mediados del mes de octubre se celebraban las denominadas “noches de invierno”, vetrnwtr, para dis­frutar con amigos y familiares de los frutos de la cosecha y honrar a los dioses de la fertilidad, sobre todo a Freyr. En las sagas también suele referirse a estas celebraciones con el término haustboó, “convite otoñal”. En estos banquetes se bebía y se hacían sacrificios a los dioses. Las vetrnwtr eran una de las épocas del año preferidas para celebrar las bodas dado que coincidía con el momento en el que las despensas estaban mejor provistas.

[23]      Gísla saga Súrssonar, Íslenzk Fomrit, VI, Reykjavik, 1943, pp. 37-38: “Había un hombre llamado Eor- grímr al que llamaban nef. Vivía en Nefstaöir junto al Haukadalsá. Estaba muy versado en malas artes y magia y era un brujo de los peores. Eorgrímr y Eorkell lo invitaron a su casa porque también celebraban un banquete”.

[24]      Gísla saga Súrrsonar, op. cit., pp. 37-38: “Eorgrímr sabía trabajar bien el hierro y se cuenta que éstos fueron a la forja, los dos de nombre Eorgrímr y Eorkell y se encerraron. Tomaron los pedazos de la espada Grásída que le habían correspondido a Eorkell en el reparto y Eorgrímr hizo una lanza de ellos que estaba ter­minada al atardecer; estaba adornada y se colocó en un asta de una cuarta de largo”.

[25]      Gustav Neckel (ed.), Edda. Die Lieder des Codex Regius nebst verwandten Denkmälern, Heidelberg, 1962, p. 173.

[26] Egils saga Skallagrímssonar, Íslenzk Fornrit, II, Reykjavik, 1933, p. 171.

[27] Agnete Loth (ed.), Saga af Gisla Surs Syne, en Membrana regia deperdita, K0benhavn, 1960, p. 32. “Y así se dice que la gran tormenta fue provocada por þorgrímr nef con su magia y malas artes y que hizo un he­chizo para que de algún modo ocurriera que pudieran atacar a Vésteinn sin que Gísli estuviera presente, por­que no se atrevían a atacarlo si Gísli estaba a su lado”.

[28] La absoluta carencia de referencias que muestran nuestras fuentes respecto a þorgrímr nef y su herma­na, la bruja Auðbjórg, tampoco ha contribuido a disipar las dudas sobre la verdadera función de estos perso­najes en la Saga. La relación del episodio en torno a la espada Grásída y la magia de þorgrímr nef con la poe­sía heroica han sido puestas de relieve por diferentes investigadores. Riti Kroesen, por ejemplo, interpreta la presencia del mago como fruto de una necesidad narrativa creada en el episodio de la ruptura de Grásída, y que, según ella, tendría su origen en la historia sobre la espada Gramr de Sigurðr Fáfnisbani, tal y como se cuenta en la Volsunga saga. Cfr. R. Kroesen, “The Reforged Weapon in the Gísla saga Súrssonar”, en Neo- philologus, 66, (1982) pp. 569-73.

[29]       Gísla saga Súrrsonar, op. cit., pp. 56 y 57: “Lo próximo que sucede es que Borkr paga a Porgrímr nef para que prepare un conjuro seiór al objeto de que la persona que había matado a Porgrímr no encuentre ayu­da, aunque la gente lo quisiera proteger. Un buey de nueve años se le proporcionó con este fin. Porgrímr lleva a cabo el conjuro, se prepara según era su costumbre y se construye un pequeño podio y lo ejecuta con gran brujería, perversión y magia”.

[30] GNeckel (ed.), Edda., op. cit., p. 98: Enpik síóa kóóo Sámseyo í,/ok draptu á vett sem voclor;/vitka líki fórtu verpióó yfir,/ok hugóa ekpat args aóal. Traducción en E. Bernárdez Sanchís, Textos mitológicos de las Eddas, Madrid, 2006, p. 235: “Magia negra hacías, eso dicen, en Samsey/tabaleabas como las volvas/en figu­ra de brujo viviste entre hombres/y eso amaricamiento es”.

[31]       Kotkell el seiómaór de la Laxdoela saga se situó sobre un gran escaño, seióhiall mikinn. La mujer fin­landesa de la Vatnsdoela saga también estaba en una posición elevada, var sett hátt y para horbjorg, la volva de la Saga de Erik el Rojo se construyó un asiento más alto de lo normal, háswti. Para un estudio sobre el sig­nificado del seióhjallr, cf. A. Olrik, “At sidde pá h0y: oldtidens konger og oldtidens thulir”, en Danske Stu­dier, (1909), pp. 5 y ss.

[32]       En la Friópjófs saga ins froekna, una de las fornaldarsogur, se cuenta cómo los hijos del difunto rey Beli, Helgi y Hálfdan, recibían a sus visitas sentados sobre el túmulo de su padre.

[33] G. Neckel (ed.), Edda, op. cit., p. 33. Traducción en E. Bernárdez Sanchís, op. cit., 2006, p. 130: “Tiem­po es de hechizar en el trono del thul/en la fuente de Urd”.

[34]       G. Neckel, Edda, op. cit., p. 142: Hann sat á haugi; hann sá ríóa valkyrior nío, oc var ein gofugligust. Traducción en L. Lerate, Edda Mayor, Madrid, 1986, p. 205: “Estaba él en la loma, cuando vio nueve valqui- rias a caballo, y una había entre ellas hermosa como ninguna”.

[35] La importancia del número nueve en la mitología nórdica es más evidente si consideramos que: Nueve son los mundos de la cosmología nórdica, ÓSinn estuvo colgado nueve noches en Yggdrasill, los sacrificios del templo de Uppsala se realizaban cada nueve años, el dios Heimdalr es el hijo de nueve madres, nueve fue­ron los pasos que dio el dios Lórr antes de caer muerto tras su lucha con Jormungandr, etc. Del mismo modo, en una de las piedras rúnicas más citadas en el contexto ritual, la piedra de Stentofte (DR 357 U) de Blekinge en Suecia (siglo V11) puede leerse: niu habrumz, niu hangistumz Hapuwulfz gaf j[ar]: “Ha^uwulfz dio con nueve carneros y nueve potros un buen año”.

[36] Friópjófs saga ins frwkna, L. Larsson (ed.), Altnordische Saga-Bibliothek, 9, Halle, 1901, p. 14.

No todos iremos a Valhalla

 ManuHan pasado pocos días desde que festejamos el blót anual en honor a los ancestros y a los álfar. Durante el almuerzo que el clan Fauces de Tormenta celebró antes de la ceremonia, tuve ocasión de mantener una animada charla con mis hermanos y hermanas al respecto, como no podía ser menos, de la otra vida. ¿Qué sucede cuando fallecemos? Al profesar una fe eminentemente vitalista, en ocasiones perdemos el interés por tales cuestiones: nos centramos en vivir esta vida conforme a nuestra escala de valores. Sin embargo, nunca está de más dedicar un instante a estas cuestiones, aunque sólo sea a causa de la festividad que acabamos de dejar atrás. Y es que podemos olvidar que, por desgracia, muchos de nuestros más jóvenes hermanos y hermanas están muy confundidos al respecto de este tema, pues piensan que, como si de cristianos se tratase, tienen dos destinos posibles: un Valhalla idealizado, similar a un concierto de viking metal, y un Helheim infernalizado. A través de semejante equivocación, algunos de nuestros miembros más veteranos han partido hacia el más allá por vejez o enfermedad creyendo que su destino era terrible e injusto, mientras su familia, en un intento de cubrir la supuesta deshonra de una muerte natural, justificaban al finado diciendo que morir luchando contra la enfermedad era una forma de proclamarse como uno de los Einherjar. Siento disentir. No podemos simplificar los términos de ese modo. No todos iremos al Salón Dorado. La inmensa mayoría no iremos. ¿Entonces qué les sucederá a estas almas? No lo sabremos con certeza hasta que no nos llegue la hora, aunque algunos estudiosos del Ásatrú bosquejan algunas ideas interesantes, que creo que son importantes y bien fundamentadas. Expondré aquí algunas,
 valkiria-sobre-caballo-volador
En caso de morir en batalla, la Valkiria sustituye a la Fylgja
 
     El proceso de la muerte, desde el punto de vista espiritual, sería del modo siguiente: en el momento de la muerte, el Sálfr (la personalidad espiritual) pasa a habitar el Hamr (el cuerpo espiritual), abandonando el Lík (el cuerpo físico). Es entonces cuando su Fylgja (animal espiritual) lo guiará hasta su destino, volviendo después a Midgard, junto a su familia/clan. Por ende, se deduce que, tras la muerte de un individuo, su clan queda sin Fylgja hasta que el finado alcance su último destino, a excepción, claro está, de que el muerto haya caído en batalla, en cuyo caso la Fylgja se queda con la familia, siendo sustituida por una valkiria. De este modo, vemos que, del individuo, lo que se queda en Midgard, en principio, son el Lík, la Hamingja (que, como ya se apuntó en el anterior artículo, se puede ceder o heredar), y la Fylgja una vez haya cumplido su misión con el difunto. Pero ¿y si la Hamingja no es heredada?Pues se queda en el Lík, y eso es lo que genera un Draugr (un espectro). Por ejemplo, el poder de augurio que tienen las völvas reside en su Hamingja, y por eso es importante que escojan una aprendiz o que tengan una primogénita que la herede, puesto que en draugr de una völva es un ser muy poderoso y peligroso. Puede pasar, como ya dijimos hace unos días, que la Fylgja no esté sintonizada con su elegido, o dicho de otro modo, que decida no guiarlo por un comportamiento deshonroso reiterado, en cuyo caso el alma vagará sin guía, lo que puede dar lugar a un draugr o un svartálfr (literalmente elfo oscuro, o fantasma -nótese que distingo entre espectros, osea fantasmas agresivos, y fantasmas a secas, que no sienten necesariamente animosidad contra los vivos-). Por último, deseo reseñar que hay casos muy especiales y para nada comunes, en los que el Sálfr se reencarna en el seno familiar propio, y cuando se reúne con su propia Fylgja y su propia Hamingja, dan lugar a un individuo de gran capacidad y entendimiento, con una enorme memoria inconsciente, que suele estar destinado a ser un líder y/o un gran héroe.
     Ya hemos hablado del proceso, pero ¿y el destino del alma, y el camino que debe tomar para llegar a él? Bien, pues de acuerdo con Agnarsson, todas las almas deben pasar por el oscuro reino de Svartálfheim antes de alcanzar el destino que les espere, y es en este lugar donde el alma corre el riesgo de perderse y donde necesita la ayuda de su Fylgja, como guía y como protectora frente a otros elfos oscuros y draugar que consideren al sujeto como un intruso o una amenaza.
     Una vez atravesado el oscuro reino de los muertos sin reposo, y atendiendo a las circunstancias de la muerte y a las condiciones del alma del individuo, hay diversos destinos posibles. El más común es Helgard, dominio de la diosa Hel. Y ya es hora de que nos quitemos esa idea de que Helgard es un reino oscuro, de niebla y frío eternos: es un lugar apacible, con estaciones, muy similar a Midgard, donde van a parar las almas de casi todos los humanos, plantas y animales, en sus cuerpos espirituales, de modo que en este reino no se puede envejecer, enfermar, morir o deteriorase, lo que se denomina estado de estasis. Un lugar donde reencontrarse con los familiares y amigos caídos, donde poder dedicarse a las aficiones personales, donde hallar paz, si es eso lo que se desea.
     En el caso de los escogidos, su destino será Asgard, aunque puede ser, como ya es de sobra sabido, que vayan a Valhalla bajo el mando de Odín, o a Volkvángr, bajo el mando de Freya. Los más marciales irán con el primero, mientras que aquellos guerreros con vocación artística irán con la segunda.
     Siempre hay extrañas excepciones a estos lugares, como es el caso de los ahogados en el mar o en los ríos: entrarán a servir a Ran, la diosa del mar embravecido y las olas, convirtiéndose en una suerte de draugar marinos. Tal destino se puede evitar llevando siempre algo de oro en el momento de la muerte: si se puede pagar el tributo en oro que demanda Ran, ella buscará la Fylgja del ahogado para que vaya donde le corresponda.
     También se da el caso, menos extraño y específico que el de los ahogados, en el que el alma se queda en Midgard debido a su conexión con su familia o su clan, convirtiéndose en un espíritu ancestral que acompaña a su clan y lo proteje, junto con la Fylgja.
     También hay otros destinos, mucho más difíciles de entender para los mortales, como es el caso de aquellos espíritus que se transforman en álfar y moran en Ljosálfheim, bajo el auspicio de Frey, descendiendo a la floresta y cuidando la fertilidad de Midgard; o aquellos espíritus que moran en el interior de la tierra, horadándola en busca de metales y gemas, conocidos como Dökkalfar o Dvergar (los tan conocidos «enanos»), los mejores artesanos de los Nueve Mundos; o los oscuros e iracundos elfos oscuros de los que ya hemos hablado.
     Como veis, el tema es denso e interesante, y no abarca sólo estas cuestiones, sino que, a poco que uno investiga, surgen nuevos interrogantes: ¿qué sucede con las mujeres guerreras, se convierten en Valkirias o Dísir? ¿Por qué un alma, ya estéril e inmortal, es escogida para dar vida como es el caso de los elfos de luz? ¿Son peligrosos los Svartálfar para su descendencia en Midgard? ¿Existe comunicación entre Midgard y Helheim? Son muchos interrogantes, y no tengo las respuestas. Nunca tendré todas las respuestas, y no es esa mi intención. Yo disfruto con la investigación y el conocimiento.
     Espero haber resuelto dudas tanto como espero haber generado otras. Al menos, con lo aquí expuesto, creo que se habrá generado una nueva perspectiva del más allá para algunos. Y la próxima vez que algún ardoroso ásatrúar os grite aquello de «¡Victoria o Valhalla!», sonreíd y susurrad «Puede… o puede que no…».
Manuel Garzón
Goði COE

ÁRBOL GENEALÓGICO DE ÁSATRÚ

198243_1753979700705_5017405_nDesde que el ser humano surge como tal en la Tierra, ha tenido alguna forma de espiritualidad. Somos el único animal capaz de tener una capacidad de abstracción que nos permite plantearnos cuestiones filosóficas y que van más allá de la mera supervivencia, por lo que incluso el más convencido de los ateos, en el fondo, sigue alguna forma de espiritualidad, consciente o no, una serie de ritos y un simbolismo. Por este motivo es complicado encontrar los orígenes de nuestra fe, puesto que no es algo que se conforme de un día para otro, no se puede poner una fecha exacta de cuando comenzó el Ásatrú. Además a día de hoy seguimos conformando día a día nuestra fe, nuestra espiritualidad y nuestro modo de entender la vida, como individuos y como pueblo, por lo que no se debe caer en la trampa de copiar el pasado de manera total o de hacer una suerte de “arqueología de fe” para vivir nuestra religión y para sentir lo que sentimos hoy.
No obstante, en la era de la información en la que nos encontramos, en la cual el principal problema para encontrar algo no es, por lo general, la falta de información, sino la sobrecarga de la misma que nos dificulta diferenciar cuál es fiable y válida y cuál no lo es; es importante tener claros los cimientos del edificio espiritual que construimos día a día y entender que dichos cimientos los pusieron nuestros antepasados y que nuestros descendientes, seguirán construyendo el edificio. Lo que ocurre en el Microcosmos, repercute en el Macrocosmos, y viceversa. Cada vez que honramos a los dioses, proyectamos una parte de nosotros que identificamos con los atributos que le damos a la divinidad concreta que adoramos, y así mismo, proyectamos nuestra propia identidad como pueblo, por lo que nos fortalecemos a nosotros mismos. Así mismo, la energía que nosotros, como clan, como comunidad, proyectamos a los dioses repercute en todos nosotros, pues nuestra alma es comunitaria y nuestros ancestros forman parte de ella, aunque ya no estén con nosotros, así como los dioses.
Como es arriba, es abajo. La propia física cuántica tiene en cuenta este principio. Así pues, si nuestra cosmovisión se basa en el Yggdrasil, árbol que simboliza el Multiverso; nosotros como persona también somos como un árbol, y todo árbol, para crecer fuerte y sano, necesita tener buenas raíces. El materialismo y el universalismo de nuestros días, a lo que aspira es a arrancarnos las raíces, porque un árbol sin raíces es muy fácil de talar. La importancia de conocer nuestras raíces como personas y como pueblo nos lleva a mirar a nuestros antepasados, a la Historia, pero no para recrearnos en ella, sino para entender el presente y entendernos a nosotros mismos y nuestra realidad.
Si nos remontamos muy atrás, hasta nuestros primeros antepasados podemos apreciar la unidad espiritual de la especie humana, si nos remontamos aún más atrás, a los simios de los que descendemos, sentiremos la unidad espiritual que tenemos con el resto de animales. Así, retrotrayéndonos más y más, a través de millones de años, sentiremos la unión espiritual que tenemos con todos los seres vivos y si nos remontamos a hace miles de millones de años, al polvo estelar del que todo procede, nos daremos cuenta de que somos uno con todo el Universo, con todo lo que existe, ha existido y existirá. Si pensamos en qué somos en comparación con la inmensidad del Universo, nos creeremos insignificantes ¿qué es nuestra nación, nuestra raza, nuestro clan… comparado con los cientos de galaxias que existen? No obstante, el planteamiento lo podemos hacer a la inversa: nuestra nación, nuestra raza, nuestro clan y nosotros mismos somos parte de esa inmensidad inimaginable, por lo que no somos seres insignificantes, somos parte de Midgard, y de ese gran Yggdrasil al que se unen todos los mundos y todos los planos de la realidad.
Si entendemos esto, si entendemos que estamos ligados espiritualmente a todo lo que existe en este y en otros planos, entenderemos la esencia de cualquier religión, de cualquier forma de espiritualidad, que no es ni más ni menos que una interacción con el cosmos, siendo los poderes sagrados que percibimos o intuimos, los dioses, de la misma esencia que nosotros, solo que una magnitud abismalmente superior.

ANIMISMO
Nuestros primeros antepasados ya sabían esto, como si de una memoria ancestral trasmitida durante milenios de evolución se tratase. Del principio de que lo que ocurre en el Microcosmos y lo que ocurre en el Macrocosmos está relacionado, surge la magia simpática, los rituales para atraer la caza, la lluvia, la fertilidad… Nuestros ancestros ya intuían a los poderes sagrados, sabían que más allá de un puñado de huesos y músculos, el homo sapiens y el resto de animales, plantas, lugares… tienen una parte espiritual, más allá de la física. Esa creencia en que hay una realidad espiritual más allá de la material es la primera forma de religiosidad, el animismo, es decir, la creencia de que todo tiene un alma. Sabemos que desde los orígenes del hombre, hace 100.000 años, esta creencia está presente en todos los grupos humanos. Así pues, dado que el ser humano no tiene instintos tan fuertes como el resto de animales, no hubiera podido sobrevivir sin la cultura y sin su trasmisión de generación en generación. Esto quiere decir que, aunque todos los seres humanos tengan lenguaje articulado, existen diferentes lenguas humanas y, del mismo modo, aunque sea común el animismo como religiosidad de toda la Humanidad, cada pueblo desarrolló una forma de animismo adaptada al lugar donde vivía y a su cultura, y así mismo, entendió a los poderes sagrados de una manera diferente.
El ser humano, por su propia naturaleza, es tribalista. Tiende a socializar y a agruparse en clanes, en tribus, en bandas… como el resto de animales se agrupa en manadas, sólo que, por nuestra mayor capacidad para organizarnos, nuestras manadas son mayores que las de otros mamíferos. Como ellos, tenemos el concepto del Yo frente a los Otros dentro del grupo del que formamos parte, y del Nosotros frente al Ellos, pensando de manera comunitaria. La familia, el clan, la tribu… son agrupaciones, cada vez más grandes, que nos permiten sobrevivir y que, en el plano espiritual se traducen a sentir un alma comunitaria, un espíritu común de la colectividad, del grupo del que formamos parte. Así mismo, el culto a los ancestros, está presente desde los primeros momentos, pues el ser humano tiene conciencia de la muerte y entiende que aquellos que ya no están en este plano de la conciencia, siguen ligados a los vivos, a los que aún habitan este mundo. Por lo tanto cada clan o cada tribu tendrá ancestros en común, o un origen común, real o simbólico, que en todo caso sirve para identificarse con la Comunidad con la que se forma parte.
Esto es así en todos los lugares de la Tierra, en todas las culturas. Desde los nativos americanos, hasta los aborígenes australianos, pasando por cualquier etnia que se nos ocurra. Trasmitidas de generación en generación por vía oral, las historias sobre los antepasados se convierten en leyendas y en mitos, y cada generación incorpora sus valores y su visión del mundo a la herencia recibida, para trasmitirla a sus descendientes. Así, nuestros mitos, la historias sobre los dioses y los héroes, nos llegan a nosotros hoy, a través de milenios, como si nuestros antepasados nos hablaran alrededor del fuego, igual que hace miles de años, hacían los abuelos con sus nietos, y estos con los suyos, y así hasta que alguien los puso por escrito hace solo unos cuantos siglos.
Dado que el ser humano es tribal por naturaleza, cuando un grupo humano era demasiado grande, tendía a desgajarse en grupos más pequeños. Del mismo modo, los grupos pequeños, tendían a unirse con otros. De esta forma, los clanes de una misma tribu serán autónomos, pero se sentirán parte de un mismo tronco común, y las familias de un mismo clan, cada hogar, cada pareja con sus hijos alrededor de un fuego, será parte de un clan. Por ello, uniéndose y separándose, según las circunstancias, nacen las diferentes comunidades humanas, siendo todas de la misma especie. Sin embargo, cuando en un momento dado la sabana africana no fue suficiente para abastecer a todos los seres humanos, cuando los hielos del norte se retiraron un poco, comenzó una gran migración que llevó al ser humano a poblar la práctica totalidad del planeta.
Estos movimientos migratorios tuvieron como resultado que ciertas tribus y clanes, se asentaran en el gran continente Eurasiático, que por aquel entonces, estaba poblado por otra especie homínida, los neandertales. Son muchos los enigmas sobre la relación que tuvieron sapiens y neandertales, quizás el mito de los trolls proceda de la imagen que nuestros antepasados tenían de esos animales, parecidos a los hombres, pero que no eran hombres, cuando se topaban con ellos. En todo caso, ambos grupos se evitarían mutuamente o, quizás en algunas ocasiones, por alguna circunstancia, tuvieron contacto, tal vez hubo hibridación o tal vez las dos especies eran demasiado diferentes, sino biológicamente, sí culturalmente. Sea como sea, lo cierto es que nuestra especie acabó siendo la única sobre el planeta y los neandertales desaparecieron.
Durante milenios separados, alejados de los primeros hombres que permanecieron en África, y por adaptación al nuevo clima, surgieron las razas. Podemos diferenciar tres troncos raciales o quizás cuatro: el tronco racial negroide, los que permanecieron en África y, de los que migraron a Eurasia, podemos distinguir dos troncos raciales, caucasoide o europoide, y mongoloide. Un supremacista negro diría que la raza negroide es la más pura, un supremacista blanco o asiático dirá que es la menos evolucionada. Ambas afirmaciones son absurdas. Sencillamente, es la más antigua y, genéticamente, la más diferenciada de las otras dos. De este origen de las razas podemos ver claramente que no hay razas superior o inferiores, sencillamente la especie se adaptó al medio natural como todas las especies animales.
Esta adaptación al medio natural fue física, con algunos cambios fenotípicos como el color de la piel, que es el más llamativo (razón por la que tradicionalmente se
nombra a las razas por colores, cosa que desde mi punto de vista es una simpleza) pero fundamentalmente, dado que la adaptación humana más importante es la cultura, se trató de una adaptación cultural. Esto quiere decir que cuando hablamos de nuestra raza y ponemos énfasis en preservarla, no nos referimos tanto el plano biológico como fundamentalmente, a preservar la cultura ancestral de la que somos hijos. Sin embargo, es evidente que las razas existen y negarlo forma parte de la obsesión del universalismo de pretender que todos seamos iguales, cuando la propia esencia de la especie, como hemos visto, es su diversidad, dentro de la unidad espiritual que nos liga a todos por el hecho de ser humanos y que nos liga con toda la naturaleza y con todo el cosmos, porque tenemos un alma.
Para algunos existe una cuarta raza, el tronco racial australoide, si bien para otros los aborígenes de Oceanía serían, en algunos casos, mongoloides, y en otros, negroides. Se trata de una cuestión de que la que se encarga la genética y la antropología, pero que escapa a mis conocimientos determinar. En cuanto al tema que nos ocupa, que es el espiritual, surgen aproximadamente en el 40.000 a.C., cuando ya las razas están diferenciadas, diferentes tipos de animismo, y el que nos interesa a nosotros, es el animismo europeo.

CHAMANISMO
Si la primera forma de espiritualidad es el animismo, el saber que todos los seres que nos rodean y nosotros mismos, tenemos alma, el siguiente paso intuitivo es entender que hay diferentes planos de la realidad, que hay un plano o varios que no percibimos, pero intuimos. Sabemos que existen muchas dimensiones, pero nuestros sentidos sólo pueden percibir tres. Del mismo modo sabemos que existen conceptos matemáticos como el infinito, que no podemos imaginar, pues nuestra capacidad es finita, pero sí podemos intuir, representar y hasta operar con ellos.
Si imaginamos que nuestros sentidos sólo pudieran percibir dos dimensiones (altura y anchura), ¿cómo percibiríamos a un ser tridimensional? Pues como una proyección en dos dimensiones, sin profundidad. Así mismo, podemos percibir realidades de cuatro o más dimensiones en tres dimensiones, nuestro ojo no puede ver la cuarta dimensión, pero a partir de la proyección, podemos deducir que un objeto tiene cuatro dimensiones. Este ejemplo es válido para decir que hay una realidad que no vemos, que no sentimos, pero que sí podemos intuir. Por ejemplo, no vemos las ondas de radio, ni las podemos tocar, escuchar… pero están ahí.
La existencia de otros planos de la realidad está presente en la filosofía desde sus comienzos y ya sería intuida por nuestros primeros antepasados. La concepción de esos otros planos y la relación de estos con el plano en el que nos desenvolvemos conscientemente, varía según la cultura y según la corriente filosófica. Para Platón, los planos están separados, y esta misma concepción será propia de las religiones del Medio Oriente, entre ellas, el cristianismo, que no deja de ser un neo-platonismo judaizado. Sin embargo, para nosotros y para otras muchas tradiciones, esos diferentes planos de la realidad están interrelacionados y conectados entre sí, formando un Multiverso que representamos en el Yggdrasil.
Poniendo el ejemplo de antes, un ser bidimensional intuiría a los seres tridimensionales por su proyección en dos dimensiones, por su sombra, y puede pensar que se encuentran en otro mundo, pero lo cierto es que están en el mismo mundo que él, solo que en otro plano que no puede ver. Si tuviera que representar a esos seres tridimensionales, lo haría en dos dimensiones. Hay pues, interrelación entre los planos de la realidad, y un ser de tres dimensiones podría actuar en un plano bidimensional e incluso proyectar su sombra sobre dos dimensiones siendo un ser inter-dimensional. La muerte sería entendida como el paso de un plano a otro de la existencia, siendo la muerte una percepción de nuestra consciencia: consideramos que alguien muere cuando ya no está en nuestro plano de la realidad.
El chamanismo consiste en que ciertos individuos tienen la capacidad para acceder a esos otros planos en determinadas circunstancias, o tienen una segunda visión para percibir a seres que habitan en ellos, especialmente, a los espíritus de los antepasados o de los difuntos en general. Ese otro plano de la realidad, al que muchos han llamado plano astral, y que dividen en diferentes regiones, es el plano al que accedemos durante el sueño o mediante la meditación. Multitud de personas con experiencias cercanas a la muerte afirman haber visto sus propios cuerpos o escuchado conversaciones cuando estaban inconscientes. Deducimos pues que todos, en ciertas circunstancias, podemos acceder a otros planos de la realidad. Pero los chamanes tienen una facilidad superior para ello, tiene una segunda visión, que les permite entrar en contacto con esos mundos, abrir una puerta a esos otros planos.
Así mismo, el tiempo y el espacio son relativos, nosotros intuimos el pasado, el presente y el futuro, pero lo cierto es que no existen como tal, lo que existe es lo que fue, lo que es y lo que puede ser, que nosotros, en nuestra tradición, representamos con las Nornas. Por lo tanto, en otros planos de la realidad, no hay esa diferenciación entre tiempo y espacio, por eso en los sueños podemos viajar a la velocidad del pensamiento de unos lugares a otros, o dar saltos en el tiempo. Partiendo de la base de que, lo que recordamos de los sueños es sólo una mínima parte “decodificada” de lo que hemos soñado, por lo tanto, filtrada y traducida a la realidad que conocemos. El acceso a esos otros planos de la realidad, más allá de nuestra concepción del espacio-tiempo, lleva a ver lo que nosotros conocemos como el futuro. Por eso, las personas con esa segunda visión, los chamanes, pueden adivinar lo que va a acontecer o actuar como oráculos.
Por otro lado, las dolencias físicas tienen una parte espiritual y es posible aliviar una dolencia física actuando sobre el plano espiritual. Muchas enfermedades son meramente psicosomáticas, en otros casos, una buena actitud sirve para curar. Es lo que solemos llamar “efecto placebo”. Por este motivo, los chamanes en la época ancestral que nos estamos refiriendo, también actuarían como curanderos, puesto que no se diferenciaba como ahora la sanación física de la espiritual. La medicina moderna, en una actitud de soberbia y de fetichismo tecnológico, ha subestimado técnicas de medicina tradicional que en otros lugares, especialmente en Asia, tienen grandes resultados. Las persecuciones a las “brujas” durante los siglos más oscuros de la Europa cristianizada tienen la culpa de que gran parte de ese saber milenario se haya perdido en nuestra cultura.
Del mismo modo que el animismo, el chamanismo se desarrolló de forma diferente según la cultura. Tenemos muchos tipos de chamanismo, del que luego surgirán las religiones de la Antigüedad siendo estas prácticas chamánicas la base de la religión en las primeras civilizaciones. No existe, sin embargo, un chamanismo europeo propiamente dicho, pero sí tiene que ver con nosotros el chamanismo de origen siberiano y de los Urales, propio de los pueblos del Ártico que se asentaron en el norte de Escandinavia, como los saami o los ugro-fineses. El chamanismo no surge a la vez en todos sitios, teniendo las primeras formas de chamanismo en Asia más de 14.000 años de antigüedad, pero el origen del chamanismo ártico que nos ocupa, se remonta aproximadamente al 8000 a.C.

POLITEÍSMO
A medida que la sociedad se vuelve más compleja, sus creencias también se empiezan a ocupar de fenómenos abstractos, no sólo de las fuerzas de la naturaleza o de otros planos de la realidad. Muchos ateos se agarran a decir que los dioses son una construcción humana, en un intento de negar su existencia. Pues bien, los dioses son una construcción humana… del mismo modo que las personas lo son ¿duda alguien de la existencia de las personas? Cuando un niño nace sus padres le ponen un nombre, nombre que tiene unas connotaciones concretas, que tiene un significado para ellos. Es el primer acto por el cual se entiende que el recién nacido es parte de la familia, es parte del grupo. Como no nacemos aislados sino que nacemos siendo parte de una cultura, el recién nacido irá adquiriendo los elementos propios de su cultura, desde que aprende a hablar, e irá conformando su propia identidad. La identidad se compone de muchos aspectos: su identidad sexual, su ideología, su religiosidad, sus gustos… y todo ello hace que sea algo más que músculos y huesos, que sea un producto de la cultura, es decir, una persona. Si se acaba con la identidad de alguien, se le destruye como persona, si se acaba con la identidad de un pueblo, se lo destruye como pueblo. Eso es, en el fondo, lo que pretenden hacer quienes promueven una visión materialista de la existencia.
Así pues, si desde un aspecto material tenemos un cuerpo, unos órganos, un esqueleto… que nos hace ser homo sapiens, desde un punto de vista cultural tenemos una identidad que nos hace ser personas y desde el punto de vista espiritual tenemos un alma que es nuestra esencia y nos hace ser parte del cosmos; los dioses también tienen una naturaleza múltiple. Del mismo modo que en matemáticas intuimos el concepto de infinito y podemos representarlo y operar con él, pese a que sea un concepto que nos supera, desde tiempo ancestral nuestra especie ha intuido el concepto de divinidad, lo ha representado y ha operado con él. Así mismo, poniendo el mismo ejemplo, sabemos que hay muchos infinitos (la suma de los números impares es infinita, la suma de los números pares, los múltiplos de cualquier número, los decimales del número Pi…) que no son iguales entre sí, intuimos el concepto de divinidad (como el de infinito) pero sabemos que hay muchos dioses. Nace así el politeísmo.
Un dios o una diosa no es sólo la intuición de un poder sagrado, sino que además es el reflejo del alma del pueblo que los ha creado, que los representa a su imagen y
semejanza y se identifica con ellos, y también les atribuye determinados atributos y características abstractas. Hay varios tipos de dioses, en función de su naturaleza, y el dios o la diosa nos sirven como un canalizador a la hora de central nuestra energía, nuestra espiritualidad, hacia aquello que proyectamos de nosotros mismos, y hacia aquello que buscamos del Macrocosmos hacia nuestro Microcosmos personal.
Por poner un ejemplo claro, los godos tenían a Gaut como su dios nacional, y se denominaban a sí mismos gautas, es decir, descendientes de Gaut, ligándose como un ancestro común con el dios. Así pues tenemos de una parte la intuición de un poder sagrado, la unión con los ancestros y con el propio pueblo, y la construcción de un arquetipo concreto, como Padre, dios de la guerra, de la sabiduría… pues de Gaut evoluciona Wotan, como era nombrado por todos los pueblos germánicos, y finalmente de Wotan deriva la palabra Odín, hasta hoy. Del mismo modo que nosotros como cinco años y con veinte somos la misma persona, pero hemos evolucionado, también evolucionan los dioses y el concepto de Odín en el siglo IX no es el mismo exactamente que tenemos hoy, ni el que tendrán nuestros nietos.
La naturaleza de los dioses es compleja y siendo los mismos dioses, no todos los vemos igual. Pero lo que sí está claro es que los dioses son propios de cada pueblo, precisamente porque han sido elaborados por una cultura, son la proyección del mismo pueblo y de los propios ancestros, por lo que no puede existir un dios universal, todo lo más, el dios de un pueblo barrerá a los dioses del resto de pueblos si su pueblo elimina al resto de pueblos de la Tierra. Del mismo modo que todos hablamos una lengua y no hay una lengua “verdadera” siendo las demás “falsas”, con independencia del número de hablantes que tenga; cada pueblo tiene sus dioses, fruto de su cultura, y no hay unos “verdaderos” frente a otros “falsos”. Los diferentes pueblos irán elaborando su concepción de los dioses, entre ellos los indoeuropeos, que lo harán aproximadamente en el IV Milenio a.C.
El politeísmo indoeuropeo nace en la zona de los actuales India e Irán. Los pueblos indoeuropeos migrarán desde esa zona originaria hacia el este, estableciéndose en Irán, los indo-arios, y conformando el politeísmo indo-iranio posteriormente, propio de la civilización persa y del cual se derivará posteriormente el mitraísmo y el mazdeísmo. Otros migrarán a la actual Europa y a la península de Anatolia, y un tercer grupo se establece en el Valle del Indo, conformando el politeísmo védico, antecesor del hinduismo entre otras religiones.
De la fusión de los pueblos indoeuropeos con los habitantes pre-indoeuropeo del continente, que podemos denominar cromañones, y con los pueblos de origen siberiano establecidos en el Ártico, nace la milenaria cultura europea de la que somos hijos. Los indoeuropeos tenían una cultura guerrera y patriarcal, que se fusionó con la cultura campesina y matriarcal de los cromañones, de pueblos como los vascones, los iberos, los estonios o los etruscos, indo-europeizando también a estos pueblos. Este proceso, en nuestra tradición, se explica mediante la guerra entre los Ases y los Vanes, y la paz entre ellos, con intercambio de rehenes. Así pues, el culto a divinidades telúricas y a las fuerzas de la naturaleza, así como a la Diosa Madre, propio de los cromañones, se fundió con el culto a los fenómenos atmosféricos y los dioses que representan conceptos abstractos, propios de los indoeuropeos, y con el chamanismo del Ártico.
De ese origen indoeuropeo surgen varias familias de pueblos: los germanos, los celtas, los grecolatinos, los eslavos y los baltos, desarrollando cada uno de ellos su propio politeísmo, del mismo modo que desarrollaron su propia lengua y costumbres, pero todos hermanos de sangre y, por tanto, con muchas características comunes. Entre estas características el hecho de la división social en tres estamentos: sacerdotes, guerreros y campesinos; fruto de la fusión entre el sustrato pre-indoeuropeo y los indoeuropeos. Esta división social se plasma en una tríada de dioses principales, que generalmente tienen que ver con estos aspectos, que en nuestro caso serían Odín, Thor y Freyja o Freyr. De esta división triple, el cristianismo derivará a la Santísima Trinidad (que a todas luces es politeísta, por muchas vueltas que le den) y la división social medieval entre clero, nobles y campesinos.
Son muchas las características comunes de las religiones de origen indoeuropeo, pero principalmente podemos entender que hay una cosmovisión formada por las fuerzas primigenias de la naturaleza desbordada (gigantes, titanes, fomorianos…) que representan el caos, en antítesis a las fuerzas de la naturaleza creadora y dadora de vida, y de los dioses atmosféricos y que representan conceptos abstractos, que representan el orden. A diferencia de las religiones del Próximo Oriente, cuya cosmovisión se basa en una antítesis entre el Bien y el Mal, la cosmovisión indoeuropea se basa en la antítesis
entre el Orden y el Caos, que se suceden de manera cíclica: a un mundo le sucede otro del mismo modo que las estaciones se suceden o que hay que morir para volver a nacer.
Entre todos esos politeísmos se encuentra el politeísmo germánico, que surge aproximadamente en el 1700 a.C. Este es origen de nuestra fe actual, aunque lógicamente, después de casi 4.000 años, estando proscrita los últimos diez siglos en toda Europa, nuestra forma de entenderla ha cambiado sustancialmente a como nuestros antepasados la concebían en el II Milenio a.C. No obstante, la esencia sigue siendo la misma, los valores siguen siendo los mismos, que hace 4.000 años. Los dioses de la naturaleza serían los Vanes, los dioses de la guerra, del trueno, de la templanza, de la justicia, de la venganza… serían los Ases, y el chamanismo o la magia rúnica, el seidr y el galdr, procedería del chamanismo ártico. Esta fe dio a los pueblos germánicos, ya fueran godos, francos, longobardos, alamanes, getas, marcomanos, suevos, vándalos, burgundios, hérulos, vikingos… una serie de valores y una visión del mundo.
Esta visión del mundo y esa espiritualidad, persistió en ellos pese al barniz cristiano, y se extendió por toda Europa con las migraciones e invasiones germánicas durante la Edad Media, para fusionarse con el sustrato celta, eslavo, báltico o grecolatino y conformar las naciones europeas, desde los Urales hasta Lisboa. Desde que Islandia se convirtió formalmente al cristianismo por votación de su Althing, para evitar la invasión de los reyes noruegos, en el año 1000, la vieja religión germánica que quedó relegada frente al Cristo blanco del Medio Oriente. Desde que los godos entraron en el Imperio Romano y se inició una lucha entre los partidarios de romanizarse y cristianizarse, liderados por Fravitas, y los partidarios de mantener su identidad y sus creencias, liderados por Eriulfo, hasta los últimos vestigios escandinavos, hubo una dura lucha entre los germanos y finalmente las élites impusieron el cristianismo al pueblo, pues este servía bien a sus propósitos de dominación.

MONOTEÍSMO UNIVERSALISTA
La religiosidad natural de los pueblos, cuando estos son libres y no están sometidos al yugo de una minoría, es totalmente contraria a dogmas e imposiciones, y mucho menos al concepto de universalismo. Nadie, hasta los últimos dos milenios de la Historia de la Humanidad, pretendió “convertir” a otro pueblo a su religión, porque la religión era una cuestión, sobre todo, identitaria. Un celta adoraría a los dioses celtas, un germano a los dioses germanos, un egipcio a los egipcios, un sumerio a los sumerios…
y nadie pretendía a otra cosa. Sin embargo cuando surge la dominación de unos seres humanos sobre otros, surge el Estado y con este, la casta sacerdotal como un órgano separado del resto de la población, que aleja la religión, antaño al alcance de todos, y se autoproclama como único interprete de la Divinidad. No se trata de la función sacerdotal, que antaño llevaban a cabo algunas personas, con especial prestigio social por ser responsables de esta función, pero que a fin de cuentas era fruto de un reparto de tareas (hay quienes se dedican a los dioses, como hay artesanos, campesinos o pescadores). Cuando se establece una casta cerrada, privilegiada, se da el paso de una sociedad jerarquizada pero igualitaria, a una sociedad estratificada, con desigualdades sociales. Es en este momento cuando la religión pasa de ser algo popular, a ser un instrumento de dominación, y se crean los dogmas y el concepto de pecado. Este proceso se dio en el Próximo Oriente, cuna de los primeros Estados, pero en Europa fracasó cuando se produjo en la civilización micénica, siendo los europeos un pueblo libre organizado en Comunidades, pero no en Estados. Cuando estas Comunidades (polis, civitas, confederaciones tribales…) degeneraron, surgen los Estados y se copiaran los usos orientales, propios de la teocracia, en lugar de los usos europeos, propios de una democracia comunitaria, identitaria, donde los hombres libres elegían a sus jefes como primeros entre iguales. Cuando un Estado, parapeto ideológico de una minoría que domina al pueblo, aspira no solo a dominar a su propio pueblo, sino también a otros pueblos, surgen los Imperios. El Imperio es el máximo grado de la dominación política en una sociedad, glorificado hasta la saciedad, sin embargo es el reflejo de la decadencia y la muerte de la libertad. Es en el seno de los Imperios, cuando se pretende acabar con la identidad de los pueblos y convertir así a la gente en masa, fácilmente esclavizable y sumisa, cuando surge el concepto de Dios único y verdadero, frente a los “falsos ídolos”.
No hay que confundir este monoteísmo con la monolatría o el henoteísmo, siendo la monolatría el culto por encima del resto de dioses de uno en concreto, generalmente un dios nacional, pero admitiendo la existencia de otros dioses para otros pueblos; y el henoteísmo la creencia de que todos los dioses son manifestaciones de diferentes aspectos de un único ser divino. Esta corriente henoteísta es una visión filosófica o teológica que puede perfectamente convivir con otras, del mismo modo que hoy en día, en el hinduismo hay escuelas panteístas, politeístas y henoteístas, e incluso
variantes no teístas, y todas son hindúes. Sin embargo lo que ocurrió en el Imperio Romano, cuando el henoteísmo empezó a tener mucha aceptación entre las élites culturales, es que el poder imperial aprovechó esto para tender, poco a poco, hacia el monoteísmo. Del culto al Divino Augusto se fue pasando al culto al César, como dios viviente, copiando los usos orientales.
La influencia asiática del despotismo oriental en el aspecto político, también tuvo implicaciones religiosas, entre ellas la introducción del culto a dioses orientales como Mitra o Cibeles, que fueron asimilados por el panteón romano. Por la influencia oriental surgieron los cultos mistéricos, entre los cuales estaba el hermetismo y el gnosticismo, y que serán el germen de la teosofía y posteriormente del ocultismo y de sociedades secretas como la masonería, los rosacruces, la aurora dorada… así como de religiones que tienen influencias de diversas fuentes, como el Thelema o la Wicca e incluso, por la lógica influencia cristiana, del luciferismo.
Una de las influencias religiosas orientales fue la llegada de la secta judía de los nazarenos, que había sido helenizada por Pablo de Tarso, recibiendo influencias de intentos fallidos de monoteísmo como el atenismo en Egipto así como del monoteísmo persa, el mazdeísmo. Toda esta mezcla de influencias dio como resultado el cristianismo.
En un primer momento el cristianismo fue considerado una superstición y los cristianos fueron perseguidos por negarse a rendir culto al Divino Augusto. Los intentos de instaurar un monoteísmo por parte del Imperio fueron más bien centrados en el culto solar, por influencia egipcia, y se intentó con Helios, pero la tentativa no tuvo éxito. Fue Constantino el que se dio cuenta de que el cristianismo le venía muy bien para consolidar la idea de “un solo Dios, un solo Imperio y un solo Emperador” y despenalizó a los cristianos, creando una versión oficial basada en el dogma trinitario, universal (es decir, católica) para todo el Imperio y desterrando el resto de herejías y sectas cristianas. Construyó la Nueva Roma, Constantinopla, sin un solo templo de la vieja religión romana y convirtió el cristianismo en una religión romana judaizada. Teodosio fue más lejos aún, declarándola religión oficial del Imperio, y proscribiendo a las viejas religiones de Europa. Comenzaba así el largo periodo de 1600 años de persecuciones, hogueras y profanaciones en nombre de la cruz redentora, coincidiendo con la decadencia final y la destrucción del Imperio, sobreviviendo sólo el Imperio oriental.

PAGANOS Y HEATHEN
Como podemos ver, aunque el cristianismo se había expandido entre las capas populares, entre otras cosas porque los cristianos daban asistencia a sus hermanos de fe, cumpliendo una acción social que el Estado romano no ofrecía a sus ciudadanos, convirtiéndose en la religión de los débiles y desfavorecidos; pese a ello, el grueso de la población seguía rezando a sus viejos y ancestrales dioses. La vieja religión fue perseguida, los templos profanados y miles de europeos fueron asesinados por no renunciar a su cultura milenaria y aceptar el judeocristianismo, en el mayor genocidio de todos los tiempos, en nombre de la paz y el amor.
En las ciudades, bajo control de los funcionarios del Imperio, el cristianismo acabó imponiéndose a sangre y fuego, pero en el campo, lejos del control estatal, la gente seguía adorando a sus viejos dioses. Los habitantes del campo, del pagus, eran mirados con desprecio, considerados rústicos y primitivos, y se atribuyó a su ignorancia el hecho de que siguieran aferrados a los viejos dioses en lugar de aceptar “la fe verdadera”. Por eso fueron llamados paganos.
Por extensión se llamó paganos a todos aquellos que no aceptaron la religión cristiana, incluidos los pueblos germánicos y eslavos de fuera del Imperio. En castellano no existe otra palabra aparte de pagano para hacer referencia a esto, pero en inglés hay una sutil diferencia entre el término pagan y el término heathen, que ambos pueden traducirse como “pagano” pero tienen connotaciones diferentes. Para los germanos que vivían fuera del Imperio, cristianizarse era sinónimo de romanizarse. El Dios cristiano era el dios de Roma, por lo que para entrar en el Imperio, situación a la que se veían abocados por la presión de los hunos, era preciso ser cristianos. Esto, amén de otras ventajas para los caudillos germánicos, que ya empezaban a proclamarse reyes asumiendo el ceremonial y los usos romanos, hizo que la mayoría de estos pueblos se bautizara en masa, siendo, como es natural, una conversión puramente nominal. Los germanos eran fundamentalmente una población rural, por lo que la antítesis entre el habitante de las ciudades y el pagano, que vivía en el campo, no tenía mucho sentido. Muchos de estos pueblos se convirtieron a alguna herejía cristiana en lugar de a la variante católica oficial, para mantener su identidad y no disolverse entre la cultura romana. Tal fue el caso de los godos y su conversión al arrianismo. La diferencia entre los germanos no era entre los que son rústicos y aún creen en “los falsos ídolos”, como promovería la propaganda cristiana en el Imperio, sino entre los que conocen a Dios y los que no lo conocen, siendo estos, los primitivos, salvajes, bárbaros… y los cristianos los civilizados.
La palabra inglesa heathen deriva del inglés antiguo hæðen y del nórdico antiguo heiðinn, que a su vez parece derivar del gótico haiþno, término con el que Ulfilas traduce la expresión “gentil” en la Biblia traducida a la lengua goda, palabra usara para referirse a los no judíos y, por extensión, a los no cristianos o musulmanes. Lo mismo sucede en euskera con el término jentil, que se traduce también por pagano, para referirse a los vascones que seguían adorando a sus viejos dioses. Aunque ambos términos, pagano y gentil, son usados peyorativamente, lo cierto es que hoy en día la mayoría de creyentes de las religiones nativas europeas se reconocen como paganos o como heathen con orgullo, precisamente por ese rechazo al Dios cristiano, reivindicando la pureza del campo y sus viejos valores ancestrales (para el término pagano) o el hecho de no conocer, ni querer conocer, al “Dios verdadero” (para el término heathen).

PROSCRIPCIÓN CRISTIANA
Desde el Edicto de Tesalónica del año 380 se inició una persecución paulatina de las viejas religiones europeas. Se talaron arboledas sagradas, se profanaron santuarios, se destruyeron estatuas de los dioses… y se destruyó gran parte de la milenaria cultura europea. Se produjo el exterminio de miles de europeos para mayor gloria de Jehová y su clero… pero no pudieron exterminar el alma europea. Después de las persecuciones imperiales, se produjeron persecuciones por parte de los reyes germanos conversos al cristianismo, algunos de ellos considerados santos por la Iglesia, como Olav II de Noruega. Se glorificó como santos de la Cristiandad a los responsables del genocidio europeo, como San Patricio en Irlanda, que exterminó a cientos de paganos celtas y sin embargo hoy se celebra esa efeméride como fiesta nacional irlandesa. Carlomagno emprendió guerras para convertir por la fuerza a paganos sajones y eslavos, llevando a cabo atrocidades contra ellos. La Orden Teutónica masacró a los baltos en la Cruzada contra Lituania… el número de matanzas y crímenes en nombre del Dios único de los
cristianos es incontable, pero aunque llenaron de sangre la Madre Europa, la cultura europea sobrevivió bajo el barniz cristiano.
Hubo criptopaganos hasta bien entrada la Edad Media, sobre todo en algunas zonas, más o menos tolerados por los poderes cristianos. Pero el cristianismo, para poder imponerse, tuvo que paganizarse totalmente. Las fiestas cristianas son todas de origen pagano, las órdenes de caballería tienen más que ver con los viejos valores europeos que con el “poner la otra mejilla” de la Biblia, el folclore, las leyendas populares, la música, la literatura… la vieja espiritualidad europea sobrevivió pese a todo.
En el caso de la religión germánica, que es el que nos ocupa, las Eddas fueron escritas en el siglo XII por Snorri Struluson, preservando la memoria de nuestros dioses y mitos. Las sagas, las historias populares… nos han llegado hasta hoy, trasmitiendo el legado de nuestro pueblo. Lógicamente, cuanto más al norte, cuanto más superficial fue la cristianización y más tardía, más viva está la vieja religión. Sin embargo en España tenemos una gran cantidad de elementos en el folclore popular de origen germánico: los “martinicos” en Castilla no son sino duendes, los “malismos” son trolls, la Santa Compaña es la Hueste Salvaje de Odín, la leyenda de San Jorge y el dragón no es sino la de Sigfrido, los hombres-lobo… el folclore popular español está lleno de elementos de claro origen germánico, celta o latino, en ocasiones cristianizados.
Aunque formalmente cristiana, la sociedad europea ha seguido celebrando sus fiestas y manteniendo, aunque judaizados, los valores de sus ancestros, resistiéndose a morir y celosa de su identidad frente al universalismo. El cristianismo de España no fue igual que el de Francia, el de Italia o el de Alemania y cuando se produce el cisma protestante en el siglo XVI, lo que hay es una intención de crear Iglesias nacionales frente a la Iglesia de Roma, lo cual se tradujo en ocasiones en el cisma, y en otras, en el regalismo y en hacer del catolicismo una política de Estado. Con el Renacimiento se produce una vuelta a la cultura clásica y se inicia el lento pero imparable proceso de descristianización de Europa.

RESURGIR DE LAS RELIGIONES NATIVAS
A partir del siglo XVIII, con la Ilustración, se empezó a cuestionar muchos de los dogmas del cristianismo, en un clima de mayor tolerancia religiosa tras las guerras
de religión y el fanatismo que había caracterizado los dos siglos anteriores. Surgieron muchas corrientes filosóficas cristianas que buscaban una explicación racional de Dios y empezaron a popularizarse entre los intelectuales corrientes como el panteísmo o el deísmo, alejadas del dogmatismo. Este clima propició la investigación y la recuperación de las viejas formas de religiosidad europeas en el siglo XIX, dentro del movimiento romántico, en el contexto de profundizar en la cultura y las raíces de los pueblos. El Romanticismo fue una exaltación de lo nacional frente a lo universal, en todos los aspectos, y ello llevó a que se retomara un gran interés por las viejas formas de espiritualidad.
Es en el siglo XIX cuando surge la Etenería o Etenismo, castellanización del término inglés Heathenry, derivado de heathen, término que he explicado anteriormente. Surge dentro del movimiento romántico alemán y escandinavo, así como en el contexto del “revival” vikingo de la Inglaterra victoriana. El estudio de los pueblos germánicos y el nacionalismo, plasmado en el arte y en la música, sobre todo en la obra de Richard Wagner, impulsó notablemente la recuperación del viejo politeísmo germánico, pero mezclado con el esoterismo, el misticismo y una gran variedad de corrientes ocultistas. En estos tiempos, había una sed de conocimiento, pero después de siglos de persecución cristiana, la vieja religión estaba muy mezclada con otras cosas. Al tiempo que se inicia un movimiento para recuperar el paganismo germánico, ocurre lo mismo con otras religiones nativas europeas, siendo el siglo XIX el periodo en el que surge el Druidismo a partir del politeísmo celta, el Rodismo a partir del politeísmo eslavo, la Romuva y la Dietruba, a partir del politeísmo báltico o el Dodecateísmo a partir del politeísmo griego.
La primera vez que se emplea la palabra “Ásatrú” es en la ópera Olaf Trygvason del compositor noruego Edvard Hagerup Grieg, en 1870. Es una etapa que podríamos llamar de proto-Odinismo, puesto que la religión aún no estaba conformada como tal, estaba empezando a aflorar en medio de las brumas y todavía con una grandísima contaminación judeocristiana. A finales del siglo XIX, dentro del ocultismo y el esoterismo alemanes, nació la ariosofía en Austria, como un sistema ideológico esotérico que mezclaba muchos elementos, entre ellos runas y elementos paganos germanos, pero con un significado muy distorsionado. Uno de sus impulsores, Guido von List, uso el nombre de wotanismo para esta corriente. El wotanismo sería la base del misticismo nazi durante los años 30 del siglo XX, mezclándose con ideas supremacistas y siendo posteriormente, tras la II Guerra Mundial, retomado e impulsado por David Lane. En medio de ese caldo de cultivo en el que se mezclaba esoterismo y ocultismo, cristianismo heterodoxo y un intento de recuperación de la vieja religión germánica, es cuando nace en Australia la Iglesia Anglicana de Odín, también con un carácter más supremacista que religioso, impulsada por Alexander Rud Mills. Rud Mills era un militante de extrema derecha cuyas ideas religiosas eran una mezcla entre el cristianismo, el esoterismo y el paganismo germánico, que sin embargo escribió muchos artículos relacionados con el odinismo. Del mismo modo que en este proto-odinismo nos encontramos figuras de extrema derecha como Rud Mills, también hay que destacar al escritor alemán Ludwig Fahrenkrog, fundador de la Deutscher Bund für Persönlichkeitskultur que impulsó la recuperación de la religión germánica pre-cristiana, siendo su obra censurada por el III Reich, en 1934.
Pero sin duda la figura fundamental del odinismo, tal y como lo conocemos ahora, es la danesa Else Christensen, la Madre Folk. Else, perseguida junto a su marido tras la ocupación nazi de Dinamarca y refugiada después en Canadá, tuvo conocimiento en los años 60 de la obra del proto-odinista Rud Mills, y leyó su obra La llamada de Nuestra Vieja Religión Nórdica, lo que le llevó a conocer a su viuda en Australia, creando en 1969 el Grupo de Estudios Odinistas, posteriormente llamado Hermandad Odinista. Else Christensen, a través de su informativo The Odinist, fue la gran impulsora del Odinismo moderno, tal y como lo entendemos hoy, razón por la que está considerada como la gran Madre del Odinismo.
El impulso de Else y de la Hermandad Odinista fue lo que posibilitó el que desde los años 70 fueran surgiendo confesiones nacionales en casi todos los países. En 1972 se fundaba la Ásatrúarfélagið en Islandia, impulsada por Sveinbjörn Beinteinsson, reconocida por el Estado islandés al año siguiente, siendo la primera confesión odinista reconocida por un Estado soberano en el mundo, precisamente en Islandia, el último país en abandonar de forma oficial la vieja religión germánica en el año 1000. En 1973 se fundaría el Odinic Rite en Inglaterra y en 1974 la Ásatrú Free Assambley en Estados Unidos, impulsada por Steve McNallen. En lo referente a nuestro país, en 1981 se funda el Círculo Odinista Español, impulsado por Ernesto García, precursor de la actual Comunidad Odinista de España. La restauración y reconocimiento oficial de la vieja fe puso fin a 1600 años de persecución, pero lógicamente no es el final del camino.

ACTUALIDAD
La religión es algo vivo y, como hemos ido viendo, nuestra fe tuvo que pasar un largo invierno de persecución, pero no llegó a morir nunca. Del Odinismo han surgido, como es normal, varias tendencias, destacando el Ásatrú y el Vanatrú, como las principales variantes. Si hace un siglo estábamos saliendo de las brumas, hoy ya somos una religión consolidada, aunque minoritaria, como si nuestros dioses, que nunca llegaron a morir, hubieran comido otro bocado de la manzana de Idunn y tras ese largo invierno, por fin, volviese la primavera. No hay que borrar los 1600 años de cristianización de Europa, porque como en otras ocasiones he dicho, bajo el barniz cristiano estaba el alma europea latente. Se trata sencillamente de re-europeizar Europa, de eliminar lo extraño, lo que nos fue impuesto, y restaurar lo nuestro.
Recrear no es hacer arqueología de la fe y pretender copiar lo que hacían nuestros antepasados en el siglo X como si nada hubiese pasado. Es, como la palabra indica, re-crear, volver a crear, pero desde el conocimiento y desde la tradición que nos ha llegado. Somos un puñado de fieles, pero del mismo modo que aunque sólo unos cuantos cristianos vayan a misa los domingos la cultura cristiana es mucho más amplia, nuestra cultura odinista se proyecta más allá de las creencias.
La literatura, la música, el arte… todo está impregnado de nuestros valores. Mucha gente, aunque quizás no sabe ponerle nombre, tiene los viejos valores nativos europeos en su corazón, pese al lastre del cristianismo. Los valores pueden haberle llegado porque le gustan los videojuegos o juegos de rol basados en la mitología nórdica, porque le gustan grupos de heavy metal como Manowar o el viking metal, porque le gusta el neo folk, porque le gusta la literatura y se ha leído las Eddas o alguna saga, porque le gusta la recreación histórica o la historia en general, porque le gusta la esgrima medieval… nosotros no somos ni hemos sido nunca proselitistas, precisamente nuestra fe se basa en que es propia de un pueblo por lo que no pretendemos “convertir” a nadie, somos lo contrario al universalismo, no hay nada parecido a la evangelización en nuestro credo.
Pero sin embargo si podemos, y debemos, extender nuestros valores, dar ejemplo a la sociedad, crear clanes y comunidades fuertes que funcionen de otra manera y servir de luz, ser una antorcha en medio de un mundo de oscurantismo en el que ya no es el enemigo el cristianismo, puesto de rodillas, sino el materialismo anti-religioso y la crítica destructiva que hace de la civilización occidental, preparando la entrada de un enemigo joven y fanatizado, como hace mil años eran los cristianos y de la misma raíz abrahámica: el islam. La Modernidad, el individualismo liberal, el materialismo, el marxismo cultural y las ideologías que han partido de él, es lo que realmente nos supone una amenaza hoy. Todo ello, bajo la gran mentira del universalismo, la globalización, la multiculturalidad.
La guerra hoy es entre quienes quieren una humanidad sin alma, mestiza, con una cultura global, con un idioma global, individual, sin ningún tipo de sentimiento de identidad, de sentimiento comunitario… en otras palabras, una humanidad anti-humana; frente a los que defendemos que cada pueblo, cada etnia, debe mantener su tradición, sus costumbres, y relacionarnos los unos con los otros en pie de igualdad. Los que no queremos conquistar a nadie, ni someter a nadie, pero por lo mismo tampoco nos vamos a dejar conquistar y someter por nadie. Los que no queremos ser esclavos ni tampoco amos.
Esa guerra se libra en muchos frentes, el cultural, el ideológico, el político… pero el principal de todos, el pilar que nos puede hacer vencer, es el espiritual. Quienes desean dominar a la Humanidad nos pueden quitar todos los bienes materiales que quieran, nos pueden perseguir y hasta matar. Pero no nos pueden quitar el alma, salvo que renunciemos a esa parte de nosotros, salvo que aceptemos su concepción materialista de la existencia. Por eso es importante conocer nuestras raíces, saber que el odinismo y las religiones nativas de hoy, tanto en Europa como en toda la Tierra, tienen un origen ancestral milenario, llegar hasta lo más profundo de nuestra alma y del alma de nuestro pueblo para conocerlo, para amarlo, que a fin de cuentas, es amarnos a nosotros mismos. Ese amor propio, a la propia identidad, es lo que no quieren que tengamos.
Somos algo vivo, no somos algo del pasado sino del presente y de lo que seamos capaces de construir, pero hemos recogido un legado milenario y nuestra obligación es dejárselo a nuestros hijos, mejor y más grande de lo que lo hemos recibido. Nuestra civilización no puede perderse en el olvido, no dejemos que talen nuestras raíces.

José Manuel 
Jarl de Fauces de Tormenta y Delegado de la Comunidad Odinista de España en Andalucía

Paganismo en la encrucijada: Renovación ó Reconstruccionismo

witches'-counciljpgDentro de la cosmovisión politeísta europea nos encontramos en una, por definirlo de alguna manera, encrucijada histórica; por un lado tenemos todo el futuro a nuestro alcance, como conjunto de creencias novedosas pero a la vez con un substrato eminentemente tradicional que puede dar una acertada respuesta a las carencias espirituales existentes en la sociedad europea, y por otra parte iniciamos nuestro recorrido con una serie de “pesos muertos” que en ocasiones no impiden caminar como deberíamos. Dentro de las denominadas religiones “paganas” (1) de tradición más o menos indoeuropea (2), nos topamos muy a menudo con no pocas poses estériles que claramente las hacen situarse fuera de cualquier marco social y religioso contemporáneo. En este sentido, una de las más graves deformaciones es aquella que denominamos bajo la expresión de “Regreso al Futuro”. Existe, y es muy frecuente, la tentación de dar un salto en el tiempo para alcanzar una determinada época histórica a voluntad del usuario -o en este caso según los gustos del “pagano” en cuestión-, obviando así 2.000 años de influencia histórica del judeo-cristianismo como si nada, y lo que es más grave, renegando de la realidad social en la cual nos desenvolvemos. Este paganismo al que denominaremos como reconstruccioncista, se sitúa en esa búsqueda de un paraíso ideal como fuga ante una realidad incómoda. Una existencia pobre y baja en parámetros de competitividad social, siempre se lanzará a la “fuga de la realidad” como solución a sus males internos: unos se introducirán en  la huida hacia adelante, conocida también como “progresismo” (en la cual todos los males tendrán solución en un hipotético futuro hipertécnico y eminentemente racional); y los otros exiliados de la realidad, querrán retrotraerse en el tiempo para encontrar un pasado a su medida, épocas tan idealizadas como desfiguradas. Es en esta segunda evasión de la realidad, en donde se encuentran la inmensa mayoría de los paganos reconstruccionistas: Intentarán vivir como Vikingos, hombres del Neolítico o celtas del siglo II a.c.; pretenderán vestirse como ellos, hablar sus lenguas ya muertas, pensar como se supone pensaban estos ancestros, o realizar ceremonias religiosas más o menos fidedignas a patrón original. Todo ello en la idea de emulara a unos hombres y conductas culturales ya desaparecidas, pero tenidas como excelsas así como “verdaderas”. Pero ante el desconocimiento en su autentica dimensión de las creencias espirituales ancestrales, se moverán en  “arenas movedizas” con ritos y ceremonias creadas en los años 70 por los movimientos de orientación “New Age” (3), y otros de marcado acento político que veían en el paganismo una lanza antisistema empuñada por grupos y partidos de variopintos espectros políticos.

Muchos estos intentos de reconstrucción religiosa hay que dejar constancia de su buena intención, ya que se miden por la noble esperanza de revivir una riqueza espiritual ancestral perdida en parte, pero sumamente rica como para quedarse en el olvido de los tiempos. Es necesaria a todas luces una “repaganización” de Europa (o mejor una indoeuropeización de Europa), como es necesaria la vuelta a las fuentes naturales de nuestro Ser para poner en marcha una revolución espiritual y material de nuestros pueblos. Pero estos procesos de identificación indoeuropea no tienen que significar necesariamente estudios arqueológicos sobre las religiones del Paleolítico Superior, del Neolítico o la Edad de Bronce; sino vivir plenamente la espiritualidad de nuestros ancestros, nada más y nada menos. Tradición sí, pero con autonomía histórica. Lo verdaderamente valido para nuestro futuro religioso son la cultura y creencias de Occidente, nuestra herencia; lo demás es en bastantes accesorio, cuando no se trata de autenticas falsificaciones de nuestra alma en aras de crear una “segunda religiosidad” fruto de la decadencia moral de nuestras sociedades contemporáneas.

No somos escandinavos del siglo V a.C., ni tan siquiera hispano-romanos, ni Visigodos de Toledo… somos españoles-europeos de 2014, que pagan sus hipotecas, trabajan más de 40 horas a la semana (con suerte), que sufren y padecen las vicisitudes cotidianas de cualquier mortal. No cazamos mamuts, ni vamos por ahí con un hachas de combate, ni llevamos “cascos de cuernos”, ni cosas por el estilo. Lo que de verdad nos identifican es que, como ya hemos dicho, somos españoles-europeos de hoy, herederos de una rica y vasta cultura, así como portadores de un alma ancestral que manifestamos en diversos apartados de nuestra vida, incluyendo por supuesto el religioso. Pensar y actuar de otra manera que nos sea bajo el marco de lo “real” es situarse fuera de los parámetros racionales de la existencia para alejarnos de todo compromiso social. Un ejemplo. No podemos extrapolar el contexto en el cual vivían los escandinavos en la baja Edad Media, con nuestro mundo actual como pretenden en no pocas ocasiones muchos neopaganos actuales. Ese era un mundo eminentemente guerrero porque las circunstancias así lo demandaban; vivían en un medio hostil que les hacia estar siempre en constante lucha por su supervivencia. De ahí esa función guerrera omnipresente en toda la mitología nórdica; ser guerrero era lo más importante porque de ellos dependían la supervivencia de la tribu o el poblado entero, su premio tras la muerte debía ser también el mejor de todos, vivir en el Walhalla rodeado de manjares y Valkirias. Pero no debemos confundir lo simbólico con lo literal del símbolo. Nosotros no nos hallamos en esas circunstancias, por ello no podemos tomarnos al pie de la letra las Eddas, Sagas y demás textos antiguos como si fuesen la “verdad revelada”, eso sería como creer que una paloma dejo embarazada a una Teeneger judía hace más de 2.000 años. Pues bien para muchos de nuestros hermanos esa mitología guerrera presente en dichos textos antiguos llevada a su literalidad más simple es la esencia de la religión Odinista (4), obviando y falseando otros aspectos fundamentales de dicha religión para centrarse únicamente en lo trivial: en las cotas de malla, las hachas de doble filo, el combate eterno y el Valhalla como premio.

No podemos revivir la existencia de otros, tenemos que ser “clásicos de nosotros mismos”. No podemos convertirnos en unos Vikingos al uso o en unos aguerridos espartanos. Pero sí que podemos llevar a nuestro mundo actual las esencias de estos hombres y sus épocas, he ahí la clave: actualizar los mitos. Vivimos en los inicios del siglo XXI, aquí no hay «cotas de mallas», ni «hachas de doble filo», habitamos en otro tipo de sociedad y debemos adaptarnos a ella; ojo digo adaptarnos no transigir que es otra cosa muy distinta. Hoy el valor no se mide por los combates ganados, ni por las hazañas de conquista, sino por la permanencia y desarrollo de un determinado código de valores, por una actitud ante la vida: podemos ser justos, fuertes, sabios, honorables…eso es lo que agrada a los dioses, y lo que de verdad nos tendría que importar. Lo demás me parece bastante subalterno cuando no quimérico y contraproducente. Qué sería mejor, morir en combate (aquí habría que matizar mucho en qué es un combate) siendo un canalla y un miserable, o vivir según una  estructura moral conforme a nuestro Ser Odinista, pero acabando nuestros días siendo unos ancianos, y rodeados de nuestros seres queridos;  evidentemente para un hombre de nuestra tradición es la segunda opción la que más le debería complacer. Bajo ese “ardor guerrero” pagano de muchos, se esconda la mayor de las cobardías, aquella que sacrifica la esencia por la existencia, la pose por lo profundo y lo verdaderamente noble por una determina estética. Hablan de combates y luchas porque saben que es bastante improbable que en nuestras sociedades pacifico-hedonistas se den tales circunstancias bélicas (a no ser que unos sea “soldado profesional” y le manden a defender la “democracia” y la “libertad” en cualquier punto del planeta). Prefieren fantasear con esta belicosidades que no implicar ningún compromiso firme personal, antes que mantener en su vida un estilo conforme a las 9 nobles virtudes Odinistas (5), que evidentemente conllevan un mayor sacrificio y coraje para ponerlas en la práctica cotidiana.

Es también en la paz y en la prosperidad cuando se producen los desarrollos humanos necesarios para una evolución en la materia y el espíritu; la constante incertidumbre, el acoso bélico incesante producen situaciones extremas de supervivencia que hacen incapaz cualquier avance humano. La Novena Sinfonía de Beethoven jamás se hubiese creado bajo un clima de penuria, hostilidad y guerra constante. Yo mismo no estría escribiendo este artículo, si mi prioridad vital fuese encontrar comida para que mi familia no se muera de hambre mañana. Hoy los guerreros no son aquellos hombres envueltos en acero, sino los que no se callan ante la injusticia, los que gritan la verdad aunque te señalen con el dedo. Aquellos que tienen el valor de ir contracorriente del discurso de valores dominantes y encima los practican esos valores día a día; los que luchan por sus creencias y convicciones, amando aquello que respetan y despreciando todo lo que les corrompe. Esos son para mí los “paganos” del siglo XXI. No propongo la falsa moral de “amar a nuestros enemigos”, ni responder al mal y la violencia con el “martirio”, sino simplemente planteo dar una respuesta adecuada en cada momento y cuando situaciones concretas así lo demanden, pero siempre bajo nuestro entramado ético. Los dioses aman a los valientes, pero no a los fanfarrones y a los estúpidos.

La “arqueología religiosa” llevada sus máximos extremos, deviene necesariamente en la total falsificación de la realidad para sumergirse en las brumas de un pasado idealizado, pero falseado en muchas de sus aspectos. No podemos ser lo que no somos, esto es de “Perogrullo”. Pero sí que podemos alcanzar lo que verdaderamente nos hermana como hombres y  mujeres; la pertenencia a un pueblo y a una cultura determinada. Sinceramente, nadie en su sano juicio puede identificarse ya como un germano, celta o latino…todos en cambio somos Europeos, herederos de una misma tradición indoeuropea y de una cosmovisión que nos forma en toda nuestra dimensión humana: la dimensión física, la religiosa, la cultural y la social. Si somos capaces como politeístas europeos de encontrar el equilibrio entre lo que es tradición y lo que debe ser la actualización de nuestros credos; entre lo accesorio y lo importante;  entre la verdad heredada de nuestro pasado y la capacidad creativa de nuestras confesiones para elaborar una doctrina, unos ritos y unas representaciones actuales, habremos conseguido dar un salto de gigante para posicionarnos en la vanguardia religiosa del este siglo que apenas ha comenzado. Sino tristemente vagaremos por este mundo como espectros, buscando un éxito que nunca llega debido a nuestra nula capacidad para quemar ese barco vikingo mental que nos atenaza y embota. No podemos regocijarnos en nuestra propia marginalidad, no debemos dar una imagen de sectarismo de catacumba, es tiempo de realizar ese salto evolutivo de nuestra religión para ver el mañana con claridad. Nuestras religiones en general, y el Odinismo en particular, no tienen que ser credos estáticos, más bien deben hacer gala de un dinamismo en sintonía con su absoluta fidelidad a sus principios básicos, pero con la suficiente flexibilidad en cuanto a sus actuaciones y estrategias para encarar los desafíos diarios. Debemos crear esa religión autóctona y popular como punto de partida, como crisol de nuestra herencia indoeuropea capaz de alumbra la fe del porvenir que la historia nos está demandando, ese es el verdadero reto de futuro para todos los que buscamos en lo más intimo de nuestra alma la fuerza que nos lleve a crear un mundo nuevo.

“Compañeros para su camino busca el creador, y no cadáveres, ni tampoco rebaños y creyentes. Compañeros en la creación busca el creador, que escriban nuevos valores en tablas nuevas.

Compañeros busca el creador, y colaboradores en la recolección: pues todo está en él maduro para la cosecha. Pero le faltan las cien hoces: por ello arranca las espigas y está enojado.

Compañeros busca el creador, que sepan afilar sus hoces. Aniquiladores se los llamará, y despreciadores del bien y del mal. Pero son los cosechadores y los que celebran fiestas.

Compañeros en la creación busca Zaratustra, compañeros en la recolección y en las fiestas busca Zaratustra: ¡qué tiene él que ver con rebaños y pastores y cadáveres! Y tú, primer compañero mío, ¡descansa en paz! Bien te he enterrado en tu árbol hueco, bien te he escondido de los lobos. Pero me separo de ti, el tiempo ha pasado. Entre aurora y aurora ha venido a mí una verdad nueva.

No debo ser pastor ni sepulturero. Y ni siquiera voy a volver a hablar con el pueblo nunca; por última vez he hablado a un muerto.

A los creadores, a los cosechadores, a los que celebran fiestas quiero unirme: voy a mostrarles el arco iris y todas las escaleras del superhombre.

Cantaré mi canción para los eremitas solitarios o en pareja; y a quien todavía tenga oídos para oír cosas inauditas, a ése voy a abrumarle el corazón con mi felicidad.

Hacia mi meta quiero ir, yo continúo mi marcha; saltaré por encima de los indecisos y de los rezagados. ¡Sea mi marcha el ocaso de ellos!”

 Así habló Zaratustra (Friedrich Nietzsche)

 

 

 

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NOTAS

 

  1. Dicha expresión proviene de la palabra latina paganus, cuyo significado es: hombre del campo, campesino, aldeano, paisano. Este término hace referencia a todos aquellos que profesan una religión distinta a las comprendidas dentro de las religiones del “Libro”: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo. Es por ello una expresión peyorativa, lanzada contra los fieles a las creencias anteriores al cristianismo en Europa, tachándoles así de ignorantes y primitivos. Las antiguas creencias se fueron refugiando ante el avance de la nueva religión, en los campos, fuera de los núcleos urbanos, de ahí la expresión “paganos” apara aquellos que no practican la fe del nuevo dios del judeo-cristianismo. Personalmente el termino no me gusta ni me identifica, prefiero la de “Politeísmo Europeo” o “Espiritualidad Indoeuropea” que creo se ajustan más a la realidad; aunque mantendremos el nombre genérico de “paganismo” para identificar los credos europeos precristianos dada su mayor popularidad y comprensión.

 

  1. Identificamos al pueblo indoeuropeo como una comunidad que vivió entre el V y IV milenio a. de C. entre Europa Central y las estepas de Siberia. Posteriormente Las migraciones de las tribus indoeuropeas comenzaron en el II milenio diseminándose por Europa y Asia, difundiendo su lengua, sus costumbres y creencias; dando lugar a las numerosas culturas y lenguas como: Germánico, Céltico, Latín, Griego, Iraní, y Sánskrito.

 

  1. El término nueva era —utilizado durante la segunda mitad del siglo XXy principios del XXI— se refiere a la Era de Acuarioy nace de la creenciaastrológica de que el Sol pasa un período de tiempo (era) por cada uno de los signos del zodíaco. Según esta creencia, la Era de Acuario marcaría un cambio en la conciencia del ser humano, que ya estaría empezando a notarse y que llevaría asociado un tiempo de prosperidad, paz y abundancia. Las ideas reformuladas por sus partidarios suelen relacionarse con la exploración espiritual, la medicina holística y el misticismo. También se incluyen perspectivas generales en historiareligiónespiritualidadmedicina, estilos de vida y música. Algunos individuos cuyas creencias pueden ser catalogadas como de Nueva Era (incluyendo a los neopaganos) pueden sentir que la etiqueta es inapropiada debido a que puede ligarlos con otros credos y prácticas. Debido a la variedad de creencias a la carta, cualquier categoría coherente puede parecer restrictiva o incompleta; una definición de Nueva Era podría ser: no perteneciente a ninguna religión tradicional.

 

  1. El antiguo Odinismo es el nombre que damos a las creencias comunes de la gente de habla Germánica (Inglés, Holandés, Alemán, y Escandinavo). Frecuentemente estas creencias es llamada también por los Antiguos Nórdicos con el nombre de Ásatrú («confianza en los Æsir»). Sin embargo, el Antiguo Odinismo no es solamente Escandinavo, ya que también fue seguido por los Teutónicos, gente del Continente y los pobladores Anglosajones en Inglaterra; Y por lo tanto, el Odinismo también se da, no solamente a los Æsir (Wodan, Thunor, Tiw, y su gente), sino también a los Vanir (Frow Yng, Frowe, Njord, y Nerthus) y los otros espíritus. Si bien el término Ásatrú es un neologismo acuñado en el contexto del romanticismo nacionalista delsiglo XIX, utilizado por primera vez por Edvard Grieg en su ópera Olaf Trygvason, de 1870, la práctica religiosa en sí es una reconstrucción del culto ancestral de los pueblos germánicos. Los Visigodoslo practicaban hasta entrar en el Imperio romano (su conversión al cristianismo fue un acto político, destinado a conseguir los favores del emperador romano Valente). Otros pueblos que estuvieron en la Península Ibérica, como los Suevos, practicaron esta religión en Galicia y Asturias. En la Edad media, los vikingos y varegos recorrieron toda Europa, incluso llegando a Galicia, Asturias y Andalucía. Actualmente el Odinsimo en nuestro país es una confesión religiosa legalmente reconocida por el Estado Español.

 

  1. Las Nueve Nobles Virtudes del Odinismo son las siguientes: Coraje, Verdad, Honor, Fidelidad, Disciplina, Hospitalidad, Laboriosidad, Confianza y Perseverancia.

Publicado por Asbru en

 

¿Qué es el Odinismo?

10291729_472946822808661_609521360738722038_nEntendemos por Odinismo, una de las religiones autóctonas de Europa existentes antes de la llegada del Cristianismo a nuestro continente; es pues un conjunto de creencias precristianas de raíz nórdico-germánica, cuyo nombre deriva del dios Odín como deidad principal del panteón nórdico. También el Odinismo es en ocasiones conocido y asimilado como Ásatrú («confianza en los Aesir», es decir en los dioses), moderna recreación de la antigua fe germánica-nórdica.

Hablamos por lo tanto una estructura religiosa ancestral, autóctona y tradicional, que se enraizada en el “lugar”para presentar el solar de nuestros antepasados como fuente de identidad que nos une al pasado y nos lanza hacia el futuro a través del presente.

Si queremos adentrarnos en las raíces de la religión odinica tenemos que acercarnos a los pueblos la  practicaban, y en especial debemos referirnos al pueblo godo, ya que lo podemos considerar como el verdadero artífice y creador del Odinismo durante los siglos I y III Ad. C. en cuanto a estructura religiosa precisa; cuya fuerza es retomada por los odinistas actuales como descendientes de este gran pueblo, que un día salió de su escandinavia natal para crear su reino distintivo en nuestra tierra, Gotia. Los Godos establecieron su religión en torno a un dios patrimonial, Gaut (Posteriormente sustituido por Odín en cuanto a centro de culto), el cual desplazó las antiguas bases religiosas de los germánicos, hasta entonces orientadas hacia el primitivo culto telúrico representado por los dioses Vanes como la diosa Nerthus -origen de Nj¨¨dr y posteriormente Ing y/o Freyr-, hacia el Odinismo en cuanto a religión popular y soberana propia desde entonces de las distintas familias germánicas.

       El Odinismo, la religión nacional goda, fue la seña de identidad espiritual más representativa del pueblo Godo; hasta que por motivos de defensa frente al acoso otros pueblos invasores de oriente conocidos como los Hunos, tuvieron que pedir ayuda  a la mayor potencia político-militar del momento, el Imperio Romano; siendo transformados en un pueblo federado a Roma en el año 332 por obra y gracia del emperador uxoricida[1] Constantino el grande. Tras la paz romana con los godos llegaron sucesivas misiones religiosas para convertir a este pueblo germánico hacia la nueva fe imperial; esto incluía a los católicos (Eytikes),  Sectarios (Audius) y arrianos (Wulfila). De tal modo la nación goda fue paulatinamente adoptando los usos culturales, militares y  religiosos de su aliando romano, como era costumbre en aquella época. No nos debe extrañar, por lo tanto, que los motivos fundamentales para que aquellos godos asentados en los limes del Imperio Romano se convirtiesen extraoficialmente al cristianismo arriano, fuesen tanto la necesidad de mantener unas señas de identidad propias en el terreno religioso, como cuidar una conveniencia política destinada a conseguir los amparos necesarios del emperador romano Valente, fiel a ésta deriva cristiana.

            Aunque sabemos que la vieja religión de Gaut[2] siguió presente a nivel intimo dentro de las grandes capas populares del pueblo godo, sin merma de su vigor originario[3]. La nobleza y las elites militares permanecieron fieles a su religión nativa, siendo las capas más populares quienes aceptaron primeramente la desviación espiritual cristiana. Acontecimiento dispar en la tónica general del cambio religioso, ya que la nueva religión cristiana se impuso habitualmente desde la cabeza (reyes, nobles, jefes militares) hasta llegar a las gentes de los campos, los paganos, los últimos en convertir.

En base a lo expuesto, consideramos a la herencia gótica como nuestro referente constitutivo más cercano, puesto que de ella recibimos directamente nuestra religión, así como nuestras señas de identidad propias en cuanto a comunidad popular especifica.

Otros pueblos “barbaros” que también estuvieron en la Península Ibérica, como los Suevos, Vándalos o Alanos[4], practicaron sus antiguas creencias religiosas paganas, aunque gradualmente sufrieron el mismo proceso generalizado de conversiones hacia la nueva religión impuesta. Ya en la baja Edad media, los vikingos y varegos recorrieron toda Europa llegando incluso hasta las costas de Galicia,  Asturias y Andalucía; aunque su influencia fue prácticamente inexistente en comparación con las primeras oleadas germánicas acaecidas en las postrimerías de Imperio Romano.

                         A pesar de estas transformaciones religiosas, más o menos forzadas hacia cristianismo por parte de nuestros ancestros, sería del todo injusto pensar que desde los albores de la era cristiana hasta la actualidad el paganismo (en cuanto a expresión popular) ha estado muerto, que éste sentimiento religioso, espiritual y cultural ha permanecido ausente en los hombres y mujeres que nos antecedieron en la historia. Nada más alejado de la realidad. Nuestras creencias religiosas han vivido siempre, han estado, es verdad, solapadas, durmientes, escondidas, en ocasiones perseguidas…Pero invariablemente activas de una u otra manera. Las reconocemos en la música, el arte, en el folklore popular, en las tradiciones más arraigadas que todavía perviven en muchos de nuestros pueblos y comarcas; y sobre todo en lo más profundo de nuestra alma atávica que se hace visible en los actos significativos de nuestra existencia.

Pero también las podemos hallar en la mismísima religión creada por Pablo de Tarso, a modo de interesado sincretismo religioso, así como impresa en numerosas herejías existentes durante distintas épocas de la historia europea. Odín-Wotan se nos hace presente esculpido en los capiteles de las iglesias románicas; ahí está a Thor y la bella diosa Freya disimulados en capiteles, frisos y metopas. Descubrimos a las runas sagradas[5] como señas distintivas de los maestros canteros que recorrieron toda Europa con su arte sagrado de la construcción; las encontramos también en los escudos heráldicos y en los tratados más heréticos de la naciente fe del crucificado. Pero de igual forma sentimos nuestra herencia tradicional en la geometría sacra, en la decoración simbólica y en los distintivos más comunes de la nueva religión como las Svásticas o la cruz solar, adoptada como la máxima representación iconográfica del cristianismo. Reconocemos a los dioses y diosas reconvertidos en santos, santas y vírgenes, en cuanto a modelos más apropiados para la moderna fe importada desde las arenas del desierto…Y a un sin fin seres mitológicos, duendes, hadas, gnomos, espíritus del bosque, damas del lago, genios de la montaña…Un mundo presente y viviente que nos acompaña sin saberlo como recuerdo de nuestra alma patrimonial que nunca murió, y que cada día se hace más manifiesta ante nuestros ojos y nuestras conciencias arquetípicas.

[1] Ya que este elemento mató a su mujer ahogándola en una bañera por indicación de su santa madre Elena, después de degollar a su hijastro. Todo un personaje elevado a los altares por la Iglesia Cristiana Ortodoxa.

[2]  Dios patrimonial del pueblo godo. De este dios deriva precisamente el nombre de toda la nación goda, en cuanto a hijos de Gaut (dios), el cual se asimila a Odín .

[3] Recordemos en caso del rey godo de la rama Tervingia, Athanarico (Athanareiks), que frente a sus vecinos y enemigos, se manutuvo fiel a la religión de sus antepasados.

[4] Los alanos no pueden ser considerados como un pueblo estrictamente de raíz germánica, auque de procedencia indoeuropea, descienden de los Escitas padres de los actuales Osetos del Cáucaso.

[5] En la Cruz Ruthwel (localizada en escocia), encontramos inscripciones rúnicas que cuentan la historia de la crucifixión de cristo.

Alberto Paredes