Sigurd, semilla de Odín

Sigurd o Siegfried (Sigfrido) es un héroe de la literatura y mitología germánica, hijo de Sigmund —rey de los francos— y de Hjördis —hija de Eylimi, que nació en un bosque y murió durante el parto—.

Llamado además semilla de Odín, puesto que su rastreo genealógico acorde a la leyenda de Sigurd y Gudrun datada en el poema Volsung muestra cómo Sigurd proviene a diferencia de los demás héroes al interior de la mitología escandinava del mismísimo “AllFather” de acuerdo a los registros, que muestran como su antecesor y precursor de la casa de Volsung proviene del dios como hijo legítimo y da paso a la casta de mayor renombre dentro de las sagas del norte de Europa. Con esto, la genealogía presentada permitiría un rastreo hasta el Dios así:

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Propuesto además como el más grande de los héroes nórdicos, las características principales de Sigurd se basan en la aceptación de su destino y la virtud del valor por encima de todo. Destacando el origen de sus apariciones literarias en las eddas de la mitología nórdica, obras islandesas medievales a destacar: Edda Menor, Edda de Snorri o Edda en prosa, y la Edda Mayor, Edda de Saemund o Edda en verso.

Hijo de Sigmund, rey de Hunland[1] y de su madre Hjördis quien huyo a las tierras de Dinamarca tras la muerte de Sigmund, es el principal protagonista de la saga de Volsunga y del cantar de los Nibelungos, en los que se narra su desarrollo como hombre haciendo mención al momento en que la oferta de ser un gran héroe por parte del herrero Mime llega a su vida, descubriendo su destino y abrazándolo convirtiéndose en un héroe sin igual tras aniquilar al dragón Fáfnir[2] (tarea impensable para un solo hombre). Dicho evento lo unirá a un destino de tragedia y muerte al condenar su futuro al tesoro nibelungo, el cual era custodiado por la bestia mitológica, quien de acuerdo al poema Éddico, en su pasado fue un hombre que adoptó dicha forma como castigo a su ambición y su traición, factores de gran importancia en contra de la moral nórdica del valor.

Según la fuente, Sigurd no deja su pasado atrás y decide primero tomar venganza por su padre acabando con sus enemigos y vengando el nombre de su familia para que renazca entre los hombres la familia de Volsung y por lo tanto el valor de su estirpe guerrera.

Sin embargo, una de las principales características de la saga de Sigurd, es que no está basada únicamente en las aventuras y los actos heroicos realizados por un guerrero que desde su nacimiento se encuentra destinado a ser el más grande entre los nórdicos para reunirse con Odín en el Valhalla, sino que además su destino se encuentra íntimamente ligado a los dioses y los seres que en la mitología se describen a través del tiempo, encontrando entonces una gran conexión entre el comportamiento heroico de un guerrero que acoge con valor su destino y el mundo mitológico que permite que este sea llevado a cabo, poniendo como por voluntad de los dioses mismos situaciones y personajes dispuestos como retos a vencer por parte del héroe y que propondrán una intriga completa para que sea esta la narración con mayor fuerza dentro de las historias de los héroes nórdicos jamás contada.

Desde el principio y basándonos en la fuente de Volsunga, los dioses Odín y Loki están ligados al tesoro nibelungo, a la maldición del mismo y al destino de Sigurd, siendo el mismo dios Loki quien se encarga de que se desate la maldición del tesoro que reside en el anillo que tanto se nombra dentro de la obra de Wagner y que será la pieza clave dentro del destino de Sigurd y su muerte. Además, encontramos de acuerdo a la saga y el poema Eddico, la conexión sentimental entre Sigurd y la valkiria Brynhild[3], quien se encontraba castigada bajo un sueño eterno por Odín, al haber desafiado sus designios dándole la victoria a un rey joven por encima de lo que le había sido encomendado por el dios.

De acuerdo a la saga sólo aquel que pudiera atravesar el muro de fuego y pudiera llegar hasta la valkiria sería capaz de poseer su corazón y estaría destinado a ser el más grande entre los guerreros del norte. Por lo tanto, incluso las historias relativas al amor en el norte, se definen de manera concreta a través del valor y heroísmo dignos de los dioses, desempeñados en este caso por el héroe Sigurd.

En su muerte, Sigurd no sólo se cree que es recogido por la valkiria sino que además de acuerdo a la tradición se dice que ésta decide morir junto a él ya que no soporta la vida y la pena de su pérdida por lo cual, al héroe a pesar de haber muerto en manos de sus allegados a través de la traición, se le otorga el funeral de un rey, poniendo su cadáver atravesado por el arma de su verdugo dentro de un barco junto a sus bienes más cercanos, como su espada legendaria[4] y su anillo maldito, y es en este barco en donde la valkiria Brynhild decide dar fin a su vida en la tierra muriendo junto a su amado para unirse a él en el Valhalla a donde estaba destinado desde el principio de los tiempos. El barco se lanza a altamar y se prende en las llamas que serán más que suficientes para que los dioses avisten a su héroe que ya llega a su lado, y junto a él, siendo el único con tal honor, la valkiria yace en su lecho de muerte para prepararse a una vida entera en el reino de Asgard.

En cuanto a la saga de Sigurd, muchos son los detalles que pueden nombrarse con respecto a los factores mitológicos que permean el relato por completo, tanto las profecías como los mismos personajes que interactúan con el héroe a través de su vida, sin embargo el principal factor para tener en cuenta dentro de la leyenda de Sigurd reside en la creencia de su existencia, por medio de la cual numerosas familias reales en el norte de Europa han justificado su linaje de realeza a través del tiempo, asegurando su descendencia del héroe de todos y semilla de Odín, Sigurd, dando paso entonces al uso de un antepasado epónimo y una unión directa con la tradición y las creencias paganas para poder regir y justificar más allá de la voluntad humana el hecho de su reinado.

[1] Hunland es la tierra de los hunos conquistada por Sigi, hijo de Odín.

[2] Hermano mayor de Mime y guardián del tesoro tras asesinar a su padre.

[3] Es nombrada como hermana del gran guerrero Atli (Atila), rey de los hunos, desarrollando una conexión interesante entre la mitología y la realidad.

[4] Espada de nombre Gram que tras estar rota después de ser usada por su padre Sigmund en su última batalla la cual le fue otorgada por el mismo Odín en su juventud y por lo tanto la hace única entre los hombres, es forjada nuevamente para Sigurd con los conocimientos otorgados por el herrero Mime para llevar a cabo la tarea de aniquilar al dragón.

El anillo mágico

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Hreidmar, un rey de los enanos, tenía tres hijos: Fafnir, el mayor, poseía un alma valerosa y un brazo fuerte; Otter, el segundo, era astuto y contaba con el poder de cambiar de forma a voluntad; Regin, el más pequeño, era poseedor de vasta sabiduría y gran habilidad de manos. Para complacer al codicioso Hreidmar, su hijo menor construyó para él una casa forrada de brillante oro y gemas preciosas. Fafnir era el encargado de custodiarla y nadie se atrevía tan siquiera a acercarse.

Un día, Odín, Hœnir y Loki, disfrazados como seres humanos, llegaron al reino de Hreidmar en una de sus muchas expediciones para poner a prueba el corazón de los hombres. Mientras se acercaban a la casa de Hreidmar, cruzaron un riachuelo y Loki alcanzó a ver una nutria que tomaba el sol. Se trataba en realidad de Otter, el segundo hijo del enano, que había tomado esta forma para salir a pescar. El malvado dios mató a la nutria de una pedrada y se echó el cuerpo al hombro, pensando que luego les serviría para preparar la cena. Al entrar a casa de Hreidmar, en cuanto el rey enano vio la nutria muerta, entró en cólera, pues había reconocido de inmediato a su hijo. Antes de que los dioses pudieran hacer nada, Hreidmar los encerró y declaró que nunca recobrarían su libertad a menos que pudieran satisfacer su codicia entregándole oro suficiente para cubrir el cuerpo de la nutria por dentro y por fuera. Aquello no parecía tan difícil, especialmente para un dios.

Los dioses accedieron y empezaron a vaciar sus bolsillos de todo el oro que llevaban con ellos. Pero la piel de la nutria comenzó a crecer y crecer, tanto que los dioses se dieron cuenta de que pronto no existiría oro suficiente en el mundo para cubrirla. Al quedarse sin nada, Hreidmar accedió a liberar a uno de ellos, para que sirviera como emisario y fuera a traer más oro para pagar el rescate. El elegido fue Loki, quien rápidamente se dirigió a la catarata donde vivía el enano Andvari, famoso por sus vastas riquezas. Este enano una vez había pretendido el amor de las Ondinas, guardianas de una inmensa cantidad de oro en el fondo del Rin. Para asegurarse que el oro no fuera robado, Odín había lanzado sobre él una maldición: quien quisiera hacerse con dicho tesoro tendría primero que renunciar al amor. Pero Andvari ya había sido rechazado por las Ondinas y su esperanza de conocer el amor había muerto en ese momento. Maldiciendo al amor, robó el oro de las Ondinas y con una parte de él forjó un anillo mágico.Se trataba de Andvaranaut («el obsequio de Andvari»), un anillo mágico que aseguraba que su poseedor siempre contaría con inmensas riquezas, ya que atraía el oro como un imán.

Loki buscó por mucho tiempo a Andvari en la cascada, pero lo único que encontró fueron salmones nadando contra la corriente, como es su costumbre. Razonó muy astutamente que Andvari podría esconderse bajo esa forma, así que visitó a Ran, la maligna diosa del mar, y pidió prestada su red. Con ella, capturó a Andvari y el enano, para salvarse, no tuvo más remedio que entregarle todo el oro que poseía, pero Loki se dio cuenta de que el enano intentaba ocultar un anillo de oro, el mismísimo Andvaranaut. Loki se lo arrebató riendo, no sin que antes el enano maldijera al poseedor del oro que el dios le robaba. Aquel oro sólo traería miserias a su dueño.

Al regresar a casa de Hreidmar, Loki se dio cuenta de que el tesoro que había traido no sería suficiente; la piel de la nutria no había cesado de crecer en su ausencia y ahora alcanzaba proporciones descomunales. Depositó todo el oro que consigo llevaba y, por último, se quedó sólo con el anillo, que tenía la intención de retener para sí. La maldición de Andvari comenzaba a surtir efecto. Loki tuvo que entregar también el anillo mágico y se quedó sin nada. Sin embargo, Hreidmar cumplió con su palabra y liberó a los dioses, quienes partieron de inmediato.

Fafnir y Regin, al contemplar tanta abundancia de oro, empezaron a codiciar para sí una parte, pero su padre era tan codicioso que no tenía pensado compartir con ellos nada. Entonces el hijo mayor, fafnir,  asesinó a su padre para apoderarse del tesoro. Cuando Regin se dio cuenta de lo sucedido, le reclamó a su hermano la parte de la herencia que le correspondía, pero Fafnir, furioso, le dijo que si apreciaba su vida, se largara de allí de inmediato y se buscara la manera de ganarse la vida.

Furioso y sin un centavo en el bolsillo, Regin tuvo que partir. Pero la venganza empezó a crecer en su corazón. Los años pasaron y Regin pacientemente esperaba la ocasión de vengarse de su hermano. Durante ese tiempo, Fafnir descubrió que entre los tesoros robados a Andvari también estaba Huliðshjálmr («casco del terror»), un casco que permitía a quien lo usara tomar cualquier forma o incluso volverse invisible. Así que Fafnir, lleno de codicia, se transformó en un dragón para poder custodiar mejor su tesoro y se deleitaba revolcándose en el oro en la cueva de Grítaheid («horno fulgurante»).

Mientras tanto, Regin entró al servicio del rey Elf, como tutor de su hijastro Sigurd. El taimado enano sabía que Sigurd podía convertirse en el instrumento de su venganza. Regin entrenó a Sigurd en el uso de la espada, la lanza, el escudo y todo tipo de armas, a cambio de la promesa de obedecerle, cuando el momento llegara, sin preguntar nada.Cuando Sigurd alcanzó la estatura de un guerrero, Regin supo que el momento de su venganza había llegado. Le dijo al joven que pidiera a su padrastro un caballo, a lo que el rey accedió. Sigurd fue a ver a Gripir, el encargado de las caballerizas, y éste le dijo que escogiera por sí mismo el caballo que quería. Mientras Sigurd se dirigía al campo, donde pastaban los caballos, se encontró con un extraño hombre tuerto. Éste le dijo que condujera los caballos al río y que escogiera el caballo que cruzara las aguas más rápido. Así lo hizo Sigurd y el caballo elegido fue Grane, descendiente de Sleipnir, el corcel de Odín.

El viaje del héroe dio inicio y mientras cruzaban el mar, Sigurd presenció un prodigio. Un hombre caminaba sobre las aguas en dirección al barco. Sigurd lo invitó a abordar y aquel hombre, que dijo llamarse Fiöllnir, le enseñó cómo distinguir los augurios reales de los falsos. En realidad, se trataba de Odín, pero Sigurd nunca sospechó su identidad.

Al llegar a tierra, Regin llevó a Sigurd a través de las montañas hasta que llegaron a Grítaheid. Entonces, el enano le contó la historia de su familia, de cómo su hermano se había apoderado de la porción del tesoro que le correspondía por herencia. Sin embargo, Regin admitió ser demasiado cobarde para enfrentarse e su hermano, así que necesitaba la ayuda de Sigurd para llevar a cabo la hazaña. Mientras Sigurd continuó caminando a solas hacia la caverna, un extraño con un sólo ojo se le acercó y le dijo que cavara numerosas trincheras en el camino que el dragón debía tomar al salir de su cueva para dirigirse al río a beber agua. Luego le indicó que se escondiera en una de las trincheras y esperara a que el dragón pasara sobre él, para poder clavarle su espada en el vientre. Sigurd agradecidamente siguió las instrucciones del hombre tuerto y consiguió dar muerte el dragón ese mismo día. Pronto el dragón salió de su cueva para saciar su sed. Al arrastrarse sobre el terreno, no tuvo más remedio que pasar sobre la trinchera donde Sigurd se había escondido. Éste tomó su espada Gram («ira») y, armándose de valor, atravesó el corazón de Fafnir. Un enorme lago de sangre se formó alli donde el dragón fue muerto.

Regin, al ver a su protegido victorioso, salió de su escondite. Sorpresivamente, acusó a Sigurd de haber asesinado a su hermano, pero dijo que se mostraría satisfecho si Sigurd, sacaba el corazón del dragón y lo asaba al fuego para que él pudiera comerlo. Sigurd hizo lo que se le ordenaba y pronto el corazón de Fafnir estaba preparado y servido. Para comprobar que estaba apropiadamente cocido, Sigurd tocó con los dedos aquel espantoso platillo y, al estar demasiado caliente, le quemó los dedos, que instintivamente se llevó a la boca. En cuanto la sangre de Fafnir tocó sus labios, Sigurd descubrió, para su enorme sorpresa, que podía entender el lenguaje de las aves, muchas de las cuales se habían reunido allí para comer de la carroña. Un cuervo en la rama de un árbol, le advirtió que no entregara a Regin el corazón del dragón, y que en su lugar lo comiera él mismo. También le explicó la manipulación de la que el enano le había hecho objeto, convirtiendole meramente en un instrumento de su malévolo complot para recuperar un tesoro que, de cualquier forma, no le pertenecía. Entonces Sigurd dio muerte a Regin. La maldición de Andvari cobraba otra víctima. Luego tomó el corazón y lo comió, salvo una pequeña parte que guardó para comer en otro momento.

Una cosa más le reveló aquel cuervo, que si se bañaba en la sangre del dragón mientras ésta aun se encontrara tibia, su piel se volvería completamente invulnerable de cualquier daño. Sigurd se despojó de todas sus ropas e hizo lo sugerido por el ave, pero al momento de saltar para zambullirse en el lago de sangre, una hoja de tilo se pegó a su espalda. Este único punto no fue bañado por la sangre y se convirtió en el único punto vulnerable en el cuerpo del guerrero. Después, recorrió la caverna del dragón donde encontró inmensas riquezas, todas ellas robadas a Andvari, así como el anillo Andvaranaut y el casco Huliðshjálmr. Cargó su caballo Grane con cuantas riquezas pudo y se marchó de allí.

Sin embargo, la historia de Sigurd no termina aquí.