Odín versus Thor.

Thor
Thor, guardián de la vida

De todos los dioses del Norte, Thunar es probablemente el más querido y, junto con Wodan, el mejor conocido – él siempre ha sido una de las deidades más queridas e invocadas. Él es el campeón del Asgard y Midgard contra los gigantes del caos y destrucción; Su Martillo es la señal de la verdad, llevado como el emblema del Odinismo de nuestra gente incluso por aquéllos que son dados a otros Dioses. Pocos de hecho son aquéllos que no tienen un poco de amor por el viejo barba roja – el Amigo del Hombre, el guardián del Midgard cuyos golpes de Martillo siempre son para proteger a la humanidad de todas las amenazas más allá de las paredes del Midgard y en cuyo poderoso estilo de vida se ve la rabia de las tormentas de donde su nombre – “Trueno” – viene.

Thunar es el hijo de la Tierra y Wodan. Él es el más fuerte de los dioses, y, como es visto en Lokasenna, el único que puede intimidar a Loki. Él aparece como un hombre grande con una barba roja – a veces joven, a veces como el “Þórr Karl” viejo; sus ojos son ardientes. Él maneja un carro tirado por las dos cabras Tanngnjóstr (“diente moledor”) y Tanngrísnir (“diente gnasher”) – como el fundador de Normandía, Göngu-Hrolf, él es demasiado poderoso para ser llevado por un caballo, y debe andar a pie o en este carro, incluso cuando él viaja entre los mundos donde otros dioses montan sus corceles. Él lleva guanteletes de hierro y un cinturón llamado megingjörð (el cinturón de fuerza); él lleva la vara mágica llamada Gríðarvölr (la vara de Gríðr). Aunque Snorri dice que Þórr había poseído su propio cinturón de fuerza y guanteletes antes de que la giganta Gríðr le diera estos artículos suyos, más probablemente parece que ella era la fuente original. Él tiene un tremendo apetito por la comida y bebida; y donde quiera que esté, él vendrá cuando su nombre es invocado. Él se casó con la diosa Sif en quien él engendró a la doncella Trude (Þrúðr); él también tiene una concubina etin, Járnsaxa en quien él engendró su hijos Móði y Magni.

Odín, sin embargo, es un viejo tuerto de manto oscuro y sombrero de ancha ala, vagabundeando generalmente a pie por caminos inhóspitos; de palabras ominosas, a menudo crípticas; apareciendo y desapareciendo abruptamente, y brindando, en el intermedio, consejo y colaboración, o destrucción.

Thor, un hombretón musculoso, de andar impetuoso, gran barba roja y voz potente, armado de un martillo; en movimiento perpetuo; verbo ingenuo, cólera pronta.

El padre, señor de la magia y rey de los muertos, de carácter grave y reservado; el hijo, sencillo y un tanto infantil en su rectitud. Odín y Thor pertenecen a mundos distintos. Más allá de su parentesco directo y de sus respectivas funciones, entrelazadas, en el panteón divino antiguo escandinavo, son esencialmente disímiles.

Odín es el rector de los dioses, su patriarca y, a menudo, progenitor; es la divinidad de la

Odín, el mago
Odín, el mago

magia, la poesía y por tanto la sabiduría, la guerra y los guerreros caídos en ella. Thor es su hijo mayor, engendrado en la diosa Jörð, la Tierra; actúa como el campeón de los dioses, defendiéndolos en los momentos de peligro; es la deidad tutelar del clima, la justicia, la consagración (de los matrimonios, de los juramentos, de las asambleas), por lo que en cierta forma podría considerárselo dios de la sacralidad. Solo Thor tiene un carácter guerrero, si bien sus ámbitos son nítidamente divergentes; veremos que esta distancia es en parte de índole social. Resulta curioso como a Allfather se le atribuyen virtudes guerreras, cuando no es así.

Dos bandos rivales se enfrentan en el campo de batalla y, en el instante previo a su comienzo, aparece un anciano desconocido quien dispara su lanza hacia uno de los frentes armados y desaparece; se trata de Odín, consagrando para sí a aquellos guerreros que caerán en el bando seleccionado. Algunas sagas relatan eventos paralelos, protagonizados por guerreros que imitan ritualmente el acto odínico. Los muertos, caídos en la lid, serán conducidos por valquirias (“Electoras de caídos en batalla”) a la gran sala celeste Valhalla (“Salón de los caídos”); ellos son los einherjar, guerreros selectos, quienes tendrán como cíclica actividad póstuma prepararse para la gran batalla final: el Ragnarök, donde dioses y seres monstruosos combatirán y se destruirán mutuamente, para dar paso a un nuevo orden cósmico (y tal vez a un nuevo Ragnarök).

Esta selectividad odínica es más que cualitativa, es social. El propio Odín, transmutado en muchacho insolente y verborrágico en el poema éddico Hárbarðsljóð (El canto de Hárbarð), se burla de su hijo Thor echándole en cara:

“[… ] A los Jarls que caen Odín recibe.
¡Los esclavos a Thor le van!”

Más allá del grado de verdad que entrañe esta declaración, el autor del poema establece la estratificación social como base para la consagración a cada una de las deidades, y netamente estamos ante un indicio de la religiosidad nórdica en relación con su sociedad. Hay un favoritismo elitista en el culto a Odín, lo cual por otra parte queda testimoniado en las referencias a las muertes Odínicas practicadas por los Jarls escandinavos: como rito previo a la muerte presentida o como imposición testamentaria relativa a sus futuros cadáveres, se practicaban heridas de punta de lanza para abrirse camino en dirección al Valhalla, emulando el autosacrificio realizado por Odín de acuerdo al poema Hávamál (Los dichos de Hár):

“Sé que pendí nueve noches enteras
Del árbol que mece el viento;
Herido de la lanza y a Odín ofrecido
-yo mismo ofrecido a mí mismo-
Del árbol colgué del que nadie sabe
De cuáles raíces arranca.”

Por su parte, Thor se caracteriza fuertemente por su función de activo matador de gigantes de escarcha. Con este nombre se identifica colectivamente a aquellos seres monstruosos que viven en Jotunheim y quienes, por su violencia incontrolable y su anatomía desmesurada, por el peligro que insumen para dioses y humanos (dice Thor en Hárbarðsljóð: “¡Muchos serían si todos viviesen! // ¡Vacío de hombres estaría el Mídgard!”), y que se cree representan a las elementos destructivos, indómitos, de la naturaleza. Así que, por un lado, Thor defiende a la humanidad de estos enemigos (léase: heladas, nevascas, frío, granizo, aludes); pero también propicia un aspecto positivo de la naturaleza, esencial para una sociedad agrícola como la antiguo nórdica: la lluvia. Aunque siempre importante entre el pueblo, Thonar parece haber subido a sus más grandes alturas en la última parte de la edad vikinga, cuando él se invocó cada vez más como el guardián del Odinismo contra la invasión del “Dios” y Cristo del Sur. La batalla era la del “Þórr Rojo” contra el “Cristo Blanco” – una comparación a la que llevó un sutil insulto al último. Por ser “rojo” no sólo quiso literalmente tener pelo rojo (una señal de fiereza que los guerreros germánicos a veces lograron a través de tintes en su pelo, como es informado), sino también de ser de voluntad fuerte, arrebatado, y poderoso en batalla – mientras que ser “blanco” podría significar, así como el significado de compromiso de limpieza, ser débil de voluntad y pusilánime (comparable a llamar a alguien “hígado de azucena”

En efecto, Thor es el dios de la tormenta: en su lucha contra los gigantes empuña el rayo (su corto martillo Mjölnir); se pensaba (simbólicamente) que al desplazarse en su carro tirado por dos machos cabríos el rodar de las ruedas sobre las nubes el trueno y precipitaba la lluvia.

Su mismo nombre es revelador: Thor, que en antiguo nórdico es Þórr, es Þunor en anglosajón y Donar en antiguo alto alemán; estas variantes se encuentran lingüísticamente relacionadas con vocablos modernos cuales el español “trueno” y el inglés “thunder”, de igual significado. Así pues, como dios atmosférico, es equiparable al griego Zeus, dios fecundador y también armado del rayo. Enfatizando este paralelo, el día de la semana consagrado al dios romano Júpiter (a su vez equiparable a Zeus), el jueves (Jovis dei, esto es, “día de Júpiter”) es denominado en lenguas germánicas modernas tales como el inglés y el alemán, respectivamente, Thursday y Donnerstag.

Odín también tiene su lugar en el ordenamiento semanal: “Wednesday” es “el día de Wodan”, lo que es igual a decir “día de Odín”, dado que Wodan es la forma anglosajona del nombre de este dios. La versión española es “miércoles”, día de Mercurio, el cual era el dios romano de los viajeros así como conductor de las almas de los muertos, entre otras atribuciones. El comportamiento andariego de Odín, así como su carácter versátil y su vinculación con el inframundo, parecen haber guiado esta identificación.

Nótese que Thor fue asimilado con la deidad suprema del panteón latino, lo cual puede entenderse de la siguiente manera: si bien Odín ocupaba por definición este puesto, en tanto dios creador, líder de las demás deidades y padre de varias de ellas, el rango de Thor en el culto era superior en Noruega e Islandia.

La popularidad de Thor tiene evidencias en obras medievales como la Eyrbyggja saga (La saga de los habitantes de Eyr), donde se cuenta de un personaje:

“Hrólf era un jefe importante y el más distinguido de los hombres. Se encargaba de cuidar el templo de Thór en la isla y tenía buena amistad con él.”

Por lo tanto, el culto de Thor no estaba restringido a las clases inferiores. La diferencia entre ambos cultos, si bien social, radica en otra forma de clasificación societal: no es entre pudientes y pobres, sino entre la elite guerrera, adoradora del dios elitista Odín, y la masa campesina, desde los grandes terratenientes como el Hrólf de la Eyrbyggja saga hasta los esclavos que trabajaban la tierra, seguidores del protector Thor.

El Binomio Odín-Thor

c1c3dc0ff8167ce62761082b0768a9e9Renauld-Krantz es el responsable de la edición de una Antología de la poesía nórdica antigua aparecida en 1864, hasta ahora la mejor selección de textos eddicos y escáldicos accesible al público.

A partir de la antigua literatura nórdica, Renauld-Krantz profundiza en el carácter de los antiguos dioses germánicos a la búsqueda de estructuras, es decir formas organizadoras, constitutivas e irreducibles a simples procesos históricos, de la religión germánica.

La mitología nórdica prolonga en sus grandes líneas una mitología germánica común, sobre la cual profundizaron los autores de la Antigüedad (Tácito) y la Edad Media (Adam de Breme, Saxo Grammático) antes que los modernos (Jacob Grimm, Jan de Vries, Georges Dumézil, Otto Hofner), buscando sus contenidos.

“Escandinavia – escribe Renauld-Krantz – es, en efecto, el único país germánico (y uno de los raros países de Europa) en donde la literatura todavía se baña en el paganismo. Si exceptuamos las inscripciones rúnicas, los primeros monumentos de esta literatura datan del siglo IX, y los últimos documentos religiosos importantes del siglo XIII. En esta época, Escandinavia ya era cristiana desde doscientos años atrás (en Islandia, la adhesión oficial al cristianismo fue proclamada justamente en el año 1000)”.

El paganismo continúa viviendo en los cultos locales, las tradiciones de las familias campesinas y las costumbres populares.

Las tres funciones

Las figuras dominantes de la mitología escandinava son: por una parte los Ases Tyr, Odín (Wotan, en la Alemania meridional) y Thor (Donar, en bajo alemán); por la otra, un conjunto de divinidades (Nyordh, Frei y Freya, principalmente) que forman la familia de los Vanes y suelen patrocinar sectores o actividades determinadas.

Este panteón se articula en torno a tres funciones que son la base de la estructura150px-Torsfiske_002 ideológica de los indoeuropeos tal y como pudo ser establecida por Georges Dumézil: el sacerdocio y la soberanía (plano cósmico, primera función, con Tyr y Odín), la fuerza militar y guerrera (plano humano, segunda función, con Thor), la fecundidad y la productividad (plano social, tercera función, con Nyordh, Frey y Freya).

En el origen de la armoniosa sociedad de los dioses, el mito germánico localiza una “guerra de fundación” que enfrentó a los Ases y los Vanes (el mismo tema se descubre entre los romanos, bajo una forma historizada, con las guerras etruscas; o entre los indios, en la epopeya del Mahabharata). Una diosa vane, Gullweig (es decir, “sed de oro”) es la causa. Divididos, los Ases son derrotados y los Vanes invaden su territorio, Asgard (“El jardín de los Ases”; cfr. alemánGarten, inglés garden, “jardín”). Pero los Ases terminan por imponerse, ya que su jefe, Odín, que conoce el secreto de las runas y vigila el orden del mundo, consigue “domesticar” a los asaltantes gracias al poder de unión de su magia.

En la sociedad unificada que sigue a este periodo de discordia, los Ases obtienen las funciones de soberanía (Odín) y de combate (Thor), en tanto que los Vanes obtienen la función económica: son los encargados de producir las riquezas. Tal es la forma de “contrato social” entre los indoeuropeos.

La función de soberanía comprende dos aspectos: uno “jurídico” y religioso, el otro “político” y administrativo. El hecho de que se encuentren asociados muestra que, en la sociedad de los dioses (y, por extensión, en la de los hombres) deben obligatoriamente ir a la par. El aspecto político establece la relación de autoridad, o de coacción; el aspecto jurídico establece, mediante la noción de “ley”, la justificación de esta autoridad, al mismo tiempo que asegura la cohesión social y la buena marcha del mundo. Entre los antiguos nórdicos, el mando implica un apoyo y protección asegurados por la “fidelidad” (Treue), de la que se pueden citar muchos ejemplos, desde la pax romana (ciudades sometidas y protegidas) hasta el sistema feudal (relaciones entre vasallo y soberano).

La unión de la razón, la pasión y el trabajo

Toda una tradición historicista ha querido ver en el mito de los Ases y los Vanes el recuerdo más o menos deformado de dos pueblos diferentes; el uno viviendo de la caza y la ganadería, el otro de la agricultura, que habrían combatido entre sí antes de superponerse. Los arqueólogos han avanzado los nombres de Megalithenvölker (“pueblos de los megalitos”) y Streitaxvölker (“pueblos del hacha de guerra“). Hasta que Georges Dumezil, en su obra Los dioses de los germanos(1959), escribió:

La dualidad entre los Ases y los Vanes no es un reflejo de eventos del pasado. Lo que aquí se esconde son dos términos complementarios de una estructura religiosa e ideológica unitaria; dos términos en donde el uno implica al otro, y que son expresión común de todos los pueblos indoeuropeos”.

En un estudio titulado Histoire et societé, aparecido en la revista Nouvelle École, Giorgio Locchi precisa: “Lo esencial es que, efectivamente, los Ases y los Vanes representan dos modos de vida diferentes: de una parte la antigua tradición de los grandes cazadores-recolectores; de la otra la nueva sociedad de los productores, que se infiltró por aculturación en el seno de las culturas indoeuropeas”.

La sociedad ideal realiza entonces la unión de la inteligencia (de la razón) de la fuerza (la pasión) y de las virtudes apetitivas (el trabajo). Los Ases ocupan una posición dominante; los Vanes una posición subordinada. Pero esta jerarquía constituye un conjunto armónico. Todos los dioses se reúnen para combatir contra Utgard, la comunidad de los monstruos y los gigantes. “Los dioses se oponen a los gigantes – precisa Renalud-Kreantz – como los civilizados a los salvajes, al mismo tiempo que como los padres a los hijos”.

Los dioses principales son Odín y Thor. El primero está asociado al aire y al viento, el segundo al fuego y al rayo (los Vanes son entidades de la tierra y el agua).

Odín no es el creador, pero sí el ordenador del mundo. Él garantiza (junto con Tyr) el orden del cosmos. Dios de los reyes, es también el rey de los dioses. Al igual que sus homólogos indoeuropeos (Zeus-Pater, Júpiter, Varuna etc.), su poder reposa en la ciencia y la magia. Sus éxtasis son de orden uránico, celestial y espiritual.

Thor, dios de la guerra y la tormenta, es hijo de Odín, como el trueno es hijo del cielo. Al igual que el rayo se abate sobre la tierra su actividad se despliega sobre el plano humano. Su poder reposa no en la sabiduría, sino en la fuerza física, simbolizada por su martillo. Thor encarna la virtudes del corazón y de la acción: coraje, generosidad y lealtad.

Entre “Barbarroja” y “Barbagrís”, es decir entre Thor y Odín, comenta Renauld-Krantz, existe una relación estructural binaria, demostrada por numerosos documentos.

odino“Odín es el dios de las funciones intelectuales, cuyo asiento está simbolizado en la cabeza Thor es el dios de las funciones activas, cuyo asiento está simbolizado por el corazón al mismo tiempo que su medio de expresión y de aplicación es el cuerpo. Odín representa el poder del espíritu y Thor la fuera del cuerpo, y el dúo Thor-Odín expresa la misma polaridad que la dualidad cuerpo-espíritu”.

En la religión védica se descubre una relación análoga entre Varuna e Indra. El hinduismo ha conservado el eco, muy deformado, en la oposición entre Shiva y Vishnú.

Las relaciones entre Thor y Odín también traducen una relación original entre los edades cronobiográficas que también lo son de jerarquía: el padre y el hijo, el soberano y el guerrero, el rey y el caballero. Por el contrario, la tercera función, que trata de la fecundidad (humana) y de la productividad (económica) se relaciona por una parte al elemento femenino, sin distinción de edad, y por la otra al gran número: el pueblo, la masa, el Tercer Estado.

El “Guardián del Santuario”

A partir de la alta Edad Media, el culto de Thor tomó la primacía sobre el de Odín. Su nombre se inscribe en numerosos patronímicos y locativos, en los nombres propios de personas y lugares. En el gran templo pagano de Uppsala, nos dice Adam de Breme, era el dios del martillo quien ocupaba el lugar principal. Era, en efecto, el momento de las conquistas. Y de las respuestas.

Escuchemos a Renauld-Krantz: “Thor, en los finales del paganismo, se convirtió en el combatiente y el defensor de los dioses, el “guardián del santuario”. Nada lo prueba mejor que la invocación general, en la que es sujeto, de los paganos contra el cristianismo emergente. Es a él a quien invocan los creyentes de la antigua fe: es a él, y no a Odín, quien oponen a Cristo, a San Olaf y a los conversos”.

Y concluye: “Las nociones sobre la personalidad que tenían los antiguos escandinavos, su conocimiento de las capacidades humanas, de una cierta imagen del hombre, ni mucho menos reflejan un pueblo “bárbaro”. El hombre se sentía proyectado en el mismo universo que intentaba explicar, de tal modo que no es exagerado explicar su mitología como una suerte de antropología cósmica”.

Plataforma por el Notorio Arraigo para Odinismo-Asatru

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Plataforma por el Notorio Arraigo para Odinismo-Asatru:     http://lafraguadeodin.com/

En el día de hoy, todos los miembros de la Comunidad Odinista de España-Asatru se enfrentan de nuevo a un gran enemigo, éste no es otro que el panorama actual de nuestro país con respecto a la ley de libertad religiosa, un poderoso escudo que el Ministerio de Justicia ha usado para envestir contra todo el paganismo en esta nación.

La aprobación en Consejo de Ministros de la nueva normativa del 3 de julio, impone a las nuevas confesiones unas condiciones cuyo único objetivo es el retraso indiscriminado para la otorgación del Notorio Arraigo, sumado a la ambigüedad de otras de éstas, con el propósito de mutilar nuestra esperanza durante la búsqueda de justicia y libertad de culto.

Pero nosotros, los verdaderos hijos de Odín, no debemos rendirnos, somos los únicos paganos que todavía podemos seguir luchando en esta batalla, pues nuestro recurso fue interpuesto antes de que el enemigo levantara sus estandartes.

Solo nosotros podemos liderar esta lucha, solo nosotros podemos defender nuestra más antigua tradición, y sobre todo, solo nosotros tenemos el espíritu y el coraje necesario para hacer historia.

Ésta es la última oportunidad de hacerlo, es la oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos hasta donde pude llegar nuestra perseverancia y laboriosidad, en el pasado hemos tenido grandes éxitos, y en el presente debemos luchar por honrarlos, pues esa es nuestra obligación como guerreros.

Por ello os digo a vosotros, hermanos, y a todos nuestros compañeros paganos, que estamos en peligro, pues si no alzamos nuestras armas legales, en pro de luchar contra el enemigo, éste nos pisoteará sin discriminación, condenándonos por siempre al olvido.

Alzaos, pues es ahora cuando todavía estamos tras las filas enemigas, respaldados por nuestra buena actuación, y está a nuestra disposición la definitiva victoria, solo necesitamos un último aliento para derribar sus muros.

Por ello, el Althing os pide todo el apoyo que podáis dar, y os hace conocedores de la creación de una nueva “Plataforma Pro-Notorio Arraigo de Odinismo-Asatru en España”, en la que uniremos fuerzas, espíritus, y voluntades, por esta causa que a todos nos concierne, y que no es nada más que la consideración legal de los herederos y representantes de la genuina y nativa religión de Europa.

La ley mordaza contra la libertad religiosa

Tras hacerse públicas la nueva normativa y las modificaciones legales en materia de Libertad Religiosa aprobadas en Consejo de Ministros de 3 de Julio de 2015, en concreto sobre la modificación de Inscripción y trámites del Registro de Entidades Religiosas y la regulación para el reconocimiento del Notorio Arraigo, y ante el comunicado ofrecido por la autodenominada “Plataforma Pagana” nos vemos en la obligación de hacer las siguientes puntualizaciones:

Estimamos que la regulación que se hace de la declaración de Notorio Arraigo, es injusta, porque viene a institucionalizar la discriminación que de facto se produce en la actualidad, se establecen dos categorías para clasificar a las confesiones religiosas, unas las que están en posesión de la declaración de notorio arraigo y las que no. Si la anterior normativa constituía ya un principio jurídico indeterminado, con esta, se refuerza esa indeterminación, además de poner barreras infranqueables a fin de limitar la protección jurídica a las que todas las confesiones legales en España tenemos derecho.

Además con la actual se produce una nueva discriminación incluso entre las confesiones que tienen otorgado el Notorio Arraigo:

  1. a) La iglesia católica, judíos, musulmanes, protestantes, mormones, Testigos de Jehová, ortodoxos y budistas. A éstos no les afecta la nueva ley ni toda la normativa que habla sobre su retirada si la confesión deja de cumplir las condiciones que tenían en el momento de su concesión. Puesto que la declaración de notorio arraigo les fue otorgada anteriormente a esta ley, están literalmente blindadas “ad aeternum”.
  2. b) Quien a partir de ahora la obtengan.

Se produce una curiosa disyuntiva jurídica, al exigir a las entidades que lo pidan a partir de ahora, unos requisitos que más de la mitad de las confesiones que actualmente disfrutan de la figura de Notorio Arraigo no podrían cumplirlo de tener que solicitarlo de nuevo y aplicar las condiciones que exige la nueva normativa. Así mismo a los actuales poseedores de Notorio Arraigo tampoco les afecta la normativa sobre la pérdida de dicha condición.

Se aduce que los nuevos requisitos para su obtención reducen la discrecionalidad que la administración tiene a la hora de otorgarlo y son ahora medibles y evaluables y que por ello ofrecen más seguridad jurídica: ESO ES TOTALMENTE FALSO. Estos son los nuevos requisitos:

  1. a) Llevar inscritas en el Registro de Entidades Religiosas TREINTA AÑOS, salvo que la entidad acredite un reconocimiento en el extranjero de, al menos, SESENTA AÑOS de antigüedad y lleve inscrita en el citado registro durante un periodo de QUINCE AÑOS.

Su único objetivo, el retrasar indiscriminadamente la aceptación a las nuevas entidades inscritas en los últimos años. Atenta de hecho, contra el principio universal de irretroactividad jurisdiccional, tanto en cuanto, el registro de entidades religiosas siempre ha sido libre y opcional. La libertad religiosa está proclamada en la constitución, el registro es solamente accesorio. No se puede volver en el tiempo para cumplir este requisito. Es injusto en sí mismo.

  1. b) Acreditar su presencia en, al menos, diez Comunidades Autónomas y/o Ciudades de Ceuta y Melilla.
  2. c) Tener 100 inscripciones o anotaciones en el Registro de Entidades Religiosas, entre entidades con identidad jurídica propia y lugares de culto, o un número inferior cuando se trate de entidades o lugares de culto de especial relevancia por su actividad y número de miembros.

¿Cómo se puede pedir un requisito que más de la mitad de las confesiones que tienen concedido en notorio arraigo no pueden cumplir? Pero este punto en su segundo párrafo establece que “…o un número inferior cuando se trate de entidades o lugares de culto de especial relevancia por su actividad y número de miembros” Quien establece el concepto de “especial relevancia” es la administración y con total discrecionalidad. ¿Cómo podemos demostrar que nuestros lugares de culto son de especial relevancia? ¿de cuantos miembros estamos hablando? ¿Qué tipo de actividad?

       d) Contar con una estructura y representación adecuada y suficiente para               su organización a los efectos de la declaración de Notorio Arraigo.

Aquí, la administración consolida su discrecionalidad, al establecer  unos requisitos incuantificables. Se entra a valorar la organización interna de las confesiones religiosas, algo inconstitucional pues va directamente contra Artículo 6  de la ley orgánica 7/1980, de 5 de julio, de libertad religiosa:

  1. Las Iglesias, Confesiones y Comunidades religiosas inscritas tendrán plena autonomía y podrán establecer sus propias normas de organización, régimen interno y régimen de su personal. En dichas normas, así como en las que regulen las instituciones creadas por aquéllas para la realización de sus fines, podrán incluir cláusulas de salvaguarda de su identidad religiosa y carácter propio, así como del debido respeto a sus creencias, sin perjuicio del respeto de los derechos y libertades reconocidos por la Constitución, y en especial de los de libertad, igualdad y no discriminación.

Sin duda, es una poderosa herramienta para denegar sistemáticamente el notorio arraigo por parte de la administración a cualquier confesión religiosa, al no requerir la ley valores concretos para cumplir este punto.

      e) Acreditar su presencia y participación activa en la sociedad española

No se piden requisitos cuantificables, por lo que la administración tiene otra herramienta para denegar arbitrariamente el notorio arraigo a quien le parezca oportuno. Los tiempo cambian, las redes sociales  arden literalmente con la presencia del paganismo y neopaganismo ¿Esto valdría? Este punto es inaceptable, por la imposibilidad de su evaluación. No se expresan criterios nítidos,  definidos y no sujetos a la arbitrariedad de la administración.

Se ha intentado blindar y cerrar a cal y canto la entrada a más confesiones de las que actualmente están repartiéndose el pastel. Todas esas confesiones, excepto los budistas (suponemos que para dar una nota de ‘color’ y evitar comentarios negativos) son religiones abrahámicas, no hay ni una sola de ellas politeísta, ni una sola que podamos decir que es una confesión de raíces europeas, algo nuestro, de fundamento propio. Es obvio e incluso natural que ese pastel también incluya partidas económicas, y quizás sea una prioridad para algunos de ellos, pero no para COE.

Entrando en las valoraciones de la ley por otros grupos paganos, quizás otros consideren positivo el identificarse  a sí mismos como órganos inexistentes en la normativa del ministerio de justicia, pero nosotros no queremos ser instrumentos de política ni utilizar esta normativa en beneficio propio sino trabajar en pos del reconocimiento del paganismo en general y en concreto del odinismo, en todos los ámbitos legales y sociales.

Sobre este punto queremos destacar que durante la entrevista que nuestra confesión tuvo con D. Ricardo García García, se le preguntó expresamente la relación que iba a tener a partir de ahora el ministerio con las agrupaciones alegales (que no ilegales) como plataformas, mesas para el diálogo, etc. Su respuesta fue contundente: NINGUNA. Todas las relaciones, negociaciones, concesiones, convenios y pactos del Ministerio de Justicia respecto a las entidades religiosas tendrán lugar, exclusivamente, a través de las FEDERACIONES en las que se encuadran.

La Comunidad Odinista de España – Ásatrú considera que, a todas luces, este paso dado por parte del Ministerio de Justicia acaba definitivamente con las esperanzas de legitimizar y hacer legalmente vinculantes nuestros ceremoniales y compromisos para con nuestros creyentes

Los odinistas, los que batallamos desde el principio y fuimos los primeros que dentro del paganismo politeísta en inscribirse legalmente en el registro general de confesiones religiosas del Ministerio de Justicia de España, sabemos que no hay alternativas, ni segundas oportunidades. Si no luchamos por el Notorio Arraigo, nuestra única garantía de ofrecer a nuestros creyentes la legalidad vinculante por nuestros ministerios como nacimientos, matrimonios e incluso, que algún día, también dispongamos de nuestros propios entierros y lugares aptos para ello, es papel mojado, ES NADA; a raíz de la nueva norma, nuestra presencia social y espiritual será anecdótica, testimonial y seguirá siendo marginal prácticamente para siempre. No debemos depender de registros civiles y ayuntamientos para justificar y duplicar los votos jurados, algo que vemos casi como un menosprecio a las confesiones minoritarias. COE-Ásatrú está pendiente de procedimiento para obtener el Notorio Arraigo, pues nuestra solicitud se presentó con la antigua normativa. Dentro del Real Decreto se ha añadido especialmente para nosotros la única disposición transitoria que existe en ella:

Disposición transitoria única. Régimen aplicable a las solicitudes en trámite.

Las solicitudes para la declaración de notorio arraigo en España que estuvieran en trámite en la fecha de entrada en vigor de este real decreto se regirán por el procedimiento vigente en el momento de su inicio.

Si hay algo que diferencia al paganismo de las religiones judeo-cristiano-islámicas, es nuestro rechazo a lo que éstas llaman “Sumisión” (Islam significa sumisión) o “la mansedumbre” cristiana. Cuando estimamos que nuestros derechos han sido invadidos no podemos permanecer impasibles. Si Sveinbjörn Beinteinsson, cuando reclamó el reconocimiento para Asatru en Islandia hubiera mostrado una actitud pusilánime, no hubiera conseguido nunca su objetivo, hoy en día Asatru es una religión pujante en Islandia. No obstante el poderoso Lobby cristiano islandés consiguió en 1975,  que el Althing cambiara la ley para dificultar el reconocimiento a nuevas organizaciones religiosas.

Y la historia se repite, pues tenemos la percepción que ha sido la Conferencia Episcopal,  claramente la impulsora de esta ley, en un vano intento de frenar la imparable expansión de las confesiones que realmente posen vitalidad en el siglo XXI. No, nosotros no vemos un “acierto” la nueva ley; no vamos a abandonar la lucha hasta que tengamos, entre otras cosas, los mismos derechos y privilegios que un matrimonio católico tras una boda. Es primordial para con nuestra gente; no es de recibo que nos contentemos con menos porque quizás el político de turno que actualmente es «sensible» a ciertos interlocutores de cultos minoritarios en cada visita a su despacho, mañana sea sustituido por otra persona y encontrarnos con un portazo en las narices y que la opinión de un “órgano consultivo” cuya existencia no aparece en ningún documento vinculante sea ninguneado. Lo vamos a decir claro, la figura de órgano consultivo es un placebo para tener la boca callada a quienes dicen representar a parte de las antiguas religiones politeístas autóctonas. En resumen, LO QUE NO ESTÁ ESCRITO, NO EXISTE. Aunque duela, esa es la realidad.

No se debe tomar nuestra postura como un ataque contra nada ni nadie, simplemente no estamos involucrados a ese nivel, ni nos interesa, no nos sentimos representados con quienes se conforman con palabras y poco más. Estamos convencidos que la única forma de representar y proteger a nuestros fieles es precisamente la cobertura que ofrece la figura de Notorio Arraigo y estamos luchando, trabajando y asesorando, precisamente desde nuestro gabinete jurídico, que son los únicos que pueden ofrecer una luz al final del túnel en las condiciones vigentes. Si perdemos este tren, no habrá otro y NI UNO SOLO, repetimos NI UNO DE LOS CULTOS MINORITARIOS, JAMÁS TENDRÁ RECONOCIMIENTO DE NINGUN TIPO, seremos los parias de las confesiones religiosas y con una difícil, sino casi imposible, proyección de futuro.

COE-Asatru, tiene claramente una responsabilidad, la defensa del Odinismo y su preservación en nuestra sociedad, cada organización es soberana de tomar sus decisiones, pero sin duda la historia los juzgará. Si hoy hay diez entidades religiosas registradas en España, es porque nuestra confesión consiguió su legalización, cuando todos daban por imposible el logro. De la misma manera y teniendo una fuerte fe y confianza en nuestros Dioses afrontamos con ilusión la solicitud de Notorio Arraigo que tenemos en curso.

Asimismo el 3 de julio se aprobó otro real decreto, que versa sobre el funcionamiento del registro de entidades religiosas, y que básicamente no tiene otra función que reforzar el control sobre las religiones y sus ministros:

Artículo 18. Solicitud de anotación y documentación que debe aportarse.

  1. Las entidades religiosas inscritas podrán anotar en el Registro de Entidades Religiosas a sus ministros de culto que ostenten residencia legal en España. En todo caso, deberán anotarse aquellos ministros de culto que estén habilitados para realizar actos religiosos con efectos civiles.

Se intuye una voluntad de control, siquiera administrativo, sobre quienes dirigen la oración y el culto de estas confesiones minoritarias. El creciente temor sobre el fanatismo religioso en determinadas confesiones, lleva al estado a un control exhaustivo de las mismas. Especialmente sobre sus ministros de culto. Es obligatorio para todas las confesiones de Notorio Arraigo. Voluntario para el resto. Pero en COE-Asatru nos hacemos una pregunta ¿Para qué queremos a nuestros sacerdotes inscritos en el registro si nuestros actos no reportan efectos civiles?  ¿Qué ventajas van a obtener con esa certificación? Realmente no vemos otra cosa distinta al  ejercicio de un control estatal sobre el conjunto de las entidades religiosas.

Creemos haber dejada claro nuestro rechazo de la ley sobre concesión de Notorio Arraigo, y apuntar cual es la verdadera intención del RER, ley del registro de entidades religiosas, argumentando punto a punto, realizando valoraciones objetivas y mostrando nuestra diferencia con la posición de otras entidades paganas.

Jerry da Silva Matz
Gilwellian hinn austrængoði
Lagman COE Ásatrú

 

El Signo del Martillo

SIGN OF Hammer

El martillo de Thor es un poderoso símbolo en la tradición del Norte. Otorga el poder, la fertilidad, y la protección de todas las fuerzas negativas. Los vikingos lo usaban para bendecir a los bebés recién nacidos, y un martillo se colocaba en el regazo de la novia en la ceremonia religiosa de boda para garantizar su capacidad de concebir.

Los cuernos de hidromiel eran consagrados en un gesto que parece un signo cristiano de la cruz, pero que sin embargo es mucho anterior al cristianismo, y que representa al Dios Thor.

Cuando hacemos el signo de Martillo nos concentramos en el aspecto de cada Dios:

Cabeza – Odin – Sabiduría, conocimiento, y la vista.

Hombro izquierdo – Balder – Comunión popular, buen ánimo, amor por mis correligionarios.

Hombro derecho – Teiwaz – Defensa de nuestra comunidad, justicia

Corazón – Thor – Pasión por la vida, esencia vital.

¿Cómo hacer el signo del martillo?

Tocamos nuestra frente y pronunciamos el nombre de «Odin». Ahora llevamos nuestra mano hasta el pecho y decimos «Thor!». Seguidamente vamos a nuestros hombros izquierdo y derecho, nombrando a «Balder» y Teiwaz respectivamente. Nos concentramos, pensando en el simbolismo de cada Dios y sintiendo como fluyen todos ellos entre nosotros.

El simbolismo, aparte de la forma del martillo, es simple. Odín es el «Altísimo», asociado con el intelecto y la sabiduría, por lo que la frente es el «punto de contacto» natural para él. El corazón es el motor de nuestra vida, la fortaleza, la vitalidad la salud, que es representada por Thor. Balder representa la belleza, y la pureza y la conciliación con lo divino conectada con el corazón. El fuerte brazo derecho nos remite a Teiwaz, el brazo armado que protege al pueblo de las agresiones exteriores.

¿Para qué utilizamos el signo de martillo?

-Como un simple ritual en sí mismo
-Comenzar y terminar un período de meditación
-Sacralizar un objeto
-Invocación
-Saludos entre hermanos

En definitiva, se trata de recuperar esta tradición ancestral, que ciertamente ha sido empañada por el signo de la cruz cristiana, pero que no tiene ninguna relación con ella. Practicándola a diario, revitalizaremos a nuestros Dioses y a Asatru.

Dísablót la fiesta de las Disar y de la Luz

Disablot

Dísablót, fiesta de las Dísir, en honor a Freyja. Los espíritus ancestrales de los fallecidos, al igual que la fylgja, tenían la función de llevar a las personas que fallecían a la tierra de los muertos.

Cuando: Luna llena de febrero (Segunda luna anual)

¿Quién Oficia?: Exclusivamente mujeres, dentro del ámbito familiar.

Elementos necesarios para el ritual:

-Velas, antorchas, luces.

-Plantas tipo, salvia, jacintos, azafrán, especialmente de color violeta.

-Representación de la Diosa Freyja (Estatuilla, etc).

-Ofrendas: Nueces o manzanas (Fruta que representa la inmortalidad).

-Fotografías de nuestras mujeres (abuelas, madres, etc) que han muerto.

Las Dísir es un conjunto de divinidades femeninas que está entroncado con las antiguas “Matronae”, si bien el singular es “Dis” se emplea más comúnmente en su forma plural. El significado de esta palabra es básicamente: “mujer”. Las primeras referencias que tenemos del término nos la facilita Tácito, informándonos de un nombre de lugar: Idiavisio, y las sajonas “idisi”. Las referencias toponímicas escandinavas nos indican que fueron lugares de culto. El Disablót que nos habla las Sagas, “es el sacrificio en honor a las Dísar” mientras que los antiguos anglosajones celebraban la fiesta de módraniht, “Noche de las Madres”. El espíritu de este culto reside en la capacidad de la naturaleza para su renovación y regeneración para que la comunidad tuviera acceso a los recursos de fertilidad y riqueza necesarias para poder subsistir. Esa tarea era encomendada a unos seres protectores de naturaleza neta y exclusivamente femenina.

Para los pueblos del norte de Europa, la fiesta es en honor de las llamadas Dísar, espíritus de todas las mujeres antepasadas de cada familia. En la fiesta de Dísablót, en las casas se encienden todas las luces y se prenden multitud de velas. Las Dísar regresan entonces del mundo de los muertos para proteger a sus familias vivas y asegurar la continuidad de la estirpe.

En cuanto a los Nornas eran los Espíritus de los Muertos (hamingjur) y Espíritus Tutelares (fylgjur). Los Espíritus de los Muertos eran seres sobrenaturales femeninos, generalmente invisibles que acompañaron a los hombres y dirigieron su curso.

Cada persona poseía sus espíritus familiares, quienes se esforzaban en traerle buena suerte; era posible también invocarlos para pedir prestado algún espíritu familiar de otra persona en caso de que alguien deseara correr algún riesgo en su nombre. Los Espíritus Tutelares (fylgjur), por otro lado, normalmente tenían forma de animales que caminaba entre la gente, o al lado de ellos. Cada persona tenía, según la creencia de nuestros padres, uno o más espíritus protectores; y algunas personas tenían la capacidad de ver a los Espíritus Tutelares y así determinar de antemano quién se acercaba. Los Espíritus Tutelares generalmente se asociaban al carácter del individuo en cuestión; Poderosos líderes guerreros habrían tenido osos, toros, y similares espíritus tutelares, gente astuta, zorros; y así sucesivamente. Los seres sobrenaturales de este tipo no se transformaron en objeto de culto y de oración. Han llegado hasta nosotros historias de personas notables a los que estos seres les han ayudado a lo largo de toda su vida y que por tales medios ganaron un discernimiento poco común para regir en los destinos de la sociedad. La fe en Espíritus Familiares y Tutelares persistió a pesar de la implantación del cristianismo, bajo diversas formas de culto, asociadas concretamente a las fiesta de la Candelaria.

El Dísablót es una fiesta específicamente hogareña, donde cada familia honra a sus antepasados femeninos y que solamente puede ser llevada a cabo por mujeres.

Feliz Dísablót.

RITUALES MÁGICOS EN LA RELIGIÓN NÓRDICA PRECRISTIANA: EL SEIÐR EN LA SAGA DE GÍSLI SÚRSSON

  1. RITUALES MÁGICOS EN LA RELIGIÓN NÓRDICA PRECRISTIANA

seidr 1Varios son los factores que han contribuido a la incertidumbre con la que hoy en día contemplamos las manifestaciones religiosas nórdicas precristianas. Entre ellos suele destacarse el hecho de que sus practicantes no se vieron en la necesidad de po­ner por escrito el corpus de sus creencias, como sí se hizo en la Iglesia cristiana des­de época muy temprana. El secretismo inherente a las prácticas religiosas precristia­nas contribuyó asimismo a que sólo una minoría estuviera al tanto de las fórmulas adecuadas que se empleaban en los diferentes rituales con los que los habitantes de los países nórdicos intentaban conseguir el favor de sus dioses.

En la Islandia precristiana el culto a los dioses del panteón nórdico carecía en principio de una organización jerarquizada y especializada, por lo que los granjeros islandeses dependían en las cuestiones religiosas públicas de sus líderes políticos, los denominados goðar. Éstos eran los únicos que estaban en condiciones de ofre­cer protección a sus seguidores, no sólo de tipo legal, sino también religiosa, porque a ellos les correspondía organizar los sacrificios a los dioses que garantizaban la paz y las buenas cosechas[1]. En estas reuniones, en las que los goðar o cabecillas is­landeses reunían a sus seguidores con la intención de agasajar a sus amigos y cele­brar la llegada del invierno, a veces se ofrecían sacrificios a los dioses, y de este modo constituían un medio muy eficaz de establecer alianzas o cuidar de las que ya se tenían. En el aspecto religioso, el compartir la comida y bebida suponía acceder a un complejo sistema de mutuas obligaciones de las que los dioses eran testigos.

En torno a estos banquetes giraba, pues, la actividad social de la comunidad. En ellos tenían también cabida personajes que disfrutaban de una especial relación con el mundo de los poderes ocultos. Eran personas que vivían normalmente apartadas de la sociedad y que iban de casa en casa respondiendo a preguntas sobre el futuro de los que se lo pidieran[2]. Aunque en las fuentes principales de nuestro estudio, i.e. las Eddas y las sagas islandesas, estas figuras son en su mayoría mujeres, también tene­mos ejemplos de hombres que se prestan a ayudar a los que lo solicitan en las tareas más siniestras, como es el caso del brujo þorgrímr en la Saga de Gísli Súrsson del que hablaremos más adelante.

Con la presencia de estos personajes en las celebraciones y rituales estacionales, la línea de separación entre las prácticas mágico-religiosas populares y las asociadas al culto de los dioses parece desaparecer. En estos casos es difícil dilucidar si dicha coincidencia espacial es únicamente el resultado del desconocimiento de la división de ambas esferas por parte de los autores de las sagas, o de una práctica habitual. La asociación del paganismo con diferentes ritos mágicos en las antiguas leyes de Noruega, Suecia o Islandia nos ofrece un testimonio más de que diferentes elemen­tos religiosos precristianos de diferentes épocas aparecen con frecuencia solapados o bajo la misma denominación[3]. La lucha de la Iglesia contra los últimos reductos de paganismo (brujería y magia) influyó muy posiblemente en la recreación del am­biente pagano de las sagas que llevaron a cabo sus autores[4].

De acuerdo con la definición del Kulturhistorisk leksikon for nordisk middelal- der el sustantivo seiðr hace referencia a un tipo de magia funcional con cuyo uso se puede dañar a personas, conseguir conocimientos sobre el futuro, las circunstancias meteorológicas, las cosechas, etc[5]. No hay unanimidad sobre la etimología del sus­tantivo seiðr, aunque dados los equivalentes que conocemos en Antiguo Alto Ale­mán (seito) y Antiguo Inglés (sada), todo parece indicar que su significado básico sería el de “cuerda”, “hilo” o “soga”. Esta etimología sería enteramente compatible con la idea, defendida entre otros por Eldar Heide, de que el seiðr es un tipo de ma­gia en la que sus practicantes envían su espíritu en diversas formas, entre las que destaca la de la cuerda, y que también concuerda con la idea de que el destino de los hombres es a menudo representado en la mitología como un hilo que es tejido por di­ferentes personajes femeninos[6].

Las referencias a este tipo de magia y a sus practicantes no se circunscriben, como hemos afirmando, a las sagas islandesas, sino que también en algunas de las actividades mágico-rituales de los dioses recogidas en las Eddas pueden encontrarse referencias o correlatos de los episodios de las sagas en los que se incluyen motivos relacionados con la magia o el seiðr1. Por su relación con la esfera de lo sagrado, como afirma Catharina Raudvere, el seiðr adquiere una posición privilegiada dentro del contexto ideológico precristiano nórdico[7] [8]. En esta misma dirección, el seiór sue­le mencionarse en relación con las controvertidas actividades chamánicas del dios Óðinn, i.e. con una serie de prácticas que aunque no directamente conectadas con este tipo de magia, sí que pertenecen a un complejo más amplio de ritos, algunos de ellos de iniciación, que suele englobarse en la denominada “magia odínica”[9].

La representación literaria del seiðr en contextos mágico-religiosos nórdicos se enmarca en un espacio simbólico marginal que lo diferencia del oficial en el que se realizaban los sacrificios. Es decir, sus practicantes no pertenecen a ninguna clase so­cial definida. Por su poder y conocimientos para entrar en contacto con “el otro mun­do” disfrutan de una posición ambigua. Son temidos, odiados, y a la vez deseados en tiempos de incertidumbre. Como dijimos más arriba, este tipo de magia era practicada sobre todo por mujeres, de ahí que normalmente aparezca asociada a los conceptos de níð y ergi, que en caso de practicantes masculinos aparecen asociados al deshonor y a la implicación de una desviación sexual, como afirma el mismo Snorri Sturluson en la Ynglinga saga al ofrecer una explicación sobre su origen en clave mitológica[10].

No todos los practicantes de estas artes mágicas pueden englobarse, sin embar­go, en una misma categoría. Algunos tenían cualidades consideradas positivas, como la capacidad de ver lo que está oculto o de prever lo que está por venir[11]. Otros, por el contrario, podían incluso hacer enloquecer a sus enemigos o causarles la muerte, por lo que no es inusual encontrar la división entre el seiðr blanco y seiðr negro en algunos estudios sobre este fenómeno mágico-religioso. Tras esta división, sin em­bargo, subyace otra más importante que hace referencia a los dos prototipos de ma­gos que aparecen relacionados con el seiðr tanto en las sagas islandesas, como en la Edda Mayor, la volva (pl. volur) y el seiðmaór o seiðskratti[12].

La importancia de las primeras en el entramado mitológico precristiano es más que evidente, si nos atenemos al hecho de que el poema nórdico apocalíptico por excelencia, el Voluspá, “La profecía de la adivina”, contenido en la Edda Mayor, está puesto en boca de una volva a la que el mismo Óðinn acude en busca de ayuda. En este caso, como en el del relato del ritual llevado a cabo por Lorbjorg  lítil-volva, “la pequeña volva”, en la Saga de Erik el Rojo, Eiríks saga rauda, los practicantes del seiðr cumplían una función social en tiempos de escasez o enfermedad[13]. Ade­más, también podrían estar relacionadas con antiguos rituales de la fertilidad, ya que tanto su indumentaria (la volva estaba cubierta con pieles de gato, el animal sa­grado de Freyja), como el hecho de que con su venida se anticipaba el final de la ca­restía apuntan en esa dirección. Su llegada, como nos dice el autor de la Saga de Erik el Rojo, era una costumbre bien arraigada, seiðr, y se esperaba con cierta impa­ciencia. Cuando la volva se dispone a entrar en la granja, los presentes la saludan de manera apropiada[14]:

Enn er hon kom inn, pótti ollum monnum skylt at velja henni soemiligar kvedjur.Hon tókpví sem henni váru men gedjadir til[15].

Las volur podían necesitar en ocasiones la colaboración de otras de su clase, como es el caso de la volva mencionada en la Orvar Odds saga que llega acompaña­da de un grupo de jóvenes asistentes, tanto hombres como mujeres, y que al parecer están aprendiendo el oficio[16] [17].

Un caso diferente es el de los seidmenn17. Su presencia en las sagas está acompa­ñada de una sucesión de términos con claras connotaciones negativas, como es el caso del ya mencionado ergi. El comportamiento afeminado atribuido a los seid- menn actúa como una categoría simbólica, ya que despierta en la sociedad un senti­miento de desprecio y aversión, lo que, como decimos más arriba, contribuye a su marginación social. Sus actividades mágicas están normalmente encaminadas a provocar desgracias, bien por propia iniciativa o por encargo de otros[18]. De especial in­terés a este respecto es la familia de seidmenn provenientes de las Islas Hébridas que se menciona en la Laxdoela saga. Kotkell y su familia son un caso prototípico de una estrategia narrativa, según la cual las diferencias étnicas eran interpretadas por la audiencia como un marcador de que algo anómalo iba a suceder. Junto a esto, el he­cho de que tanto en la Laxdoela saga, como en la Gísla saga los practicantes del seiðr aparezcan agrupados en familias, nos parece buena prueba de que los autores de las sagas pretenden adscribir este tipo de prácticas a ciertos círculos bien sean fa­miliares o nacionales[19].

En definitiva, y antes de pasar al análisis del seiðr en la Saga de Gísli, no pode­mos obviar el hecho de que buena parte de sus representaciones literarias proceden de época cristiana y que a menudo fueron modificadas para adaptarlas al entorno re­ligioso-cultural de los autores que las llevaron al papel.

  1. EL SEIðR EN LA SAGA DE GÍSLI SÚRSSON

La Saga de Gísli Súrsson es uno de los principales exponentes de un subgrupo dentro de las Sagas de Islandeses denominado “Sagas de Desterrados”[20]. La Saga de Gísli es una obra anónima que ha sobrevivido en tres redacciones de las cuales dos han llegado hasta nosotros completas (las denominadas S y M) y la tercera sólo en forma fragmentaria (B). De la versión M, la versión corta, se conservan más de una veintena de manuscritos, el más antiguo de los cuales, el AM 556 a 4to es el que ha servido de base a buena parte de las ediciones y traducciones de la Saga. Dicho ma­nuscrito fue escrito en el oeste de Islandia en el último cuarto del siglo XV (1476-1499), aunque no se conoce la identidad del copista. La versión S, o versión larga, ha llega­do hasta nosotros en dos manuscritos en papel que con toda probabilidad son copia de un pergamino que data del siglo XIV, y que llegó a Dinamarca en el siglo XVII por el interés del monarca dano-noruego Federico III (1609-1670) en completar su regia biblioteca. La versión B, o fragmento, sólo se conserva en cuatro hojas bastan­te dañadas del manuscrito AM 445c I 4to de principios del siglo XV y contiene úni­camente algunos capítulos de la Saga.

Las dos principales versiones de la Saga (S y M) coinciden en la presentación de los episodios fundamentales de la vida de Gísli Súrsson. Las diferencias textuales entre ellas son, según nuestra opinión, resultado de las diferentes estrategias de sus redactores respecto a la historia que querían contar. En este artículo no proponemos, sin embargo, una discusión profunda de las peculiaridades estilísticas o temáticas de las versiones, si no que nos conformaremos con mencionarlas cuando sean pertinen­tes para nuestro análisis del seiðr en la Saga.

La Saga de Gísli representa el drama de la inadaptación de su personaje princi­pal, Gísli Súrsson, a las exigencias de una sociedad dinámica y en proceso de forma­ción, y a las de una familia que no compartía su visión del honor y la justicia. La Saga de Gísli gira en torno a la temática del honor y la venganza, aunque su trama principal es el fruto de la interacción de diversos temas transversales entre los que destacamos el del amor. El amor no es, sin embargo, una de las fuerzas motrices de la acción, sino solamente uno de los mecanismos narrativos de los que se sirve el au­tor para desarrollar la trama. Los dos grandes conflictos que constituyen los ejes cen­trales de la Saga tienen su origen en la dialéctica entre dos tipos de emociones, los celos y el orgullo. Las sospechas de þorbjorn, padre de Gísli, de que su hija Lórdís estaba siendo cortejada de manera deshonesta por un joven, y los posteriores celos de þorkell por un antiguo amor de su mujer, son los detonantes de la ruptura y la tra­gedia familiar de los Súrsson, que acabará con la muerte trágica de los hermanos Gísli y Lorkell y de los cuñados de éstos Vésteinn y þorgrímr el goði. En ambos ca­sos, Gísli es arrastrado a la acción por su adhesión a un código de conducta marcado por la defensa del honor. La ética heroica que guía las acciones de Gísli parece suge­rir que el autor original de la Saga conocía con toda seguridad alguna de las formas en las que circulaban en la época el Hávamál así como alguno de los poemas herói­cos que hoy están reunidos en la Edda Mayor21.

La primera referencia en la Saga de Gísli Súrsson a la magia aparece en el con­texto de las celebraciones paganas de las “noches de invierno”, vetrnoetr22, en las que se describen los invitados a las fiestas en Saeból, granja en la que vivían þorkell y [21] [22]Eórdís, hermanos de Gísli, y Eorgrímr el godi, el marido de la anterior. Entre los in­vitados a Saeból destaca la presencia del brujo Eorgrímr nef, a quien se describe del siguiente modo:

Madr hét Porgrímr ok var kalladr nef. Hann bjó á Nefsstoðum fyrir innan Haukadalsá. Hann var fullr af g0rningum ok fjolkynngi ok var seidskratti, sem mestr mátti verda. Honum bjóda þeir þorgrímr ok þorkell til sín, því at þeir hofdu þar ok bod inni[23].

Como deducimos de la utilización de los sustantivos g0rningum, fjolkynngi y seidskratti, el redactor de la versión corta de la saga opta por presentar al brujo Eor- grímr nef en términos muy negativos. Al igual que la volva protagonista del episodio de la Saga de Erik el Rojo, Eorgrímr nef es invitado a la celebración de las noches de invierno por sus dotes mágicas. En lo que se refiere al hecho de que el autor haya elegido ese preciso momento para la realización del ritual, todo parece indicar que el autor de la Saga tenía interés en relacionar los sacrificios de esa época con el conju­ro por medio del cual se reforjó la espada Grásída en la lanza que acabó con la vida de Vésteinn, el cuñado de Gísli.

Porgrímr var hagr á járn, ok er pess vid getit, at peir ganga til smidju, bádir Porgrímarnir ok Porkell, ok sídan byrgja peir smidjuna. Nú eru tekin Grásídubrot, er Porkell hafdi hlotit ór skiptinu peira broedra, ok gerir Porgrímr par af spjót, ok var pat algort at kveldi; mál váru í ok foert í hepti spannar langt[24].

La relación que el autor de la saga establece entre la actividad mágica y la de la forja no ha de sorprendernos ya que existen claras equivalencias tanto en nuestras fuentes como en otras mitologías. En el Reginsmál, uno de los poemas de tema he­roico de la Edda Mayor, se dice del enano Reginn, maestro de Sigurðr (el Sigfrido del ciclo nibelùngico), hann var hveriom manni hagari… hann var vitr, grimmr oc fjolkunnigr, es decir “superaba a todos en habilidad con las manos… era sabio, cruel y versado en magia”[25]. La conexión entre herreros y chamanes está presente, por ejemplo en los dichos de los Yakut de Siberia en los que se afirma que ambos “pro­ceden del mismo nido”, lo que a su vez encuentra su reflejo en la mitología nórdica, ya que los dioses, Aesir, especialmente Óðinn, son descritos a menudo con el epíteto galdrasmiðir, “herreros de la magia”. Del mismo modo en la mitología celta la habi­lidad en la forja, la medicina y los conjuros van de la mano en la figura de la diosa Brigid.

La función del brujo Lorgrímr nef en la fragua podría haber sido, pues, la de dotar al arma de ciertas propiedades mágicas que iban a facilitar el asesinato de Vésteinn o de restituirle las que había perdido tras su rotura, que se explica en los primeros capítulos de la Saga. No olvidemos que, según el redactor de la ver­sión larga, la espada había sido obra de los enanos, dvergasmíði. La presencia del brujo en la fragua podría asimismo estar relacionada con el hecho de que en la recién creada lanza se podía observar cierta ornamentación, mál váru í, detalle sólo incluido en la versión corta. Sin embargo, el sustantivo mál podría ser inter­pretado como “runa/inscripción de carácter mágico o ritual”, con lo que la pre­sencia del brujo Lorgrímr en la fragua tendría una nueva justificación en el mar­co de la información que nos ofrecen nuestras fuentes sobre la función de las runas en contextos mágicos, como por ejemplo en el poema Sigrdrífumál de la Edda Mayor, o el mismo Egill Skallagrímsson cuando erigió el llamado níðstong en contra de la reina noruega Gunnhildr, tal como nos cuenta la saga que lleva su nombre[26].

La versión larga también aporta otro un dato sobre los poderes del brujo cuando más adelante se expresa en términos meridianos sobre la participación del mago en la noche en la que se planea la muerte de Vésteinn. Por medio del seiór, el brujo Lorgrímr habría desencadenado la tormenta, lo que suele denominarse magia atmos­férica, y así facilitado la labor de los asesinos de Vésteinn:

Sva er sagt at illvióri pvi hinu mikla hefir valdit Porgrimr nef meó golldrumsi- nom oc gerningum, oc framit til seió at nockorn veg yróe pess, at þat fari gafiz a Vest (eini) at G (isli) vari eigi vióstaddr, þviat þeir treystuz eigi a hann at raóa ef G (isli) vari hia[27].

Esta alusión a los poderes del brujo para cambiar el tiempo tiene su correlato en la segunda parte de la saga en la que su hermana, la bruja Auðbjórg, provoca un alud en el que murieron doce personas para vengarse de la agresión sufrida por su hijo. Desde un punto de vista puramente literario, las incongruencias entre las dos versio­nes ponen de relieve las diferentes estrategias de sus autores a la hora de reflejar los motivos de carácter fantástico-religioso de la historia de Gísli, así como sus diferen­tes concepciones de la trama o lo disímil de las fuentes que tenía a su disposición. La casi inexistente información biográfica sobre el brujo Lorgrímr nos hace preguntar­nos asimismo si su presencia no responde a la necesidad, surgida en tiempos cristia­nos, de proporcionar una explicación a sucesos para los que la Saga en su forma ori­ginal no ofrecía respuesta[28].

La segunda aparición de þorgrímr nef sucede tras el asesinato de Þorgrímr. Borkr, su hermano, encarga al brujo que realice un conjuro para que el asesino de Þorgrímr no reciba ninguna ayuda en Islandia.

þat er nxst til tídenda, at Borkr kaupir at Porgrími nef, at hann seiddi seid, at peim manni yrdi ekki at bjorg, er Porgrímr hefdi vegit, pó at menn vildi duga honum. Oxi níu vetra gamall var honum gefinn til pess. Nú flytr Porgrímr fram seidinn ok veitir sér umbúd eptir venju sinni ok gerir sér hjall, okfremr hann petta fjolkynngiliga meó allri ergi ok skelmiskap[29].

En la misma línea que la anterior descripción del brujo Þorgrímr, en este pasaje también observamos los mismos restos del uso efectista de algunos de los motivos mágicos en la obra. La asociación entre Borkr y el brujo contra Gísli sirve al efecto de incidir en una caracterización muy negativa del personaje de Borkr. Su particular en­frentamiento con Gísli se desarrolla en tres frentes que mencionaremos en orden cro­nológico. Primero y nada más terminar el entierro de Þorgrímr, Borkr encarga al bru­jo que realice un conjuro contra el asesino de su hermano. A continuación, y por instigación de su nueva esposa, presenta un caso legal contra Gísli, y en tercer lugar paga a un asesino a sueldo, Eyjólfr el Gris, para que busque a Gísli y lo persiga hasta matarlo. Cualquiera de las tres acciones hubiera bastado, en términos generales, para conseguir su objetivo con mayor o menor celeridad. Todas ellas en conjunto sirven al objeto de evitar el enfrentamiento directo y honorable con el asesino de su hermano y están en clara oposición con el código de conducta heroico que defendían tanto Gísli, como el propio Þorgrímr el goði. El hecho de que la primera acción que emprende sea la de contratar a un mago nos parece una clara evidencia de que la magia no puede aislarse del sistema religioso y político que nuestros autores pretenden describir en las sagas. En las sagas islandesas en general y en la Saga de Gísli en particular, la magia era utilizada para dar explicación a situaciones que se salían de los cauces habituales por los que discurría la vida diaria de la comunidad. Con el seiór, el autor de nuestra Saga pretende explicar la falta de apoyos que tuvo Gísli durante el destierro, así como justificar los que obtuvo (e. g. el de Ingjaldr) aludiendo así a un descuido del brujo. Es decir, la magia, en este caso, forma parte de un modelo explicativo de la realidad crea­do por el autor. Esto parece evidente cuando constatamos que en ninguna de las estro­fas se hace referencia al conjuro de horgrímr, mientras que, tanto la disputa legal en la asamblea, el Ping de hórness, como los intentos homicidas de Eyjólfr el Gris, sí que sirvieron de materia prima al poeta. Por ello pensamos que el personaje del brujo hor- grímr y los episodios en los que despliega sus malas artes no tienen ningún valor his­tórico, sino sólo literario. Son un efecto narrativo integrado en la trama por el autor, con el doble objetivo de elevar el tono trágico de los acontecimientos de la Saga y de proporcionar una caracterización negativa de los personajes que se relacionan con la práctica del seiðr, como intentaremos demostrar a continuación.

Primeramente, y en lo que se refiere al vocabulario, la descripción del seiór en la Saga de Gísli, coincide en lo básico con los ejemplos que hemos encontrado en obras de su mismo género, si bien, las diferencias entre las versiones vuelven a po­ner de manifiesto el desigual tratamiento al que sus redactores someten a los moti­vos relacionados con la magia y la religión. Mientras que el uso de verbos como seiða, flytja fram (M) o magna (S) para referirse a la acción de realizar un conjuro no refleja un alejamiento de lo que era habitual en obras de la misma época, la ex­presión del redactor de la versión larga, lagói hann a pat alla stund oc kraft, “y lo realizó con toda su fuerza y concentración”, revela ciertas connotaciones cristianas. Sobre todo el sustantivo kraptr, “poder, fuerza”, abunda en textos homiléticos o de contenido hagiográfico. En contextos paganos sólo aparece mencionado en dos obras de Snorri Sturluson (Gylfaginning e Ynglingasaga), además de en varias sa­gas pertenecientes al subgénero de las fornaldarsogur, “Sagas de los tiempos anti­guos”. Todos estos detalles apuntan a que el redactor de la versión larga, quizás de­bido a su falta de conocimiento sobre la materia, habría optado por describir el modo de actuar de horgrímr utilizando los términos más frecuentes de la época en la que escribía. La omisión de los componentes sexuales en la práctica del seiór po­dría deberse asimismo a las mismas razones de carácter moral que condujeron a al­gunos de los copistas a eliminar pasajes de contenido erótico, tanto en las Íslendin- gasogur, como en las fornaldarsogur.

El redactor de M, por el contrario, incide en lo execrable de la práctica del seiðr asociándolo al antiguo concepto de homosexualidad, argr, con el que ya aparecía co­nectado en la mitología nórdica, como se desprende de los insultos que Loki le diri­ge a Óðinn en la estrofa 24 del Locasenna30. No obstante, e independientemente de las diferencias en cuanto al vocabulario, los relatos de las dos versiones muestran [30]una notable conjunción en cuanto a los objetivos y los elementos necesarios para la práctica del seiór. Ambos coinciden en señalar que los preparativos, umbúó, del bru­jo se llevaron a cabo siguiendo la tradición al uso, eptir venju sinni/er pa var titt (M/S). Al igual que en el resto de las Íslendingasogur en las que se incluyen relatos similares, Lorgrímr se situó sobre un pequeño escaño, hjall, desde el que realizó el conjuro[31]. La posición elevada desde la que los seiómenn o volur entraban en contac­to con las fuerzas del más allá recuerda a la de los antiguos reyes que hacían lo pro­pio sobre el túmulo de sus antepasados, con lo que subrayaban el carácter sagrado de las palabras que desde allí se pronunciaban[32].

El escaño elevado, el túmulo o una piedra ritual parecen ser elementos de una antigua tradición en la que éstos desempeñaban la función de punto de unión entre los dos mundos, es decir, de un espacio liminal desde el que se tenía acceso a cono­cimientos vedados al resto de los mortales. La estrofa 111 del Hávamál ya nos habla de las profecías que se pronunciaban desde el escaño del þulr: Mál er atpylja, pular stóli á/Urðar brunni á[33]. La controvertida figura del pulr, de la que no nos ocupare­mos aquí por razones obvias, se presenta como la de un hombre sabio al que, sin em­bargo, a veces se le tilda de hablador y mentiroso. Su posición prominente en el þular stóll, “asiento del pulr”, y su aparente acceso a los secretos del universo son el elemento que nos permite relacionarlo con la magia que se realizaba desde el hjall. No olvidemos que el mismo Óðinn a veces es llamado en el Hávamál (estrofas 80 y 142) fimbulþulr. También en la poesía heroica encontramos referencias a la creencia de que la posición elevada es signo del contacto con las fuerzas del más allá, como es el caso de la introducción en prosa anterior a la estrofa 6 del Helgaqviða Hjörvarðþsonar, en la que Helgi recibe su nombre y la profecía sobre su futuro por boca de nueve valquirias, mientras está sentado en un túmulo[34].

El segundo elemento del ritual mágico, i. e. las fórmulas que se tenían que pronun­ciar para que éste fuera efectivo, era tan valioso como toda la parafernalia anteriormente mencionada. En nuestra Saga es de tal importancia que un fallo en su formulación hizo posible que Gísli recibiera apoyo de uno de los habitantes (Ingjalldr) de las islas que Lorgrímr había olvidado incluir en su brujería. Las diferencias entre la formulación del conjuro en las dos versiones tienen una vital importancia cuando posteriormente son utilizadas para justificar algunos de los acontecimientos del destierro de Gísli.

El último de los elementos de la ceremonia del seiðr que analizaremos es el del buey de nueve inviernos que Borkr le entrega a þorgrímr para que realice el conjuro y que está presente en las tres versiones de la Saga. La aparente conformidad entre éstas en cuanto al tipo de animal y a su edad, no nos ayuda, sin embargo, a descifrar la motivación lógica de dicha dádiva en el contexto mágico del seiðr. Mientras que el redactor de M deja claro que el buey le fue entregado a þorgrímr, til þess, es decir, para que el brujo llevara a cabo el conjuro, el redactor de S pasa por alto esta infor­mación. Éste insiste por dos veces en el uso del verbo kaupa con dos preposiciones diferentes, viðy at, para describir en primer lugar el encargo que Borkr le hizo aþorgrímr (vió), y más tarde los medios que le debía proporcionar (at). El problema que surge en este punto es que en la expresión kaupa at con dativo, el dativo hace refe­rencia a la persona de la que se compra algo o que ofrece sus servicios, como es el caso de la formulación del redactor de M en: Borkr kaupir at Porgrími nef at hann seiddi seió. Siendo esto así, la expresión utilizada por el redactor de S, Borkr keypti at honum uxa ix vetra gamlan, “Borkr obtuvo de Lorgrímr un buey de nueve invier­nos”, no sería más que una mala interpretación de lo que suponemos constaba en el texto original, tal y como lo habría recogido el redactor de M.

La constatación, una vez más, de la no siempre exitosa labor de reconstrucción con la que el redactor de S acomete los temas relacionados con la antigua religión o la magia, no aporta, sin embargo, evidencia alguna sobre lo anecdótico de la presen­cia del animal en la ceremonia del seiðr. El interés de los tres redactores por reflejar la edad del animal sí que podría deberse, por otra parte, a la importancia que con ello se daba al gesto de Borkr, ya que desprenderse de un buey adulto en aquellos tiem­pos debía ser un hecho digno de mención. Aunque al considerar la edad del buey con más detenimiento no podemos descartar que ésta no fuera un recuerdo lejano de la tradición conectada a los sacrificios en honor del dios Freyr en Uppsala celebrados cada nueve años y en los que se sacrificaban animales de todas las clases[35]. La so­briedad de los enunciados de nuestros redactores nos plantea la incógnita sobre si el buey era un mero medio de pago, o bien un elemento integrante del seiðr, como su­gieren los términos en los que se expresa el redactor de M. Si nos atenemos a esta úl­tima interpretación, el buey haría las veces del animal sacrificial con el que se pre­tende conseguir la ayuda de los dioses, como ya vimos en el caso del sacrificio de Lorkell a Freyr en la Víga-Glums saga o la más directa alusión que encontramos en la Saga de Njál. El cap. CI de esta Saga recoge el episodio ya conocido de la vida del misionero Langbrandr, en el que éste es objeto del maltrato por parte del brujo Galdra-Heðinn, al que los paganos encargaron su muerte. La saga cuenta que el brujo, fór hann úp á Arnarstakksheiói ok efldi par blót mikit, Es decir, que en esta ocasión fue un sacrificio, blót, el desencadenante de que se abriera la tierra y se tragase al ca­ballo del misionero y por poco a él mismo.

Contra la primera suposición, la de que el buey podría ser un medio de pago, en­contramos la evidencia de que en ninguna de las escenas del seiór en las Íslendinga- sogur se incluye ningún tipo de pago al seimaðr por sus servicios. Sólo en la ver­sión larga de la Frióþjófs saga ins froekna hay una indicación explícita al pago por el buen oficio de dos seiókonur: […] ok gáfu peim fé til, atpwr sendi veór suá stórt at Friðþjófi ok monnum hans, atpeir tyndiz allir í hafi, es decir, “[…] y les entregaron dinero para que enviaran una tormenta tan grande a Friðþjóf y a sus hombres, de modo que todos perecieran en el mar”[36].

En definitiva, y como venimos repitiendo, el episodio del seiór de la Saga de Gísli es un recurso narrativo, algunos de cuyos elementos podrían ser fieles testigos de que en el momento en el que la Saga se escribió, todavía persistía en Islandia el recuerdo de ciertas tradiciones mágicas de origen pagano. Lo importante de este epi­sodio no es sólo que su autor haya mezclado elementos veraces con otros que, aun­que verosímiles, más bien parecen inventados, sino que al hacerlo estaba reflejando una concepción de la realidad en la que todos estos elementos tenían cabida.

Teodoro Manrique Antón
UCLM

[1]       D. Stromback, The Conversion of Iceland: A Survey, London, 1975. Stromback destaca en su estudio el papel de los goóar islandeses en la formación de una organización social y religiosa a partir de la cual se habría desarrollado el sistema constitucional islandés. Estudios más recientes como el de O. Vésteinsson, aunque coinciden en señalar que el origen del término habría tenido en principio una relación con lo religioso, afirman que en la Islandia del siglo X el cargo de goói no conllevaba ninguna función religiosa regulada. Cfr. Orri Vés­teinsson, The Christianization of Iceland: Priests, Power, and Social Change 1000—1300, Oxford, 2000.

[2] En el Nornagésts páttr contenido en la Saga de Oláf Tryggvason afirma Nornagéstr que ciertas adivinas viajaban por el país, eran llamadas spákonur y predecían a la gente su destino por lo que muchos las invitaban a sus casas, organizaban banquetes y les ofrecían buenos regalos cuando se marchaban. Cfr. C. Richard Unger y G Vigfússon (eds.), Flateyjarbók: En samling af norske konge-sager, I, Christiania, 1860-1868, p. 184.

[3] En los países nórdicos recién convertidos, los legisladores cristianos, habiendo conseguido el primer objetivo de acabar con el culto público a los dioses, pasaron a una fase en la que el objetivo principal era des­terrar los restos menores y más populares de religiosidad precristiana, como era el caso de la magia y las pro­fecías. En las leyes noruegas del Gulaping, por ejemplo, el apartado dedicado a las profecías y a la brujería estaba colocado junto al dedicado a los sacrificios a los dioses, lo que es una buena prueba de hasta qué punto estaban unidas ambas esferas en la mente de los escritores cristianos de esos siglos. Cfr. P. Fernández Álvarez y T. Manrique Antón, Las Leyes del Gulathing, Salamanca, 2005.

[4] En las sagas más antiguas, como por ejemplo las Sagas de Reyes o konungasogur que tratan de reyes es­candinavos que todavía no podemos considerar cristianos, como Haraldr el de los Hermosos Cabellos (850 – 933), la diferencia entre las diversas formas de religiosidad precristiana parece, sin embargo, bastante clara. En la saga que lleva su nombre, Haralds saga Hárfagra, los límites de lo que era la religión oficial y las for­mas menores de los que practicaban la magia no parecen entrar en conflicto En el cap. XXXIV de dicha obra se cuenta que uno de los hijos de Haraldr, Rongvald, se trasladó a Hadaland y allí aprendió magia y se convir­tió en un brujo. Esto no fue del agrado del rey, quien intentó acabar con las prácticas de brujería en la provin­cia de Hordaland. Vitgeir, uno de los brujos de la zona, se quejó en un poema de que el rey se lo permitiera a su hijo, pero lo prohibiera a los demás. Ante esto Eiríkr Hacha Sangrienta, otro de los hijos de Haraldr, se tras­ladó a Hordaland y quemó en su casa a su hermano junto con otros ochenta brujos. Cf. Heimskringla I, Ha­ralds saga Hárfagra, Íslenzk Fornrit, XXVI, Reykjavík, 1941, pp. 138-39.

[5] Kulturhistorisk leksikon for nordisk middelalder fra vikingetid til reformationstid, vol. XV, K0benhavn, 1956-1978, p. 75.

[6] E. Heide, Gand, seid og ándevind, Bergen, 2006, pp. 238 y ss.

[7] Entre las obras que recientemente han profundizado en algunos de los aspectos religiosos, mitológicos y sociales de la práctica del seiór destacamos: Ronald Grambo, “Problemer knyttet til studiet av seid: En progra- merktering”, en G. Steinsland et al. (eds.), Nordisk Hedendom. Et symposium, Odense, 1991, pp. 133-139; J. P. Schj0dt, (ed.), Myte og ritual i det fórkristne Norden. Et symposium, Odense, 1994; G Steinsland, Norran reli­gión: myter, riter, samfunn, Oslo, 2005 o E. Heide, Gand, seid og ándevind, Bergen, 2006.

[8] C. Raudvere, Kunnskap och insikt i norrön tradition. Mytologi, ritualer och trolldomsanklagelser, Lund, 2003, pp. 93 y ss.

[9] N. Price, “The Archaeology of Seiör: Circumpolar Traditions in Viking Pre-Christian Religion”, en Brathair, 4, 2, (2004).

[10]       Tanto el Völuspd, uno de los principales poemas de la Edda Mayor como la Ynglinga saga parecen in­dicar que el seiór era un arte en principio desconocido por los dioses y que tuvieron que conseguir de los va­nes (Freyja), pero también de representantes femeninas del mundo de los gigantes, como Heiör. Para un estu­dio sobre la función de ciertos personajes femeninos en la mitología nórdica, cf. Margareth Clunies Ross, Prolonged Echoes: Old Norse Myths in Medieval Northern Society. The Myths, I, Odense, 1994, pp. 203 y ss.

[11]      En estos casos más que de seiór podría hablarse de spá, “adivinación”. Muchas de las diosas de la mito­logía conocen el arte de ver el futuro. Gefjon conoce el destino de la gente, (Edda Mayor: Locasenna 21), lo mismo que Frigg (Edda Mayor: Locasenna 29).

[12]       Además de los mencionados, en nuestras fuentes también hemos encontrado sustantivos como seióbe- rendr, vikti, galdramaór o galdrasmiór, para los brujos, y galdrakona, heiór, kveldrióa, trollrióa o fordwóa para las practicantes femeninas.

[13] Eiríks saga rauda, Íslenzk Fornrit, IV, Reykjavík, 1935, pp. 206 y ss.

[14]      También en el citado Norna-Gests páttr o en la Vatnsdoela saga se recalca el aspecto social de las visi­tas de las volur. Todo esto parece indicar que las ceremonias que éstas llevaban a cabo se habían establecido firmemente como una alternativa o complemento a las ceremonias rituales propias de la religión nórdica pre­cristiana. Catharina Raudvere (op. cit., p. 169) llega incluso a afirmar que el seiór y algunas ceremonias simi­lares podrían interpretarse como un tipo de rituales privados de la fertilidad en épocas de especial necesidad.

[15]      Eiríks saga rauda, op. cit., p. 207: “Y cuando ella entró, a todos les pareció que convenía saludarla de manera respetuosa. Y ella respondió según le agradasen los que la saludaban”.

[16] Orvar Odds saga, en Fornaldar sogur Nordurlanda, II, Reykjavík, 1954, p. 205: Hún hafdi med sér fimmtán sveina ok fimmtán meyjar. “A ella le acompañaban quince muchachos y quince muchachas jóvenes”. También en el Sigrdrífomál de la Edda Mayor es el joven Sigurór el receptor de los secretos de la valquiria, entre los que se contaban todo tipo de runas (las runas de la medicina, límrúnar, las que sirven para proteger­se, biargrúnar, etc.), por lo que, aunque no se mencione explícitamente el seidr, todo parece apuntar a que los hombres podían practicar ciertos tipos de magia sin caer en la vergüenza de la homosexualidad.

[17] El término seidkona está atestiguado en algunas de las sagas denominadas de “los tiempos antiguos” fornaldarsogur, como la mencionada Orvar-Odds saga o la Hrólfs saga kraka, en las que parece haberse di­sipado en parte la antigua distinción entre spákona y seidmadr.

[18]       En una de las obras de corte histórico más importantes de la literatura nórdica antigua, el Libro de los Asentamientos, Landnámabók, contamos, sin embargo, con la evidencia de huríór sundafyllir, que por me­dio del seiór consiguió alimentar a sus vecinos en una época de gran carestía: Puriór sundafyllir ok Volu- Steinn son hennar fór af Hálogalandi til Íslands ok nam Bolungarvik ok bjoggu i Vatsnesi. Hon var pvi ko- lluó sundafyllir, at hon seiddi til pess i hallwri á Hálogalandi, at hvert sund var fullt affiskum. “Puriór la Llena-canales y su hijo Volu-Steinn partieron de Hálogaland (Noruega) hasta Islandia. Se instalaron en Bo­lungarvik y vivían en Vatsness. La llamaban “Llena-canales” porque en un año de carestía en Hálogaland hizo un conjuro y resultó que todos los canales se llenaron de peces”. Cf. Landnámabók, Íslenzk Fornrit, I, Reykjavík, 1986, pp. 186.

[19]       De la fama de los fineses como chamanes y expertos en artes mágicas deriva el sustantivofinnferó o ex­presiones comofarafinnfarar, “ir a consultar a los fineses”, con los que se hacía referencia a los viajes que se realizaban a su territorio para obtener respuestas sobre el futuro, etc. También en la antiguas leyes noruegas del Borgarping se contempla la pena de destierro total para los que realizan un viaje a las tierras de los fine­ses: Pwt er ubota vwrk at gera finfarar at spyria spa. “Hay pena de destierro total para los que vayan a terri­torio finés a consultar la profecías”. Cf. R. Keyser y P. Munch (eds.), Norges gamle love indtil 1387, I, Chris­tiania, 1846, pp. 350-351.

[20] La Saga de Gisli ha sido traducida al español por José Antonio Fernández Romero. Cfr. J. A. Fernández Romero, Saga de Gisli Sursson, Valencia, 2001.

[21] El Hávamál ha sido definido como el “código de valores de la Época Vikinga”, aunque en él se hayan descubierto capas de muy diferentes épocas. Especialmente interesantes son dos de sus partes, los poemas lla­mados Rúnatal y Ljóóatál. En ellos se explican los rituales mágicos necesarios para grabar runas y se enume­ra una larga lista de encantamientos para ayudar al guerrero y al amante.

[22] A mediados del mes de octubre se celebraban las denominadas “noches de invierno”, vetrnwtr, para dis­frutar con amigos y familiares de los frutos de la cosecha y honrar a los dioses de la fertilidad, sobre todo a Freyr. En las sagas también suele referirse a estas celebraciones con el término haustboó, “convite otoñal”. En estos banquetes se bebía y se hacían sacrificios a los dioses. Las vetrnwtr eran una de las épocas del año preferidas para celebrar las bodas dado que coincidía con el momento en el que las despensas estaban mejor provistas.

[23]      Gísla saga Súrssonar, Íslenzk Fomrit, VI, Reykjavik, 1943, pp. 37-38: “Había un hombre llamado Eor- grímr al que llamaban nef. Vivía en Nefstaöir junto al Haukadalsá. Estaba muy versado en malas artes y magia y era un brujo de los peores. Eorgrímr y Eorkell lo invitaron a su casa porque también celebraban un banquete”.

[24]      Gísla saga Súrrsonar, op. cit., pp. 37-38: “Eorgrímr sabía trabajar bien el hierro y se cuenta que éstos fueron a la forja, los dos de nombre Eorgrímr y Eorkell y se encerraron. Tomaron los pedazos de la espada Grásída que le habían correspondido a Eorkell en el reparto y Eorgrímr hizo una lanza de ellos que estaba ter­minada al atardecer; estaba adornada y se colocó en un asta de una cuarta de largo”.

[25]      Gustav Neckel (ed.), Edda. Die Lieder des Codex Regius nebst verwandten Denkmälern, Heidelberg, 1962, p. 173.

[26] Egils saga Skallagrímssonar, Íslenzk Fornrit, II, Reykjavik, 1933, p. 171.

[27] Agnete Loth (ed.), Saga af Gisla Surs Syne, en Membrana regia deperdita, K0benhavn, 1960, p. 32. “Y así se dice que la gran tormenta fue provocada por þorgrímr nef con su magia y malas artes y que hizo un he­chizo para que de algún modo ocurriera que pudieran atacar a Vésteinn sin que Gísli estuviera presente, por­que no se atrevían a atacarlo si Gísli estaba a su lado”.

[28] La absoluta carencia de referencias que muestran nuestras fuentes respecto a þorgrímr nef y su herma­na, la bruja Auðbjórg, tampoco ha contribuido a disipar las dudas sobre la verdadera función de estos perso­najes en la Saga. La relación del episodio en torno a la espada Grásída y la magia de þorgrímr nef con la poe­sía heroica han sido puestas de relieve por diferentes investigadores. Riti Kroesen, por ejemplo, interpreta la presencia del mago como fruto de una necesidad narrativa creada en el episodio de la ruptura de Grásída, y que, según ella, tendría su origen en la historia sobre la espada Gramr de Sigurðr Fáfnisbani, tal y como se cuenta en la Volsunga saga. Cfr. R. Kroesen, “The Reforged Weapon in the Gísla saga Súrssonar”, en Neo- philologus, 66, (1982) pp. 569-73.

[29]       Gísla saga Súrrsonar, op. cit., pp. 56 y 57: “Lo próximo que sucede es que Borkr paga a Porgrímr nef para que prepare un conjuro seiór al objeto de que la persona que había matado a Porgrímr no encuentre ayu­da, aunque la gente lo quisiera proteger. Un buey de nueve años se le proporcionó con este fin. Porgrímr lleva a cabo el conjuro, se prepara según era su costumbre y se construye un pequeño podio y lo ejecuta con gran brujería, perversión y magia”.

[30] GNeckel (ed.), Edda., op. cit., p. 98: Enpik síóa kóóo Sámseyo í,/ok draptu á vett sem voclor;/vitka líki fórtu verpióó yfir,/ok hugóa ekpat args aóal. Traducción en E. Bernárdez Sanchís, Textos mitológicos de las Eddas, Madrid, 2006, p. 235: “Magia negra hacías, eso dicen, en Samsey/tabaleabas como las volvas/en figu­ra de brujo viviste entre hombres/y eso amaricamiento es”.

[31]       Kotkell el seiómaór de la Laxdoela saga se situó sobre un gran escaño, seióhiall mikinn. La mujer fin­landesa de la Vatnsdoela saga también estaba en una posición elevada, var sett hátt y para horbjorg, la volva de la Saga de Erik el Rojo se construyó un asiento más alto de lo normal, háswti. Para un estudio sobre el sig­nificado del seióhjallr, cf. A. Olrik, “At sidde pá h0y: oldtidens konger og oldtidens thulir”, en Danske Stu­dier, (1909), pp. 5 y ss.

[32]       En la Friópjófs saga ins froekna, una de las fornaldarsogur, se cuenta cómo los hijos del difunto rey Beli, Helgi y Hálfdan, recibían a sus visitas sentados sobre el túmulo de su padre.

[33] G. Neckel (ed.), Edda, op. cit., p. 33. Traducción en E. Bernárdez Sanchís, op. cit., 2006, p. 130: “Tiem­po es de hechizar en el trono del thul/en la fuente de Urd”.

[34]       G. Neckel, Edda, op. cit., p. 142: Hann sat á haugi; hann sá ríóa valkyrior nío, oc var ein gofugligust. Traducción en L. Lerate, Edda Mayor, Madrid, 1986, p. 205: “Estaba él en la loma, cuando vio nueve valqui- rias a caballo, y una había entre ellas hermosa como ninguna”.

[35] La importancia del número nueve en la mitología nórdica es más evidente si consideramos que: Nueve son los mundos de la cosmología nórdica, ÓSinn estuvo colgado nueve noches en Yggdrasill, los sacrificios del templo de Uppsala se realizaban cada nueve años, el dios Heimdalr es el hijo de nueve madres, nueve fue­ron los pasos que dio el dios Lórr antes de caer muerto tras su lucha con Jormungandr, etc. Del mismo modo, en una de las piedras rúnicas más citadas en el contexto ritual, la piedra de Stentofte (DR 357 U) de Blekinge en Suecia (siglo V11) puede leerse: niu habrumz, niu hangistumz Hapuwulfz gaf j[ar]: “Ha^uwulfz dio con nueve carneros y nueve potros un buen año”.

[36] Friópjófs saga ins frwkna, L. Larsson (ed.), Altnordische Saga-Bibliothek, 9, Halle, 1901, p. 14.

ÁRBOL GENEALÓGICO DE ÁSATRÚ

198243_1753979700705_5017405_nDesde que el ser humano surge como tal en la Tierra, ha tenido alguna forma de espiritualidad. Somos el único animal capaz de tener una capacidad de abstracción que nos permite plantearnos cuestiones filosóficas y que van más allá de la mera supervivencia, por lo que incluso el más convencido de los ateos, en el fondo, sigue alguna forma de espiritualidad, consciente o no, una serie de ritos y un simbolismo. Por este motivo es complicado encontrar los orígenes de nuestra fe, puesto que no es algo que se conforme de un día para otro, no se puede poner una fecha exacta de cuando comenzó el Ásatrú. Además a día de hoy seguimos conformando día a día nuestra fe, nuestra espiritualidad y nuestro modo de entender la vida, como individuos y como pueblo, por lo que no se debe caer en la trampa de copiar el pasado de manera total o de hacer una suerte de “arqueología de fe” para vivir nuestra religión y para sentir lo que sentimos hoy.
No obstante, en la era de la información en la que nos encontramos, en la cual el principal problema para encontrar algo no es, por lo general, la falta de información, sino la sobrecarga de la misma que nos dificulta diferenciar cuál es fiable y válida y cuál no lo es; es importante tener claros los cimientos del edificio espiritual que construimos día a día y entender que dichos cimientos los pusieron nuestros antepasados y que nuestros descendientes, seguirán construyendo el edificio. Lo que ocurre en el Microcosmos, repercute en el Macrocosmos, y viceversa. Cada vez que honramos a los dioses, proyectamos una parte de nosotros que identificamos con los atributos que le damos a la divinidad concreta que adoramos, y así mismo, proyectamos nuestra propia identidad como pueblo, por lo que nos fortalecemos a nosotros mismos. Así mismo, la energía que nosotros, como clan, como comunidad, proyectamos a los dioses repercute en todos nosotros, pues nuestra alma es comunitaria y nuestros ancestros forman parte de ella, aunque ya no estén con nosotros, así como los dioses.
Como es arriba, es abajo. La propia física cuántica tiene en cuenta este principio. Así pues, si nuestra cosmovisión se basa en el Yggdrasil, árbol que simboliza el Multiverso; nosotros como persona también somos como un árbol, y todo árbol, para crecer fuerte y sano, necesita tener buenas raíces. El materialismo y el universalismo de nuestros días, a lo que aspira es a arrancarnos las raíces, porque un árbol sin raíces es muy fácil de talar. La importancia de conocer nuestras raíces como personas y como pueblo nos lleva a mirar a nuestros antepasados, a la Historia, pero no para recrearnos en ella, sino para entender el presente y entendernos a nosotros mismos y nuestra realidad.
Si nos remontamos muy atrás, hasta nuestros primeros antepasados podemos apreciar la unidad espiritual de la especie humana, si nos remontamos aún más atrás, a los simios de los que descendemos, sentiremos la unidad espiritual que tenemos con el resto de animales. Así, retrotrayéndonos más y más, a través de millones de años, sentiremos la unión espiritual que tenemos con todos los seres vivos y si nos remontamos a hace miles de millones de años, al polvo estelar del que todo procede, nos daremos cuenta de que somos uno con todo el Universo, con todo lo que existe, ha existido y existirá. Si pensamos en qué somos en comparación con la inmensidad del Universo, nos creeremos insignificantes ¿qué es nuestra nación, nuestra raza, nuestro clan… comparado con los cientos de galaxias que existen? No obstante, el planteamiento lo podemos hacer a la inversa: nuestra nación, nuestra raza, nuestro clan y nosotros mismos somos parte de esa inmensidad inimaginable, por lo que no somos seres insignificantes, somos parte de Midgard, y de ese gran Yggdrasil al que se unen todos los mundos y todos los planos de la realidad.
Si entendemos esto, si entendemos que estamos ligados espiritualmente a todo lo que existe en este y en otros planos, entenderemos la esencia de cualquier religión, de cualquier forma de espiritualidad, que no es ni más ni menos que una interacción con el cosmos, siendo los poderes sagrados que percibimos o intuimos, los dioses, de la misma esencia que nosotros, solo que una magnitud abismalmente superior.

ANIMISMO
Nuestros primeros antepasados ya sabían esto, como si de una memoria ancestral trasmitida durante milenios de evolución se tratase. Del principio de que lo que ocurre en el Microcosmos y lo que ocurre en el Macrocosmos está relacionado, surge la magia simpática, los rituales para atraer la caza, la lluvia, la fertilidad… Nuestros ancestros ya intuían a los poderes sagrados, sabían que más allá de un puñado de huesos y músculos, el homo sapiens y el resto de animales, plantas, lugares… tienen una parte espiritual, más allá de la física. Esa creencia en que hay una realidad espiritual más allá de la material es la primera forma de religiosidad, el animismo, es decir, la creencia de que todo tiene un alma. Sabemos que desde los orígenes del hombre, hace 100.000 años, esta creencia está presente en todos los grupos humanos. Así pues, dado que el ser humano no tiene instintos tan fuertes como el resto de animales, no hubiera podido sobrevivir sin la cultura y sin su trasmisión de generación en generación. Esto quiere decir que, aunque todos los seres humanos tengan lenguaje articulado, existen diferentes lenguas humanas y, del mismo modo, aunque sea común el animismo como religiosidad de toda la Humanidad, cada pueblo desarrolló una forma de animismo adaptada al lugar donde vivía y a su cultura, y así mismo, entendió a los poderes sagrados de una manera diferente.
El ser humano, por su propia naturaleza, es tribalista. Tiende a socializar y a agruparse en clanes, en tribus, en bandas… como el resto de animales se agrupa en manadas, sólo que, por nuestra mayor capacidad para organizarnos, nuestras manadas son mayores que las de otros mamíferos. Como ellos, tenemos el concepto del Yo frente a los Otros dentro del grupo del que formamos parte, y del Nosotros frente al Ellos, pensando de manera comunitaria. La familia, el clan, la tribu… son agrupaciones, cada vez más grandes, que nos permiten sobrevivir y que, en el plano espiritual se traducen a sentir un alma comunitaria, un espíritu común de la colectividad, del grupo del que formamos parte. Así mismo, el culto a los ancestros, está presente desde los primeros momentos, pues el ser humano tiene conciencia de la muerte y entiende que aquellos que ya no están en este plano de la conciencia, siguen ligados a los vivos, a los que aún habitan este mundo. Por lo tanto cada clan o cada tribu tendrá ancestros en común, o un origen común, real o simbólico, que en todo caso sirve para identificarse con la Comunidad con la que se forma parte.
Esto es así en todos los lugares de la Tierra, en todas las culturas. Desde los nativos americanos, hasta los aborígenes australianos, pasando por cualquier etnia que se nos ocurra. Trasmitidas de generación en generación por vía oral, las historias sobre los antepasados se convierten en leyendas y en mitos, y cada generación incorpora sus valores y su visión del mundo a la herencia recibida, para trasmitirla a sus descendientes. Así, nuestros mitos, la historias sobre los dioses y los héroes, nos llegan a nosotros hoy, a través de milenios, como si nuestros antepasados nos hablaran alrededor del fuego, igual que hace miles de años, hacían los abuelos con sus nietos, y estos con los suyos, y así hasta que alguien los puso por escrito hace solo unos cuantos siglos.
Dado que el ser humano es tribal por naturaleza, cuando un grupo humano era demasiado grande, tendía a desgajarse en grupos más pequeños. Del mismo modo, los grupos pequeños, tendían a unirse con otros. De esta forma, los clanes de una misma tribu serán autónomos, pero se sentirán parte de un mismo tronco común, y las familias de un mismo clan, cada hogar, cada pareja con sus hijos alrededor de un fuego, será parte de un clan. Por ello, uniéndose y separándose, según las circunstancias, nacen las diferentes comunidades humanas, siendo todas de la misma especie. Sin embargo, cuando en un momento dado la sabana africana no fue suficiente para abastecer a todos los seres humanos, cuando los hielos del norte se retiraron un poco, comenzó una gran migración que llevó al ser humano a poblar la práctica totalidad del planeta.
Estos movimientos migratorios tuvieron como resultado que ciertas tribus y clanes, se asentaran en el gran continente Eurasiático, que por aquel entonces, estaba poblado por otra especie homínida, los neandertales. Son muchos los enigmas sobre la relación que tuvieron sapiens y neandertales, quizás el mito de los trolls proceda de la imagen que nuestros antepasados tenían de esos animales, parecidos a los hombres, pero que no eran hombres, cuando se topaban con ellos. En todo caso, ambos grupos se evitarían mutuamente o, quizás en algunas ocasiones, por alguna circunstancia, tuvieron contacto, tal vez hubo hibridación o tal vez las dos especies eran demasiado diferentes, sino biológicamente, sí culturalmente. Sea como sea, lo cierto es que nuestra especie acabó siendo la única sobre el planeta y los neandertales desaparecieron.
Durante milenios separados, alejados de los primeros hombres que permanecieron en África, y por adaptación al nuevo clima, surgieron las razas. Podemos diferenciar tres troncos raciales o quizás cuatro: el tronco racial negroide, los que permanecieron en África y, de los que migraron a Eurasia, podemos distinguir dos troncos raciales, caucasoide o europoide, y mongoloide. Un supremacista negro diría que la raza negroide es la más pura, un supremacista blanco o asiático dirá que es la menos evolucionada. Ambas afirmaciones son absurdas. Sencillamente, es la más antigua y, genéticamente, la más diferenciada de las otras dos. De este origen de las razas podemos ver claramente que no hay razas superior o inferiores, sencillamente la especie se adaptó al medio natural como todas las especies animales.
Esta adaptación al medio natural fue física, con algunos cambios fenotípicos como el color de la piel, que es el más llamativo (razón por la que tradicionalmente se
nombra a las razas por colores, cosa que desde mi punto de vista es una simpleza) pero fundamentalmente, dado que la adaptación humana más importante es la cultura, se trató de una adaptación cultural. Esto quiere decir que cuando hablamos de nuestra raza y ponemos énfasis en preservarla, no nos referimos tanto el plano biológico como fundamentalmente, a preservar la cultura ancestral de la que somos hijos. Sin embargo, es evidente que las razas existen y negarlo forma parte de la obsesión del universalismo de pretender que todos seamos iguales, cuando la propia esencia de la especie, como hemos visto, es su diversidad, dentro de la unidad espiritual que nos liga a todos por el hecho de ser humanos y que nos liga con toda la naturaleza y con todo el cosmos, porque tenemos un alma.
Para algunos existe una cuarta raza, el tronco racial australoide, si bien para otros los aborígenes de Oceanía serían, en algunos casos, mongoloides, y en otros, negroides. Se trata de una cuestión de que la que se encarga la genética y la antropología, pero que escapa a mis conocimientos determinar. En cuanto al tema que nos ocupa, que es el espiritual, surgen aproximadamente en el 40.000 a.C., cuando ya las razas están diferenciadas, diferentes tipos de animismo, y el que nos interesa a nosotros, es el animismo europeo.

CHAMANISMO
Si la primera forma de espiritualidad es el animismo, el saber que todos los seres que nos rodean y nosotros mismos, tenemos alma, el siguiente paso intuitivo es entender que hay diferentes planos de la realidad, que hay un plano o varios que no percibimos, pero intuimos. Sabemos que existen muchas dimensiones, pero nuestros sentidos sólo pueden percibir tres. Del mismo modo sabemos que existen conceptos matemáticos como el infinito, que no podemos imaginar, pues nuestra capacidad es finita, pero sí podemos intuir, representar y hasta operar con ellos.
Si imaginamos que nuestros sentidos sólo pudieran percibir dos dimensiones (altura y anchura), ¿cómo percibiríamos a un ser tridimensional? Pues como una proyección en dos dimensiones, sin profundidad. Así mismo, podemos percibir realidades de cuatro o más dimensiones en tres dimensiones, nuestro ojo no puede ver la cuarta dimensión, pero a partir de la proyección, podemos deducir que un objeto tiene cuatro dimensiones. Este ejemplo es válido para decir que hay una realidad que no vemos, que no sentimos, pero que sí podemos intuir. Por ejemplo, no vemos las ondas de radio, ni las podemos tocar, escuchar… pero están ahí.
La existencia de otros planos de la realidad está presente en la filosofía desde sus comienzos y ya sería intuida por nuestros primeros antepasados. La concepción de esos otros planos y la relación de estos con el plano en el que nos desenvolvemos conscientemente, varía según la cultura y según la corriente filosófica. Para Platón, los planos están separados, y esta misma concepción será propia de las religiones del Medio Oriente, entre ellas, el cristianismo, que no deja de ser un neo-platonismo judaizado. Sin embargo, para nosotros y para otras muchas tradiciones, esos diferentes planos de la realidad están interrelacionados y conectados entre sí, formando un Multiverso que representamos en el Yggdrasil.
Poniendo el ejemplo de antes, un ser bidimensional intuiría a los seres tridimensionales por su proyección en dos dimensiones, por su sombra, y puede pensar que se encuentran en otro mundo, pero lo cierto es que están en el mismo mundo que él, solo que en otro plano que no puede ver. Si tuviera que representar a esos seres tridimensionales, lo haría en dos dimensiones. Hay pues, interrelación entre los planos de la realidad, y un ser de tres dimensiones podría actuar en un plano bidimensional e incluso proyectar su sombra sobre dos dimensiones siendo un ser inter-dimensional. La muerte sería entendida como el paso de un plano a otro de la existencia, siendo la muerte una percepción de nuestra consciencia: consideramos que alguien muere cuando ya no está en nuestro plano de la realidad.
El chamanismo consiste en que ciertos individuos tienen la capacidad para acceder a esos otros planos en determinadas circunstancias, o tienen una segunda visión para percibir a seres que habitan en ellos, especialmente, a los espíritus de los antepasados o de los difuntos en general. Ese otro plano de la realidad, al que muchos han llamado plano astral, y que dividen en diferentes regiones, es el plano al que accedemos durante el sueño o mediante la meditación. Multitud de personas con experiencias cercanas a la muerte afirman haber visto sus propios cuerpos o escuchado conversaciones cuando estaban inconscientes. Deducimos pues que todos, en ciertas circunstancias, podemos acceder a otros planos de la realidad. Pero los chamanes tienen una facilidad superior para ello, tiene una segunda visión, que les permite entrar en contacto con esos mundos, abrir una puerta a esos otros planos.
Así mismo, el tiempo y el espacio son relativos, nosotros intuimos el pasado, el presente y el futuro, pero lo cierto es que no existen como tal, lo que existe es lo que fue, lo que es y lo que puede ser, que nosotros, en nuestra tradición, representamos con las Nornas. Por lo tanto, en otros planos de la realidad, no hay esa diferenciación entre tiempo y espacio, por eso en los sueños podemos viajar a la velocidad del pensamiento de unos lugares a otros, o dar saltos en el tiempo. Partiendo de la base de que, lo que recordamos de los sueños es sólo una mínima parte “decodificada” de lo que hemos soñado, por lo tanto, filtrada y traducida a la realidad que conocemos. El acceso a esos otros planos de la realidad, más allá de nuestra concepción del espacio-tiempo, lleva a ver lo que nosotros conocemos como el futuro. Por eso, las personas con esa segunda visión, los chamanes, pueden adivinar lo que va a acontecer o actuar como oráculos.
Por otro lado, las dolencias físicas tienen una parte espiritual y es posible aliviar una dolencia física actuando sobre el plano espiritual. Muchas enfermedades son meramente psicosomáticas, en otros casos, una buena actitud sirve para curar. Es lo que solemos llamar “efecto placebo”. Por este motivo, los chamanes en la época ancestral que nos estamos refiriendo, también actuarían como curanderos, puesto que no se diferenciaba como ahora la sanación física de la espiritual. La medicina moderna, en una actitud de soberbia y de fetichismo tecnológico, ha subestimado técnicas de medicina tradicional que en otros lugares, especialmente en Asia, tienen grandes resultados. Las persecuciones a las “brujas” durante los siglos más oscuros de la Europa cristianizada tienen la culpa de que gran parte de ese saber milenario se haya perdido en nuestra cultura.
Del mismo modo que el animismo, el chamanismo se desarrolló de forma diferente según la cultura. Tenemos muchos tipos de chamanismo, del que luego surgirán las religiones de la Antigüedad siendo estas prácticas chamánicas la base de la religión en las primeras civilizaciones. No existe, sin embargo, un chamanismo europeo propiamente dicho, pero sí tiene que ver con nosotros el chamanismo de origen siberiano y de los Urales, propio de los pueblos del Ártico que se asentaron en el norte de Escandinavia, como los saami o los ugro-fineses. El chamanismo no surge a la vez en todos sitios, teniendo las primeras formas de chamanismo en Asia más de 14.000 años de antigüedad, pero el origen del chamanismo ártico que nos ocupa, se remonta aproximadamente al 8000 a.C.

POLITEÍSMO
A medida que la sociedad se vuelve más compleja, sus creencias también se empiezan a ocupar de fenómenos abstractos, no sólo de las fuerzas de la naturaleza o de otros planos de la realidad. Muchos ateos se agarran a decir que los dioses son una construcción humana, en un intento de negar su existencia. Pues bien, los dioses son una construcción humana… del mismo modo que las personas lo son ¿duda alguien de la existencia de las personas? Cuando un niño nace sus padres le ponen un nombre, nombre que tiene unas connotaciones concretas, que tiene un significado para ellos. Es el primer acto por el cual se entiende que el recién nacido es parte de la familia, es parte del grupo. Como no nacemos aislados sino que nacemos siendo parte de una cultura, el recién nacido irá adquiriendo los elementos propios de su cultura, desde que aprende a hablar, e irá conformando su propia identidad. La identidad se compone de muchos aspectos: su identidad sexual, su ideología, su religiosidad, sus gustos… y todo ello hace que sea algo más que músculos y huesos, que sea un producto de la cultura, es decir, una persona. Si se acaba con la identidad de alguien, se le destruye como persona, si se acaba con la identidad de un pueblo, se lo destruye como pueblo. Eso es, en el fondo, lo que pretenden hacer quienes promueven una visión materialista de la existencia.
Así pues, si desde un aspecto material tenemos un cuerpo, unos órganos, un esqueleto… que nos hace ser homo sapiens, desde un punto de vista cultural tenemos una identidad que nos hace ser personas y desde el punto de vista espiritual tenemos un alma que es nuestra esencia y nos hace ser parte del cosmos; los dioses también tienen una naturaleza múltiple. Del mismo modo que en matemáticas intuimos el concepto de infinito y podemos representarlo y operar con él, pese a que sea un concepto que nos supera, desde tiempo ancestral nuestra especie ha intuido el concepto de divinidad, lo ha representado y ha operado con él. Así mismo, poniendo el mismo ejemplo, sabemos que hay muchos infinitos (la suma de los números impares es infinita, la suma de los números pares, los múltiplos de cualquier número, los decimales del número Pi…) que no son iguales entre sí, intuimos el concepto de divinidad (como el de infinito) pero sabemos que hay muchos dioses. Nace así el politeísmo.
Un dios o una diosa no es sólo la intuición de un poder sagrado, sino que además es el reflejo del alma del pueblo que los ha creado, que los representa a su imagen y
semejanza y se identifica con ellos, y también les atribuye determinados atributos y características abstractas. Hay varios tipos de dioses, en función de su naturaleza, y el dios o la diosa nos sirven como un canalizador a la hora de central nuestra energía, nuestra espiritualidad, hacia aquello que proyectamos de nosotros mismos, y hacia aquello que buscamos del Macrocosmos hacia nuestro Microcosmos personal.
Por poner un ejemplo claro, los godos tenían a Gaut como su dios nacional, y se denominaban a sí mismos gautas, es decir, descendientes de Gaut, ligándose como un ancestro común con el dios. Así pues tenemos de una parte la intuición de un poder sagrado, la unión con los ancestros y con el propio pueblo, y la construcción de un arquetipo concreto, como Padre, dios de la guerra, de la sabiduría… pues de Gaut evoluciona Wotan, como era nombrado por todos los pueblos germánicos, y finalmente de Wotan deriva la palabra Odín, hasta hoy. Del mismo modo que nosotros como cinco años y con veinte somos la misma persona, pero hemos evolucionado, también evolucionan los dioses y el concepto de Odín en el siglo IX no es el mismo exactamente que tenemos hoy, ni el que tendrán nuestros nietos.
La naturaleza de los dioses es compleja y siendo los mismos dioses, no todos los vemos igual. Pero lo que sí está claro es que los dioses son propios de cada pueblo, precisamente porque han sido elaborados por una cultura, son la proyección del mismo pueblo y de los propios ancestros, por lo que no puede existir un dios universal, todo lo más, el dios de un pueblo barrerá a los dioses del resto de pueblos si su pueblo elimina al resto de pueblos de la Tierra. Del mismo modo que todos hablamos una lengua y no hay una lengua “verdadera” siendo las demás “falsas”, con independencia del número de hablantes que tenga; cada pueblo tiene sus dioses, fruto de su cultura, y no hay unos “verdaderos” frente a otros “falsos”. Los diferentes pueblos irán elaborando su concepción de los dioses, entre ellos los indoeuropeos, que lo harán aproximadamente en el IV Milenio a.C.
El politeísmo indoeuropeo nace en la zona de los actuales India e Irán. Los pueblos indoeuropeos migrarán desde esa zona originaria hacia el este, estableciéndose en Irán, los indo-arios, y conformando el politeísmo indo-iranio posteriormente, propio de la civilización persa y del cual se derivará posteriormente el mitraísmo y el mazdeísmo. Otros migrarán a la actual Europa y a la península de Anatolia, y un tercer grupo se establece en el Valle del Indo, conformando el politeísmo védico, antecesor del hinduismo entre otras religiones.
De la fusión de los pueblos indoeuropeos con los habitantes pre-indoeuropeo del continente, que podemos denominar cromañones, y con los pueblos de origen siberiano establecidos en el Ártico, nace la milenaria cultura europea de la que somos hijos. Los indoeuropeos tenían una cultura guerrera y patriarcal, que se fusionó con la cultura campesina y matriarcal de los cromañones, de pueblos como los vascones, los iberos, los estonios o los etruscos, indo-europeizando también a estos pueblos. Este proceso, en nuestra tradición, se explica mediante la guerra entre los Ases y los Vanes, y la paz entre ellos, con intercambio de rehenes. Así pues, el culto a divinidades telúricas y a las fuerzas de la naturaleza, así como a la Diosa Madre, propio de los cromañones, se fundió con el culto a los fenómenos atmosféricos y los dioses que representan conceptos abstractos, propios de los indoeuropeos, y con el chamanismo del Ártico.
De ese origen indoeuropeo surgen varias familias de pueblos: los germanos, los celtas, los grecolatinos, los eslavos y los baltos, desarrollando cada uno de ellos su propio politeísmo, del mismo modo que desarrollaron su propia lengua y costumbres, pero todos hermanos de sangre y, por tanto, con muchas características comunes. Entre estas características el hecho de la división social en tres estamentos: sacerdotes, guerreros y campesinos; fruto de la fusión entre el sustrato pre-indoeuropeo y los indoeuropeos. Esta división social se plasma en una tríada de dioses principales, que generalmente tienen que ver con estos aspectos, que en nuestro caso serían Odín, Thor y Freyja o Freyr. De esta división triple, el cristianismo derivará a la Santísima Trinidad (que a todas luces es politeísta, por muchas vueltas que le den) y la división social medieval entre clero, nobles y campesinos.
Son muchas las características comunes de las religiones de origen indoeuropeo, pero principalmente podemos entender que hay una cosmovisión formada por las fuerzas primigenias de la naturaleza desbordada (gigantes, titanes, fomorianos…) que representan el caos, en antítesis a las fuerzas de la naturaleza creadora y dadora de vida, y de los dioses atmosféricos y que representan conceptos abstractos, que representan el orden. A diferencia de las religiones del Próximo Oriente, cuya cosmovisión se basa en una antítesis entre el Bien y el Mal, la cosmovisión indoeuropea se basa en la antítesis
entre el Orden y el Caos, que se suceden de manera cíclica: a un mundo le sucede otro del mismo modo que las estaciones se suceden o que hay que morir para volver a nacer.
Entre todos esos politeísmos se encuentra el politeísmo germánico, que surge aproximadamente en el 1700 a.C. Este es origen de nuestra fe actual, aunque lógicamente, después de casi 4.000 años, estando proscrita los últimos diez siglos en toda Europa, nuestra forma de entenderla ha cambiado sustancialmente a como nuestros antepasados la concebían en el II Milenio a.C. No obstante, la esencia sigue siendo la misma, los valores siguen siendo los mismos, que hace 4.000 años. Los dioses de la naturaleza serían los Vanes, los dioses de la guerra, del trueno, de la templanza, de la justicia, de la venganza… serían los Ases, y el chamanismo o la magia rúnica, el seidr y el galdr, procedería del chamanismo ártico. Esta fe dio a los pueblos germánicos, ya fueran godos, francos, longobardos, alamanes, getas, marcomanos, suevos, vándalos, burgundios, hérulos, vikingos… una serie de valores y una visión del mundo.
Esta visión del mundo y esa espiritualidad, persistió en ellos pese al barniz cristiano, y se extendió por toda Europa con las migraciones e invasiones germánicas durante la Edad Media, para fusionarse con el sustrato celta, eslavo, báltico o grecolatino y conformar las naciones europeas, desde los Urales hasta Lisboa. Desde que Islandia se convirtió formalmente al cristianismo por votación de su Althing, para evitar la invasión de los reyes noruegos, en el año 1000, la vieja religión germánica que quedó relegada frente al Cristo blanco del Medio Oriente. Desde que los godos entraron en el Imperio Romano y se inició una lucha entre los partidarios de romanizarse y cristianizarse, liderados por Fravitas, y los partidarios de mantener su identidad y sus creencias, liderados por Eriulfo, hasta los últimos vestigios escandinavos, hubo una dura lucha entre los germanos y finalmente las élites impusieron el cristianismo al pueblo, pues este servía bien a sus propósitos de dominación.

MONOTEÍSMO UNIVERSALISTA
La religiosidad natural de los pueblos, cuando estos son libres y no están sometidos al yugo de una minoría, es totalmente contraria a dogmas e imposiciones, y mucho menos al concepto de universalismo. Nadie, hasta los últimos dos milenios de la Historia de la Humanidad, pretendió “convertir” a otro pueblo a su religión, porque la religión era una cuestión, sobre todo, identitaria. Un celta adoraría a los dioses celtas, un germano a los dioses germanos, un egipcio a los egipcios, un sumerio a los sumerios…
y nadie pretendía a otra cosa. Sin embargo cuando surge la dominación de unos seres humanos sobre otros, surge el Estado y con este, la casta sacerdotal como un órgano separado del resto de la población, que aleja la religión, antaño al alcance de todos, y se autoproclama como único interprete de la Divinidad. No se trata de la función sacerdotal, que antaño llevaban a cabo algunas personas, con especial prestigio social por ser responsables de esta función, pero que a fin de cuentas era fruto de un reparto de tareas (hay quienes se dedican a los dioses, como hay artesanos, campesinos o pescadores). Cuando se establece una casta cerrada, privilegiada, se da el paso de una sociedad jerarquizada pero igualitaria, a una sociedad estratificada, con desigualdades sociales. Es en este momento cuando la religión pasa de ser algo popular, a ser un instrumento de dominación, y se crean los dogmas y el concepto de pecado. Este proceso se dio en el Próximo Oriente, cuna de los primeros Estados, pero en Europa fracasó cuando se produjo en la civilización micénica, siendo los europeos un pueblo libre organizado en Comunidades, pero no en Estados. Cuando estas Comunidades (polis, civitas, confederaciones tribales…) degeneraron, surgen los Estados y se copiaran los usos orientales, propios de la teocracia, en lugar de los usos europeos, propios de una democracia comunitaria, identitaria, donde los hombres libres elegían a sus jefes como primeros entre iguales. Cuando un Estado, parapeto ideológico de una minoría que domina al pueblo, aspira no solo a dominar a su propio pueblo, sino también a otros pueblos, surgen los Imperios. El Imperio es el máximo grado de la dominación política en una sociedad, glorificado hasta la saciedad, sin embargo es el reflejo de la decadencia y la muerte de la libertad. Es en el seno de los Imperios, cuando se pretende acabar con la identidad de los pueblos y convertir así a la gente en masa, fácilmente esclavizable y sumisa, cuando surge el concepto de Dios único y verdadero, frente a los “falsos ídolos”.
No hay que confundir este monoteísmo con la monolatría o el henoteísmo, siendo la monolatría el culto por encima del resto de dioses de uno en concreto, generalmente un dios nacional, pero admitiendo la existencia de otros dioses para otros pueblos; y el henoteísmo la creencia de que todos los dioses son manifestaciones de diferentes aspectos de un único ser divino. Esta corriente henoteísta es una visión filosófica o teológica que puede perfectamente convivir con otras, del mismo modo que hoy en día, en el hinduismo hay escuelas panteístas, politeístas y henoteístas, e incluso
variantes no teístas, y todas son hindúes. Sin embargo lo que ocurrió en el Imperio Romano, cuando el henoteísmo empezó a tener mucha aceptación entre las élites culturales, es que el poder imperial aprovechó esto para tender, poco a poco, hacia el monoteísmo. Del culto al Divino Augusto se fue pasando al culto al César, como dios viviente, copiando los usos orientales.
La influencia asiática del despotismo oriental en el aspecto político, también tuvo implicaciones religiosas, entre ellas la introducción del culto a dioses orientales como Mitra o Cibeles, que fueron asimilados por el panteón romano. Por la influencia oriental surgieron los cultos mistéricos, entre los cuales estaba el hermetismo y el gnosticismo, y que serán el germen de la teosofía y posteriormente del ocultismo y de sociedades secretas como la masonería, los rosacruces, la aurora dorada… así como de religiones que tienen influencias de diversas fuentes, como el Thelema o la Wicca e incluso, por la lógica influencia cristiana, del luciferismo.
Una de las influencias religiosas orientales fue la llegada de la secta judía de los nazarenos, que había sido helenizada por Pablo de Tarso, recibiendo influencias de intentos fallidos de monoteísmo como el atenismo en Egipto así como del monoteísmo persa, el mazdeísmo. Toda esta mezcla de influencias dio como resultado el cristianismo.
En un primer momento el cristianismo fue considerado una superstición y los cristianos fueron perseguidos por negarse a rendir culto al Divino Augusto. Los intentos de instaurar un monoteísmo por parte del Imperio fueron más bien centrados en el culto solar, por influencia egipcia, y se intentó con Helios, pero la tentativa no tuvo éxito. Fue Constantino el que se dio cuenta de que el cristianismo le venía muy bien para consolidar la idea de “un solo Dios, un solo Imperio y un solo Emperador” y despenalizó a los cristianos, creando una versión oficial basada en el dogma trinitario, universal (es decir, católica) para todo el Imperio y desterrando el resto de herejías y sectas cristianas. Construyó la Nueva Roma, Constantinopla, sin un solo templo de la vieja religión romana y convirtió el cristianismo en una religión romana judaizada. Teodosio fue más lejos aún, declarándola religión oficial del Imperio, y proscribiendo a las viejas religiones de Europa. Comenzaba así el largo periodo de 1600 años de persecuciones, hogueras y profanaciones en nombre de la cruz redentora, coincidiendo con la decadencia final y la destrucción del Imperio, sobreviviendo sólo el Imperio oriental.

PAGANOS Y HEATHEN
Como podemos ver, aunque el cristianismo se había expandido entre las capas populares, entre otras cosas porque los cristianos daban asistencia a sus hermanos de fe, cumpliendo una acción social que el Estado romano no ofrecía a sus ciudadanos, convirtiéndose en la religión de los débiles y desfavorecidos; pese a ello, el grueso de la población seguía rezando a sus viejos y ancestrales dioses. La vieja religión fue perseguida, los templos profanados y miles de europeos fueron asesinados por no renunciar a su cultura milenaria y aceptar el judeocristianismo, en el mayor genocidio de todos los tiempos, en nombre de la paz y el amor.
En las ciudades, bajo control de los funcionarios del Imperio, el cristianismo acabó imponiéndose a sangre y fuego, pero en el campo, lejos del control estatal, la gente seguía adorando a sus viejos dioses. Los habitantes del campo, del pagus, eran mirados con desprecio, considerados rústicos y primitivos, y se atribuyó a su ignorancia el hecho de que siguieran aferrados a los viejos dioses en lugar de aceptar “la fe verdadera”. Por eso fueron llamados paganos.
Por extensión se llamó paganos a todos aquellos que no aceptaron la religión cristiana, incluidos los pueblos germánicos y eslavos de fuera del Imperio. En castellano no existe otra palabra aparte de pagano para hacer referencia a esto, pero en inglés hay una sutil diferencia entre el término pagan y el término heathen, que ambos pueden traducirse como “pagano” pero tienen connotaciones diferentes. Para los germanos que vivían fuera del Imperio, cristianizarse era sinónimo de romanizarse. El Dios cristiano era el dios de Roma, por lo que para entrar en el Imperio, situación a la que se veían abocados por la presión de los hunos, era preciso ser cristianos. Esto, amén de otras ventajas para los caudillos germánicos, que ya empezaban a proclamarse reyes asumiendo el ceremonial y los usos romanos, hizo que la mayoría de estos pueblos se bautizara en masa, siendo, como es natural, una conversión puramente nominal. Los germanos eran fundamentalmente una población rural, por lo que la antítesis entre el habitante de las ciudades y el pagano, que vivía en el campo, no tenía mucho sentido. Muchos de estos pueblos se convirtieron a alguna herejía cristiana en lugar de a la variante católica oficial, para mantener su identidad y no disolverse entre la cultura romana. Tal fue el caso de los godos y su conversión al arrianismo. La diferencia entre los germanos no era entre los que son rústicos y aún creen en “los falsos ídolos”, como promovería la propaganda cristiana en el Imperio, sino entre los que conocen a Dios y los que no lo conocen, siendo estos, los primitivos, salvajes, bárbaros… y los cristianos los civilizados.
La palabra inglesa heathen deriva del inglés antiguo hæðen y del nórdico antiguo heiðinn, que a su vez parece derivar del gótico haiþno, término con el que Ulfilas traduce la expresión “gentil” en la Biblia traducida a la lengua goda, palabra usara para referirse a los no judíos y, por extensión, a los no cristianos o musulmanes. Lo mismo sucede en euskera con el término jentil, que se traduce también por pagano, para referirse a los vascones que seguían adorando a sus viejos dioses. Aunque ambos términos, pagano y gentil, son usados peyorativamente, lo cierto es que hoy en día la mayoría de creyentes de las religiones nativas europeas se reconocen como paganos o como heathen con orgullo, precisamente por ese rechazo al Dios cristiano, reivindicando la pureza del campo y sus viejos valores ancestrales (para el término pagano) o el hecho de no conocer, ni querer conocer, al “Dios verdadero” (para el término heathen).

PROSCRIPCIÓN CRISTIANA
Desde el Edicto de Tesalónica del año 380 se inició una persecución paulatina de las viejas religiones europeas. Se talaron arboledas sagradas, se profanaron santuarios, se destruyeron estatuas de los dioses… y se destruyó gran parte de la milenaria cultura europea. Se produjo el exterminio de miles de europeos para mayor gloria de Jehová y su clero… pero no pudieron exterminar el alma europea. Después de las persecuciones imperiales, se produjeron persecuciones por parte de los reyes germanos conversos al cristianismo, algunos de ellos considerados santos por la Iglesia, como Olav II de Noruega. Se glorificó como santos de la Cristiandad a los responsables del genocidio europeo, como San Patricio en Irlanda, que exterminó a cientos de paganos celtas y sin embargo hoy se celebra esa efeméride como fiesta nacional irlandesa. Carlomagno emprendió guerras para convertir por la fuerza a paganos sajones y eslavos, llevando a cabo atrocidades contra ellos. La Orden Teutónica masacró a los baltos en la Cruzada contra Lituania… el número de matanzas y crímenes en nombre del Dios único de los
cristianos es incontable, pero aunque llenaron de sangre la Madre Europa, la cultura europea sobrevivió bajo el barniz cristiano.
Hubo criptopaganos hasta bien entrada la Edad Media, sobre todo en algunas zonas, más o menos tolerados por los poderes cristianos. Pero el cristianismo, para poder imponerse, tuvo que paganizarse totalmente. Las fiestas cristianas son todas de origen pagano, las órdenes de caballería tienen más que ver con los viejos valores europeos que con el “poner la otra mejilla” de la Biblia, el folclore, las leyendas populares, la música, la literatura… la vieja espiritualidad europea sobrevivió pese a todo.
En el caso de la religión germánica, que es el que nos ocupa, las Eddas fueron escritas en el siglo XII por Snorri Struluson, preservando la memoria de nuestros dioses y mitos. Las sagas, las historias populares… nos han llegado hasta hoy, trasmitiendo el legado de nuestro pueblo. Lógicamente, cuanto más al norte, cuanto más superficial fue la cristianización y más tardía, más viva está la vieja religión. Sin embargo en España tenemos una gran cantidad de elementos en el folclore popular de origen germánico: los “martinicos” en Castilla no son sino duendes, los “malismos” son trolls, la Santa Compaña es la Hueste Salvaje de Odín, la leyenda de San Jorge y el dragón no es sino la de Sigfrido, los hombres-lobo… el folclore popular español está lleno de elementos de claro origen germánico, celta o latino, en ocasiones cristianizados.
Aunque formalmente cristiana, la sociedad europea ha seguido celebrando sus fiestas y manteniendo, aunque judaizados, los valores de sus ancestros, resistiéndose a morir y celosa de su identidad frente al universalismo. El cristianismo de España no fue igual que el de Francia, el de Italia o el de Alemania y cuando se produce el cisma protestante en el siglo XVI, lo que hay es una intención de crear Iglesias nacionales frente a la Iglesia de Roma, lo cual se tradujo en ocasiones en el cisma, y en otras, en el regalismo y en hacer del catolicismo una política de Estado. Con el Renacimiento se produce una vuelta a la cultura clásica y se inicia el lento pero imparable proceso de descristianización de Europa.

RESURGIR DE LAS RELIGIONES NATIVAS
A partir del siglo XVIII, con la Ilustración, se empezó a cuestionar muchos de los dogmas del cristianismo, en un clima de mayor tolerancia religiosa tras las guerras
de religión y el fanatismo que había caracterizado los dos siglos anteriores. Surgieron muchas corrientes filosóficas cristianas que buscaban una explicación racional de Dios y empezaron a popularizarse entre los intelectuales corrientes como el panteísmo o el deísmo, alejadas del dogmatismo. Este clima propició la investigación y la recuperación de las viejas formas de religiosidad europeas en el siglo XIX, dentro del movimiento romántico, en el contexto de profundizar en la cultura y las raíces de los pueblos. El Romanticismo fue una exaltación de lo nacional frente a lo universal, en todos los aspectos, y ello llevó a que se retomara un gran interés por las viejas formas de espiritualidad.
Es en el siglo XIX cuando surge la Etenería o Etenismo, castellanización del término inglés Heathenry, derivado de heathen, término que he explicado anteriormente. Surge dentro del movimiento romántico alemán y escandinavo, así como en el contexto del “revival” vikingo de la Inglaterra victoriana. El estudio de los pueblos germánicos y el nacionalismo, plasmado en el arte y en la música, sobre todo en la obra de Richard Wagner, impulsó notablemente la recuperación del viejo politeísmo germánico, pero mezclado con el esoterismo, el misticismo y una gran variedad de corrientes ocultistas. En estos tiempos, había una sed de conocimiento, pero después de siglos de persecución cristiana, la vieja religión estaba muy mezclada con otras cosas. Al tiempo que se inicia un movimiento para recuperar el paganismo germánico, ocurre lo mismo con otras religiones nativas europeas, siendo el siglo XIX el periodo en el que surge el Druidismo a partir del politeísmo celta, el Rodismo a partir del politeísmo eslavo, la Romuva y la Dietruba, a partir del politeísmo báltico o el Dodecateísmo a partir del politeísmo griego.
La primera vez que se emplea la palabra “Ásatrú” es en la ópera Olaf Trygvason del compositor noruego Edvard Hagerup Grieg, en 1870. Es una etapa que podríamos llamar de proto-Odinismo, puesto que la religión aún no estaba conformada como tal, estaba empezando a aflorar en medio de las brumas y todavía con una grandísima contaminación judeocristiana. A finales del siglo XIX, dentro del ocultismo y el esoterismo alemanes, nació la ariosofía en Austria, como un sistema ideológico esotérico que mezclaba muchos elementos, entre ellos runas y elementos paganos germanos, pero con un significado muy distorsionado. Uno de sus impulsores, Guido von List, uso el nombre de wotanismo para esta corriente. El wotanismo sería la base del misticismo nazi durante los años 30 del siglo XX, mezclándose con ideas supremacistas y siendo posteriormente, tras la II Guerra Mundial, retomado e impulsado por David Lane. En medio de ese caldo de cultivo en el que se mezclaba esoterismo y ocultismo, cristianismo heterodoxo y un intento de recuperación de la vieja religión germánica, es cuando nace en Australia la Iglesia Anglicana de Odín, también con un carácter más supremacista que religioso, impulsada por Alexander Rud Mills. Rud Mills era un militante de extrema derecha cuyas ideas religiosas eran una mezcla entre el cristianismo, el esoterismo y el paganismo germánico, que sin embargo escribió muchos artículos relacionados con el odinismo. Del mismo modo que en este proto-odinismo nos encontramos figuras de extrema derecha como Rud Mills, también hay que destacar al escritor alemán Ludwig Fahrenkrog, fundador de la Deutscher Bund für Persönlichkeitskultur que impulsó la recuperación de la religión germánica pre-cristiana, siendo su obra censurada por el III Reich, en 1934.
Pero sin duda la figura fundamental del odinismo, tal y como lo conocemos ahora, es la danesa Else Christensen, la Madre Folk. Else, perseguida junto a su marido tras la ocupación nazi de Dinamarca y refugiada después en Canadá, tuvo conocimiento en los años 60 de la obra del proto-odinista Rud Mills, y leyó su obra La llamada de Nuestra Vieja Religión Nórdica, lo que le llevó a conocer a su viuda en Australia, creando en 1969 el Grupo de Estudios Odinistas, posteriormente llamado Hermandad Odinista. Else Christensen, a través de su informativo The Odinist, fue la gran impulsora del Odinismo moderno, tal y como lo entendemos hoy, razón por la que está considerada como la gran Madre del Odinismo.
El impulso de Else y de la Hermandad Odinista fue lo que posibilitó el que desde los años 70 fueran surgiendo confesiones nacionales en casi todos los países. En 1972 se fundaba la Ásatrúarfélagið en Islandia, impulsada por Sveinbjörn Beinteinsson, reconocida por el Estado islandés al año siguiente, siendo la primera confesión odinista reconocida por un Estado soberano en el mundo, precisamente en Islandia, el último país en abandonar de forma oficial la vieja religión germánica en el año 1000. En 1973 se fundaría el Odinic Rite en Inglaterra y en 1974 la Ásatrú Free Assambley en Estados Unidos, impulsada por Steve McNallen. En lo referente a nuestro país, en 1981 se funda el Círculo Odinista Español, impulsado por Ernesto García, precursor de la actual Comunidad Odinista de España. La restauración y reconocimiento oficial de la vieja fe puso fin a 1600 años de persecución, pero lógicamente no es el final del camino.

ACTUALIDAD
La religión es algo vivo y, como hemos ido viendo, nuestra fe tuvo que pasar un largo invierno de persecución, pero no llegó a morir nunca. Del Odinismo han surgido, como es normal, varias tendencias, destacando el Ásatrú y el Vanatrú, como las principales variantes. Si hace un siglo estábamos saliendo de las brumas, hoy ya somos una religión consolidada, aunque minoritaria, como si nuestros dioses, que nunca llegaron a morir, hubieran comido otro bocado de la manzana de Idunn y tras ese largo invierno, por fin, volviese la primavera. No hay que borrar los 1600 años de cristianización de Europa, porque como en otras ocasiones he dicho, bajo el barniz cristiano estaba el alma europea latente. Se trata sencillamente de re-europeizar Europa, de eliminar lo extraño, lo que nos fue impuesto, y restaurar lo nuestro.
Recrear no es hacer arqueología de la fe y pretender copiar lo que hacían nuestros antepasados en el siglo X como si nada hubiese pasado. Es, como la palabra indica, re-crear, volver a crear, pero desde el conocimiento y desde la tradición que nos ha llegado. Somos un puñado de fieles, pero del mismo modo que aunque sólo unos cuantos cristianos vayan a misa los domingos la cultura cristiana es mucho más amplia, nuestra cultura odinista se proyecta más allá de las creencias.
La literatura, la música, el arte… todo está impregnado de nuestros valores. Mucha gente, aunque quizás no sabe ponerle nombre, tiene los viejos valores nativos europeos en su corazón, pese al lastre del cristianismo. Los valores pueden haberle llegado porque le gustan los videojuegos o juegos de rol basados en la mitología nórdica, porque le gustan grupos de heavy metal como Manowar o el viking metal, porque le gusta el neo folk, porque le gusta la literatura y se ha leído las Eddas o alguna saga, porque le gusta la recreación histórica o la historia en general, porque le gusta la esgrima medieval… nosotros no somos ni hemos sido nunca proselitistas, precisamente nuestra fe se basa en que es propia de un pueblo por lo que no pretendemos “convertir” a nadie, somos lo contrario al universalismo, no hay nada parecido a la evangelización en nuestro credo.
Pero sin embargo si podemos, y debemos, extender nuestros valores, dar ejemplo a la sociedad, crear clanes y comunidades fuertes que funcionen de otra manera y servir de luz, ser una antorcha en medio de un mundo de oscurantismo en el que ya no es el enemigo el cristianismo, puesto de rodillas, sino el materialismo anti-religioso y la crítica destructiva que hace de la civilización occidental, preparando la entrada de un enemigo joven y fanatizado, como hace mil años eran los cristianos y de la misma raíz abrahámica: el islam. La Modernidad, el individualismo liberal, el materialismo, el marxismo cultural y las ideologías que han partido de él, es lo que realmente nos supone una amenaza hoy. Todo ello, bajo la gran mentira del universalismo, la globalización, la multiculturalidad.
La guerra hoy es entre quienes quieren una humanidad sin alma, mestiza, con una cultura global, con un idioma global, individual, sin ningún tipo de sentimiento de identidad, de sentimiento comunitario… en otras palabras, una humanidad anti-humana; frente a los que defendemos que cada pueblo, cada etnia, debe mantener su tradición, sus costumbres, y relacionarnos los unos con los otros en pie de igualdad. Los que no queremos conquistar a nadie, ni someter a nadie, pero por lo mismo tampoco nos vamos a dejar conquistar y someter por nadie. Los que no queremos ser esclavos ni tampoco amos.
Esa guerra se libra en muchos frentes, el cultural, el ideológico, el político… pero el principal de todos, el pilar que nos puede hacer vencer, es el espiritual. Quienes desean dominar a la Humanidad nos pueden quitar todos los bienes materiales que quieran, nos pueden perseguir y hasta matar. Pero no nos pueden quitar el alma, salvo que renunciemos a esa parte de nosotros, salvo que aceptemos su concepción materialista de la existencia. Por eso es importante conocer nuestras raíces, saber que el odinismo y las religiones nativas de hoy, tanto en Europa como en toda la Tierra, tienen un origen ancestral milenario, llegar hasta lo más profundo de nuestra alma y del alma de nuestro pueblo para conocerlo, para amarlo, que a fin de cuentas, es amarnos a nosotros mismos. Ese amor propio, a la propia identidad, es lo que no quieren que tengamos.
Somos algo vivo, no somos algo del pasado sino del presente y de lo que seamos capaces de construir, pero hemos recogido un legado milenario y nuestra obligación es dejárselo a nuestros hijos, mejor y más grande de lo que lo hemos recibido. Nuestra civilización no puede perderse en el olvido, no dejemos que talen nuestras raíces.

José Manuel 
Jarl de Fauces de Tormenta y Delegado de la Comunidad Odinista de España en Andalucía

Yggdrasil, árbol de la vida

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Principio supremo para asegurar el cambio espiritual del ser humano

 

Su forma, el árbol evoca la imagen de la cruz, con su simbolismo que tiene similitudes. Pero, ¿qué es la cruz? Si el cristianismo le dio un lugar central, es verdad que no forma menos parte de las representaciones más antiguas de la humanidad y hay cruces en todas las tradiciones. Colocada verticalmente, sugiere al hombre con los brazos extendidos, es el hombre conectado con la tierra, así como al cielo, a través de su rama horizontal y su rama vertical.

En cierto modo, el tema mítico del árbol tiene el mismo significado, pero su carácter natural le da una mayor densidad. De hecho, el árbol da prioridad a la idea de enraizamiento. Sus múltiples ramas se irradian en todas las direcciones y las hojas y frutas que crecen allí son signos de riqueza que expresan la abundancia de la naturaleza.

Poderoso y vulnerable, el árbol atrae la simpatía, en la medida en que es una imagen del hombre. Es nuestra reflexión y por ejemplo, representa para nosotros un principio que aparece como una proyección de nuestras aspiraciones más profundas mediante el contacto con la naturaleza

La naturaleza del poder particularmente reconocido en el mundo germánico
Punto central de la religión escandinava, Yggdrasil es el árbol de la vida por excelencia. Es el árbol universal, el apoyo del universo, que se resume en él. Nunca sabremos cómo las fuerzas de la naturaleza han llegado a tener un lugar destacado en el imaginario germánico. ¿Nos sorprendemos cuando examinamos el carácter desproporcionado del mundo escandinavo y todos sus excesos climáticos? En este contexto, el hombre, súbitamente, tuvo la sensación de insignificancia y poco valor de su libre albedrío. Para recrear una mejor disposición de su universo, lo pobló con una gran cantidad de fuerzas naturales para facilitar su comprensión. Entre ellos, los gigantes, las imágenes de los poderes de la tierra, atacando por su número e importancia.

Con tales poderes, Yggdrasil aparece como un principio de estabilización y tranquilizador, el pilar del mundo que proporciona equilibrio.

Sé de un fresno que se alza, se llama Yggdrasil,
árbol alto, bañado de blanca humedad;
de él baja el rocío que cae en los valles;
se alza en la verde fuente de Urd.

En todas las religiones, el árbol siempre ha ofrecido un rico simbolismo para enriquecer el pensamiento humano. Por encima de todo, representa la vida misma, expresada en su forma más natural. En primer lugar, es la tierra que evoca, en la que se fundamenta y garantiza su durabilidad. Para este propósito, la madera aparece como el material natural de elección. A diferencia de la piedra, el carácter perenne sugiere un origen celestial, la madera es la imagen misma de la materia viva terrestre. Como tal, proporciona un aspecto cálido, que se une al fuego en su iluminador y el carácter benevolente, tanto es así que la frase «toco madera» puede parecer una invitación a nosotros para recargar la vida natural de ganar fuerza y energía.

La importancia que se concede al árbol germánico no puede tener mejor prueba  que su voluntad de poner en ella el origen de los seres humanos. En concreto, el primer hombre, Askr, y la primera mujer, Embla, se forman a partir de un fresno de Askr de un olmo al Embla, que muestra al árbol como generador del principio de la vida.

En Yggdrasil, el árbol tiene su síntesis.
De hecho, la Creación entera aparece bajo ella. Todos los reinos, mineral, vegetal y animal, están representados. El agua riega sus raíces, las hojas crecen en sus ramas. En cuanto a los animales, las serpientes representan el primer ser en el medio de las raíces. Los ciervos están presentes en sus ramas. Por último, una gran águila se encuentra en su cima. Es la representación de las imágenes simbólicas que se propagan por la diversidad de la naturaleza humana. «Un águila reposa sobre las ramas del fresno, se dice que sabe muchas cosas (…) Hay muchas serpientes que viven bajo el fresno Yggdrasil, sospecho que están royendo continuamente sus raíces (…)».

Existe una intensa actividad dentro del gran fresno. De hecho, las serpientes, y con ellos un dragón, roen las raíces; los ciervos pastan en las hojas; El  águila hace que sus alas produzcan vientos y  tormentas por toda la Tierra. Por lo tanto, la vida de Yggdrasil está constantemente amenazada, como la del hombre, especialmente en la concepción germánica, estamos sometidos a una total dependencia de la naturaleza. Sin embargo, fuerte y poderoso, que resiste a todas las pruebas y se mantiene firme para siempre. Si logra triunfar es gracias a la savia que fluye en él, esta primera esencia de este maravilloso líquido que le da su fuerza vital. Esta es la imagen de la vida que nos impulsa a pesar de pruebas que soportamos, este dinamismo interior que se llama coraje y determinación, la asertividad, la fuerza del alma que nos inspira a superarnos cualquiera que sea nuestro sufrimiento. Así debe ser el hombre, mostrando su voluntad de vivir en cualquier circunstancia.

Pero lo que da valor a esta vida, es este estado de perpetuo conflicto que lo caracteriza. De hecho, el águila en la cumbre, es la imagen de la majestad, está en constante oposición con este dragón en las raíces. Entre las dos figuras, un vínculo se ha establecido a través de la ardilla Ratatoskr. La ardilla, particularmente en el mundo germánico, siempre ha representado el temor para los hombres. Rápido como un rayo, rápido para subir rápidamente a la cima de los árboles, que se considera difícil de atrapar. A menudo hemos visto en él a un satánico ser perjudicial  no pudiendo más que hacer el mal. Esta visión fue retenida por los escandinavos en Ratatoskr, ardilla que por su espalda del árbol constantemente  no hace más que ir y venir de arriba abajo  y que por el contrario, asegura la relación entre el águila y el dragón. A cada uno, le dice lo que había dicho de él al otro, provocando su hostilidad mutua. Esta lucha es una reminiscencia de la religión védica,  entre  Garuda, -el ave de presa- y las serpientes Naga representaciones del caos. Es la representación del conflicto interior en cada uno de nosotros, en un pugna entre los valores sociales impuestos por la sociedad y los impulsos profundos que nos mueven a realizar las más altas aspiraciones, que nos llevan a lo sublime contra las necesidades básicas que nos traen de vuelta al mundo terrenal.

Más allá de estas tensiones, Yggdrasil siempre nos trae de vuelta a la sensación de la unidad primordial. La naturaleza es una, y siendo el hombre debe relajarse a él para encontrar la sabiduría eterna, sobre la base de su desarrollo personal.

Yggdrasil, la imagen de la sabiduría.
Pilar del Mundo, Yggdrasil es también la base de los conocimientos.En primer lugar, como cualquier árbol, representa la longevidad, ya que puede vivir mucho tiempo, por lo que es el símbolo de la madurez. Yggdrasil, es francamente inmortal. La forma del fresno esbelto en general, su madera fuerte y derecha por lo que es un material ideal para la fabricación de armas y herramientas. Según la tradición germánica, también tiene propiedades medicinales, por ejemplo la capacidad de curar las fiebres. Su savia sería laxante.

Tales virtudes explican el valor otorgado por los  antiguos hombres del norte y su deseo de convertirlo en su símbolo del conocimiento. Este líquido sagrado que fluye dentro de Yggdrasil y que permite la continuidad eterna, era la imagen misma de la perfección divina que germinó en el corazón del hombre.

La perfección podría expresarse de otra forma, como un número, el número nueve. En un valor cuasi-divino en todas las religiones, lo que pretendía en realidad eraexpresar lo divino. Así que fue después de que fuera ahorcado durante nueve días en las ramas de Yggdrasil, que Odín finalmente adquirió el conocimiento supremo.

Sé que colgué del árbol azotado por el viento
nueve noches enteras,
herido por la lanza, entregado a Odín,
yo mismo a mí mismo,
de aquel árbol del que nadie sabe
el origen de sus raíces. 

Por otra parte, el fresno del mundo conecta los nueve mundos, los siguientes reinos: los Aesir, Vanes, elfos de la luz, los elfos oscuros, hombres, gigantes, hielo, fuego, muertes, opuestos entre sí, como son estas diferentes tendencias de nuestra alma.

Y sobre todo, la fuerza de Yggdrasil, la saca de sus raíces. En el reino vegetal, éstas tienen un valor primordial. Más raíces  profundas, más ramificaciones, mayor es la resistencia del árbol o planta en su entorno. Así es también para los hombres. Más estará arraigado en la comunidad, más va a irradiar energía y dispensar su amor alrededor. Tal es el dinamismo universal, transmitido por las raíces germánicas del árbol del mundo.

Las raíces de Yggdrasil
Son tres. La primera se adentra en el inframundo, los muertos. La segunda raíz se extiende al dominio de los gigantes. La tercera penetra en el mundo de los dioses. Estas tres raíces proporcionaban a los antiguos germanos valores propios  para fortalecer sus almas. El mundo de los muertos simbolizaba para ellos la experiencia del pasado y la tradición, que se transmite por los muertos que siguen siempre presentes entre los vivos. Los gigantes representaron la antigua sabiduría de la Tierra. Uno de ellos se llamaba Mimir, » La Memoria». Imagen de la sabiduría de su conocimiento de las personas y las cosas, que después fue insuflada en Odín, que personificaba el conocimiento esencial, la generada por la Tierra desde sus orígenes, el conocimiento extraído de la naturaleza que se puede manifestar bajo la forma de proverbios. La raíz última se pone en contacto con el mundo de los dioses, que son para los hombres principios que los guían, sobre todo ante el temor de su futuro.

Bajo Yggdrasil se reunían los dioses, especialmente su rey, Odín.

¿Cuál es la relación que mantiene el árbol de la vida con él? Responder a esta pregunta nos lleva a preguntarnos sobre el término Yggdrasil, «el caballo de Odín» (Ygg, uno de los nombres del padre de los dioses, y Drasil, caballo). Es sorprendente que la fusión  se ha realizado entre dos de estos elementos naturales tan diferentes como el árbol y el caballo. Sin embargo, no dejó de ser expresada por algunos psicólogos. «Yggdrasil nos mostró la relación entre el caballo y el simbolismo del árbol»  dijo Carl Gustav Jung.

En todas las culturas, el caballo se convirtió rápidamente en un símbolo altamente ambiguo. Cuando consigue su domesticación, el ser humano obtuvo una ventaja considerable que le permitió expandirse rápidamente en el espacio, incluyendo el desarrollo de la guerra. Es comprensible que ha representado  el vehículo de una vida dinámica. Sin embargo, el valor conferido  no oculta otra dimensión, también se expresó colocándolo bajo el signo de la muerte. De hecho, animales aún no domesticados, brincando y saltando en la naturaleza, el caballo representa un poder en la tierra que le preocupaba. Una vez domado, siempre se puede encabritar y llevar a su jinete a la muerte. De hecho, el caballo recorre los tres mundos:

a.-mundo subterráneo, el inconsciente,
b.-mundo terrenal donde se desarrolla nuestra vida cotidiana,
c.-mundo celestial, a donde van nuestros deseos más altos.

Tal es su identidad con el árbol, tan dependiente de estas tres áreas a través de sus raíces, su tronco y su cumbre. El ser que combina el poder de sus instintos con su razón, con la imagen del caballo en su jinete conquistará una unidad espiritual capaz de izarse a sí mismo a los estratos más sublimes. Así es como va a participar en el conocimiento sagrado investido por Odín.

Odín tiene, de hecho, un caballo llamado Sleipnir, «el que se desliza.» Con cuatro patas, se dice que el caballo puede correr muy rápido. Pero Sleipnir tiene ocho patas; La rapidez se convierte la superlativa. De hecho, el corcel de Odín va donde su amo quiere ir más allá de la tierra y el mar, a pesar de los vientos y las tormentas. Simboliza el estado de alerta del señor de los dioses, capaces de velo todo y saber todo al instante.

Más allá de la multiplicidad introducida personalmente por el mundo moderno y su ciencia discursiva, el dios Odín, dios-chamán, muestra un conocimiento oscuro, una intuición profunda, un don de la clarividencia manifiesta a través de su único ojo que le permite tener un profundo conocimiento del universo y saber qué va a pasar. Sin haber aprendido nada, todo lo sabe. Como Yggdrasil que atrae a sus raíces con su poderosa energía, como el gran fresno cuyas ramas abarcan todo el universo, cada individuo debe ser uno con la naturaleza con el fin de centrarse más en su cuerpo y su ser después de él. Esta es la lección de chamanismo que tiene la intención de que nos demos cuenta de que el hombre es parte de todo, quiere expresar plenamente el término religión, asegurando que nos sentimos muy conectados con el mundo natural, animados por espíritus. Todos nuestros sentidos que intervienen en la misma comunión, renacidos en nosotros lo que Jung llama «el viejo de dos millones de años» el hombre arcaico estará provisto de estas riquezas provenientes de su inconsciente colectivo si conecta con la naturaleza, lo que le permite lograr todo su potencial.

Yggdrasil, la personificación del destino
Reflejo en verdad del ser humano y su naturaleza profundamente terrestre y perecedera es el árbol. De hecho, a pesar que vive mucho tiempo, el árbol tiene un periodo limitado de tiempo de vida, que le da un carácter de vulnerabilidad. El árbol crece en la tierra y asciende al cielo. Su vida se determina como la del hombre. Así que es normal que se le viera como una imagen del destino.

Ocupa lugar importante en la psicología germánica, tan dependiente de soledades heladas en su mundo. Sin embargo, es una paradoja que puede causar nuestro asombro que la conciencia de peligro y necesidad en torno a un medio natural agresivo y hostil le indujera a ser más asertivo y vital, afirmando su deseo de vivir, de imponerse a la muerte circundante.

Una de las raíces de Yggdrasil aloja a las Nornas. Entre las tres, el pasado, presente y futuro, que tenían, como las Parcas griega, la función de dar forma no sólo el destino de los hombres, sino también de los dioses.

De allí vienen doncellas de gran sabiduría,
son tres, desde el mar que mana el árbol;
Urd se llama una, Verdandi la otra,
– en ramas graban letras – Skuld es la tercera;
las leyes hacían, elegían las vidas
de todos los hombres, el futuro predicen.

Su decisión era definitiva, por lo que despertó el temor de los mortales. Esta era la religión de los antiguos hombres del norte, una creencia fuertemente teñida de pesimismo pues era inútil oponerse a las leyes del destino.

De hecho, su concepto del tiempo no es lineal sino cíclico, como la vida natural, la del árbol, que en general, nace, vive y muere, pero antes de ello producirá frutos que lo harán renacer de nuevo. La vida es un eterno retorno, eterna como Yggdrasil, que nunca muere en sí.

El fresno universal permanece atemporal, aunque se pone a prueba cuando se trata de la última batalla en el día del Ragnarök.

Tiembla Yggdrasil, más el fresno está firme,
gime el viejo árbol al soltarse el troll;
sufren todos en las sendas de Hel,
hasta que lo trague el pariente de Surt
.

Incluso el día de Ragnarök, el «destino de los Dioses,» que verá la destrucción del mundo y el regreso del caos, Yggdrasil temblará, socavada, pero no va a morir. La imagen es de un profundo significado, porque es la vida que resiste y vence.

A pesar de su aparente carácter fatalista, los antiguos germanos tenían una voluntad desenfrenada de vivir. Esta actitud no es contradictoria en la medida en que, en cualquier caso, la omnipotencia del destino reconocido no entraña un comportamiento pasivo. Por el contrario, esta actitud siempre va de la mano con un fuerte sentido de la responsabilidad, la inquebrantable adhesión a las leyes impuestas. El destino asignado a nosotros debe ser asumido y es la forma de llevarlo a cabo por nosotros mismos lo que nos dignifica y nos hace ser plenamente hombres, en el sentido de que cada uno debe manifestar plenamente su individualidad. Este fue también el trabajo de Nornas, cuya tarea consistía en regar las raíces de Yggdrasil con agua extraída del pozo de Urðr para regenerarlo perpetuamente. Por lo tanto, el destino significaba vida. Escepticismo, suicidio eran desconocidos en el mundo germánico y todo el mundo debía movilizar su coraje para lograr su fin. Tenían que confiar en este sagrado presente, para que su futuro se llevara a cabo mediante la ayuda de divina y así explotar mejor sus capacidades personales y no en vano en el centro del mundo de los hombres se construyó Asgard, el mundo de los dioses, uno y otro situados en la misma raíz de Yggdrasil. La influencia de los dioses fue crucial para expresar mejor su energía personal. Así es la vida mostrada por Yggdrasil que resiste todas las pruebas, y a través de él, cualquier árbol que es capaz de soportar las inclemencias meteorológicas. Esta vida que renace se encuentra en la imagen de la pareja del futuro, en el hombre y la mujer, Lif (vida) y Lifrasir (amor a la vida) protegido por el árbol de la vida, y que, después de Ragnarök, permitieron repoblar la tierra.

Con el triunfo del cristianismo terminó la devoción prestada por los germanos a las fuerzas de la naturaleza. El símbolo de la victoria de la nueva religión fue la iniciativa tomada por los cristianos de cortar los árboles que los misioneros habían visitado por constituir un culto pagano. Este acto refleja su deseo de establecer una distancia con el hombre, lejos de los poderes naturales presentes en él y sobre los que se basa su alma. Con Yggdrasil, en el que se expresaron con toda su diversidad y riqueza.

Inconformismo, nuestra esencia

La rebeldía es la virtud original del hombre
Arthur Schopenhauer

antena-3-estrena-la-serie-vikingosLos seguidores del Odín somos inconformistas. Los convencionales etiquetan nuestro comportamiento como errático, antisocial, irresponsable, inexplicable, extravagante, y a veces escandaloso. Nosotros escuchamos otras voces, respondemos a nuestros propios impulsos internos. No estamos interesados en las normas sociales; sólo nos importa seguir a Odín. No importa si nadie puede entendernos, porque estamos imbuidos por algo que la mayoría de la gente no siente. Despertar a esta exhortación interior, y distinguir los impulsos espirituales de aquellos que son destructivos para nuestro YO, es una de las metas cruciales del auto cultivo.

 Todos tenemos muchas voces, personalidades, ambiciones y tendencias dentro de nuestro ser. La habilidad de distinguir entre ellas, y la habilidad de silenciar todas las voces excepto la del Odín, es imperativa si uno ha de alcanzar este estado del ser. Una vez que uno está en contacto con Odín, no hay dudas, y las murmuraciones de otros no pueden tener ningún efecto. Uno está tan cómodo como un niño en el pecho de su madre.

 Mientras uno más camina con Odín, más interesado está en la auto perfección. Todo lo que importa es el cultivo constante para estar con Odín. Este es un sendero solitario. Hay otros que siguen el Odín, pero no siempre consiguen encontrarlo. Es por eso que se debe ser lo suficientemente sensible para oír el llamado y lo suficientemente fuerte para caminar el solitario sendero. Mas solo una parte del camino se hace en soledad, hasta que te encuentres a ti mismo con tu sombra, cuando seas consciente de quien eres y lo que estás haciendo, ya nunca mas te sentirás solo…